3ª jornada: Zubiri-Pamplona

18 de julio de 2006. En esta tercera jornada, decidí madrugar más y a las 7 de la mañana ya estaba iniciando la marcha para afrontar mejor el calor.CS1084 Fué una etapa de 20 kms, con final en Pamplona y solo una parada para desayunar en Burlada. Al salir simplemente me tomé unos melocotones que el día anterior había comprado en Zubiri.

Como llegué pronto a Pamplona, me cogí una habitación en un hotel para pasar todo el día, aunque al final apenas salí por Plaza del Castillo - Pamplonala ciudad porque a mediodía había 38 grados y a la noche solo bajó hasta los 32 grados. No obstante después cayó una fuerte tormenta que permitió refrescar un poco el ambiente.

Esta etapa y la jornada en sí me sirvieron para reflexionar sobre lo ya comentado en la etapa del día anterior de las prisas. En mi cuaderno de ruta, comentaba lo siguiente: «Tengo el hábito de plantearme las cosas de una forma concreta y me cuesta cambiar luego la programación. He visto que en general la gente se toma el camino con otra filosofía y he decidido empezar a relajarme y caminar Plaza Castillo - Pamplonaal paso tranquilo que requiere la ocasión. El atracón del primer día fué en parte causado porque yo imprimí un ritmo demasiado rápido. La verdad es que ya he comenzado a dejar que las etapas se hagan sobre la marcha en función del cansancio, del calor y del estado de ánimo».

Y razonaba asimismo: «Pero es que debo llevar ese criterio a todo lo que hago; dejar de actuar de forma tan programada, y si programo no cerrarme a los cambios que en la mayor parte de los casos deben permitir acomodar la vida a los hechos que me suceden, al ritmo normal de la marcha y no empeñarme en que las cosas hay que hacerlas de tal o cual forma o en tal o cual plazo, simplemente porque en un determinado momento creí que eso era lo correcto y lo programé asi. Debo empezar aser más flexible sobre todo en las cosas importantes y en aquellas que me afectan no solo a mi».

Esas fueron algunas de mis primeras conclusiones prácticas de los tres dias iniciales del recorrido, con lo cual la idea de llegar a Burgos al final de este periodo….  como que se quedó ya fuera de la programación, puesto que no sería posible.

Segunda etapa: Roncesvalles-Zubiri

17 de julio de 2006 – Me levanté francamente tocado, con un fuerte dolor en la pierna derecha, tanto en la rodilla como en el gemelo, que casi no me permitía mantenerme en pié, motivo por el cual dudé si quedarme a descansar o continuar la marcha.

Vista de Roncesvalles
Vista de Roncesvalles

Finalmente pudieron más las ganas de continuar y sobre las 9 de la mañana reinicié el camino, aunque con bastantes molestias en el gemelo cuando tocó subir y en la rodilla cuando se trataba de bajar. Además me surgió una pequeña ampolla en la base del pié izquierdo, pese a los cuidados de vaselina y alcohol de romero, producto de las recomendaciones previas.

Pese a todo, conseguí realizar la etapa de 24 kms, que es lo que separa Roncesvalles de Zubiri, y al llegar a destino

Un sendero saliendo de Roncesvalles
Un sendero saliendo de Roncesvalles

me dediqué a descansar en la piscina del pueblo, que está verdaderamente bien, máxime con el calor que me acompañó toda la jornada. No conseguí plaza en el albergue y me alojé en una habitación de un particular, bien equipada y con baño. En el recorrido de esta etapa he coincidido con dos chicas. A una de ellas, española, que hace el camino con toda la calma, me la encontré en CS1094una fuente donde yo paré para descansar y refrescarme y fué quien me facilitó unas pastillas de árnica para los dolores y crema para el gemelo. En la charla que mantuve con ella me dí cuenta de que tengo un error de planteamiento: he iniciado el recorrido con la idea de llegar a Burgos en 10 días, lo que me exige un ritmo determinado, y ahi está mi error: el camino es para disfrutarlo, para hacerlo al ritmo que corresponda en cada momento y caminar de forma tan preconcebida no es lo más adecuado, de modo que he

