Mayo Viajero – 3 – La Palma

Para terminar el mes de mayo, llegó la tercera de las actividades viajeras previstas, es decir el viaje a la Isla de La Palma que habíamos organizado varios meses atrás, cuando nuestra amiga Elena localizó los vuelos a la isla, con salida desde el aeropuerto de Santiago, y estuvimos todos de acuerdo en reservar para colaborar en la reconstrucción tras la erupción del volcán. Hechas las reservas de los vuelos, a los pocos días localizó también una buena oferta para el alojamiento, quedando todo previsto para los días 27 a 30 de mayo, para las dos parejas, es decir Rafa-Elena, Ipi y yo.

A todo esto, hay que señalar que durante nuestra estancia en Lanzarote, en el mes de febrero, también Elena se enteró de que podíamos apuntarnos para participar en los sorteos de unos bonos turísticos de 250 € por persona que el Cabildo de La Palma montó para que quien resultase afortunado pudiera destinar ese dinero a gastarlo en la isla. Acordamos que nos anotábamos los cuatro y si alguno resultaba agraciado, el bono lo compartiríamos. Y mira por donde, cuando yo jamás soy afortunado en sorteos, esta vez me tocó a mi. Me llegó el aviso durante nuestra estancia en Matalascañas.

Y volviendo al objeto de esta entrada, el viernes 27 de mayo iniciamos el viaje. Por cierto, que como la salida del vuelo era a las 6,30 de la mañana desde Santiago, apenas pudimos dormir cuatro horas. Pero pese a ello, el primer día lo aprovechamos al máximo. Llegados a La Palma, enseguida recogimos el coche que previamente Rafa había reservado (un Volkswagen T-Roc, muy cómodo por cierto) y nos lanzamos a recorrer la isla, ya que hasta la tarde no podíamos acceder al alojamiento. De entrada nos dirigimos al sur hacia Fuencaliente donde después de recorrer el pueblo localizamos un lugar donde meter al cuerpo un rico desayuno, y ya repuestos del vacío estomacal, continuamos al Faro situado en el extremo sur de la isla, desde donde pudimos observar todo el recorrido de la lava que el volcán Teneguía dejó en su erupción del año 1971. También sobre aquella zona generó su erupción cientos de años antes el volcán San Antonio, y sobre la lava de aquella erupción ya brota ahora algún tipo de vegetación. Hoy se mantiene todo eso sin tocar apenas (solamente se abrieron algunas zonas para rehabilitar carreteras). Cerca del faro hay una especie de gruta con unos manantiales de aguas medicinales que quedaron en su día cubiertos por la lava y que desde hace unos años tratan de recuperar. Junto al faro hay un restaurante, que estaba cerrado, y unas salinas. Y poco más que ver, además de una exposición sobre las bondades naturales del mar en aquellos pagos.

En la oficina de turismo del pueblo de Fuencaliente Ipi consiguió amplia información sobre todo lo que podíamos ver ese primer día, para optimizar el tiempo, de modo que nos dirigimos de nuevo hacia el norte, esta vez por la parte oeste de la isla, para llegar hasta Todoque, el pueblo que quedó cortado por la erupción de este año. Allí llegamos hasta un mirador en el que está la imagen de una virgen. Ese mirador está situado justo en el límite lateral de la zona accesible, completamente llena de ceniza de la que, cuando la erupción del volcán Cumbre Vieja, a finales del pasado año, nos mostraban las televisiones que abarrotaban los campos y tejados de las casas próximas al cráter. Impresiona realmente la magnitud de lo que allí hay acumulado. En la actualidad multitud de trabajadores se afanan por retirar algunas de esas cenizas, que van acumulando en lo que es ya una montaña en las proximidades del pueblo. Uno de esos trabajadores, bombero, nos explicaba lo que están haciendo, y la forma en que todo el mundo está colaborando en la medida de sus posibilidades. Nos causó una gran impresión ese primer contacto con la ceniza y la lava, y desde allí mismo podían verse algunos de los tejados de las casas que quedaron semi-enterradas y otras que, sin estar cubiertas quedaron aisladas por las corrientes de lava.

Después de recorrer las partes accesibles, y dado que era ya una hora más que prudente para comer, localizamos un lugar (el Bar Americano) para poder tomar algo. El resultado no fué malo, aunque no todos quedamos igual de conformes con la elección. Yo, por mi parte, tomé una cazuela con carne guisada que estaba deliciosa. Otros que eligieron alitas de pollo llegaron a la conclusión de que se habían equivocado. Pero con una par de postres, al final todos quedamos contentos. Y desde allí continuamos nuestro periplo bajando hacia la costa para continuar observando los desastres de la erupción, y haciendo el recorrido inverso nos dirigimos a Santa Cruz de la Palma, la población principal de la isla, donde habíamos reservado nuestro alojamiento. Allí, una vez instalados, salimos a hacer un pequeño recorrido por la ciudad, antes de prepararnos para la cena. Lo primero que encontramos es la plaza de España, donde se ubica la iglesia. La plaza estaba preparada para un acto de arriado de bandera por parte de unos militares. La calle real estaba engalanada con estandartes debido a que un par de días después se celebraba el día de la Comunidad.

Después de tomarnos unas cervezas en una de las terrazas con mayor ambiente (el Bar Cuatro), seleccionamos restaurante donde cenar. Y como a la hora del desayuno habíamos comprobado que no todos los establecimientos aceptaban como pago la tarjeta del bono turístico, hicimos un repaso a la información del mismo para conocer aquellos que, con mejor valoración en Tripadvisor, estaban incluidos. Uno de ellos era Casa Osmunda, que también nos había sido recomendado por el dueño de la casa donde nos alojamos, y allí reservamos directamente para la primera cena. Y otro, el de mayor relevancia, era La Gatera, que aquel día estaba completo y en el que dejamos ya hecha reserva para cenar el domingo, como cierre, puesto que el lunes regresábamos por la mañana a Santiago. La cena estuvo francamente bien, degustando productos típicos de la isla y regado con un vino de la tierra. Allí de forma casual coincidimos con el dueño de la casa y su novia, que casualmente también acudieron a cenar esa noche.

A la mañana siguiente, con la programación ya hecha de antemano, tomamos un espléndido desayuno en una cafetería cercana, instalada en un edificio que en su momento fué sede de la Compañía Transmediterranea. Y a continuación hicimos un recorrido por las principales calles de Santa Cruz. Hemos visto una ciudad bastante cuidada, con unos espléndidos balcones en la calle principal, frente al mar. Al parecer muchos años atrás, el mar llegaba directamente hasta las casas al igual que ocurría en A Coruña en la zona de La Marina. En la calle paralela a la avenida principal, numerosos comercios que aquel sábado no estaban muy concurridos porque era temprano, pero que en época turística deben tener mucho movimiento. Y de paso que hacíamos el recorrido, lo terminamos en el mercado para hacer acopio de artículos para la cena, puesto que era el sábado en que se celebraba la final de Champions en Paris, y optamos por quedar a verla en el excelente televisor de 65 pulgadas que tenía el salón de nuestra casa. Compramos queso (teóricamente uno de los doce mejor valorados del Mundo), pan, cervezas y otras exquisiteces para acompañar los 90 minutos de la final.

Terminado el recorrido por la ciudad, arrancamos con el coche hacia el norte. Hay que decir que Santa Cruz de la Palma tiene tantas cuestas y tan empinadas que nos costó llegar a la carretera porque la calle por la que accedimos tenía una impresionante pendiente y las ruedas del coche patinaban (ruedas que por cierto estaban en muy mal estado pese a que el vehículo tenía menos de 14.000 kms). Alguna de las chicas quiso bajarse del vehículo viendo que no era capaz de subir y al patinar las ruedas se deslizaba hacia atrás. Pero se salvó el escollo y finalmente llegamos a la carretera. El plan marcado para ese día nos llevó a Puntallana, donde visitamos un mercadillo y la iglesia del pueblo, para continuar luego hasta el Mirador de San Bartolo y un poco más tarde llegar a la Cascada de Los Tilos, que todo el mundo nos había recomendado visitar. Para llegar a la cascada hay que recorrer una especie de pasadizo estrecho, al borde del lecho de un río que en esta ocasión estaba sin agua. La afluencia de visitantes era enorme, por lo que casi había que hacer cola para fotografiarse junto a la cascada. En cualquier caso, valió la pena el recorrido, tanto por la vistosidad de la cascada como por la del camino recorrido. Hay que señalar además que durante todo el trayecto hasta Los Tilos, como la carretera circula bastante elevada sobre la costa y con preciosas vistas, cada poco rato hacíamos una parada en el arcén para fotografiar el paisaje.

Paramos a comer en San Andrés, poco después de abandonar la cascada. En el pueblo se había celebrado una carrera ciclista y estaba cortado el camino. El primer restaurante donde intentamos tener sitio estaba completo y charlando con unos policías locales nos informaron que cerca de allí, bajando hacia el puerto, había varios restaurantes más atractivos. Cuando llegamos estaba casi todo lleno y hubimos de esperar, pero al final conseguimos mesa en el Restaurante San Andrés y comimos bastante bien. Al salir del mismo, como quiera que la calle tenía mucha pendiente, Elena prefirió hacer la bajada a pié y se incorporó a continuación al coche. A partir de allí, de camino hacia el Charco Azul, hicimos multitud de paradas en los plataneros porque Ipi quería conocer con detalle las particularidades de la producción, y a base de consultas a los paisanos llegamos a saber que la «piña» tiene «manos» y estas tienen «dedos». Fue un arduo proceso hasta dejar a Ipi contenta con sus conocimientos sobre las plantaciones de plátanos de La Palma.

El Charco Azul es una zona de baño, junto al mar, en el que hay unas lagunas naturales muy bien preparadas y con amplio espacio para tomar el sol e incluso algún chiringuito. Entre las rocas, algunos charcos que se han producido por el azote del mar, generan acumulaciones de sal a causa de la evaporación. A la hora de nuestra visita estaba ocupada principalmente por grupos de jóvenes, aparentemente de algún colegio, además de alguna familia. Pese a que el día no era demasiado soleado, la temperatura era buena y había gente bañándose. En todo caso, hicimos una parada breve para no alargar demasiado la excursión, habida cuenta de que el partido era temprano (en Canarias hay una hora menos) y nos hacía falta el tiempo para regresar. El camino de vuelta lo hicimos de nuevo con numerosas paradas para fotografiar el paisaje.

La cena fría, mientras veíamos ganar al Madrid la Champions, fue un mero entretenimiento habida cuenta de que el queso que en teoría era uno de los mejor valorados no nos gustó casi nada. Era como «corchudo» (supongo que este término no es muy correcto, pero así lo sentí yo), y pese a todo entre las cervezas y el resto de cosas que habíamos comprado, resultó entretenida. Al terminar salimos a tomar una copa para celebrarlo y alargar la jornada, pero todo estaba abarrotado. Cuando al final conseguimos encontrar donde sentarnos, resultó que había poco surtido de ginebras, no tenían gominolas, y en fin, fué simplemente pasar el rato, con lo que nos fuimos a dormir pronto.

A la mañana siguiente, tras desayunar en el mismo sitio e igual de bien, arrancamos directamente hacia la zona del Roque de los Muchachos, por la carretera que atraviesa la isla de este a oeste. Es una ruta endiablada, con curvas constantes que no permiten circular a más de 40 km/h más o menos. Aunque estaba poco transitada a primera hora, cuando de pronto nos encontrábamos con un coche delante, costaba trabajo adelantarlo. Hicimos un par de paradas llegando a lo alto, porque antes lo denso de la vegetación casi impedía ver hacia el mar. En uno de los miradores poco antes de llegar a lo alto, se podía visualizar la isla de Tenerife, con el Teide sobresaliendo de las nubes, y en otro de ellos había unas vistas magníficas sobre la Caldera de Taburiente y allí nos paramos un rato, aprovechando además para recibir información de otro visitante que era palmero y conocía bien el terreno. Ya desde allí seguimos hasta el mirador del Roque de los Muchachos, en cuyas proximidades se ubican varios observatorios astronómicos, pertenecientes a diferentes países. El mayor de todos es el Observatorio Astrofísico de Canarias (el que vemos más frecuentemente a través de la televisión), pero hay otra serie de ellos de menor tamaño, y particularmente nos llamaron la atención unas antenas que son mucho más modernas (los Magic Telescopes), instaladas para captar una serie de señales electromagnéticas.

