Mis viajes : Francia 1967

Hoy voy a empezar a escribir sobre los viajes realizados en diferentes épocas, viajes que me han dejado un recuerdo importante y que periódicamente vienen a la memoria con motivo de escuchar una noticia, de comentar una situación o de recordar a una persona determinada. Y lo hago porque estoy seguro que dentro de unos años mi memoria no será igual y que este blog me servirá de «disco duro» para poder rememorar, si fuese preciso, alguno o algunos de aquellos acontecimientos.

Y para empezar, evidentemente me remito al año 1967 que fué mi primer viaje importante, cuando mis amigos franceses (Yves y Christine) me invitaron a visitarlescris-1 en su casa de Paris durante el mes de julio de aquel año. Yo por entonces había terminado mis estudios de preuniversitario y desde un año atrás tenía aprobado el examen de ingreso en el Banco Hispano Americano, sin fecha concreta de comienzo a trabajar. A Cris la había conocido años atrás, en un verano en Santa Cruz, y yves-y-crisdesde entonces nos escribíamos durante el invierno, con lo cual yo practicaba mi francés y ella el español.  Por cierto, mi primera foto con ella, al día siguiente de haberla conocido, fué un tanto fallida ya que era la última de un carrete y yo salí velado, con lo cual me quedé con las ganas de presumir de amiga francesa entre mis amigos coruñeses. Fué hecha con una máquina de fotos antiquísima, que mi padre tenía y que operaba con «carretes de 6 x 9 de pase ancho» (así es como había que pedirlos cuando se compraban). Queda aqui como recuerdo esa foto de Cris y otra que ella me mandó desde Francia con su hermano Yves.

El viaje comenzó en Santiago, a donde mis padres me llevaron desde Santa Cruz ya que estábamos allí pasando el verano. Y empezó en Santiago porque se trataba de un viaje en el bus de la empresa Anpian, de Ourense, que hacía el trayecto hasta Paris en un recorrido de más de 30 horas de duración. De modo que empecé en Santiago un día sobre las 3 de la tarde y llegué a Paris al día siguiente cerca de las 10 de la noche. Era mi primer viaje importante y además solo porque con anterioridad solo en 1963 había viajado a Madrid con mis padres y en ese mismo año 1967 había ido con los compañeros de estudios en un viaje de fin de curso a Valencia y Barcelona.

Ya en Paris, durante aproximadamente dos semanas mis amigos (Yves, dos años menos que yo y Cris, 4 años menos) me pasearon por la ciudad visitando parques, calles, mercados, etc. Para las visitas de mayor enjundia, ibamos con sus padres lógicamente, pero durante las mañanas nosotros recorríamos Paris con total tranquilidad y libertad. De aquella estancia me quedan recuerdos importantísimos, ya que recorrimos todos los lugares y monumentos «imprescindibles» de la ciudad, y también me llevaron a conocer algunos lugares de los alrededores, como Versalles y su impresionante palacio y jardines. Durante uno de esos  paseos por las calles de la capital francesa, en concreto el día 10 de julio,  beatles-sgt-peppers-portadafué la compra del discobeatles-sgt-peppers de los Beatles que acababa de publicarse, Sgt. Peppers, que guardo desde entonces como una de las joyas de mi discoteca. La fecha no es que la recuerde, sino que figura en el propio disco, del que dejo aqui constancia gráfica, hoy ya bastante deteriorado en la cubierta ya que tiene casi 50 años. Pese a todo, y tal vez porque a Paris he regresado en muchas ocasiones y todo lo he vuelto a ver y de ello tengo recuerdos más recientes, la parte que ahora quiero resaltar de ese viaje es lo que vino a continuación, que fué el paso por Toulouse y los Pirineos.

Mis amigos vivian en Toulouse cuando yo los conocí, en el verano de 1964, y trasladaron su residencia a Paris varios años después, a causa del toulousetrabajo de Jacques, su padre. Pero en Toulouse continuaban viviendo los abuelos maternos de Yves y Cris, en casa de los cuales pasamos luego una semana. Si en Paris los chavales nos movíamos con libertad, en Toulouse la cosa era similar aunque evidentemente había muchas menos cosas que visitar. La casa de los abuelos era algo asi como lo que hoy llamamos un chalet individual en una urbanización, aunque en aquella zona todas las viviendas eran similares, con un pequeño jardín exterior que daba directamente a la calle. Sus abuelos eran unas personas entrañables, al igual de Giselle, la madre de mis amigos, que a mi me quería yo creo que como futuro yerno, algo que evidentemente nunca llegó a producirse, aunque ella lo ha reconocido hace no muchos años. Por aquellas fechas, Cris era la chica que me gustaba y en aquel viaje a Francia a estar en su casa, cada día junto a ella, había puesto yo muchas esperzanzas, que no resultaron seguramente porque ella tenía ya sus ojos puestos en otra persona. El hecho es que me sentí frustrado en parte.

Y de Toulouse el viaje y estancia francesa se prolongaron una semana más en la casa que los abuelos tenían en Arac, un pequeño pueblecito de los Pirineos, cerca de la ciudad de St. Girons. El lugar estaba en una zona alta, rodeada de otros pueblos más importantes, como Le Port o Massat, y cerca de un pequeño lago (L’ Etang de Lers) lugares todos ellos que pateábamos en nuestros paseos con el abuelo de mis amigos. Recuerdo que fué un mes caluroso,arac que en el monte realmente hacía calor y que los tábanos nos acribillaban, a mí especialmente, por lo cual había que estar durante los paseos por el monte siempre provisto de una sudadera para dar poca cancha a mosquitos y tábanos. Posiblemente de estos días de Arac son mis recuerdos más agradables, porque nunca volví por allí y me habría gustado hacerlo. Sé que hace unos cuantos años, ya fallecidos los abuelos, Giselle vendió su casa y ha dejado de ir por allá. Una anécdota de aquellos días, negativa por cierto, es que cuando yo trataba de congraciarme con Cris para que me hiciese un poco de caso, en una ocasión entré al baño de la casa cuando ella estaba dentro, habiéndose olvidado de cerrar la puerta y aunque de inmediato dí marcha atrás, ella se mosqueó más conmigo. No vi nada que le pudiese molestar, pero aumentó su enfado. Allí, en Arac, conocí también a unos primos carnales de Yves y Cris algo mayores que nosotros de los cuales guardo testimonio gráfico y que eran muy agradables, a la vez que ella muy guapa, por cierto.

Tras la estancia en los Pirineos, regresamos a Paris para preparar las maletas y hacer el viaje a España al terminar julio, para ellos disfrutar de sus vacaciones anuales en Santa Cruz, mi lugar de veraneo y donde yo los había conocido años atrás, como ya comenté al inicio. Jacques tenía por aquel entonces un Renault 16, coche que apenas se veía en España y que estaba muy bien valorado. El viaje lo haríamos por carretera, de un tirón desde Paris, y previamente hicimos una parada en Orleans, donde había unas naves de la empresa en la que Jacques trabajaba y donde tenía guardado su nuevo velero, de la clase 420, que nos trajimos a España montado sobre el techo del R-16. De ese viaje de regreso en el que pasamos toda la noche en la carretera, recuerdo que yo venía en el centro del asiento trasero y apenas dormí nada, mientras Cris de un lado e Yves del otro dormían a pierna suelta apoyados cada uno en mis hombros. Recuerdo que paramos a comer en Tordesillas, donde por primera vez probé el gazpacho, que por cierto no me gustó nada aunque reconozco que lo que allí nos sirvieron no se parece en nada a lo que hoy yo tomo habitualmente o al que se puede degustar en cualquier punto de Andalucía.

El viaje terminó en Santa Cruz a última hora de la tarde, donde nos esperaba toda mi familia y los amigos habituales de la pandilla de verano, de los cuales hablaré en otro momento, ya que también mis recuerdos de verano son lo mejor de aquellos años.

 

Soria, esa desconocida.