Junto al puente de la Rabia - Zubiri
Junto al puente de la Rabia – Zubiri

decidido olvidarme de mis proyectos y caminar al ritmo que el cuerpo y las circunstancias me permitan en cada momento, olvidándome de objetivos duros. Cerca del final de etapa me uní a una chica francesa que me dió agua (a mi se me había terminado y ya no encontraba fuentes donde aprovisionarme). Fuimos juntos hasta llegar a Zubiri. Fué una charla agradable, y me contó que ella inició su ruta en Francia, donde vive, y lo va realizando a razón de 10 dias cada año, sin prisa.

Mi primera experiencia – Dia 1

Corría el mes de julio del año 2006 cuando por fin conseguí programar unas fechas que me parecieron adecuadas para iniciar el camino, algo que había proyectado unos años atrás y que por diferentes razones no había llevado a cabo hasta entonces. En aquellas fechas estaba yo trabajando en Pontevedra, ya prejubilado del banco, y colaboraba en la reorganización de una empresa que era propiedad de un antiguo cliente.

Preparé mis vacaciones para la segunda quincena de julio, y de ese modo el día 15 de ese mes tomé el tren Coruña-Irún desde Ourense hasta Pamplona y desde esa estación directamente me fuí en taxi a Saint Jean Pié-de-Port, al otro lado de los Pirineos, donde deseaba inicial el recorrido. La partida la hice desde Ourense y fué mi amigo Julio (en cuya casa había dormido la noche anterior) quien me llevó a la estación para tomar el tren. Ese mismo día escribí, ya en el punto de partida, que el viaje hasta allí había sido bueno tanto en el tren como en el taxi, y el paisaje precioso, con bosques

Vista de St. Jean Pied-de-Port

espléndidos y excelente vegetación. «Apetece atravesarlos y dejarse llevar por la imaginación» escribí yo aquel día en mi cuaderno.

El Puente de St. Jean

En Saint Jean no conseguí plaza en el albergue, y me alojé en una casa privada que también ofrece habitaciones, no sin antes realizar un pequeño recorrido por el pueblo, que me resultó muy atractivo.

El recorrido lo inicié el lunes día 16 bien temprano, para que el calor no me resultase tan duro, y asi puedo decir que prácticamente vi amanecer ya en

El primer amanecer del Camino

marcha. Pero luego llegado ya al final de la primera etapa en Roncesvalles, decía yo que esa etapa había sido «de una dureza que no imaginaba; en varias ocasiones sentí calambres y tuve que hacer numerosas paradas para descansar, beber y tomar aire pues las piernas me flaqueaban; parecía que no se iba a terminar nunca; se veía una subida y cuando yo esperaba un tramo llano, más subida una y otra vez en una cierta agonía sin fin». Pese a todo hice los 27,7 kms de recorrido en 7 horas. En mi alojamiento de la primera noche estaba un italiano que inició la ruta al tiempo que yo, pero que llegó a Roncesvalles cuatro horas más tarde pero mucho mejor físicamente. Esa noche escribía que como resultado de todo ello estaba hecho polvo, con agujetas y dolor en todo el cuerpo, y con temor respecto de como habría de afrontarse la siguiente etapa. En todo caso, la experiencia la consideraba positiva.

Colegiata – Roncesvalles

Un vez terminada esa etapa y alojado en un hotel porque al llegar al final de la misma el albergue todavía no estaba abierto, después

Claustro de la Colegiata de Roncesvalles

de ducharme y descansar un rato, me fui a la Misa del Peregrino en la Colegiata de Roncesvalles, donde diariamente llevan a cabo una ceremonia con gracia, y se comenta la nacionalidad o procedencia de los peregrinos que se han registrado en ese día, siendo en esa ocasión de numerosos paises y también muchos españoles con diversos orígenes.

