Mayo viajero – 1 – Matalascañas

Tras dos años en los que ha resultado casi imposible organizar viajes, o más que organizarlos llegar a realizarlos, en este 2022 parece que todos estamos ansiosos por quitarnos de encima la modorra y echarnos al monte, o más directamente a la carretera, a los aeropuertos, o a las estaciones ferroviarias. Y cuando digo todos, hablo de la generalidad, tanto en España como en el extranjero.

Y como nosotros somos y hemos sido a lo largo de los años unos viajeros que no precisan de demasiado impulso externo para lanzarnos a preparar las maletas, en el pasado mes de febrero nos tomamos una semana de relax en Lanzarote a modo de ensayo para lo que pudiera venir durante el año actual. Y ese ensayo resultó tan exitoso y agradable, que directamente nos a animamos a preparar otras salidas.

Hay que decir que ya previamente, en el pasado otoño nos apuntamos a un viaje del Imserso para llevar a cabo en los primeros días de mayo, por lo cual eso estaba ya programado de antemano, aunque luego, ya en combinación con nuestros amigos Elena y Rafa preparamos una segunda salida, en este caso a la Isla de Palma, para solidarizarnos con los palmeros y colaborar en su recuperación tras los desastres del volcán a finales del pasado año. Y después de programar el viaje a La Palma, incluso nos fuimos un fin de semana a Braga, donde las celebraciones de Semana Santa tienen bastante interés.

Hotel Barcelona Edition

Pero volviendo al inicio para seguir un orden cronológico en lo que a mayo respecta, el día 1 de este citado mes de mayo partimos del aeropuerto de A Coruña, con Vueling en dirección a Sevilla, con una escala previa en Barcelona, escala que no estaba prevista cuando contratamos el viaje y que luego Mundiplan y Vueling modificaron sin consultarlo con los beneficiarios del programa. Eso convirtió el trámite del viaje en algo bastante farragoso, porque a la ida la parada en Barcelona fue de más de 6 horas y al regreso la espera fue menor pero también alargó el viaje de forma innecesaria. Hay que decir que en nuestro caso aprovechamos la parada en Barcelona para acercarnos al centro de la ciudad, donde pasamos unas horas visitando el hotel Barcelona Edition en el que Chema trabaja desde hace unos meses, y allí comimos e hicimos más llevadera la parada.

Llegados a Sevilla, nos trasladaron en bus a Matalascañas, en concreto al Gran Hotel del Coto, donde la estancia fue sumamente agradable, la atención excelente y todo en conjunto resultó magnífico, como así hicimos saber al director del hotel, al que tuvimos ocasión de saludar antes de nuestra partida para regresar a casa el 8 de mayo.

Habíamos reservado un coche para los cuatro primeros días de estancia, con idea de recorrer la provincia de Huelva, que apenas conocíamos y quedamos francamente contentos de todo lo que vimos. En la primera jornada recorrimos en el Citroen C-3 (el coche elegido, idóneo para esos días) toda la costa entre nuestro lugar de residencia y Ayamonte, donde hicimos una primera parada. Ayamonte tiene el encanto de un típico pueblo andaluz, y aunque el día no estaba muy soleado, había buen ambiente en sus calles, incluso nos encontramos con la gente que iba en romería, puesto que en esas fechas tanto allí como en otras poblaciones estaban con las celebraciones de la santa cruz. Desde allí continuamos luego hacia Lepe y Cartaya, pasando por El Rompido y terminando en Huelva capital antes de retornar al hotel. De vuelta nos sorprendió una tormenta, con abundante lluvia. De la capital poco o nada que reseñar. Tal vez lo que más me llamó la atención fué una estructura metálica en el puerto, que constituía el muelle de hierro construido por los ingleses para cargar el mineral que llegaba desde Riotinto a través del ferrocarril. Y casi lo mejor fue la parada que hicimos en un pub en lo más alto de la urbe donde nos deleitamos con un mojito y un digestivo. De regreso en el hotel, y tras la cena de rigor, una relajada estancia en la terraza de la cafetería del hotel, para tomar un café y un digestivo.

Castillo de Almonaster la Real

El segundo de los días nos dirigimos a la zona norte de la provincia, a través de la Sierra de Aracena, donde descubrimos pintorescos y preciosos lugares que nos eran desconocidos, como es el caso de Almonaster la Real, una población con un espectacular castillo en el que en un tiempo hubo una mezquita árabe. Coincidimos en esa fecha con una celebración en el pueblo, en la que los lugareños acudían en romería (según su ubicación en el pueblo) a dos zonas diferentes de la localidad, y al terminar las respectivas romerías tanto los del Llano como los de La Fuente se juntaban en el centro del pueblo. Pero lo llamativo es que en esa fecha los habitantes de una y otra zona no se hablaban con sus vecinos y estaban como enfrentados. Aunque a Ipi le apetecía esperar a ver ese reencuentro, no fue posible ya que habría que esperar hasta el final del día. Continuando nuestra ruta pasamos por Cortegana donde hay otro castillo, seguimos a Fuenteheridos cuya plaza de toros es muy característica, y terminamos en la localidad de Aracena, donde pudimos visitar la Gruta de las Maravillas, además de hacer un amplio recorrido por el pueblo, con mucho que ver. Allí compramos unos quesos para traer a casa y compartir con los amigos. En el camino de vuelta pasamos por Riotinto aunque sin parar, entre otras cosas porque nos cayó una tremenda tormenta y porque además nos dimos cuenta de que aquella población era necesario visitarla con más calma, lo que hicimos al día siguiente. De vuelta al hotel, nuevamente la cena y la visita a la cafetería para terminar la jornada con café y digestivo.

