Desde hace años, cada vez que aparecía una oferta de vuelos con descuento, miraba para tratar de encontrar algún vuelo económico a Atenas, una de las pocas capitales europeas que no conocía y que quería descubrir. Pero nunca aparecía la ocasión de una buena combinación vuelo + hotel asequible. Por fín esta vez, a finales de diciembre, apareció una posibilidad de viajar en enero con un precio relativamente asequible en cuanto al avión, y muy aceptable en lo referente al hotel. Así que, sobre la marcha, hice las reservas, de forma que al tratarse de una fecha próxima a las navidades el viaje sirviera como regalo de reyes, aniversario, etc. etc.
Las fechas seleccionadas fueron desde el 15 al 19 de enero, de jueves a lunes, con tres días completos en la ciudad y un total de 4 noches, considerando que era tiempo bastante para descubrir todo lo que Atenas guarda para el visitante.
De ese modo el jueves 15 de enero partíamos de A Coruña en dirección a Barcelona, donde tendríamos luego el enlace para llegar a destino. Aunque el tiempo de espera en el aeropuerto era largo consideramos que no lo suficiente como para bajar a la ciudad, por lo que nos dedicamos a leer, pasear y asi llenar el tiempo hasta que a media tarde embarcábamos para llegar a Atenas sobre las 9,15 de la noche (hay una hora de diferencia entre Grecia y España).
Desde el aeropuerto teníamos una excelente comunicación por metro hasta nuestro hotel, por lo que no nos planteamos otra alternativa para llegar al centro de Atenas. El trayecto dura casi una hora. El Moxy Hotel está situado en la plaza Omonia, esquina a la calle Stadiou y la salida del metro queda a poco más de 20 metros del hotel. Sin embargo la gente que circulaba a esas horas por la estación de metro o están poco espabilados o no son de por allí, porque pese a consultarlo con algunas personas, incluyendo a dos vigilantes, no sabían decirnos ni la salida adecuada a la calle Stadiou ni hacia el hotel, pese a tenerlo justo al lado.


Al llegar a la habitación del hotel nos encontramos que, como bienvenida, teníamos una botella de vino espumoso, además de un par de donuts dulces, y celebramos la llegada.



En fin, acomodados en el hotel y como estábamos con ganas de meter algo al estómago (la cafetería del hotel estaba ya cerrada porque pasaban algo de las 11 de la noche) salimos a localizar algún sitio donde nos dieran de cenar, y lo encontramos a poco más de 100 metros. Un pequeño establecimiento totalmente local, con comida griega y en el que ya estaban haciendo la limpieza, donde pudimos tomar un kebab y un plato con productos similares, junto a una cerveza. De lo más típico simplemente llegando a la ciudad.



A la mañana siguiente, tras desayunar en el hotel, programamos el plan de visitas. Hicimos allí, directamente con una persona del equipo del hotel, la reserva para una visita completa a la Acrópolis para el día siguiente, con guía en español. Y a continuación salimos ya a la calle para empezar a conocer la ciudad, y para ello nos subimos a un bus de los que hacen el recorrido por diferentes lugares de la ciudad, un Big-Bus, que cogimos en la misma plaza Omonia, frente al hotel. En el trayecto por diferentes barrios, pasamos junto al mercado, los lugares más significativos e hicimos una parada al pié de la Acrópolis, desde donde tuvimos la primera visión a lo lejos del conjunto.






Nos llamó la atención una pequeña capilla en la que parecía haber tenido un incendio por estar todo el conjunto ahumado, pero resultó que ese color negruzco se debía al humo de las velas que los feligreses ponen de forma continuada como ofrenda y peticiones. Recorrimos también el Mercado Central, y callejeamos por toda la zona.



Recorriendo la calle Ermou, la más comercial de la ciudad, encontramos una pequeña iglesia, cuyo interior era de lo más atractivo. Está situada en una pequeña plaza, rodeado todo de los comercios de las marcas más conocidas. Esa calle (Ermou) va desde la plaza Sintagma, donde se encuentra el Parlamento, hasta el barrio de Monastiraki, otra de las zonas más concurridas, y en cuyo entorno se encuentran una gran parte de los restaurantes típicos, habitualmente lleno de turistas. En ese trayecto pasamos junto a la Catedral de Atenas, en la que el mismo día de nuestro regreso se iba a celebrar el funeral por el fallecimiento de la hermana de la Reina emérita Sofía.