 

Los inicios

Fué allá por el verano de 2006 cuando comencé con lo que había de ser un devenir continuado por los diferentes recorridos de lo que denominamos Camino de Santiago, que hoy sin duda es uno de los motivos que multitud de personas utilizan para aplicar en sus vidas experiencias nuevas o repetitivas pero siempre gratificantes, como es el disponer de muchos momentos de quietud interior (mientras evidentemente se mueven físicamente), de oportunidades de conocer a otras personas, otras culturas, otras formas de vivir o de afrontar la vida y la realidad, y también -como no !- de las ocasiones para viajar de una forma diferente, con las incomodidades de los albergues, las inclemencias meteorológicas y la escasez de aprovisionamientos en muchos momentos.

Pero todo ello forma parte del «camino» y le da además un plus de interés para quienes lo hemos experimentado y ya forma parte de nuestro hábito en cuanto a una forma de vida diferente, y también a una necesidad que periódicamente nos demanda lanzarnos a un nuevo recorrido, a unos días de contacto con esa realidad diferente de la rutinaria para conocer a otras personas y disfrutar de unos días inmersos en esa realidad que tanto nos atrae.

Y desde ese comienzo en el año 2006, han sido ya al menos seis o siete travesías en diferentes momentos y con diferentes compañías, desde el inicio en solitario hasta los últimos recorridos con las que se han convertido en compañeras habituales, Mayi y Dora.

A punto de empezar un nuevo y más completo recorrido, iré desgranando en diferentes ediciones los recorridos realizados hasta la fecha, para quien tenga el deseo de conocer un poco lo que se vive en esos momentos y para a la vez guardarlos yo como referencia futura.

 

Dia de reencuentros

Sucedió hace una semana, concretamente el jueves de la pasada semana, dia 9 de marzo. Estaba yo en la Plaza de Orense, esperando a Ipi, y coincidió que pasaba por alli una manifestación de estudiantes y docentes en contra de la LOMCE, con bastante afluencia de gente, por cierto. Estuve un rato viendo como discurría la marcha y en lugar de aparecer Ipi, de repente me encontré frente a mi a Carmen Cansino, la que fué mi primera novia, allá por el final de los años 60  y principios de los 70 del siglo pasado. Por cierto, esto de hablar del siglo pasado parece que nos hace mas viejos….

Pero vuelvo al encuentro. Decía que me la encontré frente a mi de repente, después de más de 25 ó 30 años de no verla. Habíamos hablado hace como 8 años o asi, cuando murió su hermano y la llamé para manifestarle mis condolencias. Por aquel entonces supe que estaba dando clase cerca de mi casa, en el I.E.S. de Oleiros, e incluso a raiz de aquella charla un día nos cruzamos en los coches entre Coruña y Oleiros. Pues el jueves, tras saludarnos, nos contamos asi, por encima, algunos detalles sobre nuestras vidas. Ella está tambien jubilada desde hace algo más de un año (tiene mi edad, tal vez unos meses menos que yo) y no hace nada. Tiene una hija que después de numerosas becas, másteres y demás, ahora trabaja en Londres. Le pregunté sobre sus antiguas amigas de Orense, que a la vez también fueron amigas mías, aunque yo perdí todo contacto. Parece que también ella está desconectada, y eso que con una de ellas, Raquel Fernandez Pereira, tiene un vínculo por ser madrina de una hija, creo recordar. En estas fotos, una mía con Carmen en aquellos años y otra del grupo de amigos de Club Rutas.

Como dije, Carmen fué mi primera novia y aquella relación duró casi tres años y se terminó porque, a raiz de marcharse a vivir su padre a Tenerife, ella se fué también y aunque durante un tiempo viajábamos yo a Tenerife y ella a Orense o Coruña, en 1972 consideró que era mejor dejarlo, y ahi se quedó la cosa. Pasados los años, un día me la encontré en A Coruña, justo delante de la oficina del Banco Occidental en Sánchez Bregua, y me enteré de que se había venido a vivir aqui con su pareja. Luego recuerdo haberla visto alguna vez en La Zapateira, en las instalaciones del Casino, pero de eso hace unos 30 años.

Me alegró de verdad el encuentro, y charlamos durante un rato, ya que fuimos caminando juntos hasta la Plaza de Pontevedra, puesto que ella iba para casa (vive en Peruleiro) y yo en dirección al Playa, a la reunión de los jueves de los Bebeuvas.