Como cada año, llegadas estas fechas Ipi y yo nos hacemos un viajecito para celebrar nuestro aniversario, el noveno en esta ocasión. Y dentro de las múltiples posibilidades que barajamos, terminamos viajando a Soria, por donde yo no pasaba desde hace 50 años, cuando el viaje de fin de curso del bachillerato. Como dicen los amigos, la progresión de los últimos años ha sido decadente de forma acelerada, si tenemos en cuenta que hace un par de años estuvimos en Dubai y Maldivas y el año pasado en Marrakech. Pero hay que conocer España, y en este caso Soria es una provincia casi desconocida para nosotros y que tiene preciosos parajes para recorrer, algunos de los cuales han quedado pendientes para un futuro nuevo viaje por la zona.

La elección del lugar vino derivada de haber buscado inicialmente un alojamiento del tipo de casa rural y encontrar lo que nos parecía una buena oferta en Valdeavellano de Tera, un hotel termal en medio de la provincia y cerca de lugares tan atractivos como Numancia, la Laguna Negra y los Picos de Urbión o el cañón del Rio Lobos, entre otros. Después de numerosas consultas terminamos seleccionando ese hotel y allá nos fuimos el jueves 15 de febrero, después de haber cenado la noche de San Valentín con nuestros amigos Elena y Rafa en La Barbería, donde por cierto habíamos degustado un rico vino de la zona de Arlanza, próxima a nuestro destino en Soria.

Hay que tener en cuenta también que otro objetivo calculado previamente era comer a la ida en Villalcazar de Sirga, en el restaurante que duranteimg_8087 mi paso por aquella zona en el recorrido del Camino de Santiago me había dejado tan grato recuerdo. Y otro punto de parada era el Monasterio de Santo Domingo de Silos, para conocerlo y escuchar los cantos gregorianos de los monjes en sus actividades habituales.

img_8078img_8085Calculado todo ello, llegamos a Villalcazar a la hora de la comida, sobre las 2 de la tarde. Aquello estaba prácticamente vacío y en el restaurante de Pablo el Mesonero solo había un par de personas comiendo, aunque luego gtras nuestra llegada se incorporó un grupo de otras 6 ó 7 personas. Alli nos sirvieron los productos característicos: Morcilla, Lechazo y de postre Leche Frita, y regado con un vino de la casa. En conjunto, una comida excelente, cumpliendo asi yo mi capricho de rememorar ese lugar, ya que cada vez que he tenido ocasión de viajar por la autovía del Camino de Santiago y pasar cerca de Villasirga me 6h5a2006quedaba con las ganas de parar a comer. La impresionante iglesia del pueblo estaba cerrada, por lo que no pudimos visitarla y nos limitamos a dar una vuelta alrededor de la misma y observar los pórticos de sus puertas.

Tras la comida, continuamos camino a Santo Domingo con la idea de llegar a visitar el Monasterio y escuchar los cantos de los monjes.6h5a20296h5a2289 Sin embargo, cuando llegamos, recién cumplidas las 6 de la tarde, vimos que ya no era posible la visita al claustro (única parte visitable del monasterio, además de la iglesia) y dado que los cantos no eran hasta una hora después, aprovechamos para hacer un recorrido por el pueblo, para estar puntuales como clavos a las 7 en la iglesia. Tuvimos suerte y pudimos escuchar las «Vísperas» que son los rezos de la tarde, con una duración próxima a los 45 minutos, de los cuales casi 35 minutos son de cantos. Una delicia escuchar a los 21 monjes recitar sus oraciones mediante cantos gregorianos. Y una experiencia que cumplió las expectativas que habíamos depositado en esa visita. Nos quedó, sin embargo, pendiente para una segunda ocasión la visita al claustro, que dejamos para uno o dos dias después.

Y desde Silos, directamente a Valdeavellano, a donde llegamos poco después de las 9 de la noche. El pueblo parecía un sitio fantasma, ya que no había nadie por las calles e incluso pensamos que estaríamos solos en el hotel, aunque a la mañana siguiente en el desayuno comprobamos que el hotel estaba prácticamente completo. Para poder cenar algo, o más bien tomar una cerveza y estirar un poco las piernas encontramos el que creo que es el único bar-restaurante del pueblo, donde la gente veía por tv el partido de futbol entre Real Madrid y Nápoles. Estuvimos alli solamente el tiempo de tomar una cerveza y unos pinchos antes de ir a dormir, para al dia siguiente desayunar a primera hora y aprovechar la jornada.

El jueves 16, tras el desayuno y pese a que inicialmente proyectábamos volver a Silos para la visita al claustro y seguir luego a Lerma y Covarrubias (Ipi había leido que esas tres poblaciones forman el triángulo de Arlanza y que valía la pena la visita), pues finalmente cambiamos de plan, un poco por indicaciones del propietario del hotel. Nos informaron que no iba a ser posible la excursión a Picos de Urbión y Laguna Negra porque en esta época del año está lleno de nieve y no se puede acceder alli, de modo que lo dejamos para mejor ocasión. img_8095Y en cambio nos aconsejaron hacer ese día la visita a Numancia, a donde llegamos a las 11 de la mañana y aunque esa hora de visita estaba ya completa para los escolares de un colegio de img_80936h5a20636h5a2057Valladolid, nos acoplamos al grupo para poder oir las indicaciones del guía, aunque luego seguimos por nuestra cuenta ya que se paraba en exceso en explicaciones para niños. De la ciudad celtíbera no queda nada, ya que fué arrasada por los romanos tras tenerla sitiada durante más de un año. Sobre la antigua ciudad los romanos construyeron la suya, y de esta quedan restos que permiten visualizar la organización de la misma, sus calles, aljibes, etc. Hay un par de construcciones que reproducen la casa típica celtíbera y la romana. Fué interesante el recorrido por aquellas ruinas que forman parte de la historia que estudiamos de pequeños en el instituto.

Y de Numancia, a Soria capital, donde lo único que encontramos de interés fué la iglesia de Santo Domingo, que valió la pena visitar. La ciudad esimg_8097 posiblemente lo menos interesante de todo el viaje. Tiene una población que no llega a 40.000 habitantes y nos limitamos a tomar una cerveza y img_8096probar los torreznos, a la vez que comprábamos la mantequilla con denominación de origen de Soria. Y sin perder más tiempo seguimos camino hacia Calatañazor, el pueblo que dió nombre a la famosa batalla en la que los cristianos derrotaron al moro Almanzor. Se dice que allí «Almanzor perdió el tambor» pero parece ser que la referencia al tambor es que allí empezó su declive y lo que perdió fueron las ganas de vivir y la salud. Perdió la «presencia de ánimo».

Calatañazor es un bonito pueblo, rodeado completamente por una muralla y enclavado en lo alto de una colina.6h5a2139 En la actualidad tiene unos 100 habitantes censados, pero según el alcalde, de forma habitual duermen allí solo una docena de personas, aunque los fines de semana hay numerosos visitantes y en verano también aumenta notablemente la población. De los varios restaurantes que hay en el pueblo, (son casi todos del mismo propietario) a diario solamente hay uno abierto, el que está en la Casa Rural 6h5a21256h5a2149Calatañazor, donde pudimos degustar unos torreznos típicos, un delicioso revuelto de hongos y Conejo escabechado. Hubimos de esperar un poco para comer ya que justamente cuando llegamos estaba el equipo de España Directo grabando en la cocina del restaurante cómo la dueña preparaba unas típicas «Migas del Pastor». En una tienda del pueblo compramos varios tipos de queso de la zona y el propietario nos dió una lección magistral sobre Almanzor, su vida y hazañas y nos contó un montón de particularidades del entorno. En definitiva, una interesante visita y muy ilustrativa sobre la historia, la comarca y la vida de los sorianos.

