Camino 2017- Etapa 13: Itero de la Vega – Villalcazar de Sirga

22 de abril. Hoy madrugue tal vez algo más, pero al final la hora de salida fue similar a otros días. Digo que madrugué más porque sobre las 6 recordé que ayer, cuando recogí la ropa del tendal no me traje la toalla y temía que no estuviera ya allí. Así que salí a recogerla y allí me encontré a la americana que recogía su colada, y me preguntó si yo sabía dónde estaba el café que habían quedado en dejarnos para el desayuno. Yo miré y vi que cada uno lo tenía en su taza (ella no lo había visto) y se quedo tranquila. Luego más tarde desayunamos juntos, y el desayuno aceptable. Los chiquitos estos del albergue ponen interés.
Cuando me puse en marcha eran las 7,21 y todavía el sol no aparecía en el horizonte, lo que sucedió poco después. Al salir la temperatura era de 4 grados, un frío terrible, y eso que hoy no hizo nada de viento. Fui durante bastante tiempo con las manos en los bolsillos pese a tener guantes nuevos. No es extraño que saliese a toda pastilla y así cuando completaba los 3 kms aún no habían transcurrido 30 minutos. Hasta ahí fue llano y el siguiente quilómetro fue de subida, completado el cual empezó a verse a lo lejos Boadilla del Camino. Pero de forma curiosa, a medida que avanzaba hacia allí, parecía que se alejaba más porque el camino va dando algo de rodeo, y no es hasta cuando estás en el último quilómetro que ves que realmente está cerca.
En Boadilla hice una breve parada para tomar un café y recordar mi paso por el albergue ‘En Camino’ hace 10 años, cuando desde allí arrancamos lo que sería mi tercer tramo del camino francés. El albergue permanece muy cuidado y aproveché para sellar la credencial. Hay que decir que el sendero que lleva hasta allí es de los habituales, del tipo agrícola, pero una vez se sale de Boadilla, durante los casi 7 kms que hay hasta Fromista, el sendero es una delicia: va paralelo y contiguo al Canal de Castilla, que riega las fincas adyacentes y durante todo el trayecto solo se escuchan los sonidos de todo tipo de aves -y de modo especial y recurrente el cuco- y ranas y sapos. Naturaleza en estado puro.
Para entrar en Fromista se cruza el canal y a partir de ahí el trazado ya no es igual. En esa localidad pude volver a disfrutar de la belleza y excelente estado de conservación de la iglesia de San Martín, del siglo XI. Realmente es una maravilla y una de las iglesias emblemáticas del Camino de Santiago. Y cuando atravesaba esa localidad, tres horas después de la salida, la temperatura había pasado ya de 4 a 12 grados. Pero a partir de ahí el camino va paralelo y contiguo a una carretera provincial que aunque hoy no tenía mucho tráfico por ser sábado no tiene nada que ver con lo anterior.
Tras Fromista, los siguientes pueblos en dirección a mi destino no tuvieron excesivo interés. Se pasa por Población de Campos donde hice un pequeño alto para beber en un bar y tomar un plátano y posteriormente por Villarmentero de Campos. En este último, a la salida, volví a parar porque notaba algo de flojera y me tome una manzana en un área de descanso. A esas alturas había reducido algo la marcha ya que por la hora que era sabía que iba a llegar a Villalcazar con tiempo sobrado para la comida. Y además, la temperatura a esas horas ya superaba los 20 grados. En efecto, cuando llegue al albergue, tras 29 kms de marcha, eran sobre las dos menos cuarto, con lo que tuve tiempo holgado para darme una buena ducha, descansar un rato e ir tranquilamente hacia Los Templarios para degustar mi premio de esta jornada: el rico lechazo.
Había comentado ayer durante la cena mi deseo de venir hoy a este restaurante y la japonesa -Miuko, se llama- dijo que a ella también le gustaría ir, así que tomó los datos del sitio, que le mostré de Tripadvisor. Hoy durante el trayecto la sobrepase antes de Boadilla y luego otra vez (imagino que me pasó durante mi parada de allí). Pero cuando yo estaba ya con el primer plato en el restaurante apareció ella con su mochila y la invite a sentarse a mi mesa. Comió lo mismo que yo (morcilla y lechazo) y quedo encanta disipa tanto de la comida como del ambiente, y es que hoy, que estaba lleno y había al menos una excursión de asturianos, montaron un show de miedo, con el mesonero vestido con una capa de peregrino y haciendo invocaciones, mientras un paisano con su jofaina interpretaba un montón de canciones ‘tuneras’ tipo Clavelitos y otras similares que, claro está, todos los comensales conocían y coreaban, lo que hizo flipar a Miuko. Al parecer, según luego me dijo, ella es periodista y eso le va a dar chicha para sus artículos en el periódico. Hizo un montón de grabaciones en vídeo. Y para remate, el mesonero hizo una quemada: vamos, que Miuko alucino en colores. Al salir del restaurante no se cansaba de darme las gracias (arigato, arigato….) y mientras yo me fui a ver la iglesia, que hoy si estaba abierta, ella se vino al albergue a buscar plaza. Después, cuando yo volví al albergue, me recibió regalándome un paquetito de frutos secos japoneses, para que me los tome mañana durante la marcha.
Hoy el albergue, en donde yo fui el primero en llegar y pude elegir cama, está casi completo. Y como he comido mucho más de lo habitual, hoy me tomaré una o dos piezas de fruta a modo de cena. Tengo que enterarme si dan desayunos mañana temprano y si no es así me tomo una fruta y voy a desayunar a Carrion que está a 6 km de aquí.

