Lanzarote – viaje Aniversario

Como cada año por estas fechas, siempre que las circunstancias especiales no lo impidan, procuramos organizar un viaje que sirva para conmemorar los aniversarios, tanto desde que nos conocimos, como luego de la boda, e incluyendo también el cumple de Ipi. Este año después de analizar muchas fechas y tratando de hacerlas coincidir con otras ocupaciones (citas médicas, compromisos, etc.) lo preparamos para la semana entre el 16 y el 23 de febrero. Y el destino elegido, Lanzarote, para desconectar unos días del ambiente habitual y aprovechar para tomar algo el sol.

De modo que el miércoles 16 embarcamos en Lavacolla con destino al aeropuerto Cesar Manrique, en Arrecife, a donde llegamos sobre las 6 de la tarde y ya desde allí nos fuimos directos al Hotel Mirador Papagayo, en la zona de Playa Blanca, en el coche que previamente llevábamos ya alquilado desde aquí.Tras instalarnos hicimos nuestra primera cena en el hotel y un pequeño recorrido por el mismo para ver la zona de piscinas, cafetería, etc. Y a la mañana siguiente comenzamos con nuestros recorridos por la isla, en principio sin rumbo fijo. Como anécdota, pusimos en el GPS el nombre de Arrieta, una localidad de la zona norte y después de un rato por la zona de Playa blanca nos percatamos de que nos llevaba mal, porque lo que parecía que duraba el recorrido (algo más de una hora) era en realidad más de un día, porque el GPS identificaba Arrieta con una localidad del País Vasco.

Detectado el error, ajustamos la dirección y continuamos rumbo al norte, para llegar a Orzola, el puerto más septentrional de la isla, desde donde salen los barcos que van a La Graciosa, ya que sobre la marcha decidimos que puesto que estábamos por allí podríamos aprovechar esa jornada para conocerla. Arrivamos al puerto justo para embarcar a las 11,30 h. El recorrido en barco dura algo así como media hora y, ya en la isla, decidimos caminar por el interior hacia la zona de playas, a donde se llega atravesando dunas. No hay zonas asfaltadas y solamente se puede caminar por los senderos ya señalizados. Incluso para ir en bicicleta no puedes hacerlo más que por lugares muy específicos. Pero hay un sistema de vehículos todo terreno que te llevan a las playas bordeando la isla. De regreso al puerto, encontramos una mesa en la terraza de uno de los restaurantes y allí mismo comimos. Tuvimos la suerte de llegar en el momento adecuado porque diez minutos después había que hacer cola para conseguir mesa. Comimos un mixto de pescados del día, que estuvo francamente bien. Y después de los postres y cafés, tranquilamente nos dirigimos al barco para tomar el regreso en el que salía a las 15,30 h.

El siguiente destino decidimos que fuese el Mirador del Rio, en la parte más elevada de la isla, justo frente a La Graciosa, desde donde se divisan unas excelentes vistas. Pero sucedió que nos encontramos bloqueado el acceso al bar del Mirador, aunque desde sus alrededores pudimos contemplar igualmente el magnífico paisaje y hacer las fotos pertinentes. Regresamos por el mismo camino hacia la costa, para inicialmente ir a visitar la Cueva de los Verdes, que Ipi decía no conocer, pese a que había fotos en aquel lugar en nuestra anterior visita de 12 años atrás. Pero cuando llegamos estaba ya cerrado el acceso, igual que los Jameos del Agua, que están muy próximos. En vista de lo cual, nos dirigimos a Arrieta para ver el puerto y una playa próxima. Hicimos el recorrido primero en coche y luego a pie, pero no encontramos nada digno realmente de interés. Y en vista de la hora y de que poco más se podía visitar, optamos por hacer el camino de regreso al hotel, llegando con tiempo de hacer un pequeño descanso antes de la hora de la cena, tras la cual empezamos el hábito diario de ir a la cafetería a tomar café y Gin-Tonic.

El viernes, segundo día de estancia completa, nos levantamos con idea de ir a la playa, para empezar a tomar algo de color. Y elegimos como destino una de las playas próximas al hotel, en la zona de Papagayo, a la que llegamos después de un pequeño recorrido por los alrededores. En el acceso nos encontramos con una barrera, para superar la cual hay que hacer un pago de 3 €, y en la que nos dan toda clase de explicaciones sobre las playas a las que se puede llegar. Decidimos ir a la primera de ellas, la Playa Mujeres, que según nos indican es naturista. El camino desde la barrera hasta allí es por una pista de tierra, en bastante mal estado. Y cuando llegamos a Playa Mujeres vemos que hay muy poca gente, la playa está bien y nos situamos por la mitad, relativamente cerca de la orilla. Poco a poco van llegando más turistas y sin llegar a llenarse aquello toma las características de una de nuestras playas gallegas en un mes de verano. Se está bien, no llegamos a bañarnos, pero tomamos el sol y leemos. Y como al cabo de llevar allí 3 horas, más o menos, vemos que un inglés que está en las proximidades se acerca a nosotros hablando de una forma no muy inteligible. El está acomodado allí, como a unos 25 o 30 metros de nosotros, con su mujer y dos hijos pequeños. En principio pienso que trata de decirnos que va a ir a caminar con su mujer, y nos pide que echemos un ojo a sus hijos. Pero vemos que se acerca y levanta más el tono, y entonces entendemos que nos dice que cambiemos de lugar porque no está bien que sus hijos, que son pequeños, nos vean desnudos. Como nos parece que la protesta está totalmente fuera de lugar (cuando ellos llegaron ya estábamos allí, la playa es nudista, y no nos da la gana de atender a unos reaccionarios…) no le hacemos caso y le decimos que si no están a gusto, que se vayan ellos. El tipo sigue despotricando y, al ver que no atendemos a sus peticiones, cabreado trata de lanzarnos agua con una semi-pistola (un juguete de los críos) que lleva en la mano, pero que resulta estar casi vacía. De forma que, más cabreado todavía, se va a la orilla, llena la pistola y vuelve a lanzarnos el agua, que tira hacia el sitio que ocupa Ipi, aunque sin apenas mojarla. Y se larga más cabreado todavía. Nosotros no nos inmutamos y permanecemos allí sin movernos. Como media hora más tarde, se largan de la playa, y nosotros seguimos sin movernos durante otra media hora, ya que no queremos darles el gusto de cumplir su capricho. Y dada la hora, consideramos que es el momento de cambiar de aires, para más tarde ir a comer algo. En fin, un suceso para recordar, con alguien intransigente que está en el lugar inadecuado. Para nosotros una anécdota a incluir entre los recuerdos del viaje.

De vuelta al hotel para cambiarnos, decidimos tomar rumbo a la zona oeste de la isla, para visitar Los Hervideros, una zona de costa rocosa con furnas, que ya conocíamos. Pero nos encontramos que al acercarnos a las proximidades, la carrera está cerrada, con lo que volvemos sobre nuestros pasos para buscar otra ruta que nos lleve a El Golfo, donde está el Lago Verde. Y cuando llegamos, más de lo mismo. Parece ser que Apple TV está rodando unos capítulos bore una serie basada en diferentes sitios de la isla y tienen cerrados los accesos, tanto de Los Hervideros, el Lago Verde y también el Mirador del Rio, a donde el día anterior no pudimos llegar. Así que lo único que podemos hacer es comer allí, en El Golfo, y más tarde dar una pequeña vuelta por el pueblo, donde Ipi se compra unas pulseras de conchas y piedras marinas, que pasa a ser mi regalo de cumpleaños.