Y para terminar la jornada seguimos el recorrido hasta La Fuentona, que es una pequeña laguna donde nace el río Abión. 6h5a2169Tiene una cascada que en esta ocasión no pudimos ver porque no tenía apenas agua. La laguna tiene un color verde-azulado debido a las particularidades del agua que mana y está declarada como Monumento Natural. Para llegar a ella hay que recorrer a pié alrededor de un kilómetro desde el aparcamiento. Valió la pena la visita aunque fué una lástima no poder contemplar agua en la cascada.

Desde La Fuentona regresamos directamente al hotel, ya que a partir de las 7 de la tarde nos esperaba una sesión de spa y masajes en camilla. El spa bien sin más. Estuvimos un buen rato en el jacuzzi, alternandolo también con los pasos por la sauna y el baño turco. Y la sesión de camilla de masajes, un rollo, porque los masajes se reciben mientras estás tumbado en la camilla a partir del recorrido de un rodillo que te machaca la espalda. Mas que un disfrute fué casi un tormento. Y después de tanto relax y de la buena comida que habíamos degustado, ya ni siquiera nos animamos a salir a cenar.

6h5a2265El viernes 17 finalmente hicimos el recorrido del ya comentado triángulo de Arlanza. Fuimos directamente a Silos para visitar el claustro, que es precioso, aunque el guía que nos acompañó fué un peñazo. Era como quien lleva un audioguía, pero peor. Monótono en sus comentariosimg_8109 parecía una grabadora, aunque sin duda nos dió mucha información sobre los detalles de la 6h5a2209construcción del claustro 6h5a2239que es realmente fantástico. Y en el claustro, el ciprés de más de 25 m. de alto al que el poeta Gerardo Diego dedicóun hermoso soneto. El ciprés es el que sobrevive de los cuatro que se situaban en otras tantas esquinas del claustro.  Además del claustro se visita la antigua botica, biblioteca y un pequeño museo, pero valió la pena recorrer los 105 kms que separan Silos de Valdeavellano.

Para completar el recorrido del triángulo, de allí nos dirigimos a Lerma, antigua ciudad ducal que realmente poco tiene que ver. Lo mejor el Palacio Ducal hoy convertido en Parador. Tiene una hermosa plaza mayor, aunque está delucida porque se utiliza como aparcamiento y está llena de coches. 6h5a2327Tras un pequeño recorrido por sus callejas, aprovechamos para comprar productos típicos de la zona, como los torreznos, morcilla de Burgos, Lechazo y mantequilla, además de vino de Arlanza y queso de oveja churra, que es la que genera la leche de la que se nutren los corderos lechales en su corta vida.

img_8122El tercer punto del triángulo, Covarrubias, sí que valió la pena ser visitado. Llegamos justo para la hora de la comida y después de un pequeño recorrido por las cuidadas calles del lugar, comimos fantásticamente en el restaurante Casa Galin, donde una amable camarera faciltó el menú de celíacos de Ipi y donde yo pude tomar un menú degustación a base de morcilla, torreznos, sopa castellana y una espléndida chuleta. 6h5a2345Al igual que en días previos, excelente gastronomía la que hemos podido disfrutar en estos días por las provincias de Burgos y Soria.

Desde Covarrubias y de camino al cañón del Rio Lobos, nos encontramos con los restos de un antiguo monasterio, San Pedro de Arlanda, semiderruido y que dejó de estar ocupado tras la desamortización de Mendizábal. debió ser hermoso en su momento. Y pese a que recorrimos buena parte del parque natural del Rio Lobos, no llegamos a lo que es realmente el cañón porque se hizo tarde. De modo que continuando el camino de regreso, nos dirigimos a Burgo de Osma, 6h5a23836h5a2381otra hermosa población que tiene una enorme catedral y unas calles muy cuidadas. Nos llamó la atención la cantidad de gente que había en la plaza mayor, pese a que a aquella hora, caida la tarde, ya refrescaba bastante. Y antes de volver a Valdeavellano, nueva parada en Soria, esta vez para tomar una cerveza y comprobar el ambiente. Puesto que era viernes noche, había muchísima gente en las terrazas de los bares del centro, y curiosamente muchísimos niños pequeños jugando por las plazas mientras sus padres se tomaban unos vinos. Pese a todo, no variamos nuestro criterio de que Soria es una muy pequeña ciudad con realmente no demasiado interés.

Y terminado el programa de viaje, la mañana del sábado aprovechamos para comprar en la panadería productos típicos (pan, galletas, unas roscas) y en 6h5a2401un supermercado más mantequilla y unas setas, haciendo asimismo un pequeño recorrido por el pueblo, que en los dias anteriores ni siquiera habíamos visitado.

El regreso, de un tirón hasta casa, ya que coincidían en la misma fecha un partido del Depor y luego un concierto de la OSG. Todo preparado para reincorporarse a la normalidad de la vida coruñesa. Y nos queda el hermoso recuerdo de estos cuatro días disfrutados a pleno rendimiento.

Cronica de 7 días

Conforme a lo previsto, el domingo 5 de febrero Rafa y yo nos pusimos en camino hacia Andorra para disfrutar de nuestra semana de esquí, repitiendo la exitosa experiencia del pasado año en 20170205_113739botillo-2Baqueira. Se anunciaba un fin de semana complicado en lo meteorológico y nuestras respectivas20170205_214346 estaban 20170205_211738un tanto temerosas del recorrido en coche, por aquello de las posibles nevadas. Lo cierto es que la cosa no fué tan mal como se pensaba y de los 1077 kms que separan A Coruña de Andorra solamente tuvimos nieve en el tramo Astorga-León, y el viaje se hizo rápido y llegamos a nuestro destino a buena hora para entrar en el hotel, acomodarnos en la excelente habitación que nos dieron y hacer una buena cena en un restaurante ya conocido de anteriores viajes, el Refugi Alpi. Aqui degustamos un impresionante chuletón de buey que sirvió de comienzo de una semana gastronómica para complementar el placer de esquiar.

Para empezar los días de esquí nos encontramos que el lunes estaba cerrada buena parte de la estación de Grandvalira y en concreto no funcionaba el Funicamp, por lo cual hubimos de coger un bus para que nos acercara a Soldeu, ya que con la zona de El Tarter era lo único disponible para esquiar en esa jornada. En el hotel, previamente, nos habían desaconsejado subir a la estación img_8056debido a las malas previsiones, pero puesto que nuestro viaje era 20170206_122617para esquiar, hicimos caso omiso de las recomendaciones y subimos a Encamp en el transporte que nos facilitaba el hotel. Fué pese a todo un aceptable día, pese al mal tiempo y a que había pocas pistas y remontes abiertos, aunque entre lo que tardamos en llegar a las pistas y el tener que cortar antes para llegar a tiempo al transportes del hotel la jornada quedó reducida en cuanto al tiempo en las pistas. Tras el deporte, ya en el hotel, un buen rato de relax20170206_20520020170206_213219 en el spa (piscina, jacuzzi, baño turco y sauna) aunque no se pudo saborear tan a gusto como deseáramos debido a que había un montón de niños que ocupaban todo. Hay que señalar que en el hotel había numerosas familias rusas, con muchos niños. El día terminó con un paseo por las calles de Andorra, y cena en el restaurante 120, nada original, pero con comida aceptable. Desde luego, el peor de las cinco noches que hicimos allí.