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Camino 2017 – 3

Tras 12 días de recorrido, más de 350 kms caminados y un número enorme de personas conocidas hasta este momento, vuelvo aquí para hacer algún comentario que señale la evolución producida en estos días de mi camino.
Como primer matiz, reincidir en la sorpresa -agradable, naturalmente- que me produce el confirmar que después de los días y quilómetros transcurridos mi cuerpo responde a la perfección y mantengo el mismo ritmo medio de marcha (en el entorno de los 5,5 km/hora) al tiempo que no tengo problemas de rodilla y mis pies están sanos (ha aparecido una pequeña ampolla sin mayor importancia que no me frena ni nada parecido). Físicamente me encuentro de maravilla, estoy reduciendo peso, sin duda, y me encuentro con todas las fuerzas para llevar a término mi proyecto.
Anímicamente también me encuentro bien. No han surgido problemas ajenos a la marcha que me hayan trastocado y más bien al contrario es posible que alguna de esas cosas que en líos últimos tiempos me tienen inquieto (léase David), tenga algún avance positivo, sin querer echar campanas al vuelo. Vamos, que problemas pueden existir y los hay, sin duda, pero en este momento no me generan tensiones.
Y en otros aspectos el viaje me esta sirviendo para seguir conociendo gente, personas de todo tipo y con mentalidades muy diversas, pero pudiendo sacar enseñanzas positivas en todos los casos. Para practicar idiomas, ya que ya sea tanto con ingles como en otros casos con francés aquí te entiendes con todo el mundo. Y la diversidad de las personas, si se sabe buscar en sus ideas, formas de actuar, etc, aporta muchas cosas interesantes.
Yo sigo teniendo todo el tiempo del mundo para recordar otras situaciones vividas en este mismo trayecto 10 u 11 años atrás, y puedo valorar mi evolución en estos años, en todos los aspectos, pero básicamente en lo emocional, en la tranquilidad que ahora tengo respecto a cómo me sentía entonces, en la forma de disfrutar de cada evento, de comentarlo y sobre todo de vivirlo. Es algo de lo que tuve la oportunidad de comentar y reflexionar el otro día durante la visita que me hizo Zuriñe, que se desplazó desde Vitoria a Santo Domingo de la Calzada para verme, y porque esos temas surgieron cuando uno y otro hablamos de nuestras situaciones de otros tiempos y de ahora.
Cada día, lejos de sentirme más cansado, inició la jornada con mayor soltura, con más decisión y convencido de llegar a Coruña en los plazos más o menos estimados antes de salir, pero sin que eso sea una mínima preocupación: si llego para el día 6 estupendo pero si hay que alargarlo algunos días tampoco va a pasar nada; ya lo celebraremos como y cuando sea. Quiero seguir aprovechando cada paso que doy, porque lo doy convencido y me gusta estar haciéndolo. Si algo pienso que sería mejorable, sería poder estar aquí acompañado por Ipi, aunque hubiese que llevar una marcha mucho más lenta. Siento en ocasiones envidia de algunas parejas a las que veo caminar juntas, aunque uno y otro vayan separados por unos metros, pero luego en lis descansos y en los albergues vuelven a compartir los detalles del camino. Pero como sé que eso es algo ahora mismo impensable me conformaré con intuir la posibilidad de hacer algo similar en trayectos de pocas etapas como cuando hicimos el camino a Fisterra. Y seguimos caminando, que esto todavía no termina ……

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Camino 2017 – Etapa 12: Hornillos – Itero de la Vega

