Camino 2017 – Mi Camino

10 de abril a 9 de mayo – 2017

804 kms; 27 etapas y tropecientas mil calorías. Pero eso son sólo números y no dan indicación alguna de lo que siento tras haber completado Mi Camino en los términos en que lo había planificado. Bueno, más o menos, porque las previsiones son siempre genéricas y sobre la marcha siempre surgen variaciones más o menos imprevistas.
IMG_8683Como digo fueron 27 jornadas de marcha, a las que hay que añadir las otras tres de descanso que me tomé en el fin de semana último para recuperar las piernas y a la vez asistir en Londres a los eventos del equipo de fútbol de Chema y a celebrar mi 67 cumpleaños en la forma adecuada. Además, como en ese finde coincidía tambien el día de la madre, pude estar con Ipi en esa fecha especial ya que hacía más de 10 años que no tenía la ocasión de pasarlo con sus dos hijos.
La sensación global al final del recorrido es de satisfacción. Una satisfacción basada en haber conseguido los objetivos marcados antes de salir, por cuanto fui capaz de estar ‘desconectado’ de las ocupaciones diarias, de las rutinas habituales y de los problemas que de todo ello se derivan;img_9216 a la vez haber logrado recorrer los 800 kms del Camino sin apenas problemas ya que desde lo físico únicamente tuve que sufrir una ampolla que tampoco me creo grandes complicaciones y la sobrecarga en las piernas que solucioné con los tres días de descanso y lo más importante: la tranquilidad que da cada mañana al levantarte al saber que tu único objetivo para ese día es recorrer un determinado número de kms, sin estar preocupado por la hora de llegada y sin que tampoco sea algo cerrado, es decir que podrías modificar sobre la marcha en función de tu estado físico o de ánimo, o por cualquier otra circunstancia que img_8808a tu criterio merezca la pena hacerlo. Y eso un día tras otro, siendo todos similares y a la vez muy diferentes por la gente que te encuentras, los paisajes que vas viendo y las diferentes situaciones con que te tropiezas cada jornada. Es, por decirlo de alguna forma, o al menos como yo lo siento una sensación de máxima libertad.
Además de eso, evidentemente hay otros logros a nivel individual como puede ser en mi caso haber aligerado mi peso en 5 kgs, algo que no habría conseguido de otro modo, la comprobación de que a mis 67 años todavía tengo la energía suficiente para acometer una aventura de este tipo,img_9114 y tambien la percepción de que el entorno queme rodea, a todos los niveles, valora mi actuación como algo positivo, se implica conmigo en la consecución de mi prueba, y me anima desde fuera para llevar el proyecto a buen fin.
En otro orden de cosas, y desde el punto de vista de experiencias positivas, la cantidad y diversidad de las personas con las que me topé en IMG_8839mi periplo. El grupo que conocí en Saint Jean al inicio y de los que ya hablé anteriormente, la brasileña de Roncesvalles que dejó su trabajo un par de meses para venir a hacer algo parecido a lo mío, las familias que hacían un tramo o varias etapas con sus hijos, Miuko, la japonesa con quien como en Villalcazar y a la que me reencontré en Santiago, la sudamericana a la que conocí en un albergue y que me saludó entrando en Compostela, el catalán que me contó

sus experiencias en la India, los diferentes hospitaleros que merecen un aplauso por su labor, y todas aquellas otras personas, muchísimas, con las que he contactado y a las que he tratado en mayor o menor medida en este mes, y que me han dejado algún tipo de poso.

Y algunos hechos concretos como la visita de Ipi a Ponferrada y la posterior a Samos, acompañada de Elena y Rafa, el final de etapa de Arzua acompañado por mi hermano Miguel, y las dos ultimas etapas en las que disfruté de la compañía de Ipi, que estuvo a mi lado mientras recogía la Compostela acreditativa de Mi Camino.
Todo ello conforma un conjunto en el que los valores individuales se suman y complementan de forma que convierten esta experiencia en algo difícil de describir con palabras y que creo que solo yo puedo entender en su totalidad.

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M.R.Gigirey

Camino 2017 – Etapa 27: Arca do Pino – Santiago

9 de mayo. La de hoy fué la última y definitiva etapa, la jornada de cierre con la que de alguna forma soñaba desde el día que empecé Mi Camino, aquel 10 de abril en Saint Jean Pied-de-Port. Y si cabe ha sido todavía mejor que lo que podía imaginar en su momento, por una serie de razones que se han dado entre estos días y en la propia jornada de hoy.

IMG_9559El camino empezó poco después de las 8 y media de la mañana, tras haber desayunado en el primer bar que vimos abierto al salir de nuestro alojamiento en Arca. IMG_9575La salida del pueblo se hace tras un pequeño recorrido por la carretera, pero pronto accedemos al sendero por el que transcurre la mayor parte del trayecto, un sendero arbolado, con una buena temperatura (habían anunciado lluvia a partir de media mañana) y sin sol, lo que nos beneficiaba para no pasar calor. De todos modos, la lluvia afortunadamente no apareció en todo el día.

Desde primera hora se notó que estábamos próximos a Santiago, ya que la afluencia de peregrinos en todo el transcurso del camino era enorme, incluso muchas bicicletas que presumiblemente llegarían con tiempo de asistir a la Misa del Peregrino, ya que al ser esta a las 12 de la mañana solo quienes circulando a pié hubiesen madrugado muchísimo podrían permitirse, mientras que las bicis en poco tiempo estarían en Santiago.