El martes dia 7 amaneció mejor y aunque según las app de la estación el Funicampo no funcionaba, la verdad era que sí estaba operativo, con lo cual pudimos cogerlo temprano y llegar al centro de 20170207_120052img_8141Grandvalira, desde donde se podía acceder a numerosas pistas y pasar de unas zonas a otras. 20170207_131018Ese día 20170207_102417esquiamos tanto en la zona de Soldeu como por El Tarter y bajamos también hacia Grau Roig y Pas de la Casa, aunque de forma breve porque el tiempo, sin estar malo, tampoco era maravilloso. Pero empezamos a cogerle el gusto a la nieve, a recorrer pistas largas enlazando unas con otras y aprovechar las excelentes condiciones de la nieve, polvo en todo momento, ya que desde dias atrás prácticamente no había parado de nevar en las zonas altas y al no hacer tampoco temperaturas excesivamente20170207_213045 bajas en ningún momento llegaba a helar. En definitiva, la nieve que todo esquiador desea para ejercitarse bien y practicar todo tipo de movimientos en todo tipo de pistas. En general nos hemos movido mayoritariamente en pistas rojas, también numerosas azules de las largas, y alguna pista negra. Terminada la sesión de esquí, un paso breve por el spa, para relajar músculos y descanso breve en la habitación. De regreso al hotel la conductora de la furgoneta que nos transportaba a Encamp nos dió algunas recomendaciones de restaurantes que de inmediato empezamos a probar. En concreto ese martes fuimos a cenar imagea la Borda Estevet. Las bordas son antiguas casas de campesinos hoy utilizadas como casas rurales o restaurantes. En la que cenamos ese día fuimos los únicos comensales ya que al haber partido televisado del Barça los potenciales clientes se quedaron en sus casas. Nos encontramos con que en el restaurante había un camarero de orígen gallego, que nos atendió de maravilla. Pudimos degustar, entre otras cosas, unos estupendos calçots, y unas deliciosas alcachofas con gambas. Fué una cena muy amena.

El miércoles se anunciaba como el peor día en lo meteorológico y acertaron de verdad ya que estuvo todo el día nevando, 20170208_110912con viento relativamenteimg_8026img_8031 img_8142fuerte y ventisca en muchos momentos. Hicimos img_8020una excursión a la zona de Canillo y justamente por allí era por donde el temporal era más duro, tanto que solamente pudimos hacer una bajada en esa zona y al retomar el ascenso en el remonte nos encontramos con que la zona de salida del mismo estaba completamente helada. Rafa se torció ligeramente una rodilla y en la siguiente bajada ya regresando hacia Encamp yo me dí el único trompazo de toda la semana, ya que con la ventisca y la niebla no se veía el perfil de la pista. No fué nada grave, afortunadamente y volvimos hacia la zona de Soldeu y El Tarter donde sin estar bueno el clima era más llevadero. En todo caso hizo mucho frio y eso se dejaba sentir especialmente en los recorridos de los remontes. Pese a todo estuvimos aprovechando el día y no dejamos de esquiar más que un rato a mediodía20170208_230709 para tomarnos un caldo caliente en la cafetería de la zona donde llega el Funicamp. Ya de regreso en el hotel, mientras Rafa se aplicaba crema en su rodilla, hice un pequeño recorrido en la sauna 20170208_21395020170208_21463120170208_215641y la piscina, y descanso en la habitación.  Y para la cena siguiendo las recomendaciones que nos habían dado, nos dirigimos a Ca la Conxita, otro de los restaurantes bien valorados de Andorra. Allí la dueña nos preparó unos riquísimos espárragos, unas alcachofas que hicieron las delicias de Rafa e incluso las mías, y unos canelones excelentes. La verdad es que cenamos de maravilla. Aunque en el hotel cuando preguntamos la forma de llegar al restaurante nos dijeron que era muy caro, cenamos por un importe razonable y desde luego muy bien atendidos. Como colofón, la dueña se hizo una foto con nosotros.

img_8051img_8143Como contraposición al mal tiempo del miércoles, img_8064el jueves día 9 lució el sol img_8052img_8060desde primera hora de la mañana y la nieve seguía siendo excelente, sin estar dura y con una buena capa de polvo que además, con el paso de los esquiadores y el ligero viento que hacía, reponía las marcas dejadas por los esquiadores, con lo cual en todo momento daba gusto deslizarse por las pistas. Fué la jornada mejor aprovechada, incluso grabando videos y haciendo numerosas 20170209_225004fotos por todas partes.20170209_220547 Ese día aprovechamos para ir desde Encamp a las pistas de Pas de La Casa, moviéndonos por pistas rojas y azules largas y anchas en las que daba gusto deslizarse, sin agobios en los remontes y disfrutando del sol que hacía mucho más agradables los recorridos en los telesilla y arrastres. Incluso aprovechamos para hacer una parada a tomar algo en la zona del iglú, sentados al sol para coger color en la cara. En20170209_21331220170209_214432 total más de 50 kms recorridos desde 20170209_211333El Tarter hasta Pas, pasando repetidamente por pistas de Grau Roig. Ese día se notó que con el buen tiempo había mayor afluencia de esquiadores pero en todo caso nunca llegó a ser molesto ni tampoco hubo tiempos de espera elevados en los remontes. Ya de regreso en el hotel optamos por olvidarnos del spa y del coñazo de los niños y nos dedicamos a descansar en la habitación antes de ir a cenar. Porque una vez más, y con las mismas recomendaciones de dias anteriores, nos dirigimos a otro de los lugares señalados por nuestra conductora. En esta ocasión fué Can Manel y aqui también acertamos. Una escalivada como entrante y como platos Ciervo a la brasa y Arroz con conejo montañés que nos permitieron rematar la semana al mismo nivel en cuanto a lo gastronómico respecto de la calidad de la nieve y del esquí en general. Excelente resultado y cierre de la semana, ya que al día siguiente tomaríamos carretera tras la jornada de esquí.

img_8145Y asi llegamos al viernes, último día para esquiar. Amaneció francamente bueno y se mantuvo soleado hasta primera hora de la tarde.p1120194-2 En esta ocasión, y dado que ya no teníamos habitación en el hotel al final de la jornada, optamos por subir con el coche hasta el Funicamp. Y así, tras más de seis horas esquiando, una vez que el tiempo comenzó a poblarse de nubes, decidimos dar por finalizada la sesión de esqui algo antes de las 4 de la tarde, cuando llevábamos ya cerca de 50 kms de recorrido por las pistas, también mayoritariamente por las zonas de Soldeu, El Tarter, Grau Roig y Pas de la Casa, que son las más soleadas y amplias. Terminado el día en lo deportivo, y ya de regreso en el funicular, en el propio parking de Encamp nos cambiamos y tomamos rumbo a casa, haciendo el recorrido de regreso de un tirón hasta Burgos, a donde llegamos sobre las 10,30 de la noche.  Hacía frio en Burgos, pero eso no impidió 20170210_23180020170210_23094520170210_23133020170210_232756que nos diésemos un buen paseo por la calle de los vinos y nuestra cena fué a base de pinchos de diseño ya que es característico de esa zona que determinados bares concursen anualmente para obtener los premios al mejor pincho de la ciudad. Bacalao con ventresca, Sushi de lechazo y otras exquisiteces nos sirvieron de soporte como cena, junto con unos selectos vinos como el Carmelo Rodero y Marboré. Y como a la mañana siguiente había que levantarse a buena hora para regresar a casa, nos acostamos poco después de las 11 de la noche en el Hotel Londres y Norte, en el centro de Burgos.

Según lo previsto, el sábado antes de las 9 de la mañana estábamos desayunando en una cafetería próxima al hotel, para de inmediato coger el coche y 20170211_085741enfilar la carretera hacia A Coruña, donde llegamos con puntualidad exquisita a la hora prevista, 13,30 horas, antes incluso de lo que nuestras respectivas nos esperaban para acogernos con los brazos abiertos tras 7 diás de ausencia.

En definitiva ha sido una maravillosa semana de esquí, aprovechada asimismo en cuanto a la gastronomía, y que nos ha servido además para confraternizar alejados de la rutina diaria y de los hábitos con que nos encontramos en nuestra ciudad.  Desde luego, con ganas de repetirlo en futuras ocasiones.

Sobre los amigos

Este pasado fin de semana fué un fin de semana de amigos, de amigos que se ven y se reencuentran pocas veces, pero que disfrutan de esas ocasiones. Y también de amigos de todas las semanas, de esos con los que compartes habitualmente lo cotidiano, con los que organizas comidas, sales a tomar las cervezas y de vez en cuando programas alguna excursión.