21 de abril. Los tres que cenamos ayer (el alemán que no dice ni pío, la mejicana dormilona y yo) fuimos los mismos que hoy estábamos para el desayuno, y se añadió el barcelonés que ya ha pasado por aquí antes, con quien ayer estuve charlando un buen rato, junto al hospitalero. El desayuno fue sencillo, pero al menos salí sin la necesidad de tomar el café, como ayer. Hacía mucho frío esta mañana y como ayer en Burgos perdí el guante derecho hoy tenía que hacer malabares para llevar las cosas con la izquierda y poder meter la mano derecha en el bolsillo.
La salida de Hornillos la hice a las 7,45 ya con sol, aunque como dije con mucho frío. Los tres primeros quilómetros son de subida constante aunque llevadera y los hice muy rápido. Luego se llega al alto y se camina en llano durante otros 7 km en los que solo se ven aerogeneradores que aunque hoy el viento no era tan fuerte, funcionaban bien. Y tras esos 10 km de marcha aparece Hontanas, bajando. Allí primera parada para tomar café, y llegando alcance a la mejicana que había salido un rato antes que yo, pero va como una moto.
La parada fue corta, allí se quedó María (la mejicana) decidiendo a donde iría a dormir, y yo continué directamente hacia Castrojeriz, primero por senderos sin ninguna particularidad y luego por la carretera comarcal que yo recordaba perfectamente de mi paso anterior, por los restos del Convento de San Antón, que se encuentran un poco más adelante, y tras una curva se divisa ya a lo lejos Castrojeriz, una bonita localidad con mucha piedra y mucha historia y un castillo, o lo que queda de él, en lo alto. En mi paso anterior había hecho noche aquí, que es lo que siguen haciendo buena parte de los peregrinos. En esta ocasión hice una breve parada para reponer fuerzas y aproveché tambien para comprar fruta y unos guantes.
Y a partir de ahí, tras llanear un par de quilómetros, aparece la fuerte subida que anticipaba el perfil de la etapa. Si esa subida se hace fresco, a primera hora de la mañana es mucho más llevadera que acometerla a pleno sol, como fue hoy mi caso. Aun así, la verdad es que me resultó mucho más fácil de lo que pensaba. Tal vez influyera el hecho de que la fui ‘retransmitiendo’ como quien dice, ya que iba mandando fotos del avance en el ascenso a IMER, y sus respuestas e impulsos de ánimo me lo simplificaron. Tras la subida, del otro lado del alto aparece la inmensidad de la llanura castellana.
La bajada es brusca, aunque la han hormigonado y así se evita el pedregal de otras ocasiones. Y una vez llegado abajo, se camina como una ruta sin fin hasta completar los 12 km que separan Itero de la Vega (mi destino de hoy) de Castrojeriz. Como además ese tramo lo hice sin ver a nadie a lo lejos, todavía resulta más largo. Justo antes de cruzar Puente Fitero, que marca el límite de las provincias de Burgos y Palencia, divididas por el Pisuerga, se pasa junto. La ermita de San Nicolas.

Y ya en mi destino, cuando llegué al albergue fui el primero, aunque posteriormente han llegado otras personas. Este albergue está gestionado por tres jóvenes que acaban de cogerlo, según me han contado. Y lo están actualizando. He aprovechado que hay lavadora, así que hice colada, que se secara al sol. Por cierto que hoy calienta bien.
Respecto del conjunto de la etapa, si bien ayer apenas vi gente (la mayor parte de los peregrinos quedaban en albergues de Burgos), hoy sí que se veía a muchos que en su mayor parte harán noche en Castrojeriz, es decir que los voy dejando atrás. Para mañana ya he programado ir a dormir a Villalcazar de Sirga, para cenar lechazo, por el recuerdo de mi paso anterior y de la comida que hicimos en febrero Ipi y yo.
En la cena he coincidido en la mesa con un paisano de Mondragón que va en bici, y dos chicas, una japonesa de Tokio y una americana de Washington. Muy simpáticas las dos. La americana estuvo en Los arcos el mismo día que yo, porque se acordaba de la procesión, y como tengo imágenes grabadas se las puse a la japonesa y flipaba. Creo que tiene algo que ver con la restauración porque cuando dije que yo mañana iba a comer lechazo a Villalcazar, enseguida quiso saber dónde queda eso para ir ella. En otra mesa había tres alemanes, uno de los cuales tiene grabadas canciones de la tuna, como Clavelitos, Fonseca, etc, y cuando yo las coreaba y cantaba, se lo pasaron pipa.

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Camino 2017 – Etapa 11: Cardeñuela – Hornillos del Camino

20 de abril. La jornada de hoy empezó poco después de las 7,30 después de haber semi-desayunado porque me quede sin monedas y no podía usar la máquina de café, y aunque luego mi vecino de habitacion me dio 1 euro, me equivoqué y en lugar de café con leche me salió un solo largo, que no sabía a nada. En vista de lo cual decidí que me tomaría ese café inicial que tan bien sienta, en la primera cafetería que encontrase en el camino. Hay que decir que hoy la mañana estaba fría, francamente más que cualquier otro día de los precedentes.
De esa forma, los 6 kms iniciales los hice en menos de una hora, y justo al llegar a Villafria, donde empiezan los polígonos de entrada a Burgos, me metí en el primer bar que encontré y se ve que hoy tenía algún gafe porque cortaron la corriente según entre. Pese a todo pude tomarme un cafetito caliente.
La ruta hasta allí, por el arcén minúsculo de una carretera comarcas, y a partir de ese momento por aceras, durante al menos 7 kms más, a lo largo de un polígono. Vamos, como en el Paseo Marítimo, pero solo en cuanto al piso, porque en lugar de ver el mar solo había naves industriales y camiones. Y ya llegados a la zona de viviendas del Gamonal, a las 9,20 de la mañana, a atravesar toda la ciudad de Burgos. En un reloj de esos que además ponen la temperatura, a las 9,38 marcaba 5 grados. Frío o fresquito? Habría que preguntar a Ipi o Elena, a ver qué opinan.
Tras atravesar todo el centro de la ciudad, con parada en un par de iglesias y pasó por la catedral, enfile ya la salida hacia Tardajos, un pueblo que está 10 kms más adelante. Camino siempre llano, alejado al principio de la carretera aunque se junta a ella en la llegada. Allí, en Tardajos, hice la primera parada sería, para comprar y tomar unas frutas, que fue mi comida en el día de hoy. Antes, en la salida de Burgos, frente a la universidad, había tomado otro café, aprovechando para desaguar. Por cierto, que allí pare el contador de Endomondo y por esa razón no se ha incluido más de 1 km de ruta, hasta que me di cuenta.
Desde Tardajos ya vine sin parar hasta mi destino de etapa, en Hornillos del Camino. Por el medio solo queda un pequeño pueblo, Rabe de la Calzada, donde un grupo de peregrinos estaban comiendo y daban una envidia …. Si hasta entonces el recorrido había sido llano, a partir de ese momento el camino sube de forma continuada durante al menos 5 km, y aparecen peregrinos descansando en una zona arbolada, y cuando llegas a una distancia aproximada de 2 km de Hornillos, se divisa el pueblo que ya creías que no iba a aparecer nunca. Y si la subida era dura, la bajada lo es más, por ser muy repentina y toda de piedras. Pero al fin llegas, y ahora estoy en el albergue Alfar, aparentemente muy bien. No está abarrotado pero hay bastantes peregrinos, entre los que he conocido a un español, un alemán, una etíope, una mejicana, una australiana, un italiano, y alguno más cuya procedencia no conozco. En la cena común solo hemos participado 3 personas. El resto o no cenan o lo hacen fuera.
Por lo demás, hoy he contactado por whatsap con Xavier, el amigo frances que se quedo en Viana con Philippe y Anne Laure. Los recuerdo mucho y se les echa de menos, por el buen ambiente que teníamos en grupo. También por whatsap contacte con Truus, que hoy al parecer se quedo en Burgos.
Van ya 11 etapas y casi 320 kms. El ritmo es mejor que el previsto inicialmente, pero aun así, si se extrapola con lo que falta nos iríamos a un total de 27 o 28 etapas. En fin, lo veremos a medida que avancen los días. En cualquier caso, que no vaya la cosa a peor.

