3ª jornada: Zubiri-Pamplona

18 de julio de 2006. En esta tercera jornada, decidí madrugar más y a las 7 de la mañana ya estaba iniciando la marcha para afrontar mejor el calor.CS1084 Fué una etapa de 20 kms, con final en Pamplona y solo una parada para desayunar en Burlada. Al salir simplemente me tomé unos melocotones que el día anterior había comprado en Zubiri.

Como llegué pronto a Pamplona, me cogí una habitación en un hotel para pasar todo el día, aunque al final apenas salí por Plaza del Castillo - Pamplonala ciudad porque a mediodía había 38 grados y a la noche solo bajó hasta los 32 grados. No obstante después cayó una fuerte tormenta que permitió refrescar un poco el ambiente.

Esta etapa y la jornada en sí me sirvieron para reflexionar sobre lo ya comentado en la etapa del día anterior de las prisas. En mi cuaderno de ruta, comentaba lo siguiente: «Tengo el hábito de plantearme las cosas de una forma concreta y me cuesta cambiar luego la programación. He visto que en general la gente se toma el camino con otra filosofía y he decidido empezar a relajarme y caminar Plaza Castillo - Pamplonaal paso tranquilo que requiere la ocasión. El atracón del primer día fué en parte causado porque yo imprimí un ritmo demasiado rápido. La verdad es que ya he comenzado a dejar que las etapas se hagan sobre la marcha en función del cansancio, del calor y del estado de ánimo».

Y razonaba asimismo: «Pero es que debo llevar ese criterio a todo lo que hago; dejar de actuar de forma tan programada, y si programo no cerrarme a los cambios que en la mayor parte de los casos deben permitir acomodar la vida a los hechos que me suceden, al ritmo normal de la marcha y no empeñarme en que las cosas hay que hacerlas de tal o cual forma o en tal o cual plazo, simplemente porque en un determinado momento creí que eso era lo correcto y lo programé asi. Debo empezar aser más flexible sobre todo en las cosas importantes y en aquellas que me afectan no solo a mi».

Esas fueron algunas de mis primeras conclusiones prácticas de los tres dias iniciales del recorrido, con lo cual la idea de llegar a Burgos al final de este periodo….  como que se quedó ya fuera de la programación, puesto que no sería posible.

Segunda etapa: Roncesvalles-Zubiri

17 de julio de 2006 – Me levanté francamente tocado, con un fuerte dolor en la pierna derecha, tanto en la rodilla como en el gemelo, que casi no me permitía mantenerme en pié, motivo por el cual dudé si quedarme a descansar o continuar la marcha.

Vista de Roncesvalles
Vista de Roncesvalles

Finalmente pudieron más las ganas de continuar y sobre las 9 de la mañana reinicié el camino, aunque con bastantes molestias en el gemelo cuando tocó subir y en la rodilla cuando se trataba de bajar. Además me surgió una pequeña ampolla en la base del pié izquierdo, pese a los cuidados de vaselina y alcohol de romero, producto de las recomendaciones previas.

Pese a todo, conseguí realizar la etapa de 24 kms, que es lo que separa Roncesvalles de Zubiri, y al llegar a destino

Un sendero saliendo de Roncesvalles
Un sendero saliendo de Roncesvalles

me dediqué a descansar en la piscina del pueblo, que está verdaderamente bien, máxime con el calor que me acompañó toda la jornada. No conseguí plaza en el albergue y me alojé en una habitación de un particular, bien equipada y con baño. En el recorrido de esta etapa he coincidido con dos chicas. A una de ellas, española, que hace el camino con toda la calma, me la encontré en CS1094una fuente donde yo paré para descansar y refrescarme y fué quien me facilitó unas pastillas de árnica para los dolores y crema para el gemelo. En la charla que mantuve con ella me dí cuenta de que tengo un error de planteamiento: he iniciado el recorrido con la idea de llegar a Burgos en 10 días, lo que me exige un ritmo determinado, y ahi está mi error: el camino es para disfrutarlo, para hacerlo al ritmo que corresponda en cada momento y caminar de forma tan preconcebida no es lo más adecuado, de modo que he

Junto al puente de la Rabia - Zubiri
Junto al puente de la Rabia – Zubiri

decidido olvidarme de mis proyectos y caminar al ritmo que el cuerpo y las circunstancias me permitan en cada momento, olvidándome de objetivos duros. Cerca del final de etapa me uní a una chica francesa que me dió agua (a mi se me había terminado y ya no encontraba fuentes donde aprovisionarme). Fuimos juntos hasta llegar a Zubiri. Fué una charla agradable, y me contó que ella inició su ruta en Francia, donde vive, y lo va realizando a razón de 10 dias cada año, sin prisa.

Mi primera experiencia – Dia 1

Corría el mes de julio del año 2006 cuando por fin conseguí programar unas fechas que me parecieron adecuadas para iniciar el camino, algo que había proyectado unos años atrás y que por diferentes razones no había llevado a cabo hasta entonces. En aquellas fechas estaba yo trabajando en Pontevedra, ya prejubilado del banco, y colaboraba en la reorganización de una empresa que era propiedad de un antiguo cliente.

Preparé mis vacaciones para la segunda quincena de julio, y de ese modo el día 15 de ese mes tomé el tren Coruña-Irún desde Ourense hasta Pamplona y desde esa estación directamente me fuí en taxi a Saint Jean Pié-de-Port, al otro lado de los Pirineos, donde deseaba inicial el recorrido. La partida la hice desde Ourense y fué mi amigo Julio (en cuya casa había dormido la noche anterior) quien me llevó a la estación para tomar el tren. Ese mismo día escribí, ya en el punto de partida, que el viaje hasta allí había sido bueno tanto en el tren como en el taxi, y el paisaje precioso, con bosques

Vista de St. Jean Pied-de-Port

espléndidos y excelente vegetación. «Apetece atravesarlos y dejarse llevar por la imaginación» escribí yo aquel día en mi cuaderno.

El Puente de St. Jean

En Saint Jean no conseguí plaza en el albergue, y me alojé en una casa privada que también ofrece habitaciones, no sin antes realizar un pequeño recorrido por el pueblo, que me resultó muy atractivo.

El recorrido lo inicié el lunes día 16 bien temprano, para que el calor no me resultase tan duro, y asi puedo decir que prácticamente vi amanecer ya en

El primer amanecer del Camino

marcha. Pero luego llegado ya al final de la primera etapa en Roncesvalles, decía yo que esa etapa había sido «de una dureza que no imaginaba; en varias ocasiones sentí calambres y tuve que hacer numerosas paradas para descansar, beber y tomar aire pues las piernas me flaqueaban; parecía que no se iba a terminar nunca; se veía una subida y cuando yo esperaba un tramo llano, más subida una y otra vez en una cierta agonía sin fin». Pese a todo hice los 27,7 kms de recorrido en 7 horas. En mi alojamiento de la primera noche estaba un italiano que inició la ruta al tiempo que yo, pero que llegó a Roncesvalles cuatro horas más tarde pero mucho mejor físicamente. Esa noche escribía que como resultado de todo ello estaba hecho polvo, con agujetas y dolor en todo el cuerpo, y con temor respecto de como habría de afrontarse la siguiente etapa. En todo caso, la experiencia la consideraba positiva.

Colegiata – Roncesvalles

Un vez terminada esa etapa y alojado en un hotel porque al llegar al final de la misma el albergue todavía no estaba abierto, después

Claustro de la Colegiata de Roncesvalles

de ducharme y descansar un rato, me fui a la Misa del Peregrino en la Colegiata de Roncesvalles, donde diariamente llevan a cabo una ceremonia con gracia, y se comenta la nacionalidad o procedencia de los peregrinos que se han registrado en ese día, siendo en esa ocasión de numerosos paises y también muchos españoles con diversos orígenes.

 

Los inicios

Fué allá por el verano de 2006 cuando comencé con lo que había de ser un devenir continuado por los diferentes recorridos de lo que denominamos Camino de Santiago, que hoy sin duda es uno de los motivos que multitud de personas utilizan para aplicar en sus vidas experiencias nuevas o repetitivas pero siempre gratificantes, como es el disponer de muchos momentos de quietud interior (mientras evidentemente se mueven físicamente), de oportunidades de conocer a otras personas, otras culturas, otras formas de vivir o de afrontar la vida y la realidad, y también -como no !- de las ocasiones para viajar de una forma diferente, con las incomodidades de los albergues, las inclemencias meteorológicas y la escasez de aprovisionamientos en muchos momentos.

