Arthez-de-Bearn – Navarrenx

Esta pasada noche llovió bastante, y las previsiones iniciales para hoy eran también de lluvia hasta media mañana. Nos levantamos temprano, poco antes de las 7 y recogimos rápido, porque además el desayuno no sería en la tienda. Así que dejamos las mochilas en la puerta para cuando pasaran a recogerlas, nos lanzamos a subir la empinada cuesta desde el camping hasta el centro de Arthez, para ir a desayunar a la Boulangerie que descubrimos ayer.

Hicimos un desayuno completito, muy en la línea francesa, con croissants, tostadas, etc. Faltó la fruta, que por aquí no nos ponen en ningun sitio, y que apenas habíamos podido comprar tampoco.

El arranque de la caminata de hoy se hizo allí, donde desayunamos, y por tanto la foto inicial está realizada en la panadería, donde nos atendieron dos amables chiquitas.

La salida de Arthez es similar a la entrada. Se circula por una calle larga, con casas a los lados pero sin nada más detrás, es decir que la impresión que tuve ayer al entrar de que la ciudad se compone de unas cuantas calles que confluyen en el centro y poco más tras ellas.

Ya fuera del pueblo volvemos a lo de días pasados, es decir, plantaciones de maíz y campos con ganado, y bastantes arboledas, si bien en esta ocasión a causa de la lluvia nocturna y de la que a ratos sigue cayendo, el suelo está mojado y en ocasiones encharcado, porque aunque la mayor parte del tiempo vamos por carretera, en los tramos de tierra aparecen charcos.

Cuando llevamos ya alrededor de 7 kms de marcha, pasamos por Argagnon, un pueblo con algunas construcciones interesantes.

Sigue el trayecto a través de maizales que cada vez comparten mas espacio con las plantaciones de soja. El camino es bastante llano, y con bajadas no muy pronunciadas. Un poco más adelante se cruza la carretera, donde hay obras en un puente sobre el rio y en otra parte sobre la vía férrea.

Poco después llegamos a Maslacq. Hemos visto estos días en algunos pueblos que los carteles anunciadores del lugar están puestos boca abajo. Parece ser que se trata de la protesta de los agricultores por los recortes que la Unión Europea está haciendo sobre la PAC (Política agraria común). En este caso, se ve en la foto.

Maslacq es un pueblo relativamente grande, con algunos edificios muy vistosos y uno especial, el Chateau, que está cerrado y bastante deteriorado. Tiene mucha historia, y sería un lugar excepcional para hacer una fuerte inversión y ponerlo en funcionamiento como hotel con encanto y con lujo.

Pasado Maslacq vamos ya en dirección a Sauvelade, el lugar donde inicialmente pensábamos cortar la etapa pero que al no encontrar alojamiento disponible, nos obligó a ir hasta Navarrenx. A partir de Maslacq el terreno que iba siendo llano, tiene un par de subidas muy pronunciadas subiendo en cortos espacios de menos de 500 metros un desnivel de casi 100 metros. En el primero de ellos, que se hace a través de un sendero, hay que hacer varias paradas para recuperar “presencia de ánimo” porque se multiplican las pulsaciones. Previamente hemos superado a otra peregrina, una francesa que viene haciendo el mismo recorrido.

Tras la subida, una bajada tambien importante, pero menos pronunciada hasta que algo mas adelante se llega a la segunda subida de la jornada aparentemente mas dura, pero que se hace mas llevadera porque no es tan brusca la ascensión. En ese tramo nos topamos con un burro, un campo con vacas, y plantaciones de soja entre las que aparecen algunos girasoles.

Y de pronto aparece el lugar que veníamos esperando para hacer una parada a recuperar energía y meter algo al cuerpo. Unos lugareños han plantado delante de su casa un banco con la inscripción “Une pause.. sur le Chemin”, Y como nos llega en el momento más adecuado, hacemos allí la parada del recorrido intermedio, tomando algo de las provisiones que nos habían sobrado en la cena de la noche anterior.

Continúa el camino hacia Sauvelade por unos estrechos senderos, muy atractivos, pasando luego a la carretera, que nos lleva hasta un alto para luego bajar de forma brusca hasta la Abadía de Sauvelade, que está a un par de kilómetros del pueblo.

Aquí, a causa de que yo me había quedado retrasado un rato a la espera de una llamada importante, se nos produce un malentendido entre las chicas, que iban por delante, y yo. Ocurrió que al bajar la cuesta, ví que a la derecha salía un sendero que indicaba ser el camino a la abadía, que yo sabía que querían visitar, y como no sabía donde estaban ellas, las llamé y me dijeron que estaban llegando a esa abadía, que ellas habían visto un cartel que indicaba que se llegaba en 10 minutos, y se estaban acercando. Por esa razón, yo me introduje en el sendero que vi y allí decía que a la abadía en cuestión se llegaba en 30 minutos, porque estaba a más de 3 km de distancia. Total, que me metí al sendero, que me hizo dar más vueltas que a una peonza, para llegar al mismo sitio que ellas habían llegado por la propia carretera, de la que yo no habría tenido motivo para desviarme.

Finalmente llegué a la llamada Abbaye de Sauvelade, al mismo tiempo que la francesa que venía bastante atrás y que no tuvo que pegarse el paseo de casi 4 km de más que hube de caminar yo, por senderos no muy transitables.

Y como se hacía tarde y nos quedaba bastante por recorrer hasta nuestro final de etapa, séguimos ya sin pausa hasta Navarrenx, donde queríamos comer.

No conseguimos llegar al restaurante con la cocina abierta, pero nos prepararon unas fuentes con embutidos, paté de campagne y guindillas (pizarras) que estaban muy bien, y que nos supieron a gloria.

Terminada la medio comida, vinimos ya hacia el alojamiento que en esta ocasión ha sido Le Cri de la Girafe, que está bastante bien, gestionado por una pareja compuesta por un francés y una valenciana.

Una vez instalados y recuperados de la marcha, con ducha incluida y un breve descanso, salimos a conocer Navarrenx que ha resultado ser el mejor de cuantos lugares hemos tenido como final de etapa.

Es un lugar con movimiento, con diferentes bares y restaurantes, y en el que hay más cosas que ver que en la mayoría de lugares similares.

Tiene una muralla que rodea la población, en muy buen estado de conservación, y otra serie de edificaciones interesantes. Además hemos visto gente en las terrazas de los bares y cervecerías, a diferencia de lo que ocurría en otras poblaciones por las que hemos pasado.

Y finalizado el paseo por Navarrenx, todavía tuvimos tiempo de hacer un alto en una terraza para tomar unos refrescos, antes de regresar al alojamiento, previo paso por el Carrefour que está de camino para comprar algo de fruta para el recorrido de mañana.

Lo que nos han servido nuestros hospitaleros, para cenar ha estado muy bien. Una crema para empezar, seguida de de plato que contenía un trozo de pescado, calabacín a la plancha y arroz muy bien preparado y condimentado. Como postre, una tarta de manzana y limón.

En la cena conocimos al resto de peregrinos aqui alojados, siendo todos ellos de Francia, si bien el que teníamos frente a nosotros era un abulense que lleva muchos años en este país, casado con una francesa. Hicimos migas con todos, aunque la charla principal la tuvimos con nuestro paisano.

A diferencia de días anteriores, en este alojamiento tenían el detalle de ofrecer servicio de lavadora y secado. Nos pidieron que dejásemos la ropa del día y que ellos se ocupaban del lavado y secado. Así lo hicimos, si bien además de la ropa de hoy incluimos lo su teníamos de días anteriores. Ese detalle no pasó desapercibidos y así lo señalaron los hospitaleros, a lo que tuvimos que pedir disculpas indicando que ayer estuvimos en un camping donde no teníamos forma de lavar la ropa.

En total, han sido un montón de kilómetros pero hemos llegado bien.

