Camino 2017 – Etapa 21: Villafranca – O Cebreiro

30 de abril. Con el día de hoy se completan 3 semanas de marcha, 21 etapas con un acumulado de 637 kms. Y hoy he entrado en Galicia, al llegar a O Cebreiro, además nevando. En todos los días anteriores no había caído ni una gota de agua, pero hoy agua y nieve.
Pero enlazando con lo que dije ayer, me fui a la cama sin tener claro si hoy me quedaría en Villafranca recuperando las piernas habida cuenta además que anunciaban lluvias. Lo que ocurrió fue que dormí muy bien y hoy al despertar notaba las piernas bastante mejor y como el plan de estar todo un día allí tirado sin hacer nada no me seducía en absoluto, decidí lanzarme a la aventura y probar. Y conste que llovía bastante cuando salí del albergue, poco después de las 8 de la mañana. Pero también tenía el aliciente de probar mi nueva capa para agua, mucho más consistente que las habituales que use hasta ahora.
Por otra parte, hice tambien una gestión para ver si conseguía mandar la mochila a mi destino teórico ya que al no haberlo pedido ayer no tenía garantías de que me atendieran. Y ya en la calle, me pare a desayunar en la plaza mayor de Villafranca, zumito, café y churros.
La salida de Villafranca después de atravesar el pueblo, lleva hacia la antigua N-VI donde ya se coge la dirección adecuada. Llovía, pero no de forma intensa, y durante los 6 km que hay hasta Pereje así continuó. En ese pueblo hice una breve parada para tomar café. Llamaba la atención el exterior de la puerta de entrada con todas las capas de los peregrinos clientes escurriendo fuera. Y desde Pereje hasta Trabadelo, los 5 km que separan ambos pueblos, la lluvia se hizo bastante más intensa. En ese tramo, igual que el anterior, el camino discurre por un andadero preparado en el borde de la antigua N-VI que da servicio a peatones y bicicletas. El camino en este recorrg es muy agradable ya que el tráfico es escaso y como la carretera va todo el rato al borde del río Valcárce, eso de por sí le da un atractivo especial.
Pasado Trabadelo el día empezó a clarear, cesó la lluvia e incluso hubo algún amago de salir el sol. Con lo cual mi idea era que al llegar a La Portela (es el lugar que hasta hoy yo llamaba Vega de Valcárcel, donde está el hotel-cafetería en el que habitualmente paramos a comprar fruta en nuestro paso por allí de viaje) y allí desprenderme ya de la capa. Pero justo llegando allí cayeron unas gotas y decidí esperar.
Continuando la marcha se pasa por Ambasmestas y lo que realmente es Vega de Valcarce, el pueblo donde está una panadería artesana que yo recordaba perfectamente de mi paso anterior con Chus, ya que allí habíamos hecho una parada. También yo hoy hice un alto para tomar algo y vi unas atractivas empanadas. Me dijo la señora que eran vegetal, de calamares, de atún y la típica de la zona, de patata. Como le pregunté si esa era la que denominaban ‘de batallon’ y dijo que si, le comenté que esa la hacía yo e incluso le mostré la foto de la del botillería de este año. Quedó admirada de que incluso la rotulara con el nombre. Pero, en definitiva, me tome una ración de la de calamares que estaba buenísima.
A partir de ahí, la carretera por la que se circula empieza a aumentar la pendiente y ya desde Ruitelan tras casi 20 km de marcha, la cuesta empieza a sentirse como dura. Al llegar a Las Herrerías, poco más de 1km después, la sensa se desvía de la carretera para atravesar el pueblo, que no tiene nada que ver, pero al final del mismo y tras un trozo de carretera, el camino se vuelve casi impracticable, en parte por la dureza y pendiente del mismo, que hoy se complicaba por estar todo embarrado. Total, que tras 4 km más de dura subida, cuando crees que al fin has llegado al final de etapa, te enteras de que aquello es un mini pueblo llamado La Faba y que restan casi otros 5 kms hasta O Cebreiro.
A todo esto ha vuelto a llover, el terreno cada vez está peor y empieza a caer una ventisca muy inoportuna, por lo que hago una parada para reponer fuerzas. Al salir del bar, donde algún peregrino que llegó al mismo tiempo ya decide quedarse allí, la ventisca se ha convertido en una nevada consistente y hay que afrontar lo que resta con decisión. Todavía no es ese el último pueblo, ya que 2 kms más arriba está Laguna y después de que la nieve sea cada vez más intensa, recorriendo otros 2 kms al fin se alcanza O Cebreiro, mi final de etapa por hoy.
Debo decir que las piernas me han seguido doliendo, menos que ayer, gracias a que con la lluvia no ha hecho calor en ningún momento y a que me he acostumbrado a hacer pasos más cortos en los que apenas hay juego de estirar el tobillo, que es cuando más siento el dolor. Y tambien es cierto que uno se va habituando y se nota menos. Pero en todo caso hoy lo he llevado mucho mejor y por esa razón he conseguído llegar aquí.
He salido a cenar y da una vuelta por el pueblo, pero hace tanto frío y tanto viento helado, que desistí. De modo que me limité a la cena, para estar a cubierto. Un menú peregrino: caldo gallego, rico y calentito; truchas, y queso con membrillo.
Ahora, ya en la habitación (hoy estoy de hostal, porque aquí me trajeron la mochila), sesión de masaje en las piernas para luego ponerlas en alto, lectura y a dormir, qué mañana es otro día y aunque no espero que sea tan duro como hoy, nunca se sabe.

 ‘Si el Camino es difícil, es porque vas en la dirección correcta.’

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