Hace un año mi cuñado Ramón y mi hermana Berta nos enviaron desde Viandar de la Vera, unas fotos y videos sobre las Fiestas del Paseo que celebran cada año. Y vimos que se mantenían unas tradiciones muy interesantes con lo cual Ipi, que se apunta a un bombardeo, dijo que quería asistir a las celebraciones de 2023. Y continuó insistiendo en la visita a lo largo de estos últimos meses.
Por ese motivo se fue programando el viaje para estar allí unos cuantos días y participar en el mayor número de actividades posibles. Las fechas elegidas por nosotros fueron desde el viernes 29 de septiembre hasta el lunes 2 de octubre, ambos inclusive, y para retornar a casa el martes día 3, aunque Ramón y Berta que había llegado en esa misma fecha se quedaban hasta el final de los festejos, varios días después. Realmente el programa oficial se iniciaba el viernes 29 y duraba hasta el miércoles día 4.
Tras un plácido viaje, con parada en Rueda para tomar un refrigerio y aprovechar para comprar vino de cocinar, algo que hago cada vez que paso por allí desde hace casi 50 años, la llegada a Viandar fue a media tarde y después de un breve descanso para intercambio de novedades, ya nos unimos a la primera de las actividades, que en este caso era la Ronda de las Rosqueras, consistente en recorrer las calles del pueblo parando en cada casa para cantar a los inquilinos y esperar a que entreguen un lote de pastas, rosquillas, etc. Nos incluimos los cuatro como unos más del pueblo y participamos durante algo más de una hora en la recogida de esos dulces que un par de días después serían distribuidos entre todos los viandareños en la plaza mayor. Comentar que durante el paseo fue anocheciendo y en esa fecha había una luna espectacular.
Esa primera noche, tras la actividad comentada y una cena en casa, salimos al «pollo» (un banco situado en el frente de la casa de Ramón, que sirve de punto de encuentro para reuniones en la calle en ocasiones diversas). Junto a nosotros terminaron por unirse varios de los «primos» (primeros, segundos, etc…) que componían el grupo «Los Mirandini» del que nosotros también formamos parte, y que vino a ser la «peña» participante junto a otras muchas en los eventos festivos. La reunión terminó de madrugada, mientras nos tomábamos unos cubatas e íbamos conociendo a buena parte de los familiares. Y nos fuimos a dormir a la antigua casa de los padres de ramón, ahora de su hermano, situada en lo alto del pueblo, lejos de los altavoces de la carpa instalada en la plaza mayor de Viandar.
A la mañana siguiente nos habíamos comprometido a participar en la elaboración de las Roscas que se ofrecen a la virgen y posteriormente se venden entre los viandareños y asistentes en general a las fiestas y cuya recaudación sirve para sufragar gastos de los festejos y mantenimiento de la iglesia. Las Roscas se preparan en la tahona del vecino pueblo de Losar de la Vera, ya que en los últimos años ha dejado de funcionar la tahona de Viandar. El trabajo consiste en que, una vez el panadero ha preparado la masa, dar forma a la misma para conformar las roscas, y luego picar el borde las mismas para darles un mejor aspecto. Ya preparadas se meten al horno y quedan listas para su presentación a los compradores al día siguiente. Hay que señalar que se hicieron 360 roscas, con el chollo que eso conlleva, y que los participantes en los trabajos fuimos en total unas 10 personas. Resultó algo original y entretenido. Y durante el proceso, al mismo tiempo yo pude observar como la panadera preparaba la masa de otros dulces típicos (los huesecillos) a base de harina, con anís, aguardiente, zumo de naranja, mantequilla, azúcar, etc. Y por supuesto, aprovechamos la estancia en la tahona para dejar encargados unos cuantos huesecillos cuya masa había sido preparada ante mis ojos. Estaban buenos, francamente, aunque al final de tanto repartir casi me quedo sin catarlos.