Desde los primeros kms hicimos una marcha con buena media (algo superior a 5 kms/h) porque además no había grandes cuestas. Ipi estaba temerosa por la anunciada subida a Lavacolla, que los gráficos señalaban como muy fuerte, pero cuando finalmente llegamos a ella la cosa no fué para tanto, y se subió sin problemas.

IMG_9565Durante el trayecto me saludó una sudamericana con la que compartí albergue en algún momento del Camino, pero la verdad no recuerdo donde. Y un poco más tarde, antes de llegar a Lavacolla, vi a Truus, que caminaba acompañada de otra chica y de la señora aquella a la que ayudó a solucionar un problema en sus botas en uno de nuestros últimos dias de recorrido común. En cuanto la ví, la llamé y vino enseguida para darnos un gran abrazo. Hace un par de días me había dicho que estaba a 75 kms de Santiago y yo ya supuse que podríamos coincidir hoy en el final de etapa. Parece que tiene su billete de regreso para el viernes y su idea era estar hoy en Santiago y acercarse mañana en bus a Fisterra, para regresar luego a Santiago. Le presenté a Ipi y le ofrecimos venir a A Coruña, IMG_9583aunque no creo que lo haga. No me dí cuenta de hacer una foto de recuerdo para enviarla a nuestros amigos franceses, y lo lamenté después. Tampoco tuve ocasión de verla más tarde en Santiago recogiendo la Compostela ni por el Obradoiro u otra zona. En cambio, con quien sí me vi (me vió y llamó ella) fué con Miuko, la japonesa, con quien sí hice la foto de recordatorio.

El acceso a Santiago lo hicimos por el camino habitualIMG_9568, pasando desde Lavacolla al Monte do Gozo, y bajando luego hacia San Lázaro y ya desde allí por la Puerta del Camino, Algalia y bajando hasta la Quintana, Platerías y para ir a la oficina del IMG_9586Peregrino, pero resulta que ahora cambiaron de ubicación y está en la calle Carretas, al final. Hasta alli fuimos, pasando por el Obradoiro y allí hube de esperar una buena media hora o más para recoger la Compostela porque había una cola enorme. Antes de llegar a Santiago nos cruzamos con tres señoras que estaban conformando una flecha con flores, a las que dejamos aqui señaladas por su buen gusto.

IMG_9593Y puesto que el Camino no se termina todos los días, como era una hora de lo más oportuno, nos fuimos a comer a Marcelo, donde pudimos deleitar el paladar con algunas de las exquisiteces que preparan, que nos dejaron un maravilloso sabor para completar la jornada antes de regresar a Castelo.

La etapa de hoy fueron otros 20 kmsIMG_9609 que Ipi hizo con toda tranquilidad, con lo que va cogiendo confianza de cara a poder hacer en alguna ocasión caminatas de más de un día y de similares características a las de ayer y hoy.

Y para mi fué el cierre perfecto: conseguí el propósito de hacer el camino de un tirón, en 27 jornadas de IMG_9611marcha más el finde de IMG_9587recuperación, y además pude terminarlo en la mejor compañía e incluso recordar hoy parte de otros momentos al encontrarme a lo largo de la etapa con personas con las que he compartido algunos momentos de la marcha a lo largo de esas 27 etapas. En fin, un cierre memorable.

En su momento, ya con calma, me plantearé hacer un resumen del conjunto del Camino pero sirva hoy esto como cierre de la última y definitiva jornada.

Camino 2017 – Etapa 26: Arzua – Arca do Pino

8 de mayo. Santiago está cerca y se nota porque todo el mundo camina ya con aire de llegada, parece que las piernas van más ligeras y que el recorrido es más suave.
Tras el finde de relax, mis piernas han mejorado sensiblemente y aunque en los primeros kms iba con más cuidado, a medida que avanzaba la etapa me he ido soltando y ya pude ir alargando más la zancada y volver a mi forma habitual de caminar.
La jornada la iniciamos hoy (y aquí no es plural mayestático sino real, porque estas dos ultimas etapas las hago acompañado por Ipi) un poco más tarde de lo normal, porque al ser la etapa más corta no teníamos la exigencia de llegar a una hora concreta y ya estaba hecha la reserva de alojamiento.
Por esa razón de la hora de comienzo no encontramos demasiados peregrinos cruzando Arzua, aunque algunos sí que había. Y los primeros kms hasta Bebedeiro los hicimos muy bien, a buen ritmo porque además el trayecto hoy ha discurrido en todo momento por senderos muy agradables, entre arboleda, y con todos los sonidos de la naturaleza al completo. Tanto es así que Ipi intentó grabar algún pasaje en el que confluía el sonido de los pies junto al curso de un río, los pájaros cantando y el ruido del pico viento que hacía con los árboles.
Después de pasados los 5 kms hasta Bebedeiro, otros 5 kms hasta Salceda, pasado el cual hicimos una breve parada para beber y tomar una fruta que nos ayudara a hacer más fácil el resto del recorrido de hoy.
A continuación, rumbo a Santa Irene y ya desde ahí, directos a Arca-Pedrouzo, donde teníamos previsto parar hoy. En total, algo más de 20 kms, que nos dejan otra etapa similar para mañana y que nos permitirá llegar a Santiago a buena hora.
Hay que decir que aunque el perfil de la etapa de hoy no era de los duros, no han dejado de haber algunas subidas y bajadas y que Ipi, que teme las subidas, ha estado en todo momento no sólo muy positiva sino tambien muy rápida, marcando el ritmo de marcha en los últimos kms como si esto fuera el paseo marítimo y llevándome a mi a remolque.
En cualquier caso, estoy encantado de poder tenerla aquí conmigo porque el Camino se hace de forma diferente y sobre todo ahora, en el tiempo de recuperación el día se hace mucho más grato y entretenido.
Tras descansar un buen rato en nuestro alojamiento hemos salido a tomar el aire y a ver a Miguel, que se acercó a vernos desde Santiago. Más tarde vino tambien Elisa y juntos hemos estado charlando sobre las experiencias del Camino.
Finalmente hemos cenado un menú peregrino junto con otros muchos que están haciendo noche aquí. Lo que se ve es que habitualmente debe existir mucho movimiento por la cantidad de bares y restaurantes que se ve que viven de forma principal del paso de caminantes hacia Santiago.
Y ahora, ya dispuestos a pasar la noche para mañana iniciar a buena hora el recorrido final hacia La Catedral a donde queremos llegar hacia mediodía porque según el parte meteorológico va a llover hacia las 2 de la tarde uno queremos mojarnos.