Fichous – Arthez-de-Bearn

Como cada día, nos pusimos en pie sobre las 7 de la mañana, tratando de organizarnos lo antes posible para estar arrancando cuanto antes. Sin embargo, y dado que hoy nos tuvimos que reorganizar el desayuno (ayer nos trajeron las cosas, pero hoy había que tostar el pan, calentar leche y café, recoger, etc.) y otros días eso lo hacen los hospitaleros o los dueños de la casa, como ocurrió ayer.

En cualquier caso, aun no eran las 8,30 de la mañana cuando hicimos la foto saliendo de la cabaña, y afrontando la subida hasta la carretera. Estaba un día claro, no soleado, pero con mayor visibilidad a lo lejos que ayer. De hecho en la primer de las fotos que hice se veían ya con mayor nitidez que ayer las cumbres de los Pirineos.

El recorrido de hoy se hizo mayoritariamente por asfalto, aunque en carreteras con poco tráfico. No obstante, también hubo algunos tramos por senderos, que en algunos casos estaban algo resbaladizos por la lluvia del día anterior.

El paisaje sigue siendo el habitual, con mayoría de maizales, aunque aparecen cada vez más la soja, y en algunos casos las patatas. Y también se van incrementando las zonas de pasto de animales, vacas en su mayoría. Hoy, en cambio, no hemos visto ocas, y sí una garza real en un prado.

Poco después del inicio de la marcha pasamos por Larreule, un pueblo pequeño sin nada que señalar, aunque hay que decir que tanto ahí como en otros pueblos que hemos atravesado hoy se siguen viendo multitud de enormes caseríos, y en casi todos ellos hay adosada otra gran construcción para guardar aperos de labranza y animales en algunos casos.

Un poco más adelante, dejamos de lado Uzan, con su iglesia también dedicada a Sainte Quiteria, la misma que perdió su cabeza para no perder la virginidad, de la que ya comentamos en la salida de Aire sur L’Adour, y atravesamos Géus d’Arzacq, un pueblo con casas mas modernas, la mayoría de ellas con piscina, por lo que imagino que se trata de gente más joven e incluso que son segundas residencias. En esta localidad estaban en obras, supuestamente instalando una traída de aguas o de alcantarillado.

También hay que señalar que hemos visto hoy muchas pancartas en los exteriores de las viviendas diciendo NO a la instalación de una planta de generación de metano, a partir de desechos orgánicos que, por lo visto pretenden ubicar en Pomps, otro de los pueblos por los que pasamos, y además en las cercanías del colegio.

Y aunque el trayecto de hoy fue mayoritariamente llano, tras un primer descenso al poco de salir, un rato más adelante nos topamos con una subida en la que, en poco más de 300 metros se ascendía un desnivel de casi 100, que nos ponía en guardia. Luego, el descenso se hacía por senderos, pero no con tanta pendiente. Y lo mismo volvió a ocurrir cerca del final de etapa, ya que la entrada a Castillón es con un ascenso similar, y un descenso posterior también parecido al inicial.

Hicimos una parada de reposición después de haber recorrido las dos terceras partes de la etapa. Aunque lo normal es hacerlo a mitad del trayecto, hoy lo retrasamos pensando en que al ser una etapa más larga, llegaríamos mas cansados al final. He de señalar que hubo un rato en el que empezó a llover, y las chicas que son muy previsoras, se armaron de capas y chubasqueros, mientras yo me quedé a esperara que la cosa pasara, porque no parecía lluvia muy duradera y al final acerté, con lo que tuvieron que volver a retirar las ropas de agua.

Cerca ya de Arthez, pasamos junto a la capilla de Caubin, que data de la edad media, en la época de las cruzadas. Estaba cerrada y solamente pudimos hacer algunas fotos desde el exterior.

La entrada en Arthez se hizo larga, ya que el pueblo, que parece grande, en realidad está construido todo a lo largo de la carretera de acceso, por lo cual desde que aparece el letrero de entrada hasta el centro, hay 2 kilómetros. En ese recorrido por la entrada del pueblo, vimos en una finca a un grupo de cabras muy relajadas. Y como cuando llegamos al centro era más de las 13,30 horas, buscamos un lugar donde comer antes de ir al alojamiento.

Creo que solo había en ese momento un restaurante donde poder comer, y tuvimos suerte porque nos atendieron muy bien y comimos de forma muy satisfactoria. Nos llamó la atención el espléndido trabajo de la dueña, que siendo ella sola, atendía las mesas, había preparado la comida, y lo hacía todo con una naturalidad y buen resultado que parecía difícil.

Terminada la comida bajamos (y digo bajamos porque desde el centro del pueblo hasta nuestro alojamiento hay un importante desnivel), hasta el camping L’Oree du Bois, único lugar en el que habíamos conseguido reserva en este final de etapa. Nos alojamos en la cabaña numero 6 del camping, aceptable pero sin nada espectacular. Tras un primer choque en la recepción, al final la persona que la atendía era un portugués y Amalia supo tratar con él dándole “jabón” y nos trató bien.

Cuando quisimos saber donde podríamos cenar (aquí en el camping no hay servicio de cafetería, bar, ni restauración), entendimos que iba a ser difícil encontrar algún lugar apropiado arriba, en el pueblo. Y entonces, ya decididos a comprar algo para cenar en la cabaña, nos dijeron que el único lugar disponible para abastecimiento alimenticio era un Carrefour situado a 2 kms del pueblo. Y como no tenemos coche, habría que ir andando.

Así pues, nos decidimos a afrontar el problema, nos lanzamos a subir al pueblo y tuvimos la suerte de que la boulangeríe (la panadería) estaba abierta, y allí pudimos apañar algunas cosas para la cena. Y no solo eso, sino que supimos que mañana abren a las 7,30 de la mañana, con lo que podremos subir allí a desayunar antes de iniciar la marcha. Con todo, y sin haber ido al Carrefour, simplemente con la subida al pueblo y regreso al camping, fueron mas de 2,3 kms.

Así pues, resumiendo, hoy nos hemos hecho en torno a 23 kms, entre el recorrido de la etapa y el movimiento por Arthez de Bearn. Una paliza, pero lo hemos llevado bien, así que ahora a dormir porque mañana toca otra etapa larga.

A todo esto, gracias a mis lectores, que me animan a seguir contando nuestras vivencias en estos días. Y entre esos lectores, un recuerdo para mi cuñado Ramón, uno de los mas asiduos.

Arzacq-Arraziguet – Fichous

La etapa prevista para hoy era un apaño parcial de otra mayor, en torno a 15 kms, que hubo que reducir en base a que no encontramos alojamiento en esa distancia, en ninguna población del entorno. Y por ese motivo la idea era recorrer 10 kms, dejando para mañana una etapa de 20 kms,

Hay que señalar que durante la noche anterior llovió con ganas, en plan tormenta, por lo cual hoy nos íbamos a encontrar los caminos en bastante mal estado. Como cada día, antes de las 8 de la mañana estábamos ya listos para partir, después de haber desayunado y con las mochilas listas para el transportista.

Y como nos dijeron que en Fichous no habría ningún sitio para comprar y ni siquiera para comer o tomar un café, antes de salir pasamos por Carrefour para comprar algo de fruta. Finalmente, en torno a las 9 nos pusimos en marcha. A la salida de Arzacq se baja hasta un lago-embalse muy próximo y que hay que rodear para continuar. En el entorno del lago vimos a varias personas buscando setas, imagino que esperando encontrar las primeras de la temporada, generadas con las lluvias recientes.

A partir del lago comienza la ascensión por un sendero estrecho en bastante mal estado por la lluvia de la noche, lo que nos obliga a armar los bastones para evitar resbalones, ya que además el terreno es por allí muy arcilloso y con piedras.

Pasado ese primer tramo, volvemos a las plantaciones de maíz y empiezan a aparecer otras granjas con plantaciones diversas. Nos llama la atención un gallo muy ufano verificando su territorio, y grandes extensiones de prados con ganado vacuno, todo ello mientras afrontamos largas subidas, a veces por senderos y a veces por carreteras locales.

