Lanzarote – viaje Aniversario

Como cada año por estas fechas, siempre que las circunstancias especiales no lo impidan, procuramos organizar un viaje que sirva para conmemorar los aniversarios, tanto desde que nos conocimos, como luego de la boda, e incluyendo también el cumple de Ipi. Este año después de analizar muchas fechas y tratando de hacerlas coincidir con otras ocupaciones (citas médicas, compromisos, etc.) lo preparamos para la semana entre el 16 y el 23 de febrero. Y el destino elegido, Lanzarote, para desconectar unos días del ambiente habitual y aprovechar para tomar algo el sol.

De modo que el miércoles 16 embarcamos en Lavacolla con destino al aeropuerto Cesar Manrique, en Arrecife, a donde llegamos sobre las 6 de la tarde y ya desde allí nos fuimos directos al Hotel Mirador Papagayo, en la zona de Playa Blanca, en el coche que previamente llevábamos ya alquilado desde aquí.Tras instalarnos hicimos nuestra primera cena en el hotel y un pequeño recorrido por el mismo para ver la zona de piscinas, cafetería, etc. Y a la mañana siguiente comenzamos con nuestros recorridos por la isla, en principio sin rumbo fijo. Como anécdota, pusimos en el GPS el nombre de Arrieta, una localidad de la zona norte y después de un rato por la zona de Playa blanca nos percatamos de que nos llevaba mal, porque lo que parecía que duraba el recorrido (algo más de una hora) era en realidad más de un día, porque el GPS identificaba Arrieta con una localidad del País Vasco.

Detectado el error, ajustamos la dirección y continuamos rumbo al norte, para llegar a Orzola, el puerto más septentrional de la isla, desde donde salen los barcos que van a La Graciosa, ya que sobre la marcha decidimos que puesto que estábamos por allí podríamos aprovechar esa jornada para conocerla. Arrivamos al puerto justo para embarcar a las 11,30 h. El recorrido en barco dura algo así como media hora y, ya en la isla, decidimos caminar por el interior hacia la zona de playas, a donde se llega atravesando dunas. No hay zonas asfaltadas y solamente se puede caminar por los senderos ya señalizados. Incluso para ir en bicicleta no puedes hacerlo más que por lugares muy específicos. Pero hay un sistema de vehículos todo terreno que te llevan a las playas bordeando la isla. De regreso al puerto, encontramos una mesa en la terraza de uno de los restaurantes y allí mismo comimos. Tuvimos la suerte de llegar en el momento adecuado porque diez minutos después había que hacer cola para conseguir mesa. Comimos un mixto de pescados del día, que estuvo francamente bien. Y después de los postres y cafés, tranquilamente nos dirigimos al barco para tomar el regreso en el que salía a las 15,30 h.

El siguiente destino decidimos que fuese el Mirador del Rio, en la parte más elevada de la isla, justo frente a La Graciosa, desde donde se divisan unas excelentes vistas. Pero sucedió que nos encontramos bloqueado el acceso al bar del Mirador, aunque desde sus alrededores pudimos contemplar igualmente el magnífico paisaje y hacer las fotos pertinentes. Regresamos por el mismo camino hacia la costa, para inicialmente ir a visitar la Cueva de los Verdes, que Ipi decía no conocer, pese a que había fotos en aquel lugar en nuestra anterior visita de 12 años atrás. Pero cuando llegamos estaba ya cerrado el acceso, igual que los Jameos del Agua, que están muy próximos. En vista de lo cual, nos dirigimos a Arrieta para ver el puerto y una playa próxima. Hicimos el recorrido primero en coche y luego a pie, pero no encontramos nada digno realmente de interés. Y en vista de la hora y de que poco más se podía visitar, optamos por hacer el camino de regreso al hotel, llegando con tiempo de hacer un pequeño descanso antes de la hora de la cena, tras la cual empezamos el hábito diario de ir a la cafetería a tomar café y Gin-Tonic.