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M.R.Gigirey

Camino 2017 – Etapa 25: Palas de Rey – Arzua

4 de mayo. La de hoy es una etapa muy especial porque de alguna forma es el final de mi Camino en solitario ya que tras ella haré un descanso durante el fin de semana para recuperar las piernas y así llegar a Santiago en perfecto estado. Por otra parte y también en el final de esta etapa tuve la compañía de mi hermano pequeño, Miguel, a la vez mi ahijado.
La jornada la empecé temprano porque en el albergue servían desayunos desde primera hora. Al salir del albergue me encontré con muchos peregrinos que como yo empezaban el recorrido pero la diferencia con respecto a otros días es que hoy parecía que había llegado una excursión y todos se incorporaban a la marcha. Es increíble el crecimiento en numero de personas de esta semana que tal vez se deba al comienzo del mes de mayo o a la suma de eso más el hecho de estar ya dentro de los 100 kms que dan derecho a la Compostela.
El recorrido empieza con un descenso continuado desde Palas, que teniendo en cuenta que salgo con las piernas todavía sin la temperatura de marcha, hacen que sea más duro. Como referencia, si hace una semana en la primera hora había caminado 6 kms, hoy y en estos últimos días no paso de 5 kms. Pero como ahora lo que tiene más interés para mí es llegar y hacerlo en buen estado, se hace un esfuerzo especial y se camina sin tregua.
Desde Palas a Melide hay unos 16 kms que hice casi en romería porque en todo momento tenía a la vista gente por delante y por detrás, y no sólo peregrinos a título personal sino grupos y numerosos en la mayor parte de casos. El Camino se hace en su mayoría a través de senderos rurales en general con el piso en buen estado y casi siempre con arboleda, lo que lo hace más atractivo y ameno. En la línea de los días precedentes esos senderos son subidas y bajadas, en general llevaderos aunque alguno es más duro.
La entrada en Melide resulta un poco larga de más, pues atraviesa un polígono y cuando ya aparecen las casas aún se tarda un rato en llegar al centro del pueblo. Hice una parada para descansar un rato pues en todo el trayecto previo solamente había hecho un alto para tomar un café. Aproveché para sellar la credencial en la iglesia que está en el centro y tuve una agradable charla con la persona que la atendía.
Me vino a la mente al llegar a Melide mi paso anterior, que tuvo la singularidad de que antes, en Palas, había venido a vernos y comió con nosotros Ipi. En aquella ocasión tras la comida, ella y yo nos fuimos en el coche a llevar las mochilas al albergue de Melide, mientras Chus y la asturiana que nos acompañaba hacian el trayecto sin carga. Luego yo volví a Palas a hacer el recorrido en solitario y la visita de Ipi me dio alas porque hice esos 16 kms en poco más de 2 horas, mientras ayer en ese mismo tramo empleé media hora más.
Pasado Melide, inicié la marcha hacia Arzua, pasando por varios pueblos Intermedios. Entre otros lugares me quedo grabada Fonte de Prata, lugar al que se llega tras una fuerte subida, de esas que machacan el cuerpo. Hay otras subidas aunque no tan duras. Y siguen las constantes de ascensos y descensos.
Hay que reseñar hoy, como elemento favorable el hecho de que hasta más de mediodía, el sol se mantuvo oculto, rompiendo así las previsiones que anticipaban una jornada soleada. Y eso hizo que se pudiera caminar con relativa tranquilidad y sin el peso añadido del calor.
Y tras varios pueblos, cuando faltaban casi 3 kms para llegar a Arzua, me esperaba Miguel para hacer conmigo esos 3 kms fínales. Fue para mí muy gratificante el que viniera a esperarme y acompañarme en ese tramo final de etapa. Se incorporó en Ribadiso y todavía antes de llegar a término de etapa hubimos de afrontar otra considerable subida.
La entrada en Arzua fue rápida porque el albergue Don Quijote en el que yo había reservado está justo a la entrada del pueblo. Da la casualidad de que a la misma altura está el I.E.S. En el que Miguel da clase y es jefe de estudios, con lo que mientras yo me refrescaba y me cambiaba de ropa, pudo el acercarse a recoger sus cosas en el instituto.
Ya cambiado y aseado, nos fuimos a comer a Casa Chelo, en el centro de Arzua, un lugar enxebre en el que hemos comido bien. Tras la comida llegó ya Ipi que venía a recogerme para estos próximos días de recuperación, esperando ya estar el lunes en perfecto estado para afrontar en dos etapas suaves la llegada a Compostela. Además y como ya dije al inicio en esas etapas estaré acompañado por Ipi y ella será la que entre conmigo en Santiago poniendo fin a este proyecto mío de Camino.