Desde lo alto del mirador de El Roque, hay unas espectaculares vistas de toda la Caldera. El lugar estaba muy concurrido porque era domingo, y como además estaba buen día y despejado, tuvimos ocasión de captar numerosas imágenes de todo el entorno. Desde El Roque continuamos la ruta hacia el oeste, en principio hacia Garafía, haciendo una parada breve en el primer bar que nos encontramos de camino.

Llegados a Garafía, y desde el mirador, unas preciosas vistas sobre el mar, pero nada que señalar en cuanto al pueblo, minúsculo. Y como la hora de comer se nos podía pasar, aceleramos el regreso hacia el sur, buscando un restaurante donde acomodarnos, aunque por cada lugar que pasamos íbamos viendo que todos estaban llenos, hasta que casi sin darnos cuenta llegamos al Mirador de El Time, el lugar desde el que, según nos había dicho el bombero el primer día, mejores vistas del volcán Cumbre Vieja podíamos tener.

Allí, en el propio mirador, hay un bar en el que comimos de nuevo con productos típicos, muy bien elaborados, al tiempo que nos cansamos de fotografiar el volcán, toda la zona cubierta de lava, y el puerto de Tazacorte, desde donde las televisiones enfocaban el cráter del volcán durante la erupción. Por cierto, aunque inicialmente el cono estaba semi-cubierto por las nubes, mientras comimos se fue descubriendo y pudimos comprobar que todavía sigue saliendo humo del cráter. Terminada la comida, que hicimos con mucha calma por lo bien situados que estábamos, bajamos hasta el puerto de Tazacorte. Aunque nos hubiese gustado hacer una pequeña excursión marítima para acercarnos a la fajana hasta su entrada al mar, no fue posible, y pronto volvimos al coche para tomar el camino de vuelta a casa, pero pasando previamente por La Cumbrecita, otro mirador que nos recomendaron abiertamente. De camino, en Los Llanos de Aridane, localidad muy próxima al cráter, tuvimos ocasión de hacer las fotos de cerca.

El Mirador de La Cumbrecita está integrado en un gran bosque y desde lo alto hay buenas vistas, pero tampoco tiene nada demasiado especial. Desde allí ya regresamos directamente a casa, para un breve descanso antes de ir a cenar a La Gatera, que resultó ser uno de los mejores (sino el mejor) restaurantes de La Palma. Cenamos de maravilla, siendo de destacar un Tartar de Albacora que tomamos Rafa y yo, espléndido, y que nos dejó un gratísimo recuerdo. Nos atendió una joven maitre que pese a su edad demostró gran experiencia y capacidad, y que al terminar la cena nos obsequió con un malvasía dulce, en parte para compensarnos porque las copas de vino que nos habían puesto no eran del tamaño adecuado. Terminamos la cena ya tarde y como el local estaba alejado del centro de Santa Cruz, regresamos en taxi, igual que habíamos ido, para poder estar relajados durante la cena.

En la mañana del lunes ya tocaba regresar. Aunque el vuelo estaba fijado para las 10,30 h, como antes había que entregar el coche en el aeropuerto, optamos por levantarnos pronto y desayunar en Zulai, una cafetería próxima, una franquicia de la misma en la que el primer día desayunamos en Fuencaliente. Allí nos dimos el último homenaje antes de volver a A Coruña. La espera en el aeropuerto no fué larga, y el vuelo de vuelta también agradable.

Desde Santiago volvimos en el coche de Rafa, que había quedado en un aparcamiento próximo. Y con la llegada a casa a la hora de comer, terminamos este fantástico viaje, que nos volvió a demostrar la magnífica compenetración que tenemos los cuatro viajeros, y en la que en esta ocasión pudimos además disfrutar de esas dos excelentes cenas que, gracias al bono turístico, nos financió el Cabildo de La Palma.

Mayo viajero – 2 – La Vera

Tras el viaje del Imserso a Matalascañas, y antes del ya previsto a final de mes a la isla de La Palma, recién terminado el mes de marzo surgió una nueva propuesta, que en esta ocasión vino del grupo familiar, ya que en la visita que por aquellas fechas hicieron mi hermana Berta y mi cuñado Ramón a A Coruña, en una comida en la que nos juntamos los cinco hermanos y sus respectivas parejas, se habló de la posibilidad de ir en el puente de las «Letras Galegas» a la tierra de Ramón, la comarca de La Vera en la provincia de Cáceres y tanto Pilar como yo rápidamente nos apuntamos, pese a que ya conocíamos la zona de viajes anteriores.

Ramón, natural de Viandar de la Vera, se ocupó de elaborar un detallado y amplio programa de actos y visitas para todo el puente, que resultó interesantísimo y que además sirvió para la convivencia de las cuatro familias (Paco y Elva, Berta y Ramón, Coló y Manolo, además de Pilar y yo). Miguel y Valentina no pudieron asistir por estar en esas fechas con Covid, y Rafa que no es muy partidario de esas reuniones estaba además ausente.

Asi pues, el sábado 14 de mayo nos lanzamos a la carretera. Por una parte Paco, Elva, Coló y Manolo en un coche, conduciendo este último, y por otra Pilar y yo. Por un lapso de programación, el recorrido que hicimos unos y otros no fue el mismo, ya que el coche en que viajaban los cuatro al llegar a Benavente tomó dirección por la autopista de La Plata, mientras nosotros continuamos por la A-6 hasta Adanero y luego ya nos dirigimos hacia La Vera por Gredos, con lo cual llegamos un poco antes a Madrigal, y luego a Villanueva de la Vera, que era el punto de encuentro donde se unirían a nosotros Berta y Ramón, que ya estaban por alli un par de días antes.

Cascada del Diablo y Villanueva

Nada más llegar, y mientras aguardábamos la llegada del otro coche, Ramón nos llevó hasta la Cascada del Diablo, muy próxima, y donde se estaba de maravilla, toda vez que a esas horas hacía ya bastante calor y la proximidad del agua nos refrescaba. Al poco rato llegó el coche de los rezagados y mientras ellos iban a visitar la cascada, Pilar y yo, junto a Berta, hicimos un breve paseo por el pueblo de Villanueva y nos sentamos a tomar unas cervezas en la plaza mayor del lugar, acudiendo el resto de la familia poco rato después. Fue la primera reunión del grupo, que aprovechamos para comentar las incidencias del viaje y las particularidades familiares de cada uno. En esa reunión encargamos a Ramón como tesorero-pagador para gestionar todo el tema económico en el tiempo que durase nuestra estancia, algo que hizo de maravilla.

El grupo en la huerta de una tía de Ramón

Tras el relax de Villanueva, nos dirigimos a Losar de la Vera, nuestro lugar de alojamiento para esas tres noches, aunque en el camino hicimos una parada en Valverde de la Vera, un pueblo muy singular, donde teníamos prevista una visita al Museo del Empalado, que no pudo llevarse a cabo porque la persona encargada del museo ese día estaba asistiendo a una primera comunión y no se la pudo localizar. Allí, sin estar previsto, Ramón se encontró a una tía, con la que nos fotografiamos en la huerta de su casa.

Finalmente arribamos a Losar, donde teníamos reservadas tres casitas para cada una de las parejas que viajamos desde A Coruña. Estaban muy bien, eran cómodas y tranquilas y pese a que apenas pudimos utilizar las instalaciones (tienen piscina -no operativa en esas fechas-, asi como gimnasio, y una zona verde de lo más agradable), la estancia resultó bien. El desayuno era variado y no hubo queja alguna.

Liberados de los equipajes, nos dirigimos al pueblo para cenar en una terraza al aire libre, puesto que la temperatura era francamente buena. Degustamos productos típicos de allí, y para regarlos tuvimos un problema de entendimiento con los camareros, ya que el vino que decían tener era o ribera o guadiana, y cuando le preguntábamos el nombre de la bodega, insistían en Ribera o Guadiana, con lo que finalmente optamos por no pelearnos y aceptar el Guadiana. Fué una cena muy agradable, a la que siguió una prolongada tertulia sentados en otra terraza, en la parte alta del pueblo, delante de unos cafés y digestivos con los que se terminó la jornada sobre la una de la madrugada, aunque con una temperatura de las que en A Coruña tenemos solo un par de veces en el verano.

Camara de Carlos V

A la mañana siguiente habríamos de levantarnos a buena hora puesto que la primera visita del día estaba ya fijada para poco después de las 10 en el Monasterio de San Jerónimo de Yuste. Los que ya lo conocíamos volvimos a disfrutar del entorno tanto como quienes asistían por primera vez. El paseo por los claustros, por el interior del recinto y por los jardines resultó francamente agradable. Hicimos un montón de fotos y alguno tuvo la oportunidad de demostrar sus conocimientos de floricultura a través de una App, con lo que nos puso al día de las características de la vegetación que rodea al monasterio. Uno de los vigilantes que resultó ser vecino de Ramón nos dió cantidad de detalles sobre las particularidades del alojamiento del emperador Carlos V en el poco tiempo que habitó aquellas estancias. Muy próximo al monasterio está el Cementerio de los Alemanes, que nosotros nunca habíamos visitado. Es el lugar donde enterraron los restos de algunos de los alemanes (pilotos y otros militares) que participaron en la guerra civil española. Es un lugar mantenido por la embajada alemana en España.

Desde Yuste nos fuimos a Garganta la Olla, otro pintoresco pueblo de La Vera que algunos ya conocíamos (en 2005 ya estuvimos por allí Colo y yo cuando fuimos a ver florecer los cerezos en una Semana Santa, acompañados por su amiga María y mi amiga Tita, y también en 2010 Pilar y yo visitamos el pueblo y la zona con nuestro grupo de amigos en estas mismas fechas). Garganta la Olla es super turístico y en los días de nuestra visita estaba muy concurrido. Allí pudimos visitar la «casa azul», una casa que se mantiene como estaba en tiempos de Carlos V. Era un prostíbulo creado por el emperador y que se nutría de prostitutas traídas al efecto para que sus soldados pudieran liberar sus necesidades sexuales sin atentar contra las mozas del lugar. El inmueble hoy está habitado y en perfecto estado. Después de un paseo por el pueblo, continuamos camino hacia Cabezuela del Valle, por una tortuosa carretera que atraviesa de la comarca de La Vera hacia el valle del Jerte, pasando por el alto del Piornal, donde hay un mirador desde el que se domina el valle.

Foto de grupo en el mirador

El descenso desde Piornal a Cabezuela se realiza atravesando toda una ladera poblada de cerezos, que en esta ocasión estaban cargados del fruto en algunas fincas (las menos) y en la mayoría con las cerezas a medio madurar, pero en cualquier caso impresionaba la cantidad de frutales que hay. Se veía con claridad que la posición de los cerezos respecto del sol influía notablemente en los que tenían el fruto más maduro. Pudimos dejar constancia gráfica de algunos de los árboles mejor situados y cargados de cerezas, pero en los tres días que nos movimos por allí no llegamos a probarlas. En Cabezuela era donde Ramón había reservado para comer en el restaurante La Judería. La elección del mismo fue un completo éxito, porque comimos de maravilla. Después de comer, y tomar un café en una terraza del pueblo, nos acercamos al Museo de la Cereza, que sin tener demasiado que ver, nos dió algo más de información sobre el proceso de plantación, cuidados de los cerezos, y recogida de los frutos.