Pero todo ello forma parte del «camino» y le da además un plus de interés para quienes lo hemos experimentado y ya forma parte de nuestro hábito en cuanto a una forma de vida diferente, y también a una necesidad que periódicamente nos demanda lanzarnos a un nuevo recorrido, a unos días de contacto con esa realidad diferente de la rutinaria para conocer a otras personas y disfrutar de unos días inmersos en esa realidad que tanto nos atrae.

Y desde ese comienzo en el año 2006, han sido ya al menos seis o siete travesías en diferentes momentos y con diferentes compañías, desde el inicio en solitario hasta los últimos recorridos con las que se han convertido en compañeras habituales, Mayi y Dora.

A punto de empezar un nuevo y más completo recorrido, iré desgranando en diferentes ediciones los recorridos realizados hasta la fecha, para quien tenga el deseo de conocer un poco lo que se vive en esos momentos y para a la vez guardarlos yo como referencia futura.

 

Roma, siempre eterna

Es verdad, Roma es una ciudad que siempre aparece igual de atractiva, igual de interesante, llena de turistas, con buena comida y un montón de alicientes para ser visitada de cuando en cuando. Por esa razón creo que seleccionamos este destino cuando, hace varios meses, atendimos a uno de esos guiños que Iberia y Vueling hacen cada cierto tiempo para meterte en vereda y animarte a que compres unos billetes teóricamente baratos. Y en esta ocasión fué Elena quien inició el tanteo y nos llevó al huerto. Pero hay que decir que aunque el viaje ha sido esta pasada semana, hace casi 6 meses que se compraron los billetes, creo que concretamente el 26 de septiembre de 2016.

Para mí esta fué mi cuarta visita a Roma, creo que igual para Ipi y la segunda o tercera en el caso de Rafa y Elena. Lo que nos daba a todos un plus de comodidad para seleccionar con criterio lo que queríamos ver, lo que queríamos hacer y cuanto tiempo estar. Y como hubo tiempo para preparar el viaje, al final eso se hizo en los últimos cuatro días. Lo hicimos entre todos, con un cierto reparto del trabajo (el trabajo en equipo siempre nos funciona bien), por eso Elena compró los billetes de avión y seleccionó la reserva de alojamiento, y también aportó en los últimos días alguna información sobre sitios de interés para visitar. Ipi se ocupó de ver lugares interesantes a los que acudir y también recogió de sus amistades y familia sitios donde degustar buena pasta, buenos postres, y visitas de interés. Rafa hizo la reserva del aparcamiento y la recogida en Roma para llegar al apartamento, nos llevó hasta la puerta del avión y se ocupó de fotografiar todos los aspectos recónditos de cada una de las visitas, completando asi la totalidad de fotos que entre todos hicimos. Son más de mil entre cámaras y teléfonos en los cuatro dias del vieja. Yo también trabajé, claro está, encargándome de planificar las visitas, situar en el mapa cada uno de los lugares de interés y recogiendo información escrita sobre lo que pensábamos visitar. Como dije, trabajo en equipo.

Asi pues, el viernes día 10 de marzo a las 8,30 de la mañana nos poníamos en ruta a Lavacolla para alli coger el avión de Vueling que nos llevaría drectamente a Roma. Curiósamente, y en contra de lo que ya viene siendo habitual últimamente, el vuelo salió a su hora y llegó a destino con exquisita puntualidad, aunque luego la recogida de maletas se alargó un poco. Tardamos también algo en localizar en el aeropuerto a nuestro chofer y una vez llegado al punto de destino hubimos de esperar unos minutos a que nos dieran acceso al apartamento, Suites Giulia, en el mismo centro de la ciudad, que por cierto resultó ser excelente, cumpliendo con creces lo que las fotos que lo anunciaban ya anticipaban. Una vez acomodados mínimamente, el propio Dario (nuestro alojador) nos asesoró sobre algunos restaurantes donde comer bien cerca del alojamiento. Y en pocos minutos nos plantamos en Tonino, una trattoría muy cerca de Piazza Navona y de nuestro lugar de residencia. Después de esperar unos minutos por la mesa (estaba lleno y había cola, aunque era hora de terminar la primera ronda de comidas) nos acomodaron, y nos dieron de comer. Todos pasta, excepto Ipi que tuvo que conformarse con una ensalada al no tener allí pasta «senza glutine» como los italianos denominan a la comida libre de gluten. Aunque todos comimos bien, creo que quien mejor acertó en la elección fui yo, con unos macarrones con jugo de ternera que desde que entramos al local le ví a una comensal y me llevaron los ojos.

Tras la comida, comienzo de visitas… Piazza Navona, continuando hacia el Panteón y Fontana di Trevi, y luego Piazza de Spagna. Con una parada intermedia en Piazza de San Eustaquio para degustar un buen café en la cafetería del mismo nombre, lugar destacado por las guias turísticas. Desde la plaza de España, regreso por Via Condotti buscando ya lugar donde cenar. Y encontramos un sitio que nos gustó, l’Antica Enoteca, pero ya a esa hora estaba completo, por lo que decidimos hacer reserva para la cena del domingo. Continuando nuestro camino y buscando algún «gluten free», llegamos a otro de los sitios previamente recomendados, que resultó ser Bar del Fico, cerca ya de la calle Giulia. Después de muchas consultas vimos que no era posible asegurarse de que carne y pescado estuvieran libres de trazas, asi que Ipi nuevamente recurrió a la siempre humilde ensalada y los demás tomamos otro tipo de pastta, risotto o un tartar con varias especias. El local no está mal, pero estaba lleno a rabiar y había bastante ruido, por lo que no cabe calificarlo de fenomenal. Simplemente bien y en cuanto a la comida destaca el Risotto con mariscos que me tomé y compartí con Rafa. Y de allí al alojamiento, a descansar y prepararse para otra jornada de visitas, más intensa que la primera.

Triste Ensalada
Navona-Fuente 4 Rios
Navona-Fuente Neptuno
Musicos Callejeros
Artista Callejero
Plaza de España

 

 

 

 

 

 

 

Nuestra segunda jornada comenzó sobre las 9 de la mañana y cerca del apartamento encontramos un buen lugar para desayunar. No era nada espectacular, pero el zumo de naranja (naranjas sanguinas) era bueno, igual que el café y las tostadas. Para Ipi no había nada especial, de modo que usaba las galletas que ya llevaba de Coruña. Allí hicimos los tres desayunos y nos atendieron bien. Imagino que el martes nos habrán echado en falta. Y después del desayuno programamos un plan de visitas que empezando en Campo di Fiori, para ver el mercado de frutas, verduras y flores, además de numerosos puestos de pasta y mercadillo en general, nos llevó luego a la Iglesia del Gesu, fantástica, donde pudimos ver una estatua de un cristo de Miguel Angel, además de una ornamentación espectacular y unos frescos increibles. Alli nos lanzamos a fotografiar todo con sumo detalle, para luego seguir a Sta. Maria Sopra Minerva, delante de la cual está la estatua del elefante de Bernini. Por el camino, siempre lleno de gente, turistas en su gran mayoría, tuvimos ocasión de escuchar a un violinista frente al Panteón y en la Piazza della Piedra a una banda de música que interpretaba temas variados. Seguimos ruta hacia la Fontana di Trevi nuevamente, y cerca de allí aprovechamos para comer en la Hostería Trevi, donde sí tenían carta «gluten free» (así Hostería con H, que quiere decir que es un restaurante o trattoría, ya que según averiguamos, Ostería sin la H es más bien un lugar donde tomar bebidas, más tipo bar). Por fin Ipi pudo degustar pasta por vez primera, libre de gluten. De la comida, sin duda lo mejor una Lasagna que tomé yo. La comida la hicimos en una hora temprana (poco después de las 12 del mediodía) porque a las 14,30 horas teníamos la reserva para visitar los Museos Vaticanos y considerábamos que nos hacía falta el tiempo para llegar. No nos equivocamos, porque aunque aparentemente estábamos cerca, la verdad es que la entrada dista bastante de la Plaza de San Pedro, y hubimos de recorrer más de 2 kms. para llegar a la entrada de los Museos con tiempo suficiente. Durante el trayecto matinal, Elena fué haciendo acopio de diversos medicamentos para sus dolencias de garganta en cuanta farmacia encontraba al paso.