Durante el resto del día continuamos recorriendo las calles y lugares que, desde el Big-Bus, nos habían parecido más atractivas. Nos movimos mayoritariamente por el barrio de Plaka, uno de los más característicos de Atenas, y en uno de esos restaurantes hicimos sendas paradas para comer y cenar algo, siempre volcándonos en platos típicos, como la Musaka que Ipi tomó en un par de ocasiones, o el cordero con arroz que tomé yo.









El segundo día amaneció pronto para nosotros ya que nos recogían a las 7,40 de la mañana para incorporarnos al grupo que había contratado la visita a la Acrópolis al igual que nosotros. No obstante, ya en la agencia, el recorrido en bus con el que se iniciaba la visita no empezó hasta pasadas las 8 de la mañana. Y ese comienzo fue mediante un paseo en autocar por las calles más importantes de la ciudad, contorneando diferentes monumentos para dar una visión global de Atenas, algo que para nosotros fue en cierto modo repetición del Big-Bus del día anterior.



Pasamos frente al estadio Panatinaico, Parlamento, Academia de las Artes, Universidad, Biblioteca, Palacio Presidencial, Arco de Adriano, Jardín Nacional, etc. etc. Y todo ello sin bajar del autocar, y haciendo algunas fotos desde el mismo.
Ya a pie, desde la agencia comenzamos el recorrido hacia la Acrópolis, a la que se llega a través de una serie de calles llenas de comercios y restaurantes, para acceder al recinto cerrado donde comienza la visita. Ya dentro, comenzamos con el Teatro de Dionisos, un recinto semicircular donde se representaban las tragedias de Esquilo, Sófloques y Eurípides. Se le considera la cuna del arte drámatico del mundo antiguo y moderno. Las primeras filas tienen un diseño especial ya que estaban reservadas a los personajes principales de la ciudad, y tienen grabados nombres y/o referencias a los mismos.Junto al Teatro estaba el Templo también dedicado a Dionisos, del cual quedan algunos restos.





Continuando el ascenso a la parte alta de la Acrópilis, dejamos al lado el Odeón de Pericles, construido en el 447 a.C. destinado a celebrar alli concursos musicales. Fué destruido por un incendio en el año 86 a.C. y posteriormente, sobre sus restos en el mismo lugar se edificó el Odeón de Herodes Atico, en el año 161 d.C. en el cual todavía hoy se celebran actuaciones que congregan a multitud de personas. En estros momentos está en restauración.



Y tras subir un poco más llegamos a la zona de entrada de la parte alta, a la que se accede por la Puerta de Belué, que da àso al monumento a Agripa, el Templo de Atenea Niké y Los Propileos, y a partir de ahi nos vamos encontrando la mayor parte de las grandes edificaciones.



Llegamos así al Erecteón, el segundo templo más importante de la Acrópolis, después del Partenon. Su construcción empezó en el año 421 a.C. y se terminó entre los años 409 a 405 a C. En su conjunto están las Cariátides, 6 figuras de mujeres, de cuyos originales 5 se encuentran en el Museo de la Acrópolis y la sexta en el Museo Británico (las actuales son reproducciones).



Y asi llegamos a la construcción principal, el Partenon. Su construcción se inició en el año 447 a.C. y la inauguración tuvo lugar durante la fiesta de las Panateneas en el 438 a.C. Es un templo de estilo dórico, con 8 columnas en la fachada y 17 en los laterales. Construido inicialmente en marmol de Penteli, salvo la techumbre, de madera. En el Museo de la Acrópolis hay una reconstrucción de los frontones.





Después de recorrer tranquilamente todo lo alto de la Acrópolis, con multitud de zonas donde se acomodan restos de las diferentes edificaciones, comenzamos el regreso a la parte baja, donde está el Museo cuya visita también estaba incluida en el programa. Allí es donde se guardan la mayor parte de esculturas originales, donde hay reconstrucciones de los frontones del Partenón, y como ya antes señalé, las estatuas originales de las 5 Cariátides que se conservan en Atenas. La persona que hacía de guía en la visita nos animó a visitar al atardecer el alto del monte Licabeto, desde el cual se tienen espléndidas imágenes del Partenón especialmente a la puesta del sol. Y aunque el día no estaba despejadocomo sería de desear, acordamos que si no empeoraba, allí nos dirigiríamos a la hora adecuada.