Terminada la faena de las Roscas, nos fuimos a conocer una de las fincas de Ramón, a la que denominan Las Parrillas. Es un olivar en el que hay además algunas higueras, y que como Ramón no puede atenderlo desde el pueblo, lo tiene cedido a un paisano que teóricamente lo mantiene limpio, aunque ni siquiera le da la mínima prueba de lo que produce, como sería normal. Pero como ahora el precio del aceite está por las nubes y hay muchos interesados en gestionarlo, posiblemente se cambie el trato y se ceda a otras personas que harían el mantenimiento y reportarían al propietario hasta un 50% de la producción. Señalar, como dato de interés, que al parecer una finca como la suya con la actual producción generará más de 2.000 kg de olivas, que con un aprovechamiento del 9% daría cerca de 200 litros de aceite. Allí pudimos verificar que esos cálculos son perfectamente válidos, contrastándolo con otra gente del pueblo que trabaja sus olivares. Lo cierto es que los árboles este año están cargados a tope, en todas las fincas.


Ya de regreso al pueblo, nos unimos a los preparativos del Concurso de Paellas, puesto que cada una de las peñas organiza la suya al aire libre. En nuestro caso, se ubicaban los preparativos justo frente a la casa de Ramón, y allí se reunió toda la gente, si bien la preparación corría a cargo de un pariente (Raul), mientras el resto de concurrentes nos tomábamos un aperitivo. La fiesta fue amenizada por una charanga denominada «La Mejor Pata Negra» que iba recorriendo los lugares del pueblo donde se iban cocinando las respectivas paellas. En nuestro caso, estuvieron bastante rato tocando y motivando a todo el personal a bailar al ritmo de «Paquito el Chocolatero» y otras melodías del mismo estilo, pero desde luego la participación resultó de lo mas motivada, de lo cual dan cuenta las fotografías y videos tomadas sobre la marcha. En cuanto al premio final, parece que no tuvimos éxito porque cuando el comité de valoración pasó junto a nuestro cocinero, no estaba lista la paella para ser degustada. Pero eso no quitó nada al acontecimiento, y la paella se consumió en su totalidad, con más de 30 comensales asistentes al acto. A la comida siguió una animada sobremesa.






Por la tarde estaban previstas otras actividades, como la Ronda de Peñas y algunos concursos, pero en esos no participamos, y nos dedicamos a descansar de las actividades matinales. No obstante, al igual que el día anterior, nos fuimos a dormir a la casa del hermano de Ramón, lejos del ruido musical.
El domingo era el día grande, en cuanto a las celebraciones, básicamente religiosas, que se iniciaban a las 7,30 horas con el Rosario de la Aurora, acto al que Ipi tenía intención de asistir aunque sobre la marcha renunció para no pegarse el madrugón. Y más tarde, a las 12, asistencia a la iglesia para sacar a la virgen del Rosario (la patrona) en procesión por varias calles del pueblo. Posteriormente, ya de regreso en el templo, se celebró la misa en la que cantaron varias personas. Durante la procesión, tanto Berta como Ipi se apuntaron a llevar en andas a la imagen de la virgen durante un corto recorrido. Al parecer el peso es grande y cada poco se van turnando los interesados en participar. Finalizada la misa es cuando la Mayordoma de este año invita a todos los del pueblo en la plaza mayor con los dulces que la ronda de rosqueras había recogido en la primera jornada. Nosotros también degustamos algunos de esos dulces, a modo de aperitivo, porque después la comida de ese día estaba reservada para tomar en Talaveruela, el pueblo próximo donde ahora vive Alberto, el hermano de Ramón que es uno de los Mayordomos, aunque este año no era él quien dirigía las fiestas. Por cierto, durante la misa se anunciaron que hay un par de personas que se ofrecen para colaborar y convertirse en Mayordom@s en los dos próximos años.

