Mallorca.. en marzo

Los viajes del Imserso siempre nos han resultado bien, hasta ahora, a Ipi y a mí, después de haber disfrutado de ellos en tres ocasiones anteriores (Menorca, Matalascañas y Salou), y el pasado año teníamos programado otro viaje, en plan visita cultural con Rafa y Elena que tuvimos que anular por estar Ipi recién operada de su hombro, pero nuestros amigos lo hicieron (era un viaje a Zamora) y regresaron contentos.

Por esa razón este año volvimos a programar algo juntos, y además lo hicimos a través de una agencia de viajes, pensando en que tal vez ellas tienen más posibilidades de conseguir cosas que nosotros, que salimos a elegir siempre en el segundo día de los posibles. Y efectivamente la cosa resultó. Dentro de las variables que le sugerimos a la agencia nos consiguió un programa de 10 días en Mallorca, del 3 al 12 de marzo. Y allá nos fuimos.

El viaje empezó en el aeropuerto de Santiago, a donde hubimos de desplazarnos por nuestros medios, ya que no iba incluido el transporte hasta allí. Con lo cual, y aprovechando la circunstancia, dado que el vuelo era a las 17,30 horas por la mañana visitamos a Cidade da Cultura, para ver unas exposiciones y de paso comimos allí ligeramente antes de embarcar en Lavacolla, donde dejamos el coche aparcado hasta nuestro regreso.

El vuelo salió en hora, llegó en hora a destino, y desde el propio aeropuerto después de la recepción de los agentes de Mundiplan en el mismo, nos desplazamos en bus hasta el hotel de destino, el Aluasun Continental Park, a donde llegamos sobre las 9,30 de la noche y tras la toma de datos en recepción, nos dieron una cena fría, muy pobre y que de entrada nos causó una negativa impresión que, afortunadamente, no tuvo repetición en el resto de la estancia.

A la mañana siguiente, tras el desayuno (muy variado, espléndido) tuvimos la reunión habitual a las llegadas para explicar pormenores de la que sería nuestra estancia, asi como excursiones previstas de las que el touroperador prepara en cada turno para que los asistentes visiten otros lugares o localidades del entorno. No era nuestro caso porque ya desde Coruña habíamos hecho reserva de un coche de alquiler para, durante todos los días de nuestra estancia, poder circular con entera libertad por la isla.

Para ese primer día decidimos movernos cerca de nuestro alojamiento, y como coincidía que justo en esa fecha se celebraba el mercado de Sineu, una pequeña población en el centro de la isla, decidimos ir hasta esa localidad. El mercado es uno de los mas antiguos que existen, ya que fue instaurado en 1306 por el rey Jaime II. En realidad se trata de un amplio mercadillo, con todo tipo de cosas, destacando los productos alimenticios, ropas, etc. Y se expande por toda la población, con afluencia de mucha gente. Nosotros aprovechamos para visitar el lugar, que tiene una iglesia interesante, y algunas otras edificaciones que merecieron la pena, aunque como no nos apetecía quedarnos a comer por allí, acordamos regresar al hotel para comer, con la idea de a la tarde ir a la zona de Alcudia.

Ese sería el único día que comimos en el hotel, ya que en el resto de la estancia siempre estuvimos fuera a medidodía. La comida, por cierto, también muy variada, bien preparada en general, y con buena atención por parte del personal del hotel. Posiblemente de todos los viajes realizados nosotros con el Imserso, en este la comida ha sido la mejor de todos, sin que ello implique que en otras ocasiones haya sido mala.

La tarde de ese primer día la dedicamos a Alcudia, localidad próxima al hotel, donde pasamos el resto de la tarde. Lo más señalado allí es la parte de la ciudad rodeada por la muralla exterior, muy bien conservada en general, parte de la cual es accesible por el alto de los muros, motivo por el cual al hacer el recorrido del pueblo no dejamos de recorrer esa zona, haciendo numerosas fotos de aquellos lugares que nos parecieron más interesantes.

Luego, para terminar las visitas de la jornada, bajamos hasta Puerto Alcudia, aunque ya caía la tarde y no había casi nadie por las calles. Allí tomamos un café en uno de los locales del puerto, que en verano deben estar a rebosar pero que en esta ocasión estaba desangelado.

De vuelta en el hotel una cena espléndida, al igual que había ocurrido con desayuno y comida, y que fue la tónica general en los días siguientes. También después de la cena nos fuimos a la cafetería, donde estaba el ambiente, ya que cada día había una actuación y mucha gente, sobre todo mujeres, salían a bailar al centro de la pista. Los animadores, uno diferente cada día de la semana, dieron buen juego en general, o al menos así lo interpretaba la mayoría de los asistentes porque siempre hubo animados para la marcha. Por nuestra parte, nos limitamos a tomar un café y estar un rato viendo el ambiente, sin participar en ninguno de los días del baile.

A la mañana siguiente, jueves, las informaciones meteorológicas predecían lluvia en abundancia por lo cual ya habíamos decidido que ese día lo dedicaríamos a visitas en interiores. Y como hay multitud de cuevas en la isla, optamos por dirigirnos primero a las Cuevas del Hams, que no conocíamos y donde apenas había gente. Tiene dos partes, la primera de las cuales es simplemente un espacio bajo tierra en el que nos presentaron una proyección sobre la antigüedad de las cuevas, y la segunda parte, donde realmente se aprecian las estalactitas y estalacmitas, a lo largo de un recorrido no demasiado largo. La particularidad de estas cuevas, es que en una zona concreta algunas estalactitas tienen una forma de «anzuelo» (en mallorquín anzuelo es «ham», por esa razón las cuevas llevan ese nombre).

En la última fase de la visita, se realiza una proyección con fondo musical, que es quizás uno de los mayores atractivos de esas cuevas. En cualquier caso, terminamos la visita con rapidez porque habíamos hecho reserva para las otras cuevas, las del Drach, a las 12 y aunque están cerca unas de otras, nos hacía falta el tiempo para el desplazamiento.

Llegados a las Cuevas del Drach, nos encontramos con una cola interminable, lo que significaba que muchísima gente, como nosotros, había pensado que con la previsión del tiempo la visita a las cuevas era lo más atractivo. Tardamos en entrar al menos un cuarto de hora, porque aunque la fila corría a buen ritmo, la cantidad de gente era tal que parecía imposible poder meter a tantas personas en aquel lugar.

Estas cuevas son bastante mas grandes que las anteriores. Y el recorrido es mucho más largo, con una pronunciada y larga bajada, para terminar el recorrido junto a una especie de lago, en el cual se produce un desfile de unas barcas con un concierto en vivo, y que se escucha desde una especie de auditorio, con un buen sonido.

Terminada la visita y aprovechando que en ese momento no llovía, hicimos un corto relax en la cafetería del exterior de las cuevas, mientras decidíamos un restaurante cercano para ir a comer. Nos decidimos al final por el Porto Bello, en Porto Cristo, a pocos kilómetros de las cuevas. Al llegar allí comenzó a llover y ya dentro del restaurante, por cierto con bastante pocos clientes, seleccionamos como menú unos mejillones al vapor, unos calamares fritos, y unos chipirones, y además una fideuá. La comida no fue especialmente buena, pese a la buena valoración que, a priori, tenía el restaurante.

Después de comer, decidimos desplazarnos hasta Petra, otra pequeña localidad de las que teníamos anotado que había algunas interesantes para ver. Al llegar llovía, pero al poco tiempo dejó de hacerlo y pudimos recorrer tranquilamente el pueblo, lugar de nacimiento de Fray Junípero Serra, al que están dedicados algunos monumentos, con su casa natal y un barrio con numerosas referencias al fraile y sus viajes apostólicos.

Con los paseos se fue pasando la tarde, que terminamos tomando un refresco en una de las cafeterías del pueblo, el Casino, para después regresar ya al hotel parta la cena y paso posterior por la cafetería.

A la mañana siguiente, viernes día 6, salimos del hotel con dirección a Palma de Mallorca con la idea de ir a Soller, en el ferrocarril antiguo que hace un recorrido desde la capital hasta lo alto de Soller, atravesando la isla. Al llegar a Palma, encontramos que el primer tren disponible salía a las 12,50 y por esa razón decidimos aprovechar el tiempo que faltaba para esa hora, en hacer un corto recorrido por las inmediaciones.

La salida del tren está en la Plaza de España, y en el entorno próximo teníamos el Mercat del Olivar, y allí pudimos hacer un recorrido por la multitud de puestos donde se pueden encontrar todos los productos típicos de la isla, desde pescados hasta todo tipo de frutas, vinos, etc.

Después del mercado tuvimos todavía tiempo para pasear por las calles comerciales que discurren entre la Plaza de España y la Plaza Mayor, si bien como el tiempo apremiaba, desde allí regresamos ya al punto de partida para llegar a tiempo a la salida del ferrocarril. Al llegar, nos dimos cuenta de que se había formado ya una amplia cola, con lo cual quedamos prácticamente de últimos de cara a subir al tren, que todavía tardó unos minutos en llegar. Y lo que creíamos sería un problema para encontrar un buen sitio desde el que poder hacer fotos, al final resultó al revés, porque cuando la gente que componía la cola empezó a embarcar, lo fue haciendo a medida que llegaba a cada vagón, empezando por la cola del tren, de forma que nosotros que estábamos al final, teníamos destino en los primeros vagones. Y ocurrió además que al ir a subir al tren, ya llegando al inicio del convoy, un empleado del ferrocarril que iba delante de nosotros nos indicó que fuésemos al primero de los vagones, que era especial.

Así, mientras el resto de vagones eran como el que se ve en la foto donde Rafa aparece solo, el que nosotros ocupamos se componía de dos asientos individuales y un sofá en cada uno de los lados del tren. Además fuimos casi solos, porque a la ida solamente se nos unió una pareja, con lo cual pudimos disfrutar cómodamente de todo el recorrido, y hacer fotos hacia el exterior con comodidad.

Durante el viaje entre Palma y Soller llovió y aunque las vistas eran atractivas, podría haber sido mejor. Llegados al final del trayecto, habíamos reservado también la bajada en tranvía al Puerto de Soller, e hicimos ese nuevo recorrido. El puerto es un lugar turístico, con playa y multitud de barcos deportivos, pero tampoco nos acompañó el tiempo. De hecho, allí comimos y durante ese rato llovió a mares, por lo cual poco más que comer y dar un corto paseo pudimos hacer, ya que había que volver a coger el tranvía para subir a Soller y regresar a Palma en el último tren de la tarde.

La comida fué mas bien tirando a mala. En principio queríamos ir a un restaurante que nos recomendó el revisor del tranvía, pero cuando llegamos no había sitio. Allí nos recomendaron otros, alguno de los cuales estaba cerrado, y otros un poco alejado. Al final fuimos a La Miranda, y fue un pequeño fracaso.

De regreso a Soller, apenas pudimos hacer un corto paseo por el pueblo, puesto que continuaba lloviendo, por lo que acordamos volver allí en otro momento, pero esa segunda vez en coche.

El trayecto de vuelta a Palma fue igual de bueno que a la ida. Conocido el tema del vagón especial, ya nos montamos directamente en él, y coincidimos con los mismos que nos habían acompañado antes, más un espontáneo que apareció de improviso y que tras un rato en el vagón terminó marchando.

Una vez regresados a la capital, alguien leyó en una guía que hay un sitio especializado en las ensaimadas, donde es típico ir a tomar un café con un trozo de ensaimada y/o un «cuarto» que viene a ser un trozo de bizcocho característico de ese lugar. La cafetería se llama Can Joan de Saigo, y es una «Orxatería y Xocolatería», donde hubimos de hacer cola y esperar casi media hora para entrar. Pero la espera valió la pena, porque aunque de entrada solo algunos pretendían tomar un trozo de ensaimada, al final se pidieron ensaimadas básica y con cabello de angel, además del cuarto, e incluso al marchar nos llevamos alguna cosa más.

Viajados, merendados y demás, optamos por regresar al hotel, después de un trayecto de casi una hora, para llegar a la hora de la cena al hotel. Aunque más de uno al salir de Can Joan dijo que ya no iba a cenar… al llegar al restaurante nadie se privó de una cena adecuada.

A la mañana siguiente, y según lo previsto decidimos regresar a Soller para completar la visita que nos había quedado a medias, pero esta vez lo hicimos directamente en el coche que teníamos y que nos acompañó en todos nuestros recorridos por la isla. Y fuimos directamente a Fornalutx, un pueblo de esos llamados «de los más bonitos de España», próximo a Soller y que está en una zona muy elevada de la Sierra de Tramontana.