Plasencia

La siguiente parada fue en Plasencia, ciudad que también conocíamos y que, en esta ocasión, me resultó bastante anodina. Allí visitamos la exposición de «Las edades del hombre» inaugurada un par de días antes, y que tampoco nos causó especiales sensaciones, además que resultaba un tanto monótona y larga. Finalmente nos acomodamos en una terraza de la plaza principal, para tomar unos refrescos y relajarnos un poco después de tanto paseo. Regresando ya al alojamiento, hicimos una parada en Jarandilla de la Vera, quizás la localidad más importante de la comarca, y en una terraza hicimos una semi-cena, a base de bocadillos de jamón (el jamón no lo servían en raciones, solo en bocadillos) y unas tabla de embutidos. Después de un día con muy buena temperatura, ya a esas horas refrescaba y nos vimos obligados a poner cazadoras y similares por primera vez desde que llegamos a La Vera. Cuando llegamos a nuestros aposentos ya no había nada abierto para tomar una copa, así que nos fuimos a la cama algo más temprano que el día anterior, y además con la idea de levantarnos entre las 5 y las 6 de la madrugada para observar un eclipse total de luna, algo que hicimos solo parte de los excursionistas.

Ala mañana siguiente, después del desayuno, un pequeño recorrido por Losar para admirar los setos cuidados y diseñados con figuras de lo más diverso por un jardinero local, antes de dirigirnos de nuevo a Jarandilla, para recorrer el lugar.

Después de recorrer sus calles nos acercamos a la plaza del Ayuntamiento, donde está también la iglesia, que aunque estaba cerrada, la buena gestión de las chicas hizo que el párroco nos abriera las puertas y nos diera cumplidas explicaciones sobre la misma, mostrándonos un par de cosas de verdadero interés, como eran un cristo de marfil maravillosamente realizado y con un montón de años de antigüedad y perfectamente mantenido en el tiempo, y una pila bautismal que también tiene muchos siglos de antigüedad. Después de la iglesia, fuimos al Museo de Los Escobazos, una fiesta típica del pueblo, situado al lado de la iglesia. Y de allí, a visitar el Parador, un precioso y cuidado Palacio medieval en el que Carlos V residió varios meses mientras se acondicionaba el Monasterio de Yuste. Allí tomamos un aperitivo antes de ir a comer, en esta ocasión en el restaurante El Labrador. La comida resultó bien, pero no tan exitosa como la de la jornada precedente. Y después de comer, nos solazamos en el parque que está tras el parador, donde algunos echamos una cabezada aprovechando el tupido verde de los jardines. Y antes de abandonar Jarandilla, hicimos las compras reglamentarias para traer productos de La Vera a casa. De camino hacia el pueblo de Ramón hicimos un alto en la Garganta de Cuarcos, donde hay un puente romano muy bien conservado y en el que cantidad de gente aprovechaba para darse un baño en las pozas que se forman entre las piedras.

El resto de la tarde lo dedicamos a recorrer Viandar, el pueblo de Ramón, que resultó ser mucho más grande de lo que quienes ya habíamos estado por allí lo recordábamos. Para la cena Berta y Ramón nos habían preparado un selecto y espléndido surtido de productos del país, que degustamos en la terraza frontal de su casa, la cual por cierto tras la reforma que hicieron quedó fantástica. Fué una jornada de lo más completa y una nueva oportunidad de convivir y compartir entre los hermanos y Cuñad@s, que nos dejó a todos un excelente recuerdo. Allí, antes de despedirnos de Ramón y Berta, quedamos emplazados para sendas comidas a celebrar en Santa Cruz en el mes de agosto, por una parte los seis hermanos en la terraza de la casa que fue de mamá, y por otra parte el grupo de cuñad@s, para no ser menos.

El último día, martes 17, después del desayuno pusimos rumbo de regreso a casa, por la ruta de la Plata. Hicimos una parada en Baños de Montemayor para que Ipi y el resto de viajeros pudieran conocer las termas romanas que allí se conservan en excelente estado y en uso actualmente. El pueblo está montado todo él en plan balneario, con varios hoteles y residencias destinadas a ello. Continuamos recorrido de regreso para hacer de nuevo un alto en Candelario, un precioso pueblo de la provincia de Salamanca. Un recorrido tranquilo por sus calles muy bien cuidadas nos entretuvo buena parte de la mañana, al final del cual aprovechamos para tomar unas tablas de embutidos y de queso a modo de comida ligera para así continuar la ruta de vuelta sin el estómago pesado.

Ya de vuelta a la carretera, nosotros hicimos una breve parada en un área de servicio para echar una cabezada, mientras los del otro coche continuaron camino. Y puesto que al final veníamos solos y no teníamos especial prisa en llegar a casa, al pasar Ponferrada decidimos acercarnos al Monasterio de Carracedo, que ya quisimos visitar en un viaje anterior pero estaba en obras en aquella ocasión. Ahora pudimos recorrerlo tranquilamente aunque todavía no está totalmente preparado para las visitas, ya que la restauración se está llevando a cabo con bastante calma, imagino que por falta de recursos.

Y con la llegada a casa cerca de las diez de la tarde-noche, se dió por terminado este periplo por las tierras de La Vera, del cual todos los asistentes guardamos excelente recuerdo y por cuya organización una vez más hemos felicitado a Ramón.

Mayo viajero – 1 – Matalascañas

Tras dos años en los que ha resultado casi imposible organizar viajes, o más que organizarlos llegar a realizarlos, en este 2022 parece que todos estamos ansiosos por quitarnos de encima la modorra y echarnos al monte, o más directamente a la carretera, a los aeropuertos, o a las estaciones ferroviarias. Y cuando digo todos, hablo de la generalidad, tanto en España como en el extranjero.

Y como nosotros somos y hemos sido a lo largo de los años unos viajeros que no precisan de demasiado impulso externo para lanzarnos a preparar las maletas, en el pasado mes de febrero nos tomamos una semana de relax en Lanzarote a modo de ensayo para lo que pudiera venir durante el año actual. Y ese ensayo resultó tan exitoso y agradable, que directamente nos a animamos a preparar otras salidas.

Hay que decir que ya previamente, en el pasado otoño nos apuntamos a un viaje del Imserso para llevar a cabo en los primeros días de mayo, por lo cual eso estaba ya programado de antemano, aunque luego, ya en combinación con nuestros amigos Elena y Rafa preparamos una segunda salida, en este caso a la Isla de Palma, para solidarizarnos con los palmeros y colaborar en su recuperación tras los desastres del volcán a finales del pasado año. Y después de programar el viaje a La Palma, incluso nos fuimos un fin de semana a Braga, donde las celebraciones de Semana Santa tienen bastante interés.

Hotel Barcelona Edition

Pero volviendo al inicio para seguir un orden cronológico en lo que a mayo respecta, el día 1 de este citado mes de mayo partimos del aeropuerto de A Coruña, con Vueling en dirección a Sevilla, con una escala previa en Barcelona, escala que no estaba prevista cuando contratamos el viaje y que luego Mundiplan y Vueling modificaron sin consultarlo con los beneficiarios del programa. Eso convirtió el trámite del viaje en algo bastante farragoso, porque a la ida la parada en Barcelona fue de más de 6 horas y al regreso la espera fue menor pero también alargó el viaje de forma innecesaria. Hay que decir que en nuestro caso aprovechamos la parada en Barcelona para acercarnos al centro de la ciudad, donde pasamos unas horas visitando el hotel Barcelona Edition en el que Chema trabaja desde hace unos meses, y allí comimos e hicimos más llevadera la parada.

Llegados a Sevilla, nos trasladaron en bus a Matalascañas, en concreto al Gran Hotel del Coto, donde la estancia fue sumamente agradable, la atención excelente y todo en conjunto resultó magnífico, como así hicimos saber al director del hotel, al que tuvimos ocasión de saludar antes de nuestra partida para regresar a casa el 8 de mayo.

Habíamos reservado un coche para los cuatro primeros días de estancia, con idea de recorrer la provincia de Huelva, que apenas conocíamos y quedamos francamente contentos de todo lo que vimos. En la primera jornada recorrimos en el Citroen C-3 (el coche elegido, idóneo para esos días) toda la costa entre nuestro lugar de residencia y Ayamonte, donde hicimos una primera parada. Ayamonte tiene el encanto de un típico pueblo andaluz, y aunque el día no estaba muy soleado, había buen ambiente en sus calles, incluso nos encontramos con la gente que iba en romería, puesto que en esas fechas tanto allí como en otras poblaciones estaban con las celebraciones de la santa cruz. Desde allí continuamos luego hacia Lepe y Cartaya, pasando por El Rompido y terminando en Huelva capital antes de retornar al hotel. De vuelta nos sorprendió una tormenta, con abundante lluvia. De la capital poco o nada que reseñar. Tal vez lo que más me llamó la atención fué una estructura metálica en el puerto, que constituía el muelle de hierro construido por los ingleses para cargar el mineral que llegaba desde Riotinto a través del ferrocarril. Y casi lo mejor fue la parada que hicimos en un pub en lo más alto de la urbe donde nos deleitamos con un mojito y un digestivo. De regreso en el hotel, y tras la cena de rigor, una relajada estancia en la terraza de la cafetería del hotel, para tomar un café y un digestivo.

Castillo de Almonaster la Real

El segundo de los días nos dirigimos a la zona norte de la provincia, a través de la Sierra de Aracena, donde descubrimos pintorescos y preciosos lugares que nos eran desconocidos, como es el caso de Almonaster la Real, una población con un espectacular castillo en el que en un tiempo hubo una mezquita árabe. Coincidimos en esa fecha con una celebración en el pueblo, en la que los lugareños acudían en romería (según su ubicación en el pueblo) a dos zonas diferentes de la localidad, y al terminar las respectivas romerías tanto los del Llano como los de La Fuente se juntaban en el centro del pueblo. Pero lo llamativo es que en esa fecha los habitantes de una y otra zona no se hablaban con sus vecinos y estaban como enfrentados. Aunque a Ipi le apetecía esperar a ver ese reencuentro, no fue posible ya que habría que esperar hasta el final del día. Continuando nuestra ruta pasamos por Cortegana donde hay otro castillo, seguimos a Fuenteheridos cuya plaza de toros es muy característica, y terminamos en la localidad de Aracena, donde pudimos visitar la Gruta de las Maravillas, además de hacer un amplio recorrido por el pueblo, con mucho que ver. Allí compramos unos quesos para traer a casa y compartir con los amigos. En el camino de vuelta pasamos por Riotinto aunque sin parar, entre otras cosas porque nos cayó una tremenda tormenta y porque además nos dimos cuenta de que aquella población era necesario visitarla con más calma, lo que hicimos al día siguiente. De vuelta al hotel, nuevamente la cena y la visita a la cafetería para terminar la jornada con café y digestivo.

Algunas vistas de Aracena

En efecto, el tercer día fuimos directamente a Riotinto, para recorrer las zonas donde han estado las minas, con excavaciones impresionantes a cielo abierto, que en algún caso y tras bastantes años de abandono han vuelto a trabajarse. A través de una galería subterranea accedimos a la mina de la Peña del Hierro, que fue en su momento la primera explotación, y más tarde viajando en el Tren Minero, hicimos un largo recorrido por toda la zona excavada a lo largo de los años para extraer el mineral.El nombre de la localidad proviene del color de las aguas del rio al que se vertían las escorias una vez procesado el mineral excavado.