El segundo agradable encuentro se produjo un par de horas después. Justo ese día se celebraba la despedida de José Luis Aguiar, el que fué compañero mío durante años en diferentes puestos en el Banco. La comida-homenaje se organizó en el Hotel Finisterre y allí me encontré a numerosos compañeros de esos que hace años que no ves. Pero entre las personas allí congregadas, me resultó especialmente agradable encontrar a Carmen, la que fué mi secretaria-compañera y analista de riesgos en la etapa de Banca Hipotecaria, tras la fusión BBVA, cuando regresé de Oviedo a Coruña para hacerme cargo de la Dirección de Zona de Galicia-Asturias. Creo que no había vuelto a encontrarme con Carmen desde que me fuí a Zaragoza o tal vez una vez que pasé por la oficina un año después, pero en todo caso desde la última vez que nos vimos han transcurrido casi 15 años.

Por lo visto sigue haciendo lo mismo, es decir es analista de riesgos hipotecarios en el mismo departamento, que ahora no sé como se llama exactamente. La encontré estupendamente, y aunque está deseando pre-jubilarse, parece que lo tiene complicado porque el Banco este año ha cambiado su programación y no dejan irse a nadie hasta que cumpla los 59 años. Es curioso que, viviendo ambos en Coruña no hayamos coincidido en alguna ocasión en algún lugar. Bien es cierto que ella vive en Perillo y yo en Sada y por lo que dice, viene directa al trabajo y apenas hace vida en Coruña.

Como dije fué un encuentro agradable y además al coincidir con muchos otros compañeros, tuve la oportunidad de encontrarme también con otras personas que tampoco veo habitualmente.

El último de los encuentros lo tuve en el regreso a casa. Fué en los jardines, frente al Kiosko Alfonso. Me tropecé con mi amiga María que iba acompañada por su hija Alba, a la que no veía desde hace años. Parece que, terminados sus estudios, trabaja ahora también en la clínica con sus padres. Fué solo el momento de saludarlas porque estaban montando en bicicleta que se iban a una clase o algo así y ya era tarde. Solamente me preguntó si me había hecho los implantes, y comenté que lo hará en breve, aunque al comentar que me iba al Camino de Santiago, me recomendó que lo deje para el regreso. Debieron de verme bien, porque un día después en un whatsap al tiempo que me reiteraba que no es conveniente meterse en los implantes antes de ir a hacer el Camino, me dijo que me había encontrado «tan fantástico como siempre, has hecho un pacto con el diablo».

Lo cierto es que debe ser verdad que se me ve bien, y eso es que llevo una vida apacible al menos en lo que respecta a mi relación de pareja, que me ayuda a sobrellevar los «problemillas» derivados de nuestras relaciones con madres e hijos.

En fin, una jornada singular por lo de los reencuentros, que terminó regular con el empate del Depor en el partido aplazado contra el Betis.

 

Preparados para la nieve

Estos días estoy de preparativos para mi semana anual de esquí, algo que trato de repetir cada año aunque a veces, por diferentes razones, no pueda realizar pero manteniendo siempre el deseo de insistir en ello. Posiblemente es algo así como un reto personal, uno de esos retos que cada uno a su nivel se genera y de los que nos cuesta prescindir, a veces porque realmente nos enstusiasma y a veces simplemente porque nos sirve como un baremo de medición de fuerzas, de enfrentarnos al paso del tiempo y de calcular hasta cuando lo podemos resistir.

En mi caso eso ocurre en más de una disciplina, fundamentalmente en el tema del deporte, pero no solo en eso. Y hoy lo que me viene a la mente es lo del esquí, porque si yo no lo hubiera tomado desde el principio como algo interesante, creo que en mi primera incursión en la nieve ya habría desistido de repetir. Porque realmente mi primer viaje a la montaña para practicar el esquí, allá por el final de los años 60 del siglo pasado o inicio de los 70, (qué carroza que soy, dicho sea de paso…) fué decepcionante, y tal vez eso fué lo que me motivó a insistir hasta llegar al día de hoy.