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M.R.Gigirey

Camino 2017 – Etapa 24: Ferreiros – Palas de Reí

3 de mayo. Otra etapa larga, en parte por una mala planificación porque ayer cuando la pensé me salían menos kms de los que han sido al final.
Volví a mis inicios madrugadores que siempre me han dado buen resultado y poco después de las 7 estaba desayunando en el bar del albergue. Cuando me puse a caminar eran poco más de las siete y media y el día estaba totalmente despejado, aunque se veía a lo lejos una nube de niebla que cubría el valle.
Los primeros 4 kms que llevan a Portomarin, pasando por A Pena y Mercadoiro son de bajada continuada, lo que a esas horas, con las piernas todavía frías, fueron una penalidad especial, ya que pese a haber descansado bien y dormir con las piernas en alto, el problema persiste y no va a desaparecer hasta dar un descanso durante al menos un par de días. Lo mejor era el paisaje, por la niebla que se veía al fondo.
Pero a medida que se avanzaba hacia Portomarin empecé a entrar en la niebla y cambio la temperatura. Incluso bajo los árboles caían gotas de la condensación de la niebla. Y al llegar sobre el embalse de Belesar, ya no se veía el sol y la mañana estaba fresca. A esas horas aún no se veían muchos peregrinos, si bien eran más que hace unos días.
Pasado Portomarin, donde el pueblo reconstruido cuando el antiguo quedo cubierto por el embalse queda fuera del camino propiamente dicho, hay que dar un gran rodeo para retomar la ruta señalizada, y a partir de ese momento los 8 kms que conducen hasta Gonzar son de subida, con varias rampas Fuertes, aunque para mí hoy las subidas eran más llevaderas que los descensos. En esos 8 kms no hay nada destacable, ni siquiera un bar donde tomar algo, y en cambio justo antes de la llegada unos espabilados han montado un chiringuito que estaba abarrotado porque todos los peregrinos (y a esas horas ya eran muchos los que circulábamos por esa ruta) se pararon allí. Yo no fui una excepción y aproveche para tomar un bocata de tortilla francesa y un zumo de naranja.
A parir de Gonzar continúa la subida, anunciándose el Castro de Castromayor, con rampas largas y muy pronunciadas que van minando la resistencia del más aguerrido. Total para no llegar a ver nunca el tal castro o al menos lo que habitualmente conocemos como tal. La subida, que termina en Ventas de Naron, ha pasado previamente por Hospital da Cruz, si bien como es norma en estos días lo sabes porque lo dicen las guías, ya que no hay letreros que indiquen por donde vas pasando, al menos hasta alcanzar el alto.
A partir de ahí mejora la señalización y sabemos que tras andar 3,5 km estamos atravesando Ligonde, un km más adelante Eirexe, luego Portos tras caminar otros 2 km, y Lestedo 1 km después. Todo ese recorrido ya es llano, o con ligeras subidas y bajadas. Lo malo es que a esas horas el sol ya está en lo alto y calienta de lo lindo. Y la suerte (relativa) es que afortunadamente en muchos de esos tramos la ruta se desarrolla piro senderos entre árboles, que resultan francamente agradables porque mitigan bastante el calor. En ese tramo me encontré con un asiático que caminaba delante de mí y llevaba tantas cosas encima que más qué peregrinando parecía que hubiera hecho la mudanza de casa y llevará todo encima.
En todo caso , hoy ha sido un día en que todos o casi todos los bares de la zona que he transitado han estado abarrotados, porque hay que señalar que desde el fin de semana, y fundamentalmente desde el lunes el número de caminantes se ha multiplicado por cuatro o por cinco. Hoy eran numerosos los grupos de 4 o más personas, y no sólo extranjeros sino tambien muchos españoles y otro dato a reseñar es que hay ahora muchos más jóvenes, españoles y extranjeros.


En Palas hay un montón de albergues pero parece que en todos hay una buena ocupación porque se ve mucha gente y a la hora de la cena en el lugar que cene, había muchos peregrinos, solos o en grupos.
Se acerca Santiago, o mejor dicho nos acercamos los peregrinos a Santiago y se va viendo ya ambiente de llegada.

‘El Camino se debe hacer desde la soledad de cada uno, en compañía de todo el mundo.’

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Camino 2017 – Etapa 23: Samos – Ferreirós