Tengo la suerte de que Ipi tiene los mismos criterios que yo respecto de la amistad, las cuida con esmero (más que yo en algunos aspectos, debo reconocerlo) y tiene la misma capacidad para concitar acuerdos y filias, para atraer a la gente y para servir de punto de encuentro, de foco receptivo y de aglutinadora de las personas a las que quiere, al igual que hago yo. En ese aspecto creo que nos hemos juntado el hambre y las ganas de comer.

Y como muestra, el hecho de que uno y otro somos catalizadores de reuniones, no solo de comidas, que es lo más habitual, sino de otros muchos tipos de reuniones, como pueden ser las convocatorias para ir de excursión, para organizar viajes, incluso para actos solidarios. A modo de ejemplo, botillo, sardiñada, comidas solidarias, viajes de fin de semana o puentes, etc, etc.

Pero como dije al principio, este fin de semana último tenía la connotación de haber reunido junto a nosotros a un grupo de amigos, algunos de los cuales no vemos habitualmente y que tampoco entre ellos se ven más que de tiempo en tiempo. Aprovechando la prevista visita del Betis a Riazor para jugar un partido de liga contra el Depor, invité a Julio y Pilar a visitarnos.img_7742 Sabido es lo que cuesta sacarlos de Orense, y con esa justificación les poníamos «a huevo» el venir a visitarnos. Y aceptaron, afortunadamente, aunque luego las inclemencias meteorológicas hicieran que no hubiera partido. Y aprovechando su visita, también avisamos a Charo y Antonio para que viniesen a estar con ellos. Unos y otros son amigos de hace más de 40 años, y también amigos entre ellos. Es más, Pilar y Julio se conocieron a raiz de un viaje a Manzaneda, a la nieve, en que yo llevé a un grupo de compañeras de Charo, con las que luego formamos pandilla. Y Charo y Pilar son compañeras de promoción, aunque solo se ven casi cuando nosotros organizamos el encuentro. La foto incorporada reune a Charo con Julio y conmigo, aprovechando la asistencia a la boda de una compañera de piso de Charo en Los Milagros, en Ourense. En esa foto aparece otra antigua amiga de todos, Conchi, que desde hace muchos años vive en Málaga.

20170203_232708Y como Julio y Pilar también conocen a nuestra pandilla y nos acompañaron a uno de esos viajes que programamos, como antes comenté, pues también estuvieron con todos en la cena habitual de los viernes. En fin, que el fin de semana fué completo, como dije inicialmente.

Y ya como colofón, es para mi una satisfacción poder traer aqui estos comentarios, porque son representativos de algo que siempre he querido, que es sumar, unir a las personas a las que quiero, tener la oportunidad de que se conozcan entre ellas, que perciban que nuestra dedicación a los amigos no es algo circunstancial, sino que cuidamos con esmero las relaciones, que procuramos que sepan que estamos con ellos, para celebrar lo bueno y tratar de acompañarles en los momentos menos agradables, y gracias a eso podemos presumir de tener amigos desde la niñez, amigos a los que conservamos y cuidamos, y que aunque nos veamos poco a menudo, sabemos que están ahi, nos preocupamos por ellos y nos ofrecemos para cuando nos necesiten. Y eso es tán válido para mi como para Ipi, porque no hay más que ver la respuesta de sus amigos, de personas a las que no veía desde varias décadas atrás, cuando las convocamos para celebrar su 50 cumpleaños. Y es válido también para los amigos más recientes, con aquellos que compartimos el día a día, que nos acompañan habitualmente y con los que sufrimos y disfrutamos de alegrias y penurias.

Para todos ellos es esta página, porque todos ellos hacen que nosotros seamos así, ellos nos ayudan a creer en la amistad como un bien de los más preciados y nos alimentan día a día para que mantengamos ese nivel.

Preparados para la nieve

Estos días estoy de preparativos para mi semana anual de esquí, algo que trato de repetir cada año aunque a veces, por diferentes razones, no pueda realizar pero manteniendo siempre el deseo de insistir en ello. Posiblemente es algo así como un reto personal, uno de esos retos que cada uno a su nivel se genera y de los que nos cuesta prescindir, a veces porque realmente nos enstusiasma y a veces simplemente porque nos sirve como un baremo de medición de fuerzas, de enfrentarnos al paso del tiempo y de calcular hasta cuando lo podemos resistir.

En mi caso eso ocurre en más de una disciplina, fundamentalmente en el tema del deporte, pero no solo en eso. Y hoy lo que me viene a la mente es lo del esquí, porque si yo no lo hubiera tomado desde el principio como algo interesante, creo que en mi primera incursión en la nieve ya habría desistido de repetir. Porque realmente mi primer viaje a la montaña para practicar el esquí, allá por el final de los años 60 del siglo pasado o inicio de los 70, (qué carroza que soy, dicho sea de paso…) fué decepcionante, y tal vez eso fué lo que me motivó a insistir hasta llegar al día de hoy.

Aquel primer acceso a la nieve fué con una excursión promovida por la OJE (los viejos sabrán de qué hablo, img_7945y aunque yo no tenía nada que ver con esa organización, pude añadirme a uno de los viajes que en Orense se planificaban para ir a Manzaneda). Recuerdo que me equipé con un pantalón de pana, embutido en su parte baja en calcetines gordos, unas botas de tipo militar, y un jersey grueso con algo tipo chubasquero en la parte externa. Los esquís nos los facilitaban los organizadores, esquís que hoy serían de museo, y que nunca llegué a utilizar. Bueno, pues debió estar tan mal elegido el día para la excursión que tras pasar Puebla de Trives e iniciar la ascensión a Manzaneda, por una carretera (si se le podía llamar así a aquel camino de tierra) cuyos bordes apenas se percibían por la nieve, el bus se salió de la calzada principal y quedó atascado en la cuneta. Nevaba de forma abundante y después de muchos intentos y de mucho tiempo de trabajo, entre todos los ocupantes del autobús conseguimos hacer que volviese al centro de la calzada, pero ya sin tiempo y sin posibilidades (por la hora y el mal tiempo) de seguir la ascensión, de forma que el conductor consiguió dar la vuelta e iniciar el regreso a Orense. Esa fué mi primera experiencia con la nieve, y aunque no esquié, tampoco deseché la ocasión de dejar constancia gráfica del momento.

Años después, cuando yo estaba en la «mili» (hoy estoy suena desfasado, claro está..), quise retomar la afición y para ello invertí o más bien me embarqué en la compra de dos juegos de esquís y tres pares de botas, para dos de mis hermanos (Berta y Rafa) y para mí. Los esquís eran un juego para mi y otro para compartir entre mis hermanos, que eran quienes me acompañaban a Manzaneda. Esa inversión la realicé pagando en cómodos plazos mensuales en la tienda de img_7948deportes que La Región (el diario orensano) tenía en la capital de las Burgas. Yo por aquel entonces trabajaba y podía atender esos pagos. También hay que señalar que por aquellas fechas Manzanedaimg_7946 era una zona habilitada mínimamente para el esquí, ya que no había instalación alguna (en una de las fotos puede verse como empezaba a montarse lo que sería luego la cafetería) y la forma de esquiar era echarse las tablas al hombro, subir la montaña hasta donde cada uno aguantase, y luego tirarse hacia abajo hasta llegar a zona llana donde fuese facil parar. Las excursiones las hacía los domingos, durante el invierno de 1973,img_7947 cuando estaba en la mili. Y en una de esas escapadas a Manzaneda conocí a un grupo de estudiantes de enfermería de la que salieron luego un buen grupo de amigas y amigos. Yo por entonces tenía el Mini que me permitía esos devaneos.

