De paseo por Bergen

El domingo día 24 volamos de Oslo a Bergen, para acercarnos al comienzo del viaje marítimo. Habíamos reservado un taxi la noche anterior, y puntualmente vino a recogernos al hotel, del que salimos poco después de las 8,30 de la mañana. En menos de media hora estábamos en el aeropuerto de Gardemoen, donde las gestiones de facturación fueron fáciles y rápidas, y con tranquilidad esperamos la salida del vuelo que, también puntualmente, nos dejó en Bergen. En taxi llegamos al hotel Moxy Bergen, de la misma tipología que el de Oslo, aunque más grande y mucho mas cerca del centro de la ciudad que en la capital noruega.

Como la llegada al hotel fue sobre las 12 de la mañana, no pudimos acceder a la habitación y para no esperar, dejamos las maletas en la cabina destinada al efecto después de hacer el check-in y caminando nos fuimos hacia el centro de Bergen, situado aproximadamente a 1,5 kms del hotel.

Aunque el día estaba lluvioso, no jarreaba, y pudimos hacer el recorrido andando, mientras íbamos descubriendo la ciudad, y revisando las indicaciones que Ipi había tomado para saber qué cosas debíamos mirar para aprovechar la estancia. Localizamos la oficina de turismo justo en el puerto, y ya desde allí lo primero que hicimos fue empezar a fotografiar las casas del barrio de Bryggen, lo mas llamativo de Bergen y lo que aparece en todas las postales y documentales sobre la misma. Atravesamos el mercado al aire libre, visualizando ya algún lugar para comer mas tarde, y ya en el barrio de Bryggen nos dedicamos a ver con calma el interior de aquellas casas que se visitan, básicamente comercios o callejones intermedios. Pero la lluvia se fue haciendo mas presente y a cada rato era necesario abrir el paraguas (en el hotel cogimos uno y teníamos otro pequeño, comprado en el museo FRAM de Oslo).

La ciudad estaba llena de turistas de barco (había dos grandes cruceros atracados en el puerto), y dio la casualidad que en uno de ellos era donde viajaban Fernando Torres y Nica, lo que supimos por un whatsap que habíamos intercambiado. Y viendo el panorama meteorológico, en las visitas a las tiendas de ropa empezamos a valorar la posibilidad de adquirir algo adecuado para estar bien protegidos en la travesía, especialmente yo porque Ipi ya venía super preparada desde España. Me compré una especie de gabardina para el agua, que veíamos que tenían muchas de las personas que caminaban bajo la lluvia, y que estaba muy bien de precio. Además, vi también la chaqueta tipo “Uniclo” que llevaba tiempo buscando en color marrón-verdoso, y como era buena oportunidad, la compré. Y ya por último, un polar bien preparado para llevar bajo las prendas de agua.

Y después de dar unas cuantas vueltas por la zona de Bryggen, nos fuimos a comer al mercado. En uno de los puestos nos entendimos con una española que allí trabajaba (había al menos una española o español en casi todos) y nos recomendó tomar una brocheta que contenía salmón, bacalao, ballena y gambas. Nos llamó la atención la ballena, que nos gustó a los dos. Tiene una textura más parecida a la carne, aparte del color. El salmón estaba estupendo, igual que el bacalao. Y como bebida, agua y una cerveza ligerita (en puestos al aire libre solo se permite venta de alcohol de 2,5 grados).

Después de comer, como parecía que estaba algo mas despejado, nos animamos a coger el funicular que lleva a lo alto de la ciudad, desde donde se dominan unas vistas espectaculares, aunque en esta ocasión estuvieron muy limitadas. Pudimos tomar imágenes de toda la ciudad y hacer unos vídeos, pero como hacía mucho viento y el día estaba muy desapacible, apenas duramos una hora por allí, y regresamos al puerto.