Antes de volver al hotel, tomamos dirección a La Geria, la zona donde se ubican la mayor parte de las bodegas de la isla, y allí visitamos dos de esas bodegas (La Geria y Rubicón). De vuelta a Playa Blanca, nos da tiempo de hacer un paseo por las proximidades para tomar una tónica antes de la cena. Y tras la cena, a la cafetería a terminar la jornada con un digestivo. Descubrimos, eso sí, que en el salón de espectáculos del hotel hay un show cada noche y en esa ocasión se trata de una contorsionista que hace maravillas con su cuerpo, y un ayudante malabarista. Un buen final para una jornada singular.

Al levantarnos el sábado, las perspectivas de sol eran menos buenas que los días anteriores, de forma que optamos por volver hacia el norte de la isla para visitar la Cueva de los Verdes, aquella que Ipi decía no recordar del viaje anterior. Llegamos allí sobre las 10,30 horas, y ya había cola para entrar, si bien el tiempo de espera era corto, pues se hacían visitas en grupos de 50 personas. Sin ser nada espectacular, la visita resultó bien y pudimos conocer algunas peculiaridades de la cueva, como su origen, las causas de su formación, etc. Y aunque los Jameos del Agua está cerca, decidimos no ir, porque no nos tenía mayor interés, por lo cual decidimos dirigirnos hacia el interior de la isla, visitando Teguise, un pueblo que nos gustó mucho. Parece ser que, antes de la pandemia, celebraban allí los domingos un mercado con gran afluencia (se montaban en torno a 400 puestos), pero que en estos últimos tiempos el mercado ha decaído y hoy los puestos no superan el 10 % de entonces. En cualquier caso, el pueblo está bien, e hicimos una parada para tomar una cerveza y un poco de queso.

Desde allí nos fuimos directamente a Arrecife, para comer en el restaurante del castillo, donde ya estuvimos en nuestro anterior viaje y que yo descubrí en mi primera visita a la isla hace casi 43 años. Pero nos equivocamos de castillo, y como no recordábamos el nombre exacto y no encontramos quien nos pudiera indicar bien su localización, pensamos que el restaurante podría haber desaparecido. De forma que comimos algo en una pizzería próxima al puerto. Más tarde, ya con calma y continuando con la investigación descubrimos que hay otro castillo (el de San José) en otra zona del puerto, y que allí está situado el restaurante que yo buscaba. Y como somos insistentes, conseguimos la forma de hacer una reserva para ir a comer al día siguiente, para celebrar el cumple de Ipi.

Ya regresando al hotel por el camino, nos cayeron varios chaparrones, confirmando así las malas perspectivas meteorológicas iniciales. Y al llegar, un tiempo de relax antes de la cena, seguida esta más tarde por el relax de la cafetería y su correspondiente digestivo.

El domingo, día del cumple, Ipi estuvo colgada del teléfono buena parte del día con llamadas, whatsaps, etc. Pero mientras tanto, decidimos visitar el P.N. de Timanfaya, donde además de hacer el recorrido del bus por el parque, pudimos repetir las experiencias del fuego en superficie, el geiser con el agua que se envía a través de un tubo, etc. Y la parrilla donde hacen el pollo con el calor que emana del interior. Con las fotos de rigor, abandonamos el parque con destino a Arrecife, pero haciendo en medio una parada en Mancha Blanca, un barrio del municipio de Tinajo cuyo nombre procede del blanco de sus casas en medio del entorno de lava del terreno. Había allí un mercado de frutas y flores que hacen una vez por semana.

Ya en Arrecife, de camino al restaurante, hicimos una parada para comprar una tarta y unas velas con las que festejar el cumple, que llevamos para la comida puesto que no había tenido ocasión de hacer el encargo correspondiente al lugar de la comida. Tomamos un menú degustación que nos dejó satisfechos, ubicados junto a la cristalera y con unas preciosas vistas sobre el puerto.

De regreso al hotel, antes de la cena hicimos un largo recorrido por el paseo que va desde Papagayo hasta la zona del Rubicón, con el puerto, la zona comercial, etc. Pudimos conocer el entorno del hotel Volcán, del que nos habían hablado bien y que tiene una excelente ubicación e instalaciones. Y tras la cena, como cada día, relax en la cafetería, con el digestivo para completar la jornada.

El lunes 21 nos levantamos ya con la idea de disfrutar de la terraza y piscina del hotel, si bien después del desayuno nos fuimos a pasear por Playa Blanca pueblo, recorriendo el tramo del paseo marítimo que va desde el Rubicón hasta el puerto. Aunque está bien, se ve que es una zona más antigua y menos cuidada que la otra parte, donde está el puerto deportivo. Y ya de vuelta en el hotel, nos instalamos en unas hamacas al borde de la piscina desde las que empezamos a coger «color de verano». Estuvimos allí casi 5 horas, y descubrimos que en una pequeña cafetería ubicada cerca de la piscina se podía hacer una especie de comida-buffet para salir del paso. Aguantamos en la zona de piscina hasta que el sol fué cayendo y llegaba la sombra. Y después de una ducha, vuelta al paseo marítimo para visitar algún comercio, aunque sin conseguir que Ipi comprase nada, para volver al hotel a cenar, y luego relax de cafetería, como cada noche.

El martes 22 decidimos quedarnos de nuevo en el hotel, ya desde primera hora, habida cuenta de que todo lo que queríamos visitar en la isla lo habíamos recorrido, a excepción de la Caleta de Famara, que decidimos dejar para la última jornada. De esa forma, aprovechamos todo el martes en la piscina, ya con hamacas bien orientadas desde primera hora de la mañana y con la comida en el buffet anejo que el día anterior descubrimos. Tomamos el sol, nos bañamos, y leímos mucho. Un buen día de relax en definitiva que culminamos volviendo al paseo, a las tiendas del Rubicón, y a la visita a la cafetería tras la última cena en el hotel.

Como despedida el miércoles 23 dejamos el hotel sobre las 11 de la mañana, y nos dirigimos a Famara. Ya habíamos sabido que amenazaba lluvia y salimos preparados. De camino a Famara volvimos a dirigirnos a Los Hervideros, pues nos habían dicho que la grabación de la serie de Apple TV terminaba el martes. Pero resultó que la carretera seguía cerrada. Insistimos acercándonos a El Golfo y descubrimos que, en efecto, había terminado pero estaban todavía recogiendo todo el operativo, aunque pudimos acercarnos a ver el Lago Verde, y luego por otra ruta llegamos a las inmediaciones de Los Hervideros, a donde pudimos acercarnos para hacer unas fotos y unos videos. Todo esto, con algún chaparrón intermedio ya que se iban cumpliendo las previsiones de mal tiempo y lluvia de vez en cuando.