De vuelta hacia Matalascañas hicimos una parada en Niebla, un pueblo en el que es digno de visitar el castillo y un par de iglesias mozarabes. Y antes de llegar al hotel, nos paramos en El Rocio que, aunque sin ambiente festivo, nos causó una gran impresión ver lo grande que es, ya que la idea que teníamos a través de la televisión cuando hacen el «salto de la reja» para sacar a la virgen en procesión era de un lugar mucho más reducido. Allí pudimos acceder a la sede de la Cofredía de Sanlucar de Barrameda, a la que acuden para alojarse los cofrades de aquella localidad cuando asisten a la celebración en los primeros días del mes de junio. De hecho, en El Rocío estaban ya con los preparativos para la celebración, adornando las calles. Antes de dejar el pueblo pudimos hacer un pequeño recorrido por la marisma de Doñana en lo que atañe a su confluencia con esa localidad. En el hotel, después de la cena al igual que en días anteriores, y mientras la mayoría de los huespedes se afanaban en cantar en el karaoke o bailar animadamente, nuestro café y digestivo en la terraza, aprovechando la buena temperatura.

El jueves dia 5, cuarto día en Matalascañas, nos dedicamos a un recorrido por Moguer, la tierra de Juan Ramón Jiménez, una localidad que nos gustó y en la que Ipi hizo el seguimiento del escritor, visitando su biblioteca y casa oficial, donde pudimos conocer además de la mencionada biblioteca, su despacho, asi como también el de su mujer, asimismo escritora, y hacer un amplio recorrido por el pueblo, todo ello antes de empezar a disfrutar de la playa, puesto que fué el primer día en que realmente apetecía ponerse al sol. Elegimos, por proximidad, la playa de Mazagón, una precioso y enorme arenal que discurre prácticamente desde Huelva capital hasta Matalascañas.

Nos soleamos durante aproximadamente cuatro horas, que para ser el primer día no estuvo nada mal, y a continuación fuimos a visitar La Rapita, y alli tanto el el Monasterio desde el que Colón gestionó su viaje (por cierto, el Monasterio no nos gustó nada, porque se ve todo él remozado pero con mal gusto, sin prácticamente nada original de su fecha), como luego la réplica de las carabelas que hicieron el viaje del descubrimiento.

También esto nos desilusionó, porque está montado todo con un aspecto super turístico, más dirigido a los guiris que a los indígenas y/o turistas nacionales. Ya de vuelta al hotel, cena, café y digestivo, en esta ocasión mientras veíamos un partido de la Champions.

Y ya los dos días siguientes prescindimos del coche y nos dedicamos a disfrutar del entorno del hotel, es decir de Matalascañas y el coto de Doñana. Para empezar, el viernes día 6, que además coincidió con mi 72 cumpleños, hicimos tras el desayuno un tranquilo y relajado recorrido por el paseo marítimo de Matalascañas, que tiene casi 6 kms. de largo. A la vuelta, y antes de ir a la playa, una parada en un chiringuito del paseo, donde pudimos degustar unas cañas con unas gambas de Huelva. Hicimos luego una breve y ligera comida en el hotel para después ir a solazarnos en el arenal que está junto al mismo hotel. Allí terminamos la tarde, antes de volver a la habitación para, en la propia terraza con vista al mar y con la puesta de sol, darnos un homenaje para celebrar el cumple, a base de mojama, boquerones, gambas de Huelva y jamón de jabugo, todo ello regado con una botella de manzanilla La Guita. Ipi me sorprendió con un tarta de cumpleaños que encargó en el hotel, para poder soplar la vela requerida al efecto. Para cumplinar la celebración, bajamos más tarde a la cafetería del hotel a tomar el café y el digestivo que diariamente nos tomamos cada noche durante nuestra estancia.

El sábado, sexto día, lo dedicamos integramente a la playa. Ese día como era sábado ya la afluencia de gente a la playa fue muy superior, algunos en plan familiar con mesa, sombrilla, hamacas y por supuesto la nevera, todo ello preparado para aprovechar el sol de justicia que ya calentaba en plan veraniego. Al volver de la playa, una parada en un chiringuito al borde del arenal, donde tomamos unas cañas y unas frituras para completar la exigua comida que hicimos sobre la arena al borde del mar. No obstante, y dado que del día anterior había quedado casi media botella de manzanilla, optamos por pedir de nuevo en el hotel unas gambas y jamón para completar la jornada, antes de terminarla como cada noche con el café y digestivo correspondientes.

Y con eso completamos nuestra estancia en Matalascañas, ya que a mediodía del día siguiente, domingo, nos recogió el bus que nos trasladó al aeropuerto de Sevilla donde embarcamos para el vuelo de regreso a casa, nuevamente via Barcelona, aunque en esta ocasión la espera en el aeropuerto barcelonés fue mas breve. En cualquier caso no llegamos a A coruña hasta cerca de las 10 de la noche, dando así por terminado este primer viaje de mayo.

Hoy vengo a hablar de mi libro

Me apropio temporalmente de esta frase, que se hizo famosa a raiz de una entrevista que le hicieron a Francisco Umbral, para lo que hoy pretendo, que es precisamente hablar sobre el libro que escribí recientemente, a modo de Libro de Vida, siguiendo un programa elaborado al efecto por Afundación, en combinación con Envita.

Portada del Libro

Efectivamente en los inicios del año 2021 mi querida Ipi me comentó que le había llegado una comunicación del espacio +60 de Afundación, anunciando un programa denominado Historias Vividas, que consistía en utilizar un programa generado por Envita para escribir algo parecido a un libro de memorias. En síntesis, consistía en seguir un guion que facilita el recuerdo de determinados momentos a lo largo de la vida, para recordar con relativa facilidad momentos en los que cada uno tiene cosas para relatar. Ipi me dijo que ella se había inscrito y me animó a que yo hiciera lo mismo. Y como soy muy «mandadiño», me inscribí.

Después de una reunión en la que se precisaron los aspectos particulares del programa y se ofreció el apoyo necesario para desarrollar el proyecto, comencé con la escritura, apoyándome en las fotos que conservo, muchas de ellas heredadas de mis padres y la mayor parte realizadas por mi a lo largo de todos mis años, desde aquella cámara de formato «6 x 9 de pase ancho» con las que tengo mis primeros recuerdos allá por los años 60 del pasado siglo, hasta las sucesivas Olympus, Canon y las digitales actuales.

A lo largo de todo el año 2021 hemos tenido varias reuniones, algunas presenciales y la mayor parte de ellas por vía telemática, a causa de las restricciones de la pandemia, en las que Susana y sus compañeras de Afundación nos ofrecían su apoyo para avanzar en la escritura del libro, y nos iban marcando los ritmos para llegar a terminarlo antes de final de año. Por cierto, debo señalar que Ipi, después de embarcarme a mi en el proyecto, se dió de baja y me dejó solo en mi aventura.

Los cinco que presentamos el libro

Como el programa abarcaba a las diferentes sedes de Afundación en Galicia, creo que estuvimos metidos en esto una decena de personas, de las cuales al final siete terminamos el libro a tiempo para su impresión antes de las navidades y el resto se han vuelto a anotar para continuar con la escritura a lo largo de 2022. Por mi parte debo decir que conseguir llegar a tiempo, pese a que en el último tramo me lié con las fotografías, pretendiendo un encaje que en muchos casos resultó imposible, por lo que hube de recurrir a multitud de «collages» para integrar todas las imágenes que deseaba.

Ipi y David, a quienes va dedicado

Cumplidos los plazos, a finales de noviembre entregamos los textos y fotografias para su impresión, con la idea de que pudiésemos tener los libros en nuestro poder antes de Navidad para regalarlo a las personas a las que iba dedicado. En mi caso, los receptores eran Ipi y David. Para dar un mayor realce a la terminación, se había previsto un acto el día 22 de diciembre, con familiares y amigos, acto que finalmente no pudo celebrarse por las restricciones de la pandemia, quedando la fecha pospuesta sin fijar una nueva.

Las intervenciones de los familiares

Y como la gente de Afundación y Envita querían dar realce al programa y fomentar las inscripciones para la nueva edición del programa, se fijó nueva fecha para el 30 de abril de 2022, y en esta ocasión sí se llevó a cabo la reunión, a la que acudieron familiares y amigos. Fué un acto para mí muy emotivo y que personalmente me dejó buen sabor de boca, en el que estuve acompañado por varios de mis hermanos y sus respectivas, además de algunos de mis amigos más cercanos, y en el que tanto Ipi como David y mi hermana Coló participaron de forma activa, siendo entrevistados. Ipi y David lo fueron como receptores directos del libro, y Coló por ser la primera de mis familiares que tuvieron acceso a la lectura del mismo.

Foto de grupo con los familiares y amigos asistentes

En el acto participamos al final cinco de los siete que completamos el libro en 2021, al no poder asistir por diversos motivos los dos restantes. Para mí fue un día completo, que me deja un excelente recuerdo para añadir a todo lo vivido directamente con la escritura del Libro de Vida. Al día siguiente apareció una reseña significativa en el diario La Opinión, que queda aquí plasmada.

Por cierto, que en las entrevistas con familiares, David demostró unas excelentes dotes de comunicación, como fue valorado por algunos asistentes no «implicados». En definitiva, algo para añadir a los recuerdos incluidos en el propio Libro de Vida.

Outono Gastronómico – Ruta de los Monasterios

Con el buen sabor de boca que nos dejó el pasado año aquel finde que hicimos en octubre aprovechando las ventajas del Outono Gastronómico, este año quisimos repetir la experiencia y para ello, utilizando la multitud de notas que Ipi tiene sobre rutas, miradores, lugares emblemáticos, joyas del románico, etc. etc. etc…, ella misma se encargó de organizar el fin de semana, eligiendo casa rural, menú, y por supuesto recorrido.

Se puso a ello a finales de septiembre y como somos un colectivo numeroso, lo primero que vio era que resultaba difícil encontrar un alojamiento con tantas habitaciones disponibles. Hay que señalar, además, que este año a los fijos del Chiringuito se añadirían otras dos parejas, ya que se lo ofrecimos a Julio y Pilar de Ourense y también María invitó a sus amigos Suso y Carmen. Por tanto, un total de 16 personas y 8 habitaciones, que nos obligaron a retrasar la fecha hasta este último fin de semana por falta de alojamientos disponibles para tanta cuadrilla.

Con suficiente antelación Ipi envió a los asistentes el programa detallado, incluyendo menús a elegir, para lo cual previamente se había dedicado a contactar con los lugares a visitar, restaurantes donde comer, reserva de guías, y, en fin, todo aquello que nos facilitaría a los no currantes poder aprovechar al máximo el viaje. Debo decir que también , por disponibilidad de las visitas previstas, hubo de cambiar el orden del recorrido. Pero todo eso lo explico a continuación.

Monasterio de los Escolapios

Como quiera que no llevamos bus sino que cada pareja se organizaba el viaje en coche por su cuenta, nos agrupamos en varios vehículos en la medida de lo posible, fijando como punto de reunión para iniciar las visitas el Monasterio de los Escolapios, en Monforte de Lemos, el sábado día 20 de noviembre a las 11 horas. La elección de la fecha fue mera coincidencia con el famoso 20-N y no tenía otro tipo de connotaciones.

Puntuales como suele ser habitual, cuando Ipi y yo llegamos al punto de encuentro en el coche con Rafa y Elena, ya la mayoría de asistentes estaban tomando un café en las cercanías, lo que asimismo hicimos nosotros para llevar el estómago y el cuerpo en general debidamente preparado.

Vistas diversas del interior del Monasterio

En los Escolapios, la guía que nos hizo de anfitriona nos explicó con todo lujo de detalles los antecedentes de la edificación, la finalidad con la que fue creada, y la evolución a lo largo del tiempo de su construcción, que se llevó a cabo en diferentes etapas. Hay que señalar que el colegio realmente se denomina «Colegio de Nuestra Señora de la Antigua» y como no es objeto de esta entrada detallar la historia del mismo, para quien pueda estar interesado en conocerla más a fondo puede acceder al siguiente enlace: https://es.wikipedia.org/wiki/Colegio_de_Nuestra_Se%C3%B1ora_de_la_Antigua_(Monforte_de_Lemos)

Torre del Homenaje y Parador

Finalizada la visita inicial de las previstas para ese día, nos dirigimos al castillo de Monforte, que realmente es la conocida Torre del Homenaje y está situada en lo alto de la localidad, junto al Monasterio de San Vicente del Pino, desde hace muchos años reconvertido a Parador Nacional, y donde teníamos encargada la comida de esa jornada. Como parte del colectivo quiso demostrar su buen estado de forma física, la mayoría de los asistentes optaron por hacer el camino a pie mientras otros lo hacíamos en coche, no por falta de capacidad aeróbica, sino pensando en que después de la comida tendríamos el tiempo bastante justo para llegar a la siguiente visita de las planeadas.

