Este último sábado, día 6 de noviembre, nos levantamos sin un plan definido, si bien en la agenda había al menos dos eventos a realizar como eran la asistencia a un partido de futbol y más tarde a un concierto. Pero un sábado bien aprovechado puede dar mucho de sí, y en este caso tuvimos la intuición de aprovecharlo, sobre todo porque amaneció un día precioso después de varios días de mal tiempo.
Mientras desayunábamos a Ipi se le ocurrió que, puesto que a la tarde viajaríamos hasta Ferrol para ver al Racing, se podría aprovechar la salida para hacer un recorrido por alguno de esos lugares que ella tiene en su agenda para cuando se presente la oportunidad. Y buscando en su «libreta de notas» aparecía un recorrido por los Miradoiros de la zona norte de la provincia, entre Cariño y Cedeira que nos iba bien por quedar relativamente cerca de Ferrol.
De modo que, pensado y decidido, en poco tiempo nos preparamos para tomar la ruta. Acordamos ir directamente hasta Cariño para iniciar desde allí el recorrido, lo que resultó un acierto. Llegados al punto de destino y después de un breve recorrido por el pueblo, nos marchamos hasta Cabo Ortegal, donde ella no había estado nunca y en cambio yo sí que había visitado ya hace 12 años con mis compañeros Bebeuvas. Gracias al precioso sol que nos acompañaba pudimos disfrutar de la vista de los Aguillóns (tres peñascos situados frente al faro) que según se indica en un cartel, suponen la división entre el Atlántico y el Cantábrico, aunque al parecer hay otros intereses que sitúan ese límite en Estaca de Bares. Sea como sea, la panorámica que se divisa desde el faro es excelente a un lado y al otro de esa divisoria. Por cierto que descubrimos que un buen número de personas opinaron igual que nosotros y aprovecharon para ir hasta allí.

Regresando hacia Cariño encontramos una desviación que llevaba hasta la zona de los miradoiros, que son numerosos entre Cariño y Cedeira, empezando por los que nos permiten una visión espléndida de Cariño y su zona próxima, y continuando hacia los que nos llevan sobre el mar hacia San Andrés de Teixido y Cedeira. Uno de esos puntos elevados, quizás el más alto (se indica que con sus 64o metros de acantilado es el mas alto de la Europa continental) es el mirador o Garita da Herbeira (también señalado como Vixía da Herbeira), ubicado junto a un impresionante parque eólico donde además soplaba el viento de forma considerable, lo que dada la altura del lugar y pese al sol la temperatura era «fresquita». Desde allí pudimos tomar unas interesantes imágenes de la abrupta costa. Hay que señalar que también la zona estaba bastante concurrida para las fechas en que nos encontramos.
El mirador indicado se encuentra en plena Serra da Capelada, donde a cada lado de la ruta vamos encontrando cantidad de ganado en libertad, fundamentalmente vacas y caballos, con algunos cercados donde los lugareños acomodan a sus reses por las noches. Toda la Capelada es una enorme extensión con una vegetación característica donde afortunadamente los incendios no han estropeado el paisaje.
De camino hacia Cedeira nos acercamos a San Andrés de Teixido, donde decidimos parar para visitar el pueblo, hacer unas fotos y ya de paso comer algo. No nos sorprendió demasiado ver que, al igual que en los sitios anteriores había bastantes visitantes por lo que incluso esperamos un rato para tener mesa en el restaurante elegido, tiempo que aprovechamos para hacer un breve recorrido por la iglesia y el entorno de la misma. Comimos en Taberna Hermanos Bouza, en la terraza, y pudimos degustar unos sabrosos percebes (cogidos en Os Aguillons, según nos aseguró la camarera), unos berberechos fritos (plato típico de la zona, por lo visto) que estaban buenísimos, y un secreto ibérico, también muy bueno. Y unos postres caseros (arroz con leche y requesón con miel). Todo ello con un precio satisfactorio y un buen servicio.
Terminada la comida, volvimos a la carretera para ir haciendo altos por los miradoiros ( Carris y otros) y luego Chao do Pe, desde el cual hay una buena vista sobre San Andrés. Ya posteriormente la ruta nos lleva bordeando la costa hasta Cedeira, una localidad que en verano debe tener mucha vida, a juzgar por las edificaciones que hay en el centro y al lado de la playa, pero que este sábado a esas horas (tras la comida) estaba prácticamente vacía. Pudimos hacer un pequeño recorrido por el pueblo, hasta el puerto, antes de tomar ya la dirección de A Malata, en Ferrol, donde nos esperaba el partido que enfrentó al Racing (el equipo donde Hugo ejerce de fisioterapeuta) contra la UD Logroñes. Por desgracia, o más bien porque jugó mal, el equipo local perdió 0-2, y nosotros nos vinimos hacia A Coruña donde nos esperaba el último de los programas del día.
Y ese último programa consistía, nada más y nada menos, que poder disfrutar del directo de Soleá Morente en el Filloa, con un reducido grupo de espectadores y nosotros en primerísima fila. Resultó sumamente agradable este concierto en el que según señaló la artista, era el primero que hacía como «cantaora». Hace un par de años tuvimos ocasión de verla en el Colón, interpretando entonces música «pop», en una actuación que inicialmente estaba prevista en el Castillo de San Antón pero que por causa de la lluvia se tuvo que trasladar al teatro.
Y antes de ir a dormir, habida cuenta de que con las prisas del futbol y el concierto no tuvimos tiempo de meter nada al estómago, unos pinchitos en el Victoria, en la calle de los Olmos, y rematado con unos cafés y chupitos de 1866 en Bocatín, a punto de cerrar.
En fin, una jornada supercompleta, aprovechando el buen tiempo y las ganas de aprovechar al máximo cada oportunidad.