2 de mayo. Esta claro que el refrán de que a quien madruga Dios le ayuda funciona, porque yo hoy hice lo contrario y me pasó factura la etapa. La verdad es que como había calculado que hoy eran menos kms y en mi albergue no abrían la cafetería hasta las 8, me decidí a esperar para salir después de haber desayunado. Y así lo hice, con lo cual cuando me puse a caminar eran más de las ocho y media, las 8,39 según la app de Endomondo.
También influyó en el retraso que, mientras yo desayunaba entro al bar una francesa que no hablaba nada de español, a la que tuve que traducir y me entretuve algo en la charla con ella. Es ya mayor, imagino que mayor que yo, y dice que camina cada año 12 días. Y este año empezó ayer desde 5 kms antes de O Cebreiro, y camino ayer 36 km. Comenta que, como solo habla francés y no encuentra con quien hablar, camina y camina, sin apenas paradas. Dijo que tiene avión de regreso a Francia desde Santiago para el domingo 14, con lo cual piensa ir a Santiago y de allí a Finisterre, y volver andando a Santiago porque no tiene nada mejor que hacer hasta el día del regreso. Una visión original, no cabe duda.
Bueno, entrando ya en el desarrollo de la jornada, la salida se hace por la carretera que lleva a Sarria, hasta el km. 3 en que se cruza para entrar a un sendero. Justo el cruce está donde el restaurante Pontenova, en el que habíamos comido hace años con Julio, Merchi, sus amigos, y Rafa y Elena. El sendero es de los de sube y baja y poco después de entrar en el hay una subida fortísima en la que en unos 200 mts se suben casi 50 de desnivel. Llegas arriba echando los hígados por la boca, y total para a la curva siguiente volver a bajar de nuevo. Y así de aldea en aldea, sin saber cuál es cada una, ya que apenas alguna tiene el nombre.
Cuando ya llevas 11 km caminando y te preguntas dónde está Sarria, ya que a la salida de Samos la señal de la carretera decía: Sarria 11, pues resulta que de repente aparecen unas casas e imaginas que por fin entras en Sarria. Pues no, resulta que es San Mamede, y para mitigar el disgusto me paro a tomar un café.
Sigues la ruta, y 2,5 kms más adelante llega Calvor y para Sarria todavía hay que andar casi otros 3 kms, con lo cual los 11 de la carretera se han convertido en 16 por el milagro de las subidas y bajadas de los senderos.
En Sarria ya ni paro, aunque aprovecho para visitar el centro del pueblo y las iglesias que se cruzan por el recorrido. En la de El Salvador, junto a la torre, me sellan la credencial y me entero de que, por lo visto, es necesario tener como mínimo dos sellos cada día para obtener la Compostela. No sé si es normativa nueva, pero tomo nota.
Y a partir de Sarria, más senderos, subidas, bajadas, y una tan dura como la ya comentada, pero algo más larga y con el piso en mejor estado. Así otros 4 kms para llegar a Vilei, un km más para Barbadelo, y casi siempre sin saber por donde andas, por la falta de letreros y referencias. Se sigue subiendo y cuando harto ya de andar, con las piernas doloridas desde primera hora de la mañana, crees que has llegado a destino preguntas y dicen que faltan como 4 kms. Por lo visto estoy en Leda, aunque no lo dice en ninguna parte. Y como no veo un bar y me he quedado sin agua, le pido a una paisana que amablemente me llena la botella y me dice que 1 km más adelante esta Morgade, donde hay un bar.
Y ya, pasado Morgade, poco más adelante aparece un letrero que anuncia que estoy en la Ribeira Sacra, concello de Paradela, parroquia de Ferreiros. Pero para llegar al albergue debo andar todavía otro km, aunque al final valió la pena porque el albergue es bueno, estoy en una cama baja sin litera arriba, y he podido estar tomando el sol con las piernas en alto.
A todo esto, antes de llegar aquí, cerca de Barbadelo hice una parada en un bar y estuve charlando con otro peregrino que se lo toma con calma: viene con una pequeña perra y dice que salió de Saint Jean hace algo más de un mes; anda un máximo de 17 kms diarios, y como la meseta le parece un rollo, desde Logroño se fue en bus hasta Astorga. Cada uno a su aire, como debe ser que aquí las normas se pone cada uno las suyas.
Ya he cenado en el bar del albergue, un menú a base de lentejas, churrasco y de postre piña. Para beber, una 1906 puesto que ya estamos en Galicia y por aquí se encuentra sin problemas. Ahora, mantenimiento de piernas, para tratar de que si no mejoran mucho, al menos no vaya a más el problema, ya que pretendo terminar con ellas bien.
Acabo de recibir unos whatsap de Truus, con fotos de nieve. Se ve que a ella le cogio tambien el domingo, pero en la zona de acceso a Ponferrada, porque dice que hoy está en Villafranca. Por la forma en que lo dice le ha llamado mucho la atención encontrar nieve en esta época. Dice ‘como en Navidad’.

‘El Camino no es una meta, sino el vehículo para encontrar los medios que te faciliten llegar a las metas que tú te has fijado para tu vida.’

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Camino 2017 – Etapa 22: O Cebreiro – Samos

1 de mayo. Entramos en un nuevo mes y a la vez en la cuarta semana de Mi Camino, ya que la de hoy fue la etapa número 22. Y esta etapa empezó temprano, poco después de las 7 de la mañana, con un frío glacial y todo el pueblo de O Cebreiro completamente cubierto de nieve a causa de lo sucedido en la jornada de ayer.
Después de dejar Casa Carolo, donde me alojé porque allí me habían dejado la mochila, localice el único sitio que estaba abierto para desayunar y así salir a andar con el estomago ya medianamente preparado.
El inicio fue a través de un camino totalmente cubierto de nieve, que me llevó a una pista por la que se va descendiendo hacia Hospital, aunque antes se pasa por algún pequeño pueblo intermedio. Y subiendo y bajando se llega hasta el alto de San Roque situado a 1270 metros de altitud. Hoy estaba completamente cerrado en niebla y me recordó lo bueno que estaba el día en paso anterior, ya que tengo hermosas fotos de aquella fecha. Hasta llegar a Hospital se recorren casi 6 km, siempre por senderos completamente nevados y cubiertos de barro en muchos casos por la poca consistencia de la nieve. El hecho de que se haya helado en algunos lugares dificulta la marcha. A todo esto hay que señalar que la ruta sube y baja con frecuencia con él consiguiente desgaste. Y finalmente hay un repentino y fuerte ascenso que lleva al Alto de Poyo, lo que representa la máxima elevación en esta jornada. A partir de ahí la senda vuelve a descender, en principio no de forma brusca pero sí de forma continuada hasta Fonfria, cuando se cumplen los 12 km desde el arranque de la etapa.
Los 9 kms largos que desde allí nos llevarán a Triacastela ya sí que tienen tramos de descenso muy pronunciado, en muchas ocasiones por senderos de trozos de pizarra por los que resulta muy dificil caminar. Al llegar a esta población lo primero que aparece es el albergue de la Xunta en el que se ven peregrinos descansando o esperando a entrar. Aproveché la presencia en la entrada de un bar con ben aspecto para sentarme y pedir que me preparasen un bocadillo de tortilla francesa en el que venía pensando desde hacía buen rato.
Reanudada la marcha, se presenta la alternativa de tirar hacia Samos o seguír hacia San Xil. A mí, en esta ocasión sin duda me atraía mucho más Samos, y aunque se alargan como 7 km pienso que valía la pena, por lo que vine hacia aquí.