‘El Camino te exige. Hay que levantarse antes que el sol a pesar del cansancio y las ampollas; hay que caminar en la penumbra de la noche que se va haciendo día, hay que descansar justo para no pararse.’

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Camino 2017- Etapa 10: Villambisia – Cardeñuela Río Pico

19 de abril. Hoy el día empezó más temprano porque todo el mundo en el dormitorio se puso en marcha sobre las 6,30 de la mañana. Como la hospitalera había dejado preparado desayuno, pude tomar un par de frutas, un café con leche y unas magdalenas antes de iniciar la marcha, lo que da una ventaja adicional al día, ya que se sale mejor pertrechado. Hay que felicitar el buen hacer de Inmaculada, la hospitalera de Villambistia que tiene el albergue muy cuidado y preparado y atiende bien a sus huéspedes. Ayer, sin ir más lejos, cuando yo llegué había facilitado a las francesas un barreño con agua y vinagre para relajar los pies, y les dio además un gel para después. Y a la noche, cuando el partido del Madrid se fue a la prórroga, aguanto hasta el final con los parroquianos que quedaban, lo que me permitió a mi tambien verlo hasta el final.
Y volviendo a hoy, esta mañana estaba arrancando poco después de las 7,20 por lo que pude ver salír el sol ya de camino. Hacía frío y salí bien pertrechado, y para muestra de la temperatura cuando llevaba circulados casi 4 km, a las 8 todavía el campo estaba con la helada de la noche. Salí tras el matrimonio alemán, aunque enseguida les deje atrás y no volví a ver peregrinos hasta 9 km después. La ruta transcurría hoy más alejada de la carretera y solo se volvió a juntar al llegar a Villafranca Montes de Oca, tras 5 km de ruta. En ese punto hice una breve parada para tomar un café y aligerar peso de la mochila interna. A partir de ahí, hay algo más de 2 km de dura subida, el primero de los cuales con rampas muy empinadas de esas que quitan el aliento. Y desde ese punto, el camino abandona la carretera y discurre por un amplio sendero, entre pinos y carballos. En el tramo que discurre después del alto hay una zona de descanso donde alguien ha puesto objetos decorados y alguna chorrada adicional. Al llegar al km 11 hay un pequeño monumento levantado en 2011 a raíz de descubrirse allí una fosa común de asesinados durante la guerra.
La ruta sigue por el sendero hasta San Juan de Ortega, a 18 kms del inicio, donde hay un monasterio en rehabilitación. No hice parada más que para tomar unas fotos, ya que en cada parada de descanso se pierde ritmo y cuesta más recuperar la marcha.
Tras San Juan, ya directo hacia Atapuerca, donde sí que hice una parada de descanso y para reponer fuerzas. En mi paso anterior por esta localidad, recuerdo al amigo Luis Carrascosa, con quien había hecho una parte del trayecto. Plátano, café y una palmera en una panadería situada estratégicamente fue lo que me metí como reconstituyente. En ese momento iban ya recorridos 24,5 kms y como solo restaban 6 km a mi destino previsto, empecé a barajar la posibilidad de andar algo más. Pero cuando me encontré que en esos kms que restaban la mayor parte eran una dura subida y la consiguiente bajada a través de un inhóspito pedregal que machaca los pies, llegue a la conclusión de que el destino previsto era lo más adecuado. En el alto hay una enorme cruz y algo más adelante se contempla una buena vista del llano, con la ciudad de Burgos ya a vista al fondo. Así que continúe lo que faltaba hasta Cardañuela-Río Pico a donde llegue pasadas las 13,30 horas, después de completar 30 kms de marcha.
Este pueblo donde me alojó es la mínima expresión y el albergue no está mal, aunque hoy particularmente esta desangelado porque estamos solo creo que 6 personas. Comparto mi habitación con un alemán, con quien me entiendo en inglés, y en otra zona hay dos parejas de coreanos, tailandeses o de esa zona. Solo nos hemos apuntado a la cena mi compañero y yo: crema de verduras, un chupito para cambiar sabores, ensalada y pollo guisado con patatas fritas. De postre fresas. Mañana nos dejan preparado para el desayuno algo parecido a lo de hoy.
Como la cena fue a las 7, media hora después habíamos terminado pero aunque trate de ir a dar una vuelta por el pueblo el viento es tan fuerte y frío que el único sitio donde se está bien es la habitación, así que aquí estoy escribiendo estas líneas. A la tarde intente hacer algo como lo de ayer, tomando el sol, pero con tanto viento y tan fresco, casi me quedo tieso.