Ya dentro de los Museos Vaticanos, realizados los trámites de acceso y demás, un guía nos recibió al grupo de 37 personas que componían la visita en español y nos fué anticipando un poco de lo que sería el recorrido, pero basando las explicaciones fundamentalmente en los detalles de la Capilla Sixtina, aunque antes de llegar allí hicimos un amplio recorrido por otra serie de salas, muy interesantes y repletas de frescos, estatuas, pinturas, tapices, etc. Mención especial suponen las estancias de Rafael, justamente las que se visitan antes de llegar a la Capilla Sixtina. El guía, que terminaba su recorrido con nosotros justo al llegar a la Capilla, nos indicaba que tras la visita a la Sixtina podíamos continuar por la Pinacoteca o salir directamente a la Basílica, sin esperar otra cola. Evidentemente optamos por esta segunda opción, habida cuenta de que ya habíamos visto mucha pintura y queríamos visitar la basílica antes de ir al Trastevere, que sería el final de la jornada. En la Capilla Sixtina no pueden hacerse fotos, motivo por el cual de ahí no tenemos ninguna, pero nos cansamos de fotografiar todo lo anterior y también el interior de la Basílica, con la escultura de La Pietá, de Miguel Angel entre otras maravillas. Aprovechamos también para colarnos hasta el altar mayor, donde estaban celebrando misa antes de salir y pasear luego por la propia Plaza de San Pedro. Tras dejar atrás el Vaticano, hicimos un paso por el apartamento para coger algo de ropa de abrigo las chicas y un ligero descanso antes de ir a cenar.

Y como ya comenté, para terminar la jornada nos dirigimos al Trastévere,  que estaba animadísimo por ser sábado y porque además imagino que está siempre lleno de turistas. Allí visitamos la Iglesia de Santa María in Trastévere, donde estaban oficiando misa, y después de recorrer un poco la zona esperamos para conseguir mesa en Tonnarello, un restaurante que nos habían recomendado y que resultó ser francamente bueno. Además había pasta para Ipi con lo que pudimos todos comer a gusto. Fué un estupendo cierre del día, y tras la cena regresamos caminando hasta nuestros aposentos, para disfrutar de un merecido descanso después de una intensa jornada.

El tercer día, domingo, habíamos reservado las visitas de Foro y Coliseo, también para las 14,30 horas, con lo que programamos la mañana para hacer visitas que estaban pendientes. Una de ellas era pasar de nuevo por Piazza de Spagna, para verla de día y subir la escalinata que está frente a la embajada de España. Tras el desayuno en el mismo sitio del día anterior, tomamos esa ruta, pero pasando previamente por Piazza Navona, Panteón y Fontana di Trevi, ya que estaban en el camino. La iglesia de la Trinitá, que está en lo alto de la escalinata, no tiene mayor interés, pero sin embargo desde lo alto se divisa una bonita e interesante vista sobre Roma. Y desde alli nos fuimos directamente a San Carlo, que está en el cruce de 4 Fontani, desde donde se divisan tres obeliscos (Trinitá, Quirinalle y Santa Mª Maggiore). La iglesia de San Carlo, bastante austera, tiene sin embargo su encanto, aunque como estaban en misa no pudimos verla con detenimiento, de forma que continuamos ruta a la iglesia de Sta.Mª della Vittoria, donde se encuentra la estatua denominada El Extasis de Sta.Teresa, de Bernini. Una verdadera joya. Y continuamos nuestra ruta, con dirección a otra iglesia, Sta. Mª Maggiore, una de las cuatro basílicas de Roma, y que pasa por ser la iglesia de mayor tamaño dedicada a la Virgen Maria. Desde luego es impresionante y para acceder a ella hubimos de pasar control de seguridad, algo que solo habíamos tenido que pasar en los Museos Vaticanos. Desde allí el punto de encuentro para el recorrido por Foro y Coliseo estaba muy próximo, por lo que decidimos localizar un lugar para comer algo de forma apresurada y no llegar con el estómago vacío a la visita. Localizamos un restaurante justo al lado de la agencia desde donde partía nuestro bus, y alli comimos, un tanto deprisa.

El programa del Coliseo empezó con un corto recorrido en bus que nos llevó hasta la base del Coliseo. Nos acompañaba Vanesa, una guía italiana que debe hacer pocas veces esa visita porque, aunque se conocía la historia a fondo, la forma de transmitirla era un tanto peculiar. Y dió muestras de esa falta de práctica cuando nos dejó medio colgados para ir a recoger las entradas, mientras nombraba a Elena «dirigente» del grupo a cuyo fin le cedió su bandera indicativa. El grupo, de 17 personas, constaba además de nosotros de unos cuantos turistas procedentes de Miami, otros mejicanos y otros cuya procedencia no recuerdo ahora. En el Coliseo recorrimos únicamente la planta de base, desde nos fué contando la historia de la construcción, antecedentes y desarrollo a través del tiempo. De allí regresamos al bus, para llevarnos a la zona del Museo Capitolino, próximo a donde se situa la estatua de la loba amamantando a Rómulo y Remo y desde un alto próximo tener una visión general del Foro, con las explicaciones pertinentes. Y en un tercer recorrido de bus nos llevaron luego hasta otra zona próxima al Coliseo para hacer la visita de la iglesia de San Pietro in Víncoli, donde está la estatua del Moisés, de Miguel Angel. Ya no volvimos al bus porque desde alli nos dirigimos a pie a visitar la iglesia de San Giovanni in Laterano, la catedral de Roma. Cuando llegamos estaba ya cerrada y tan solo pudimos ver el baptisterio, que está en una capilla contigua. De camino a esta última visita hicimos una parada para tomar un café y otra para comprar Ipi unos yogures que le permitiesen completar su desayuno a base de cereales.

Terminamos el recorrido de la tarde paseando por los alrededores del Coliseo para una vez más fotografiarlo desde distintos ángulos aprovechando además la circunstancia especial de que hemos tenido estos días luna llena y nos ha facilitado preciosas instantáneas de los monumentos romanos. Y como el tiempo se agota, rápidamente desde allí tomamos ruta de regreso hacia nuestra reserva para cenar, pasando eso sí, por los Foros de Adriano y de Trajano y la Piazza Venezia, desde donde recorrimos Via del Corso hacia el norte y caminamos entre calles para llegar en hora al restaurante, no sin antes una simple parada a fotografiar, una vez más aunque esta vez de noche, la Fontana di Trevi. La cena la teníamos reservada desde el viernes en L’Antica Enoteca, y la verdad es que mereció la pena la reserva, porque estuvo francamente  bien, con productos

 

 

adaptados a las necesidades de los celíacos. Y ya no tomamos postre porque nos reservábamos para degustar los deliciosos productos de Pompi Tiramisú, que está casi al lado del restaurante donde cenamos. Estaban ya cerrando pero merced al buen rollo de Rafa nos abrieron y pudimos probar cuatro variedades de Tiramisú: el clásico, con fresas, con nueces y por último el especial sin gluten. El regreso a casa lo hicimos en taxi, debido a que mis pies ya pedian descanso tras una jornada de tanto paseo (creo que hicimos más de 18 kms, según el Endomondo de Rafa). Y todavía nos quedaba la media jornada del lunes por delante.

 

 

Y llegó el lunes día 13, fecha de regreso, aunque como el vuelo lo teníamos por la tarde, tuvimos tiempo de programar una serie de visitas durante la mañana. Tras el desayuno en el sitio de costumbre, y después de haber dejado los equipajes ya en el Hotel Indigo, contiguo a nuestras suites, nos dirigimos hacia el Trastevere, para hacer un recorrido de día en las calles que solo habíamos conocido en la noche que fuimos alli a cenar. Transitamos por aquellas calles, no tan concurridas como en la noche del sábado, pero con un ambiente interesante, pasando por un mercado y llegando finalmente a la iglesia de San Francesco a Ripa (en definitiva debe ser el mismo S.Fco. de Asis) para alli poder admirar otra de las estatuas significativas de Bernini: El Extasis de Ludovica Agripa. Tiene la misma factura de la ya vista de Santa Teresa, pero menos santa y más erótica (dentro de lo que cabe, por supuesto). Cuando llegamos a la iglesia no había nadie en el interior, pero luego llegó un grupo de turistas que casi nos arrinconan. Continuamos nuestro recorrido para llegar a la Bocca della Verita, donde tuvimos que hacer un rato de cola para poder dejar prueba gráfica de nuestra presencia y de que no se nos tragó la boca nuestras manos. Y ya alli, visitamos la iglesia aneja, para posteriormente recorrer un par de calles que nos llevaron a Piazza Venezia, para observar con detalle la estatua de Vittorio Enmanuelle II que ya habíamos visto, aunque de prisa, la noche anterior.