El pueblo es precioso, conservado de maravilla, y se ve que muy conocido porque a pesar de que estaba otro día lluvioso encontramos cantidad de visitantes, tanto turistas como nosotros, como senderistas en grupos, mayoritariamente extranjeros, ya que se ve que es un lugar muy frecuentado en ese sentido. Allí Ipi preguntó a un paisano de la zona que le dió amplias explicaciones de algunas particularidades del pueblo, que al parecer hoy está ocupado en un 25% por gente procedente de otros paises europeos (principalmente alemanes) que pasan allí largas temporadas.

Pese a la lluvia pudimos recorrer con calma el pueblo y ver alguno de esos detalles, como las tejas con inscripciones que adornan algunas viviendas, y después del recorrido volvimos al coche para hacer la visita de Soller que nos había quedado incompleta el día anterior. La visita fue corta, por causa de la lluvia y como además se acercaba la hora de comer, hicimos desde allí ya una reserva en el restaurante Bon Vi, donde el día anterior no habíamos podido comer, y del que teníamos buena referencia porque otros de los ocupantes del tranvía un día antes sí que habían conseguido sitio y manifestaron que la comida había sido excelente.

En efecto la elección fue acertada porque cuando llegamos estaba de nuevo completo, aunque con nuestra mesa reservada y en esta ocasión comimos francamente bien. Además el camarero que nos atendió, muy atento por cierto, nos informó de algunas cosas para ver por allí, y especialmente reseñó un mirador que está después de Deia que tiene unas vistas espectaculares, aunque creía que estaba cerrado o con el acceso cortado.

Terminada la comida, emprendimos el camino de regreso que incluía pasar por Deiá, y posteriormente por Valldemosa. La primera parada fue Deiá, un lugar muy pintoresco, todo en cuesta, y donde nos llamaron especialmente la atención la cantidad de agencias inmobiliarias que había, y particularmente los precios de las viviendas o fincas que estaban a la venta, con importes siempre por encima del millón de euros y alcanzando los 6 o 7 millones, con variedad de ofertas. El pueblo se extiende a lo largo de la propia carretera general.

Saliendo de Deiá, coontinuamos camino en busca del mirador de Miramar, y como no nos dejamos acomplejar por los problemas «menores», al llegar al lugar hubimos de saltar una pequeña tapia (las chicas decidieron quedarse en el hotel que está al lado) y tras un recorrido por una senda un tanto irregular y sobre todo en muy mal estado (completamente llena de barro por las lluvias de esos días), llegamos finalmente al borde del acantilado donde efectivamente las vistas eran espectaculares. Es verdad que nos pusimos el calzado totalmente embarrado, pero las fotos que conseguimos valieron la pena.

A continuación volvimos al coche para ir a Valldemosa, a donde llegamos ya un poco tarde, y sin probabilidad de acceder a visitar la cartuja. Sin embargo, sí que pudimos degustar una cosa típica del lugar, la Coca de Patata con una taza de chocolate. El lugar adecuado es Ca´n Molinas, una cafetería que estaba abarrotada y en la que sin embargo no tardamos demasiado en conseguir una mesa. La citada coca no vale gran cosa, al menos no tiene nada que ver con las ensaimadas, pero lo probamos.

Y ya desde allí, después de un pequeño recorrido por el lugar, habida cuenta de que no se podían ver los lugares de interés, acordamos que volveríamos otro día, y tomamos la ruta de regreso al hotel.

Al día siguiente, domingo día 8, nos dirigimos a Formentor, en primer lugar al faro, para luego continuar con la ruta por la zona. En ese primer recorrido nos llamó la atención la cantidad de ciclistas, de todas edades, pero mayoritariamente jóvenes y muchísimos extranjeros, incluidos grupos completos, imagino que equipos no profesionales, pero que desde luego disponían de una espléndida preparación para acometer las subidas que hay para llegar al faro.

Al llegar a Cabo Formentor hubimos de esperar un corto espacio de tiempo para conseguir aparcar porque, como dije, estaba lleno. Las vistas son impresionantes y como además teníamos un día espléndido, lo disfrutamos con mucho más interés.

Después de un buen rato de estancia en el faro, tomamos el camino de regreso para hacer una parada en el mirador de Es Colomer, que estaba atestado de gente, entre visitantes, ciclistas y grupos de turistas con excursiones, porque había varios autocares. Hay tres niveles en el mirador, y para llegar al último hay que subir unas cuantas (bastantes) escaleras, aunque el recorrido no es muy complicado.

Las vistas desde cualquiera de los tramos del mirador son impresionantes y durante un buen rato disfrutamos de esos paisajes, antes de volver al coche para bajar a visitar Pollença. Por cierto, frente al mirador, del otro lado de la carretera está la Atalaya de Albercutx, desde la que se divisa un paisaje espectacular de toda la zona. No subimos, pese a que hay una carretera que conduce a lo alto, y en cambio nos fuimos a Pollença.

Llegados a Pollença, nos encontramos con que estaba terminando el mercadillo que hacen allí los domingos, aunque nos dió tiempo a ver algunos de los puesstos, que empezaban a recoger. Con ganas de refrescar algo el estómago, paramos en el centro del pueblo en una terraza que resultó ser la del Club Pollença (algo asi como el casino del pueblo). En principio pedimos un refrigerio pero habida cuenta de que daban comidas, decidimos quedar allí para comer algo, ya que en ese momento lucía el sol y se estaba francamente bien al aire libre.

La comida no fue nada especial, pero nos permitió tomar fuerzas para más tarde acometer la subida al Calvario, un conjunto de 365 escalones que llevan a lo alto de una colina en la que está el santuario que lleva el mismo nombre, y que viene a ser una de las cosas a visitar en esa localidad.

La subida resulta un poco pesada, aunque cada cierto número de escalones viene a haber una especie de descanso, coincidente con el final de una carretera por la que se puede llegar a ese punto, al igual que también se puede acceder a la cima por una ruta accesible para los coches. Desde lo alto se divisa perfectamente el pueblo e incluso se ve el mar allá al fondo.

De regreso al pueblo, nos desplazamos hasta el puerto que viene a ser prácticamente solo un puerto deportivo, que imagino tendrá vida en verano pero que en la fecha en que estábamos nosotros estaba prácticamente desierto. Allí aprovechamos los últimos momentos del sol para tomar algo en una terraza, hasta que el sol desapareció entre la masa de nubes que se iba aproximando, momento en el que retornamos al coche para hacer el camino de regreso al hotel.

Para el lunes habíamos reservado con antelación entradas para visitar la catedral de Palma, con acceso incluido a las terrazas y una audioguía para cada uno, para si poder movernos libremente a voluntad dentro de la catedral. Hubo suerte y el día amaneció bien, por lo que tuvimos una jornada favorable para circular con libertad por la ciudad.

Ya llegando a la zona donde se ubica la catedral, frente al mar, tuvimos la primera visión del edificio, junto al Palacio de la Almudaina, lugar donde la familia real organiza sus recepciones oficiales durante su estancia veraniega en la isla. Desde el interior de la catedral, nos indicaron que lo mejor era subir en principio a las terrazas, y eso hicimos, después de recorrer un lote de estrechas escaleras de caracol, por lo que se limitaba el orden de ascenso y descenso para evitar los cruces que serían complicados.

Salvo el interés de comprobar de cerca la formación de arbotantes y las excelentes vistas sobre la ciudad, las terrazas no aportan gran cosa, pero en cualquier caso hicimos un recorrido por ambos lados de la nave central y finalmente volvimos a la base para conocer en detalle las particularidades, historia, etc, del edificio.

A partir de ese momento, cada uno de los cuatro asistentes nos movimos a nuestro aire, parando más o menos tiempo ante cada capilla, rosetón, altar, etc. Es cierto que la catedral tiene mucho que ver, y por ese motivo empleamos casi toda la mañana en recorrerla con tranquilidad, por lo que la visita duró casi un par de horas.

Entre los años 1904 y 1914 Gaudí realizó varias reformas, eliminando el retablo gótico y abrió varias ventanas y rosetones, y es obra suya la maqueta del baldaquino, que inicialmente era provisional y al final quedó como definitivo, y también Miquel Barceló fue el autor de la renovación de la capilla de San Pedro, recubriendo las paredes en cerámica pintada, y que recrea la luz submarina.

Ya de nuevo saliendo de la Seu (es el nombre con que se conoce a la catedral entre los mallorquines), se puede admirar todo su exterior, así como los edificios que la rodean, en especial el Palacio de la Almudaina. A continuación, vimos que a la salida del templo había una indicación para ir a los Baños Arabes, situados en las proximidades, y allá nos fuimos.

Los baños arabes de Palma datan del siglo X previsiblemente. Lo más llamativo es la sala cuadrada con cúpula de media naranja, sostenida por 12 columnas. Esa sala es el «caldarium» y era la zona de los baños calientes. Al lado está lo que seria el «tepidarium». La estructura es similar a otros conocidos de la época en otros lugares de la península, aunque en la isla es el único vestigio de la dominación musulmana que se conserva. Se supone que estarían adosados al palacio o alcázar de algún árabe notable. Están rodeados por unos jardines.

Desde los baños, como ya era hora de comer, nos dirigimos a un restaurante (Cuina Vivant) que Elena había seleccionado entre aquellos que se recomendaban, y que estaba relativamente cerca. Tras un recorrido más largo de lo inicialmente previsto llegamos al citado restaurante, donde pudimos degustar varias elaboraciones singulares, de entre las que cabría destacar un plato de sobrasada, que nos sirvieron templada, con unas galletas tipo «mariñeiras», y que estaba delicioso. En el restaurante nos informaron del lugar adecuado para poder comprarla luego, pensando en traerla de vuelta a casa.

Terminada la comida regresamos a la zona donde teníamos el coche, con el recorrido inverso al que habíamos hecho. Tuvimos la ocasión de ver de nuevo la basílica de San Francisco, que seguía cerrada y algunos edificios modernistas, y continuábamos la idea de subir al bus turístico, pero al llegar a la parada de salida nos informaron que era ya el último viaje del día y que además ya en ese viaje no pasaba por el Castillo de Bellver, que deseábamos visitar. Por esa razón optamos por dejarlo para el día siguiente, y antes de regresar al hotel nos tomamos un café en las proximidades.

Pero con la información recibida sobre el lugar donde hacer las compras para traer a casa, nos dirigimos a Inca, a Ca´s Sereno, una tienda especializada en carnes y productos alimenticios, que sirve principalmente a restaurantes, y tl como en Cuina vivant nos aseguraron, allí encontramos sobrasada y otras cosas pero garantizadas, siempre productos mallorquines y con garantía de autenticidad. En efecto, aprovechamos para traer ademas de la sobrasada, algunos quesos, cecina, etc. Y con lo que nos daban a probar casi cenamos….

Asi pues, el martes 10 regresamos a Palma ya de mañana, para subir al bus turístico que, en una de sus primeras paradas nos dejó en el Castillo de Bellver, donde estuvimos aproximadamente hora y media, recorriéndolo también cada uno a su aire y fotografiando a diestro y siniestro. No había demasiada gente y pudimos hacer el recorrido de forma sosegada. Desde lo alto pudimos disponer también de algunas vistas interesantes de la ciudad, y terminamos la visita cuando calculamos que volvería a pasar por allí el bus para continuar la ruta turística.

De regreso al bus, se hace un contorno del puerto, pasando junto al Castillo de San Carlos, una antigua fortaleza militar de la que quedan pocos restos y apenas algunos cañones, para a continuación volver al paseo marítimo. La verdad es que el recorrido del bus turístico, a mi personalmente, no me pareció demasiado atractivo.

Y como ya se acercaba la hora de la comida, Elena en su selección de restaurantes con alguna particularidad de interés localizó el restaurante Gustar, próximo al del día anterior, situado en la plaza del Banc del Oli. Es un sitio pequeño, pero que también nos resultó muy atractivo y, sobre todo, al igual que el día anterior comimos bien, con platos a compartir, incluyendo algunas tostas, un calamar, bacalao, etc. Y unos canoli de postre. Nos quedamos en una terraza semi cerrada, pero con buena temperatura.

El plan de la tarde consistía en visitar la Fundación Miró, y allá nos fuimos, esta vez ya con nuestro coche. En la fundación estuvimos más de una hora contemplando una buena cantidad de obras, tanto en el interior como en el exterior del edificio. Resultó interesante y con eso completamos nuestra ruta por Palma, si bien antes de abandonar la ciudad todavía hicimos un pequeño paseo para ir a la Lonja, que estaba cerrada porque en su interior estaban con preparativos para alguna actividad institucional.