Para comer elegimos como destino Puerto del Carmen y el restaurante Puerto Bahía, que ya habíamos visitado en nuestro anterior viaje a Lanzarote. Comimos frente al mar, aunque con tiempo cambiante, a ratos con sol y otros ratos lloviendo. Y ya después de comer, tranquilamente nos dirigimos al aeropuerto donde debíamos dejar el coche antes de facturar. El vuelo de regreso se realizó sin problemas, dentro de la hora prevista, y una vez en Lavacolla recogimos nuestro coche para llegar a dormir ya en casa.

En resumen, una semana muy bien provechada, que nos sirvió para cambiar de aires, tomar algo de moreno, y recorrer de nuevo Lanzarote, nuestro destino más apreciado de las Islas Canarias, a la vez que conmemoramos nuestros aniversarios y el cumple de Ipi.

Pre – San Valentín

Cena on-line

Hace un año por estas fechas estábamos en mala situación global debido al Covid, y no se podían organizar reuniones ni celebraciones de ninguna clase. Y por esa razón aprovechamos una oferta que nos habían hecho del hotel Finisterre, y nos unimos a un San Valentín por Zoom o aplicación equivalente. Y la verdad es que había resultado bien.

Y por esa razón cuando este año nos anunciaron que ya se podía hacer la fiesta de modo presencial, en un primer momento pensé en anotarnos y de hecho lo comentamos. Y valoramos también otras posibilidades como era asistir a una cena que proponían en el Hunico. Pero al final, ni uno ni otro, porque decidimos aprovechar todo el finde no solo en plan San Valentín, sino haciendo una excursión para visitar esos sitios que Ipi va acumulando en sus descubrimientos en diferentes páginas y que tenemos tan cerca que casi nunca programas para ir.

De modo que programamos una excursión por los alrededores de Sobrado dos Monxes, cuyo monasterio en esta ocasión no pudimos ver por dentro debido a que varios de los monjes estaban contagiados del virus y que por tanto tenían cerrado a cal y canto. Pero resultó que en las proximidades de Sobrado, en el ámbito del municipio de Toques había varias cosas de interés. Y como a mi chica no le resulta nada complicado brujulearse donde haga falta, contactó con diversos teléfonos de aquella zona y finalmente consiguió que el encargado de deportes del Concello se ofreciese a darnos información. Por cierto, dicho empleado del Concello nos esperó para darnos cumplida documentación.

Y desde allí, comenzamos la visita, empezando por la Iglesia de San Antoniño de Toques, para lo cual nos facilitaron las llaves. Tiene mucha historia, ya que data del año 1067, siendo en realidad la continuación de una capilla del S-VII adosada a una peña en un monte próximo. En sus inicios fue un monasterio y como todas las construcciones de ese tipo ha pasado por numerosas fases y problemas. De lo que hoy queda construido cabe destacar unas preciosas pinturas murales que datan del S-XV y que fueron restauradas entre los años 2012-2015. También es de destacar «O Calvario» del S-XII.

El paso siguiente de la visita lo situamos en O Forno dos Mouros, un dolmen bien conservado y muy poco conocido. Se trata de una gran piedra (anta) colocada oblicuamente sobre 4 pilares (esteos o chantas), de los 7 que forman la cámara funeraria. Tiene una especie de corredor de acceso, del que se conservan los pilares y se supone que en su momento también estaba cubierto. Al parecer existen unas pinturas en el interior, que datan del S-III y que desgraciadamente no hemos podido ver, tal vez porque el estado actual de mantenimiento no lo permite (humedades, etc..). Cerca de allí está Pena Moura, un peñasco que vimos de lejos y del que Ipi se queja que no nos hayamos acercado a ver.

Desde allí continuamos el recorrido hasta la Fervenza das Brañas, un precioso paraje digno de visitar, que tiene contiguo un molino. Y desde allí, por una pista que asciende por el monte, tras un hermoso recorrido se llega a la Lagoa de Sobrado, en las proximidades del monasterio, que fue construida por los monjes entre los años 1500 y 1530 para embalsar el agua de los ríos próximos, para regar prados, mover molinos y disponer de pesca.

Ya llegados a Sobrado, era el momento ideal para comer algo y como la temperatura en el exterior no era especialmente alta, nos apuntamos a un menú en el que de primer plato nos presentaron una «piscina» de sopa muy caliente y luego una buena chuleta de ternera gallega, además de postre, café, etc..

Como quiera que no se podía acceder al monasterio ni a la iglesia nos limitamos, tras la comida, a un paseo por el exterior, que continuamos a lo largo del pueblo para localizar la que hace más de 60 años era la vivienda y escuela donde mi tío Francisco Rodríguez Gigirey impartió su magisterio durante varios años. Allí nació alguno de mis primos por parte de padre, a los que aproveché para enviar unas fotos del lamentable estado actual para confirmar que aquella era la edificación donde vivieron.

Terminado el recorrido por Sobrado, a donde nos hemos comprometido a volver para la visita del monasterio, nos dirigimos a lo que era la segunda parte del fin de semana, consistente en una cena y alojamiento en la Rectoral de Cines, a donde llegamos a media tarde. La casa rural ya la conocíamos por haber estado en varias ocasiones, en concreto en un cocido con el grupo del Chiringuito, mas nosotros en otras celebraciones.

La cena estuvo bien y muy tranquila, porque la casa estaba solamente ocupada en 5 de sus 11 habitaciones disponibles, de las cuales 4 eran parejas de diversas edades y la quinta una «peregrina» extranjera. Terminada la cena, nos dirigimos al salón con chimenea para terminar la velada con un digestivo. Pudimos conocer una nueva ginebra gallega (25 Lolitas), que preparan en Vedra y que nos dejó buen sabor de boca, antes de ir a la habitación.

Ya por la mañana, un muy bien presentado desayuno nos preparó para salir al exterior, donde se había anunciado lluvia en abundancia. Antes de abandonar el lugar esperamos para la apertura de la iglesia contigua, que nos mostró con gran interés su párroco, Don Evaristo, descubriendo que tiene muchas cosas que ver. Parece que hace unos años se hizo la restauración del techo, que estaba en muy mal estado, y que haría falta invertir al menos otros «25 millones» (de las antiguas pesetas) para recuperar unas pinturas murales. El párroco dijo que él sí tenía ese dinero, pero que era suyo, y que quien debía costear la restauración era Patrimonio.

Y finalmente, para terminar el programa de fin de semana, nos dirigimos a A Malata, para ver ganar al Racing de Ferrol por 3-1 ante el Tudelano. Por cierto que las previsiones de lluvia se cumplieron y en el segundo tiempo del partido llovió como si fuera el diluvio universal.

Los números de 2012

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

600 personas llegaron a la cima del monte Everest in 2012. Este blog tiene 6.000 visitas en 2012. Si cada persona que ha llegado a la cima del monte Everest visitara este blog, se habría tardado 10 años en obtener esas visitas.

Haz click para ver el reporte completo.

Viaje a Lima

Estamos ahora mismo en el aeropuerto de Cusco, a la espera de tomar el avión que nos lleve de regreso a Lima.  Voy a poner a continuación lo que escribí anoche como resúmen del fin de semana en Puno e islas del lago Titicaca.