Un poco más adelante pasamos por Labalette, un lugar en el que ha sido colocado un mojón que indica que quienes vienen desde Le Puy en Velay (caso de Dora y Amalia), llevan recorridos ya 614 km y que “solo” les faltan 908 km para llegar a Compostela.

Continuando nuestra ruta se pasa por el pueblo de Louvigny, donde hay una granja con un antiguo molino, y en la que parece que están con preparaciones para algún evento. En otra de las numerosas subidas, Amalia y Teresa hacen buenas migas con un grupo de ocas que están en una finca. La visión de las ocas se repetirá en varias ocasiones a lo largo del recorrido porque se ve que son habituales por estos contornos.

Y así, subiendo y bajando, repitiendo en numerosas ocasiones senderos en mal estado por las lluvias de esta última noche, llegamos al pueblo de Fichous, con la sorpresa de que justo a la entrada hay un café con el que no contábamos, llamado A mi Chemin, donde decidimos parar para tomar un café y unos trozos de tarta de manzana.

Desde allí nos dirigimos luego a buscar el alojamiento de nuestra reserva, llamado Le Lodge de Pilotis, que según Google-Maps está como un kilometro mas adelante. Cuando llegamos al punto señalado, resulta que no aparece ese nombre, y en cambio hay unas instalaciones llamadas Bien-Hêtre, que nos inducen a dudas. Después de varias llamadas telefónicas nos acercamos al lugar y verificamos que es el mismo, porque ya nuestras mochilas están allí depositadas.

A todo esto, llevamos ya recorridos 12 kms, porque a los 10 que marca la aplicación hay que añadir algo más de 2 kms, que habíamos andado cuando me dí cuenta de que no había conectado la App al salir de nuestro alojamiento de ayer.

Y en vista de que en Fichous no hay nada que ver en particular, y que según las informaciones recogidas por Mayi para nuestro recorrido hay un pueblo cerca del recorrido de mañana considerado uno de los mas bonitos de Francia, y teniendo en cuenta de que en la próxima jornada no podemos hacer desviaciones, decidimos gestionar la forma de llegar a Morlanne, que así se llama el pueblo en el que hay un castillo y todas las construcciones muy bien cuidadas.

Para llegar allí, situado a unos 10 kms de Fichous, conseguimos localizar un taxi que podría recogernos en algo más de una hora, tiempo que aprovechamos para volver andando hasta A mi Chemin, el local de los argentinos donde estuvimos al llegar. Como están a punto de cerrar, conseguimos que nos preparen una pizza, que nos servirá de comida.

Finalmente llega el taxi y nos lleva a Morlanne, que realmente vale la pena ver. En particular el castillo, donde hacemos un amplio recorrido por todas sus salas y plantas. Desde lo alto de la Torre se intuyen los Pirineos, ya que como el día no está perfectamente claro, se percibe el perfil de los montes.

En el pueblo vemos también la iglesia y el conjunto de sus edificios, muy cuidados, especialmente en la calle principal, la “Carrera de Chateau”.

Al terminar la visita, y antes de llamar a otro taxi que nos traiga de regreso, Amalia sugiere ir andando hasta Pomps, el pueblo por el que pasa el Camino y por donde nosotros pasaremos mañana. Así que, aceptada la propuesta, nos aventuramos por nuevos senderos, el primero de ellos muy estrecho, con bastante inclinación, y además moviéndonos sin bastones, que han quedado en la cabaña. Nos apañamos “a medias” cogiendo algún palo que nos haga de bastón, porque realmente el terreno está muy resbaladizo. Y así, tras andar otros 3 kms llegamos a Pomps, donde de forma casual nos encontramos con un taxi que está dejando a una persona, y le proponemos que nos traiga a nuestra cabaña, donde llegamos cerca de las 6 de la tarde, con el tiempo necesario para ducharnos y asearnos para la cena, que nos servirán en la propia cabaña a las 7 de la tarde.

La cena fue bastante sencilla. Una especie de plato combinado, conteniendo un pequeño bol con algo parecido a unas lentejas (que no supimos realmente lo que era), una pequeña ensalada, algo con forma de pequeña tortilla pero que nos hizo recordar a los “pérsicos” portugueses, y una pequeña ensalada trozo de quitche a base de verduras. Como no había postre, para completar la cena cogimos el queso que nos vino para el desayuno de mañana.

En fin, una jornada que sobre la marcha se fue haciendo, y que nos ha llevado a caminar más de 15 kms, aunque la hemos llevado con alegría y normalidad. Y ahora toca descansar, que mañana no hay quien nos libere de los 20 kms que restan hasta Arthez-le-Bearn.

Miramont-Sensacq – Arzacq-Arraziguet

Como puede deducirse fácilmente, la etapa de hoy ya transcurre por el país Vasco-Francés. Es una etapa resultante de la división en dos de la original, de la cual hicimos ayer mas o menos la mitad y hoy tocó la segunda parte.

La mañana comenzó sobre las 7, horas en la que nos pusimos en pie para, después de los primeros retoques pasar al comedor para desayunar. Había buen ambiente y todo el mundo con ganas de ponerse en marcha.

Nosotros lo hicimos algo después de las 8, tras la foto de rigor fuera del albergue, que nos hizo Gerard, igual que ayer. Arrancamos carretera adelante, sin recordar los comentarios de Isabelle, la hospitalera del albergue anterior, que nos había comentado sobre la posibilidad de elegir dos caminos diferentes, uno de ellos mas corto que el otro, para ir de Miramont a Sensacq. Como teníamos la idea de que la elección se haría ya iniciada la marcha y no fue así, porque había que haberlo decidido desde el propio albergue, resultó que nos metimos por el camino largo, y cuando nos dimos cuenta ya llebábamos caminado 1 kms y por tanto no valía la pena volver atrás.

Se camina al principio por la carretera principal de salida del pueblo, para pasar algo después a otra de menor entidad y por tanto menos tráfico.

El camino es en parte una continuación de lo ya visto en la etapa anterior. Maizales a ambos lados de la carretera, si bien nos sorprendió encontrar un poco mas adelante un cuantioso número de ocas en un prado, que debían pertenecer a una granja que se anunciaba allí como “Ferme de Foie Gras”.

En los primeros kilómetros la ruta era llana, pero algo mas adelante se deja la carretera para entrar en caminos locales, ya con cuestas y a continuación pasar a senderos estrechos, muy atractivos en días de sol y calor, pero que hoy no eran tan interesantes debido a que había llovido durante la noche y amenazaba lluvia, con lo que también las temperaturas habían bajado de 28 a 18 grados de ayer a hoy en las mismas horas.

Poco antes de llegar a Sensacq pasamos junto a una iglesia de orígen románico (siglos XI y XII) aunque con reformas posteriores a finales de los siglos XVIII y XIX.

La iglesia no es nada espectacular, y al igual que la mayoría de las que nos estamos encontrando en los recorridos, están faltas de mantenimiento, imagino que debido a la ausencia de fondos estatales. En esta iglesia hay un interesante cementerio que la rodea.

El paisaje pasa a ser más rústico, con grandes prados, arboledas y bastante ganado pastando, especialmente vacas y algunos caballos, además de las citadas ocas, que mas adelante volvieron a repetirse en otro prado.

Cuando se van a cumplir los 10 kms de marcha, pasamos por Pimbo, una localidad sin nada en particular que señalar, donde había dos cafés pero ambos cerrados.

En cualquier caso, allí hicimos una breve parada para tomar unas frutas, barritas energéticas y frutos secos. A la salida del pueblo hay una bajada muy pronunciada y larga, a la que algo más tarde seguirá otra considerable subida.

Como curiosidades del recorrido, señalar que vimos un portal de cierre de una finca construido con tablas de esquí, y algo más adelante, en plan exposición, los restos de un coche estrellado en alguna salida de carretera. Arte rústico, sin duda.