No obstante, tuvimos todavía tiempo para ver el exterior del edificio, asi como hacer un pequeño recorrido por los alrededores, Consulado del Mar, etc.

Desde allí nos dirigimos ya al hotel para finalizar la jornada con la cena, paso por la cafetería, etc, como en cada uno de los días de nuestra estancia.

El miércoles día 11, último día completo de nuestro viaje, salimos por la mañana con dirección a Valldemosa pensando en completar nuestro recorrido con la visita a la cartuja, que estaba cerrada en nuestro paso anterior por la localidad.

Y ya en el pueblo, después de unas fotos del exterior del edificio y sus jardines, pasamos a realizar la visita completa, que incluía no solo el edificio de la cartuja, sino también una serie de estancias del propio ayuntamiento con elementos relativos a la estancia allí de Chopin, asi como también una especia de museo de la localidad, con pinturas de artistas de la zona, colecciones de libros relacionados con la localidad e incluso una prensa de la época.

Próximo al edificio de la cartuja está también el monasterio cartujo donde Federico Chopin estuvo alojado. Pudimos circular por las salas, habitaciones y estancias del mismo, asi como sus jardines e incluso asistir a un mini concierto en un salón donde nos sirvieron una copa de vino, que a esas horas (12 de la mañana) tampoco resultaba demasiado atractiva, ya que no iba acompañada por nada sólido para el estómago.

Finalizada la visita, continuamos viaje hacia Andratx, para completar el ciclo de localidades que, de alguna forma, desde el principio del viaje habíamos planificado visitar. Para ello hubimos de realizar un recorrido que nos obligaba a transitar hacia Palma, ya que la ruta por el interior hubiese sido más complicada y larga, al menos en cuanto al tiempo.

Llegados al punto de destino, y habida cuenta de que era una hora adecuada para la comida, hicimos un pequeño paseo en el coche por el puerto y acordamos sentarnos en el Club de Vela Port D’Andratx, un lugar sobre el puerto deportivo que resultó ser más aparente que bueno. Es decir, que sin haber comido mal, las expectativas eran mejores que el resultado. sin embargo, las vistas y la atención no desmerecieron.

Terminada la comida se imponía el paseo hacia el faro que justamente estaba al otro lado de la bahía, lógicamente en un punto alto pero al que finalmente no tuvimos acceso. Realmente el faro es solo una posición, un punto que ilumina a los barcos, pero sin la existencia de lo que normalmente conocemos por un faro de costa. Sin embargo el recorrido fue muy interesante porque nos permitió observar desde el otro lado del puerto la población de Andratx, y una serie de urbanizaciones y preciosas fincas y casas, propiedad en muchos casos de extranjeros.

De regreso en nuestro punto de alojamiento, Playa de Muro, hicimos la devolución del coche, ya que a la mañana siguiente nos recogfería el autocar de Mundiplan para llevarnos al aeropuerto. Dimos esa tarde, como final de la estancia, un corto paseo por el pueblo, cuando ya anochecía y antes de meternos en el hotel.

Y después de una cena acorde don las de los días anteriores, terminamos el día en la cafetería del hotel tomando un digestivo como despedida, antes de subir a las habitaciones para dejar las maletasd a medio preparar.

Aunque la recogida en el hotel, el día 12, estaba prevista a las 11,20 horas, el bus llegó con algo de anticipación, por lo que casi nos coge terminando de cerrar las maletas. El viaje hasta el aeropuerto fue normal, el vuelo puntual tanto en la salida como en la llegada a Lavacolla, y el regreso hasta casa se realizó también con toda normalidad, por lo que una vez en casa nos dedicamos a empezar a recordar cada uno de los días de nuestro periplo por Mallorca, del cual este resumen servirá de recordatorio cuando el tiempo lo requiera.

Baqueira 2026 – 5º y último día

Y llegó el final del programa. Llegado el viernes, 5º día de nuestra estancia, tocaba recoger las cosas a primera hora (realmente lo dejamos ya todo preparado desde la víspera) para al terminar el desayuno, meter los equipajes en el coche y subir a Baqueira a disfrutar de unas cuantas horas de esquí, antes de tomar la ruta de regreso.

Desayunamos como cada día, y después de liquidar en el Parador, enfilamos la ruta de Orri, a donde llegamos sobre las 9,40 de la mañana. Iniciamos el movimiento por las pistas subiendo por el TSD Jesus Serra hasta el inicio de Ta Baqueira, para una primera toma de contacto con la nieve. La primera pista que cogimos (Vista Beret) nos engañó porque creimos que era una de las que bajaban hacia Beret y resultó ser otra pista de regreso al parking de Orri. Además, la pista, que en principio parecía facil, estaba completamente helada y sin haber sido pisada, con lo cual el recorrido fue de lo más duro, y eso para empezar la jornada.

A continuación volvimos a subir por el mismo telesilla para deslizarnos por Ta Baqueira hacia la base de Beret. Por ahí la nieve estaba bien y aprovechamos para hacer un par de bajadas por Dera Reina 1 y 2, y en una de esas bajadas me hizo Rafa un video, al estilo del que yo le hice a él ayer, para revisar las mejoras que hemos tenido en esta temporada a partir de las clases recibidas.

Subimos luego por el TSD Clor-der-Os para aprovechar el recorrido por la pista roja Audeth, que estaba impresionante y repetimos la operación una vez más, para a continuación ir a Blanhiblar, porque ese telesilla estaba menos concurrido. Por esa razón subimos a la cima de Blanhiver, aprovechamos para tomar allí un caldito, y bajar por la pista roja de Comalada, la que ya hicimos el otro día. Hoy estaba perfecta, al menos en la parte alta (por abajo ya la nieve estaba un poco blanda) y desde lo alto hicimos fotos de todo el valle de Beret, donde se observan las pistas por las que estuvimos circulando tanto el primer día como hoy mismo.

Repetimos luego esa subida para hacer luego la bajada por el otro lado, la pista azul del mismo nombre. A partir de ese momento, y ya pensando en que hoy la jornada era más corta, optamos por subir de nuevo por el TSD Dera Reina para, desde lo alto, recorrer la pista Pins, que suponíamos estaba hoy perfecta, como así fue. Hicimos la bajada, sin problemas, y antes de retirarnos volvimos a subir el mismo telesilla para, antes de ir al coche, hacer una bajada completa por la pista Ta Baqueira 1 que no habíamos completado todavía. La verdad es que no aportó nada, porque el tramo final, el que este año todavía no habíamos recorrido, estaba bastante chungo. Por eso, tras la nueva subida, ya decidimos dirigirnos al aparcamiento para recoger los trastos e iniciar el camino de retorno.

Así, en efecto, poco después de las 2 de la tarde estábamos ya cambiandonos de ropa para el viaje, recogiendo todo el equipamiento, y tomando una cerveza y unas barritas energéticas para no perder tiempo antes de iniciar la ruta.

En el regreso, con google maps, la ruta nos llevó por un camino, teóricamente mas corto y precioso en cuanto a que recorrimos toda una garganta preciosa, con multitud de pequeños túneles, pero con la agravante de que esa carretera estaba en obras y cada rato nos paraban, por lo cual Rafa buscó una ruta alternativa que nos dirigiera hacia la autovía, y aunque era más larga, nos eliminó las paradas y en cuanto a tiempo de ruta vino a ser igual.

Llegamos a Logroño sobre las 8 de la tarde y después de instalarnos en el hotel Los Bracos, justo en el centro de la ciudad, al lado de la calle Laurel, salimos a ver el ambiente y tomar algo.

Pese a que conocíamos la ciudad y las calles de los vinos, la verdad es que nunca habíamos visto tal cantidad de gente, de forma que resultaba casi imposible circular por las calles Laurel, travesía de Laurel, etc. Con todos los bares abarrotados, y la calle llena de gente con las copas en la mano, al estilo de lo que ocurre en A Coruña junto a La Bombilla, pero a lo bestia, es decir, sin poder casi caminar.

Después de transitar toda la calle para ver el ambiente, empezamos por un sitio que debe ser nuevo. Se llama Las Gildas de la Laurel, y como sé la especial atracción que siente Rafa por esos preparados, allí nos estrenamos tomando un vino y un par de variantes de la gilda. A continuación paramos en La Tavina, con unos pinchos premiados (un crujiente de productos del cerdo), seguimos con otra parada en La Casa Grande del Laurel, donde junto al vino degustamos un Torrezno de Soria y una albóndiga, y terminamos en el Bar Soriano, donde la especialidad son los champiñones a la plancha. Allí quedó Rafa admirado por la habilidad del dueño al llenar las copas a discreción, pero dejando todas ellas al mismo nivel en un abrir y cerrar de ojos. Todo un espectáculo.

Y como ya estábamos surtidos de pinchos y vinos, y además habían transcurrido casi dos horas desde que nos adentramos en el Laurel, dimos por terminado el recorrido de los pinchos y nos fuimos a tomar un café y chupito a un café próximo, y tambien cercano a nuestro hotel.

Y con eso hemos dado por finalizada nuestra semana de esquí, regresando al hotel para dormir y estar mañana despejados para el viaje de regreso a casa.

El resumen de la jornada de esquí ha sido de 57,89 kms, de recorrido, con mas de 37 kms de recorrido real bajando pistas, segun las aplicaciones consideradas.

Y con esto se termina nuestra semana en la nieve. Hasta un próximo año, que esperemos no sea peor.

Baqueira 2026 – 4º Día

Si los dias anteriores han sido buenos, el de hoy ha sido el mejor de los cuatro. Ni una sola nube en el cielo, una temperatura ideal y la nieve estupenda, como toda la semana. Pero empezó el jueves desayunando sobre las 8 de la mañana. Hoy nos tocó mesa al lado de la ventana.

La subida a las pistas fue hoy algo más rápida, aunque luego el parking estaba mas o menos lleno como el resto de los días. Pudimos aparcar cerca de la bajada por la que llegamos cada final de jornada, aunque con alguna discusión con los encargados del aparcamiento. Y al poco rato estábamos en las pistas, dispuestos a disfrutar como cada día.

Para empezar, y según lo acordado ayer, volvimos a tomar el TSD Jorge Jordana para subir a Cap de Baqueira y desde allí bajar a la zona de Argulls, para luego seguir a Bonaigua. En la bajada por la pista de Argulls nos entró la duda de si se iba por una u otra pista y decidimos lanzarnos por la que era más evidente, aunque temíamos que estuviera helada a esa hora. Y así era, estaba completamente helada y era dificil mantenerse en pie, por lo cual a mitad de recorrido terminé en el suelo y deslizándome durante unos metros. No obstante, pude reponerme y terminar la bajada con sumo cuidado. Rafa, que venía detrás, al verme caer optó por bajar simplemente derrapando, y sin cerse.

Ya en la base de Argulls, al igual que ayer cogimos el TS Argulls para ir a la parte alta y desde allí bajar a Bonaigua. Y en las pistas de la zona de Bonaigua cogimos en principio el TSD La Peulla, que lleva a la cima y bajamos inicialmente por una pista azul (Pleta del Duc), para al final volver a subir y descender por La Peulla (roja), en principio por la parte larga, que bordea el monte, y en una segunda pasada, por el tramo con más pendiente, en el que el pasado año ambos nos caímos. En esta ocasión lo hicimos mejor y llegamos a la base del telesilla sin caer. De todos modos, tomamos la decisión de cambiar de zona porque como ese es el único telesilla para subir a lo alto, cada vez que llegábamos allí había un montón de gente y teníamos que esperar. Asi pues, hicimos una última subida, para bajar de nuevo por Pleta del Duc y dirigirnos al telesilla Bonaigua, que nos vuelve a subir a Argulls. En la base de Bonaigua nos encontramos con Javitxu, nuestro monitor del martes, que estaba alli con un curso de niños. Dijo que nos había visto un rato antes esquiando mientras descendíamos por una de las pistas y que nos había encontrado muy bien.

Sobre las 12 hicimos una parada para tomar un caldito y desbeber en el bar que está en la base de Argulls, donde ayer ya estuvimos. Hoy no había DJ, aunque sí bastante gente.

Desde Argulls volvimos al arrastre que nos permitía acceder a la pista Muntanyó, por la que ayer hicimos varias bajadas a Bonaigua, y hoy lo repetimos aunque nos encontramos que en la segunda parte de la pista había un cartel que indicaba «pista sin pisar», lo que conlleva riesgos. Aun así y después de debatirlo decidimos afrontar la bajada por ahí y la pista estaba aceptable, incluso en el tramo mas estrecho, con nieve en bañeras y sin pisar, lo pasamos con cuidado pero sin problemas.