Ha pasado todo el fin de semana, con el viaje a Puno para visitar el lago Titicaca. Fue un viaje con bastantes anécdotas y en su conjunto resultó bien, aunque a toro pasado lo habríamos hecho tal vez diferente, eliminando alguna parte.

Para empezar, el bus de ida que es una excelente autocar (tiene 56 plazas, de las cuales 12 son butacas-cama en la planta de abajo y el resto cómodas butacas en la 1ª planta), tuvo una incidencia, porque ya desde el momento de arrancar escuchábamos un ruido extraño en la parte trasera, y como si la carretera estuviese totalmente bacheada.  Resultó ser una rueda en mal estado, o que se pinchó, porque hubo que parar y cambiar la rueda.  Y eso que como digo este autocar era de auténtico lujo, no solo para Perú, sino incluso para cualquier país europeo. Dicho esto, el trayecto duró unas 7 horas en las que pudimos dormir bastante.

Ya en Puno, comenzamos el tour por el lago, que se inició con una visita a las islas de los Uros. Son unas poblaciones que se instalaron en el lago con islas artificiales creadas a partir de las plantas de Totora, que nacen en el agua dulce. Al parecer sus raíces se entrelazan y forman un conjunto sólido, que si se arranca del fondo flota.  Pues hechos bloques de estas raíces, los atan entre sí, y les colocan encima más plantas recostadas hasta hacer un lecho sólido y que sobresale de la superficie del agua alrededor de 1 m.  La vida de esa gente es en sus islas en el propio lago; tienen ahí escuelas, un centro de salud, y viven de la pesca y sobre todo del turismo porque aquello realmente está montado como si de platós cinematográficos se tratase y los turistas están todo el día llegando para verlo, hacerse fotos y navegar en sus barcos (al estilo de los egipcios) hechos con la misma planta de Totora.

De ahí nos fuimos a la isla de Amantani, a la que se tarda casi 4 horas en llegar en un barco de motor (no muy rápido, por cierto).  Y en esa isla te alojas en casa de una familia, donde te dan de comer, la cena y el desayuno del día siguiente. La calidad del alojamiento es francamente deficiente por lo que todos decidimos dormir vestidos (no se nos ocurrió llevar el saco). El baño era en realidad un cubículo desastroso donde daba reparo hacer las necesidades.  Y el plan de visita consistía en hacer una ruta super empinada hasta los templos de Pachamama y Pachatata (los dioses de la tierra, femenino y masculino).  Desde lo alto se pudo contemplar una preciosa puesta de sol, pero muchos no llegaron hasta arriba y también pudieron verla. Para la noche, tras la cena, había preparado un show en una especie de discoteca donde las mujeres y los hombres se vestirían con ropas de la gente de la isla.  A nosotros dos y otros 6 españoles que coincidimos en la misma familia no nos atraía demasiado el plan y tuvimos la suerte que antes de la cena comenzó a llover, y como para desplazarse a la discoteca había que cubrir una subida muy considerable, la justificación de la lluvia nos ayudó a evitar la asistencia, de forma que nos fuimos a dormir poco después de las 9 de la noche.  Durante casi toda la noche llovió abundantemente y más de uno estaba acongojado pensando en cómo iba a ser el regreso en la motora.  Pero a las 8 de la mañana, cuando teníamos que embarcar de nuevo, empezó a clarear y al final quedó un día espléndido.

De modo que de Amantani nos fuimos a la isla de Taquile, a una hora en barco de la anterior. Allí hicimos un recorrido por la isla, mucho más bonita, aunque también hubo que subir lo suyo.  Pero el paisanaje ya era el propio de la isla, sin montajes turísticos (o con muchos menos montajes) de forma que veías pasar a la gente con su ganado, ataviados con sus trajes diarios que son muy vistosos, o los veías trabajando la tierra.  Allí comimos y tras bajar 545 escalones volvimos al barco por otro embarcadero, y ya de allí de regreso a Puno, después de otras 3 horas de viaje.  Como hacía sol, pudimos viajar en la parte alta de la motora y guardar colorcito para el regreso a casa.  Y como el bus de regreso no lo teníamos hasta las 10 de la noche, aún nos quedó tiempo para dar una vuelta por la ciudad, que por cierto vale bastante poco.  El bus hasta Cusco ya no tuvo más incidentes que una visita un tanto sorpresiva de unos agentes de aduanas que hicieron una inspección nocturna sobre las 4 de la mañana, rutinaria al parecer.  Pero cuando ves que el bus se para en plena noche, y entra un tipo con pasamontañas y una enorme linterna….  Piensas cualquier cosa.

Y ya en Cusco, hoy domingo fuimos por la mañana a Chinchero, ya que Ipi quería volver a ese pueblo a ver el mercado dominical.  Está bien, pero no nos aportó nada especial.  Regresamos para comer en Cusco, en una Picantería (como un mesón tradicional, donde todos los clientes son de aquí y no hay turistas). El sitio se llama La Chomba y comimos unos impresionantes platos de cerdo y ternera.  Es original y sobre todo, como digo, de la gente de aquí.

Esta mañana en el desayuno conocimos a Diana y Noemí, dos chicas de Cuenca que nos van a sustituir como voluntarias.  Trabajan en Aldeas Infantiles y ya tienen experiencia anterior en proyectos de voluntariado.  Son muy agradables y las estuvimos poniendo al día de la situación real de Hatunsonqo.  Ya por la tarde volvimos con ellas a ver a Giovanni y comentar algunas otras cosas, y al final hemos terminado la tarde con ellas, cenando juntos y viendo a última hora en la Plaza de Armas unos conjuntos que tocaban y bailaban porque al parecer hoy dia 4 de octubre, (además de ser San Carlos Borromeo, patrón de la banca en España), celebran que el inca Tupaq Amaru consiguió la reunificación de diferentes pueblos indígenas para vencer a los españoles colonialistas.  No sé como se lo montan, pero la realidad es que en los cuatro fines de semana que hemos pasado por Cusco, siempre ha habido algún tipo de desfiles de danzas, procesiones o actos similares. Se ve que les va la marcha.

Ahora, antes de dormir, hemos estado recomponiendo las maletas porque mañana nos vamos a Lima.  Al final pese a que hemos dejado aquí un montón de cosas, las maletas siguen llenas, entre nuestras cosas y algunas pequeñas compras.  Creo que vendrá Giovanni a recogernos para ir al aeropuerto, y antes volveremos a desayunar con Diana y Noemí.  También comentó Giovanni que además de ellas, habrá una norteamericana que va a estar como 10 días en la casa, o sea que nos vamos 3 personas y nos sustituyen otras tres.

Ya desde el aeropuerto, y después de haber estado desayunando de nuevo con Diana y Noemí, tengo que decir que parecen dos chicas encantadoras, bregadas en este tipo de historias (han estado ya como voluntarias en más de un sitio) y creo que hubieran sido las compañeras ideales para una nueva estancia en Hatunsonqo.  Como tienen las ideas claras, estoy seguro de que en el futuro podremos colaborar juntos en mejorar la situación actual de la casa.