Pero el recorrido hasta aquí, en Samos, se convirtió en una especie de sube y baja en el que los caminantes se agotan, tanto por la dureza del trazado como por la falta de preparación para un frio fuera de lugar a estas alturas. Y cuando desde algo menos de 300 mts se nos aparece la ciudad, ya casi no nos lo creemos, o yo por lo menos. Para entonces, el trayecto del día ha supuesto un total de más de 32 kms.Lo siguiente es localizar el albergue en el que está mi mochila: el Albaroque y resulta estar frente al monasterio y muy cerca de la pequeña capilla pre-románica del parque.
Como resumen del trayecto, señalar la climatología, ya que aunque hoy no llovió ni nevó, el hecho de haberlo hecho ayer implicó el mal estado de los senderos, el frío importante durante toda la mañana, con rachas de viento helado en ocasiones, y por último el estado de mis piernas, que me sigue obligando a dar pasos cortos, y que sobre todo en las bajadas se resienten de forma muy importante.
La principal novedad de esta jornada fue la visita que me hicieron Ipi, Elena y Rafa. Ipi quería verificar mi estado de salud y Rafa y Elena se ofrecieron a acompañarla, con la consiguiente alegría para mí. Ellos llegaron ya para la hora de la comida y yo me incorporé a verlos para después de haberme aseado, atendido a los cuidados de mis piernas y demás. Charlamos de todo y me pusieron al tanto de las novedades del grupo. Tras su marcha, yo cene en el albergue y luego estuve reorganizando la mochila ya que hoy aproveche para hacer colada general. Hoy aquí tengo una habitación con literas pero en la que estoy solo porque hay poca afluencia de peregrinos, al menos aquí.

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Camino 2017 – Etapa 21: Villafranca – O Cebreiro

30 de abril. Con el día de hoy se completan 3 semanas de marcha, 21 etapas con un acumulado de 637 kms. Y hoy he entrado en Galicia, al llegar a O Cebreiro, además nevando. En todos los días anteriores no había caído ni una gota de agua, pero hoy agua y nieve.
Pero enlazando con lo que dije ayer, me fui a la cama sin tener claro si hoy me quedaría en Villafranca recuperando las piernas habida cuenta además que anunciaban lluvias. Lo que ocurrió fue que dormí muy bien y hoy al despertar notaba las piernas bastante mejor y como el plan de estar todo un día allí tirado sin hacer nada no me seducía en absoluto, decidí lanzarme a la aventura y probar. Y conste que llovía bastante cuando salí del albergue, poco después de las 8 de la mañana. Pero también tenía el aliciente de probar mi nueva capa para agua, mucho más consistente que las habituales que use hasta ahora.
Por otra parte, hice tambien una gestión para ver si conseguía mandar la mochila a mi destino teórico ya que al no haberlo pedido ayer no tenía garantías de que me atendieran. Y ya en la calle, me pare a desayunar en la plaza mayor de Villafranca, zumito, café y churros.
La salida de Villafranca después de atravesar el pueblo, lleva hacia la antigua N-VI donde ya se coge la dirección adecuada. Llovía, pero no de forma intensa, y durante los 6 km que hay hasta Pereje así continuó. En ese pueblo hice una breve parada para tomar café. Llamaba la atención el exterior de la puerta de entrada con todas las capas de los peregrinos clientes escurriendo fuera. Y desde Pereje hasta Trabadelo, los 5 km que separan ambos pueblos, la lluvia se hizo bastante más intensa. En ese tramo, igual que el anterior, el camino discurre por un andadero preparado en el borde de la antigua N-VI que da servicio a peatones y bicicletas. El camino en este recorrg es muy agradable ya que el tráfico es escaso y como la carretera va todo el rato al borde del río Valcárce, eso de por sí le da un atractivo especial.
Pasado Trabadelo el día empezó a clarear, cesó la lluvia e incluso hubo algún amago de salir el sol. Con lo cual mi idea era que al llegar a La Portela (es el lugar que hasta hoy yo llamaba Vega de Valcárcel, donde está el hotel-cafetería en el que habitualmente paramos a comprar fruta en nuestro paso por allí de viaje) y allí desprenderme ya de la capa. Pero justo llegando allí cayeron unas gotas y decidí esperar.
Continuando la marcha se pasa por Ambasmestas y lo que realmente es Vega de Valcarce, el pueblo donde está una panadería artesana que yo recordaba perfectamente de mi paso anterior con Chus, ya que allí habíamos hecho una parada. También yo hoy hice un alto para tomar algo y vi unas atractivas empanadas. Me dijo la señora que eran vegetal, de calamares, de atún y la típica de la zona, de patata. Como le pregunté si esa era la que denominaban ‘de batallon’ y dijo que si, le comenté que esa la hacía yo e incluso le mostré la foto de la del botillería de este año. Quedó admirada de que incluso la rotulara con el nombre. Pero, en definitiva, me tome una ración de la de calamares que estaba buenísima.
A partir de ahí, la carretera por la que se circula empieza a aumentar la pendiente y ya desde Ruitelan tras casi 20 km de marcha, la cuesta empieza a sentirse como dura. Al llegar a Las Herrerías, poco más de 1km después, la sensa se desvía de la carretera para atravesar el pueblo, que no tiene nada que ver, pero al final del mismo y tras un trozo de carretera, el camino se vuelve casi impracticable, en parte por la dureza y pendiente del mismo, que hoy se complicaba por estar todo embarrado. Total, que tras 4 km más de dura subida, cuando crees que al fin has llegado al final de etapa, te enteras de que aquello es un mini pueblo llamado La Faba y que restan casi otros 5 kms hasta O Cebreiro.
A todo esto ha vuelto a llover, el terreno cada vez está peor y empieza a caer una ventisca muy inoportuna, por lo que hago una parada para reponer fuerzas. Al salir del bar, donde algún peregrino que llegó al mismo tiempo ya decide quedarse allí, la ventisca se ha convertido en una nevada consistente y hay que afrontar lo que resta con decisión. Todavía no es ese el último pueblo, ya que 2 kms más arriba está Laguna y después de que la nieve sea cada vez más intensa, recorriendo otros 2 kms al fin se alcanza O Cebreiro, mi final de etapa por hoy.
Debo decir que las piernas me han seguido doliendo, menos que ayer, gracias a que con la lluvia no ha hecho calor en ningún momento y a que me he acostumbrado a hacer pasos más cortos en los que apenas hay juego de estirar el tobillo, que es cuando más siento el dolor. Y tambien es cierto que uno se va habituando y se nota menos. Pero en todo caso hoy lo he llevado mucho mejor y por esa razón he conseguído llegar aquí.
He salido a cenar y da una vuelta por el pueblo, pero hace tanto frío y tanto viento helado, que desistí. De modo que me limité a la cena, para estar a cubierto. Un menú peregrino: caldo gallego, rico y calentito; truchas, y queso con membrillo.
Ahora, ya en la habitación (hoy estoy de hostal, porque aquí me trajeron la mochila), sesión de masaje en las piernas para luego ponerlas en alto, lectura y a dormir, qué mañana es otro día y aunque no espero que sea tan duro como hoy, nunca se sabe.