Tras la etapa de Manzaneda, ya estando en Madrid, tuve la ocasión de volver a practicar algunas veces en Navacerrada, allá por el año 74. Y creo que luego, hasta 1985 no volví a esquiar. Recuerdo haber adquirido unas botas preciosas para mi y para mi ex, con la idea de estrenarlas durante la Semana Santa en un viaje a Madrid. De camino hacia allá en el viaje de ida se veía la nieve2sierra completamente nieve3nevada pero un par de días después cuando subimos a Navacerrada la lluvia se había cargado la mayor parte de la nieve y las botas quedaron casi sin estrenar. Y luego, el nacimiento de David y las limitaciones que conlleva un niño pequeño (y seguramente muchas otras razones que ahora no viene al caso rememorar) hicieron que pasaran 10 años sin volver a repetir las experiencias del esquí.

Hasta que en 1995 programé un viaje a Baqueira, en la semana entre año nuevo y reyes, viaje al que se sumaron dos de mis hermanos con sus respectivas familias y en el que llevamos con nosotros a mi madre. Recuerdo que estuvimos en el Parador de Vielha y tanto los mayores como los peques disfrutamos de lo lindo. A partir de ahí las semanas de esquí se fueron haciendo más habituales cada año y en mayor o menor medida he venido manteniendo el deseo de tomar cada año una semana parabaqueira-slalom dedicarla a la nieve. En familia inicialmente, solo en algunas ocasiones como cuando conseguí mi medalla en la bajada posterior al último curso que hice, allá por el año 2008 en Baqueira, y acompañado por Ipi alguna vez en los últimos años, si bien las más recientes han sido con el grupo de esquí de Ponferrada que cada año hace una escapada a los Alpes en Semana Santa, o en viajes puntuales a alguna estación próxima con Rafa, con quien ya el año pasado hice la semana de esquí en Baqueira y que este año repetiremos en Andorra.

baqueira-podioPara mí, como dije al principio, es un reto en alguna medida. Primero porque ese contacto con la naturaleza es algo que me carga enormemente las pilas. Esas sensaciones de estar en lo alto de una montaña, con la vista de otras enormes montañas alrededor cubiertas de nieve, soplando el viento y sin otros ruidos que los propios del viento o del deslizarse de los esquís, es algo dificilmente igualable (solo estar navegando a vela en medio del mar es equiparable). Y en segundo lugar porque de alguna forma el reto es conmigo mismo, con mi capacidad de seguir un año más soportando o más bien consiguiendo que el cuerpo acepte el esfuerzo al que se le somete en cada descenso, en cada giro o en cada caida que, aunque pocas, también las hay.

De modo que en unos días, un año más, volveré a enfrentarme a ese reto, pero sabiendo que es una forma de disfrute muy singular para mí, que podré hacerlo con la gran compañía de mi amigo Rafa, y que tras las horas de pistas, de remontes, de descensos, de fotos increibles y de momentos especiales, también tendremos el relax de la piscina o la sauna y al final de la jornada unas cervezas, una buena cena y el descanso necesario para afrontar otro día de esquí.

Pero de momento, los preparativos. El viaje a partir del domingo y los esquís a partir del lunes…

Fiestuqui berciana

Asi, con ese nombre denominó mi querida Ipi a la celebración gastronómica que ayer tuvo lugar en su casa para, un año más,emanada poner sobre la mesa los productos típicos de su tierra, y de modo especial, el Botillo.

orejaJamón cocido con pimientos asadosjamonpitacum y Chicharrones aderezados con pimentón, sirvieron como introducción a la Empanada de Batallón característica y como «aperitivo» previo a la comida del botillo, adecuadamente acompañado de chorizos y de la rica verdura y patata que afortunadamente aligeran un poco la contundencia del plato fuerte.

botillo5Para regarlo, un buen Mencía de la zona (Pitacum), y para completar la mesa a los postres dos elaboradas tartas. La de manzana y la de castañas, en ambos casos con los ingredientes principales procedentes de las tierras bercianas. Tras el café e infusiones, también hubo sitio para degustar algunos chupitos y de modo más generalizado los «digestivos» que el amigo Rafa se ocupó de preparar con su habilidad ya contrastada en otras ocasiones.

tarta-castanastarta-manzanaLa compañía elegida para la celebraciónbotillo1 fué la de un grupo de buenos amigos que saben disfrutar del buen yantar y que ya conocian el evento de años anteriores. Paco, Charo, Otilia y Lino, Rafa y Elena se unieron a nosotros para la ocasión. Y como novedad, tanto en el grupo como en la cita gastronómica desconocida para ellos, nos acompañaron Nica y Fernando que también pudieron apreciar las habilidades culinarias de los botillo4anfitriones y de modo especial de la dueña de la casa y principal organizadora del evento.

La comida fué muy amena y agradable desde el inicio hasta bien entrada la tarde, ya que tras los postres se comentó sobre cultura, afinidades, rememoraciones de otros eventos, y de todo lo divino y humano. En fin, una jornada para el recuerdo de la quiero dejar aqui constancia para la posteridad.

Y prueba de todoello, son las imágenes que se acompañan, donde queda fe del menú y también de los comensales y el buen ambiente que existió.

Regresando de La Toscana – Mayo 2015

He localizado hoy, dadndo de alta una nueva entrada, este borrador de algo que escribí hace casi dos años. Aprovecho ahora para publicarlo.

Es curioso que pese al interés que tengo en venir aqui, cada vez me resulta más complicado disponer del tiempo necesario para escribir con calma, como me gusta, para transmitir no solo los sucesos sino más bien las sensaciones, los aspectos que hacen que la vida sea no monótona y rutinaria, sino viva, alegre y con sustancia.

Hoy quiero dedicarme a hablar del viaje que acabamos de realizar por la Toscana italiana, con un paso final por Timisoara, en Rumanía que, siendo en principio el «leit motiv» del viaje al final resultó ser solo una pasada por la ciudad para ver al hijo de Elena y Rafa y degustar algunos platos de aquel pais.

img_0951Fueron días agradables como no podía ser de otra forma, ya que la compatibilidad que Ipi y yo tenemos con Elena y Rafa hace que los ratos que pasamos juntos, ya sea en Coruña, en una playa, o en cualquier circunstancia sean siempre momentos de placidez, de disfrute de las buenas cosas que la vida nos presenta, y en esos momentos salen a relucir nuestras mejores habilidades, nuestra ironía y siempre el cariño mutuo que entre todos nos profesamos, naturalmente dentro del máximo respeto. Es una suerte contar con personas al lado como ellos con los que la vida se hace una balsa de aceite.

Y sobre el viaje en sí mismo, salimos de Coruña con la determinación de disfrutarlo pese a las negativas perspectivas en lo que al tiempo se refiere, ya que las previsiones anunciaban agua abundante durante los cuatro días que pasaríamos por la zona de la Toscana. Salimos hasta con paraguas de casa, algo que yo no recuerdo hacer antes en un viaje del que partes en avión. Y lo cierto es que lo utilizamos con holgura.