La jornada de tarde se iniciaba temprano, por lo que la comida fue rápida. A las 5, en la plaza mayor se llevó a cabo el Ofertorio en Honor a la Patrona, cuya imagen ha sido trasladada desde la iglesia. El Ofertorio consiste en que unas mujeres, adornadas con mantillas, llevan a la virgen las Roscas que el día anterior habíamos preparado en la tahona de Losar. En esta ocasión las mujeres fueron un grupo de niñas. Y una vez recibidas por la virgen, los Mayordom@s hacen la venta a quien las quiera comprar. Al final se venden todas y como ya comenté la recaudación es para el mantenimiento de la virgen y la iglesia.
Hubo luego en la carpa la actuación de un grupo folclórico extremeño y a continuación nos fuimos a dar un paseo y a ver otra de las fincas de Ramón, en la que tiene naranjos, uvas, etc. Terminamos la jornada en casa, con una cena ligera, antes de alejarnos de nuevo del ruido musical de la casa de Ramón para volver a lo alto del pueblo donde se dormía mejor.
La última jornada completa de nuestra estancia, el lunes día 2, también estábamos apuntados a las actividades, en este caso eran comida y cena con toda la gente del pueblo, en la carpa instalada en la plaza. Pero previamente Ramón había logrado que en una almazara cercana, uno de los empresarios de Viandar nos recibiera y nos vendiera unos tarros de aceitunas en diferentes versiones, alguna de las cuales en la víspera habíamos probado durante el aperitivo. Aunque no suelen vender allí, como favor especial nos permitió hacer la compra.
Y también en otra estupenda gestión, Ramón consiguió que nos organizasen una visita guiada al Molino recientemente restaurado que en su día servía como almazara para que los viandareños pudieran transformar en aceite el fruto de sus olivares. Ya se intentó la visita hace año y medio, cuando estuvimos por allí los hermanos en la reunión de mayo de 2022, pero entonces el molino estaba en plena restauración, y la visita no fue posible. Ahora nos hizo de anfitriona una empleada municipal, Yolanda, que nos dio amplias y detalladas explicaciones sobre los orígenes y funcionamiento del mismo en su época de plena actividad, cuando no existían las modernas instalaciones que ahora se dedican al proceso del aceite. Resultó muy interesante la visita, e incluso Ramón aprovechó para indagar cómo hacía Yolanda con sus olivas, a donde las lleva a exprimir y qué porcentaje se consigue de rendimiento. Y como también le consultamos donde se podía comprar aceite de la cosecha anterior, y al parecer estaba difícil conseguirlo, ella se ofreció a regalarnos una pequeña muestra del suyo, lo que hizo a la mañana siguiente, y le correspondimos con una porción de queso gallego que previamente habíamos llevado nosotros de A Coruña.






De regreso en el centro del pueblo, colaboramos un poco en la preparación de las mesas para la comida y nos hicimos unas fotos con los cocineros, que habían preparado una sopa de marisco y un plato de «magro» (carne de cerdo) con verduras, y de postre melón y queso. Todo ello acompañado de refrescos y vino, aunque en nuestro caso Ramón quiso aportar una botella del reserva de la Rioja Alta que pedimos para el grupo familiar. Durante la comida pudimos confraternizar con los vecinos de mesa, mayoritariamente gente de edad superior a la nuestra, que nos contaban que en sus tiempos jóvenes esas comidas reunían a más del doble de los asistentes actuales. Por la noche se repitió la reunión en el mismo lugar, aunque la cena fue mucho mas ligera, con un plato de queso y fiambres y como remate chocolate con churros. Todo ello en un excelente ambiente, del que nos resultó muy grato participar.



Y aunque en principio Ramón decía que ese día ya por la noche no habría jolgorio hasta altas horas de la madrugada, se equivocaba porque estaba contratado un cantante de coplas que congregó a buena parte del pueblo, mientras nosotros nos dedicamos a dar un paseo hasta la vieja ermita, donde pudimos disfrutar de una visión clara del cielo estrellado, ya que por aquella zona había poca incidencia lumínica. De vuelta del paseo todavía tuvimos tiempo de escuchar varias de las coplas, porque el artista contratado no cesaba de dar «bises» a petición de los asistentes al evento. Al terminar el cantante de coplas, continuaba la fiesta con un DJ que amenazaba con mantenernos en vilo hasta altas horas de la madrugada, por lo cual también esa noche volvimos a la casa de Alberto, en lo alto del pueblo, para poder dormir a gusto.
Y con esos cuatro días de festejos dimos por finalizada nuestra visita a Viandar para regresar a casa a la vida habitual. Desde luego la experiencia ha sido totalmente positiva. Quedamos encantados con el ambiente de los viandareños, tanto de los que actualmente habitan allí como los emigrados que puntualmente regresan cada año para participar de las fiestas. Y especialmente agradecidos a Ramón y Berta por su invitación y por las atenciones que nos dispensaron en esos días, además de contentos de haber podido vivir directamente y participar de esas tradiciones que desgraciadamente se van perdiendo y que en el caso de Viandar de la Vera se mantienen gracias al coraje y dedicación de una parte de sus vecinos.


















Buenas, muy bonito y ameno de leer.
Gracias por tus agradables palabras hacia nosotros y que estuvimos
contentos de que pudierais venir, sin que supierais qué ibais a encontrar.
Saludos
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