Hoy la etapa parecía de principio más llevadera, porque eran algo menos de 20 km y ya no había anuncio de lluvia.

Empezamos la marcha poco después de las 8 de la mañana, una vez el transporte nos recogió las mochilas. La salida de Zamora desde el centro es a través de la puerta de Doña Urraca, y en varios sitios nos encontramos paneles pintados muy interesantes. Aparte de eso el tramo ciudadano es un poco rollo, además lleva aparejada una cuesta considerable, y antes de llegar a los caminos agrícolas obliga a transitar un rato por carretera con apenas arcén.


Tras aproximadamente 6 km de marcha nos encontramos el único pueblo con servicios, que es Roales, donde hay uno o dos bares pero no paramos porque teníamos muy reciente el desayuno. Nos llamó la atención en ese lugar el nombre de las calles principales. General Franco y Primo de Rivera (José Antonio). Habría que avisar al equipo de Memoria Histórica, aunque aquí en Castilla-León se han marcado una ley a su gusto.

Más adelante el trayecto continúa siempre por senderos agrícolas, con plantaciones diversas entre las que destacan la colza y la avena, además de otras grandes parcelas aparentemente en barbecho o pendientes de nueva siembra.


Cuando íbamos por la mitad del recorrido, más o menos, Rafa y yo que marchábamos un poco distanciados del resto, hicimos una parada para reagrupamiento, y para tomar algo, habida cuenta de que ya no tendríamos donde hacerlo hasta el final de etapa.

Nos paramos junto a la entrada de una enorme superficie de paneles solares, y allí dimos cuenta de galletas, frutos secos y unas mandarinas compradas el día anterior en un Gadis de Zamora.


Un poco después el Camino hace un quiebro para salvar las vías del AVE, lo que nos obliga a un rodeo que no hace más que alargar el recorrido. Aunque confiábamos en que pasase algún tren mientras pasábamos por el alto, no hubo suerte, y sin embargo pasó poco después y pude captarlo desde abajo.

El resto del recorrido hasta el final de etapa ya lo hicimos a buen ritmo, porque Rafa quería llegar a tiempo de ver por televisión el campeonato de moto GP desde Jerez.

Llegamos al albergue tranquilos y con el encargo de coger camas bajas, aunque solo lo logramos en parte, puesto que de las bajas quedaban solo tres, por lo que los otros dos dormirán en la parte alta de las literas. El alojamiento es de lo más sencillo pero nos servirá para pasar esta noche.

Una vez instalados, duchados y cambiados de ropa, marchamos todos a reunirnos con Rafa en un bar cercano, donde vimos la carrera. Y ya allí decidimos comer, un menú del día bastante aceptable y sobre todo abundante.

Tras la comida, una siesta para relajar cuerpo y piernas, y una vez recuperadas las fuerzas, paseo por el pueblo hasta una iglesia próxima ubicada justo al lado de un pantano. Como hacía buena tarde, el paseo resultó de lo más agradable.


Había gente pescando (o más bien intentándolo, porque al parecer no picaban), pero se veía saltar a los peces.

De vuelta hacia el pueblo, tomamos un refresco en la terraza de un bar y, más tarde, para completar la jornada, cenamos en otro restaurante de Montemarta, el Rosa María, que será donde mañana desayunaremos porque en este albergue no hay lo necesario.