‘El Camino engendra comunidad: que se saluda, que se interesa por el caminar de la otra persona, que conversa, que comparte.’

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Camino 2017 – Etapa 9: Santo Domingo – Villambistia

18 de abril. Etapa rápida y fea, ese sería el resumen rápido de la de hoy. Empecé sobre las 8 de la mañana, y como había cafeterías abiertas, pude desayunar antes de partir. La salida de Santo Domingo es igual de fea que la entrada, y además en esta etapa la ruta, en más de tres cuartas partes del trayecto, circula por un camino paralelo a la carretera N-120, con lo cual el ruido es el acompañante constante del peregrino.
Los 7 primeros quilómetros, que es la distancia hasta Grañon, los hice a una media superior a los 6 km/hora. Y allí hice una primera parada, para tomar un café y unas frutas. Grañon es el último pueblo de La Rioja, puesto que poco después se entra en la provincia de Burgos. Y el primer pueblo de esa provincia es Redecilla del Camino, al que siguen otros menores, como Viloria de Rioja, cuna del santo de la Calzada.
Todo ese trayecto hasta Belorado, que como ya dije es feo, lo hice de un tirón, a una media muy alta, y durante ese tramo me encontré a Truus, que caminaba junto a un coreano. Me comentó que ayer se encontró a Wolfang, a quien yo tambien había visto, y a cada uno nos preguntó por el otro, puesto que se habían habituado a vernos caminar juntos. Wolfang paraba ayer su recorrido para regresar a su país. Tras caminar un rato junto a ellos comentando esos detalles, yo seguí a mi ritmo, como digo sin parar hasta Belorado, donde ya sí que hice un buen descanso y aproveché para comer algo. En el mismo lugar estaba una pareja de españoles a los que vi todos estos días y que hoy tambien paraban para regresar a casa.
Y desde Belorado, de nuevo de una tacada hasta Villambistia, mi destino de hoy. Es un pueblo minúsculo, pero el albergue al que vine, que es municipal está muy bien. Tiene solo 14 plazas, pero la hospitalera es muy atenta, las camas, duchas y aseos están bien, y por 15 euros nos dan sabana, almohada, alojamiento, cena y desayuno. Una bicoca. Pero lo mejor es que tiene una preciosa terraza en la cual hoy se podía tomar el sol de maravilla mientras se reposaba del camino. Hice colada y allí se seca tambien estupendamente.
Mis pies siguen impecables y únicamente hoy, que no me quite el polar en todo el recorrido, note al ducharme que en los brazos me habían salido esas pequeñas ampollas de agua que en ocasiones me aparecen cuando hace mucho calor.
La cena ha sido de lo más heterogéneo. Estábamos 8 personas, de las cuales 3 alemanes, 2 francesas, 1 neozelandesa, 1 Ingles y yo. Se hablaba entre Ingles y francés, tambien con algo de español, y muy buen ambiente general. Las francesas dedican cada año 15 días y en este han empezado en Logroño. Un matrimonio alemán viene desde Pamplona, tambien continuando ruta de otros años. El inglés es un policía (detective) que viene de nuevas. El otro alemán tambien acaba de empezar y la neozelandesa es una que viene desde el primer día al mismo ritmo que yo y de la que en algún momento comenté que era alemana. En cuanto al menú, muy bueno: pasta bien preparada, pollo con una salsa exquisita y luego postre. Yo he ido ahora a tomar un café y la hospitalera me ha invitado. Me dice que de forma habitual en el pueblo duermen 9 vecinos, aunque en estas fechas de Semana Santa ha estado todo lleno, con más de 300 personas.
‘El Camino te hermana. Lo poco que lleves deberás estar dispuesto a compartirlo porque aunque empieces el Camino en solitario, lo harás en compañía’.