 ‘Si el Camino es difícil, es porque vas en la dirección correcta.’

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Camino 2017 – Etapa 20: Ponferrada – Villafranca del Bierzo

29 de abril. La de hoy es una jornada singular. Tras la visita de Ipi, empecé un poco más tarde de lo habitual, para poder desayunar juntos y teniendo en cuenta que ya había previsto un trayecto algo más reducido que en días anteriores.
Así, después de salir del hotel a las 8 de la mañana enfilamos la salida de Ponferrada para desayunar por allí. Ya se veían peregrinos en marcha, y además en el centro de la ciudad había una gran concentración ciclista, con bicis de montaña, para algún tipo de carrera o algo así. No llegamos a saber que era exactamente pero a lo largo de mi recorrido de hoy he visto numerosos grupos de ciclistas que debían participar en ese evento.
Terminado el desayuno, cada uno a lo suyo. Con un fuerte y apretado abrazo despedí a Ipi para que volviese a Coruña mientras yo me ponía en la ruta. Y ya desde el primer momento note que las piernas no respondían bien. Al principio esperaba que, a medida que se fueran calentando, la cosa mejoraría, pero quilómetro a quilómetro los tiempos señalaban que no era así. Habituado a tiempos en torno a 10,5 minutos/km, hoy estaban por encima de los 12 minutos, y aunque no hacía el frío de los días pasados, la cosa no mejoraba a medida que avanzaba la mañana.
Atravesé Fuentes Nuevas después de salir de la ciudad, luego Camponaraya donde hice un alto para tomar café, y deje la carretera para entrar en sendero. Pero ni por carretera ni por sendero mis piernas respondían. Por el dolor, tenía que dar pasos mucho más cortos de lo que suelo, casi sin flexionar los tobillos, y lo único que conseguía era cansarme más, e ir perdiendo fuerzas.
Poco a poco alcancé Cacabelos, con mucho sufrimiento y seguí mi marcha hacia el pequeño pueblo de Pieros primero, y en dirección Villafranca después, por senderos de sube y baja, cada vez con más lentitud, hasta que finalmente decidí que no se puede forzar más de lo necesario y conseguí gestionar el cambio de final de etapa, para quedarme en Villafranca y tratar de no seguir machacando las piernas, sufriendo yo por no llevar mi ritmo y ser consecuente con lo que pretendo en este recorrido, es decir, dejarme llevar por las sensaciones y las posibilidades sin querer llegar más lejos de lo debido.
Por esa razón la etapa se ha quedado reducida a poco más de 17 kms y ahora descanso con las piernas en alto en el albergue San Nicolás, de Villafranca del Bierzo. En función de cómo evolucione esto, veré lo que hago mañana.
El resto del día he estado descansando con las piernas en alto y con varias sesiones de la crema que me dieron ayer en Molinaseca, que se aplica con un “roll-on” que masajea a la vez que se suministra. Al final de la tarde salí a tomar una caña y buscar un sitio para cenar, ya que hoy solo había comido fruta al llegar al albergue. Por cierto, este albergue se ubica en un antiguo convento o hospital, que ahora es a la vez hospedería. Es un edificio enorme donde según me dijo mi cuñada de pequeños jugaban y venían a misa los domingos. El albergue lleva el nombre de San Nicolás y está en el centro de Villafranca, una localidad que tiene un gran patrimonio artístico y monumental.