Comida en el Parador

Como quiera que la iglesia del monasterio estaba cerrada por obras, con calma realizamos la visita a la Torre del Homenaje y accedimos luego ya al interior del edificio del Parador, donde habida cuenta de que faltaba casi media hora para las 2 de la tarde, hora prevista de la comida, pensamos que era un momento adecuado para tomar un aperitivo mientras nos deleitábamos de las instalaciones. Tras el mencionado aperitivo, ya pasamos directamente al comedor, donde dimos cuenta del menú seleccionado (un variado de entrantes, teniendo como plato fuerte Caldeirada de pescado o Chuleta de Porco Celta). Estuvo bien en general, siendo la caldeirada la elección menos satisfactoria.

Monasterio de las Bernardas, en Ferreira

Como dije, estaba un poco justo el tiempo después de la comida porque a las 4 de la tarde se había programado la visita al Monasterio de Santa María, de las Madres Bernardas, en Ferreira de Pantón, donde nos esperaba la guía que nos acompañaría el resto de la tarde. En esta primera visita nos detalló las características del monasterio, que inicialmente fue benedictino y más tarde pasó a ser cisterciense, siempre atendido por monjas. Hicimos un recorrido por el interior y exterior de la iglesia, y una vez en el interior del monasterio nos invitaron a comprar algunos de los dulces que las monjas elaboran. Yo conseguí la última de las cajas disponibles de almendrados y una caja más de tejas. Ambos productos están francamente buenos, después de haberlos catado ya en casa de forma repetitiva.

San Miguel de Eiré

Terminado el recorrido por el citado monasterio, la guía nos llevó hasta la iglesia de San Miguel de Eiré, también conocido por O Mosteiro. Es uno de los ejemplos más interesantes del románico de la Ribeira Sacra. Formó parte de un monasterio benedictino en el siglo XII, aunque del mismo solo sobrevive hoy la iglesia. Parece ser que para visitarlo hay que pedir la llave a la señora Carmen, una paisana del pueblo que vive junto a la iglesia y habitualmente está junto a ella tomando el aire, como era el caso, si bien en esta ocasión la propia guía tenía la llave.

Santo Estevo de Atan

Y por último, la guía nos dirigió al Monasterio de Santo Estevo de Atán, donde hubimos de hacer visita nocturna, a la luz de una linterna que portaba Rafa y con la ayuda de la luz de los teléfonos móviles. Fue construida a principios del siglo XIII, si bien al parecer en estudios arqueológicos de hace algunos años se localizaron piedras prerrománicas que hoy forman parte de la torre del campanario. Contiene una serie de pinturas murales muy interesantes, algunas de las cuales se conservan en bastante buen estado.

De camino a esta última iglesia pudimos disfrutar de unas preciosas vistas de las vides coloreadas después de la vendimia, que conferían un aspecto precioso al paisaje de la zona.

Terminadas las visitas vespertinas, el paso siguiente era ir directamente a la Casa dos Muros, el lugar seleccionado como alojamiento. Aunque estaba próximo a los lugares por donde nos estuvimos moviendo durante la tarde, el hecho de coincidir con una carretera cortada por obras nos hizo dar un amplio rodeo, con lo cual llegamos a nuestro destino nocturno ya en plena oscuridad. Aprovecho para decir que la casa, aunque no cabe calificarla de deficiente, desde luego no tenía el nivel del Pazo de Buzaca donde nos alojamos el pasado año. Las habitaciones eran menos amplias, y sobre todo hacía frío en general en prácticamente todas, pese a estar los radiadores encendidos, se ve que desde pocas horas antes. La casa se configura en diferentes niveles, por lo cual las habitaciones que ocupamos estaban en dos zonas diferentes.

Casa dos Muros

La cena se llevó a cabo en un amplio comedor, con chimenea, que compartimos con otras dos mesas de otros grupos de comensales. Para esa finalidad se adecuaba perfectamente, pero en cambio a efectos de la sobremesa hubiese sido más adecuado otro tipo de salón, y si bien en alguna de las zonas de la casa había otros salones, pero no estaban acondicionados para acomodarnos los 16 miembros de la expedición. En cualquier caso la cena resultó amena y todavía tras la misma tuvimos tiempo de charlar animadamente hasta que los más dormilones comenzaron a irse a sus habitaciones, camino que poco después tomamos el resto de los más golfos. El menú estuvo bien. Se componía de unos entrantes (croquetas, embutidos, champiñones, revuelto de setas), y como plato fuerte, Costilla de cerdo con ensalada y patatas fritas; también pusieron unos langostinos a la plancha para quienes no comían carne. Y después del postre y cafés, chupitos. A la mañana siguiente, un desayuno a base de tostadas, bizcocho y zumo, acompañando al cola-cao, o café, según los casos.

Mirador de Matacás

Y como quiera que teníamos en mente acercarnos al mirador de Matacás antes de nuestra primera visita de románico, antes de las 10 de la mañana ya estábamos en los coches rumbo al mirador, al que llegamos con una densa niebla que cubría el río, por lo cual la mayor parte de las fotos que se hicieron reflejan esa situación, aunque en el momento de abandonarlo ya empezaba a despejar. Como curiosidad o anécdota, comentar que a punto de arrancar desde allí, recibimos la llamada de la hostelera de Casa dos Muros pidiendo que le mandásemos los DNI de todos porque había omitido tomarlos la noche anterior, y solamente pudimos enviar 15 de los 16 porque una de las integrantes de la expedición «se lo olvidó en casa». Y la petición venía a cuento porque otros huéspedes se empeñaron en decir que uno de sus coches había sido rallado por uno de los nuestros, lo cual no era cierto. Y durante todo el resto de la jornada hubimos de estar mandando videos de cada uno de los coches para demostrar que no éramos nosotros quienes habían rallado al coche en cuestión.

Monasterio de Santa Maria, en Xunqueira

Ajustados de tiempo llegamos a las 12 del mediodía al Monasterio de Santa María, en Xunqueira de Espadanedo, donde la guía nos recibió echando chispas porque contaba con nosotros un cuarto de hora antes para evitar que la hora se juntase con el comienzo de la misa vecinal de las 12,30. Por esa razón, la visita a la iglesia fue realizada a toda prisa y sin casi tiempo de observar nada. Luego, ya fuera del templo, terminó las explicaciones sobre los inicios del monasterio, que se sitúa en siglo XII, al principio como benedictino, para integrarse luego en el císter. Por lo visto es uno de los más visitados de la Ribeira Sacra. Finalizada la visita, como quiera que restaba casi una hora para el momento previsto de la comida, tuvimos tiempo de disfrutar en una terraza del agradable sol matinal mientras la mayoría nos tomábamos una cerveza y el resto se echaban a caminar un rato.

La comida tuvo lugar a poco más de 1 km. de allí, en el Restaurante Prieto, con un menú que tenía como entrantes queso y embutidos, calamares y pulpo, y como plato principal Rodaballo a la plancha para unos y Cabrito para otros. Con postres, cafés y algún que otro chupito. Y al igual que el día anterior, salida rápida para llegar a buena hora a nuestra última visita, el Monasterio de San Pedro de Rocas.

San Pedro de Rocas

Aunque hay antecedentes de vida en grupo en el año 573, en el siglo IX reaparece la vida comunal, y ya en el siglo X se data como monasterio dependiente de Celanova. La particularidad de esta iglesia, que es lo que hay hoy en día, aunque ya sin utilización litúrgica, es que está parcialmente excavada en la roca, con varios enterramientos perfectamente visibles. Está ubicado en un entorno precioso, con un bosque que en estas épocas del año tiene un colorido increíble. Y próximo al monasterio, en pleno bosque, está la fuente de San Benito, según se dice con propiedades curativas para lesiones de piel y similares.

La zona boscosa de San Pedro de Rocas – La fuente de San Benito – Y la parada en Los Caracoles

Y es realmente en ese punto donde damos por finalizada la reunión de grupo, porque aunque prevemos hacer una parada técnica en la Derrasa, ya cerca de Ourense, un par de las parejas asistentes no hacen ese alto y regresan directamente a sus lugares de origen. Esa parada, en la cafetería de Los Caracoles, es definitivamente el punto de despedida para todos, dando por finalizada la excursión de Outono Gastronómico y Ruta dos Mosteiros da Ribeira Sacra, pero con ganas de repetir.

Un sábado excelente

Este último sábado, día 6 de noviembre, nos levantamos sin un plan definido, si bien en la agenda había al menos dos eventos a realizar como eran la asistencia a un partido de futbol y más tarde a un concierto. Pero un sábado bien aprovechado puede dar mucho de sí, y en este caso tuvimos la intuición de aprovecharlo, sobre todo porque amaneció un día precioso después de varios días de mal tiempo.

Mientras desayunábamos a Ipi se le ocurrió que, puesto que a la tarde viajaríamos hasta Ferrol para ver al Racing, se podría aprovechar la salida para hacer un recorrido por alguno de esos lugares que ella tiene en su agenda para cuando se presente la oportunidad. Y buscando en su «libreta de notas» aparecía un recorrido por los Miradoiros de la zona norte de la provincia, entre Cariño y Cedeira que nos iba bien por quedar relativamente cerca de Ferrol.

Vista de Cariño, desde lo alto

De modo que, pensado y decidido, en poco tiempo nos preparamos para tomar la ruta. Acordamos ir directamente hasta Cariño para iniciar desde allí el recorrido, lo que resultó un acierto. Llegados al punto de destino y después de un breve recorrido por el pueblo, nos marchamos hasta Cabo Ortegal, donde ella no había estado nunca y en cambio yo sí que había visitado ya hace 12 años con mis compañeros Bebeuvas. Gracias al precioso sol que nos acompañaba pudimos disfrutar de la vista de los Aguillóns (tres peñascos situados frente al faro) que según se indica en un cartel, suponen la división entre el Atlántico y el Cantábrico, aunque al parecer hay otros intereses que sitúan ese límite en Estaca de Bares. Sea como sea, la panorámica que se divisa desde el faro es excelente a un lado y al otro de esa divisoria. Por cierto que descubrimos que un buen número de personas opinaron igual que nosotros y aprovecharon para ir hasta allí.

Imágenes desde el mirador da herbeira

Regresando hacia Cariño encontramos una desviación que llevaba hasta la zona de los miradoiros, que son numerosos entre Cariño y Cedeira, empezando por los que nos permiten una visión espléndida de Cariño y su zona próxima, y continuando hacia los que nos llevan sobre el mar hacia San Andrés de Teixido y Cedeira. Uno de esos puntos elevados, quizás el más alto (se indica que con sus 64o metros de acantilado es el mas alto de la Europa continental) es el mirador o Garita da Herbeira (también señalado como Vixía da Herbeira), ubicado junto a un impresionante parque eólico donde además soplaba el viento de forma considerable, lo que dada la altura del lugar y pese al sol la temperatura era «fresquita». Desde allí pudimos tomar unas interesantes imágenes de la abrupta costa. Hay que señalar que también la zona estaba bastante concurrida para las fechas en que nos encontramos.

El mirador indicado se encuentra en plena Serra da Capelada, donde a cada lado de la ruta vamos encontrando cantidad de ganado en libertad, fundamentalmente vacas y caballos, con algunos cercados donde los lugareños acomodan a sus reses por las noches. Toda la Capelada es una enorme extensión con una vegetación característica donde afortunadamente los incendios no han estropeado el paisaje.