Aprovechamos luego para seguir disfrutando de las bajadas por Argulls 1 y 2, e hicimos fotos de uno y otro, utilizando el sistema de ráfagas, aunque solo algunas valen la pena. Y sobre las 2 de la tarde decidimos volver a parar para tomar las cervecitas. Hubo que esperar un rato para conseguir una mesa al sol, porque estaba petado, y mientras nos tomábamos la cerveza vimos evacuar a un accidentado en helicóptero, alli justo al lado del bar.

Tras la parada en el bar, una última bajada por Argulls para, a continuación, dirigirnos al TS Manaud que nos llevó de regreso a Cap de Baqueira, desde donde antes de regresar a Orri decidimos aprovechar el momento para bajar una vez por Mirador, y tras volver a subir tomar el camino de regreso por Cara Nord, que a esas horas como cada tarde estaba en bastante mal estado. Sin embargo, a mitad de camino acordamos desviarnos por la salida de Cara Nord para volver a la base de Mirador y desde allí coger el TS Era Cabana, que lleva a mitad de Cara Nord, desde donde regresamos a Orri. Y como en días anteriores, una última subida por el TSD Jesús Serra, para a mitad de bajada, tomar la pista que nos lleva directo al parking.

Para la cena, hoy teníamos reserva en el Ali Oli, con encargo de Calçots, a las 8 de la tarde. Por esa razón recogimos pronto en la habitación y estuvimos allí puntuales. Los calçots, francamente buenos (gordos, y bien cocinados), fueron el entrante porque para después pedimos un chuletón de vaca del valle de Arán. Buenísimo. Y todo ello regado con un vino de la D.O. Costers del Segre (Alto Sios) francamente bueno. Terminamos con una crema catalana, mejor que la que nos dieron ayer.

De regreso al Parador y antes de subir a la habitación nos tomamos unos cafés y compartimos una copa de 1866, mientras comentábamos detalles de las series de televisión (Valle Salvaje y La Promesa). En fin, que en etapa vacacional vale todo…

En resumen, que este cuarto día ha sido también positivo. De esos casi 58 kms recorridos, incluyendo remontes, según la aplicación de Baqueira, lo realmente esquiado serían casi 38 kms, lo cual está francamente bien. Y ahora nos queda el último día, que será solo la mañana, puesto que cortaremos a mediodía para tomar la ruta de regreso.

Baqueira 2026 – Dia 3º

Hoy miércoles, dia 3º de nuestra estancia en Vielha, amaneció también despejado, lo que auguraba una jornada similar a las dos anteriores. Comenzamos con un desayuno adecuado (hoy Rafa ya se unió a los huevos de cocina), sobre las 8 de la mañana, porque hemos visto que esa media hora que anticipamos nos viene bien. De hecho, la subida a las pistas hoy se hizo con más rapidez.

Según lo proyectado ayer, volvimos a iniciar la marcha con el TSD Jorge Jordana para luego, desde lo alto de Cap de Baqueira, buscar el camino para ir a la zona de Argulls – Bonaigua. No tuvimos problema, ya que hay una pista (Ta Argulls) que lleva directamente desde allí. Nos lanzamos por esa pista y en poco rato, practicando las enseñanzas recibidas ayer, nos plantamos en la zona de Argulls, de la que tenemos un excelente recuerdo del pasado año. Con el TS Argulls, que es lento, subimos a la cabecera de las pistas Argulls 1 y 2, que recorrimos una y otra vez, y a continuación nos fuimos al arrastre Tuc de la Llança, que lleva a la pista del mismo nombre, si quieres regresar a Argulls y que también te puede llevar a la base de Bonaigua si en lo alto tomas la pista Muntanyo 1, roja pero amplia y que daba gusto recorrerla. Lo hicimos hoy al menos tres veces.

Desde la cabecera de Argulls tomamos también otra bajada directa a Bonaigua, y en todas las ocasiones que llegamos allí regresamos a Argulls mediante el TS Bonaigua. A mayores, en una de las ocasiones nos fuimos al TS Dera Mina, que lleva por lo alto también a la cabecera de Argulls, pero que alternativamente te permite recorrer otras pistas por la parte trasera de la montaña. Nosotros cogimos Costas de Ruda, que es la más larga y con un rodeo termina llegando a la base de Argulls donde está la cafeteria. Allí hicimos una parada a las 12 para tomar un caldito, entre recorrido y recorrido.

Mas tarde, ya previo al regreso al Parador y antes de coger el TS Manaud, que nos condujo a Cap de Baqueira desde Argulls, nos tomamos unas cervecitas, bien merecidas, con unas patatas recién fritas con mayonesa y quetchup. En ese bar hoy estuvo operando un D-J que tenía mucha marcha.

El final de la jornada, en lo referente al esquí, fue la bajada de Cara Nord sobre las 4 de la tarde, con la nieve ya muy estropeada, pero que aparte de cansarnos un poco mas (además a esa hora los cuadriceps ya van muy cargados), no nos planteó problemas. Y antes de ir al coche, una subida en el TSD Jesús Serra para desde lo alto bajar por el otro lado de las pistas y acceder directamente al parking con los esquís, sin tener que cargar con ellos. Por cierto, hablando de esquís, antes de venir en esta ocasión a Baqueira le puse -por fin- a uno de ellos la pegatina que compré en Innsbruck hace un par de años, con lo cual ahora ya acompaña a la que tenía en el otro esquí de Val Thorens.

La sesión nocturna de hoy se complicó, porque no teníamos reservado en ningún sitio y hemos pateado un montón de bares y restaurantes sin encontrar donde quedarnos, hasta que al final y casi de casualidad en la sidrería que está en la plaza nos dieron una mesa. No es comida típicamente aranesa, pero nos tomamos un paté casero que estaba buenísimo (de hecho nos hemos traido un par de ellos, uno para cada casa) y luego pasta. Nada de particular, aunque nos atendieron bien (el dueño era de Corcubión).

Al final nos vinimos a la habitación a ver en la tele el partido entre Madrid y Benfica, porque no lo ponían en ningún televisor en el Parador.

En definitiva, una tercera jornada también excelente, con 62 kms en las pistas (aprox. 40 kms realmente esquiados). Lo cierto es que, como cada día, terminamos cansados y deseando llegar al Parador para la ducha y descansar.

Y mañana, jueves, con buenas perspectivas también en cuanto al tiempo.

Baqueira 2026-2º dia

El día amaneció igual de bueno que ayer, a las pese a que la aplicación de El Tiempo decía que hoy estaría nublado hasta mediodía. Pero afortunadamente se equivocaba la aplicación. De modo que, al igual que ayer, aunque un poco antes, bajamos a desayunar. Mucha fruta, y hoy en mi caso, con plato de cocina encargado. Rafa continua siendo más frugal a la hora de desayunar.

Pese a que anticipamos la salida al ver que ayer había caravana, hoy sucedió lo mismo, porque la carretera de acceso es la que es, pero cuando llegamos al parking de Orri había algunos menos coches, aunque al final el aparcamiento quedó completo. Volvimos a dejar el coche en una posición similar a la de ayer, porque asi al terminar la jornada llegamos con los esquis puestos hasta prácticamente el coche.

Hoy teníamos reservada hora con Javitxu, el monitor con el que ya el pasado año tuvimos una clase de un par de horas. En esta ocasión hicimos una reserva similar, de 1 a 3 de la tarde, y como el punto de encuentro sería la zona de llegada del «huevo», decidimos que la jornada de esquí la desarrollaríamos hoy ya por esa zona. Por esa razón para empezar cogimos el TSD Jorge Jordana que nos llevó directamente al Cap de Baqueira, desde donde se accede a las diferentes pistas de la zona central de la estación.

Comenzamos bajando Cara Nord, una pista ya usada en anteriores ocasiones, que es larga y con muchas variantes en cuanto a dificultad. Estaba bastante concurrida a primera hora, en parte imagino que por los cursos. Pero hicimos un buen recorrido, para luego repetir la subida en el mismo telesilla y ya desde arriba, cambiar de pistas. Hicimos varias bajadas por Mirador, Guinau, Perdiz Blanca, etc. Y para ello subimos varias veces por los telesillas Mirador y Pla de Baqueira. Por allí son todo pistas rojas, pero muy anchas y por las que se discurre bien. Unicamente nos encontramos con problemas (relativos) cuando en una de las bajadas, tomamos hacia la izquierda y había una pista casi totalmente helada por la que costaba mantener el equilibrio, pero aun asi las recorrimos y tomamos nota para no repetir.

Y entre los recorridos señalados se acercaba la hora de encontrarnos con el monitor, por lo que hicimos una última pasada completa por Cara Nord, hasta la base, es decir pasando por la zona del aparcamiento de Orri y continuando hasta la base del huevo. El tramo final estaba ya a esas horas con la nieve amontonada, casi impracticable. Desde la base, cogimos el huevo y llegamos justo arriba a la 1, la hora acordada con Javitxu.

Las dos horas de aprendizaje nos han venido bien, especialmente a mi, para tomar nota de algunas correcciones y asi tratar de mejorar en los giros. Durante ese tiempo volvimos a repetir varias de las pistas que ya antes nosotros hicimos, incluyendo de nuevo Cara Nord, Mirador, Guinau, etc. Y también nos llevó por otra roja (Tamarro) por la que no habíamos pasado porque parecia algo mas complicada. No fue asi, y la bajamos perfectamente.

Terminada la sesión de aprendizaje, como pasaban ya de las 3 de la tarde, nos quedamos en una de las cafeterias de esa zona, para tomarnos el refrigerio habitual, en este caso cerveza, caldito y unas barritas energéticas, además de un poco de chocolate que trajo Rafa. Lo hicimos mientras disfrutábamos del sol, con una temperatura excelente, por lo que incluso nos despojamos de las cazadoras y quedamos en camiseta.

En total, el recorrido de hoy ha sido de 60,67 kms. que calculando por los porcentajes estimados entre remontes y esquí en pista, saldrían casi 40 kms. Pero es que además, hoy he probado otra aplicación, la de Baqueira, que dice que lo realmente esquiado ha sido de 37,06 kms. O sea, que la cifra real está cerca de los 40 kms. con una marcha rápida, y sin «tropezones».

Ya de regreso al Parador, hoy algo más tarde porque después de terminar nuestro aprendizaje y hacer el relax de la comida, cuando finalmente llegamos al coche eran más de las 5, ya que desde que dejamos a Javitxu tuvimos que tomar un remonte para alcanzar el inicio de Cara Nord, y desde allí regresar a Orri. Y como el acceso no es directo, tomamos el TSD Jesus Serra para subir hasta el nivel en que podíamos acceder a la pista que nos llevaba directamente al coche.

Después de relajarnos en la habitación, ducha de por medio y otras actividades (Rafa no se pierde Valle Salvaje, aunque sea en diferido), volvimos a bajar a Vielha para repostar gasolina y luego buscar donde cenar. Ya ayer comentamos la posibilidad de ir a Urtau, un local donde cenamos en otro de nuestros viajes a Vielha, y hoy conseguimos mesa, después de esperar un rato en la barra. Y resulta que somos tan predecibles y tan consecuentes con nuestros gustos, que hoy pedimos Torreznos (que ya habíamos tomado en 2023) y butifarra del pagés (lo mismo). Cenamos muy bien, a base de tapas (unas gildas, torreznos de Soria, Dados de Esturion en tempura, Alcachofas rellenas de sobrasada y Butifarra de Aran) todo ello regado por un vino de la zona (Troballa) y unos cafés. Muy bien, como casi siempre.

Hoy ya no nos vinimos al Parador a tomar el café, que nos preparó Sol, nuestra camarera de hoy en Urtau.

Y ahora, tras un relax de televisión, a dormir, que mañana sigue el programa de nieve.

Baqueira 2026 – Llegada y comienzo

Un año más en estas fechas toca dedicar una semanita a la nieve. En esta ocasión Rafa se ocupó de reservar en el Parador de Vielha, tras el buen resultado de nuestra estancia del pasado año. Las fechas elegidas fueron las de la última semana de febrero, habida cuenta de que antes estuvimos ocupados con los carnavales y que a principios de marzo tenemos ya el viaje del Imserso a Mallorca.