El viernes, segundo día de estancia completa, nos levantamos con idea de ir a la playa, para empezar a tomar algo de color. Y elegimos como destino una de las playas próximas al hotel, en la zona de Papagayo, a la que llegamos después de un pequeño recorrido por los alrededores. En el acceso nos encontramos con una barrera, para superar la cual hay que hacer un pago de 3 €, y en la que nos dan toda clase de explicaciones sobre las playas a las que se puede llegar. Decidimos ir a la primera de ellas, la Playa Mujeres, que según nos indican es naturista. El camino desde la barrera hasta allí es por una pista de tierra, en bastante mal estado. Y cuando llegamos a Playa Mujeres vemos que hay muy poca gente, la playa está bien y nos situamos por la mitad, relativamente cerca de la orilla. Poco a poco van llegando más turistas y sin llegar a llenarse aquello toma las características de una de nuestras playas gallegas en un mes de verano. Se está bien, no llegamos a bañarnos, pero tomamos el sol y leemos. Y como al cabo de llevar allí 3 horas, más o menos, vemos que un inglés que está en las proximidades se acerca a nosotros hablando de una forma no muy inteligible. El está acomodado allí, como a unos 25 o 30 metros de nosotros, con su mujer y dos hijos pequeños. En principio pienso que trata de decirnos que va a ir a caminar con su mujer, y nos pide que echemos un ojo a sus hijos. Pero vemos que se acerca y levanta más el tono, y entonces entendemos que nos dice que cambiemos de lugar porque no está bien que sus hijos, que son pequeños, nos vean desnudos. Como nos parece que la protesta está totalmente fuera de lugar (cuando ellos llegaron ya estábamos allí, la playa es nudista, y no nos da la gana de atender a unos reaccionarios…) no le hacemos caso y le decimos que si no están a gusto, que se vayan ellos. El tipo sigue despotricando y, al ver que no atendemos a sus peticiones, cabreado trata de lanzarnos agua con una semi-pistola (un juguete de los críos) que lleva en la mano, pero que resulta estar casi vacía. De forma que, más cabreado todavía, se va a la orilla, llena la pistola y vuelve a lanzarnos el agua, que tira hacia el sitio que ocupa Ipi, aunque sin apenas mojarla. Y se larga más cabreado todavía. Nosotros no nos inmutamos y permanecemos allí sin movernos. Como media hora más tarde, se largan de la playa, y nosotros seguimos sin movernos durante otra media hora, ya que no queremos darles el gusto de cumplir su capricho. Y dada la hora, consideramos que es el momento de cambiar de aires, para más tarde ir a comer algo. En fin, un suceso para recordar, con alguien intransigente que está en el lugar inadecuado. Para nosotros una anécdota a incluir entre los recuerdos del viaje.

De vuelta al hotel para cambiarnos, decidimos tomar rumbo a la zona oeste de la isla, para visitar Los Hervideros, una zona de costa rocosa con furnas, que ya conocíamos. Pero nos encontramos que al acercarnos a las proximidades, la carrera está cerrada, con lo que volvemos sobre nuestros pasos para buscar otra ruta que nos lleve a El Golfo, donde está el Lago Verde. Y cuando llegamos, más de lo mismo. Parece ser que Apple TV está rodando unos capítulos bore una serie basada en diferentes sitios de la isla y tienen cerrados los accesos, tanto de Los Hervideros, el Lago Verde y también el Mirador del Rio, a donde el día anterior no pudimos llegar. Así que lo único que podemos hacer es comer allí, en El Golfo, y más tarde dar una pequeña vuelta por el pueblo, donde Ipi se compra unas pulseras de conchas y piedras marinas, que pasa a ser mi regalo de cumpleaños.

Antes de volver al hotel, tomamos dirección a La Geria, la zona donde se ubican la mayor parte de las bodegas de la isla, y allí visitamos dos de esas bodegas (La Geria y Rubicón). De vuelta a Playa Blanca, nos da tiempo de hacer un paseo por las proximidades para tomar una tónica antes de la cena. Y tras la cena, a la cafetería a terminar la jornada con un digestivo. Descubrimos, eso sí, que en el salón de espectáculos del hotel hay un show cada noche y en esa ocasión se trata de una contorsionista que hace maravillas con su cuerpo, y un ayudante malabarista. Un buen final para una jornada singular.

Al levantarnos el sábado, las perspectivas de sol eran menos buenas que los días anteriores, de forma que optamos por volver hacia el norte de la isla para visitar la Cueva de los Verdes, aquella que Ipi decía no recordar del viaje anterior. Llegamos allí sobre las 10,30 horas, y ya había cola para entrar, si bien el tiempo de espera era corto, pues se hacían visitas en grupos de 50 personas. Sin ser nada espectacular, la visita resultó bien y pudimos conocer algunas peculiaridades de la cueva, como su origen, las causas de su formación, etc. Y aunque los Jameos del Agua está cerca, decidimos no ir, porque no nos tenía mayor interés, por lo cual decidimos dirigirnos hacia el interior de la isla, visitando Teguise, un pueblo que nos gustó mucho. Parece ser que, antes de la pandemia, celebraban allí los domingos un mercado con gran afluencia (se montaban en torno a 400 puestos), pero que en estos últimos tiempos el mercado ha decaído y hoy los puestos no superan el 10 % de entonces. En cualquier caso, el pueblo está bien, e hicimos una parada para tomar una cerveza y un poco de queso.

Desde allí nos fuimos directamente a Arrecife, para comer en el restaurante del castillo, donde ya estuvimos en nuestro anterior viaje y que yo descubrí en mi primera visita a la isla hace casi 43 años. Pero nos equivocamos de castillo, y como no recordábamos el nombre exacto y no encontramos quien nos pudiera indicar bien su localización, pensamos que el restaurante podría haber desaparecido. De forma que comimos algo en una pizzería próxima al puerto. Más tarde, ya con calma y continuando con la investigación descubrimos que hay otro castillo (el de San José) en otra zona del puerto, y que allí está situado el restaurante que yo buscaba. Y como somos insistentes, conseguimos la forma de hacer una reserva para ir a comer al día siguiente, para celebrar el cumple de Ipi.