Tras una escala en Barcelona, antes de las 12 de la mañana del miércoles 20 estábamos en Bolonia, img_6210peleando con la gente del alquiler de coches para recoger el Volvo que nos reservaron. Y ya en la carretera, agua a reventar hasta llegar a Lucca, nuestra primera parada dentro del recorrido que entre Ipi y Elena habían preparado. Hay que reseñar que las chicas se lo curran de verdad y tanto Rafa como yo vamos «a mesa puesta» y celebramos siempre sus buenas elecciones. En esto, como dice alguno somos unos «mandilones» pero mandilones agradecidos. Lucca resultó ser una ciedad bonita, pero sin pasarse. Tuvimos la suerte de que tras la lluvia que soportamos en el trayecto por carretera, al llegar a destino lució el sol y no tuvimos necesidad de usar el paraguas. Como no todo sale bien al 100 %, nuestra primera elección para comer, siguiendo las recomendaciones del Tripadvisor, resultó fallida, ya que el restaurante elegido cerraba justo ese día. Así que nos quedamos en el contiguo, pero no por estar pegados se le pegó la calidad, ya que nuestras primeras pizzas italianas no son para recordar enmarcando el momento. Sin comer mal, no nos dejo un recuerdo imborrable, desde luego.

img_1340Una de las particularidades de este viaje era que salimos con un rumbo premeditado en cuanto al recorrido a realizar por la Toscana, pero sin reservas para dormir, confiando en nuestra buena estrella a la hora de llegar a los sitios donde nos apeteciera hacer noche y encontrar siempre una casa rural (Agriturismo o Bed and Breakfast en la jerga italiana para el caso). Y el resultado global ha sido excelente, si bien para la primera noche tuvimos más búsqueda que la inicialmente esperada. La primera elegida, preciosa, estaba completa. img_1282De allí nos enviaron a otra que habría sido encantadora si encontrásemos a los dueños, ya que estaba cerrada. Una tercera, aceptable en cuanto a la presentación resultaba excesivamente cara, y en este caso Ipi nos hizo tomar conciencia y rechazarla. Finalmente, tras unas cuantas vueltas encontramos un lugar apetecible, cómodo, bien situado y con precio ajustado. Lo malo fué que con los recorridos se nos hizo tarde y casi nos quedamos sin cenar. Afortunadamente llegamos al lugar adecuado en el momento justo y pudimos degustar una variedad de platos de buen nivel y con precios razonables en el centro de Volterra, a donde habíamos llegado tras pasar por Lucca, hacer un montón de fotos a la torre inclinada de Pisa, y continuar hasta el lugar donde nos alojamos.

Ala mañana siguiente pudimos disfrutar, también con sol y temperatura aceptable, de las callejas y plazas de Volterra, localidad que yo no conocía de mi anterior viaje, y que me gustó. Pueblo bien cuidado, con mucho turista y facil de caminar ya que no hay excesivas cuestas ni desniveles. Y de Volterra, a San Gimignano a donde llegamos con la idea de ver el mercado en el cual, según las guias, se comercializa el azafrán, producto de la zona.  Pero el mercado resultó ser un mercadillo ambulante que copaba las plazas principales de la localidad, con lo cual nos impedía ver los maravillosos edificios, plazas y callejas. Hubimos de conformarnos inicialmente con un pequeño recorrido por la zona más alejada del centro, y aprovechar para comer hasta que terminase la hora del mercadillo.  Por suerte, el agua también aqui nos respetó y tras la comida pudimos verificar lo especial de este lugar, hacer fotos en cantidad y, como no, tomar un helado de los más nombrados en las guias en la «gelatería» más significada del lugar. Y como el destino final para esa jornada era Siena, antes de llegar alli hicimos una img_1087pasada por Montalcino, otro lugar recomendado. Y para hacer noche, ya con la experiencia acumulada del día anterior, comenzamos la búsqueda más temprano a medida que nos íbamos aproximando a Siena. No fué posible en el primer lugar elegido, que estaba semicompleto (y los dueños no tenían ganas de ponerse a preparar otras nuevas habitaciones), pero en el segundo intento acertamos, y además muy bien, a escasos kilómetros de Siena y en un entorno precioso, con unas habitaciones también muy buenas y precio asequible. img_6413Para que la jornada fuese completa, tras la cena en un bonito restaurante, hicimos una incursión en la Piazza del Campo, y al querer regresar a buscar el coche nos falló el «gps» (léase la orientación de Rafa y la mía) y anduvimos en sentido contrario durante bastante rato hasta que un bondadoso italiano que nos vió cara de pardillos despistados nos orientó adecuadamente, teniendo que desandar más de un kilómetro para llegar al coche, y previa parada a desaguar de una de las chicas que entre el cachondeo y lo larga de la jornada, no llegaba indemne a la habitación. Fué otra anécdota de esa larga jornada.

El tercer día amaneció lloviendo en cantidad, cumpliendose las previsiones, y la visita matinal a la catedral de Siena (Il Duomo) y a la Piazza del Campo estuvieron pasadas por agua. Con lo cual tomamos rumbo a la comarca del Chianti, para visitar Greve, Radda y Castellina,img_1125 localidades de la zona donde se cultivan los vinos tal vez mas conocidos de Italia y de forma especial de la Toscana. Son pueblos interesantes, con algunas particularidades, muy cuidados y que mereció la pena visitar. Continuamos la marcha hasta Montepulciano, un sitio precioso pero con unos desniveles muy considerables que hubimos de salvar para llegar hasta la plaza principal del lugar, en todo lo alto y con unas excelentes vistas sobre los valles circundantes. Hay que reseñar que todo el recorrido por la Toscana ha sido de una belleza singular, con lugares muy cuidados, construcciones bien mantenidas y hermosos campos, muchos cipreses, y que en todo momento te hacen quedar con ganas de más recorrido, de más tiempo para disfrutar de toda esa belleza y a ser posible, también con tiempo más soleado y agradable en cuanto a la temperatura. Y en la línea de los días anteriores, antes de partir hasta el punto donde preveíamos dormir (Cortona), hicimos una parada en un bar donde un amable camarero en animada charla, nos evitó el recorrido de búsqueda de agriturismo, ya que allí mismo, a través de la familia de un amigo, concretamos el alojamiento, a medio camino entre Montepulciano y Cortona. Y como bajo el bar había una bodega-restaurante, allí mismo degustamos una exquisita cena antes de terminar durmiendo en Labendita, que asi se llamaba la casa rural. Preciosa, por cierto, y con una posadera muy agradable, que nos dió pistas sobre lo mas interesante a visitar en la siguiente jornada.

img_6352Y asi llegamos a la cuarta y última jornada italiana, visitando Cortona tras el desayuno. Es un pueblo con enormes desniveles, que visitamos y recorrimos pese a la abundante lluvia, puesto que al igual que en la jornada anterior, llovió con insistencia durante casi toda la jornada. En Cortona también había mercadillo, pero más concentrado en una de las plazas por lo que pudimos visitar un montón de iglesias, incluida la catedral, antes de continuar viaje hasta Arezzo, a donde llegamos justo para comer. En este caso la comida fué la mejor de todo el recorrido. En plena Piazza Grande, en unos soportales y al aire libre, degustamos un montón de exquisiteces, rematadas por unos postres deliciosos y en un ambiente de lo más relajado y distendido, pese a que inicialmente el maître parecía un tanto seco. Nos obsequiaron con variado surtido de aperitivos y dulces al postre. Y terminada la comida, ya sin lluvia, pudimos recorrer la ciudad con relativa calma ya que sería nuestro último paseo antes de tomar el avión en Bolonia para llegar a dormir a Timisoara.

En conjunto el viaje toscano ha sido encantador, corto en cuanto al tiempo ya que para ver las cosas con un poco más de calma hace falta cuando menos una semana. En el alojamiento de la primera noche coincidimos con tres personas de Valencia que tenían aquel lugar como base y durante una semana se estaban moviendo por toda la Toscana, y estaban encantados de lo que descubrían cada día.

img_6409Ya en Timisoara, os limitamos a un pequeño recorrido por la ciudad con Nano, el hijo mayorimg_6420 de Elena y Rafa que está de Erasmus, disfrutando de lo lindo, viajando por buena parte de Europa, y con unas perspectivas inmejorables de cara a los resultados académicos. En resúmen, un «chollo». Hicimos la comida en uno de los buenos restaurantes de la ciudad, al aire libre (la temperatura era buena, aunque luego llovió y relampagueó de lolindo), comida que fué lentísima ya que entre los primros y segundos platos transcurrió mas de una hora. Con un pequeño descanso en el hotel, conocimos a la novia de Nano (Andrea, que comparte Erasmus también alli, aunque es santiaguesa), y terminamos la jornada cenando en un restaurante italiano muy bonito que finalmente no dió la talla en la calidad de la comida, aunque tal vez veníamos muy influenciados por las excelentes comidas que pudimos degustar como norma en Italia.