Algunas vistas de Aracena

En efecto, el tercer día fuimos directamente a Riotinto, para recorrer las zonas donde han estado las minas, con excavaciones impresionantes a cielo abierto, que en algún caso y tras bastantes años de abandono han vuelto a trabajarse. A través de una galería subterranea accedimos a la mina de la Peña del Hierro, que fue en su momento la primera explotación, y más tarde viajando en el Tren Minero, hicimos un largo recorrido por toda la zona excavada a lo largo de los años para extraer el mineral.El nombre de la localidad proviene del color de las aguas del rio al que se vertían las escorias una vez procesado el mineral excavado.

De vuelta hacia Matalascañas hicimos una parada en Niebla, un pueblo en el que es digno de visitar el castillo y un par de iglesias mozarabes. Y antes de llegar al hotel, nos paramos en El Rocio que, aunque sin ambiente festivo, nos causó una gran impresión ver lo grande que es, ya que la idea que teníamos a través de la televisión cuando hacen el «salto de la reja» para sacar a la virgen en procesión era de un lugar mucho más reducido. Allí pudimos acceder a la sede de la Cofredía de Sanlucar de Barrameda, a la que acuden para alojarse los cofrades de aquella localidad cuando asisten a la celebración en los primeros días del mes de junio. De hecho, en El Rocío estaban ya con los preparativos para la celebración, adornando las calles. Antes de dejar el pueblo pudimos hacer un pequeño recorrido por la marisma de Doñana en lo que atañe a su confluencia con esa localidad. En el hotel, después de la cena al igual que en días anteriores, y mientras la mayoría de los huespedes se afanaban en cantar en el karaoke o bailar animadamente, nuestro café y digestivo en la terraza, aprovechando la buena temperatura.

El jueves dia 5, cuarto día en Matalascañas, nos dedicamos a un recorrido por Moguer, la tierra de Juan Ramón Jiménez, una localidad que nos gustó y en la que Ipi hizo el seguimiento del escritor, visitando su biblioteca y casa oficial, donde pudimos conocer además de la mencionada biblioteca, su despacho, asi como también el de su mujer, asimismo escritora, y hacer un amplio recorrido por el pueblo, todo ello antes de empezar a disfrutar de la playa, puesto que fué el primer día en que realmente apetecía ponerse al sol. Elegimos, por proximidad, la playa de Mazagón, una precioso y enorme arenal que discurre prácticamente desde Huelva capital hasta Matalascañas.

Nos soleamos durante aproximadamente cuatro horas, que para ser el primer día no estuvo nada mal, y a continuación fuimos a visitar La Rapita, y alli tanto el el Monasterio desde el que Colón gestionó su viaje (por cierto, el Monasterio no nos gustó nada, porque se ve todo él remozado pero con mal gusto, sin prácticamente nada original de su fecha), como luego la réplica de las carabelas que hicieron el viaje del descubrimiento.

También esto nos desilusionó, porque está montado todo con un aspecto super turístico, más dirigido a los guiris que a los indígenas y/o turistas nacionales. Ya de vuelta al hotel, cena, café y digestivo, en esta ocasión mientras veíamos un partido de la Champions.

Y ya los dos días siguientes prescindimos del coche y nos dedicamos a disfrutar del entorno del hotel, es decir de Matalascañas y el coto de Doñana. Para empezar, el viernes día 6, que además coincidió con mi 72 cumpleños, hicimos tras el desayuno un tranquilo y relajado recorrido por el paseo marítimo de Matalascañas, que tiene casi 6 kms. de largo. A la vuelta, y antes de ir a la playa, una parada en un chiringuito del paseo, donde pudimos degustar unas cañas con unas gambas de Huelva. Hicimos luego una breve y ligera comida en el hotel para después ir a solazarnos en el arenal que está junto al mismo hotel. Allí terminamos la tarde, antes de volver a la habitación para, en la propia terraza con vista al mar y con la puesta de sol, darnos un homenaje para celebrar el cumple, a base de mojama, boquerones, gambas de Huelva y jamón de jabugo, todo ello regado con una botella de manzanilla La Guita. Ipi me sorprendió con un tarta de cumpleaños que encargó en el hotel, para poder soplar la vela requerida al efecto. Para cumplinar la celebración, bajamos más tarde a la cafetería del hotel a tomar el café y el digestivo que diariamente nos tomamos cada noche durante nuestra estancia.

El sábado, sexto día, lo dedicamos integramente a la playa. Ese día como era sábado ya la afluencia de gente a la playa fue muy superior, algunos en plan familiar con mesa, sombrilla, hamacas y por supuesto la nevera, todo ello preparado para aprovechar el sol de justicia que ya calentaba en plan veraniego. Al volver de la playa, una parada en un chiringuito al borde del arenal, donde tomamos unas cañas y unas frituras para completar la exigua comida que hicimos sobre la arena al borde del mar. No obstante, y dado que del día anterior había quedado casi media botella de manzanilla, optamos por pedir de nuevo en el hotel unas gambas y jamón para completar la jornada, antes de terminarla como cada noche con el café y digestivo correspondientes.

Y con eso completamos nuestra estancia en Matalascañas, ya que a mediodía del día siguiente, domingo, nos recogió el bus que nos trasladó al aeropuerto de Sevilla donde embarcamos para el vuelo de regreso a casa, nuevamente via Barcelona, aunque en esta ocasión la espera en el aeropuerto barcelonés fue mas breve. En cualquier caso no llegamos a A coruña hasta cerca de las 10 de la noche, dando así por terminado este primer viaje de mayo.

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