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Camino 2017 – Etapa 8: Najera – Santo Domingo

17 de abril. Aunque el albergue de Najera era francamente bueno, la noche no lo fue tanto, porque me desperté sobre las 4,30 y aunque me adormile después, como los madrugadores empezaron a hacer ruido sobre las 5,30 ya poco más aproveche de sueño y sobre las 7 me puse en pie. Y puesto que cuando media hora más tarde salí a la calle todo estaba cerrado, cogi ruta hacia Azofra, que está a 7 kms para ir allí a desayunar. Lo mismo que yo hizo todo el mundo y al llegar a ese pueblo hora y media después, el bar ‘El descanso del peregrino’ donde pare, no daba hecho para atender a los clientes.
Tras el desayuno me di una vuelta por el pueblo, del que guardo un buen recuerdo de mi primer paso por allí, hace 11 años. Había un moderno albergue y coincidió mi llegada con un día de fiesta en el que por la tarde en la plaza repartían vino y pinchos morunos. Ahora Azofra ha crecido y aunque sigue siendo pequeño tiene muy buena pinta.
Hasta allí, el camino es de subida continuada pero lenta y suave, con lo que se lleva muy bien. Además la mañana estaba fresquita y hoy no me quite el polar en toda la etapa. Incluso en las primeras horas fui con guantes. Para llegar después al siguiente pueblo, Cirueña, hay que andar otros 9 kms, siempre en subida que en su mayor parte es suave, aunque cuando faltan 2 kms para llegar, se empina y endurece. Un paisano espabilado ha instalado en el alto una mesa y sombrilla como puesto de venta de bebidas y fruta y le va de maravilla.
Superado el alto, tras un tramo llano se llega a Cirueña, un pueblo minúsculo cerca del cual han hecho un espléndido campo de golf (Rioja Alta Golf Club) y en el entorno de este una enorme urbanización de viviendas y chales (individuales, adosados, pareados..) pero que debe haber sido creada en tiempos de bonanza y ahora la mitad de todo está con carteles de ‘se vende’. Excesos de las épocas de vacas gordas.
Y superado Cirueña, ya se encaran los 6 kms que restan hasta Santo Domingo de la Calzada, mi final de etapa hoy. Aunque respecto a los días precedentes se queda un poco corta, tenía ganas de parar aquí porque este fue el final de mi primera fase en los inicios, y nunca había tenido tiempo de conocer a fondo la localidad, que me parece muy interesante y tiene mucha historia.
La entrada no es especialmente bonita, pues se llega junto a una especie de polígono pero el centro del barrio viejo, por donde cruza el camino hacia la catedral, ya vale la pena. Hay una abadía cisterciense que tambien es albergue de peregrinos aunque yo he venido al otro, mucho más grande y por cierto muy cuidado. Lo malo es que al llegar, el hospitalero me pregunto qué cómo llegaba y al decirle que bien, me mando a la segunda planta. De haber sido más espabilado le digo que vengo tocado para que me dejara en la planta baja y no tener que subir tantas escaleras con las mochilas. Y hablando de mochilas, debo decir que el servicio de Correos funciona muy bien.
Debo indicar tambien que pese a estar ya en el final de la Semana Santa (hoy es fiesta en La Rioja) la afluencia de peregrinos es muy alta. Hoy, que se veía el recorrido a dos o tres quilómetros por delante, en todo momento he podido ver circulando al menos 20 personas. Los extranjeros siguen siendo gran mayoría.
Como tenía ganas de conocer bien Santo Domingo he aprovechado para ver la catedral y enterarme bien de la historia del gallo y la gallina así como ver una exposición temporal que hay estos días. He visto el Parador y los edificios más emblemáticos de la villa. Y como además esra tarde vino a visitarme Zuriñe, mi amiga de Vitoria en cuya casa me alojé cuando el accidente del tren, le pedí que me llevase a conocer San Millán de la Cogolla. Allí pudimos visitar el Monasterio de Yuso, que se considera la cuna de la lengua castellana y, lo que he descubierto hoy, también del euskera, por los mismos escritos. Resultó una visita muy instructiva y además pude luego cenar acompañado.

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Camino 2017 – Etapa 7: Logroño – Najera