Con una parada previa para tomar algo en una terraza, desde alli hicimos ya viaje de regreso hacia nuestra zona de residencia para comer en Da Francesco, uno de los lugares que nos había recomendado Dario, el hostelero. También valió la pena el desplazamiento porque comimos muy bien, y pudimos alli probar las alcachofas que se exponian no solo en los mercados sino en muchos restaurantes como un producto de temporada. Son algo diferentes a las que vemos por aqui, tal vez algo más gruesas y con un color rosado. La preparación (fritas) fué excelente y tomamos nota para poder importar la receta. Y para remate, el postre lo dejamos para saborear los helados de Tre Scalini, una famosa heladería de Piazza Navona. Precisamente en la plaza, aprovechando el sol de mediodía, nos tomamos los Tartufo Nero que era el helado de referencia en ese lugar y del que habíamos leido en las guias turísticas de Roma. Y aunque nos dijeron que era también «senza glutine» debió ser un cuento chino o más bien un «cuento romano» porque Ipi, que tenía de maravilla su estómago en todos los dias del viaje, llegó a casa ya con molestas intestinales que achaca a ese último postre.

Asi concluyó nuestra estancia romana, ya que solo nos dió tiempo a tomar un rápido café en el Hotel Indigo mientras esperábamos el taxi que nos trasladaría a Fiumicino para tomar el avión de Vueling que nos trajo de regreso a Santiago. En síntesis, una nueva experiencia fenomenal del grupo que no hace sino dejar ese buen regusto para organizar nuevos destinos siempre que el bolsillo y la buena gestión de los dineros nos lo permitan en un futuro.

 

Dia de reencuentros

Sucedió hace una semana, concretamente el jueves de la pasada semana, dia 9 de marzo. Estaba yo en la Plaza de Orense, esperando a Ipi, y coincidió que pasaba por alli una manifestación de estudiantes y docentes en contra de la LOMCE, con bastante afluencia de gente, por cierto. Estuve un rato viendo como discurría la marcha y en lugar de aparecer Ipi, de repente me encontré frente a mi a Carmen Cansino, la que fué mi primera novia, allá por el final de los años 60  y principios de los 70 del siglo pasado. Por cierto, esto de hablar del siglo pasado parece que nos hace mas viejos….

Pero vuelvo al encuentro. Decía que me la encontré frente a mi de repente, después de más de 25 ó 30 años de no verla. Habíamos hablado hace como 8 años o asi, cuando murió su hermano y la llamé para manifestarle mis condolencias. Por aquel entonces supe que estaba dando clase cerca de mi casa, en el I.E.S. de Oleiros, e incluso a raiz de aquella charla un día nos cruzamos en los coches entre Coruña y Oleiros. Pues el jueves, tras saludarnos, nos contamos asi, por encima, algunos detalles sobre nuestras vidas. Ella está tambien jubilada desde hace algo más de un año (tiene mi edad, tal vez unos meses menos que yo) y no hace nada. Tiene una hija que después de numerosas becas, másteres y demás, ahora trabaja en Londres. Le pregunté sobre sus antiguas amigas de Orense, que a la vez también fueron amigas mías, aunque yo perdí todo contacto. Parece que también ella está desconectada, y eso que con una de ellas, Raquel Fernandez Pereira, tiene un vínculo por ser madrina de una hija, creo recordar. En estas fotos, una mía con Carmen en aquellos años y otra del grupo de amigos de Club Rutas.

Como dije, Carmen fué mi primera novia y aquella relación duró casi tres años y se terminó porque, a raiz de marcharse a vivir su padre a Tenerife, ella se fué también y aunque durante un tiempo viajábamos yo a Tenerife y ella a Orense o Coruña, en 1972 consideró que era mejor dejarlo, y ahi se quedó la cosa. Pasados los años, un día me la encontré en A Coruña, justo delante de la oficina del Banco Occidental en Sánchez Bregua, y me enteré de que se había venido a vivir aqui con su pareja. Luego recuerdo haberla visto alguna vez en La Zapateira, en las instalaciones del Casino, pero de eso hace unos 30 años.

Me alegró de verdad el encuentro, y charlamos durante un rato, ya que fuimos caminando juntos hasta la Plaza de Pontevedra, puesto que ella iba para casa (vive en Peruleiro) y yo en dirección al Playa, a la reunión de los jueves de los Bebeuvas.

El segundo agradable encuentro se produjo un par de horas después. Justo ese día se celebraba la despedida de José Luis Aguiar, el que fué compañero mío durante años en diferentes puestos en el Banco. La comida-homenaje se organizó en el Hotel Finisterre y allí me encontré a numerosos compañeros de esos que hace años que no ves. Pero entre las personas allí congregadas, me resultó especialmente agradable encontrar a Carmen, la que fué mi secretaria-compañera y analista de riesgos en la etapa de Banca Hipotecaria, tras la fusión BBVA, cuando regresé de Oviedo a Coruña para hacerme cargo de la Dirección de Zona de Galicia-Asturias. Creo que no había vuelto a encontrarme con Carmen desde que me fuí a Zaragoza o tal vez una vez que pasé por la oficina un año después, pero en todo caso desde la última vez que nos vimos han transcurrido casi 15 años.

Por lo visto sigue haciendo lo mismo, es decir es analista de riesgos hipotecarios en el mismo departamento, que ahora no sé como se llama exactamente. La encontré estupendamente, y aunque está deseando pre-jubilarse, parece que lo tiene complicado porque el Banco este año ha cambiado su programación y no dejan irse a nadie hasta que cumpla los 59 años. Es curioso que, viviendo ambos en Coruña no hayamos coincidido en alguna ocasión en algún lugar. Bien es cierto que ella vive en Perillo y yo en Sada y por lo que dice, viene directa al trabajo y apenas hace vida en Coruña.

Como dije fué un encuentro agradable y además al coincidir con muchos otros compañeros, tuve la oportunidad de encontrarme también con otras personas que tampoco veo habitualmente.

El último de los encuentros lo tuve en el regreso a casa. Fué en los jardines, frente al Kiosko Alfonso. Me tropecé con mi amiga María que iba acompañada por su hija Alba, a la que no veía desde hace años. Parece que, terminados sus estudios, trabaja ahora también en la clínica con sus padres. Fué solo el momento de saludarlas porque estaban montando en bicicleta que se iban a una clase o algo así y ya era tarde. Solamente me preguntó si me había hecho los implantes, y comenté que lo hará en breve, aunque al comentar que me iba al Camino de Santiago, me recomendó que lo deje para el regreso. Debieron de verme bien, porque un día después en un whatsap al tiempo que me reiteraba que no es conveniente meterse en los implantes antes de ir a hacer el Camino, me dijo que me había encontrado «tan fantástico como siempre, has hecho un pacto con el diablo».

Lo cierto es que debe ser verdad que se me ve bien, y eso es que llevo una vida apacible al menos en lo que respecta a mi relación de pareja, que me ayuda a sobrellevar los «problemillas» derivados de nuestras relaciones con madres e hijos.

En fin, una jornada singular por lo de los reencuentros, que terminó regular con el empate del Depor en el partido aplazado contra el Betis.

 

Mis viajes : Francia 1967

Hoy voy a empezar a escribir sobre los viajes realizados en diferentes épocas, viajes que me han dejado un recuerdo importante y que periódicamente vienen a la memoria con motivo de escuchar una noticia, de comentar una situación o de recordar a una persona determinada. Y lo hago porque estoy seguro que dentro de unos años mi memoria no será igual y que este blog me servirá de «disco duro» para poder rememorar, si fuese preciso, alguno o algunos de aquellos acontecimientos.

Y para empezar, evidentemente me remito al año 1967 que fué mi primer viaje importante, cuando mis amigos franceses (Yves y Christine) me invitaron a visitarlescris-1 en su casa de Paris durante el mes de julio de aquel año. Yo por entonces había terminado mis estudios de preuniversitario y desde un año atrás tenía aprobado el examen de ingreso en el Banco Hispano Americano, sin fecha concreta de comienzo a trabajar. A Cris la había conocido años atrás, en un verano en Santa Cruz, y yves-y-crisdesde entonces nos escribíamos durante el invierno, con lo cual yo practicaba mi francés y ella el español.  Por cierto, mi primera foto con ella, al día siguiente de haberla conocido, fué un tanto fallida ya que era la última de un carrete y yo salí velado, con lo cual me quedé con las ganas de presumir de amiga francesa entre mis amigos coruñeses. Fué hecha con una máquina de fotos antiquísima, que mi padre tenía y que operaba con «carretes de 6 x 9 de pase ancho» (así es como había que pedirlos cuando se compraban). Queda aqui como recuerdo esa foto de Cris y otra que ella me mandó desde Francia con su hermano Yves.