Y ya a partir de ahora, las nuevas noticias serán desde Lima. Abrazos para todos.

Ultimo día

Se terminó el miércoles, con pocas cosas dignas de señalar, salvo que me pasé la mañana y hasta parte de la tarde haciendo de electricista, porque ayer una de las luces de la sala comedor dejó de funcionar, y aunque Giovanni dijo que la iba a arreglar, pasó el día, se marchó a Cusco y la luz quedó inoperante.  Pero además, es que habíamos comentado que la luz de la cocina era muy mala y muy escasa, y sería bueno poner otro punto de luz en el extremo opuesto al actual.

Por esa razón, me fui a la ferretería, compré cable, un interruptor, un portalámparas y unas bombillas y me puse a hacer la instalación.  Me dio un poco de lata, pero al final quedó la nueva lámpara instalada, y el resultado por la noche ha sido fantástico, pues ahora en la cocina ya se ve con normalidad, y el salón de estudio y comedor ha quedado de nuevo al completo de iluminación.  Es un problema que los desperfectos queden al albedrío de los voluntarios si se solucionan o no, porque Giovanni pasa bastante y hará falta alguien que de forma estable y continuada se ocupara de esos mínimos detalles de mantenimiento.  Es lo mismo que sucede con las camas.  De las dos que había mal, yo reparé una, pero la otra se va a quedar así hasta otra ocasión, porque además hay exceso de cámas  respecto al número de voluntarios.

En el ayuntamiento me dijeron que no se trató el asunto que propuse, porque estaba en trámite de estudio legal, y se verá el próximo lunes.  Quedaron en comunicarme lo que sea por correo electrónico, pero mucho me temo que la cosa se va a quedar un poco olvidada, al no estar  yo insistiendo como hasta ahora.

Conforme a lo previsto, Ester se fue después de comer y nos quedamos solos Ipi y yo para los últimos detalles de nuestra estancia aquí.  Como no encontramos leche suficiente para hacer el arroz, se la tuvimos que encargar a Giovanni, que la mandó en el bus de la tarde. Tuve que estar esperando la tira, aunque aproveché para llevar el video que hicimos a que me lo grabaran en un DVD que sea compatible con el televisor.  Tras un corte de luz, y no sé cuantos problemas más, al fin tengo el video en versión válida para que sea utilizado por los niños cuando quieran recordar cosas de nuestra estancia.

El arroz con leche le salió a Ipi delicioso, y les gustó a los niños, y de requeteregalo, les repartió los juguetes que estaban allí acumulados sabe Dios cuanto tiempo hace.  Quedaron todos los críos contentos con ellos, y se fueron a sus casas felices, acordando que mañana a las 9,30 de la mañana estarán en la casa para la excursión a la laguna.  Será nuestro último acto con ellos, pues tras la comida nos iremos a Cusco.

Visto ahora, después de estas tres semanas con ellos, se da uno cuenta de lo mucho que se puede hacer, de lo agradecidos que son en todo y de las carencias que tienen, pero que a pesar de ello disfrutan con lo poco que hay, con la comida que se les sirve, con los juegos que hacemos, con nuestra ayuda a sus tareas….  Con unas piedras y unas maderas hacen un conato de casa, juegan al vóley con unos balones estropeados, se entretienen de maravilla con cualquier cosa…  en fin, que disfrutan de la vida que tienen.  Hoy Ipi comentaba con Ester que tal vez a nuestros hijos, a los de nuestra sociedad en general, les vendría bien estar una semana entre niños como estos, para que pudieran valorar todo lo que tienen y la poca importancia que le dan.  Sin duda sería una buena terapia, y no solo para los niños, porque también a los mayores nos resulta beneficioso un paso por situaciones como las que hemos vivido y estamos viviendo, para aprender a valorar mejor todo lo que nos ofrece nuestra sociedad, pese a todos los problemas con que nos encontramos en el día a día…

Bueno, no quiero ponerme filosófico, así que aprovecho ahora para comentar que hoy, por vez primera, he probado la caña de azúcar.  Parece que es habitual de estas fechas que se venda la caña de azúcar, que la gente compra para tomar en sus casas.  Y como había un camión en la plaza vendiéndolas, allí me fui a comprar mi caña de azúcar.  Por 2,5 soles (equivalente a un dólar) me dieron una caña de 2,5 metros de largo.  Luego los críos me explicaron como se chupa, para obtener su sabor dulce.  Invité a los críos que estaban en la casa en ese momento y todavía quedó caña para mañana.

Aunque no quiero hacer valoraciones ahora sobre nuestra estancia aquí, porque creo que es más oportuno hacerlo al regreso con la perspectiva de haber pasado ya unos días, la verdad es que ahora mismo me alegro de haber venido, no me importaría estar un poco más si no fuese porque los billetes están cerrados, y pienso que hay mucho que hacer, y que también desde nuestras casas podemos hacer algo por Hatunsonqo.  Pero todo eso se verá con el tiempo.

Esta es nuestra última noche aquí. Ipi acaba de ponerse a dormir (le he recordado que es su última noche en saco…) y yo todavía estaré un rato escribiendo, revisando fotos y leyendo. No se si volveremos, pero me quedan ganas de hacerlo, aunque de otra forma, procurando que la cosa sea mejor para nosotros y sobre todo para los niños.  Mañana, como ya dije, vamos a la laguna con los niños, ya que es fiesta y no tienen colegio, y tras la comida, nos despediremos de ellos, de Clemencia y de la casa, y también del pueblo, del que me queda un grato recuerdo, pese a las carencias que sufrimos, a los inconvenientes de comunicación, cortes de luz, frío, etc.

Todo lo anterior lo escribí anoche, en la habitción. Esta mañana hemos ido con los niños de excursión a la laguna. Fué un caminat considerable y hacía bastante calor. De todas formas lo pasamos bien, sobre todo los chavales, por lo cual quedamos contentos de haberlo hecho.  Ya de regreso, comimos y tras la comida nos vinimos a Cusco, desde donde ahora estoy cargando esto.  En unas horas nos vamos a Puno, la ciudad que está en el lago Titicaca.  Es un bus nocturno, tipo cama.  Llegremos allí entre las 5 y ls 6 de la mañna, y hacemos luego un tour por las islas de los Uros, Amantani, Taquile, etc.  Dormiremos con una familia mañana viernes y el sábado de noche, bus nocturno de regreso a Cusco, para terminar nuestra estancia aqui.  El lunes es el día que salimos para Lima.

Si nos es posible, el domingo volveré a escribir y poner algunas fotos del viaje al lago.  Mientras tanto, que seais felices, que disfruteis del fin de semana, e iros preparando para nuestro regreso, que tenemos mucho que contar…

Fuertes abrazos para todos, y una vez más gracias a los que nos habeis estado animando durante esas tres semanas de estancia en Pomacanchi.

Esto se acaba….

Hoy será en la práctica el último día de actividad, puesto que Ester marcha después de comer y mañana es día de fiesta y nosotros dedicaremos el día a ir de excursión con los chavales a la laguna, a donde tampoco hemos ido hasta ahora.

