Han pasado 73 dias desde que comenzó el confinamiento aquel 13 de marzo. Y en este tiempo hemos tenido de todo. Para empezar, seis semanas largas en las que no pudimos movernos de casa, salvo para escapadas puntuales al supermercado, a la farmacia, o cuestiones similares, incluyendo las visitas a mi madre antes de su fallecimiento, o al tanatorio para su incineración.
Y después de esas seis semanas de cierre, unas tímidas salidas a tomar el aire, a caminar por el paseo marítimo atestado de gente o alguna visita a parques algo más alejados para evitar la acumulación de corredores, ciclistas, patinadores y otros elementos como nosotros que aprovechaban las horas en que se permitía salir para sustituir el ejercicio que antes hacíamos en casa, surcando pasillos y habitaciones, por caminatas al aire libre.
Pero por fin, desde hoy se puede hacer ejercicio con una mayor dosis de libertad, sin estar tan atado por los horarios, y para celebrarlo me he permitido hacer el recorrido de vuelta a la ciudad, en su versión amplia, la que a mi me gusta, bordeando la península de la Torre de Hércules por el camino exterior, el que discurre sobre las rocas pegado al mar, mucho más natural. Y hoy ese recorrido lo hice solo, de modo que aparte de ir a buena marcha me permití ir fotografiando cada rincón más señalado para dejar prueba gráfica del momento, en esta maravillosa ciudad en la que vivimos.
Desde la salida, en la coraza, pude reflejar la visión de los arenales de Riazór-Orzán a
esas horas con muy poca gente e incluso con máquinas trabajando para preparar el espacio que desde hoy está permitido que ocupen los bañistas y quienes deseen empezar a tostar los cuerpos habida cuenta de que el sol nos acompaña y también en este caso las temperaturas, como para dar la bienvenida al proyecto de verano que esperamos.
Un poco más allá, desde la fuente de los surfistas, se perfila una espléndida
vista de la bahía y continuando la ruta, esta vez pasando
al lado de la Casa de los Peces, nuevas vistas en este caso hacia la playa de las Lapas y la propia Torre de Hércules, rodeando la cual nos aparece a lo lejos
la Caracola, cuya vista permite apreciar que el mar, sin estar tan bravo como en otras
ocasiones, deja abundante espuma en el batir de las olas con las rocas.
Y desde la propia Caracola, una imagen de la Torre, de los cubos que siempre me han
llamado la atención,
y que están alli ubicados no sé si para servir de puntos de visión de aves, si para protegerse de la lluvia en caso de necesidad o si alguien tuvo la feliz idea de instalarlos en aquel lugar para otros menesteres…. cada quien que imagine su idea. También por esta parte del recorrido me encontré con zonas llenas de amapolas,
que me traían a la mente la fecha del 23 de abril de 2017, cuando en mi senda del Camino de Santiago trataba yo de encontrar alguna flor que enviar a Ipi por whatsap, para cumplir la tradición del dia del libro, y a falta de la característica rosa fué una amapola la única flor que pude localizar.
El entorno de esa zona permite también obtener imágenes de las diferentes esculturas
allí situadas con el complemento de la figura emblemática de la Torre, que lo preside todo, y complementa de igual forma a los Menhires o a cualquier elemento del parque que lo acoge.
Tenemos a la vista el cementerio árabe, y pasamos después junto al Club del Mar de San Amaro, en cuya cala hoy los habituales de la zona ya no solo se meten al agua sino que toman el sol sin incumplir las normas.
El resto del paseo se hace cómodamente, con poca afluencia de andantes, corredores y ciclistas, lo que permite circular sin tropiezos y sin llevar puesta la mascarilla obligatoria cuando no se pueden mantener las distancias. Todo para llegar hasta el Castillo de San
Antón, pudiendo admirar las aguas cristalinas, disfrutar de la vista de la zona deportiva
junto al dique, de las
murallas del Jardín de San Carlos, y pasar después por la dársena de la marina, imaginarse navegando en alguno de los muchísimos veleros que esperan tiempos mejores y observar las galerías que crean imagen de la ciudad.
A propósito de este punto, llamaron mi atención y asi dejé constancia de ello, un grupo de varias pequeñas embarcaciones casi alineadas que debían estar pescando y al estar tan próximas unas a otras interpreto que había por alli algún banco de peces y que todas ellas lo estaban aprovechando.
En total, ha sido un recorrido de 11 kms. que, después de dos meses y medio sin poder hacerlo con tanto disfrute, merece que deje constancia de ello para cualquier lectura posterior. En cualquier caso, resaltar lo sensacional que es poder realizar ese paseo al borde del mar en un día tan espléndido, en esta incomparable ciudad.
Gracias Manu, entre tus fotos, tus comentarios y mi imaginación ha resultado un paseo virtual perfecto…!!!
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