Y en vista de que volvía a llover, decidimos ir tranquilamente de regreso al hotel para terminar allí la tarde. De camino, recorrimos primero toda la calle Stargaten, la mas importante y donde está el mejor comercio. Al final de la misma hay una gran losa de piedra (llamada la piedra azul) sobre la cual en los días anteriores se habían colocado rosas en recuerdo de las víctimas de la matanza de Utoya. Antes de regresar al hotel, nos instalamos en la terraza exterior cubierta del Hotel Norge donde nos tomamos un café con unos pasteles para endulzar la lluviosa jornada. Y de allí directamente al hotel, pero en este caso en bus, porque empezaba a llover fuerte. Por cierto, que la conductora del bus nos permitió viajar sin pagar porque no le funcionaba bien el lector de tarjetas.

La tarde la terminamos en el amplio hall-salón del Moxy, que está preparada tanto para los desayunos como para tomarse unas cervezas o unas copas. Funciona como si fuese un restaurante, aunque con una muy limitada carta, a base de pizza, lasaña, ensaladas, etc. Todo ello pre-cocinado y calentado allí al momento. La sala estaba muy concurrida, imagino que por la misma razón por la que nosotros nos quedamos allí, es decir, por la lluvia. Y así terminamos nuestro primer día en Bergen.

A la mañana siguiente, después de desayunar con calma (seguía el mal tiempo), hicimos la facturación y dejamos las maletas allí consignadas hasta la hora de ir a embarcar, lo que estaba previsto para media tarde. Y directamente nos fuimos al centro de Bergen, para visitar primero la iglesia de S. Jhons, situada en lo alto, y mas tarde a hacer un recorrido por el barrio que está frente a Bryggen, del otro lado del puerto.

Lo hicimos con calma, llegando al parque situado al fondo y bordeando toda esa zona que es principalmente residencial, con casas de madera en su mayor parte, todo muy cuidado. Así alargamos el tiempo hasta la hora de comer, y tras hacer algún nuevo recorrido por las tiendas y las casas de Bryggen, volvimos al mercado para comer en las terrazas cubiertas, pertenecientes a los propios puestos de pescado. Cambiamos de proveedor y tomamos un plato con pescado seco (arenques, salmón, bacalao y ballena), además de Fletán a la plancha. Regado con la misma cerveza del día anterior, que es lo máximo de alcohol que nos podían suministrar.

Como postre, Ipi quería que probásemos un dulce tipo tarta que al parecer es muy valorado, según ella había leído en varios foros. Había anotado los tres lugares en los que al parecer tiene mas fama, así que puestos a elegir, buscamos el mas cercano, del que tenía la dirección pero no el nombre del establecimiento. Resultó que en esa dirección no había ningún café ni pastelería, pero en cambio en la calle había una. Y ni corta ni perezosa, insistió en entrar y tratar de explicar a una camarera lo que buscaba. La buena de la camarera, muy atenta, no conocía ese pastel y nos ofertó toda la gama de los suyos, pero como no era el caso, decidimos buscar en la dirección siguiente, que casualmente estaba de camino al hotel. Y resultó ser la cafetería de la biblioteca, con lo cual además de tomarnos el café y el pastel en cuestión, pudimos echar un vistazo a la biblioteca. Por supuesto nada que ver con la de Oslo, aunque no estaba mal. Desde allí ya nos fuimos al Moxy, a recoger las maletas y tras llamar a un taxi, de camino al puerto, a la terminal Hurtigruten para embarcar, sobre las 5,30 de la tarde.

Una vez hecha la facturación, nos dieron una pequeña charla sobre las características del barco y unas recomendaciones de seguridad. Al barco accedimos poco después de las 6 de la tarde, y nos instalamos en la cabina 364, una cabina triple donde la teórica tercera cama estaba convertida en un sofá. Evidentemente no era una suite, pero tenía vista al mar, y un buen acomodo para la ropa y demás enseres. El baño, lógicamente reducido, estaba muy bien diseñado y era cómodo para la ducha y para instalar en un pequeño armario toda la gama de utensilios de aseo. En fin, que me gustó el alojamiento, aunque Ipi decía que estaría mejor otro tipo suite-junior de la planta superior.

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