De camino hacia Cedeira nos acercamos a San Andrés de Teixido, donde decidimos parar para visitar el pueblo, hacer unas fotos y ya de paso comer algo. No nos sorprendió demasiado ver que, al igual que en los sitios anteriores había bastantes visitantes por lo que incluso esperamos un rato para tener mesa en el restaurante elegido, tiempo que aprovechamos para hacer un breve recorrido por la iglesia y el entorno de la misma. Comimos en Taberna Hermanos Bouza, en la terraza, y pudimos degustar unos sabrosos percebes (cogidos en Os Aguillons, según nos aseguró la camarera), unos berberechos fritos (plato típico de la zona, por lo visto) que estaban buenísimos, y un secreto ibérico, también muy bueno. Y unos postres caseros (arroz con leche y requesón con miel). Todo ello con un precio satisfactorio y un buen servicio.

Terminada la comida, volvimos a la carretera para ir haciendo altos por los miradoiros ( Carris y otros) y luego Chao do Pe, desde el cual hay una buena vista sobre San Andrés. Ya posteriormente la ruta nos lleva bordeando la costa hasta Cedeira, una localidad que en verano debe tener mucha vida, a juzgar por las edificaciones que hay en el centro y al lado de la playa, pero que este sábado a esas horas (tras la comida) estaba prácticamente vacía. Pudimos hacer un pequeño recorrido por el pueblo, hasta el puerto, antes de tomar ya la dirección de A Malata, en Ferrol, donde nos esperaba el partido que enfrentó al Racing (el equipo donde Hugo ejerce de fisioterapeuta) contra la UD Logroñes. Por desgracia, o más bien porque jugó mal, el equipo local perdió 0-2, y nosotros nos vinimos hacia A Coruña donde nos esperaba el último de los programas del día.

Soleá Morente, en Filloa

Y ese último programa consistía, nada más y nada menos, que poder disfrutar del directo de Soleá Morente en el Filloa, con un reducido grupo de espectadores y nosotros en primerísima fila. Resultó sumamente agradable este concierto en el que según señaló la artista, era el primero que hacía como «cantaora». Hace un par de años tuvimos ocasión de verla en el Colón, interpretando entonces música «pop», en una actuación que inicialmente estaba prevista en el Castillo de San Antón pero que por causa de la lluvia se tuvo que trasladar al teatro.

Y antes de ir a dormir, habida cuenta de que con las prisas del futbol y el concierto no tuvimos tiempo de meter nada al estómago, unos pinchitos en el Victoria, en la calle de los Olmos, y rematado con unos cafés y chupitos de 1866 en Bocatín, a punto de cerrar.

En fin, una jornada supercompleta, aprovechando el buen tiempo y las ganas de aprovechar al máximo cada oportunidad.

Tudela y alrededores

Con el «leit motiv» de que el Racing de Ferrol jugaba el pasado fin de semana en Tudela y de que teníamos pendiente un encuentro con nuestros amigos zaragozanos Arantxa y Chema, programé un viaje de finde a la zona, y lo hice de forma que Ipi no lo supiese hasta el día de su santo, ya que iba a ser mi regalo por tal efeméride.

Llegado el día del Pilar se lo comuniqué, y tras los mínimos preparativos el viernes día 15 salimos a buena hora para intentar llegar a Tudela a la hora de comer, como asi sucedió. Chemari, el hijo de Pilar, era conocedor del programa, y tenía previsto llegar a Tudela desde Madrid esa misma tarde, y también nuestros amigos de Zaragoza, que se alojarían en el mismo hotel que nosotros y llegarían a la mañana siguiente.

Una vez acomodados en el hotel AC Tudela, ubicado en un antiguo convento y situado en el centro de la villa, como lo más inmediato era comer algo, nos instalamos en el Café Diamante, en plena Plaza de los Fueros, para empezar a degustar los productos de la huerta navarra. Como de productos de temporada solamente tenían los Cogollos propios de la villa y el Tomate Feo, también característico de allí, fue lo que le metimos al cuerpo para esa primera comida, dejando para la noche algo más contundente cuando ya nos acompañaría Chema.

Plaza de los Fueros, en Tudela, donde hicimos nuestra primera comida.

Y después de recorrer Tudela por la tarde, con visitas a los principales monumentos locales y calles de la parte vieja de la villa, dejamos pendiente una visita al interior de la catedral, para hacerla con Chema y nuestros amigos el domingo por la mañana. La cena, después de diferentes intentos de reserva en los restaurantes más valorados por Tripadvisor, terminamos haciéndola en Remigio, lo que resultó ser una elección estupenda, a base de Milhojas de foie, Pimientos Verdes de cristal rellenos, Fantasía de Boletus, Sesos rebozados y Oreja rebozada. Como postre, Torrija y Cuajada.

Primeras visitas por Tudela,

Para el sábado teníamos ya prevista la visita con nuestros amigos a las Bardenas Reales, un paraje que parece mas propio de otro planeta y en el cual, de hecho, se han rodado varias películas y series televisivas aprovechando las peculiaridades del terreno. Es una zona protegida, en una parte de la que está ubicado un polígono de tiro utilizado por las FF.AA. españolas y también ahora por la OTAN. No es de libre acceso, sino que solamente está permitido circular por unas rutas determinadas. El recorrido que nos recomendaban y permitían en el Centro de Información es un circuito cerrado de aproximadamente 34 kms. en los cuales se van haciendo paradas intermitentes para observar aquellos puntos más llamativos. Desde luego es un paisaje idóneo para disparar continuamente la cámara fotográfica y por tal motivo tanto con la cámara del iPhone como desde mi CANON 5D Mark III no me cansé de disparar una y otra vez.

Diferentes aspectos de nuestro paseo por Las Bardenas Reales

Entre recorrido y paradas estuvimos en el parque casi 4 horas y como se acercaba la hora de comer optamos por ir a tomar algo rápido a Olite, cuya visita habíamos planificado para la tarde. Asi que, llegados a destino, localizamos una mesa en la terraza de uno de los bares de la plaza principal y allí hicimos un ligero refrigerio a base de pinchos, pensando en que para la cena estaba ya reservado algo especial en Tudela. La comida fue rápida y dedicamos el resto de la tarde a visitar en primer lugar la iglesia de Santa María la Real, un templo gótico del S-XII, y a continuación el Palacio Real de Olite, un castillo que está totalmente reconstruido y tiene multitud de estancias y torres con almenas de muy diversas alturas. Está contiguo al actual Parador, que en otros tiempos fue el viejo castillo. Yo había estado un par de veces antes en Olite y en las dos ocasiones hice la visita a ese castillo pero no recordaba tales dimensiones. Resultó otra oportunidad para fotografiar el lugar y la villa en su conjunto desde diferentes miradores en las mencionadas torres y almenas. Esta visita prácticamente nos consumió el resto de la jornada.

Olite,

Pero antes de abandonar Olite todavía tuvimos ocasión de callejear un poco por la villa e incluso los más golosos hicieron una incursión en algunas pastelerías para comprar tortas de chicharrón, una especialidad del lugar.

Ya de regreso en Tudela, y antes de dirigirnos a cenar, pudimos comprobar desde el hotel y a través de Footers cómo con algunos apuros de última hora, el Depor ganaba por 1-0 su partido contra el Sanse (San Sebastián de los Reyes).

La cena estaba reservada de antemano en Casa Lola, una sidrería que Arantxa y Chema conocían. Volvimos a degustar los productos tìpicos de la huerta navarra, como son los Cogollos con anchoas, Cebolletas estofadas, Chistorra de Arbizu, Boletus con foie y huevos rotos, Morcilla, y además de un espléndido chuletón de vaca vieja. El restaurante estaba totalmente lleno, lo que justifica la buena valoración que tiene. Y aunque después de la cena hubiese sido un momento excelente para sentarse a tomar un digestivo, nuestros amigos que estaban algo cansados prefirieron ir directamente al hotel, lo que hicimos todos.

Cena de Casa Lola

He de decir que a la vista de lo que estábamos viendo y nos quedaba por ver para otra ocasión, nos planteamos el ampliar en un par de días el viaje y, dado que los compromisos que teníamos para el inicio de semana se podían retrasar, hicimos una gestión en el hotel para ampliar en dos noches nuestra estancia, ya solos (las dos primeras noches tuvimos como acompañante en cama supletoria a Chemari), para aprovechar mejor el desplazamiento puesto que aquella zona está a 700 kms. de A Coruña, y así le sacábamos mayor partido al viaje.

El domingo a primera hora hicimos una visita guiada a la catedral, tras la que nuestros amigos zaragozanos se despidieron y nosotros fuimos a cumplir con uno de los objetivos del viaje, cual era asistir al partido del Racing. Como quiera que además nuestro equipo ganó la contienda por 0-1, y tuvimos ocasión de charlar aunque fuese por unos breves momentos con Hugo, salió todo a pedir de boca. Después del paseo de regreso al centro de la villa, nos paramos a comer en la terraza de Casa Alberto, con invitación de Chemari.

Diferentes momentos del partido Tudelano – Racing

Tomamos Pimientos de Cristal, Pochas, Boletus y Alcachofas, y de postres, Tiramisú y Torrija.

Y después de comer, para aprovechar la tarde, nos dirigimos a Tarazona, una localidad próxima a Tudela, pero que pertenece a Zaragoza, de la que nuestros amigos nos habían hablado muy bien. Y resultó que tenían razón, porque nos encontramos con una catedral impresionante, aunque no pudimos acceder a ella. Una plaza de toros octogonal, ahora utilizada como viviendas, y un barrio judío muy bien conservado, en el que destacan las llamadas «casas colgadas». También el edificio del ayuntamiento es francamente interesante. En fin, una visita bien aprovechada.

Paseo por Tarazona

De regreso a Tudela nos fuimos directamente a la estación de ferrocarril para despedir a Chemari, que regresaba a Madrid. Y nosotros terminamos la jornada volviendo a cenar a Casa Alberto, donde a mediodía nos quedamos con las ganas de probar el Cachopo, uno de los platos singulares del restaurante, después de probar el Ajoarriero, también especialidad de la casa.

El lunes lo aprovechamos para recorrer otros puntos relativamente próximos a Tudela, como Calahorra y Estella. En la primera de las dos ciudades, visitamos la catedral, que francamente nos decepcionó, e hicimos un recorrido por toda la parte vieja entre la que está la antigua judería, encontrando todo muy descuidado y sin prácticamente ningún atractivo. Y casi todo lo contrario fue la visita a Estella, por donde yo ya pasé al menos un par de veces en mis recorridos del Camino de Santiago. Pese a ser lunes pudimos visitar varias de las iglesias más significativas de la villa, recorrer la zona antigua y aprovechamos para hacer una comida relajada en una de las terrazas de la Plaza de los Fueros.

Calahorra yEstella

Ya de regreso en Tudela, buscamos un lugar donde cenar, para seguir degustando productos navarros. Y como quiera que los lunes cierran muchos de los restaurantes, terminamos aterrizando en lugar seguro. Es decir, regresamos al Remigio, donde ya habíamos estado la primera noche. Y fue un acierto, porque estaba todo igual de bueno que la primera vez. Unas Cebollicas confitadas, Pimientos de Cristal y Pochas. Y unos buñuelos para dejar la boca dulce antes de ir a dormir.

Comidas en Casa Alberto, Restaurante Remigio, y Tostas de Estella.