El viaje comenzó en Santiago, a donde mis padres me llevaron desde Santa Cruz ya que estábamos allí pasando el verano. Y empezó en Santiago porque se trataba de un viaje en el bus de la empresa Anpian, de Ourense, que hacía el trayecto hasta Paris en un recorrido de más de 30 horas de duración. De modo que empecé en Santiago un día sobre las 3 de la tarde y llegué a Paris al día siguiente cerca de las 10 de la noche. Era mi primer viaje importante y además solo porque con anterioridad solo en 1963 había viajado a Madrid con mis padres y en ese mismo año 1967 había ido con los compañeros de estudios en un viaje de fin de curso a Valencia y Barcelona.

Ya en Paris, durante aproximadamente dos semanas mis amigos (Yves, dos años menos que yo y Cris, 4 años menos) me pasearon por la ciudad visitando parques, calles, mercados, etc. Para las visitas de mayor enjundia, ibamos con sus padres lógicamente, pero durante las mañanas nosotros recorríamos Paris con total tranquilidad y libertad. De aquella estancia me quedan recuerdos importantísimos, ya que recorrimos todos los lugares y monumentos «imprescindibles» de la ciudad, y también me llevaron a conocer algunos lugares de los alrededores, como Versalles y su impresionante palacio y jardines. Durante uno de esos  paseos por las calles de la capital francesa, en concreto el día 10 de julio,  beatles-sgt-peppers-portadafué la compra del discobeatles-sgt-peppers de los Beatles que acababa de publicarse, Sgt. Peppers, que guardo desde entonces como una de las joyas de mi discoteca. La fecha no es que la recuerde, sino que figura en el propio disco, del que dejo aqui constancia gráfica, hoy ya bastante deteriorado en la cubierta ya que tiene casi 50 años. Pese a todo, y tal vez porque a Paris he regresado en muchas ocasiones y todo lo he vuelto a ver y de ello tengo recuerdos más recientes, la parte que ahora quiero resaltar de ese viaje es lo que vino a continuación, que fué el paso por Toulouse y los Pirineos.

Mis amigos vivian en Toulouse cuando yo los conocí, en el verano de 1964, y trasladaron su residencia a Paris varios años después, a causa del toulousetrabajo de Jacques, su padre. Pero en Toulouse continuaban viviendo los abuelos maternos de Yves y Cris, en casa de los cuales pasamos luego una semana. Si en Paris los chavales nos movíamos con libertad, en Toulouse la cosa era similar aunque evidentemente había muchas menos cosas que visitar. La casa de los abuelos era algo asi como lo que hoy llamamos un chalet individual en una urbanización, aunque en aquella zona todas las viviendas eran similares, con un pequeño jardín exterior que daba directamente a la calle. Sus abuelos eran unas personas entrañables, al igual de Giselle, la madre de mis amigos, que a mi me quería yo creo que como futuro yerno, algo que evidentemente nunca llegó a producirse, aunque ella lo ha reconocido hace no muchos años. Por aquellas fechas, Cris era la chica que me gustaba y en aquel viaje a Francia a estar en su casa, cada día junto a ella, había puesto yo muchas esperzanzas, que no resultaron seguramente porque ella tenía ya sus ojos puestos en otra persona. El hecho es que me sentí frustrado en parte.

Y de Toulouse el viaje y estancia francesa se prolongaron una semana más en la casa que los abuelos tenían en Arac, un pequeño pueblecito de los Pirineos, cerca de la ciudad de St. Girons. El lugar estaba en una zona alta, rodeada de otros pueblos más importantes, como Le Port o Massat, y cerca de un pequeño lago (L’ Etang de Lers) lugares todos ellos que pateábamos en nuestros paseos con el abuelo de mis amigos. Recuerdo que fué un mes caluroso,arac que en el monte realmente hacía calor y que los tábanos nos acribillaban, a mí especialmente, por lo cual había que estar durante los paseos por el monte siempre provisto de una sudadera para dar poca cancha a mosquitos y tábanos. Posiblemente de estos días de Arac son mis recuerdos más agradables, porque nunca volví por allí y me habría gustado hacerlo. Sé que hace unos cuantos años, ya fallecidos los abuelos, Giselle vendió su casa y ha dejado de ir por allá. Una anécdota de aquellos días, negativa por cierto, es que cuando yo trataba de congraciarme con Cris para que me hiciese un poco de caso, en una ocasión entré al baño de la casa cuando ella estaba dentro, habiéndose olvidado de cerrar la puerta y aunque de inmediato dí marcha atrás, ella se mosqueó más conmigo. No vi nada que le pudiese molestar, pero aumentó su enfado. Allí, en Arac, conocí también a unos primos carnales de Yves y Cris algo mayores que nosotros de los cuales guardo testimonio gráfico y que eran muy agradables, a la vez que ella muy guapa, por cierto.

Tras la estancia en los Pirineos, regresamos a Paris para preparar las maletas y hacer el viaje a España al terminar julio, para ellos disfrutar de sus vacaciones anuales en Santa Cruz, mi lugar de veraneo y donde yo los había conocido años atrás, como ya comenté al inicio. Jacques tenía por aquel entonces un Renault 16, coche que apenas se veía en España y que estaba muy bien valorado. El viaje lo haríamos por carretera, de un tirón desde Paris, y previamente hicimos una parada en Orleans, donde había unas naves de la empresa en la que Jacques trabajaba y donde tenía guardado su nuevo velero, de la clase 420, que nos trajimos a España montado sobre el techo del R-16. De ese viaje de regreso en el que pasamos toda la noche en la carretera, recuerdo que yo venía en el centro del asiento trasero y apenas dormí nada, mientras Cris de un lado e Yves del otro dormían a pierna suelta apoyados cada uno en mis hombros. Recuerdo que paramos a comer en Tordesillas, donde por primera vez probé el gazpacho, que por cierto no me gustó nada aunque reconozco que lo que allí nos sirvieron no se parece en nada a lo que hoy yo tomo habitualmente o al que se puede degustar en cualquier punto de Andalucía.

El viaje terminó en Santa Cruz a última hora de la tarde, donde nos esperaba toda mi familia y los amigos habituales de la pandilla de verano, de los cuales hablaré en otro momento, ya que también mis recuerdos de verano son lo mejor de aquellos años.

 

Soria, esa desconocida.

Como cada año, llegadas estas fechas Ipi y yo nos hacemos un viajecito para celebrar nuestro aniversario, el noveno en esta ocasión. Y dentro de las múltiples posibilidades que barajamos, terminamos viajando a Soria, por donde yo no pasaba desde hace 50 años, cuando el viaje de fin de curso del bachillerato. Como dicen los amigos, la progresión de los últimos años ha sido decadente de forma acelerada, si tenemos en cuenta que hace un par de años estuvimos en Dubai y Maldivas y el año pasado en Marrakech. Pero hay que conocer España, y en este caso Soria es una provincia casi desconocida para nosotros y que tiene preciosos parajes para recorrer, algunos de los cuales han quedado pendientes para un futuro nuevo viaje por la zona.

La elección del lugar vino derivada de haber buscado inicialmente un alojamiento del tipo de casa rural y encontrar lo que nos parecía una buena oferta en Valdeavellano de Tera, un hotel termal en medio de la provincia y cerca de lugares tan atractivos como Numancia, la Laguna Negra y los Picos de Urbión o el cañón del Rio Lobos, entre otros. Después de numerosas consultas terminamos seleccionando ese hotel y allá nos fuimos el jueves 15 de febrero, después de haber cenado la noche de San Valentín con nuestros amigos Elena y Rafa en La Barbería, donde por cierto habíamos degustado un rico vino de la zona de Arlanza, próxima a nuestro destino en Soria.