Aquel primer acceso a la nieve fué con una excursión promovida por la OJE (los viejos sabrán de qué hablo, img_7945y aunque yo no tenía nada que ver con esa organización, pude añadirme a uno de los viajes que en Orense se planificaban para ir a Manzaneda). Recuerdo que me equipé con un pantalón de pana, embutido en su parte baja en calcetines gordos, unas botas de tipo militar, y un jersey grueso con algo tipo chubasquero en la parte externa. Los esquís nos los facilitaban los organizadores, esquís que hoy serían de museo, y que nunca llegué a utilizar. Bueno, pues debió estar tan mal elegido el día para la excursión que tras pasar Puebla de Trives e iniciar la ascensión a Manzaneda, por una carretera (si se le podía llamar así a aquel camino de tierra) cuyos bordes apenas se percibían por la nieve, el bus se salió de la calzada principal y quedó atascado en la cuneta. Nevaba de forma abundante y después de muchos intentos y de mucho tiempo de trabajo, entre todos los ocupantes del autobús conseguimos hacer que volviese al centro de la calzada, pero ya sin tiempo y sin posibilidades (por la hora y el mal tiempo) de seguir la ascensión, de forma que el conductor consiguió dar la vuelta e iniciar el regreso a Orense. Esa fué mi primera experiencia con la nieve, y aunque no esquié, tampoco deseché la ocasión de dejar constancia gráfica del momento.

Años después, cuando yo estaba en la «mili» (hoy estoy suena desfasado, claro está..), quise retomar la afición y para ello invertí o más bien me embarqué en la compra de dos juegos de esquís y tres pares de botas, para dos de mis hermanos (Berta y Rafa) y para mí. Los esquís eran un juego para mi y otro para compartir entre mis hermanos, que eran quienes me acompañaban a Manzaneda. Esa inversión la realicé pagando en cómodos plazos mensuales en la tienda de img_7948deportes que La Región (el diario orensano) tenía en la capital de las Burgas. Yo por aquel entonces trabajaba y podía atender esos pagos. También hay que señalar que por aquellas fechas Manzanedaimg_7946 era una zona habilitada mínimamente para el esquí, ya que no había instalación alguna (en una de las fotos puede verse como empezaba a montarse lo que sería luego la cafetería) y la forma de esquiar era echarse las tablas al hombro, subir la montaña hasta donde cada uno aguantase, y luego tirarse hacia abajo hasta llegar a zona llana donde fuese facil parar. Las excursiones las hacía los domingos, durante el invierno de 1973,img_7947 cuando estaba en la mili. Y en una de esas escapadas a Manzaneda conocí a un grupo de estudiantes de enfermería de la que salieron luego un buen grupo de amigas y amigos. Yo por entonces tenía el Mini que me permitía esos devaneos.

Tras la etapa de Manzaneda, ya estando en Madrid, tuve la ocasión de volver a practicar algunas veces en Navacerrada, allá por el año 74. Y creo que luego, hasta 1985 no volví a esquiar. Recuerdo haber adquirido unas botas preciosas para mi y para mi ex, con la idea de estrenarlas durante la Semana Santa en un viaje a Madrid. De camino hacia allá en el viaje de ida se veía la nieve2sierra completamente nieve3nevada pero un par de días después cuando subimos a Navacerrada la lluvia se había cargado la mayor parte de la nieve y las botas quedaron casi sin estrenar. Y luego, el nacimiento de David y las limitaciones que conlleva un niño pequeño (y seguramente muchas otras razones que ahora no viene al caso rememorar) hicieron que pasaran 10 años sin volver a repetir las experiencias del esquí.