Ya regresando al hotel por el camino, nos cayeron varios chaparrones, confirmando así las malas perspectivas meteorológicas iniciales. Y al llegar, un tiempo de relax antes de la cena, seguida esta más tarde por el relax de la cafetería y su correspondiente digestivo.

El domingo, día del cumple, Ipi estuvo colgada del teléfono buena parte del día con llamadas, whatsaps, etc. Pero mientras tanto, decidimos visitar el P.N. de Timanfaya, donde además de hacer el recorrido del bus por el parque, pudimos repetir las experiencias del fuego en superficie, el geiser con el agua que se envía a través de un tubo, etc. Y la parrilla donde hacen el pollo con el calor que emana del interior. Con las fotos de rigor, abandonamos el parque con destino a Arrecife, pero haciendo en medio una parada en Mancha Blanca, un barrio del municipio de Tinajo cuyo nombre procede del blanco de sus casas en medio del entorno de lava del terreno. Había allí un mercado de frutas y flores que hacen una vez por semana.

Ya en Arrecife, de camino al restaurante, hicimos una parada para comprar una tarta y unas velas con las que festejar el cumple, que llevamos para la comida puesto que no había tenido ocasión de hacer el encargo correspondiente al lugar de la comida. Tomamos un menú degustación que nos dejó satisfechos, ubicados junto a la cristalera y con unas preciosas vistas sobre el puerto.

De regreso al hotel, antes de la cena hicimos un largo recorrido por el paseo que va desde Papagayo hasta la zona del Rubicón, con el puerto, la zona comercial, etc. Pudimos conocer el entorno del hotel Volcán, del que nos habían hablado bien y que tiene una excelente ubicación e instalaciones. Y tras la cena, como cada día, relax en la cafetería, con el digestivo para completar la jornada.

El lunes 21 nos levantamos ya con la idea de disfrutar de la terraza y piscina del hotel, si bien después del desayuno nos fuimos a pasear por Playa Blanca pueblo, recorriendo el tramo del paseo marítimo que va desde el Rubicón hasta el puerto. Aunque está bien, se ve que es una zona más antigua y menos cuidada que la otra parte, donde está el puerto deportivo. Y ya de vuelta en el hotel, nos instalamos en unas hamacas al borde de la piscina desde las que empezamos a coger «color de verano». Estuvimos allí casi 5 horas, y descubrimos que en una pequeña cafetería ubicada cerca de la piscina se podía hacer una especie de comida-buffet para salir del paso. Aguantamos en la zona de piscina hasta que el sol fué cayendo y llegaba la sombra. Y después de una ducha, vuelta al paseo marítimo para visitar algún comercio, aunque sin conseguir que Ipi comprase nada, para volver al hotel a cenar, y luego relax de cafetería, como cada noche.

El martes 22 decidimos quedarnos de nuevo en el hotel, ya desde primera hora, habida cuenta de que todo lo que queríamos visitar en la isla lo habíamos recorrido, a excepción de la Caleta de Famara, que decidimos dejar para la última jornada. De esa forma, aprovechamos todo el martes en la piscina, ya con hamacas bien orientadas desde primera hora de la mañana y con la comida en el buffet anejo que el día anterior descubrimos. Tomamos el sol, nos bañamos, y leímos mucho. Un buen día de relax en definitiva que culminamos volviendo al paseo, a las tiendas del Rubicón, y a la visita a la cafetería tras la última cena en el hotel.

Como despedida el miércoles 23 dejamos el hotel sobre las 11 de la mañana, y nos dirigimos a Famara. Ya habíamos sabido que amenazaba lluvia y salimos preparados. De camino a Famara volvimos a dirigirnos a Los Hervideros, pues nos habían dicho que la grabación de la serie de Apple TV terminaba el martes. Pero resultó que la carretera seguía cerrada. Insistimos acercándonos a El Golfo y descubrimos que, en efecto, había terminado pero estaban todavía recogiendo todo el operativo, aunque pudimos acercarnos a ver el Lago Verde, y luego por otra ruta llegamos a las inmediaciones de Los Hervideros, a donde pudimos acercarnos para hacer unas fotos y unos videos. Todo esto, con algún chaparrón intermedio ya que se iban cumpliendo las previsiones de mal tiempo y lluvia de vez en cuando.

Para comer elegimos como destino Puerto del Carmen y el restaurante Puerto Bahía, que ya habíamos visitado en nuestro anterior viaje a Lanzarote. Comimos frente al mar, aunque con tiempo cambiante, a ratos con sol y otros ratos lloviendo. Y ya después de comer, tranquilamente nos dirigimos al aeropuerto donde debíamos dejar el coche antes de facturar. El vuelo de regreso se realizó sin problemas, dentro de la hora prevista, y una vez en Lavacolla recogimos nuestro coche para llegar a dormir ya en casa.

En resumen, una semana muy bien provechada, que nos sirvió para cambiar de aires, tomar algo de moreno, y recorrer de nuevo Lanzarote, nuestro destino más apreciado de las Islas Canarias, a la vez que conmemoramos nuestros aniversarios y el cumple de Ipi.

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