9 de abril. Llegada a Saint Jean con tiempo para coger la credencial en la oficina de peregrinos que está justo frente al albergue Bairail donde me alojo.

Hay 21 personas de las cuales solo 4 son españoles, todos ellos miembros de una misma familia. El resto de diferentes países ( hay suecos, canadienses, franceses, americanos, y de algún otro país). A mi me han alojado en una habitacion con 3 camas, aunque solo dormiremos una polaca y yo.
Para que nos conozcamos mínimamente los hospitaleros montan un show a base de juegos en los que nos pasamos una pelota invisible mientras decimos nuestro nombre, y se hace un brindis de recepción.
Luego ha sido la cena (una crema, ensaladas y tortilla y de postre arroz con leche). Ha servido para hacer algo de charla en grupo. Y como a las 10 se apaga la luz, ahora solo queda prepararse para dormir. Por cierto que mi saco ha quedado en la mochila grande y el hospitalario me ha prestado uno.
10 de abril. La noche se ha pasado bastante bien; leí un rato pero me entro sueño y debí dormirme sobre las 11, con lo que antes de las 5 estaba despierto pero aguanté bien hasta la hora de levantarse. Mi compañera de habitación roncaba, pero se aguantaba.
El desayuno fue sencillo y a las 8 en punto estaba arrancando la marcha. El día comenzó con niebla y no la deje hasta que fui subiendo. Hice un montón de fotos donde se ve todo el valle cubierto de niebla y en cambio por la zona donde yo circulaba lucia el sol.
La marcha ha sido dura, como era previsible; son 15 km de subida continuada y nunca se ve el final. Cuando creía que había llegado al alto, y empezaba el descenso vinieron 2 km de llaneo y luego otros 2,5 de fuerte subida, que fue lo más duro porque psicológicamente ya no contaba con más subidas. Hice una parada para tomar algo de fruta y luego en la fuente de Roldán repuse agua. He bebido dos litros hoy. Antes de empezar la bajada volví a tomar fruta.
Y ya los últimos 4 km son de duro descenso, lo que me resultó casi más duro que la subida, por la rodilla y la planta del pie. Durante el descenso me encontré con los franceses de ayer y vine charlando un buen rato con Philipe.

Finalmente llegue a Roncesvalles sobre las 3 y estoy alojado en La Posada. En un rato iré a la reunión de la Colegiata, al final de la misa diaria y regresaré aquí para cenar. Ya, tras la misa, donde han dado la bienvenida en muchos idiomas, vine a cenar a La Posada y coincidí en la mesa con otra familia que viene de Barcelona. Tienen dos niños y empiezan mañana desde aquí.
Ya he programado para mañana alargar la etapa 5 km más allá de Zubiri, de forma que iré recortando camino para llegar si es posible a casa para mi cumple. Pero será lo que sea, y de momento día a día.
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