Hay que tener en cuenta también que otro objetivo calculado previamente era comer a la ida en Villalcazar de Sirga, en el restaurante que duranteimg_8087 mi paso por aquella zona en el recorrido del Camino de Santiago me había dejado tan grato recuerdo. Y otro punto de parada era el Monasterio de Santo Domingo de Silos, para conocerlo y escuchar los cantos gregorianos de los monjes en sus actividades habituales.

img_8078img_8085Calculado todo ello, llegamos a Villalcazar a la hora de la comida, sobre las 2 de la tarde. Aquello estaba prácticamente vacío y en el restaurante de Pablo el Mesonero solo había un par de personas comiendo, aunque luego gtras nuestra llegada se incorporó un grupo de otras 6 ó 7 personas. Alli nos sirvieron los productos característicos: Morcilla, Lechazo y de postre Leche Frita, y regado con un vino de la casa. En conjunto, una comida excelente, cumpliendo asi yo mi capricho de rememorar ese lugar, ya que cada vez que he tenido ocasión de viajar por la autovía del Camino de Santiago y pasar cerca de Villasirga me 6h5a2006quedaba con las ganas de parar a comer. La impresionante iglesia del pueblo estaba cerrada, por lo que no pudimos visitarla y nos limitamos a dar una vuelta alrededor de la misma y observar los pórticos de sus puertas.

Tras la comida, continuamos camino a Santo Domingo con la idea de llegar a visitar el Monasterio y escuchar los cantos de los monjes.6h5a20296h5a2289 Sin embargo, cuando llegamos, recién cumplidas las 6 de la tarde, vimos que ya no era posible la visita al claustro (única parte visitable del monasterio, además de la iglesia) y dado que los cantos no eran hasta una hora después, aprovechamos para hacer un recorrido por el pueblo, para estar puntuales como clavos a las 7 en la iglesia. Tuvimos suerte y pudimos escuchar las «Vísperas» que son los rezos de la tarde, con una duración próxima a los 45 minutos, de los cuales casi 35 minutos son de cantos. Una delicia escuchar a los 21 monjes recitar sus oraciones mediante cantos gregorianos. Y una experiencia que cumplió las expectativas que habíamos depositado en esa visita. Nos quedó, sin embargo, pendiente para una segunda ocasión la visita al claustro, que dejamos para uno o dos dias después.

Y desde Silos, directamente a Valdeavellano, a donde llegamos poco después de las 9 de la noche. El pueblo parecía un sitio fantasma, ya que no había nadie por las calles e incluso pensamos que estaríamos solos en el hotel, aunque a la mañana siguiente en el desayuno comprobamos que el hotel estaba prácticamente completo. Para poder cenar algo, o más bien tomar una cerveza y estirar un poco las piernas encontramos el que creo que es el único bar-restaurante del pueblo, donde la gente veía por tv el partido de futbol entre Real Madrid y Nápoles. Estuvimos alli solamente el tiempo de tomar una cerveza y unos pinchos antes de ir a dormir, para al dia siguiente desayunar a primera hora y aprovechar la jornada.

El jueves 16, tras el desayuno y pese a que inicialmente proyectábamos volver a Silos para la visita al claustro y seguir luego a Lerma y Covarrubias (Ipi había leido que esas tres poblaciones forman el triángulo de Arlanza y que valía la pena la visita), pues finalmente cambiamos de plan, un poco por indicaciones del propietario del hotel. Nos informaron que no iba a ser posible la excursión a Picos de Urbión y Laguna Negra porque en esta época del año está lleno de nieve y no se puede acceder alli, de modo que lo dejamos para mejor ocasión. img_8095Y en cambio nos aconsejaron hacer ese día la visita a Numancia, a donde llegamos a las 11 de la mañana y aunque esa hora de visita estaba ya completa para los escolares de un colegio de img_80936h5a20636h5a2057Valladolid, nos acoplamos al grupo para poder oir las indicaciones del guía, aunque luego seguimos por nuestra cuenta ya que se paraba en exceso en explicaciones para niños. De la ciudad celtíbera no queda nada, ya que fué arrasada por los romanos tras tenerla sitiada durante más de un año. Sobre la antigua ciudad los romanos construyeron la suya, y de esta quedan restos que permiten visualizar la organización de la misma, sus calles, aljibes, etc. Hay un par de construcciones que reproducen la casa típica celtíbera y la romana. Fué interesante el recorrido por aquellas ruinas que forman parte de la historia que estudiamos de pequeños en el instituto.

Y de Numancia, a Soria capital, donde lo único que encontramos de interés fué la iglesia de Santo Domingo, que valió la pena visitar. La ciudad esimg_8097 posiblemente lo menos interesante de todo el viaje. Tiene una población que no llega a 40.000 habitantes y nos limitamos a tomar una cerveza y img_8096probar los torreznos, a la vez que comprábamos la mantequilla con denominación de origen de Soria. Y sin perder más tiempo seguimos camino hacia Calatañazor, el pueblo que dió nombre a la famosa batalla en la que los cristianos derrotaron al moro Almanzor. Se dice que allí «Almanzor perdió el tambor» pero parece ser que la referencia al tambor es que allí empezó su declive y lo que perdió fueron las ganas de vivir y la salud. Perdió la «presencia de ánimo».

Calatañazor es un bonito pueblo, rodeado completamente por una muralla y enclavado en lo alto de una colina.6h5a2139 En la actualidad tiene unos 100 habitantes censados, pero según el alcalde, de forma habitual duermen allí solo una docena de personas, aunque los fines de semana hay numerosos visitantes y en verano también aumenta notablemente la población. De los varios restaurantes que hay en el pueblo, (son casi todos del mismo propietario) a diario solamente hay uno abierto, el que está en la Casa Rural 6h5a21256h5a2149Calatañazor, donde pudimos degustar unos torreznos típicos, un delicioso revuelto de hongos y Conejo escabechado. Hubimos de esperar un poco para comer ya que justamente cuando llegamos estaba el equipo de España Directo grabando en la cocina del restaurante cómo la dueña preparaba unas típicas «Migas del Pastor». En una tienda del pueblo compramos varios tipos de queso de la zona y el propietario nos dió una lección magistral sobre Almanzor, su vida y hazañas y nos contó un montón de particularidades del entorno. En definitiva, una interesante visita y muy ilustrativa sobre la historia, la comarca y la vida de los sorianos.

Y para terminar la jornada seguimos el recorrido hasta La Fuentona, que es una pequeña laguna donde nace el río Abión. 6h5a2169Tiene una cascada que en esta ocasión no pudimos ver porque no tenía apenas agua. La laguna tiene un color verde-azulado debido a las particularidades del agua que mana y está declarada como Monumento Natural. Para llegar a ella hay que recorrer a pié alrededor de un kilómetro desde el aparcamiento. Valió la pena la visita aunque fué una lástima no poder contemplar agua en la cascada.

Desde La Fuentona regresamos directamente al hotel, ya que a partir de las 7 de la tarde nos esperaba una sesión de spa y masajes en camilla. El spa bien sin más. Estuvimos un buen rato en el jacuzzi, alternandolo también con los pasos por la sauna y el baño turco. Y la sesión de camilla de masajes, un rollo, porque los masajes se reciben mientras estás tumbado en la camilla a partir del recorrido de un rodillo que te machaca la espalda. Mas que un disfrute fué casi un tormento. Y después de tanto relax y de la buena comida que habíamos degustado, ya ni siquiera nos animamos a salir a cenar.

6h5a2265El viernes 17 finalmente hicimos el recorrido del ya comentado triángulo de Arlanza. Fuimos directamente a Silos para visitar el claustro, que es precioso, aunque el guía que nos acompañó fué un peñazo. Era como quien lleva un audioguía, pero peor. Monótono en sus comentariosimg_8109 parecía una grabadora, aunque sin duda nos dió mucha información sobre los detalles de la 6h5a2209construcción del claustro 6h5a2239que es realmente fantástico. Y en el claustro, el ciprés de más de 25 m. de alto al que el poeta Gerardo Diego dedicóun hermoso soneto. El ciprés es el que sobrevive de los cuatro que se situaban en otras tantas esquinas del claustro.  Además del claustro se visita la antigua botica, biblioteca y un pequeño museo, pero valió la pena recorrer los 105 kms que separan Silos de Valdeavellano.

Para completar el recorrido del triángulo, de allí nos dirigimos a Lerma, antigua ciudad ducal que realmente poco tiene que ver. Lo mejor el Palacio Ducal hoy convertido en Parador. Tiene una hermosa plaza mayor, aunque está delucida porque se utiliza como aparcamiento y está llena de coches. 6h5a2327Tras un pequeño recorrido por sus callejas, aprovechamos para comprar productos típicos de la zona, como los torreznos, morcilla de Burgos, Lechazo y mantequilla, además de vino de Arlanza y queso de oveja churra, que es la que genera la leche de la que se nutren los corderos lechales en su corta vida.

img_8122El tercer punto del triángulo, Covarrubias, sí que valió la pena ser visitado. Llegamos justo para la hora de la comida y después de un pequeño recorrido por las cuidadas calles del lugar, comimos fantásticamente en el restaurante Casa Galin, donde una amable camarera faciltó el menú de celíacos de Ipi y donde yo pude tomar un menú degustación a base de morcilla, torreznos, sopa castellana y una espléndida chuleta. 6h5a2345Al igual que en días previos, excelente gastronomía la que hemos podido disfrutar en estos días por las provincias de Burgos y Soria.

