Ha pasado casi año y medio de la última incursión en los Caminos de Santiago, y en esta ocasión, aceptando una oferta de mi cuñada Amalia, junto a sus otras amigas y compañeras de fatigas Dora y Teresa, me he decidido a caminar por el tramo francés del Camino, para completar los tramos que ellas ya hicieron e ir a terminar en Saint Jean Pied-de-Port, lugar de inicio de mis dos anteriores recorridos del Camino de Santiago, en la versión conocida como camino francés.
Para iniciarlo, nos hemos venido a Burdeos, ya que aprovechando la proximidad de nuestro punto de inicio, tenemos la oportunidad de disfrutar de algo mas de un día en esta ciudad, por la que ya antes he pasado pero sin poder visitarla a fondo.

Y como ya no hay el vuelo directo que antes nos traía desde Santiago, en plan masoquista nos hemos venido en bus desde A Coruña, con un total de 12 horas de recorrido continuo, pero que no ha resultado tan pesado como podría pensarse (o tal vez es que por ese toque masoquista, no me lo ha parecido).
Llegamos anoche, a las 0,45 horas del viernes 5 de septiembre, con lo cual hoy hemos podido disfrutar de una jornada completa en Burdeos visitando un montón de sitios interesantes. Para ello, Google facilita un recorrido nada complejo que permite acceder a los lugares de mayor interés, e incluso realizar un paseo en barco por el río Garona. Además el tiempo nos ha acompañado, con un sol que en algunos momentos incluso resultaba algo pesado.
Después de alojarnos anoche, llegando al hotel en taxi que nos recogió cerca de la parada del bus que nos dejó en algo “parecido” a una estación de buses, y tras una sesión de sueño relajada, desayunamos en el propio Hostel, que pese a ser un sitio muy sencillo (muy de caminantes), está en el cogollo de la ciudad, en el mismo centro.



Buscando en Google, encontramos un programa de visitas que nos pareció muy adecuado para hacer por nuestra cuenta. Empezamos por él Marché des Capucines, un mercado típico pero muy completo, al que llegamos recorriendo varias calles céntricas y muy características de las construcciones francesas clásicas.



Tras el mercado, pasamos a la Basílica de Saint Míchel, una joya del gótico tan grandiosa como deteriorada. Se ve que aquí las dotaciones del estado para la renovación de los templos no guarda proporción con lo que sucede en España. Junto a ella está la torre del mismo nombre, que no pudimos visitar por estar en reconstrucción.


Callejeando continuamos hasta la Grosse Cloche, una de las principales puertas de entrada a la ciudad amurallada durante la edad media. Es muy llamativa y mereció la pena verla.


Desde allí, siempre caminando por las preciosas calles de esta gran ciudad, llegamos a la plaza de la catedral, que al igual que Saint Míchel tiene adjunta, pero como edificación independiente, una estilizada torre, a la que se puede acceder hasta el tope después de recorrer 233 estrechos escalones.


Como las aguerridas chicas que forman parte de este proyecto de Camino tenían mucho interés, allá nos fuimos y valió la pena poder visualizar desde lo alto de la Torre el conjunto de la ciudad, por cierto muy llana. Terminada la ascensión y descenso de los 233 estrechísimos escalones (hubimos de dejar abajo las mochilas, para poder subir sin riesgos), tratamos de visitar la catedral pero a esas horas estaba ya cerrada, y dada la hora decidimos buscar un lugar para comer.



Con esa finalidad continuamos nuestro recorrido por las céntricas y estrechas calles para llegar por Sainte Catherine hasta la Puerta de Cailhau, otra de las antiguas puertas de acceso a Burdeos en la época medieval. Y frente a esa puerta encontramos un lugar donde comer, en una plaza al aire libre, muy concurrida.

Para la tarde habíamos reservado plazas en un barco que nos llevaría a un recorrido de hora y media por el río Garona, que baña la ciudad, pero antes de ir a los muelles hicimos una parada en el edificio de la citada Puerta de Cailhau, accediendo tambien por unas estrechas escaleras, aunque esa visita no resultó tan interesante como la de la Torre de la catedral.
Pasamos a continuación a acercarnos al embarcadero donde habíamos de embarcar. El recorrido por el río estuvo bien, pero no fue tan espectacular como yo esperaba. Es de señalar también que hacía calor y era una hora muy propicia para la siesta, que no pudimos echar.



Finalizado el paseo en barco, regresamos con calma hasta el Hostel, para cambiarnos y acudir luego todos a la cita que yo había convocado con Xavier, uno de los amigos franceses que conocí en mi anterior viaje del Camino francés, y con quienes compartí una semana de etapas y acudir luego a los que volví a ver en el año siguiente, ya que ellos acostumbraban a caminar en la semana santa de cada año.

A la cena, además de Xavier acudió su mujer, y tambien como sorpresa Anne-Laure, la mujer de Philippe, la otra pareja con quienes coincidí en aquel Camino de hace 8 años. Resultó muy entrañable el encuentro, que sirvió para que mis acompañantes en esta ocasión tomasen contacto también con los franceses. Se comentaron multitud de anécdotas de aquel Camino, y de los que nosotros hemos realizado en otras ocasiones. Y Xavier quedó en hacer un esfuerzo para tratar de acompañarnos en una de las etapas que haremos ahora, en esta semana entrante.

Asimismo quedé emplazado en regresar a Burdeos un fin de semana con Ipi (a quien ya conocen de cuando nos acercamos a verlos hasta Santo Domingo de La Calzada, años atrás). Y prometieron que nos prepararán un plan atractivo para entonces.
Y con esto dimos por terminada nuestra primera jornada francesa, dejando para mañana el traslado hasta Aire sur L’Adour, donde comenzaremos a caminar el domingo.
Amigo Manuel, una jornada completa como aperitivo para iniciar vuestro camino, que lo disfrutes. Un abrazo
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