27 de abril. Pues era cierto que venia el frío y ha venido con ganas. Después de una noche gélida, cuando hoy, después de desayunar en el albergue me eché a la calle, el termómetro marcaba 0 grados.
Pero es que tres o cuatro kms después, en un alto de la ruta estábamos a -3 grados y eran sobre las 8 de la mañana.
Ya bajando a San Justo de la Vega volvimos a los cero grados.
El camino hoy se escapa de la carretera por donde vino estos días y recupera los senderos agrícolas, aunque a veces comparte las carreteras comarcales en las que el tráfico es muy reducido y por tanto no genera incordios al peregrino.
Poco después de salir de Villares se pasa por un pueblecito, Santibañez Valdeiglesias, que está a 2,5 kms de donde dormí. En ese trecho me crucé con tres perros enormes, mastines leoneses sueltos, que me hicieron cambiar un poco la dirección para alejarme de ellos. Imponían respeto y no quise correr riesgos. Y el sendero sube hoy casi de forma constante, aunque con más intensidad en los primeros quilómetros y luego ya al final.
Algo más de 12 kms después llegamos a Astorga, la capital de la Maragateria, una
ciudad con importante patrimonio monumental ya que aparte
de la catedral y el palacio de Gaudí hay otra serie de iglesias y muchos restos de la etapa romana de la
ciudad. Hace unos años visitamos todo eso a fondo y nos causó muy grata impresión. Hoy a mi la entrada en la ciudad por la cuesta de acceso me trajo a la memoria mi anterior paso por aquí cuando mi primer Camino. Recuerdo aquel día en que venía escuchando al teléfono a David diciendo que le habían ofrecido ser distribuidor para España de una línea de cosméticos. Aunque me pareció que aquello no era para nosotros, entramos al trapo y así nos ha ido.
En Astorga hice una parada para quitar la camisa que llevaba como refuerzo para el frío, y tambien los guantes aunque estos tuve que ponerlos de nuevo poco después porque se me quedaban las manos tiesas.
Y después de Astorga llega un pequeño pueblo, Valdeviejas, al que sigue Murias de Archivaldo, donde la ruta se bifurca: además del camino tradicional hay ahora otra vía que pasa por Castrillo de los
Polvazares, y en está ocasión decidí coger esa ruta. El pueblo a esas horas estaba vacío, y tras recorrerlo, seguí para continuar a la ruta principal. Se da algo de vuelta y yo creo que alarga el recorrido más o menos un quilómetro.
El siguiente pueblo es
Santa Catalina, donde descanse y me tome un bocadillo de calamares para recuperar energías de cara a los últimos kilómetros que son de subida primero hacia El Ganso, 5 kms después y donde hoy pernoctarán varios de mis vecinos de albergue de ayer, y ya finalmente otros 7,6 kms para llegar a Rabanal del Camino, mi final de etapa hoy.
Entre unas cosas y otras, han sido más de 37 kms en esta jornada, con un acumulado de 555 kms desde que salí de Saint Jean hace 18 días. Cada vez queda menos para la meta de Santiago aunque lo importante es cada día, porque el camino es la suma de todos.
El albergue de hoy está bien. No hay demasiada gente, y tendré que salir por ahí a cenar, ya que aquí no sirven cenas, ni tampoco desayunos, por lo cual mañana tambien hay que salir tomando una fruta y esperar a encontrar algo más adelante. Hasta aquí ha llegado, bastante después que yo, el sudafricano que ayer estaba en Villares. Me dijo que vio a nuestras vecinas alemanas y finlandesa que se quedaban en El Ganso. Pero yo personalmente pienso que ha valido la pena el esfuerzo de llegar hoy aquí porque mañana hay que subir a la Cruz de Ferro, a 1500 metros de altitud que es el techo del Camino y desde Rabanal se suben más de 300 mts en 8 kms, con una pendiente enorme. Y eso se hace mucho mejor a primera hora de la mañana después de haber descansado.
He ido a cenar hasta la parte alta del pueblo. Es bonito y está bien cuidado. Un paisano me ha recomendado un mesón, que estaba francamente bien. He tomado sopa de pescado (marisco, más bien), un buen entrecot y de postre Tiramisu. De las 21 personas que estábamos cenando, ninguna por debajo de los 50 tacos, el único español era yo, lo que da idea del tipo de peregrinos que está haciendo el Camino. Hoy la hospitalera de aquí dijo que yo era el único español, de más de 20, y que ayer sucedió otro tanto. Al regreso he recogido la ropa que estaba tendida, pues había puesto antes una lavadora. Hacia un frío increíble, con viento del norte helado, o sea que espera una noche de aúpa. Mañana habrá que salir bien provisto de ropa de abrigo.
“El Camino es el de todos. Tú Camino es personal: experiméntalo, vívelo, disfrútalo e incorpora luego a tu vida todo lo positivo que obtengas de él.”
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