Después de transitar por las diferentes salas del museo, que daría para estar allí una jornada entera, y como allí mismo finalizaba la visita guiada, optamos por quedarnos a comer en la cafetería del propio museo, donde degustamos unas ensaladas y una espléndida tabla de quesos, que dicho sea de paso no conseguimos terminar, por lo cual nos llevamos los restos para, ya a la noche en el hotel, terminar con ellos la botella de vino espumoso con la que nos habían obsequiado.
El siguiente paso fué tomar un taxi para acceder a lo alto del Licabeto. Nos habían dicho que se podía llegar mediante un teleférico, pero que tal vez con el viento reinante no funcionaría. En ese caso podía llegarse también subiendo escaleras o mediante la formula mixta taxis + escaleras, que fue lo que finalmente elegimos. No obstante, lo cierto es que no llegamos a localizar el mencionado funicular, y que a punto estuvo Ipi a renunciar a la subida cuando habíamos transitado ya por una buena parte de las escaleras.


En la cima de Licabeto soplaba de lo lindo. Allí hay una capilla y unas vistas excelentes sobre toda la ciudad, y también se puede observar la puesta de sol que nos habían anunciado. en este caso, más que la puesta de sol aprovechamos la caida de la tarde, viendo al fondo, tras el Partenon, el mar sobre el que aparecían varios buques que transitaban por la zona.




La verdad es que la mejor vista del Partenón al atardecer se lograba no desde lo alto del monte, sino algo más abajo, durante el recorrido de descenso que hicimos íntegramente por las escaleras, para llegar finalmente al lugar donde sí que estaba la salida del teleférico que no habíamos visto.
Ya en la parte baja, hicimos un recorrido que era en parte repetitivo, pero que a esas horas, cayendo la tarde, tenía una visión bastante diferente. Pasamos delante del museo bizantino, del Ministerio de Defensa (donde había algún helicóptero, avión, tanque, etc.), Galeria Nacional, etc. Y como íbamos en sentido contrario, retomamos la marcha para llegar a donde pretendíamos, volviendo a fotografiar el Museo de Arte, la Universidad y la biblioteca Nacional, antes de llegar a la plaza Sintagma.






A continuación bajamos hacia el Agora para volver a repetir las calles de Plaka, pasando por Monastiraki y el final de Ermou. Volvimos a captar una visión diferente del Hefesión y pasamos ante una de las iglesias que en otro momento no estaban abiertas. En esta ocasión sí lo estaba, aunque acababa de celebrarse una boda (en cada viaje curiosamente nos encontramos con alguna boda), y los novios (pelados de frío) estaban haciendo fotos junto a la iglesia.



Allí Ipi sugirió cambiar de dirección y meterse hacia el barrio de Psirri, otro de los lugares recomendados y que no habíamos visitado todavía. Resultó ser una zona de lo más animado a esa hora, con gente local mayoritariamente aunque no dejábamos de encontrar también guiris. Era una zona de comidas pero sobre todo de tapeo y copas. Encontramos por allí cafés y bares sudamericanos, principalmente cubanos y venezolanos, todos con un aspecto espléndido y mucha animación que, por la hora, se veía que iba en aumento.






Hay que tener en cuenta, también, que era sábado por la noche y lógicamente hay mucha más gente disponible que en día de semana normal. Ya desde ahí regresamos al hotel sin ganas de hacer una cena formal y sustituimos esta por tomar en el hotel lo que quedaba de la botella de espumoso con el resto de quesos de la comida y unos panecillos que compramos de camino.
Para el domingo teníamos también un programa apretado, porque queríamos estar ante el Parlamento para el cambio de la guardia, y antes pretendíamos visitar el Museo Arqueológico, muy recomendado en todas las guías y también por el personal del hotel. Ya un par de días antes habíamos intentado la visita, pero resultó que cuando llegamos allí eran las 3 de la tarde y cerraban media hora después, con lo cual no compensaba entrar. Y además nos dijeron que el domingo la entrada era gratuita. Así que madrugamos, estuvimos por allí sobre las 9 de la mañana y apenas pudimos hacer una visita corta, porque es aquello tan amplio que habría sido necesaria toda una jornada para verlo medianamente. En cualquier caso nos gustó.