Hasta que en 1995 programé un viaje a Baqueira, en la semana entre año nuevo y reyes, viaje al que se sumaron dos de mis hermanos con sus respectivas familias y en el que llevamos con nosotros a mi madre. Recuerdo que estuvimos en el Parador de Vielha y tanto los mayores como los peques disfrutamos de lo lindo. A partir de ahí las semanas de esquí se fueron haciendo más habituales cada año y en mayor o menor medida he venido manteniendo el deseo de tomar cada año una semana parabaqueira-slalom dedicarla a la nieve. En familia inicialmente, solo en algunas ocasiones como cuando conseguí mi medalla en la bajada posterior al último curso que hice, allá por el año 2008 en Baqueira, y acompañado por Ipi alguna vez en los últimos años, si bien las más recientes han sido con el grupo de esquí de Ponferrada que cada año hace una escapada a los Alpes en Semana Santa, o en viajes puntuales a alguna estación próxima con Rafa, con quien ya el año pasado hice la semana de esquí en Baqueira y que este año repetiremos en Andorra.

baqueira-podioPara mí, como dije al principio, es un reto en alguna medida. Primero porque ese contacto con la naturaleza es algo que me carga enormemente las pilas. Esas sensaciones de estar en lo alto de una montaña, con la vista de otras enormes montañas alrededor cubiertas de nieve, soplando el viento y sin otros ruidos que los propios del viento o del deslizarse de los esquís, es algo dificilmente igualable (solo estar navegando a vela en medio del mar es equiparable). Y en segundo lugar porque de alguna forma el reto es conmigo mismo, con mi capacidad de seguir un año más soportando o más bien consiguiendo que el cuerpo acepte el esfuerzo al que se le somete en cada descenso, en cada giro o en cada caida que, aunque pocas, también las hay.

De modo que en unos días, un año más, volveré a enfrentarme a ese reto, pero sabiendo que es una forma de disfrute muy singular para mí, que podré hacerlo con la gran compañía de mi amigo Rafa, y que tras las horas de pistas, de remontes, de descensos, de fotos increibles y de momentos especiales, también tendremos el relax de la piscina o la sauna y al final de la jornada unas cervezas, una buena cena y el descanso necesario para afrontar otro día de esquí.

Pero de momento, los preparativos. El viaje a partir del domingo y los esquís a partir del lunes…

Fiestuqui berciana

Asi, con ese nombre denominó mi querida Ipi a la celebración gastronómica que ayer tuvo lugar en su casa para, un año más,emanada poner sobre la mesa los productos típicos de su tierra, y de modo especial, el Botillo.

orejaJamón cocido con pimientos asadosjamonpitacum y Chicharrones aderezados con pimentón, sirvieron como introducción a la Empanada de Batallón característica y como «aperitivo» previo a la comida del botillo, adecuadamente acompañado de chorizos y de la rica verdura y patata que afortunadamente aligeran un poco la contundencia del plato fuerte.

botillo5Para regarlo, un buen Mencía de la zona (Pitacum), y para completar la mesa a los postres dos elaboradas tartas. La de manzana y la de castañas, en ambos casos con los ingredientes principales procedentes de las tierras bercianas. Tras el café e infusiones, también hubo sitio para degustar algunos chupitos y de modo más generalizado los «digestivos» que el amigo Rafa se ocupó de preparar con su habilidad ya contrastada en otras ocasiones.

tarta-castanastarta-manzanaLa compañía elegida para la celebraciónbotillo1 fué la de un grupo de buenos amigos que saben disfrutar del buen yantar y que ya conocian el evento de años anteriores. Paco, Charo, Otilia y Lino, Rafa y Elena se unieron a nosotros para la ocasión. Y como novedad, tanto en el grupo como en la cita gastronómica desconocida para ellos, nos acompañaron Nica y Fernando que también pudieron apreciar las habilidades culinarias de los botillo4anfitriones y de modo especial de la dueña de la casa y principal organizadora del evento.

La comida fué muy amena y agradable desde el inicio hasta bien entrada la tarde, ya que tras los postres se comentó sobre cultura, afinidades, rememoraciones de otros eventos, y de todo lo divino y humano. En fin, una jornada para el recuerdo de la quiero dejar aqui constancia para la posteridad.

Y prueba de todoello, son las imágenes que se acompañan, donde queda fe del menú y también de los comensales y el buen ambiente que existió.