De camino hacia nuestro final de etapa, comenzó a llover, aunque sin mucha fuerza. Como yo olvidé incluir el chubasquero en mi mochila y tampoco hoy recordé coger la capa de agua para incorporarla a la mochila pequeña, Teresa me prestó un paraguas de estos pequeños que trae, con lo que evité mojarme.

El tramo final hasta nuestro final de etapa de hoy se hizo muy largo, porque parecía que el camino está preparado para alargar el recorrido a base de dar vueltas por la misma zona.

No obstante lo anterior, poco antes de la 1 de la tarde llegamos a nuestro destino, después de recorrer 17 kms con parada incluida en poco mas de 5 horas, con una media aceptable.

A la llegada a Arzacq optamos por buscar un lugar donde comer antes de ir al alojamiento, pero por aquello de ser lunes, casi todos los establecimientos estaban cerrados, aunque al final encontramos sitio en el Café des Sports, donde comimos bastante bien. Un menú del día compuesto por Garbure (que ya no quedaba), ensalada y pollo con salsa de champiñones acompañado por pasta cocida. Al no poder darnos el plato inicial, nos compensaron haciendo más completa la ensalada e incorporando un plato de queso (por cierto muy bueno) antes del postre, que tambien estaba francamente bueno.

Terminada la comida, nos incorporamos al alojamiento previamente reservado, que ha resultado ser una casa particular (de una pareja de personas mayores), donde nos alojan en tres habitaciones, con camas independientes y servicios compartidos entre nosotros, pero todo ello muy completo.

Por la tarde, después de descansar, ducharnos y demás y en mi caso recomponer la mochila, ya que hoy tenía tiempo y espacio para hacerlo con calma, hicimos tiempo hasta la hora de cenar, a las 7 de la tarde igual que los días anteriores. El comedor está en una habitación compartida con salón, todo en un ambiente casero muy familiar.

Nos han dado una cena bien preparada, con una sopa de entrante, seguida de un surtido a base de paté de campagne, chorizo, tomate y un trozo de melón (del francés, ese con la pulpa color naranja). Las chicas, que estaban desganadas, dejaron parte. Y ya luego, cuando nos sirvieron otro plato (carne asada, con unos tomates rellenos y pasta como acompañamiento) prácticamente no lo probaron. Si agradecieron el postre que era un vasito con yogur y compota de melocotón realizado por los caseros, de su propia huerta, porque estaba fresco y entraba bien.

Para rebajar la cena (pese a que apenas cenaron), salimos a dar un paseo por el pueblo, con la idea de que ellas se tomasen una infusión, pero ni un solo local estaba abierto, ni tan siquiera el Café des Sports, donde comimos a mediodía. De modo que nos volvimos a casa y yo le pedí a la señora que les calentase agua para hacerse sendas infusiones, que se tomaron tranquilamente para ya después recogernos cada uno en su habitación, acordando que el desayuno de mañana lo haremos algo mas tarde porque la etapa será corta.

Ahora, en el momento de ir a las habitaciones llueve fuera aunque parece ser que la lluvia cesará de madrugada y podremos caminar mañana sin chubasquero ni cobertor de agua.

Aire sur L’Adour – Miramont-Sensacq

De acuerdo con lo previsto, y tras una noche en la que unos dormimos más que otros (yo particularmente no dormí mal, a pesar del calor que hacía), sobre las 7 de la mañana todos estábamos en pie para el desayuno, como nos habían señalado los hospitaleros (Isabelle y Alejandro). Cuando nuestro grupo llegó al comedor, ya prácticamente todos estaban dando cuenta de lo preparado, café, pan con mantequilla y mermelada, zumos de bote y avena para quienes lo desearan, si bien no había yogurt para completar.

Y cumplido el trámite del desayuno, recogidas las mochilas y preparado todo lo necesario para el recorrido, nos lanzamos al trayecto de más o menos 18 kms previsto hasta nuestro destino del día. Dejamos el albergue en torno a las 8 de la mañana, y ya empezamos a ver las construcciones características del país vasco francés, similar a las del español, zona por la que discurre nuestro camino de estos días.

Para empezar, la salida del pueblo está en una pronunciada subida de casi un kilometro, durante la cual se pasa delante de la iglesia de Sainte Quiterie, de la que habían hablado mucho las chicas por las informaciones que salen en el camino. Tuvimos suerte de que estuviese abierta y pudimos ver su interior, con algunas cosas de interés.

Continuando el recorrido, que por cierto está bastante bien señalizado (en lugar de las señales habituales en España, aquí hay unas pegatinas características que aparecen acompañadas de la señal de un GR, un camino de gran recorrido, con las clásicas señales de dos rayas roja y blanca).

Un poco más adelante nos encontramos con el lago de Brousseau, que se nutre de un riachuelo del mismo nombre, y en el que hay abundantes aves y peces, si bien no está permitido ni el baño ni la pesca. El sendero que bordea el lago es la continuación de la ruta, por cierto muy agradable.

Más adelante, comienza ya la parte menos atractiva del recorrido de hoy, porque se circula por senderos y pequeñas carreteras, rodeadas a ambos lados por enormes plantaciones de maíz, que resultan bastante monótonas. La única ventaja es que el terreno es llano, prácticamente hasta el final de etapa.

La marcha, a una media de algo más de 4 kms/hora, se hizo bien. Planificamos una parada cuando llevásemos aproximadamente dos horas y media de marcha, y pese a que no había aparentemente lugares para ese alto en el camino, justamente poco después de las 10 y media apareció, en un pinar, una zona donde pudimos parar para reponer fuerzas y descansar un rato.

Reanudada la marcha, ya el calor empezaba a apretar y en pocos momentos encontramos junto al sendero arbolado que nos tapara del sol, aunque cuando sí que aparecía alguna zona a cubierto por los árboles, se disfrutaba una barbaridad. Como curiosidad antes del final encontramos una plantación de girasoles, muy habituales en la zona de Las Landas y que habíamos echado en falta estos días. La última parte del recorrido la hicimos a 29 grados de temperatura, bajo un sol de justicia, y para remate el tramo final de acceso a Miramont fue en ascenso, con lo que llegamos al albergue (Gite Communale) ya casi con la lengua fuera.

Ya instalados, nos han dado una habitación con 4 camas (2 literas), en la que estamos francamente bien acomodados. Tenemos al lado sendas duchas y toilette, o sea que no hay queja.

Al ser domingo, y como este pueblo es muy pequeño, solamente encontramos abierto un pequeño bar, cuyo dueño es muy singular. Nos recibió casi con desgana, y para comer solamente pudo ofrecernos un par de pequeñas quitches, y una tabla de embutidos. Tuvimos la sorpresa de que la cerveza que tiene es Estrella Galicia y 1906, o sea que nos lanzamos a por ellas. Al final, nos hemos tomado además de las quitches, un par de tablas de embutidos, un par de baguettes, y cinco bolas de helado, una por cabeza, terminando Mayi y yo con unos cafés.

Al llegar al bar nos encontramos con Gerard, uno de nuestros colegas de la noche anterior. Viene de Marseille, y va de camino hasta Burgos. Hoy se aloja también en nuestro albergue.

Por cierto, omití señalar el viernes que, durante la cena con Xavier, hizo una videollamada con Truus, la amiga holandesa con la que compartimos la primera parte de mi camino del año 2017. Fue muy emotivo el volver a charlar los tres juntos, además de Laureano-Anna, que también había coincidido en aquel viaje.

El grupo del Camino en 2017

El albergue, Gite Communale de Miramont, está gestionado por una asociación de voluntarios del pueblo, y cada semana un par de voluntarios se ocupan de preparar todo lo necesario para los peregrinos. Aquí se paga el alojamiento y por las comidas solicitan una aportación voluntaria.

La cena de hoy ha sido fantástica, no solo en cuanto a la preparación y contenido, sino por el ambiente que se creó, ya que además de nosotros cuatro había un grupo de 10 personas procedentes del norte de Francia con mucha marcha, ya que además los propios hospitaleros promovieron el ambiente.