A la mañana siguiente abandonamos el hotel camino de casa, pero haciendo unas paradas por el camino, ya que habíamos previsto parar a visitar los restos romanos de La Olmeda, cerca de Sahagún. Y como quiera que a la ida nos acordamos de los ricos quesos que en otras ocasiones compramos en Sasamón, habíamos acordado también hacer allí una parada intermedia para traer una variedad de ellos. Nuestra sorpresa fue que al acercarnos Ipi, que se informa con detalle de cada visita, descubrió que alli había una iglesia de la que se hablaba muy bien, con lo cual fuimos a verla. Y nuestra sorpresa resultó mayúscula cuando nos encontramos una gran edificación, con un impresionante claustro y todo muy monumental, además de enterarnos de que Sasamón era en tiempos romanos un enclave importante, desde el que se lanzaban los ataques a los territorios cántabros, quedando algunos vestigios de aquella época. Además de la gran iglesia de Santa María de Los Reyes, descubrimos otros restos como un puente romano, un arco que es lo que queda de una antigua iglesia, los restos de una muralla y una ermita que guarda el Humilladero, una columna ante la cual se arrodillaban los peregrinos a su paso por la localidad en siglos pasados. Total, un descubrimiento increíble para nosotros del que nunca habíamos oído nada.

Sasamon

Finalmente, según lo planificado, una parada en La Olmeda, donde imaginábamos unos pequeños restos romanos, pero que resultó ser lo que se encontró de una villa romana de algún capitoste de la época, en la que se conservan muchos y buenos mosaicos, en excelente estado pese al tiempo transcurrido, y sobre los que la diputación palentina ha edificado un moderno edificio para albergarlos.

La Olmeda

En resumen, un excelente viaje que nos ha permitido, además de cumplir los objetivos iniciales de ver a los amigos y asistir al partido del Racing de Ferrol, conocer con un poco más de profundidad la zona de la campiña navarra, degustar sus productos, y disfrutar de unas jornadas que serán inolvidables.

La Torre de Hercules y su entorno

Soy coruñés de nacimiento (un CTV o coruñés de toda la vida, dirían los pijos). Y como tal, un amante de nuestra tierra y de todas las cosas buenas que tiene. Y entre los símbolos de la ciudad destaca a mi entender la Torre de Hércules seguida con menor entidad por el Obelisco y más recientemente por el Milenium.

En la década de los 70 cuando un amigo o amigos de fuera venían a visitarme, siempre incluía entre las visitas a realizar, como no podía ser menos, una subida a la Torre y también cuando el visitante estaba dispuesto a ello, un madrugón para asistir en el puerto a la descarga de pescado y posterior subasta.

Y hace algunos años, concretamente en 2013, organicé una visita para un grupo de compañeros de trabajo prejubilados como yo y mi sorpresa fué que varios de ellos, naturales de A Coruña, jamás habían subido a lo alto del monumento. Aquella visita resultó francamente bien y yo desde entonces he vuelto a ascender un par de veces más.

Ahora en mis paseos matinales me gusta recorrer su entorno observando el mar y disfrutando de la tranquilidad que existe, ya que somos muy pocos quienes circulamos por aquellos parajes, fuera de lo que es el recorrido del propio paseo marítimo e internándome por los caminos y senderos de tierra que bordean la costa, sobre las rocas.

Suelo comenzar el recorrido por un camino de tierra anejo al Aquarium bajo el paseo y que lleva directamente hacia la playa de Las Lapas. Y lo primero que aparece antes de iniciar la subida hacia la izquierda, es el grupo de los Artabros que recuerdan la presencia de esos pobladores en nuestras tierras. Son tres figuras que representan a una mujer, un marinero y un guerrero, como un esquema de la sociedad de esa etapa.

Un poco más adelante, la representación del Menhir Pentacefálico, una escultura con cinco caras que representa a los pueblos provenientes de los cinco continentes a través de mar. Y a continuación, siguiendo con la subida, tres esculturas representativas de las tres cabezas del gigante Gerión vencido. Realizadas con planchas de acero.

Ara Solis

Un poco más arriba, ya en el paseo que rodea a la Torre, encontramos el Ara Solis, un altar del sol en piedra, que apunta hacia Fisterra y que recuerda el culto al sol de los romanos. Existe una leyenda al respecto, según la cual hay un único día en el año en que la línea que separa el mundo de los vivos del de los muertos, que es muy fina, se funde con el mar mostrando el punto donde se acaba el mundo (Fisterra) y ese espectáculo solo se puede contemplar desde este monumento. Y muy cerca de allí, están los restos de algo que debió ser una muralla que rodease el monumento en otros tiempos.

Desde esos restos de piedra se contempla una buena perspectiva del Aquario, en la distancia.

Aquarium – Casa de los Peces

Si continuamos bordeando la Torre por la izquierda, sobre el acantilado, aparece ante nosotros la Rosa de los Vientos, con una espléndida imagen sobre las rompientes.

La Rosa de los Vientos

Rodeando la Torre, al llegar a la entrada principal nos topamos con la escultura de un soldado de la época. Y en la base del monumento están las puertas, realizadas en bronce y con tallas que se inspiran en los mitos y leyendas que existen sobre el faro. Se representa tanto la lucha de Hércules con el gigante Gerión, como referencias a las obras de reconstrucción y reforma de la Torre.

Puertas

Comenzando la bajada por la vía que conduce hacia la rotonda, está a la derecha la Hidra de Lerna, representación de un monstruo acuático de nueve cabezas objeto de una leyenda sobre Hércules, que en un ataque de locura había matado a sus hijos. Como castigo, el oráculo de Delfos le mandó ponerse a disposición del rey Euristeo, que le encomienda doce trabajos. Uno de ellos es matar el león de Nemea y otro matar a la Hidra de Lerna.

Representación de la Hidra de Lerna
Breogán

Al llegar a la rotonda desde la que se iniciaría la subida al monumento, nos encontramos una gran estatua de Breogán, obra de Xosé Cid. En ella aparece el heroe mitológico gallego con su espada y escudo.

A partir de esa rotonda, tomamos la dirección hacia la derecha, donde se encuentran las otras esculturas. Desde allí se divisa una buena imagen de los tres cubos situados en la península de Punta Herminia, en el denominado Monte dos Bicos, que agrupa una serie de petroglifos de la Edad del Hierro con formas geométricas, signos y cruces tallados en la roca. En el saliente de Punta Herminia está también la Caracola, que se ha convertido en un elemento muy representativo de la zona.

La Caracola, con la Torre al fondo
La Copa del Sol

Según algunas informaciones, tanto la Caracola como el resto de símbolos que se han ido ubicando en diferentes lugares del entorno de la Torre, fueron creados a partir de los materiales procedentes de la chatarra generada por el embarrancamiento, incendio y posterior hundimiento del Mar Egeo, que se produjo en diciembre del año 1992 entre la península de la Torre y Punta Herminia. En diferentes lugares de este parque hay varias placas que recuerdan a personas ya fallecidas que participaron en las tareas de salvamento de aquel accidente.

Otro de los símbolos referidos es La Copa del Sol, de acero cortén, que se basa en otra leyenda, según la cual otro de los trabajos de Hércules fué la captura de los Bueyes de Gerión, que vivía en Eriteia (ahora Cadiz) y para evitar cruzar el oceano, le pidió su copa al sol, para hacer el recorrido por las noches.

Continuando el recorrido hacia San Amaro, encontramos la escultura denominada Hercules na nave dos Argonautas, hecha en granito, para llegar un poco más adelante a la zona donde están ubicados los Menhires por la Paz, un conjunto de doce esculturas que representan a la familia, por lo cual hay dos de mayor tamaño que hacen referencia a los padres y destacan sobre las otras diez. Todas ellas tienen un hueco en el centro desde los cuales se puede observar en un sentido la Torre y en otro sentido el mar. Los menhires están situados en dos círculos concéntricos.

Muy próximo a los menhires está el Monumento a los Fusilados, obra de Isaac Diaz Pardo, como homenaje a los fusilados por el franquismo durante la guerra civil. En dos losas de piedra que forman parte del mismo hay inscripciones con sendos poemas de Federico García Lorca y Uxio Carro Alvarellos.

Se completa el grupo de monumentos en esta zona, que se conocía como Campo de la Rata con lo que fué el Cementerio Moro construido durante la guerra civil para enterrar a los soldados musulmanes del ejército regular marroquí fallecidos durante la contienda. En la actualidad se ha reconvertido a un recinto denominado Casa de las Palabras dedicado al diálogo entre las civilizaciones, a través de fragmentos de textos clásicos en varios idiomas relacionados con la historia coruñesa.

Casa de las Palabras (Antiguo Cementerio Moro)

Por último, en esta zona y realizadas sobre la hierba, hay cuatro tipòs de fachadas que señalan la evolución de lo que ha sido a lo largo de los siglos el aspecto de la Torre, tras varias reconstrucciones.

Caronte

Y antes de terminar el recorrido, regresando a la zona de acceso desde el paseo marítimo, tenemos otros símbolos, como son el monumento a Caronte, una estatua en bronce obra de Ramón Conde, sobre otro de los trabajos encargados a Hércules, que consistía en ir al mundo de los muertos (Hades) y traer al perro de las tres cabezas, el Can Cerbero.

La Guitarra

Un poco más adelante, dirigiéndonos hacia la ubicación del Menhir Pentacefálico, encontramos una escultura de tipo cubista, denominada La Guitarra, realizada en bronce por el artista Pablo Serrano, que homenajea a Picasso. Forma parte de una serie denominada «Guitarras o divertimentos con Pablo Picasso, la guitarra y el cubismo».

Antes de abandonar esta zona de acceso, viene a colación comentar un aspecto que me llama la atención. Desde hace unos años se ha levantado en esta zona una caseta de información a los visitantes, que sin duda es de agradecer pero que, a fuer de darle originalidad y supongo que con la idea de internacionalizarla, tiene en su parte trasera una inscripción que, sin ser yo un reputado lingüista, me cruje al verlo. Algún entendido, para que desde atrás se viese en inglés lo mismo que indica por delante ha traducido lo de Torre de Hercules, por «Tower of Hercules», imagino que a través del traductor de google o similar. A mi limitado entender procedería poner «Hercules’ tower»

Por último, y como cierre, un elemento externo lateral del paseo marítimo que inicialmente yo he considerado como un laberinto, pero que realmente forma parte del parque escultórico y que se denomina El Combate, ya que trata de hacer referencia al combate que mantuvieron Hercules y Gerión. Está basado en un cuadro abstracto de igual titulo cuyo autor es Tim Behrens. Es en realidad un estanque.

El Combate en primer plano, con la Torre al fondo.

Expedición Balmis

En mi reciente publicación sobre el paseo marítimo de A Coruña omití, de forma involuntaria, la referencia a un par de símbolos allí existentes que deberían haber sido reseñados. Afortunadamente mi amada Ipi, que me lee y puntualiza, me lo hizo saber y en consecuencia trato hoy de solventar esa omisión con lo que paso a comentar.

Como imagino que es conocido por la mayoría, se conoce por Expedición Balmis a la que, partiendo del puerto de A Coruña, inició en 1803 un periplo por el nuevo mundo, para llevar a las colonias españolas lo que en aquel entonces era la vacuna de la viruela. Evidentemente en aquellos tiempos las vacunas no proliferaban como ahora y las soluciones para aplicarlas tenían que ser imaginativas.

En ese sentido el médico español Francisco Javier Balmis ideó la forma de hacer llegar a los territorios españoles de ultramar la solución para curar la viruela. El sistema empleado consistió en trasladar a un grupo de niños (22) seleccionados entre la Casa de los Desamparados de Madrid (4), el Hospital de la Caridad de A Coruña (13) y otros 5 de Santiago. A uno de esos niños, que no habían pasado la viruela, se les inoculaba una pequeña dosis del virus de la enfermedad para que generase anticuerpos y cada nueve o diez días se repetía el proceso con otro, de forma que con todos ellos se cubría el trayecto de navegación hasta llegar al puerto de destino, donde ya podía comenzar a aplicarse el tratamiento a la población que lo necesitaba.

Imagen de la partida del Maria Pita, desde el puerto de A Coruña.