Desde Covarrubias y de camino al cañón del Rio Lobos, nos encontramos con los restos de un antiguo monasterio, San Pedro de Arlanda, semiderruido y que dejó de estar ocupado tras la desamortización de Mendizábal. debió ser hermoso en su momento. Y pese a que recorrimos buena parte del parque natural del Rio Lobos, no llegamos a lo que es realmente el cañón porque se hizo tarde. De modo que continuando el camino de regreso, nos dirigimos a Burgo de Osma, 6h5a23836h5a2381otra hermosa población que tiene una enorme catedral y unas calles muy cuidadas. Nos llamó la atención la cantidad de gente que había en la plaza mayor, pese a que a aquella hora, caida la tarde, ya refrescaba bastante. Y antes de volver a Valdeavellano, nueva parada en Soria, esta vez para tomar una cerveza y comprobar el ambiente. Puesto que era viernes noche, había muchísima gente en las terrazas de los bares del centro, y curiosamente muchísimos niños pequeños jugando por las plazas mientras sus padres se tomaban unos vinos. Pese a todo, no variamos nuestro criterio de que Soria es una muy pequeña ciudad con realmente no demasiado interés.

Y terminado el programa de viaje, la mañana del sábado aprovechamos para comprar en la panadería productos típicos (pan, galletas, unas roscas) y en 6h5a2401un supermercado más mantequilla y unas setas, haciendo asimismo un pequeño recorrido por el pueblo, que en los dias anteriores ni siquiera habíamos visitado.

El regreso, de un tirón hasta casa, ya que coincidían en la misma fecha un partido del Depor y luego un concierto de la OSG. Todo preparado para reincorporarse a la normalidad de la vida coruñesa. Y nos queda el hermoso recuerdo de estos cuatro días disfrutados a pleno rendimiento.

Cronica de 7 días

Conforme a lo previsto, el domingo 5 de febrero Rafa y yo nos pusimos en camino hacia Andorra para disfrutar de nuestra semana de esquí, repitiendo la exitosa experiencia del pasado año en 20170205_113739botillo-2Baqueira. Se anunciaba un fin de semana complicado en lo meteorológico y nuestras respectivas20170205_214346 estaban 20170205_211738un tanto temerosas del recorrido en coche, por aquello de las posibles nevadas. Lo cierto es que la cosa no fué tan mal como se pensaba y de los 1077 kms que separan A Coruña de Andorra solamente tuvimos nieve en el tramo Astorga-León, y el viaje se hizo rápido y llegamos a nuestro destino a buena hora para entrar en el hotel, acomodarnos en la excelente habitación que nos dieron y hacer una buena cena en un restaurante ya conocido de anteriores viajes, el Refugi Alpi. Aqui degustamos un impresionante chuletón de buey que sirvió de comienzo de una semana gastronómica para complementar el placer de esquiar.

Para empezar los días de esquí nos encontramos que el lunes estaba cerrada buena parte de la estación de Grandvalira y en concreto no funcionaba el Funicamp, por lo cual hubimos de coger un bus para que nos acercara a Soldeu, ya que con la zona de El Tarter era lo único disponible para esquiar en esa jornada. En el hotel, previamente, nos habían desaconsejado subir a la estación img_8056debido a las malas previsiones, pero puesto que nuestro viaje era 20170206_122617para esquiar, hicimos caso omiso de las recomendaciones y subimos a Encamp en el transporte que nos facilitaba el hotel. Fué pese a todo un aceptable día, pese al mal tiempo y a que había pocas pistas y remontes abiertos, aunque entre lo que tardamos en llegar a las pistas y el tener que cortar antes para llegar a tiempo al transportes del hotel la jornada quedó reducida en cuanto al tiempo en las pistas. Tras el deporte, ya en el hotel, un buen rato de relax20170206_20520020170206_213219 en el spa (piscina, jacuzzi, baño turco y sauna) aunque no se pudo saborear tan a gusto como deseáramos debido a que había un montón de niños que ocupaban todo. Hay que señalar que en el hotel había numerosas familias rusas, con muchos niños. El día terminó con un paseo por las calles de Andorra, y cena en el restaurante 120, nada original, pero con comida aceptable. Desde luego, el peor de las cinco noches que hicimos allí.

El martes dia 7 amaneció mejor y aunque según las app de la estación el Funicampo no funcionaba, la verdad era que sí estaba operativo, con lo cual pudimos cogerlo temprano y llegar al centro de 20170207_120052img_8141Grandvalira, desde donde se podía acceder a numerosas pistas y pasar de unas zonas a otras. 20170207_131018Ese día 20170207_102417esquiamos tanto en la zona de Soldeu como por El Tarter y bajamos también hacia Grau Roig y Pas de la Casa, aunque de forma breve porque el tiempo, sin estar malo, tampoco era maravilloso. Pero empezamos a cogerle el gusto a la nieve, a recorrer pistas largas enlazando unas con otras y aprovechar las excelentes condiciones de la nieve, polvo en todo momento, ya que desde dias atrás prácticamente no había parado de nevar en las zonas altas y al no hacer tampoco temperaturas excesivamente20170207_213045 bajas en ningún momento llegaba a helar. En definitiva, la nieve que todo esquiador desea para ejercitarse bien y practicar todo tipo de movimientos en todo tipo de pistas. En general nos hemos movido mayoritariamente en pistas rojas, también numerosas azules de las largas, y alguna pista negra. Terminada la sesión de esquí, un paso breve por el spa, para relajar músculos y descanso breve en la habitación. De regreso al hotel la conductora de la furgoneta que nos transportaba a Encamp nos dió algunas recomendaciones de restaurantes que de inmediato empezamos a probar. En concreto ese martes fuimos a cenar imagea la Borda Estevet. Las bordas son antiguas casas de campesinos hoy utilizadas como casas rurales o restaurantes. En la que cenamos ese día fuimos los únicos comensales ya que al haber partido televisado del Barça los potenciales clientes se quedaron en sus casas. Nos encontramos con que en el restaurante había un camarero de orígen gallego, que nos atendió de maravilla. Pudimos degustar, entre otras cosas, unos estupendos calçots, y unas deliciosas alcachofas con gambas. Fué una cena muy amena.

El miércoles se anunciaba como el peor día en lo meteorológico y acertaron de verdad ya que estuvo todo el día nevando, 20170208_110912con viento relativamenteimg_8026img_8031 img_8142fuerte y ventisca en muchos momentos. Hicimos img_8020una excursión a la zona de Canillo y justamente por allí era por donde el temporal era más duro, tanto que solamente pudimos hacer una bajada en esa zona y al retomar el ascenso en el remonte nos encontramos con que la zona de salida del mismo estaba completamente helada. Rafa se torció ligeramente una rodilla y en la siguiente bajada ya regresando hacia Encamp yo me dí el único trompazo de toda la semana, ya que con la ventisca y la niebla no se veía el perfil de la pista. No fué nada grave, afortunadamente y volvimos hacia la zona de Soldeu y El Tarter donde sin estar bueno el clima era más llevadero. En todo caso hizo mucho frio y eso se dejaba sentir especialmente en los recorridos de los remontes. Pese a todo estuvimos aprovechando el día y no dejamos de esquiar más que un rato a mediodía20170208_230709 para tomarnos un caldo caliente en la cafetería de la zona donde llega el Funicamp. Ya de regreso en el hotel, mientras Rafa se aplicaba crema en su rodilla, hice un pequeño recorrido en la sauna 20170208_21395020170208_21463120170208_215641y la piscina, y descanso en la habitación.  Y para la cena siguiendo las recomendaciones que nos habían dado, nos dirigimos a Ca la Conxita, otro de los restaurantes bien valorados de Andorra. Allí la dueña nos preparó unos riquísimos espárragos, unas alcachofas que hicieron las delicias de Rafa e incluso las mías, y unos canelones excelentes. La verdad es que cenamos de maravilla. Aunque en el hotel cuando preguntamos la forma de llegar al restaurante nos dijeron que era muy caro, cenamos por un importe razonable y desde luego muy bien atendidos. Como colofón, la dueña se hizo una foto con nosotros.