Hubo al inicio de la cena un aperitivo, con Kirk, típico de esta zona. Luego una ensalada muy bien preparada y condimentada, que acompañaron con un rosado, y como plato fuerte un asado con unas judías cocidas, y que se acompañó de vino tinto. Además queso, y un postre a base de tarta de manzana con helado.

Para terminar, uno de los hospitaleros nos contó un rollo sobre un peregrino… que en definitiva lo que venía a decir es que los hombres se encargaban de lavar la vajilla, mientras las mujeres animaban con los cantos típicos del Camino (Ultreia) entre otros. Para terminar nos ofrecieron cafés e infusiones.r

Lo mejor para mí ha sido el ambiente, que se asemeja a lo singular de lo que se vive en el Camino, y que no siempre se encuentra. Hicimos buenas migas con los franceses del grupo de 10 que nos acompañaban.

Y después de la contundente cena, dimos un corto paseo por el pueblo antes de acostarnos, porque mañana viene otra etapa, que no será muy dura, pero que hay que afrontar con preparación y descanso.

Hacia el comienzo

Después de la jornada de turismo en Burdeos, hemos tomado hoy ya rumbo al inicio de nuestra marcha en el Camino. Para ello, después del desayuno en nuestro Hostel en el centro de la ciudad, llamamos un taxi para que nos trasladara a la estación del tren, ya que para llegar a Aire sur L´Adour, debíamos pasar primero por Mont-de-Marsan, cabeza de departamento al que pertenece nuestro punto de arranque.

Aunque llegamos con tiempo a la Gare St. Jean, el trámite de obtención de billetes de tren se complicó un poco, y hubimos de esperar luego casi media hora hasta la salida de nuestro tren. El viaje fue rápido y cómodo hasta Mont-de-Marsan, y llegados a la estación de destino teníamos el tiempo justo para coger el bus que nos traería a Aire sur L´Adour. Todo salió según lo previsto, y a las 13,10 bajábamos ya del bus. Sin embargo, como el albergue no estaba disponible hasta las 14,30 horas, optamos por hacer una parada antes de llegar a La Maison des Pelerins, nuestro alojamiento aquí.

Hay que señalar que ya sabíamos de antemano que hoy sería un día caluroso, y que se alcanzarían los 36 grados por aquí, lo que pudimos corroborar más tarde. La comida la hicimos en el restaurante La Terrasse, al aire libre, aunque lógicamente a la sombra. Comimos bien (una Ensalada Gourmande, para compartir, y después cada uno una trucha con salsa de almendras. El menú resultó francamente bien, y el único punto negativo fue que al servirnos los cafés, el camarero, sin querer, me tiró el mío sobre el pantalón, lo que nos obligó después a hacer colada al llegar al albergue.

Ya instalados nos dedicamos a descansar durante un par de horas antes de salir al exterior porque como ya señalé el calor era sofocante.

El único sitio donde se podía aguantar, a la sombra, era al borde del Río, bajo la sombra de unos grandes arboles, y allí aprovechamos para hacer tiempo, con un rápido paso a visitar la Catedral, en la que sí se estaba fresco.

La cena estaba señalada para las 7 de la tarde, y con puntualidad germánica estuvimos los 9 peregrinos a la mesa a la hora prevista. He de señalar que además de nosotros cuatro, los cinco restantes son dos alemanas, un inglés y dos franceses, aunque cada uno de ellos viene por libre.

En el tiempo de la cena tuvimos la oportunidad de conocer un poco sobre la procedencia de cada uno y especialmente nos tocó hacer de informadores a los demás sobre las particularidades del Camino en España. Una cena amena, aunque en lo gastronómico francamente sencilla.

Después de cenar hemos estado paseando un poco por el pueblo, que tiene poco que ver, y apenas nos cruzamos con unos pocos paisanos, pese a ser sábado y que a esa hora (9 de la noche) ya se podía estar por la calle sin asarse.

Además de la catedral, lo más significativo del pueblo es una edificación que en su día fue lugar de almacenamiento del grano, de la cual destaca una gran bóveda de madera. Hoy el edificio no parece tener gran utilización.

Y como mañana hay que comenzar a caminar, ya nos hemos acomodado en la habitación temprano para estar listos al desayuno, poco después de las 7 de la mañana.

Volvemos a caminar

Ha pasado casi año y medio de la última incursión en los Caminos de Santiago, y en esta ocasión, aceptando una oferta de mi cuñada Amalia, junto a sus otras amigas y compañeras de fatigas Dora y Teresa, me he decidido a caminar por el tramo francés del Camino, para completar los tramos que ellas ya hicieron e ir a terminar en Saint Jean Pied-de-Port, lugar de inicio de mis dos anteriores recorridos del Camino de Santiago, en la versión conocida como camino francés.

Para iniciarlo, nos hemos venido a Burdeos, ya que aprovechando la proximidad de nuestro punto de inicio, tenemos la oportunidad de disfrutar de algo mas de un día en esta ciudad, por la que ya antes he pasado pero sin poder visitarla a fondo.

El Flixbus donde hicimos el viaje

Y como ya no hay el vuelo directo que antes nos traía desde Santiago, en plan masoquista nos hemos venido en bus desde A Coruña, con un total de 12 horas de recorrido continuo, pero que no ha resultado tan pesado como podría pensarse (o tal vez es que por ese toque masoquista, no me lo ha parecido).

Llegamos anoche, a las 0,45 horas del viernes 5 de septiembre, con lo cual hoy hemos podido disfrutar de una jornada completa en Burdeos visitando un montón de sitios interesantes. Para ello, Google facilita un recorrido nada complejo que permite acceder a los lugares de mayor interés, e incluso realizar un paseo en barco por el río Garona. Además el tiempo nos ha acompañado, con un sol que en algunos momentos incluso resultaba algo pesado.

Después de alojarnos anoche, llegando al hotel en taxi que nos recogió cerca de la parada del bus que nos dejó en algo “parecido” a una estación de buses, y tras una sesión de sueño relajada, desayunamos en el propio Hostel, que pese a ser un sitio muy sencillo (muy de caminantes), está en el cogollo de la ciudad, en el mismo centro.

Buscando en Google, encontramos un programa de visitas que nos pareció muy adecuado para hacer por nuestra cuenta. Empezamos por él Marché des Capucines, un mercado típico pero muy completo, al que llegamos recorriendo varias calles céntricas y muy características de las construcciones francesas clásicas.

Tras el mercado, pasamos a la Basílica de Saint Míchel, una joya del gótico tan grandiosa como deteriorada. Se ve que aquí las dotaciones del estado para la renovación de los templos no guarda proporción con lo que sucede en España. Junto a ella está la torre del mismo nombre, que no pudimos visitar por estar en reconstrucción.

Callejeando continuamos hasta la Grosse Cloche, una de las principales puertas de entrada a la ciudad amurallada durante la edad media. Es muy llamativa y mereció la pena verla.

Desde allí, siempre caminando por las preciosas calles de esta gran ciudad, llegamos a la plaza de la catedral, que al igual que Saint Míchel tiene adjunta, pero como edificación independiente, una estilizada torre, a la que se puede acceder hasta el tope después de recorrer 233 estrechos escalones.

Como las aguerridas chicas que forman parte de este proyecto de Camino tenían mucho interés, allá nos fuimos y valió la pena poder visualizar desde lo alto de la Torre el conjunto de la ciudad, por cierto muy llana. Terminada la ascensión y descenso de los 233 estrechísimos escalones (hubimos de dejar abajo las mochilas, para poder subir sin riesgos), tratamos de visitar la catedral pero a esas horas estaba ya cerrada, y dada la hora decidimos buscar un lugar para comer.

Con esa finalidad continuamos nuestro recorrido por las céntricas y estrechas calles para llegar por Sainte Catherine hasta la Puerta de Cailhau, otra de las antiguas puertas de acceso a Burdeos en la época medieval. Y frente a esa puerta encontramos un lugar donde comer, en una plaza al aire libre, muy concurrida.