Junto al doctor Balmis viajaron otros dos médicos asistentes, tres enfermeras y la rectora del orfanato Casa de Expósitos de A Coruña, Isabel Zendal Gómez, madre a su vez de uno de los niños implicados en el traslado. La expedición partió del puerto de A Coruña el 30 de noviembre de 1803 en el navío Maria Pita, fletado para la esa finalidad y consiguió llevar la vacuna hasta las islas Canarias, Puerto Rico, Cuba, Venezuela, Colombia, Ecuador, Peru, Nueva España y Filipinas, entre el citado año de partida (1803) y el año 1806. En total componían la expedición 37 personas.

Y como recuerdo de todo ello, en nuestra ciudad y más concretamente en el entorno del paseo marítimo existen un par de símbolos que lo recuerdan. El primero de ellos está en el exterior de la Domus, junto a la puerto de acceso al restaurante, en lo que se conoce como el Balcón Balmis, donde hay 12 columnas de granito en su memoria.

Balcón de Balmis, junto a la Domus

Y el otro símbolo es una estatua existente junto a la dársena que rememora la figura de Isabel Zendal con los niños. En su base existe una placa conmemorativa, aunque el nombre de Isabel no aparece. En 1950 la OMS reconoció a Isabel Zendal como la primera enfermera de la historia en misión internacional.

Sobre esta expedición hay abundante literatura, y en concreto entre otras publicaciones, un libro muy ameno, Los Niños de la Viruela, publicado por Anaya, y cuya autora es María Solar.

Un paseo junto al mar

Quienes tenemos el privilegio de vivir en A Coruña y disponemos de la visión del mar casi desde cualquier punto de la ciudad, es frecuente que no valoremos a menudo en toda su extensión lo que tenemos ante nosotros, pero en ocasiones es bueno hacer una reflexión y pararse a pensar en ello.

Y en base a esas reflexiones, voy a comentar lo que veo cada mañana que salgo a caminar por el paseo maritimo ya sea en una u otra dirección desde mi punto de arranque, justo tras el IES Eusebio da Guarda. El arranque, en este caso lo haré atendiendo a las tendencias innatas, es decir hacia la izquierda, en dirección al Portiño.

En primer lugar tenemos una vista general de Riazor, donde en estas últimas fechas las bulldozer trabajaban para preparar las dunas que deberían servir de contención a los temporales, de los cuales en esta pasada semana hemos tenido el primero y bastante significativo.

Caminando hacia las Esclavas, siempre bordeando la playa, llegamos hasta la coraza allí situada, punto desde el que habitualmente se obtienen las mejores vistas del temporal y que estos días ha servido para conseguir un plano general y panorámico de toda la ensenada de Orzan-Riazor, con el mar embravecido. Más adelante pondré como contraste la visión de la misma zona simplemente una semana atrás, con el mar completamente en calma.

Tenemos a continuación, siguiendo bajo el Moon hacia el Milenium, una pequeña playa que usan los lugareños para refrescarse en verano y en cuyas rocas es frecuente encontrar a pescadores asi como a buceadores en la ensenada contigua. Un poco más adelante tenemos una vista de la torre que, en esta ocasión hemos captado con dos gaviotas asentadas sobre un pedestal que ha quedado como recuerdo de la zona antiguamente conocida como Katanga.

Y tras sobrepasar la cetárea divisamos ya el obelisco del Milenium, desde donde estos días se podian conseguir excelentes tomas de las olas rompiendo contra las rocas allí existentes y de la Torre de Hercules al otro lado de la bahía.

Dejando atrás el Milenium, enfilamos la fuerte subida que nos lleva hacia el Pulpo, punto de parada de muchos turistas para fotografiarse con el mar y la Torre al fondo. Y un poco más adelante, la Bola de cristal que nos lleva a lo alto del Monte de San Pedro.

A partir de ahi comienzan a divisarse ya los islotes de San Pedro y continuando siempre por el paseo al borde del mar nos acercamos a la rotonda situada junto a la zona de aparcamiento, donde vemos dos esculturas o monumentos. Es un espacio en el que habitualmente se ubican autocaravanas y coches que se acercan a visualizar la hermosa puesta de sol que se divisa desde alli.

Poco más adelante se termina el paseo actual, bajo la carretera que asciende hacia el Parque de Bens. En esa esquina está situado un pequeño monumento, junto a una placa que recuerda al coruñés que falleció cuando hace ya muchos años el antiguo vertedero se desplomó hacia el mar, arrasando todo lo que encontraba a su paso. Y continuando la bajada hacia el puerto de O Portiño, encontramos otro monumento, en este caso conmemorando a los coruñeses (creo que en número de 17) que cuando las tropas «nacionales» tomaron la ciudad intentaron escapar por mar para evitar ser masacrados. Al parecer solo unos pocos lo consiguieron.

El recorrido antes descrito, desde el inicio, supone algo menos de 5 kms. Y haciendo el regreso por el camino que, bajo el paseo marítimo regresa a la rotonda antes descrita, y ya desde ahi por la misma ruta utilizada a la ida, totalizamos una cifra próxima a los 10 kms, que viene a ser el trazado de la caminata diaria, como queda también señalado en la gráfica de Endomondo que habitualmente utilizo. En el camino de regreso volvemos a encontrarnos con una hermosa vista del Milenium desde donde se localiza el Pulpo.

Esta ruta que realizo habitualmente tiene para mi un encanto especial, de forma singular a diario porque suele haber muy poca gente y se camina muy bien, sin agobios y con toda la tranquilidad del mundo, lo que no ocurre en sábados, domingos y festivos, cuando habitualmente hay mucho más tránsito (en todo caso mucho menos que cuando se toma la ruta hacia la Torre).

Monumento a los Héroes del Orzan

Paso acontinuación cuatro fotos de contrastes, hechas desde la coraza donde se ubican los monumentos a los policias municipales fallecidos años atrás tratando de rescatar a un joven «erasmus», en uno de los múltiples temporales que nos azotan cada invierno.

En un primer contraste pongo una vista de la ensenada de Riazor en dos momentos concretos, con solo 9 días de distancia en el tiempo, pero donde se observa el estado de esa ensenada con mar en calma y con mar brava.

Y en estas otras dos fotos, la vista desde el mismo lugar en dirección a la ensenada del Orzan, tomadas las fotos en las mismas fechas de las anteriores.

Y si, en un nuevo y diferente paseo, partiendo del mismo lugar (parte trasera del IES Eusebio da Guarda), nos dirigimos a la derecha, en dirección a la Torre, el recorrido (siempre bordeando el mar) después de sobrepasar el monumento a los policias ya descrito y fotografiado, nos lleva en primer lugar a pasar junto a la fuente de los surfistas, frente al hotel Maria Pita, y sobre la playa del matadero donde los aprendices de surfista hacen sus pinitos.

Continuando el paseo llegamos a la altura de la Domus, adornada por una estatua de Botero, y tenemos a nuestra derecha el impresionante edificio diseñado por el japones Arata Isozaki que ya es uno de los símbolos de la ciudad.

Una vez dejado atrás el impresionante edificio de la Domus, en la plaza ubicada poco más adelante, hay un curioso reloj de tamaño considerable y muy vistoso que además se mantiene activo y da la hora, aunque en esta ocasión los técnicos encargados de ello se ve que todavía no han tenido tiempo de cambiarla al horario de invierno.

Poco más adelante nos encontramos a la izquierda con la Casa de los Peces o Acuario, que además de sus piscinas interiores donde se ubican multitud de especies marinas de todo el mundo, tiene un par de piscinas exteriores con focas. El acuario se ubica sobre las rocas y obtiene el agua directamente del mar tras un proceso de filtrado. Es muy interesante la visita interior, y si se consigue el acceso, también al recorrido interno donde se puede observar el proceso de cuidados de las variadas especies.

A la altura, mas o menos, de la vía que se aparta del paseo marítimo para acceder al Acuario, nos encontramos a la derecha con una rotonda que aloja una escultura-monumento que no sé exactamente qué representa pero que, vista según se camina, ofrece una interesante perspectiva junto a la Torre como fondo. Y un poco más adelante, a la derecha, un monumento que conmemora la confirmación por el rey Sancho IV en el año 1286 del privilegio de Alfonso IX otorgando en el 1208 a A Coruña la carta de Población, equivalente a lo que sería el título de ciudad.

Poco más adelante nos encontramos, a la izquierda, con un laberinto de pequeños lagos semioculto entre la vegetación, y a la derecha con el edificio de la antigua Prisión Provincial, hoy muy deteriorado y que evito de forma consciente poner aqui. Simultáneamente tiene el paseante, mirando a la izquierda, una impresionante vista de la Torre de Hércules, con la playa de As Lapas debajo.

Si continuamos ruta, pasamos al poco rato por la gran rotonda de la que nace la vía que nos llevaría a la Torre, pero en esta ocasión la dejamos al margen (el paseo por ahi merece consideración especial y será objeto de un capítulo específico con todo lo que conlleva, incluido el parque de los Menhires y demás). Y un poco más adelante, junto a otra rotonda, encontramos a la derecha un monumento a los represaliados de A Coruña y comarca durante la guerra civil. Es algo que de forma habitual pasaría sin ser visto, pero que dejo aqui reflejado.

Ya desde ese lugar se inicia la bajada, dejando a la izquierda el espléndido complejo del Club del Mar para continuar hacia el cementerio, frente al cual encontramos un mural que no se sabe bien a qué obedece pues no tiene ninguna indicación al respecto.

Torre de Control de Tráfico Marítimo

Y a continuación, seguimos caminando hacia el dique de abrigo, dejando a la derecha el complejo de la Universidad, antiguo cuartel hoy reformado y rehabilitado, desde donde se divisa y destaca perfectamente a lo lejos la torre de control de Tráfico Marítimo, en cuya estructura intermedia se reflejan en un dia normal las construcciones ubicadas frente a ella, entre otros el Oceanográfico.

Iglesia Orden Tercera

Un poco más adelante está a la derecha la Iglesia de la Orden Tercera, que se divisa por su parte trasera, junto al museo Luis Seoane, y tras de los cuales medio oculto está el antiguo Hospital Militar, hoy hospital Abente y Lago.

Pasamos a continuación junto al Club Nautico y frente a él, iniciando el nuevo tramo del paseo marítimo que ya accede a la bahía del puerto, el impresionante Castillo de San Antón, hoy Museo Arqueológico Provincial y que a lo largo de los años ha sido utilizado para muy diversas funciones.

Castillo de San Antón – Museo Arqueológico Provincial

Ya dirigiéndonos hacia la dársena pasamos antes frente a las instalaciones de La Solana (ubicadas sobre la antigua playa del Parrote) y desde esa zona se observa a lo lejos la parte externa del Jardín de San Carlos, que en otro tiempo fué la construcción más próxima a las murallas (todavía se guardan algunos restos y en ellos algunos cañones que en su momento sirvieron para defensa de la ciudad.

Jardines de San Carlos

Ya llegando a la dársena se ubica a la izquierda una imagen de la Virgen del Carmen que, a mi modesto entender, tiene bastante poca calidad artística y es más bien un pegote en esa localización, y frente a nosotros nos encontramos con el puerto deportivo, tanto en la parte exterior como en el interior de la dársena.

Desde ahí el regreso de mi paseo se hace ya por el interior de la ciudad, atravesando los jardines de la parte ganada al mar, entre los Cantones y el puerto. Es también un agradable recorrido que de vuelta a casa totaliza entre 8 y 9 kms. dependiendo de si la ruta ha sido hecha bordeando la Torre, bajando hasta las instalaciones de San Amaro después de bordear la ciudad deportiva de la Torre, o simplemente cubriendo la línea del paseo marítimo según lo aqui descrito en esta ocasión.

Y si el paseo o paseos se lleva a cabo en fechas en las que el mar está muy movido como ha ocurrido en la semana anterior, podemos tener antes nosotros visiones como las que dejo a continuación, con olas grandes que al romper dejan imágenes dignas de ser grabadas y exportadas para disfrute de quienes, siendo amantes del mar como es nuestro caso, no tienen la ocasión de verlas en vivo.