16 de abril. Comienzo de jornada con un imprevisto: pese a que fuimos la parada de bus con bastante antelación, no hubo bus, pero no porque no pasara sino porque los quinceañeras que volvían de marcha rompieron una ventanilla del bus y la empresa lo dejo inmovilizado y no precisó cuando enviaba otro. De modo que hubimos de llamar un taxi para que nos bajase a Logroño a desayunar y retomar la ruta. Total, 20 euros menos y tres cuartos de hora de retraso. Pero como esto hay que tomarlo como viene y no cabrearse, pues así empezamos a caminar poco después de las 9 desde el centro de la ciudad.
El recorrido hasta Navarrete se hace atravesando, primero, una serie de parques y zonas verdes de Logroño, para internarse luego por viñedos y campos de cultivo, hasta desembocar en una fea zona, tipo polígono que es la que desemboca en Navarrete. Una vez entrados en el pueblo, parada a refrigerarse y meter algo más al estómago tras 11 kms de marcha. Hecho lo cual, atravesamos toda la villa hasta llegar a la iglesia en la zona donde ya habíamos hecho noche, y a partir de ahí está la salida hacia Najera, nuestro final de etapa previsto.
Hay que reseñar que la de hoy fue la etapa, hasta la fecha, con menos subidas y bajadas. El perfil es de subida hasta poco después de Ventosa, y bajada posterior. Sin embargo la subida es muy larga pero poco pronunciada y se lleva bien y la bajada casi tampoco se percibe.
El día amaneció despejado y así se mantuvo todo el tiempo si bien la temperatura nunca llegó a ser excesiva. Incluso no me quite el polar hasta después de salir de Navarrete, al pasar junto a un precioso pórtico del siglo XII.
Antes de llegar a destino hicimos otra parada en Ventosa, 11 kms antes de terminar. A partir de ahí hice el recorrido prácticamente solo porque Truus se paró a ayudar a una peregrina octogenaria muy menuda que tenía un problema en una bota. Aunque inicialmente me pare y fui a la par un rato, me desmarque pronto ya que iban muy lentas, mientras la buena de la señora (una californiana que vive en New York) le contaba a Truus sus peripecias. No llegamos a saber cuando había empezado la marcha, aunque sí que partió de Saint Jean, y que empieza a caminar cada día poco después de las 5 de la mañana. Va a su aire y se considera un espíritu libre dentro de un cuerpo ya viejo, pero se lo toma todo con una filosofía muy peculiar.
Ahora, ya instalado en el albergue (está al completo, y de hecho otros dos peregrinos que llegaron a la par que nosotros, no tuvieron acomodo), hemos salido a cenar y he visto que está todo abarrotado de gente, porque mañana es fiesta en La Rioja. Además en Najera están con unas jornadas de pinchos y esa llena las terrazas y los bares.
En el sitio que cenamos nos encontramos con otra de las alemanas que iniciaron la ruta con nosotros en el mismo albergue de Saint Jean, y nos contó que ayer, como no tenían alojamiento ni en Logroño ni en Viana tuvieron que dormir en el suelo en una iglesia de Viana y hoy se han metido en el cuerpo 40 kms para llegar aquí.
En fin, que está la cosa complicada estos días, aunque yo mañana no tendré problemas en Santo Domingo, porque el albergue al que voy tiene creo que 220 camas. Por cierto, que Truus me ha dicho que desde mañana va sin final previamente decidido, lo cual a mí me da también la libertad de fijar el destino de etapa sin contar con ella. Seguro que volveremos a coincidir por ahí adelante pero ya sin ir uno sujeto a la opinión del otro. Creo que tanto ella como yo es exactamente lo que buscamos en este recorrido.

“El camino te simplifica, porque cuanto más ligero sea el equipaje menos te agobiara la espalda y mejor experimentarás lo poquísimo que necesitas para vivir.”

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Camino 2017 – 2

Cuando se va a cumplir la primera semana, y tras la marcha de mis amigos franceses, con los que tan bien he congeniado, y con quienes he formado grupo junto a Truus (por cierto, ese nombre es un diminutivo de Gertrudis, puesto que hoy me entere de que su nombre es Gertrudis Elena María), hay que hacer algunas valoraciones sobre lo que supone hacer grupo respecto de viajar solo.
En concreto y con la experiencia de estos días debo decir que no me ha perjudicado para nada el ir en grupo ya que en todo momento he disfrutado de mi “soledad” mientras camino porque mi marcha es diferente de la de los otros y siempre he ido al ritmo que marca mi cuerpo, sin verme en nada condicionado por el ritmo de los demás. No obstante lo dicho, en algunos momentos hemos caminado juntos más de uno, en lo que a mí respecta con Philippe a veces y en otras ocasiones con Xavier o con Truus. Y sin embargo sí que he obtenido beneficios del grupo, por cuanto los ratos de descanso se han convertido en momentos de alegría, comentando sucesos del recorrido, temas singulares de alguno de los participantes o simplemente charlando sobre temas actuales. También me he beneficiado de la posibilidad de tener quien o quienes se ocupan de mis cosas mientras vas al baño, o entras a comprar algo. Y las ventajas de poder hacer fotos e intercambiarlas con los demás.
Con su marcha se abre ahora una situación algo diferente ya que al haber antes dos mujeres, muchos ratos los pasaban juntas y está por ver si la sintonía que en apariencia tengo con Truus en cuanto a los tiempos y ritmos de marcha, planificación de etapas y demás se mantiene o cada uno va a su aire. Y evidentemente también está el hecho de que vamos coincidiendo con otra gente y se puede volver a formar grupo o crear otro completamente diferente.
Y por lo que concierne a mis percepciones hay algo que me está sorprendiendo gratamente: desde que he empezado el Camino es la primera vez que, tras varios días de marcha, y además de etapas largas, rápidas y algunas muy duras, no tengo la menor molestia en los pies, ni en las piernas, más allá del lógico cansancio tras cada jornada, pero que se recupera de un día para otro. Ni siquiera (o tal vez por eso) estoy recurriendo a los remedios antes habituales de la vaselina, el alcohol de romero, las protecciones ínter dedos del pie ni el ibuprofeno. Me limito, en cuanto al cuidado de los pies, al gel para descanso de los ídem, que pongo cada día tras la ducha y que tenía en casa sin usar desde hace 12 años.
En cuanto a la tipología de los peregrinos cada vez es más heterogénea. Ahora que termina la Semana Santa se ve que el porcentaje de extranjeros crece de forma muy considerable y los hay de los lugares más dispares, de todas las edades, y con las más diversas motivaciones por lo poco que he podido averiguar.
Estoy consiguiendo la “desconexión” que buscaba, y eso que hasta ahora, por el tiempo transcurrido estoy en la misma tesitura que la primera vez que lo inicié, 11 años atrás. Justamente a partir de ahora será cuando lo perciba mejor, pero solo con pensar que no tengo que cortar la ruta, ya me siento más libre. Únicamente echo en falta la pareja. Aunque sé que Ipi no está para estos trotes, no dejo de pensar lo diferente que sería este Camino si lo hiciésemos juntos, como veo a otros matrimonios o parejas. La compenetración que se produce es algo importante y en nuestro caso ya lo hemos comprobado cuando el recorrido hasta Finisterre, así que habrá que programar algún otro de varios días sin que sean demasiados.