Retomando el blog

 

La verdad es que me da por épocas, y por desgracia la falta de continuidad hace que lo que aquí escribo se vaya quedando un poco (o más bien un mucho) deslavazado… ya que vienen a ser ideas sueltas, recuerdos dispersos y en definitiva como si se tratase de diferentes personas y no de un único escritor.

He visto que mi última incursión data de mayo de 2015, es decir que han transcurrido ya 20 meses en los que naturalmente han ocurrido muchas cosas que tampoco en un momento se pueden resumir. Lo que sí es cierto es que estoy completamente decidido a que de esta vez la cosa vaya un poco más en serio y pueda tener esa continuidad en la que desde el inicio pensaba y que no he llegado a desarrollar.

Para este año además tengo algunos proyectos que encajan perfectamente con la idea de ir volcando cosas que me servirán a mi en un futuro como recordatorio de determinados momentos, y también para quienes puedan y quieran seguirme. Uno de esos eventos es mi proyecto de volver a recorrer el Camino de Santiago, desde Saint Jean hasta Compostela, pero todo de un tirón, es decir en torno a un mes de recorrido. Si todo se desarrolla según mi idea, eso será para abril-mayo.

_moa1615-blogAprovecho esta entrada de hoy para colgar algunas fotos que me dejan recuerdos del año 2016, que ha pasado en blanco por aquí, pero que naturalmente ha tenido muchos momentos para recordar, como pueden ser los viajes a Marraketch en febrero, a Londres en septiembre, y los realizados por España con motivo de la asistencia a tres bodas, en Oviedo, Barcelona y Valencia, solo por mencionar algunos. También naturalmente la excursión a Baqueira con mi buen amigo Rafa._moa1635-blog _mg_8519_mg_8395

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Empieza Mayo

Tras un lluvioso mes de abril, ha llegado mayo con buen tiempo. Un tiempo primaveral que ha dado pié a solucionar algunos de los problemas de exterior (cortar la hierba, eliminar trastos del garaje, reparar desperfectos del invierno, etc, etc,) e incluso a dar una buena apariencia al jardín, preparar la huerta de cara a una esperada buena cosecha de lechugas, tomates, pimientos y puerros para los próximos meses.

Y dentro de toda esa actividad, la vida normal, dentro de la que como novedoso cabe destacar mi primera experiencia en la escena de un teatro, como actor casual en una obra dentro de las VIII Jornadas sobre la Inclusión Social y la Educación en las Artes Escénicas, que este año tocó celebrar en A Coruña. A raiz de una invitación-convocatoria del Forum, me apunté junto a otros dos espontáneos como yo, y con la dirección de Claudia Faci y la colaboración de Rolando García montamos un espectáculo escénico que para mi ha sido una experiencia inolvidable, a la que además asistieron mis personas más próximas y mi grupo de amigos.

Además de la intervención de cada uno de los tres «actores noveles», que consistió en contar una historia, se llenó el escenario de movimientos, música, sonido en off de nuestras presentaciones el primer día de ensayos, y un cierre «desordenado», para dar vida y alegría al espectáculo. En definitiva, una experiencia que me quedará para el recuerdo, y con el agradecimiento a Claudia, Rolando y Eva (la coordinadora de las jornadas que colaboró con nosotros en los inicios) y que nos ha facilitado el video de la actuación y fotos de ensayos y espectáculo.

Y fuera de avatares  personales el final del mes de abril y comienzo de mayo nos ha traido en la esfera política el esperado descalabro de la legislatura fallida, en la que los próceres elegidos el 20 de diciembre no han sabido ni han sido capaces de aunar algún tipo de consenso para arrancar este tiempo que se presumía de cambio y que finalmente va a resultar ser más de los mismo, cuando volvamos a votar el próximo 26 de junio.

 

 

 

 

 

Cambio de hora

Hoy es último sábado de marzo, concretamente 26 de marzo de 2016, y como viene siendo habitual en los últimos casi 50 años, se producirá el cambio de hora. Cambio que no sé si realmente genera los importantes «efectos positivos» por los que en teoría se instauró, en un momento de problemas energéticos y similares.