Para la tarde habíamos reservado plazas en un barco que nos llevaría a un recorrido de hora y media por el río Garona, que baña la ciudad, pero antes de ir a los muelles hicimos una parada en el edificio de la citada Puerta de Cailhau, accediendo tambien por unas estrechas escaleras, aunque esa visita no resultó tan interesante como la de la Torre de la catedral.

Pasamos a continuación a acercarnos al embarcadero donde habíamos de embarcar. El recorrido por el río estuvo bien, pero no fue tan espectacular como yo esperaba. Es de señalar también que hacía calor y era una hora muy propicia para la siesta, que no pudimos echar.

Finalizado el paseo en barco, regresamos con calma hasta el Hostel, para cambiarnos y acudir luego todos a la cita que yo había convocado con Xavier, uno de los amigos franceses que conocí en mi anterior viaje del Camino francés, y con quienes compartí una semana de etapas y acudir luego a los que volví a ver en el año siguiente, ya que ellos acostumbraban a caminar en la semana santa de cada año.

A la cena, además de Xavier acudió su mujer, y tambien como sorpresa Anne-Laure, la mujer de Philippe, la otra pareja con quienes coincidí en aquel Camino de hace 8 años. Resultó muy entrañable el encuentro, que sirvió para que mis acompañantes en esta ocasión tomasen contacto también con los franceses. Se comentaron multitud de anécdotas de aquel Camino, y de los que nosotros hemos realizado en otras ocasiones. Y Xavier quedó en hacer un esfuerzo para tratar de acompañarnos en una de las etapas que haremos ahora, en esta semana entrante.

Asimismo quedé emplazado en regresar a Burdeos un fin de semana con Ipi (a quien ya conocen de cuando nos acercamos a verlos hasta Santo Domingo de La Calzada, años atrás). Y prometieron que nos prepararán un plan atractivo para entonces.

Y con esto dimos por terminada nuestra primera jornada francesa, dejando para mañana el traslado hasta Aire sur L’Adour, donde comenzaremos a caminar el domingo.

Final de un ciclo

El 2 de junio de 1989, es decir, hace ahora 36 años y 3 meses, nos instalábamos en la casa de Castelo 6, en Osedo – Sada, la que entonces era mi esposa, Carmen y nuestro hijo David, que el día anterior había cumplido 4 años.

Lo de ir a vivir al campo fue un empeño personal mío, con la oposición inicial de Carmen, y que a punto estuvo de terminar en separación.

La casa la compramos en construcción y ello nos permitió hacer algunas pequeñas modificaciones para que tuviese un toque personal, aunque partíamos de una estructura ya levantada y nos quedaba poco margen de adaptación.

Cuando llegamos allí, en la fecha antes indicada, la casa estaba recién terminada, el jardín era inexistente y acabábamos de plantar las tuyas y hacer el cierre, para dar un toque de privacidad y algo más de seguridad, ya que yo viajaba con frecuencia y Carmen tenía miedo de quedarse sola. Para incremento de la seguridad, trajimos a Thor, un dogo alemán precioso que imponía cierto respeto.

Poco a poco el jardín se fue cubriendo con algunos arboles, el cierre continuó su crecimiento, y en junio de 1992 inauguramos la piscina, en un primer momento sin complemento exterior, que más tarde se fue completando con una estructura alrededor del vaso.

En marzo de 1993 hubo una importante nevada, de la que dejé constancia en varias vistas de la finca.

En una visión aérea de 1995 se ve la evolución de la casa y la finca, ya con el cierre bien crecido. Todavía en ese momento no existían mas construcciones en el entorno que la casa similar a la mía, edificada en la finca adosada a mano derecha según se mira hacia la carretera.

Un par de años más tarde, en 1997, se levantó el Chiringuito, que tanto juego ha dado desde entonces para reuniones de grupo, tanto familiares como con amigos.

La última de las obras de mejora de la finca fue en 1999, levantando el cobertizo situado entre la casa y el garaje, precisamente para dejar lo que era el garaje como almacén-trastero y facilitar que los coches se aparcasen a cubierto en el exterior.

En enero de 2002 me fui a Zaragoza, aunque Carmen y David quedaron en la casa. A raiz de la separación, en 2003, Carmen se fue a Coruña, al piso que compramos y yo me quedé con la propiedad de Castelo, aunque no vine a vivir de nuevo hasta mayo de 2004. Previamente la tuve en venta, pero cuando apareció una oferta que encajaba en mis planteamientos, me volví atrás y rechacé la venta.

A mi regreso en mayo de 2004 tuve que readaptar la casa, porque la mayor parte de los muebles se habían ido para el piso de Carmen, y en lo referente al jardín, hubo que rehacer todo porque tras varios meses sin atención, se había convertido en una selva. Pero finalmente volvió a quedar la casa operativa y en los meses y años siguientes se adaptó a lo que volvió a ser «mi casa».

En esta segunda etapa, ya en solitario, tomó importancia especial el Chiringuito, donde empecé a reunir a amigos y familia para las celebraciones, cada vez más frecuentes. Volvieron a instituirse las «sardiñadas» que en cada anualidad reunían a un número de personas mayor, y se fueron multiplicando las «octoberfest», las mariscadas, paellas, comidas de jabalí, calçotadas, etc… Incluso a la disolución del choco gastronómico Fonseca, llegamos a organizar allí un par de comidas. Y también se preparó allí la comida de la boda de Coló con Manolo Souto.

Con la llegada de Ipi a mi vida, empezamos a frecuentar todo tipo de reuniones y particular mención hay que hacer a lo que representó en todo este tiempo el grupo del Chiringuito, que tomando el nombre del local se ha constituido en un colectivo de amigos afines que por supuesto ha trascendido del lugar, dando pié a numerosos viajes y reuniones de todo tipo y que se mantiene en el tiempo gracias a la buena sintonía de todos los partícipes.

Manuel, Pilar, Rafa, Elena, Mari, Julio, Armando, Chus, Pila, Joaquim, Carmen y Merchi.

En esta segunda etapa, tras mi regreso en 2004, y habida cuenta de que Ipi no tenía ningún interés en instalarse allí para vivienda permanente, empecé a valorar la posibilidad de la venta o en su lugar, el alquiler que finalmente se llevó a cabo a finales de 2019, cuando tras nuestra boda yo ya me había acomodado en la que ahora es nuestra casa en A Coruña, y la casa de Castelo solo se utilizaba para eventos, fines de semana veraniegos, etc.

La experiencia del alquiler, que inicialmente pareció atractiva, con el paso del tiempo dejó de serlo, por los problemas que surgieron con los inquilinos, lo que motivó que al final de los 5 años que tenía de tope el contrato, decidiera yo no renovar y exigir que me dejaran libre la vivienda.

A partir de ese momento, decidido ya a ponerlo en venta, han transcurrido 9 meses dedicados a la preparación del conjunto para ofrecer una imagen lo más parecida a lo que era mi casa antes del alquiler, obligándome a realizar importantes reparaciones y reposiciones de objetos que «desaparecieron» durante la etapa del arrendamiento, especialmente en lo referente a herramientas y aparatos para el mantenimiento del jardín, y además llevar a cabo los trabajos propios de jardinería. Ha sido un proceso arduo, pero que al final ha servido para conseguir una venta aceptable. Y antes de la venta, una reunión con comida final en el Chiringuito, convocando a antiguos y nuevos amigos y miembros, celebrando y recordando todos juntos los buenos momentos compartidos allí a lo largo de todos esos años.

Y con la venta, se termina una etapa, un ciclo de más de 36 años, y se abre un nuevo período, ya sin la preocupación de estar presto a cortar el césped, a vigilar que el temporal no estropee las plantas o la cubierta de la piscina, a la obligación de cortar las tuyas, a mantener el agua de la piscina de forma adecuada, etc.etc.