Desde el museo nos fuimos directamente en taxi a la plaza Sintagma, donde está el Parlamento, para ver el cambio de guardia. Como nos habían pronosticado, estaba petado de gente, de forma que para ver algo había que buscar entre las cabezas de quienes teníamos delante. Perdimos allí bastante tiempo porque el proceso del cambio de la guardia es un tanto lento y ceremonioso. Pudimos hacer algunas grabaciones de video levantando el palo selfie y alguna foto no muy buena, pero era lo que había….


Terminado el proceso del cambio de guardia, optamos por acercarnos a la zona del Agora antigua y el Agora moderna para ver el parque donde está el Hefesión. Para ello nos dirigimos a Monastiraki, y desde alli bordeamos el parque buscando la entrada. Pasamos por el Mercado de las Pulgas, que viene a ser como un «rastro» donde cada paisano vende lo que se le ocurre, pero sin realmente cosas interesantes para nosotros. Y después de bordear el parque llegamos a la puerta de acceso que, precisamente ese día, encontramos cerrada porque estaban con temas de mantenimiento.



Y como estábamos ya del otro lado y era temprano para comer, bordeamos todo el parque obteniendo una visión diferente del mismo espacio, a la vez que abríamos el apetito para la comida.



Terminado el paseo empezamos a buscar ya un lugar donde comer, y en esta ocasión pensando en localizar un buen restaurante local, más que un lugar turístico. Pasamos ante el Abisinia, que nos había recomendado Chema, pero nos pareció un tanto apretado, y decidimos seguir adelante, y poco después localizamos en la misma calle Ermou, en el tramo final el restaurante Liystor, que era uno de los que en el hotel nos había recomendado. Ocupa todo un edificio, y en la tercera planta tiene una terraza cerrada y cubierta en la que se estaba fenomenal, con unas preciosas vistas y bien acondicionada (con estufas).


Comimos estupendamente, a base de platos locales pero con categoría. Tras unos variados entrantes, Ipi repitió una Musaka de diseño, mientras yo me tomé un plato típico con espárragos y arroz meloso. Y un postre que también estuvo a la altura. Tiene además una hermosa bodega en el sótano.



Ya tras la comida nos dispusimos a recorrer el Jardin Nacional, donde se encuentra el Arco de Adriano y el Templo de Zeus Olímpico y desde allí caminamos hasta llegar al estadio Panatinaico.


Aunque hacía frío porque ya caía la tarde, nos tomamos con calma el paseo y ya en el interior del estadio hicimos un recorrido bordeando las pistas, haciendo fotos desde ángulos diferentes y finalmente accediendo a una galería interior en la que se muestran los soportes del transporte de la antorcha con la que se llevó la llama olímpica en cada una de las celebraciones de los Juegos, con los carteles representativos, etc.





Y ya después de la visita al estadio, recorrido de regreso hacia el hotel, bordeando el jardín nacional y pasando delante de la residencia presidencial, donde tuvimos ocasión de ver algunos movimientos de los guardas, del mismo conjunto que quienes hacen la guardia frente al Parlamento y con un ceremonial similar, aunque más reducido.
Antes de ir al hotel, no obstante, volvimos a hacer un recorrido por algunas de las calles comerciales recomendadas en las guías, como Tripodón (donde segun nos indicaron en la visita a la Acrópolis, en algunas casas antiguamente colocaban en las puertas el premio que se otorgaba a los ganadores de las obras que se representaban en el Teatro de Dionisos), y como Adrianou, calles que junto a Ermou fueron las que más veces recorrimos en estos cuatro días de Atenas.
A la mañana siguiente, tras desayunar en una cafetería próxima al hotel, donde el surtido de pastelería era impresionante, pasamos a recoger las maletas y allí mismo tomamos un taxi para hacer tranquilamente el regreso y llegar al aeropuerto sin prisas, teniendo en cuenta que luego ya dentro de la zona aeroportuaria hay un largo recorrido a través de cintas para llegar a la zona de facturación y a las puertas de embarque.
La vuelta, de nuevo a través de Barcelona y con poco tiempo de espera, se desarrolló con total puntualidad y con ello dimos por finalizado este periplo por Atenas, cumpliendo así el deseo largamente esperado.