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Camino 2017 – Etapa 19: Rabanal del Camino – Ponferrada

28 de abril. La jornada empezó muy temprano, ya que eran las 7 cuando salí del albergue. La temperatura exterior era de 5 grados bajo cero y estaba todo helado. Como quiera que a esa hora abrían para dar desayunos en el Mesón El Refugio, donde ya había cenado la noche anterior, allí hice mi primera parada. El mesón está en lo alto del pueblo y ya los primeros pasos me indicaron que iba a sufrir por el dolor de las piernas.
Después del desayuno acometí la primera subida del día, hacia Foncebadon. Son 5,5 kms de fuerte ascenso, a través de caminos pedregosos en los que se hace difícil caminar. Si a eso unimos el frío y que todo estaba helado, la cosa se complica y eso justifica que, contra lo que venía siendo habitual, los primeros kms fueran muy lentos, a ritmo de más de 12 minutos/km debido también a que por el dolor de las piernas me era imposible hacer mi zancada habitual e iba dando pasos más cortos. En las zonas abrigadas, el frío se soportaba pero en zonas abiertas soplaba un viento helador que dejaba a uno tieso, pese a llevar más ropa de lo normal en días anteriores y la braga calada por encima de las orejas y tapando boca y nariz.
La llegada a Foncebadon me recordó el paso anterior, con Chus. Allí habíamos hecho noche y en aquella ocasión también soplaba un fuerte viento, aunque nada que ver con la temperatura actual. Hice en esta ocasión una mínima parada para tomar un café y calentarme algo. Y ya de allí al alto donde está la Cruz de Ferro solo restaba algo menos de 2 kms, que hice lentamente como todo el día. Según un cartel indicador, la altura en ese lugar es de 1530 m sobre el nivel del mar (1516 m según Endomondo) lo que la convierte en el punto más elevado de todo el trayecto del Camino Francés. El monte Irago, donde está la cruz, divide las comarcas de la Maragateria y del Bierzo. Poco después, en el cruce de carretera con el sendero, una chiquita ha montado un pequeño chiringuito con una roulotte y me vino de perlas para tomar un Cola Cao bien calentito. Decía la dueña que a las 8 de la mañana estaban allí a 10 grados bajo cero. Cuando yo pase serían solo 5 grados negativos más o menos.

Tras las fotos de rigor, allí se inicia la bajada a Manjarin y otra pequeña subida y a partir de ese momento ya todo es descenso a través de un sendero muy estrecho, pedregoso (la base es pizarra, pero toda troceada) y por el que hay que caminar con los cinco sentidos y muy lentamente para no dar con las narices en el suelo, porque se producen traspiés continuamente.
Pasado Manjarin 4 km después del alto, a otros 7 km se llega a El Acebo, un bonito pueblo todo en piedra, y se continúa el descenso hacia Riego de Ambrosio durante otros 3,5 kms. Sigue el mismo tipo de sendero, aunque cómo va cerca de la carretera algún que otro caminante se decide por el asfalto, lo que no fue mi caso. Continuando con la bajada, el mismo tipo de sendero que en ocasiones resulta casi intransitable, y después de 6 kms más, se llega a Molinaseca, un lugar precioso, muy cuidado y con gran atractivo turístico. Allí habíamos hecho noche en un viaje del grupo a Las Médulas.
En Molinaseca, ya con mis piernas súper recargadas, me acerqué a la farmacia para que me dieran algo para bajar la hinchazón y destensar los músculos.
Para llegar a mi final de etapa restaban todavía otros 8 kms de aburrido trayecto, primero por una interminable acera (más de 2 kms) y luego a través de sendero que pasa por un pequeño pueblo (Campo) y da acceso a los alrededores de Ponferrada a la que se termina accediendo por el puente de Boezo (o algo así). Un coñazo de recorrido en todo caso, ya que sin tanto rodeo que da el Camino tal vez podría acortarse la ruta en uno o dos kms.
Ya en Ponferrada, me dirigí al albergue de San Nicolás, para sellar la credencial y dar fe de mi paso por allí. Es el mismo albergue donde había terminado mi tercer tramo en mi paso anterior, con Chus. En aquella ocasión nos había trasladado hasta A Coruña mi amiga Placeres, que venía de regreso de un viaje a Madrid. Esta vez no había regreso, y si la visita de mi querida Ipi que vino a su tierra a darme un empujoncito para terminar mi Camino. Por eso la jornada no terminó en el albergue sino en un hotel donde pude descansar mas cómodamente y mejor acompañado.
Aprovechando la visita de Ipi, llamamos a Pedro y Feli, sus amigos ponferradinos, y salimos con ellos a tomar unos vinos y cenar. Vinieron acompañados por sus hermanos Ana y Adolfo y la pareja de este último. Pasamos una agradable velada y nos fuimos pronto al hotel porque el camino sigue y hay que mantener los horarios y ritmos.

‘El Camino te invita a contemplar, dejarte sorprender, acoger, interior izar, parar, callar, escuchar, admirar, bendecir … a la naturaleza, a nuestros compañeros de camino, a nosotros mismos.’

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