Cerezos en flor ….

Hace ahora 19 años, en concreto en marzo de 2007, me fui al Valle del Jerte para ver los cerezos en flor, y en esa ocasión lo hice acompañado de mi hermana María (Coló), de otra María amiga de mi hermana y de mi amiga Tita Sanjurjo. En aquella ocasión era la semana previa a la semana santa, y alquilamos una casa rural en Plasencia.

Resultó un viaje excelente, porque encontramos todo el valle reluciente de las flores blancas de los cerezos y además aprovechamos para hacer algunas visitas por la zona, con lo cual el viaje resultó un éxito.

Años después, en 2010 y ya con los amigos de la pandilla, hicimos una reserva de otra casa rural para volver allí, pero con tan mala suerte que justo la semana en que teníamos la reserva y que lógicamente coincidía con el florecimiento, llovió a mares y estuvo un tiempo horrible, motivo por el cual suspendimos el viaje, aunque conseguimos que los propietarios de la casa aceptaran el cambio para ir en mayo, y eso hicimos aprovechando el puente de as Letras Galegas, realizando un recorrido por el Jerte y otras localidades, e incluso tuvimos ocasión de probar ya las primeras cerezas.

Y este año, en la última semana de mayo escuché en la radio que en los próximos 10 días sería el pleno de los cerezos en flor, así que, ni cortos ni perezosos Ipi y yo decidimos que allá nos iríamos el domingo 29 de marzo, en viaje relámpago para regresar un día después, lunes 30.

Aunque es cierto que a priori puede parecer un tanto apresurado un viaje en esas condiciones, la verdad es que todo resultó según lo programado y los casi 1300 kms que hicimos en esos dos días valieron la pena.

El domingo fuimos de un tirón hasta llegar a Tornavacas, primero de los pueblos en los que habían anunciado que se podría ver el valle ya repleto del blanco de los pétalos de los cerezos. Y justo antes de llegar al pueblo, desde lo alto del Puerto de Tornavacas, apenas si pudimos asomarnos al mirador allí existente, porque hacía un viento exagerado, con rachas que prácticamente impedían salir del coche.

De modo que más abajo, llegando al pueblo y sobre todo en la base, donde la finca Cerezos Tornavacas, ya pudimos hacer una parada para tomar fotos y movernos entre los árboles, si bien continuaba el fuerte viento que iba «desflorando» las ramas de los cerezos.

Continuando la ruta, hicimos una parada en Cabezuela del Valle, un pueblo que ya conocíamos del viaje que hicimos en el finde «Gigirey» en mayo de 2022. Hicimos una corta parada, camino de Plasencia que era nuestro destino final en ese domingo, ya que allí teníamos reservado el alojamiento.

Ya llegados al destino y una vez acomodados en el hotel Ciudad de Plasencia (en las afueras, a un par de kms del centro), nos fuimos a cenar a Plasencia, para dar una vuelta por la localidad y cenar. De camino al restaurante, nos topamos con una procesión que circulaba por nuestro recorrido e hicimos una parada para verla. Parece ser que se celebraba en este año como novedad, y pese a que solamente tenía un paso (un Cristo crucificado) había bastante gente esperando el paso de la comitiva.

Cubierto el trámite procesional, llegamos al restaurante Succo, recomendado por el amigo Carmelo que viaja con frecuencia a aquella población, y la verdad es que valió la pena. Cenamos a base de especialidades del local, y nos atendieron de maravilla. El menú lo conformamos con un «Tiradito de Pez Mantequilla» (excelente), seguido de unas «Alcachofas confitadas» (muy buenas), y completado por una «Presa Ibérica» (inmejorable). Lo regamos, además de una cerveza, con unas copas de Coloma Selección Merlot (el vino que le encanta a Ipi y que casi siempre tenemos en casa, pedido directamente a la bodega desde que lo descubrimos en el citado viaje del año 2010).

Completamos el menú con una «Torrija rellena de manzana» (buena, pero sin ser espectacular). Y del restaurante, directamente a la habitación del hotel, ya que a la mañana siguiente queríamos madrugar para aprovechar el día, ya camino de regreso a casa.

El lunes desayunamos en el hotel antes de salir, y a buena hora nos pusimos en marcha para hacer el camino de vuelta, pero cambiando un poco el recorrido para pasar por otros pueblos que, según se decía en las informaciones sobre el valle, deberían tener más floridos los cerezos en esos días. Me refiero a los pueblos de Navaconcejo, Casas del Castañar, Valdastillas, y otros.

Pero al final no fué exactamente asi, porque cuando llegamos al Mirador de la Memoria, cerca de El Torno, ya vimos que no solo los cerezos no estaban más floridos sino que con el viento de los dias anteriores se habian quedado casi sin flores y el paisaje no mejoraba. De todas formas desde el mirador había una buena perspectiva del valle, y el trayecto era bonito. En el mirador hay unas esculturas que recuerdan a los olvidados de la guerra civil.

Continuando con la ascensión por una carretera estrecha, llegamos al pueblo de El Torno, también con vistas atractivas sobre el valle, donde varios paisanos nos indicaron que la floración por allí ya estaba casi desaparecida, principalmente debido al viento de los días anteriores. E indicaron que tal vez un poco más adelante, camino de Rebollar pudiésemos encontrar cerezos más floridos, pero no fue asi y tras continuar la marcha y pasando por el pueblo terminamos llegando ya a la N-110 que es la ruta central del valle.

Ya tomando la ruta de regreso, hicimos una breve parada en El Barco de Avila, cuya vista nos había llamado la atención a la ida. Nos dedicamos simplemente a recorrer una zona entre dos puentes, ver el castillo y hacer algunas fotos, para proseguir nuestar ruta hacia casa.

Tras una breve parada a reponer gasolina en la estación de servicio de Granja de Moreruela, donde además tomamos unos bocatas para acomodar el estómago, Ipi sugirió hacer un alto en Corullón, en las proximidades de Villafranca del Bierzo, pueblo al que años atrás acudimos también para la vista de los cerezos, y efectivamente nos encontramos con que allí, sin hacer más que unas paradas al borde de la carretera, pudimos observar y fotografiar algunas fincas en las que los árboles estaban cargados de flores, lo que nos sirvió para completar la ruta y cerrar nuestro periplo de cerezos.

Lo siguiente será, ya en el mes de mayo, ir a Corullón a disfrutar in situ de los frutos ya maduros, cumpliendo asi la promesa que en su día hicimos a unos paisanos de ese lugar y que por circunstncias no llegó a completarse.

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