Hubo suerte con las previsiones meteorológicas, ya que después de casi dos meses de borrascas nominativas que dejaron lluvias, tormentas, etc, pero también abundante nieve en el Pirineo, con lo cual nos encontramos que ahora en Baqueira hay un espesor medio de casi 2,50 m. algo casi insólito, teniendo en cuenta que los últimos años no fueron especialmente buenos para la nieve.

Asi las cosas, después de 960 kms llegamos a nuestro alojamiento en Vielha ayer domingo 22 de febrero, en un viaje de casi 9 horas, pero que se hizo de forma relajada, conduciendo Rafa y yo. Durante el viaje, a medida que nos acercábamos a esta zona pudimos ver a lo lejos las cumbres de los montes cubiertas de nieve. Cuando llegamos ya se veía el cielo despejado, y al bajar al pueblo para cenar algo, lo que nos llamó la atención era la cantidad de gente que se veía por la calle, y con todos los bares y restaurantes llenos. También el Parador está a tope, lo que se nota no solo en la gente que se ve en restaurante y cafetería, sino también porque el aparcamiento está a tope, y con dificultades para encontrar una plaza.

Después de buscar sitio en varios de los restaurantes conocidos de años anteriores, sin éxito por cierto, vimos un cartel anunciando un bar (Era Canaula) que presumía de vinos y tapas y allí nos fuimos. Aunque el jefe parecía un poco borde, el camarero nos consiguió una mesa -«la última, ni una más, dijo el jefe con cara de mala uva»- y nos atendió de maravilla. Tomamos una crema de cabrales, una tabla de embutidos y quesos de la zona, y un costillar asado (cocinado a baja temperatura). Todo ello exquisito, y que regamos con un vino de la zona (Jan Petit, D.O. Costas del Segre). Terminamos tomando una Tarta de Queso con arándanos, buenísima, y unos chupitos de Cassis. En fin, una cena perfecta, aunque tal vez quedamos demasiado llenos.

Hoy ha sido nuestro primer dia de esquí. Después de un ligero desayuno (tras la cena de ayer, hoy nos auto-limitamos), nos fuimos a las pistas. Cabe indicar que había caravana y se circulaba de forma muy lenta, y al llegar al aparcamiento de Orri, lo encontramos lleno, y aparcamos justo a la entrada en un sitio un tanto atípico, aunque nos vino muy bien porque asi al terminar la jornada llegamos esquiando justo al lado de donde estábamos aparcados.

La nieve, impresionante, y aunque al principio parecía que había mucha gente, como las pistas son tantas y tan largas, al final resultó que casi en ningún remonte hubo que esperar cola, y que según la aplicación recorrimos 58,81 kms, con lo que si deducimos lo recorrido en remontes, sale un cálculo de más de 35 kms esquiando. Empezamos subiendo, como todos los años, en el TSD Jesus Serra, aunque desde allí comenzamos a bajar las pistas Tritón, Ta-Beret 2 y 3, y usando para ello el TSD Dera Reina, desde la parte baja de Beret.

Desde lo alto de Dera Reina hicimos varias bajadas, incluso una de ellas por la pista Pins, una roja que desde lo alto lleva a la zona del TSD Clot-Der-Os, donde hicimos un par de bajadas para buscar otras zonas. En un momento determinado nos fuimos a la zona de Blanhiblar, para cambiar de aires p,enta, y con un recorrido muy largo, además de ser una percha en la que van dos personas juntas. Pero no obstante la subimos para alargar el descenso. El final de esa zona es espectacular, porque coges una bajada a tope, lanzado y atraviesas un puente antes de llegar de nuevo a los remontes. Al final de la jornada volvimos a esa zona y buscamos una de las pistas rojas (Comalada) para hacer el regreso, y francamente estaba bien, pese a algunas bañeras, y fue ya el preludio del regreso a la base, porque desde alli volvimos a subir Dera-Reina y ya bajamos hasta el coche.

En resumen, una primera jornada impecable, tanto por el tiempo (hizo un sol sin una sola nube durante todo el día) y además cuando estabas quieto para coger un remonte o en casos similares, hacía calor. Hicimos una parada para comer algo (unas cervezas con un par de barritas energéticas) y nada más, reservándonos para la cena como de costumbre.

En cuanto a la marcha, sin problemas. Rafa no se cayó nada, excepto un lapsus cuando desde lo alto de Tuc de Dossau al ir a coger la cuerda que permite superar un tramo de desivel se cayó de la forma mas tonta. Y yo, en un par de ocasiones, bajando las pistas rojas de Dossau, primero en una zona de bañeras muy señaladas y luego, al salir de ahí, donde cogí tanta velocidad que, ante el temor de pegarme un castañazo sin saber lo que venía de frente, me tiré, pero sin consecuencias.

Pasadas las 4 de la tarde y teniendo en cuenta lo mucho aprovechado, decidimos regresar al Parador. Y ya en el mismo, una ducha, un rato de descanso, y salido al pueblo para cenar algo en hora temprana.

Dimos un corto paseo y fuimos al Vielhitos, uno de los bares de buen recuerdo anterior y que ayer estaba lleno. Tras una corta espera en la barra, tomando unas cañas y unas gildas, conseguimos sentarnos y allí pedimos una sartencilla de chistorra al vino, y una tortilla melosa (????) con setas, con una botella de Dido La Universal, un vino de la tierra, como hacemos habitualmente. Completamos el menu, para terminar el vino, con media tabla de quesos. En fin, todo bien y con precios asequibles.

Ya de regreso en el Parador, antes de ir a dormir, unos cafés en el salón de la chimenea, con unas copas de 1866, para redondear la jornada.

Y ahora, a dormir, que ya es buena hora y Rafa ya lleva un rato soñando con los angelitos… o Dios sabe con quien.

Valenciaaaa…

Cuando en el último octubre nos juntamos todo el grupo para celebrar el Outono Gastronómico ya nos encargamos de buscar una justificación para un nuevo «sarao» y el resultado, a base de localizar vuelos económicos para un futuro desplazamiento fue que nos apareció la posibilidad de viajar a Valencia por un precio asequible, con lo cual inmediatamente, desde la propia casa rural donde nos reuníamos, se hicieron las reservas con Volotea para estas fechas de enero que eran apropiadas para todos. Y ya de regreso a la casa de cada uno, Elena consiguió unas reservas de hotel también a precio asequible y en un lugar bien situado de la ciudad.

Como había tiempo bastante para la preparación del viaje, el programa se dejó pendiente para cuando se acercara la fecha de partida, y se hizo en combinación con mi amiga valenciana Maria José que nos podía asesorar respecto de algunas visitas y de algunos restaurantes, realizando ella misma también alguna reserva.

Resultó también favorable el hecho de que entre los días de nuestra estancia hubiese una representación operística en el Palau de les Arts, el que yo tenía ganas de conocer por no haberlo hecho antes, durante mi etapa de residente el la ciudad y además qué mejor oportunidad que hacerlo asistiendo a una ópera. Y comentando el asunto con quienes nos íbamos a desplazar, hubo varios que se animaron y al final reservamos butacas para 5 de los 12 que viajábamos.

Como detalle negativo del último momento, un par de días antes de viajar se produjo la baja de Elena y Rafa, por motivos familiares, que hubieron de quedarse con las ganas de hacer el desplazamiento. Así pues, el jueves 22 de enero los 10 restantes embarcamos a las 10,50 de la mañana en Alvedro y a las 12,20 estábamos aterrizando en el aeropuerto de Manises, con exquisita puntualidad y buen tiempo, aunque con viento fuerte. Coincidió, sin saberlo de antemano, que ese día era festivo local (San Vicente Ferrer) y a causa de una procesión por el centro de la ciudad, algunas calles estaban cortadas al tráfico por lo cual los taxis que nos trasladaban al hotel nos dejaron ligeramente alejados del mismo, y hubimos de hacer a pié los últimos metros.

El Hotel Inglés, que fue nuestro alojamiento, está situado en el cogollo de Valencia, en la calle Marqués de dos Aguas, justo al lado del palacio del mismo nombre, y en un radio de 500 metros teníamos a pie el Mercado Central, el Ayuntamiento y la Plaza Mayor, el Mercado de Colón, la Catedral, y cantidad de lugares de interés para visitar, sin necesidad de tener que desplazarse en taxi o bus, lo que resultó una ventaja para la movilidad del grupo. Además de céntrico el hotel era no muy grande, (de la cadena SH-singular hotels, o hoteles con encanto) y perfecto para lo que nosotros necesitábamos.

Tras dejar las maletas en las habitaciones, llegó María José a recogernos en el hotel para acompañarnos a comer en el restaurante Habitual, en el Mercado de Colón, donde yo había hecho una reserva previa. Es un local del grupo del cocinero Ricard Camarena, un valenciano con estrella Michelín en otro de sus restaurantes. La elección resultó ser un éxito ya que todos disfrutamos de la comida, a la cual también asistió otra Maria José valenciana, amiga de nuestra Maria José. Hay que decir que ninguna de las dos conocía ese local que a todos nos pareció excelente. Como curiosidad, a la hora de pedir los cafés nos ofrecieron el «cremaet», un café con ron, previamente quemado, que a la postre sería uno de los éxitos del viaje, ya que en todas las futuras sentadas en cafés y restaurantes lo solicitamos y terminamos evaluando que el mejor de todos fue el del primer día.

Después de la comida nos dedicamos a pasear por diferentes zonas para que los que no conocían la ciudad, que eran al menos la mitad de los asistentes, pudieran ir haciéndose una idea de lo más interesante en aquel contorno. Así tras dar una vuelta por el propio Mercado de Colón, recorrimos varias calles pasando junto a la Estació del Nord, Plaza de Toros, Plaza del Ayuntamiento, exterior del Mercado Central y la Lonja, Plaza de la Reina, e incluso asistiendo en la Iglesia de los Santos Juanes a una proyección sobre la evolución del templo a lo largo de los siglos.

Durante ese paseo de la tarde, y antes de ir a cenar nos acercamos hasta el Café de las Horas, para tomar algo, pero nos encontramos con que estaba lleno y había que esperar para que nos hicieran sitio. Como no estábamos por la labor de aguantar allí un rato de espera, decidimos continuar la marcha e ir a degustar el Agua de Valencia al local que tiene el honor de ser «la cuna» es decir, el sitio donde se sirvió por primera vez, que no es otro que el Café Madrid, en el hotel del mismo nombre. Aunque segun la teoría se compone de zumo de naranja y cava, al parecer la composición actual tiene, además de los dos elementos citados, algo de ginebra y ron. Lo cierto es que está bueno, y entre los que estábamos allí nos cepillamos 4 jarras del líquido elemento.

Hicimos una cena ligera en Taberna Las Meninas, donde teníamos reservado previamente. Está situada cerca del hotel, por lo que no tuvimos que hacer un gran recorrido para llegar luego a nuestro alojamiento, donde finalizamos esa primera jornada valenciana, acordando que nos volveríamos a reunir en la mañana siguiente a primera hora, para comenzar la apretada jornada marcada en el programa.

Para ese segundo día buscamos un lugar donde desayunar. La primera idea era ir a una horchatería próxima, pero como no abrían antes de las 10, finalmente nos quedamos en el café Bahía, muy proximo al hotel. El desayuno fue bastante simple, a base de cafés, tostadas, croissants y algunos zumos. Y desde allí, por la calle de la Pau, un corto recorrido hasta la plaza de la Reina aprovechando el márgen de tiempo disponible hasta la hora en que ambas Maria José nos recogerían en sus coches junto al hotel para trasladarnos a la Albufera, donde se desarrollaba el grueso del programa. Hubimos de llamar a un Cabify para trasladarnos al resto, ya que en los dos coches de las chicas no podíamos ir todos.

El plan en La Albufera consistía en acudir a una Barraca donde en exclusiva para nosotros iban a preparar una paella, además de un variado conjunto de platos clásicos de la tierra, y un paseo en barca por la Albufera. El lugar es ideal, y además como el día estaba soleado, pudimos aprovechar la tranquilidad y dedicación de los hosteleros que nos fueron dando toda clase de explicaciones sobre la preparación de la paella, mientras nos iban sirviendo unos aperitivos. Al paseo en barca no se sumaron algunos de los asistentes, pero los que sí estuvimos lo aprovechamos bien, pese a que el recorrido hubo de hacerse más corto de lo previsto porque como hacía mucho viento, no estaba todo lo agradable que hubiera sido en otras circunstancias.

De forma simultanea a la preparación de la paella, nos fuimos al recorrido náutico, durante el cual el patrón nos sirvió unos torreznos de anguila y unos boquerones fritos, que acompañamos con cervezas y otras bebidas.