Hace unos meses un antiguo compañero de trabajo y buen amigo, me invitó a sumarme a una propuesta para eliminar estos cambios de hora, a lo que accedí, y aunque hubo un apoyo mayoritario, lo que se pretendía era hacer llegar una voz a quien corresponda para que nuestro horario se adapte más a la realidad solar que a las conveniencias políticas y económicas de la Unión Europea. Es realmente un contrasentido que por esos intereses se trastoque de alguna forma el ritmo de vida de las personas, y nuestros políticos no sean capaces o no tengan la decisión para atender más a las necesidades de los ciudadanos que a sus intereses partidistas. Claro que no es de extrañar, si analizamos el devenir de los recién elegidos que en más de tres meses desde las elecciones no han sido capaces de encontrar una fórmula para que el pais salga del impasse en que nos metieron los resultados.

Pero volviendo al tema de la hora, es de resaltar que en Galicia, desde donde se escriben estas líneas, tenemos una diferencia «real» solar con Barcelona, de aproximadamente 45 minutos. Que Portugal, que está en la misma señal meridiana que nosotros, funciona con la hora Greenwich, la misma que el Reino Unido, y que puesto que sale a colación lo de Greenwich, hay que recordar que ese meridiano pasa también por España, concretamente entre otros lugares por la provincia de Zaragoza, entre esta ciudad y Barcelona. Por qué razón entonces se empeñan en mantenernos en la hora actual?

Y como este lugar pretende comentar, además de la actualidad, las historias que puedan estar concatenadas con esa actualidad, me viene a la memoria un viaje realizado hace muchos años, concretamente en 1974 y tal día como mañana, es decir el mismo día del cambio de la hora, entre Ourense y Madrid. Por aquel entonces yo vivía en Madrid y tenía mi familia en Ourense, y había venido a pasar unos días con la familia (supongo que debía ser también, igual que ahora, la Semana Santa). Al regresar a Madrid aproveché para llevar conmigo a mi amigo Julio que estaba temporalmente en la capital realizando un curso de trabajo, y a otro amigo suyo que también poco antes se había trasladado a Madrid por trabajo.

Para aprovechar la jornada con las amigas, esperamos a la noche para iniciar el viaje, y salimos de Ourense sobre las 10 de la noche. Circulábamos en mi coche, un Mini 1000 que yo tenía desde hacía dos años y con el que estaba encantado. El viaje se fué desarrollando con normalidad hasta que después de los puertos de Padornelo y La Canda (no había autovía por aquel entonces, claro está), el embrague empezó a dar muestras de debilidad y en las subidas el coche perdía velocidad.Mini-1972 Y asi cada vez más, hasta que llegados a una cuesta bastante prolongada, la fuerza que perdía el coche era tal que los dos acompañantes hubieron de bajarse y hacer la subida caminando o semi corriendo al lado, mientras yo dificilmente conseguía en primera o segunda marcha que el coche llegase a lo alto de la cuesta. De allí en adelante, ya todos en el coche conseguimos llegar hasta Arévalo, donde el amigo de Julio dijo que se bajaba para conseguir llegar en tren a Madrid a tiempo para ir a la oficina, mientras Julio y yo continuamos hasta donde el coche dijo que ya no daba para más, que resultó ser un lugar llamado Labajos, a 100 kms. de Madrid. Debían de ser sobre las 7 de la mañana, y como todo estaba cerrado esperamos a que abriese un taller mecánico que había en el pueblo. Allí me hicieron una reparación urgente (me destensaron el embrague, por lo visto) y gracias a ello conseguimos llegar a Madrid sobre las 12 ó 1 del mediodía, habiendo previamente telefoneado desde el pueblo para avisar yo en mi trabajo de las incidencias.

Cada vez que hago ahora un viaje a Madrid por carretera recuerdo perfectamente la cuesta donde mis acompañantes tuvieron que bajarse del coche y hacer la subida a pié. Y supongo que a ellos tampoco se les habrá podido olvidar ese momento. Hace ahora de todo esto nada menos de 42 años…. toda una vida.