Son las 7,40 de la mañana y por la megafonía anuncian que se está vendiendo carne de chancho para lechón en la tienda de la señora no –se-qué.  Es parte de la singularidad de este pueblo, en el que de repente se va la luz, y hay que aguantarse.

Sin ir más lejos, hace diez minutos cuando venía para la casa (como de costumbre yo madrugo y tanto Ipi como Ester se quedan durmiendo hasta las 9) ví abierto el ciber y aprovechando que es fin de mes y quería conectarme para ver las cuentas y colgar lo que escribí ayer, me fui directamente hasta allí.  Pero resultó que aunque estaba abierto, no había luz (aquí en la casa ahora hay, pero va por fases y allí no tienen), de modo que a esperar otro momento mejor. Creo que no comenté que anoche, cuando estábamos con los preparativos de la cena, se fue la luz y durante todo el tiempo de la cena de los niños y la proyección que les hicimos del vídeo con las fotos, estuvimos con velas y si pudimos ver el vídeo fue gracias a la batería del PC.  Si no se está aquí no se puede uno imaginar el caos que se produce al final de la cena, cuando los niños van terminando y vienen a que le pongas pasta de dientes en el cepillo, y luego, según se lavan los dientes, a que les des crema para manos y cara.  Todo eso, de forma discrecional y con 30 niños pequeños que además lo hacen a modo de juego, es la hecatombe total. Y si encima es a oscuras, y con la única luz de unas velas, os podeis imaginar.  Menos mal que yo pongo orden y la cosa va funcionando.  Ipi me dice que les chillo demasiado, pero no es así exactamente, lo que sucede es que yo doy voces claras y concretas y ella lo hace con su sensibilidad habitual…. Y claro, funciona mejor mi sistema.

En concreto ayer noche, a oscuras, con la vela en la mano para poder identificar los cepillos de dientes de cada niño, era necesario dar instrucciones claras y concisas.  Y si no llega a ser por eso, cada crio se va a su casa sin ver el vídeo.  Al final, dando algunas voces la cosa funcionó y todos quedaron contentos, nos dieron un sonoro aplauso y un montón de beos.  Y justo recién terminado el vídeo, volvió la luz.  En fin, esto es Pomacanchi, a 3.800 m sobre el nivel del mar, a 107 kms de Cusco, y en plenos Andes, una comunidad totalmente rural, en la que hay que aprovechar lo que hay, disfrutar de ello en la medida de lo posible, y no generarse muchas pegas por las carencias, que son casi todas.

Giovanni se marchó esta mañana, y como también Ester se va hoy, ya Ipi ha decidido que el reparto de juguetes, que no se hizo ayer, lo haremos esta tarde, de modo que liquidación total de existencias, para dejar buen recuerdo y sobre todo para conseguir que todo aquello que los voluntarios han ido trayendo no se quede estancado en una habitación, sobre todo si hay unos receptores agradecidos a los que les vienen bien todas las cosas.  También hoy Ipi se irá con Abel (el niño deficiente que no va al cole) al dispensario de salud, a entregar los medicamentos y útiles para curas que hemos traido y que, eso sí, no tiene sentido dejar aquí para que se pueda hacer un mal uso de ellos.

Como es evidente, al final he conseguido conexi{on y he podido cargar lo que tenia escrito de ayer y de esta misma mañana.  Si hay suerte, mañana m{as… y ya ser{a el remate final porque el fin de semana nos vamos al lago Titicaca y el lunes viajamos a Lima para regresar a casa antes del pr{oximo fin de semana.

Un fuerte abrazo a todos, especialmente a los que nos segu{is dando animo a trav{es de vuestrsos comentarios.

Lunes y martes

Y entramos en la última semana. Ayer lunes, como ya comenté, llegamos a media mañana, tras el recorrido alargado del bus por la falta de carburante. Por cierto, no he comentado que aquí a las estaciones de servicio o gasolineras  se les llama “grifos”. Los arcenes de la carretera son las “bermas”.

Ya en Pomacanchi, nos evitamos el pelado de patatas, zanahorias, guisantes, etc, aunque tuvimos que colaborar en el cortado de las patatas y algo más para la comida. El menú, parecido al habitual (guiso de patata, zanahoria, guisantes, trocitos de carne…. Y acompañado de arroz, para variar).  Para cenar, Ester ideó una ensalada de tomate y aguacate, y nos freimos unos huevos porque el sobrante de la comida no llegó ni para completar a todos los niños.

La tarde ayer fue de duchas, nuevamente.  Los críos que hace un par de semanas eran remisos a la ducha (estaban habituados a que los ducharan con agua prácticamente fría) ahora son los que piden que los duchemos.  La verdad es que ha sido un éxito la ducha de camping que compramos, porque nos da un buen servicio.  Ipi y Pilar se encargaron de duchar a las chicas y los más pequeños.  Cuando llegó ya algún rapaz de más de 10 años, pedía que fuese yo quien le ayudase en el proceso, o sea que todos hacemos de todo.

Ayer al final de la tarde cayó una buena tormenta, con agua abundante, aunque cuando llueve al poco rato se seca el suelo.  Es habitual que haya apagones al llover (y sin llover también). En concreto ayer, el apagón vino después y tuvimos que hacer nuestra cena (los voluntarios) con velas, porque el apagón duró más de lo habitual.  En la cena nos acompañó Giovanni, que llegó por la tarde, y estuvo comprobando lo identificados que estamos con los niños.  Empezamos a preparar algo para la despedida que será en estos próximos días.

También ayer, a última hora de la tarde vino la madre de unos niños a invitarnos a visitar hoy su “chacra”, que son sus fincas, donde tiene el ganado y cultiva algunas cosas.  Quedamos para las 8 de la mañana, por lo que las chicas se vieron obligadas a adelantar su desayuno (de forma habitual lo vienen haciendo sobre las 9 de la mañana, así que hoy se anticipó y nos fuimos a la casa antes de las 7,30 de la mañana).

Hoy martes, cuando todavía no eran las 5,30 de la mañana, ya había por la megafonía una actividad increíble.  Debe haber más de un centro emisor porque hoy se escuchaban al menos dos emisoras, o algo así, con mítines o similares, y entre esos ruidos, las charlas de la gente que viene aquí con la historia de la leche o los quesos, no hay manera de dormir más allá de las 5,30 ó 6 de la mañana.  Así que no nos costó tanto el madrugar.

El camino para ir a visitar la chacra en cuestión fue de una hora de camino, a pleno sol, aunque en llano.  El terreno que nos mostraron está como a 4 ó 5 kms de aquí, en un anexo de este ayuntamiento.  Allí tiene unas vacas, ovejas, y terreno cultivado.  Nos llevó ropa típica de aquí para que nos vistiésemos, lo que hicimos y hemos quedado la mar de originales en las fotos que ya pondré cuando tenga ocasión.  Fue un detalle que nos invitaran, y además nos regaló unas cosas de lana tejidas por Teresa, una de las niñas mayores de Hatunsonqo.  Ipi se llevó un pequeño bolso y yo un soporte para el móvil, todo tejido en lana.