Retomando el blog

 

La verdad es que me da por épocas, y por desgracia la falta de continuidad hace que lo que aquí escribo se vaya quedando un poco (o más bien un mucho) deslavazado… ya que vienen a ser ideas sueltas, recuerdos dispersos y en definitiva como si se tratase de diferentes personas y no de un único escritor.

He visto que mi última incursión data de mayo de 2015, es decir que han transcurrido ya 20 meses en los que naturalmente han ocurrido muchas cosas que tampoco en un momento se pueden resumir. Lo que sí es cierto es que estoy completamente decidido a que de esta vez la cosa vaya un poco más en serio y pueda tener esa continuidad en la que desde el inicio pensaba y que no he llegado a desarrollar.

Para este año además tengo algunos proyectos que encajan perfectamente con la idea de ir volcando cosas que me servirán a mi en un futuro como recordatorio de determinados momentos, y también para quienes puedan y quieran seguirme. Uno de esos eventos es mi proyecto de volver a recorrer el Camino de Santiago, desde Saint Jean hasta Compostela, pero todo de un tirón, es decir en torno a un mes de recorrido. Si todo se desarrolla según mi idea, eso será para abril-mayo.

_moa1615-blogAprovecho esta entrada de hoy para colgar algunas fotos que me dejan recuerdos del año 2016, que ha pasado en blanco por aquí, pero que naturalmente ha tenido muchos momentos para recordar, como pueden ser los viajes a Marraketch en febrero, a Londres en septiembre, y los realizados por España con motivo de la asistencia a tres bodas, en Oviedo, Barcelona y Valencia, solo por mencionar algunos. También naturalmente la excursión a Baqueira con mi buen amigo Rafa._moa1635-blog _mg_8519_mg_8395

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Empieza Mayo

Tras un lluvioso mes de abril, ha llegado mayo con buen tiempo. Un tiempo primaveral que ha dado pié a solucionar algunos de los problemas de exterior (cortar la hierba, eliminar trastos del garaje, reparar desperfectos del invierno, etc, etc,) e incluso a dar una buena apariencia al jardín, preparar la huerta de cara a una esperada buena cosecha de lechugas, tomates, pimientos y puerros para los próximos meses.

Y dentro de toda esa actividad, la vida normal, dentro de la que como novedoso cabe destacar mi primera experiencia en la escena de un teatro, como actor casual en una obra dentro de las VIII Jornadas sobre la Inclusión Social y la Educación en las Artes Escénicas, que este año tocó celebrar en A Coruña. A raiz de una invitación-convocatoria del Forum, me apunté junto a otros dos espontáneos como yo, y con la dirección de Claudia Faci y la colaboración de Rolando García montamos un espectáculo escénico que para mi ha sido una experiencia inolvidable, a la que además asistieron mis personas más próximas y mi grupo de amigos.

Además de la intervención de cada uno de los tres «actores noveles», que consistió en contar una historia, se llenó el escenario de movimientos, música, sonido en off de nuestras presentaciones el primer día de ensayos, y un cierre «desordenado», para dar vida y alegría al espectáculo. En definitiva, una experiencia que me quedará para el recuerdo, y con el agradecimiento a Claudia, Rolando y Eva (la coordinadora de las jornadas que colaboró con nosotros en los inicios) y que nos ha facilitado el video de la actuación y fotos de ensayos y espectáculo.

Y fuera de avatares  personales el final del mes de abril y comienzo de mayo nos ha traido en la esfera política el esperado descalabro de la legislatura fallida, en la que los próceres elegidos el 20 de diciembre no han sabido ni han sido capaces de aunar algún tipo de consenso para arrancar este tiempo que se presumía de cambio y que finalmente va a resultar ser más de los mismo, cuando volvamos a votar el próximo 26 de junio.

 

 

 

 

 

Cambio de hora

Hoy es último sábado de marzo, concretamente 26 de marzo de 2016, y como viene siendo habitual en los últimos casi 50 años, se producirá el cambio de hora. Cambio que no sé si realmente genera los importantes «efectos positivos» por los que en teoría se instauró, en un momento de problemas energéticos y similares.

Hace unos meses un antiguo compañero de trabajo y buen amigo, me invitó a sumarme a una propuesta para eliminar estos cambios de hora, a lo que accedí, y aunque hubo un apoyo mayoritario, lo que se pretendía era hacer llegar una voz a quien corresponda para que nuestro horario se adapte más a la realidad solar que a las conveniencias políticas y económicas de la Unión Europea. Es realmente un contrasentido que por esos intereses se trastoque de alguna forma el ritmo de vida de las personas, y nuestros políticos no sean capaces o no tengan la decisión para atender más a las necesidades de los ciudadanos que a sus intereses partidistas. Claro que no es de extrañar, si analizamos el devenir de los recién elegidos que en más de tres meses desde las elecciones no han sido capaces de encontrar una fórmula para que el pais salga del impasse en que nos metieron los resultados.

Pero volviendo al tema de la hora, es de resaltar que en Galicia, desde donde se escriben estas líneas, tenemos una diferencia «real» solar con Barcelona, de aproximadamente 45 minutos. Que Portugal, que está en la misma señal meridiana que nosotros, funciona con la hora Greenwich, la misma que el Reino Unido, y que puesto que sale a colación lo de Greenwich, hay que recordar que ese meridiano pasa también por España, concretamente entre otros lugares por la provincia de Zaragoza, entre esta ciudad y Barcelona. Por qué razón entonces se empeñan en mantenernos en la hora actual?

Y como este lugar pretende comentar, además de la actualidad, las historias que puedan estar concatenadas con esa actualidad, me viene a la memoria un viaje realizado hace muchos años, concretamente en 1974 y tal día como mañana, es decir el mismo día del cambio de la hora, entre Ourense y Madrid. Por aquel entonces yo vivía en Madrid y tenía mi familia en Ourense, y había venido a pasar unos días con la familia (supongo que debía ser también, igual que ahora, la Semana Santa). Al regresar a Madrid aproveché para llevar conmigo a mi amigo Julio que estaba temporalmente en la capital realizando un curso de trabajo, y a otro amigo suyo que también poco antes se había trasladado a Madrid por trabajo.

Para aprovechar la jornada con las amigas, esperamos a la noche para iniciar el viaje, y salimos de Ourense sobre las 10 de la noche. Circulábamos en mi coche, un Mini 1000 que yo tenía desde hacía dos años y con el que estaba encantado. El viaje se fué desarrollando con normalidad hasta que después de los puertos de Padornelo y La Canda (no había autovía por aquel entonces, claro está), el embrague empezó a dar muestras de debilidad y en las subidas el coche perdía velocidad.Mini-1972 Y asi cada vez más, hasta que llegados a una cuesta bastante prolongada, la fuerza que perdía el coche era tal que los dos acompañantes hubieron de bajarse y hacer la subida caminando o semi corriendo al lado, mientras yo dificilmente conseguía en primera o segunda marcha que el coche llegase a lo alto de la cuesta. De allí en adelante, ya todos en el coche conseguimos llegar hasta Arévalo, donde el amigo de Julio dijo que se bajaba para conseguir llegar en tren a Madrid a tiempo para ir a la oficina, mientras Julio y yo continuamos hasta donde el coche dijo que ya no daba para más, que resultó ser un lugar llamado Labajos, a 100 kms. de Madrid. Debían de ser sobre las 7 de la mañana, y como todo estaba cerrado esperamos a que abriese un taller mecánico que había en el pueblo. Allí me hicieron una reparación urgente (me destensaron el embrague, por lo visto) y gracias a ello conseguimos llegar a Madrid sobre las 12 ó 1 del mediodía, habiendo previamente telefoneado desde el pueblo para avisar yo en mi trabajo de las incidencias.

Cada vez que hago ahora un viaje a Madrid por carretera recuerdo perfectamente la cuesta donde mis acompañantes tuvieron que bajarse del coche y hacer la subida a pié. Y supongo que a ellos tampoco se les habrá podido olvidar ese momento. Hace ahora de todo esto nada menos de 42 años…. toda una vida.