img_8051img_8143Como contraposición al mal tiempo del miércoles, img_8064el jueves día 9 lució el sol img_8052img_8060desde primera hora de la mañana y la nieve seguía siendo excelente, sin estar dura y con una buena capa de polvo que además, con el paso de los esquiadores y el ligero viento que hacía, reponía las marcas dejadas por los esquiadores, con lo cual en todo momento daba gusto deslizarse por las pistas. Fué la jornada mejor aprovechada, incluso grabando videos y haciendo numerosas 20170209_225004fotos por todas partes.20170209_220547 Ese día aprovechamos para ir desde Encamp a las pistas de Pas de La Casa, moviéndonos por pistas rojas y azules largas y anchas en las que daba gusto deslizarse, sin agobios en los remontes y disfrutando del sol que hacía mucho más agradables los recorridos en los telesilla y arrastres. Incluso aprovechamos para hacer una parada a tomar algo en la zona del iglú, sentados al sol para coger color en la cara. En20170209_21331220170209_214432 total más de 50 kms recorridos desde 20170209_211333El Tarter hasta Pas, pasando repetidamente por pistas de Grau Roig. Ese día se notó que con el buen tiempo había mayor afluencia de esquiadores pero en todo caso nunca llegó a ser molesto ni tampoco hubo tiempos de espera elevados en los remontes. Ya de regreso en el hotel optamos por olvidarnos del spa y del coñazo de los niños y nos dedicamos a descansar en la habitación antes de ir a cenar. Porque una vez más, y con las mismas recomendaciones de dias anteriores, nos dirigimos a otro de los lugares señalados por nuestra conductora. En esta ocasión fué Can Manel y aqui también acertamos. Una escalivada como entrante y como platos Ciervo a la brasa y Arroz con conejo montañés que nos permitieron rematar la semana al mismo nivel en cuanto a lo gastronómico respecto de la calidad de la nieve y del esquí en general. Excelente resultado y cierre de la semana, ya que al día siguiente tomaríamos carretera tras la jornada de esquí.

img_8145Y asi llegamos al viernes, último día para esquiar. Amaneció francamente bueno y se mantuvo soleado hasta primera hora de la tarde.p1120194-2 En esta ocasión, y dado que ya no teníamos habitación en el hotel al final de la jornada, optamos por subir con el coche hasta el Funicamp. Y así, tras más de seis horas esquiando, una vez que el tiempo comenzó a poblarse de nubes, decidimos dar por finalizada la sesión de esqui algo antes de las 4 de la tarde, cuando llevábamos ya cerca de 50 kms de recorrido por las pistas, también mayoritariamente por las zonas de Soldeu, El Tarter, Grau Roig y Pas de la Casa, que son las más soleadas y amplias. Terminado el día en lo deportivo, y ya de regreso en el funicular, en el propio parking de Encamp nos cambiamos y tomamos rumbo a casa, haciendo el recorrido de regreso de un tirón hasta Burgos, a donde llegamos sobre las 10,30 de la noche.  Hacía frio en Burgos, pero eso no impidió 20170210_23180020170210_23094520170210_23133020170210_232756que nos diésemos un buen paseo por la calle de los vinos y nuestra cena fué a base de pinchos de diseño ya que es característico de esa zona que determinados bares concursen anualmente para obtener los premios al mejor pincho de la ciudad. Bacalao con ventresca, Sushi de lechazo y otras exquisiteces nos sirvieron de soporte como cena, junto con unos selectos vinos como el Carmelo Rodero y Marboré. Y como a la mañana siguiente había que levantarse a buena hora para regresar a casa, nos acostamos poco después de las 11 de la noche en el Hotel Londres y Norte, en el centro de Burgos.

Según lo previsto, el sábado antes de las 9 de la mañana estábamos desayunando en una cafetería próxima al hotel, para de inmediato coger el coche y 20170211_085741enfilar la carretera hacia A Coruña, donde llegamos con puntualidad exquisita a la hora prevista, 13,30 horas, antes incluso de lo que nuestras respectivas nos esperaban para acogernos con los brazos abiertos tras 7 diás de ausencia.

En definitiva ha sido una maravillosa semana de esquí, aprovechada asimismo en cuanto a la gastronomía, y que nos ha servido además para confraternizar alejados de la rutina diaria y de los hábitos con que nos encontramos en nuestra ciudad.  Desde luego, con ganas de repetirlo en futuras ocasiones.

Sobre los amigos

Este pasado fin de semana fué un fin de semana de amigos, de amigos que se ven y se reencuentran pocas veces, pero que disfrutan de esas ocasiones. Y también de amigos de todas las semanas, de esos con los que compartes habitualmente lo cotidiano, con los que organizas comidas, sales a tomar las cervezas y de vez en cuando programas alguna excursión.

Tengo la suerte de que Ipi tiene los mismos criterios que yo respecto de la amistad, las cuida con esmero (más que yo en algunos aspectos, debo reconocerlo) y tiene la misma capacidad para concitar acuerdos y filias, para atraer a la gente y para servir de punto de encuentro, de foco receptivo y de aglutinadora de las personas a las que quiere, al igual que hago yo. En ese aspecto creo que nos hemos juntado el hambre y las ganas de comer.

Y como muestra, el hecho de que uno y otro somos catalizadores de reuniones, no solo de comidas, que es lo más habitual, sino de otros muchos tipos de reuniones, como pueden ser las convocatorias para ir de excursión, para organizar viajes, incluso para actos solidarios. A modo de ejemplo, botillo, sardiñada, comidas solidarias, viajes de fin de semana o puentes, etc, etc.

Pero como dije al principio, este fin de semana último tenía la connotación de haber reunido junto a nosotros a un grupo de amigos, algunos de los cuales no vemos habitualmente y que tampoco entre ellos se ven más que de tiempo en tiempo. Aprovechando la prevista visita del Betis a Riazor para jugar un partido de liga contra el Depor, invité a Julio y Pilar a visitarnos.img_7742 Sabido es lo que cuesta sacarlos de Orense, y con esa justificación les poníamos «a huevo» el venir a visitarnos. Y aceptaron, afortunadamente, aunque luego las inclemencias meteorológicas hicieran que no hubiera partido. Y aprovechando su visita, también avisamos a Charo y Antonio para que viniesen a estar con ellos. Unos y otros son amigos de hace más de 40 años, y también amigos entre ellos. Es más, Pilar y Julio se conocieron a raiz de un viaje a Manzaneda, a la nieve, en que yo llevé a un grupo de compañeras de Charo, con las que luego formamos pandilla. Y Charo y Pilar son compañeras de promoción, aunque solo se ven casi cuando nosotros organizamos el encuentro. La foto incorporada reune a Charo con Julio y conmigo, aprovechando la asistencia a la boda de una compañera de piso de Charo en Los Milagros, en Ourense. En esa foto aparece otra antigua amiga de todos, Conchi, que desde hace muchos años vive en Málaga.

20170203_232708Y como Julio y Pilar también conocen a nuestra pandilla y nos acompañaron a uno de esos viajes que programamos, como antes comenté, pues también estuvieron con todos en la cena habitual de los viernes. En fin, que el fin de semana fué completo, como dije inicialmente.

Y ya como colofón, es para mi una satisfacción poder traer aqui estos comentarios, porque son representativos de algo que siempre he querido, que es sumar, unir a las personas a las que quiero, tener la oportunidad de que se conozcan entre ellas, que perciban que nuestra dedicación a los amigos no es algo circunstancial, sino que cuidamos con esmero las relaciones, que procuramos que sepan que estamos con ellos, para celebrar lo bueno y tratar de acompañarles en los momentos menos agradables, y gracias a eso podemos presumir de tener amigos desde la niñez, amigos a los que conservamos y cuidamos, y que aunque nos veamos poco a menudo, sabemos que están ahi, nos preocupamos por ellos y nos ofrecemos para cuando nos necesiten. Y eso es tán válido para mi como para Ipi, porque no hay más que ver la respuesta de sus amigos, de personas a las que no veía desde varias décadas atrás, cuando las convocamos para celebrar su 50 cumpleaños. Y es válido también para los amigos más recientes, con aquellos que compartimos el día a día, que nos acompañan habitualmente y con los que sufrimos y disfrutamos de alegrias y penurias.

Para todos ellos es esta página, porque todos ellos hacen que nosotros seamos así, ellos nos ayudan a creer en la amistad como un bien de los más preciados y nos alimentan día a día para que mantengamos ese nivel.