De vuelta junto al fuego donde seguía preparándose la comida, seguimos paso a paso la evolución, a medida que se iban incorporando ingredientes, ya que después del sofrito inicial de la carne (conejo, pollo y pato salvaje), ase fueron añadiendo las diferentes legumbres características de la tierra.

Un paso que resultó un tanto desconocido fue la incorporación de unas alcachofas troceadas que, tras dejar el sabor en la paella fueron retiradas y pudimos degustar mientras observamos el devenir de la preparación. Incluso durante el proceso estuvo incorporada la cabeza del gallo, que no obstante se retiró en el último momento. Se incluyeron asimismo unos caracoles, y finalmente se incorporó el agua y el arroz, para llegar a la cocción final. En la elaboración todos nosotros, en mayor o menor medida, aportamos lo que pudimos, aunque algunas lo visibilizaron más.

Ya durante el tramo final de la cocción del arroz nos instalamos en el comedor donde se había preparado la mesa, en el interior de la barraca, y fuimos degustando las diferentes elaboraciones, aparte de lo que nos habían servido antes, y asi tomamos unos buñuelos de bacalao, un esgarraet de bacalao y pimiento, unos tomates con aguacate deliciosos, un par de surtidos de pan casero con aceite, un alli pebre de anguila, atún a la plancha con salsa de pistachos, y finalmente la paella que resultó ser lo peor de todo el menu, ya que estaba bastante grasienta y posiblemente también un poco pasada, Hay que señalar asimismo que con todo lo que llevábamos comido hasta que la paella se terminó todos estábamos ya sin capacidad de meter algo más al estómago.

Tras terminar la comida era ya una hora avanzada de la tarde y coincidía que en ese viernes día 23 era cuando teníamos las reservas para la òpera en el Palau de les Arts y por esa razón tras abandonar La Barraca, unos en los coches de nuestras amigas y otros con un taxi solicitado desde allí regresamos a la ciudad. A la ópera asistimos Elvira, Carmela, Ipi, José Ramón y yo mismo. La representación se trataba de Eugenio Onegin, basado en una obra de Aleksandre Pushkin, con música de Chaikovski, desconocida para nosotros pero que nos dejó plenamente satisfechos. Y no solo por la propia representación, en cuanto a los actores, la música y la escenografía, sino también por lo imponente que es el auditorio, que forma parte de la Ciudad de las Ciencias y las Artes de Valencia.

Mientras unos fuimos a la ópera, el resto se dedicaron a pasear por el centro de Valencia, aunque Pila y Armando además aprovecharon para encontrarse con unos parientes que residen en la ciudad y cenar con ellos. Al salir del Palau hubimos de esperar un rato para conseguir un Uber que nos acercase al hotel, donde contrastamos que el resto del grupo ya dormía y nadie estaba por la labor de seguir de marcha. No obstante nosotros dimos unas vueltas por el entorno tratando de encontrar donde tomar una copa, sin éxito, la verdad por lo que optamos por retirarnos a nuestras habitaciones.

El tercer día, sábado, lo empezamos desayunando en la cafetería del Hotel El Siglo, junto a la plaza de la Reina. Se eligió este lugar porque Maria José nos dijo que allí preparaban unos buenos churros. Luego resultó que los churros eran enormes (mucho más grandes de lo que en la carta aparecían) por lo que sobraron casi la mitad de los que pedimos. El chocolate estaba bueno. Al final del desayuno nos recogió María José, con quien habíamos quedado para hacer un recorrido por el centro.

Iniciamos el recorrido matinal acudiendo al Mercado Central, donde hicimos un tranquilo paseo por diferentes tipos de puestos. Como éramos un grupo numeroso, Maria José se había traído, a modo de guía, una banderita para que el grupo no se dispersara. Hubo algún comerciante que protestaba porque decía que no se admiten grupos numerosos, pero la queja no fue a mayores. Algunos llegaron a comprar algún producto que en A Coruña no se encuentra tan facilmente.

Ya fuera del mercado, continuamos por las calles del centro hasta coger un bus en la calle Colón, junto al Corte Inglés, que nos llevaría hasta la zona de la Malvarrosa, ya que teníamos hecha reserva para comer en el restaurante La Pepita, cerca del puerto y la idea era previamente recorrer las playas, El Arenal, La Patacona y La Malvarrosa.

Ya llegados a la zona de playas recorrimos todo el perímetro de las citadas, pasando delante de las casas de antiguos pescadores y algunas otras que destacaban como la casa museo de Blasco Ibañez y varias más con detalles singulares. Por allí está también el hotel-balneario Las Arenas, que fue reformado hace unos años, cuando en Valencia se desarrolló la Copa America, y que es un impresionante hotel, justo frente a la playa.

Cuando llegamos a La Pepita nos sorprendió lo enorme que es, ya que se trata de un macro-restaurante, que además estaba casi lleno, pese a que era temprano (13,30 horas). Pedimos unos entrantes variados y después sendas fideuas, una de pato y otra de productos del mar, que nos sirvieron con bastante celeridad. Sin ser nada del otro mundo, la comida estuvo bien. Además nos ubicaron en una gran mesa redonda con lo que podíamos mantener contacto entre todos.

Después de la comida hicimos un corto paseo por los alrededores del restaurante, donde están los comienzos del puerto y ya desde allí buscamos la forma de regresar hasta el hotel, para visitar el Palacio del Marqués de Dos Aguas.

La visita valió la pena y nos permitió llenar el resto de la tarde hasta la hora de la cena, con reserva hecha en el restaurante Gulliver, ya que teníamos para más tarde reservada una mesa en Jimmy Glass Jazz Bar, un local donde se desarrollaría una actuación nocturna. Al jazz no se habían apuntado Pila y Armando, y con ese motivo Pila, que se encontraba un poco llena, tampoco quiso venir a la cena, donde sí que nos acompañaron ambas Maria José.

Al llegar al local de Jimmy Glass nos encontramos con que ya habíamos estado allí 10 años atrás, en otro concierto, cuando hicimos el viaje con Elena y Rafa. La actuación se concretaba en dos tramos, en medio de los cuales hubo un descanso y aprovechando que a esa hora la mayoría del personal ya estaba cansado, optamos por no quedarnos a la asegunda parte y tomamos el camino de regreso al hotel.

El domingo 25 cambiamos de lugar de desayuno, y en la plaza de la Reina descubrimos la cafetería Pascual + Sheila, que nos pareció muy apropiada para probar otro sitio. Allí efectivamente encontramos una amplia variedad de desayunos e hicimos un cambio significativo respecto de días anteriores. Y en conjunto gustó. Lo digo porque al día siguiente regresamos al mismo sitio…

El programa para ese día consistía en ir hacia la Ciudad de las Ciencias y las Artes recorriendo el antiguo cauce del río Turia, hoy constituido por un hermoso paseo peatonal donde te encuentras a gente haciendo deporte, practicando Tai-Chi o simplemente disfrutando de la tranquilidad de la zona. Hicimos todo el recorrido a pie, para llegar al Museo de las Ciencias a buena hora, ya que llevábamos las entradas previamente reservadas. El Museo es muy amplio, pero donde además del contenido, interesante por sí mismo, posiblemente el continente es lo más llamativo. Toda la ciudad de las ciencias y las artes se levantó entre los años 1995 y 2009, y el Museo de las Ciencias fue el primero en estar operativo. El diseño es de Calatrava, fácilmente reconocible.

En el interior del museo nos movimos al aire de cada uno. Como es muy amplio y tampoco se trataba de aprender todo lo que aquello nos puede enseñar, pusimos una hora de salida, porque donde sí que teníamos fijada hora en el Hemisferic, para ver una proyección a las 13,00 horas.

Con exquisita puntualidad en el cumplimiento de los horarios, unos minutos antes de la hora fijada estábamos todos accediendo al Hemisferic, donde hay una enorme bóveda para desarrollar las proyecciones de todo tipo que allí se muestran. En nuestro caso la proyección era «Animal Kingdom», que estuvo bien sin más. Era la que estaba disponible ese día y a esa hora, pero supongo que deben tener otras más interesantes. Al igual que con el museo, el edificio del Hemisferic es también impresionante.

Una vez finalizada la proyección, tocaba la comida, que también estaba reservada por allí, en este caso en el restaurante Contrapunto, que está en la base del Palau de les Arts. Allí se había pedido ya un menú previo (exigencia del local), que constaba de un par de entrantes (Ensaladilla de anguila ahumada y Olé mis Huevos), ambos francamente buenos y magníficamente presentados. Como plato principal había la elección entre carne (Presa Ibérica) o arroz (Arroz marinero con pato y boletus), siendo este último el plato más solicitado y que tuvo éxito. Como postre nos trajeron un preparado con helado de frambuesa.

Terminada la comida con la que todos quedamos satisfechos, continuamos el paseo bordeando las edificaciones para llegar al Agora, la última de las construidas, que es un espacio lúdico, con un auditorio, cafetería, zona de juegos para niños, etc. Alli hicimos un pequeño descanso, mientras decidíamos lo que hacer en el resto de la tarde, que era ya la última de nuestro viaje.

Y lo decidido fue desplazarse hasta el Roig Arena, a donde podíamos llegar caminando unos 20 minutos. Pila y Armando se descolgaron del paseo y se perdieron la visión del edificio que es realmente interesante. En ese momento parece que se estaba jugando un partido del Valencia Basquet y no pudimos acceder, pero sí vimos salir de otra de las zonas a unas niñas falleras que debían estar preparando algún acto pre-fallero, porque se da la circunstancia de que una sobrina de Roig, el promotor, será nombrada fallera mayor, y por esa razón también en una pantalla aparecía su foto.

Para volver al hotel, fuimos a buscar una parada de bus que nos dejase cerca. No tuvimos que caminar demasiado, aunque la parada donde nos situamos era no la primera del recorrido, sino la última del trayecto inverso, por lo cual después de esperar un buen rato la llegada del bus, el viaje se prolongó un poco más, pero con excelente ambiente entre todos.

Para la cena habíamos hecho una reserva en Gran Mercat, un restaurante especializado en platos típicos valencianos, y más en sentido de tapas que de grandes menus. Fue una cena rápida con la que dimos por finalizada la jornada, eso sí tomando el «cremaet» que, desde la primera comida, se había hecho ya un final característico de todas las demás.

El lunes nos despertamos ya con los equipajes preparados para solo tener que pasar a última hora de la mañana a recoger las maletas en el hotel. Como ya comenté, volvimos a desayunar al sitio del día anterior, ampliando la variedad de los pedidos una vez íbamos descubriendo novedades en la carta.

Después de desayunar, como ya estábamos en la plaza de la Reina y nos había quedado pendiente la visita al Miguelete, decidimos acercarnos allí, y mientras Ipi y Pila se iban a visitar la Iglesia, el resto subimos los más de 210 escalones que llevan a lo alto de la torre para desde allí poder observar toda la ciudad a vista de pájaro.

Otrro de los proyectos del día era visitar la iglesia de San Nicolas, donde se hacen unas proyecciones muy interesantes. Pero resultó que precisamente ese día era la festividad del santo, y no había proyección. Además la iglesia estaba llena de gente que iba a pedir indulgencias al santo. En cualquier caso pudimos visitarla.

Y por último, para completar la jornada de visitas, nos desplazamos hasta la plaza del mercado para acceder a la Lonja, un precioso edificio que tuvo una enorme importancia en su momento como centro de contratación. No estuvimos todos en la visita porque algunos prefirieron ir al Mercado, pero los que estuvimos quedamos satisfechos con la visita.

Todavía antes de la comida pudimos darnos una vuelta por la plaza del Ayuntamiento y como coincidió que estaba abierto para el público el edificio municipal, los primeros en llegar accedieron a él, y tras los primeros fuimos la mayoría del resto del grupo. Fue una oportunidad que yo no había tenido anteriormente y creo que a todos nos gustó poder entrar y ver las salas, muy clásicas y decoradas, e incluso acceder al balcón desde donde pudimos fotografiarnos y también, ya luego desde abajo, yo coger imágenes de algunos como si fueran el alcalde o la alcaldesa.

Al salir del ayuntamiento, nos fuimos directos al lugar donde se iba a celebrar la última comida. Era el restaurante Los Gomez, del mismo grupo del de la noche anterior. El menu era un poco más amplio, y entre otros platos había disponible una especie de cocido valenciano, al que se adhirieron un par de comensales. En cualquier caso se trató de una comida relativamente rápida, aunque la terminamos con el clásico «cremaet».