Como ya sabeis, una vez regresados de nuestra excursión encontré el ciber abierto y tuve la oportunidad de colgar algunas cosas sobre el fin de semana.  Omití decir que para nuestra excursión a Moray y Salineras nos llevamos la comida.  Eran unas raciones de “chicharrones” de los que creo que ya hablé en otra ocasión, pero esta vez eran comprados en el Mundialito que es el sitio más famoso en esa especialidad en Cusco. Se compone de varios trozos de cerdo frito, unas patatas cocidas, el choclo (mazorca de maíz hervida), mote (un preparado que se toma con queso, envuelto en las hojas del maíz), ensalada de hierbabuena y cebolla, y que se acompaña con una salsa picante que nos dieron en una bolsita de plástico.  Se complementa todo con anis, para tomar al final, que ayuda a rebajar las grasas. El anís también nos lo dieron en bolsita de plástico, algo que aquí es bastante frecuente, y ves a la gente tomando cosas en lugar de en vasitos, en bolsas de plástico.

La idea de la comida era tomarla de forma más o menos bucólica en alguna zona verde de Maras o Moray, incluso en Chinchero, pero con los avatares del taxi, al final nos vimos comiendo bajo una marquesina de una parada de buses, al lado de la carretera, algo como muy poco romántico, al menos en opinión de Ipi que esperaba una comida más placentera.

Para esta tarde teníamos preparadas más duchas, pero hubo que suspenderlas porque cayó otra buena tormenta y una manta de agua considerable.  Lo que no se suspendió fue la chocolatada, para la que ayer trajimos de Cusco los ingredientes, que aquí son difíciles de encontrar.  Además Giovanni preparó unos bizcochos de acompañamiento, para completar los que nosotros trajimos ayer, y que fueron el sustitutivo de los churros, que evidentemente aquí es imposible encontrar.  Los niños disfrutaron del chocolate¸ e incluso no sé si se había corrido la voz porque hoy aparecieron dos o tres niñas que era la primera vez que las veíamos desde que estamos aquí.

Como remate a la chocolatada hicimos una sesión de foto-vídeo, con un montaje de fotos que hemos ido tomando aquí en la casa, con los niños, y en alguna de nuestras excursiones. Los chavales lo vieron con entusiasmo y creo que les gustó mucho.  Ipi, viendo la presentación y las reacciones de los niños, incluso dejó escapar unas lagrimitas….  Y después de eso, también a modo de despedida, nos cantaron los chavales algunas canciones, nos dedicaron unos aplausos y nos preguntan cuando vamos a volver, y por qué nos vamos tan pronto.

Y si lo hicimos hoy, fue porque Ester ya se marcha mañana. Aunque su vuelo de regreso no es hasta el viernes, se irá mañana miércoles a la tarde, porque además el jueves, dia 1, es fiesta y los niños no tendrán clase.  Ipi y yo nos quedaremos un día más, porque así el jueves a la mañana llevaremos a los críos de excursión a la laguna, para regresar a la hora de comer.

Como el viernes es un día familiar en el que todos se reúnen para honrar a sus muertos, con bastante parafernalia, aquí ya no pintamos gran cosa, y por esa razón nos iremos el jueves a la tarde, para esa misma noche viajar a Puno, a orillas del lago Titicaca y hacer un tour de dos días por las islas del lago y regresar también de noche el sábado, con lo que nos quedará el domingo aquí para preparar la vuelta a Lima, que será el lunes.

Sobre el fin de semana

Este último fin de semana fue más tranquilo que el anterior, pero también movido.  Tras llegar a Cusco el viernes a la tarde, la consabida ducha para reconciliarnos con el aseo personal, y un paseo por la ciudad, con cena tranquila y a descansar pronto, para salir temprano el sábado.

Efectivamente el sábado madrugamos y, de camino a los buses de Urubamba, fuimos visitando los mercados de artesanía aunque sin comprar para no ir cargados, dejando ese trabajo para el regreso por la tarde.  Nos ofertaron un taxi que iba bien de precio y lo sustituimos por el bus, para ir a Maras, desde donde partiríamos a ver Moray, un lugar que fue creado como centro experimental para cultivos (son diferentes bancadas o andenes, a diferente nivel de terreno, en los que comprobaban el tipo de cultivo que mejor se adaptaba a la altura, humedad, etc. Data de la época de los antiguos pobladores, y ahora se usa como atractivo turístico. Dicen que en la zona más baja se recarga energía para el cuerpo.  Lo que sí es cierto es que hace falta una buena dosis de energía para subir aquello después de haber llegado abajo del todo. Tras Moray nos fuimos a las Salineras, una zona de tiene creo que 380 pequeñas explotaciones de sal, a partir de un manantial que no se sabe bien de donde procede. Lo cierto es que hay muchas familias que viven de lo que les produce la sal que obtienen, además del atractivo turístico.  Nos gustó el recorrido, aunque nos dieron mal las explicaciones y descartamos ir en un tour organizado para evitar que nos anden llevando a lugares de compra… y nos salió mal el tiro porque al final pagamos más del doble haciéndolo en taxi.  Para colmo, en el mismo taxi me dí cuenta de que había perdido una cartera con dólares, euros, tarjetas de crédito, etc, que tuve que anular de inmediato.  En fin, que no todo va a salir a pedir de boca.

Ya de regreso en Cusco, compras de artesanía y chuminadas diversas, regateando… mirando y remirando… y finalmente, a la noche fuegos artificiales en la Plaza de Armas en honor del Cristo de los Temblores, patrón de la ciudad.

El domingo hicimos una nueva visita a Pisac, ya por nuestra cuenta y sin ver arqueología, que ya habíamos visto en la anterior visita. Tratábamos de conocer una misa a la que bajan ataviados con sus trajes tìpicos la gente de los pueblos próximos.  Y allí nos encontramos con otra boda inca….  Ipi aprovechó para intimar con la gente de la boda, hacerse fotos y enterarse bien de toda la parafernalia.  Luego visitamos el centro del pueblo, con un gran mercado de toda clase de artículos, y donde vimos también los panes-dulces que hacen en estas fechas con ocasión de las fiestas de difuntos, en honor de sus familiares fallecidos.  Tomamos allí también las famosas empanadas de los hornos de leña locales.

Y regresando a Cusco para comer, nos fuimos a degustar el cui (un animal con aspecto de ratón grande, algo menor que un conejo, muy característico de aquí).  Comimos en Quinta Eulalia, el restaurante que nos recomendó Santiago del Valle, muy bien por cierto. Ipi no quería ver la cabeza del bicho al comerlo, y puso su plato enfilando la cabeza del cui hacia mi.

Y el resto del domingo paseando, tomando zumos riquísimos en locales en torno a la Plaza de Armas, y recogiéndonos pronto para madrugar hoy lunes, porque además la señora de la casa donde nos alojamos en Cusco los findes nos había pedido servir el desayuno a las 7 porque tenía que ir a una misa especial.  Nos ofreció algo típico, el adobo, que viene a ser algo así como la carne “o caldeiro” cocinada con mucha cebolla, pimentón picante y no sé qué mas, pero eso, a las 7 de la mañana, podeis imaginar como deja el cuerpo para todo el día. Y no nos dejó tomar leche después: tuvimos que beber un ponche a base de vino caliente, “para rebajar” las grasas del adobo.  En fin, que todavía no me he sacado el sabor y son ya las 11 de la noche.