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Camino 2017 – Etapa 6: Los Arcos – Logroño lo

15 de abril. Tras una noche tranquila y reposada, hoy comenzamos la jornada bien pronto, y como no había donde desayunar cerca del albergue Casa Alberdi, sobre las 7’30 de la mañana nos pusimos en camino, para llegar a Sansol y hacer allí la primera comida del día. Los 7 kms que separan ambos pueblos se hicieron de forma muy cómoda, pues la mañana estaba fresca, el recorrido no era duro, y además aquello parecía una procesión por la cantidad de peregrinos que circulaban.
Llegados a Sansol nos encontramos con la sorpresa de que solo estaba abierta una tienda en la que se podían comprar café, zumos, pan y fruta y embutidos, con lo que allí se formó una media feria porque todos terminamos en el mismo sitio. Como nuestro grupo fue llegando por partes, empecé desayunando yo y el resto a medida que iban llegando. Tras Sansol, superamos Torres del Río que está como 1 km después, donde pude comprar fruta, a precio mucho más asequible de lo que viene siendo habitual (eran 0,30 € la pieza, mientras venían costando hasta ahora 0,80 € donde la tenían disponible).
Y superado ese último lugar, un sube y baja continuado hasta Viana, aunque con una mini parada en medio, junto a una roulotte que está instalada en medio del monte y hace su negocio con todos los que circulamos, que estos días somos muchos. En medio del trayecto hay quien tiene ganas de dejar su impronta en el recorrido depositando algún papel, un lazo, o lo que se le ocurra, con lo que se va generando un medio estercolero.Al final, en cada parada venimos coincidiendo casi los mismos, más o menos tiempo. Hoy allí estuvieron Cristina, la madrileña que va con sus hijos, otra pareja que va con un niño y una niña en una silla, nosotros y varios más de los que no se el nombre pero que vemos cada día. Por cierto, la pareja que camina con la niña en una silla me parece admirable porque deben hacer entre 15 y 20 kms diarios, y el crío que camina no tendrá más de 12 años.
Llegados a Viana, por turnos (yo el primero, Truus un poco más tarde y los franceses algo después -hoy Xavier se atrevió a hacer el recorrido andando-), hicimos una pequeña parada esperando la llegada de la mujer de Xavier, que vino de Burdeos a recogerlos. Y ya con ella, hicimos la travesía de Viana, y junto a la iglesia gótica de Santa María encontramos a los madrileños, que también desde allí terminaban su camino por este año. Y según lo que Xavier les había retado, allí todos juntos nos pusimos a cantar el himno que ellos traían y que repetidamente hemos cantado en estos días. La mujer de Javier grabó en vídeo toda la intervención y nos la mandaran a todos.
Recorrimos la calle principal buscando un lugar donde comer y tras varios intentos fallidos (estaba todo abarrotado), finalmente encontramos el Restaurante Pujades, donde nos sirvieron un excelente menú, al que además al final nuestros amigos franceses nos invitaron a Truus y a mí, que continuamos la ruta.
Debido al tiempo de la comida, la salida hacia Logroño, que hicimos entre grandes gritos de ánimo de Xavier, Anne Laure y Philippe, se realizó más tarde de lo previsto inicialmente. Pero aun así hicimos los 12 kms del trayecto prácticamente sin parar y en tiempo récord, recuperando parte del retraso. Y ya una vez en Logroño hemos hecho un pequeño recorrido, buscando donde sellar la credencial. Pudimos visitar la iglesia de Santiago, pero para el sello encontramos finalmente uno de los albergues que no tenían plaza para nosotros y allí conseguimos el sello.
Para llegar a nuestro alojamiento pensábamos tomar un taxi si no aparecía el bus, y tuvimos la suerte de ver un bus que venía a Navarrete y estaba listo para salir, así que nos salió redondo. Mañana hay bus para bajar a Logroño a las 8, así que iremos ya a desayunar allí. Por cierto, el albergue de Navarrete, muy bien.
Aquí hemos cenado en un pequeño bar cerca del albergue, tras una visita a la imponente iglesia que tenemos enfrente, que por cierto me recordó que la anterior vez que pase por aquí estaba con una boda.

“El Camino de Santiago es parábola y realidad al mismo tiempo porque se hace por dentro y por fuera en el tiempo concreto que duran las jornadas y a lo largo de toda la vida cuando has dejado que el Camino te penetre, te transforme, te convierta en peregrino.”

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