Y desde allí, directamente al hotel a recoger los equipajes, y en un par de Uber grandes, rumbo al aeropuerto, donde nuestro vuelo salió con la misma puntualidad que a la ida, y al regreso A Coruña nos recibió empezando la lluvia que nos había perdonado durante nuestra estancia viajera. El vuelo resultó tranquilo. Y llegamos cada uno a su casa esperando ya para la siguiente….

Atenas, por fin !!!

Desde hace años, cada vez que aparecía una oferta de vuelos con descuento, miraba para tratar de encontrar algún vuelo económico a Atenas, una de las pocas capitales europeas que no conocía y que quería descubrir. Pero nunca aparecía la ocasión de una buena combinación vuelo + hotel asequible. Por fín esta vez, a finales de diciembre, apareció una posibilidad de viajar en enero con un precio relativamente asequible en cuanto al avión, y muy aceptable en lo referente al hotel. Así que, sobre la marcha, hice las reservas, de forma que al tratarse de una fecha próxima a las navidades el viaje sirviera como regalo de reyes, aniversario, etc. etc.

Las fechas seleccionadas fueron desde el 15 al 19 de enero, de jueves a lunes, con tres días completos en la ciudad y un total de 4 noches, considerando que era tiempo bastante para descubrir todo lo que Atenas guarda para el visitante.

De ese modo el jueves 15 de enero partíamos de A Coruña en dirección a Barcelona, donde tendríamos luego el enlace para llegar a destino. Aunque el tiempo de espera en el aeropuerto era largo consideramos que no lo suficiente como para bajar a la ciudad, por lo que nos dedicamos a leer, pasear y asi llenar el tiempo hasta que a media tarde embarcábamos para llegar a Atenas sobre las 9,15 de la noche (hay una hora de diferencia entre Grecia y España).

Desde el aeropuerto teníamos una excelente comunicación por metro hasta nuestro hotel, por lo que no nos planteamos otra alternativa para llegar al centro de Atenas. El trayecto dura casi una hora. El Moxy Hotel está situado en la plaza Omonia, esquina a la calle Stadiou y la salida del metro queda a poco más de 20 metros del hotel. Sin embargo la gente que circulaba a esas horas por la estación de metro o están poco espabilados o no son de por allí, porque pese a consultarlo con algunas personas, incluyendo a dos vigilantes, no sabían decirnos ni la salida adecuada a la calle Stadiou ni hacia el hotel, pese a tenerlo justo al lado.

Al llegar a la habitación del hotel nos encontramos que, como bienvenida, teníamos una botella de vino espumoso, además de un par de donuts dulces, y celebramos la llegada.

En fin, acomodados en el hotel y como estábamos con ganas de meter algo al estómago (la cafetería del hotel estaba ya cerrada porque pasaban algo de las 11 de la noche) salimos a localizar algún sitio donde nos dieran de cenar, y lo encontramos a poco más de 100 metros. Un pequeño establecimiento totalmente local, con comida griega y en el que ya estaban haciendo la limpieza, donde pudimos tomar un kebab y un plato con productos similares, junto a una cerveza. De lo más típico simplemente llegando a la ciudad.

A la mañana siguiente, tras desayunar en el hotel, programamos el plan de visitas. Hicimos allí, directamente con una persona del equipo del hotel, la reserva para una visita completa a la Acrópolis para el día siguiente, con guía en español. Y a continuación salimos ya a la calle para empezar a conocer la ciudad, y para ello nos subimos a un bus de los que hacen el recorrido por diferentes lugares de la ciudad, un Big-Bus, que cogimos en la misma plaza Omonia, frente al hotel. En el trayecto por diferentes barrios, pasamos junto al mercado, los lugares más significativos e hicimos una parada al pié de la Acrópolis, desde donde tuvimos la primera visión a lo lejos del conjunto.

Nos llamó la atención una pequeña capilla en la que parecía haber tenido un incendio por estar todo el conjunto ahumado, pero resultó que ese color negruzco se debía al humo de las velas que los feligreses ponen de forma continuada como ofrenda y peticiones. Recorrimos también el Mercado Central, y callejeamos por toda la zona.

Recorriendo la calle Ermou, la más comercial de la ciudad, encontramos una pequeña iglesia, cuyo interior era de lo más atractivo. Está situada en una pequeña plaza, rodeado todo de los comercios de las marcas más conocidas. Esa calle (Ermou) va desde la plaza Sintagma, donde se encuentra el Parlamento, hasta el barrio de Monastiraki, otra de las zonas más concurridas, y en cuyo entorno se encuentran una gran parte de los restaurantes típicos, habitualmente lleno de turistas. En ese trayecto pasamos junto a la Catedral de Atenas, en la que el mismo día de nuestro regreso se iba a celebrar el funeral por el fallecimiento de la hermana de la Reina emérita Sofía.

Durante el resto del día continuamos recorriendo las calles y lugares que, desde el Big-Bus, nos habían parecido más atractivas. Nos movimos mayoritariamente por el barrio de Plaka, uno de los más característicos de Atenas, y en uno de esos restaurantes hicimos sendas paradas para comer y cenar algo, siempre volcándonos en platos típicos, como la Musaka que Ipi tomó en un par de ocasiones, o el cordero con arroz que tomé yo.

El segundo día amaneció pronto para nosotros ya que nos recogían a las 7,40 de la mañana para incorporarnos al grupo que había contratado la visita a la Acrópolis al igual que nosotros. No obstante, ya en la agencia, el recorrido en bus con el que se iniciaba la visita no empezó hasta pasadas las 8 de la mañana. Y ese comienzo fue mediante un paseo en autocar por las calles más importantes de la ciudad, contorneando diferentes monumentos para dar una visión global de Atenas, algo que para nosotros fue en cierto modo repetición del Big-Bus del día anterior.

Pasamos frente al estadio Panatinaico, Parlamento, Academia de las Artes, Universidad, Biblioteca, Palacio Presidencial, Arco de Adriano, Jardín Nacional, etc. etc. Y todo ello sin bajar del autocar, y haciendo algunas fotos desde el mismo.

Ya a pie, desde la agencia comenzamos el recorrido hacia la Acrópolis, a la que se llega a través de una serie de calles llenas de comercios y restaurantes, para acceder al recinto cerrado donde comienza la visita. Ya dentro, comenzamos con el Teatro de Dionisos, un recinto semicircular donde se representaban las tragedias de Esquilo, Sófloques y Eurípides. Se le considera la cuna del arte drámatico del mundo antiguo y moderno. Las primeras filas tienen un diseño especial ya que estaban reservadas a los personajes principales de la ciudad, y tienen grabados nombres y/o referencias a los mismos.Junto al Teatro estaba el Templo también dedicado a Dionisos, del cual quedan algunos restos.

Continuando el ascenso a la parte alta de la Acrópilis, dejamos al lado el Odeón de Pericles, construido en el 447 a.C. destinado a celebrar alli concursos musicales. Fué destruido por un incendio en el año 86 a.C. y posteriormente, sobre sus restos en el mismo lugar se edificó el Odeón de Herodes Atico, en el año 161 d.C. en el cual todavía hoy se celebran actuaciones que congregan a multitud de personas. En estros momentos está en restauración.

Y tras subir un poco más llegamos a la zona de entrada de la parte alta, a la que se accede por la Puerta de Belué, que da àso al monumento a Agripa, el Templo de Atenea Niké y Los Propileos, y a partir de ahi nos vamos encontrando la mayor parte de las grandes edificaciones.

Llegamos así al Erecteón, el segundo templo más importante de la Acrópolis, después del Partenon. Su construcción empezó en el año 421 a.C. y se terminó entre los años 409 a 405 a C. En su conjunto están las Cariátides, 6 figuras de mujeres, de cuyos originales 5 se encuentran en el Museo de la Acrópolis y la sexta en el Museo Británico (las actuales son reproducciones).

Y asi llegamos a la construcción principal, el Partenon. Su construcción se inició en el año 447 a.C. y la inauguración tuvo lugar durante la fiesta de las Panateneas en el 438 a.C. Es un templo de estilo dórico, con 8 columnas en la fachada y 17 en los laterales. Construido inicialmente en marmol de Penteli, salvo la techumbre, de madera. En el Museo de la Acrópolis hay una reconstrucción de los frontones.

Después de recorrer tranquilamente todo lo alto de la Acrópolis, con multitud de zonas donde se acomodan restos de las diferentes edificaciones, comenzamos el regreso a la parte baja, donde está el Museo cuya visita también estaba incluida en el programa. Allí es donde se guardan la mayor parte de esculturas originales, donde hay reconstrucciones de los frontones del Partenón, y como ya antes señalé, las estatuas originales de las 5 Cariátides que se conservan en Atenas. La persona que hacía de guía en la visita nos animó a visitar al atardecer el alto del monte Licabeto, desde el cual se tienen espléndidas imágenes del Partenón especialmente a la puesta del sol. Y aunque el día no estaba despejadocomo sería de desear, acordamos que si no empeoraba, allí nos dirigiríamos a la hora adecuada.

Después de transitar por las diferentes salas del museo, que daría para estar allí una jornada entera, y como allí mismo finalizaba la visita guiada, optamos por quedarnos a comer en la cafetería del propio museo, donde degustamos unas ensaladas y una espléndida tabla de quesos, que dicho sea de paso no conseguimos terminar, por lo cual nos llevamos los restos para, ya a la noche en el hotel, terminar con ellos la botella de vino espumoso con la que nos habían obsequiado.

El siguiente paso fué tomar un taxi para acceder a lo alto del Licabeto. Nos habían dicho que se podía llegar mediante un teleférico, pero que tal vez con el viento reinante no funcionaría. En ese caso podía llegarse también subiendo escaleras o mediante la formula mixta taxis + escaleras, que fue lo que finalmente elegimos. No obstante, lo cierto es que no llegamos a localizar el mencionado funicular, y que a punto estuvo Ipi a renunciar a la subida cuando habíamos transitado ya por una buena parte de las escaleras.

En la cima de Licabeto soplaba de lo lindo. Allí hay una capilla y unas vistas excelentes sobre toda la ciudad, y también se puede observar la puesta de sol que nos habían anunciado. en este caso, más que la puesta de sol aprovechamos la caida de la tarde, viendo al fondo, tras el Partenon, el mar sobre el que aparecían varios buques que transitaban por la zona.

La verdad es que la mejor vista del Partenón al atardecer se lograba no desde lo alto del monte, sino algo más abajo, durante el recorrido de descenso que hicimos íntegramente por las escaleras, para llegar finalmente al lugar donde sí que estaba la salida del teleférico que no habíamos visto.

Ya en la parte baja, hicimos un recorrido que era en parte repetitivo, pero que a esas horas, cayendo la tarde, tenía una visión bastante diferente. Pasamos delante del museo bizantino, del Ministerio de Defensa (donde había algún helicóptero, avión, tanque, etc.), Galeria Nacional, etc. Y como íbamos en sentido contrario, retomamos la marcha para llegar a donde pretendíamos, volviendo a fotografiar el Museo de Arte, la Universidad y la biblioteca Nacional, antes de llegar a la plaza Sintagma.

A continuación bajamos hacia el Agora para volver a repetir las calles de Plaka, pasando por Monastiraki y el final de Ermou. Volvimos a captar una visión diferente del Hefesión y pasamos ante una de las iglesias que en otro momento no estaban abiertas. En esta ocasión sí lo estaba, aunque acababa de celebrarse una boda (en cada viaje curiosamente nos encontramos con alguna boda), y los novios (pelados de frío) estaban haciendo fotos junto a la iglesia.

Allí Ipi sugirió cambiar de dirección y meterse hacia el barrio de Psirri, otro de los lugares recomendados y que no habíamos visitado todavía. Resultó ser una zona de lo más animado a esa hora, con gente local mayoritariamente aunque no dejábamos de encontrar también guiris. Era una zona de comidas pero sobre todo de tapeo y copas. Encontramos por allí cafés y bares sudamericanos, principalmente cubanos y venezolanos, todos con un aspecto espléndido y mucha animación que, por la hora, se veía que iba en aumento.

Hay que tener en cuenta, también, que era sábado por la noche y lógicamente hay mucha más gente disponible que en día de semana normal. Ya desde ahí regresamos al hotel sin ganas de hacer una cena formal y sustituimos esta por tomar en el hotel lo que quedaba de la botella de espumoso con el resto de quesos de la comida y unos panecillos que compramos de camino.