Lo anterior lo escribí anoche, en la habitación y como ahora he visto abierto el cíber, he aprovechado para subir algo. Por el momento me conformo con esto, no sea que se vaya la luz, como anoche, y me quede colgado.  Esta mañana hemos madrugado para ir a una «chacra» (unas tierras, con la madre de unos niños). Ya contaré y pasaré fotos al respecto. Abrazos a todos.

Algo sobre el transporte

Dentro de las muchas singularidades con que nos encontramos en esta zona de Cusco, está la del transporte por carretera, tanto en ciudad como en ruta.  Como introducción decir que las carreteras no son especialmente malas.  Por ejemplo, la que lleva a Pomacanchi es la general que va de Cusco a Puno (lago Titicaca) y es una buena ruta, aunque con muchas curvas. Tiene solo dos carriles, uno en cada dirección, y el 70 % de la ruta tiene doble línea continua, aunque es solo una referencia, porque continuamente se la saltan los conductores, tanto para adelantar como para recortar las curvas.  No hay límites genéricos de velocidad, aunque al llegar a una curva anuncia “reducir velocidad”.  Al atravesar los pueblos, o sea, continuamente, se fija un límite de 35 km/h.  Pero no es necesario, porque tanto a la entrada como a la salida y por el medio, hay unas franjas que atraviesan la carretera que obligan a prácticamente parar. Las llaman “gibas”, “resaltos” o “rompe muelles” según los casos.

Los buses son malos de solemnidad, antiquísimos, y me recuerdan los que se utilizaban en nuestra tierra en los años 60 del siglo pasado.  Como referencia, además de este último fin de semana, dos detalles:  el viernes, viajando de Pomacanchi a Cusco, el bus que nos llevaba paró como a 15 kms de la salida, y de repente el conductor levantó una pieza al lado de su asiento que da acceso al motor. Allí estuvo revisando unos cables o algo así, con la ayuda de la luz que proyectaba su móvil.  Cerró y reanudó la marcha…  y así repitió la operación un par de veces, porque el arreglo que quería hacer no debía quedar bien.  A la tercera de cambio, agarró un tubo de supergen y lo utilizó con algo de allí dentro, y arreando…. Hasta Cusco.  El segundo detalle hoy lunes, regresando a Pomacanchi.  El bus que nos transportaba (pondré una foto), cuando llevaba como la mitad del recorrido noté que empezaba a aflojar la marcha y al poco se notaba que iba en punto muerto. Bueno, pues un poco más adelante se paró del todo.  Se bajaron chofer y ayudante (este hace las veces de cobrador para la gente que sube y baja a lo largo del trayecto, es decir, continuamente) y recogieron un caldero que llevan junto al conductor y que puesto del revés sirve de asiento para el ayudante cuando el bus va lleno a rebosar, y con el susodicho caldero se fue el ayudante a buscar carburante, andando, a la estación de servicio más próxima (afortunadamente estaba cerca). Cuando regresó, al cabo de unos 20 minutos, con la ayuda de un embudo echaron el carburante al depósito, tardaron como otros 5 minutos en conseguir que se cebara el circuito, y a seguir la ruta. Curioso, no?

Y hablo de buses que hacen un recorrido de alrededor de 150 kms… no de los que van a los pueblos próximos.  Por cierto, estos buses, según sus destinos, salen de unos patios dentro de la ciudad, a modo de estación de autobuses.  Y como aquí está super extendido el uso de taxis o similares (son baratos) junto a los puntos de salida se ponen taxis que te ofrecen el servicio más rápido y salen cuando juntan 4 ó 5 pasajeros.  Ayer, para ir a Pisac, tomamos uno de esos coches que se nos vino a ofrecer. El tipo conducía (manejar, dicen aquí) fatal, todo el rato por la izquierda, cruzándose en la carretera. Y cuando llegábamos al destino, nos paran en un control de policía. Le piden documentación del coche, que les entrega… Le piden licencia de taxi y no la tiene, el carnet de conducir, y tampoco, la ITV, ni de coña, y ni siquiera tenía el DNI. Suponiendo que iban a paralizar el coche, nos bajamos para tratar de seguir el camino andando o con otro que llegara (estábamos casi en el pueblo), y en ese momento viene el policía con el conductor y nos dice que puede seguir, que tiene una multa y ya la ha pagado. Alguien se imagina como solucionaron el tema?….

Podría seguir contando anécdotas, pero como muestra creo que ya es suficiente……

Hoy viernes…..26 de octubre

Pelando patatas
Los niños recién duchados y con nueva ropa

Copio aqui lo que escribí esta mañana, pensando que no lo podría publicar hasta la noche en Cusco….

Continúo hoy, jueves, ya que ayer no fue posible conectarse. Estuvo todo el día cerrado el cíber y a la noche, cuando lo vimos abierto y tratamos de ir a conectarnos, nos dijeron que estos días hay problemas con la línea y por esa razón tienen cerrado. Tampoco anoche fue posible conectar, de forma que si no hay novedad lo haré esta noche desde Cusco.

Ayer jueves no hubo grandes cosas. El menú fue parecido al de otros días (una sopa-caldo con patatas, zanahorias, guisantes, algo así como sémola y trozos de carne-grasa). Es decir, que mantenemos  él régimen de comidas.  Para la cena Clemencia nos pidió que volviéramos a hacer unas tortillas con la patata que habría sobrado del día anterior. De forma que Ipi y yo volvimos a estar de cocineros, y resultaron un par de tortillas que no llegaron para todos. Antes, por la mañana me pequé una sesión de pelado de guisantes que para qué os voy a contar…..  tengo las manos como para presentarme a un concurso de belleza.  Ipi estuvo pelando y cortando zanahorias, y Ester peló patatas…. En fin, todo muy organizado.

Hice ayer un intento de volver a charlar con el alcalde, pero estaba de gira. Hoy lo volveré a intentar, para recabar una serie de datos que quiero sobre Pomacanchi.

Por la tarde ayer volvimos a duchar a algunos niños. Claro que como no teníamos ropa nueva para todos ellos, nos limitamos a darles gorras, calcetines, calzoncillos, etc.  Intentamos que fueran a sus casas a buscar ropa limpia, pero no sé si quisieron escaquearse o era verdad, pero decían que no tenían ropa limpia. De modo que nos limitamos a sacudirles la que llevaban puesta, y al menos se levaron un buen lavado de cabeza y un fregado de cuerpo entero. Además conseguimos que se ducharan varias de las mayores que hasta ahora no lo habían hecho, pero éstas lo hicieron en el baño, bien cerradas.

Para la semana próxima, que será nuestra última aquí, tenemos proyectado hacerles algunas cosas especiales, como arroz con leche, bizcocho (hay que llevarlo al horno, porque en la casa no lo hay), y una chocolatada para la última tarde, con reparto de juguetes (hay en el almacén creo que para todos), y también una excursión para el último día, a ver el parque de vicuñas o la laguna, según el número de niños que acudan.