Echaré de menos esas obligaciones y sobre todo la posibilidad de disfrutar de la tranquilidad de la vida en el campo, pero estaré liberado de las obligaciones que conlleva.

Es un punto y aparte, un final de ciclo, y hay que encarar ese futuro con la mente abierta, no pensando en lo que pudo haber sido y disfrutando de haberlo vivido. Y mirando hacia el futuro (lo que quede de futuro) con optimismo. Sé que para ello cuento con los apoyos necesarios en casa.

Perseidas 2025

Hace ya varios años que tratamos de programar la asistencia a algún lugar en el que, cuando llegan las fechas propicias para observar las perseidas, sea factible el verlas en todo su esplendor. Pero como cerca de A Coruña no hay ningún sitio adecuado, la búsqueda debe dirigirse a zonas alejadas de las ciudades, y a ser posible en puntos elevados de la geografía. Hace ya un año Ipi, que suele ser la «buscadora» de eventos diversos, descubrió que en A Veiga, provincia de Ourense, hay un Observatorio Astronómico en el que se programan visitas precisamente para estas ocasiones. Y como ya en 2024 no había ocasión de asistir, se guardó las fechas y las indicaciones para reservar en este año. De modo que, dicho y hecho, con tiempo suficiente se buscó alojamiento y se hicieron las reservas oportunas.

Para el alojamiento encontró Ipi la casa rural Eido das Estrelas, en las proximidades de A Veiga y del citado observatorio, y se comunicó al grupo para que cada uno fuese realizando su reserva, puesto que la casa tiene un aforo limitado y ya llegábamos con reservas previas realizadas. Con todo, consiguieron reservarse 5 habitaciones y alguno más quedó en lista de espera. Como era preciso reservar 2 noches (no admiten ya en casi ninguna casa menos de eso), decidimos optar por entrar el 11 y salir el 13 de agosto, teniendo en cuenta que la fecha teóricamente mejor para ver las perseidas era la noche del 12.

A partir de ahí, solo faltaba realizar una programación para completar el viaje, y para ello Ipi tiró de su amplia agenda de eventos y lugares diversos, fechas y fiestas señaladas y otras circunstancias, y con precisión preparó el reparto de tiempos para completar los tres días de excursión. Previo al inicio del viaje, se produjo un cambio en los asistentes, puesto que Elena y Rafa que habían sido de los primeros en hacer la reserva hubieron de desistir por circunstancias familiares, aprovechando su plaza en la casa rural Armando y Pila, que estaban en lista de espera.

La primera de las actividades previstas fue un paseo en barco por el embalse de Os Peares, partiendo del pantalán que tiene allí instalado el restaurante A Tanxarela-Quinta Sacra, que ya conocíamos de una excursión anterior en mayo de 2023, cuando hicimos la reunión anual de los Gigirey, organizada en aquella ocasión por mi hermano Miguel y su pareja Valentina. Y al igual que en aquella ocasión, terminado el paseo en barco, una excelente comida en el propio restaurante.

El paseo en barco nos transportó durante mas de hora y media por diversos puntos del embalse, con amplias explicaciones por parte de Luis, el patrón del barco. Tuvimos ocasión de visitar la cascada de Augacaida, aunque solo 4 del grupo nos bajamos a verla de cerca, y también en otro rincón del embalse nos llevó a conocer a dos sirenas que están sobre una roca.

Allí Luis nos ofreció también la oportunidad de darnos un baño, del que también solo 3 (Elvira, María y yo) disfrutamos. Durante el paseo, algunos tuvieron la ocasión de demostrar sus dotes para la navegación poniéndose al mando del timón.

Terminado el paseo del barco, nos esperaba la comida al aire libre, con un menú compuesto de platos fríos en su mayoría, servidos en una mesa redonda, en la que se pudo comer en bañador, a la sombra, y con una temperatura muy agradable, pese a que al sol se soportaban 36 grados.

Degustamos un surtido de embutidos caseros, una tabla de quesos variados de la zona, empanada, tortilla de patatas, pimientos asados, filetes de ternera y alguna cosa más, y a los postres tartas de almendra y de nuez. Regado todo por vinos de la Ribeira Sacra, aunque al final lo más socorrido fueron unas cervezas y tinto de verano en grandes cantidades. Terminamos con cafés y algunos con chupito, aunque luego la siesta la echamos en el mismo pantalán, con baño incluido por parte de la mayoría.

En definitiva, un éxito la elección del programa y el lugar para el comienzo de la excursión, como lo atestiguan las caras de satisfacción de los asistentes. Pero como todavía estábamos a más de hora y media de la casa rural, una vez relajados con la siesta y los baños a pie del pantalán, volvimos a los coches para reanudar la marcha, llegando a destino a buena hora para instalarnos. La casa rural, por cierto, estaba bien y aunque hacía calor, en las habitaciones la temperatura era agradable, con ventanas abiertas durante la noche. Antes de ir a dormir bajamos a A Veiga para intentar cenar algo, pero solo encontramos abierto un bar donde lo más que pudimos meter al estómago, aparte de cervezas y aguas, fueron unas patatas fritas y, algunos, unos sobaos o bizcochos tipo madalenas. Sin embargo, nadie se quejó de marchar a la cama con hambre.

Para el segundo día, el martes 12, estaban programadas varias visitas en el entorno próximo de nuestro alojamiento, porque aunque no había demasiado que ver, Ipi rebuscó y descubrió algunas opciones para llenar la jornada. Tras un estupendo desayuno nos pusimos en marcha hacia el Mirador de Valdín, muy próximo a Eido das Estrelas, continuando luego hasta Ponte, para ver algunas edificaciones como la Casa dos Vaqueiros, que tiene numerosas inscripciones en las piedras sobre las que está construida, y vimos también un par de «casas preñadas», llamadas así porque tienen adosadas en el exterior sendos hornos artesanales para cocer el pan y la comida casera, hechos en barro.

Seguimos luego hacia Lamalonga, un pequeño pueblo en el que destacan las esculturas que un tal «Pepe do Barrio» (José Escuredo Vega) hizo en piedra por toda la comarca y de forma especial en su pueblo. A mi modo de ver no son gran cosa, pero como para gustos se pintan colores… hicimos un recorrido por el lugar, acercándonos a la que fue su vivienda donde se acumulan la mayor parte de sus obras.

Con esas dos excursiones, nos acercamos a la hora de comer, para lo cual teníamos una reserva hecha en el Restaurante As Chairas, en A Veiga, justo frente a la Playa de los Franceses (una playa fluvial en el embalse), donde preveíamos darnos un baño antes o después de la comida. Comimos bien, y se ve que con el estómago lleno decayeron los ánimos por el baño, porque al final solo yo me acerqué a la arena para darme un chapuzón y refrescarme, sustituyendo así la previsible siesta que otros realizaron mas o menos disimuladamente en el propio lugar de la comida, la terraza del restaurante.

Por la tarde nos desplazamos hasta Viana do Bolo, situada a unos 20 kms de A Veiga. Llegados allí hicimos un corto recorrido por el pueblo, con una temperatura de 35 grados, aunque el calor no se llevaba mal del todo ya que la humedad ambiente no era muy alta. En todo caso, tras ese paseo nos desplazamos hasta la piscina municipal, no para bañarnos, sino para tomar unos refrescos a la sombra, en un lugar más respirable que cualquier terraza en medio del pueblo.

Regresando al alojamiento, nos equipamos para el posible fresco nocturno en lo alto del monte donde está el observatorio. Y seguidamente nos dirigimos ya al Centro Astronómico para una visita previa al mismo antes de la observación nocturna en el exterior. Pero llegados al lugar, ya Oscar, el encargado del mismo nos dijo que difícilmente podríamos llegar a ver perséidas porque el cielo estaba cubierto, en ese caso además de las nubes por gran cantidad de humo procedente de los diversos incendios de montes cercanos. Ya en el interior del centro, Oscar nos hizo una detallada exposición de las corta historia del Observatorio que empezó a funcionar en 2021, y a continuación pasamos a la sala donde visionamos el cielo estelar, con explicaciones sobre las constelaciones, lejanía de las estrellas, etc. Resultó interesante, pero no espectacular porque casi todos habíamos asistido a otros visionados similares en el Planetario de A Coruña o de otras localidades.