Para el domingo teníamos también un programa apretado, porque queríamos estar ante el Parlamento para el cambio de la guardia, y antes pretendíamos visitar el Museo Arqueológico, muy recomendado en todas las guías y también por el personal del hotel. Ya un par de días antes habíamos intentado la visita, pero resultó que cuando llegamos allí eran las 3 de la tarde y cerraban media hora después, con lo cual no compensaba entrar. Y además nos dijeron que el domingo la entrada era gratuita. Así que madrugamos, estuvimos por allí sobre las 9 de la mañana y apenas pudimos hacer una visita corta, porque es aquello tan amplio que habría sido necesaria toda una jornada para verlo medianamente. En cualquier caso nos gustó.

Desde el museo nos fuimos directamente en taxi a la plaza Sintagma, donde está el Parlamento, para ver el cambio de guardia. Como nos habían pronosticado, estaba petado de gente, de forma que para ver algo había que buscar entre las cabezas de quienes teníamos delante. Perdimos allí bastante tiempo porque el proceso del cambio de la guardia es un tanto lento y ceremonioso. Pudimos hacer algunas grabaciones de video levantando el palo selfie y alguna foto no muy buena, pero era lo que había….

Terminado el proceso del cambio de guardia, optamos por acercarnos a la zona del Agora antigua y el Agora moderna para ver el parque donde está el Hefesión. Para ello nos dirigimos a Monastiraki, y desde alli bordeamos el parque buscando la entrada. Pasamos por el Mercado de las Pulgas, que viene a ser como un «rastro» donde cada paisano vende lo que se le ocurre, pero sin realmente cosas interesantes para nosotros. Y después de bordear el parque llegamos a la puerta de acceso que, precisamente ese día, encontramos cerrada porque estaban con temas de mantenimiento.

Y como estábamos ya del otro lado y era temprano para comer, bordeamos todo el parque obteniendo una visión diferente del mismo espacio, a la vez que abríamos el apetito para la comida.

Terminado el paseo empezamos a buscar ya un lugar donde comer, y en esta ocasión pensando en localizar un buen restaurante local, más que un lugar turístico. Pasamos ante el Abisinia, que nos había recomendado Chema, pero nos pareció un tanto apretado, y decidimos seguir adelante, y poco después localizamos en la misma calle Ermou, en el tramo final el restaurante Liystor, que era uno de los que en el hotel nos había recomendado. Ocupa todo un edificio, y en la tercera planta tiene una terraza cerrada y cubierta en la que se estaba fenomenal, con unas preciosas vistas y bien acondicionada (con estufas).

Comimos estupendamente, a base de platos locales pero con categoría. Tras unos variados entrantes, Ipi repitió una Musaka de diseño, mientras yo me tomé un plato típico con espárragos y arroz meloso. Y un postre que también estuvo a la altura. Tiene además una hermosa bodega en el sótano.

Ya tras la comida nos dispusimos a recorrer el Jardin Nacional, donde se encuentra el Arco de Adriano y el Templo de Zeus Olímpico y desde allí caminamos hasta llegar al estadio Panatinaico.

Aunque hacía frío porque ya caía la tarde, nos tomamos con calma el paseo y ya en el interior del estadio hicimos un recorrido bordeando las pistas, haciendo fotos desde ángulos diferentes y finalmente accediendo a una galería interior en la que se muestran los soportes del transporte de la antorcha con la que se llevó la llama olímpica en cada una de las celebraciones de los Juegos, con los carteles representativos, etc.

Y ya después de la visita al estadio, recorrido de regreso hacia el hotel, bordeando el jardín nacional y pasando delante de la residencia presidencial, donde tuvimos ocasión de ver algunos movimientos de los guardas, del mismo conjunto que quienes hacen la guardia frente al Parlamento y con un ceremonial similar, aunque más reducido.

Antes de ir al hotel, no obstante, volvimos a hacer un recorrido por algunas de las calles comerciales recomendadas en las guías, como Tripodón (donde segun nos indicaron en la visita a la Acrópolis, en algunas casas antiguamente colocaban en las puertas el premio que se otorgaba a los ganadores de las obras que se representaban en el Teatro de Dionisos), y como Adrianou, calles que junto a Ermou fueron las que más veces recorrimos en estos cuatro días de Atenas.

A la mañana siguiente, tras desayunar en una cafetería próxima al hotel, donde el surtido de pastelería era impresionante, pasamos a recoger las maletas y allí mismo tomamos un taxi para hacer tranquilamente el regreso y llegar al aeropuerto sin prisas, teniendo en cuenta que luego ya dentro de la zona aeroportuaria hay un largo recorrido a través de cintas para llegar a la zona de facturación y a las puertas de embarque.

La vuelta, de nuevo a través de Barcelona y con poco tiempo de espera, se desarrolló con total puntualidad y con ello dimos por finalizado este periplo por Atenas, cumpliendo así el deseo largamente esperado.

20N – Celebración

Desde hace 50 años (algunos dicen que un par de ellos más), un grupo de antiguos compañeros de los bancos del grupo BBVA organizan una comida (un cocido en este caso) en O Carballiño y/o en ocasiones en algún otro lugar próximo, aunque el nexo común viene siendo esa población entre otras cosas porque los promotores del evento son en su mayoría de allí, si bien los asistentes provienen tanto de la provincia de Ourense como de las de Pontevedra y A Coruña.

Yo he ido en numerosas ocasiones aunque no pertenezco al núcleo de los promotores. Mis inicios fueron a finales de la década de los 80 ó en los inicios de la década de los 90. Pero siempre que he acudido lo he disfrutado, además de por la comida que en estos casos suele ser el «leit motiv», por el encuentro con compañeros de otras zonas y ahora reencuentro, puesto que ya todos estamos jubilados.

En esta oportunidad la comida se celebró en el restaurante Derby, en O Carballiño, y allí nos juntamos un total de 15 compañeros, procedentes de los antiguos Vizcaya, Bilbao y Argentaria, y ahora residentes además de en la propia localidad de Carballiño, en Vigo y A Coruña, así como en otros ayuntamientos ourensanos.

En mi caso y el de los otros tres coruñeses de la Peña Bebeuvas con los que hice el viaje, nos desplazamos en tren a Ourense, y desde allí nos trasladó al lugar de la comida el amigo Lozano, que además en esta ocasión ha sido el promotor y el encargado de seleccionar el lugar de la comida.

Tras un relajado trayecto en tren, Manolo Lozano nos recogió en la estación de Ourense y nos llevó al punto de destino, donde antes de la comida compartimos un rato muy agradable con un grupo de amigos que se reunen de forma habitual en un bar a tomar unos vinos, en esa ocasión el bar en cuestión era el Venezuela desde donde más tarde nos dirigimos al Derby.

Ya en el restaurante nos unimos al colectivo de la zona sur, que estaban llegando, y tras los abrazos de rigor nos acomodamos en el comedor para dar cuenta de un bien preparado y abundante cocido, regado con un ribeiro Viña Amoriño, un mencía Alma, de Monterrey, y una botella magnum de rioja Beronia que algunos más exquisitos se pidieron.

Como a mi me gustan los números y esta era una ocasión especial, ya que se cumplían 50 años de la denominación del encuentro, hice un sondeo entre todos los participantes para conocer su año de nacimiento, con la finalidad de comprobar cuantos años sumamos en conjunto los asistentes al evento y resultó que la suma de todos era de 1.121 años. Es decir, que la media de edad de los «chavalines» que alli nos reunimos estaba en casi 75 años, aunque nacidos en el 50 solo éramos dos, y el abanico iba entre los 82 años del más longevo hasta los 67 del más juvenil. En fin, un colectivo variado pero muy bien avenido.

A los postres nos sirvieron un Brazo de Gitano adornado con el 50 y fue Chan el encargado de soplar las velas, aunque además de ese 50 hubo otro en números grandes colgado de la pared junto a la mesa donde nos ubicamos. Y para los chupitos disfrutamos de un par de botellas de Licor Café y Licor de Hierbas que nos había regalado «Requeixo», el colega con quien tomas los vinos, que es además productor y proveedor de vinos y derivados en diversos bares del lugar.

En definitiva, una reunión para recordar, que en mi caso sirvió además para complementar mis recuerdos relativos al 20 N sobre los que en el día de ayer comenté aquí mismo.

20 – N

Mañana es el 20-N, una nomenclatura que para muchos, sobre todo los jóvenes, no representa nada. Pero que a otros, la gente de mi generación, es una fecha histórica por lo que representa, ya que en ese día, 20 de noviembre de 1975, empezó una segunda fase de nuestra historia que llevó aparejada (con la evolución a lo largo de los años) una nueva forma de vida, en cuanto a disponer de libertades antes imposibles, y a avances en todos los sentidos, pero principalmente en lo relativo a las personas y a su ámbito de actuación.

Pero sin entrar a valorar todo lo caminado en estos 50 años, que no es poco, ahora y el día de hoy en concreto me retrotrae a esa fecha del 19 de noviembre de 1975.

Por esos día yo estaba en Madrid, alojado en casa de los que iban a ser mis suegros, puesto que estaba con los preparativos de mi boda (mi primera boda), que se celebraría un par de semanas después.

Ese día en concreto yo había quedado para ir al teatro, a un teatro que creo que ya no existe porque no he conseguido localizarlo, por la zona de Delicias. La representación era sobre las 11 de la noche, y yo había reservado entradas además de para mi para Carmen, la que iba a ser mi mujer, y para una amiga, Mari Carmen, una enfermera a la que conocí en Ourense durante su época de estudiante de enfermería en el antiguo Hospital Provincial.

Mari Carmen por esas fechas, una vez terminada su carrera, había comenzado a trabajar en el hospital de La Paz, en Madrid, a donde pasamos mi novia y yo a recogerla poco antes de las 10 de la noche. En esos momentos La Paz era un centro de atención no solo español, sino de gran parte del mundo, habida cuenta de que allí se iba acomodando para su muerte Francisco Franco, el todopoderoso dictador durante 40 años de los destinos de España.

Me quedó grabado para siempre el momento en que mi amiga Mari Carmen salió del hospital y, al entrar en el que era mi coche (un Mini 1000, matrícula OR-4088-A del que tan gratos recuerdos tengo), lo primero que dijo fue: «ya está boca arriba«, refiriéndose evidentemente a Franco. Y la traducción explícita de esa información era que el dictador había pasado a mejor vida (bueno, no sé si es apropiado lo de mejor, porque en este mundo ha tenido la que ha querido..).

Portada de La Voz de Galicia – 20 Nov. 1975

Lo cierto es que del hospital nos fuimos al teatro y yo a partir de aquel momento estaba a la espera de que la noticia fuera pública. Se esperaba ya desde algunos días atrás, porque aparentemente se le estaba manteniendo con vida tal vez para preparar el momento en que fuese más adecuado a los intereses del gobierno de turno. Y cuando salimos del teatro seguía sin haber noticias, con lo cual me fui a la cama casi con el transistor pegado a la oreja. Y finalmente sobre las 4,30 de la madrugada en la radio ya empezó a comentarse, aunque la imagen que ha quedado para la posteridad es la de Arias Navarro, con cara tristona dijo aquello de «españoles, Franco ha muerto».

Después de estos 50 años, con la mirada hacia atrás habría un montón de cosas que recordar. Como yo soy de aflorar lo positivo y dejar que lo negativo se vaya a lo mas oscuro del «disco duro», cabe vanagloriarse de los avances que entre todos hemos conseguido y que nos permiten hoy vivir en libertad, incluso aceptando que para algunos esa libertad tenga el significado de saltarse las normas vigentes para todos…

Este pasado fin de semana, en el apartado dedicado a la música de otros tiempos en el programa «A vivir que son dos días» que dirige Javier del Pino, se recordaban canciones de la década de los 70, algunas anteriores al 20-N y otras ya en los primeros momentos de la transición, en las que su utilizaban metáforas para criticar la falta de libertades, para soslayar las prohibiciones derivadas de la censura y para transmitir a la gente la necesidad de avanzar sin confrontaciones. Canciones como las de Cecilia (Mi Querida España), Luis Eduardo Aute y Rosa León (Al Alba), Raimón (Al Vent), Jarcha (Libertad sin Ira), y otras muchas, en las que se decían a medias o se intuían muchas verdades que no era posible comentar abiertamente.

La gente joven de nuestros días no es consciente de lo pasado por nosotros en esa etapa y hoy se aplauden conductas como la de Trump y sus seguidores dentro y fuera de USA y cada vez más cerca de nosotros.

Pero en fin, todo aquello pasó, y como dije al principio hoy para mi es un momento de recordar aquel momento especial de la noche del 19 de noviembre.