La última parte del programa, la que daba origen a toda la planificación del viaje, fue la que al final no se pudo llevar a cabo por lo ya señalado de las nubes y el humo de los incendios, como queda reflejado en la visión desde el exterior, ya entrada la noche. Se sustituyó finalmente por otra charla que en parte resultó repetitiva sobre los orígenes del observatorio, otra filmación sobre los planetas y una última explicación sobre el futuro Eclipse total de sol que se producirá justamente un año después de la fecha de nuestra visita, es decir, el 12 de agosto de 2026 y que será visible en un amplio espectro de la península, entre los que está nuestra ciudad, donde podrá observarse entre las 19,30 y las 21,20 horas. Ese día será también en el que, si no hay nubes como este año, podremos ver la lluvia de perseidas. Allí todos los asistentes empezamos a pensar en cómo podemos el año próximo ver el eclipse y si es posible, las estrellas fugaces que no pudimos observar en esta ocasión.

De regreso a la casa rural, como coincidía que en esa noche se celebraba en el pueblo una cena comunitaria para dar inicio a las fiestas, y el lugar del evento era muy próximo al Eido das Estrelas, nos acercamos hasta allí, si bien solo pudimos tomar unas cervezas y unos trozos de tarta porque ya todo el pueblo abandonaba el lugar. Pudimos, no obstante, participar en algunos de los cantos y bailes de despedida, regresando a nuestras habitaciones sobre la 1,30 de la madrugada.

El desayuno del miércoles 13 hubimos de anticiparlo a las 8,30 de la mañana par poder llegar con tiempo luego a la bodega Alma das Donas a las 11,30 horas, en que estaba prevista la visita reservada con antelación. Esa bodega es una de las pocas valoradas con 5,0 entre la multitud de las existentes en la Ribeira Sacra, y que ya Ipi y yo conocíamos por haberla visitado en el antes comentado viaje de mayo de 2023 con nuestro grupo familiar.

Tras un primer paso por las viñas situadas alrededor, con las explicaciones pertinentes por parte del bodeguero (un italiano que se afincó en la zona hace unos 10 años), visitamos la propia bodega donde se ubican los toneles de acero inoxidable y unas cuantas barricas de madera, ya que además de los vinos jóvenes, que son la mayoría, tienen tres que se crian en barrica en períodos entre 6 y 12 meses.

De allí pasamos al Mirador, con unas vistas preciosas sobre los bancales y sobre el río, donde tuvimos la ocasión de hacer una degustación del blanco (Almalarga), un rosado (Almalola) y un tinto (Almanova), que se acompañó con unos pinchos de queso Cebreiro y salchichón. Y para terminar, sobre la marcha, decidimos comprar un par de botellas de cada uno de los vinos degustados para poder repetir la cata con Elena y Rafa en la prevista comida del día 15 en casa de Teresa y Roberto.

Terminada la cata y visita, desde la bodega nos dirigimos ya hacia el último punto del programa, que no era otro que el Asador Coto Real, en Rábade, a donde llegamos poco antes de las 14,30 horas en que estaba fijada la reserva para comer. Habíamos encargado ya con antelación unos entrantes a base de Mejillones en escabeche y Ensaladas de tomate con ventresca. Y para continuar, lechazo (una de las especialidades del asador) para unos cuantos mientras otros se lanzaban a la carne (entrecot o chuleta de vaca vieja) e incluso una ensaladilla con un aspecto muy atractivo. Y se regó mayoritariamente con cervezas, tintos de verano y también con un Protos. Terminamos con unos postres clásicos del asador, cumpliendo todo ello con las altas expectativas previas.

Y antes de despedirnos, para completar el programa nos dedicamos a buscar ubicación para, en grupo, preparar la xuntanza a un año vista, donde todos juntos observar el eclipse y, a ser posible, las perseidas. Y hecha ya la reserva para dentro de 12 meses, nos despedimos tomando cada uno el regreso a su punto de partida y felicitándonos por el éxito de la excursión y el buen ambiente (como siempre) conseguido.

MILÁN 2025

Como ya comenté finalizando el año 2024, este 2025 en el que llego a mis 75 primaveras tiene unas ciertas peculiaridades para mi, y al llegar al evento de mi fecha de cumpleaños he querido darle un sentido especial, haciendo algo diferente.

Por esa razón meses atrás programé un viaje a Milán para conocer una de las sedes emblemáticas de la opera, como es sin duda el Teatro Alla Scala, así denominado en la ciudad donde tiene su sede.

Para hacer coincidir el viaje con la fecha del cumple, hube de revisar toda la programación de la Scala, y resultó que para entonces estaría en representación una opera recién estrenada que a la vez era un estreno mundial, El Nombre De la Rosa, basado lógicamente en la novela homónima de Umberto Eco que también dio lugar a una película.

Una vez decididas las fechas de desplazamiento, se unieron al plan inicialmente ideado por Ipi y por mí, nuestros incondicionales Elena y Rafa, a quienes ya hemos empezado a transmitir nuestra afición por las representaciones operísticas.

Las fechas elegidas fueron el 5 de mayo para la ida, aprovechando un vuelo directo A Coruña-Milán con Easyjet y el regreso para el 8 de mayo, en vuelo de Air Europa con escala en Madrid. Realmente eran pocos días pero se cumplía el objeto principal del viaje (la representación en la Scala era el mismo 6 de mayo, día del cumpleaños) y podíamos aprovechar para algunas visitas concretas en la ciudad.

Para alojarnos, Elena especialista en esas lides, encontró un buen apartamento situado en la parte céntrica de la ciudad a un precio razonable y con las características que habitualmente exigimos (2 dormitorios y 2 baños). Lo reservó con bastante antelación, pero justo cuatro días antes del viaje nos encontramos con una notificación de que la reserva había sido anulada, aduciendo razones inexistentes pero sin posibilidad de reclamar. La razón no indicada debió ser que, al coincidir nuestro viaje con el partido que el Barça jugaba en Milán, decidieron dejarnos en la estacada para poder alquilarlo a mayor precio. Total, que nos vimos obligados a buscar otro alojamiento y tuvimos la suerte de encontrar un apartamento excelente, en pleno centro y con todas las comodidades, aunque a un precio bastante mas elevado. En todo caso, al final valió la pena.

Así pues, llegamos al aeropuerto de Milán-Malpensa a la hora prevista, y de ahí al centro de la ciudad en taxi mientras llovía de forma abundante, más bien se puede decir que a cántaros. Pero con ganas de pasarlo bien.

La persona que nos entregó las llaves del alojamiento nos indicó también varios sitios donde comer y cenar bien, por lo cual después de instalarnos con calma salimos en busca de nuestra primera cena, bajo los paraguas aunque aprovechando que por las galerías del centro evitamos bastante la lluvia.

Esa primera cena la hicimos en A Santa Lucía, uno de los restaurantes recomendados por nuestra casera, donde nos atendieron de forma espléndida y cenamos francamente bien. El restaurante era un sitio clásico de Milán, de esos frecuentados por visitantes famosos, porque las paredes estaban plagadas de fotos de personajes conocidos mundialmente. De regreso al apartamento todavía pudimos hacer un recorrido nocturno por las galerías Vittorio Enmanuelle, saliendo a contemplar unas preciosas imágenes de la Piazza del Duomo.

A la mañana siguiente ya estaba planificada la visita al Duomo (la catedral de Milán), por lo cual madrugamos para hacer un buen desayuno en una cafetería próxima, y estar así puntualmente a las 10 en la entrada, sin colas. Hay que decir que el desayuno fue variado, porque cada uno pedimos un tipo de bollería diferente, con lo que hicimos un surtido digno de ver.

Ya dentro de la catedral, la visita la hicimos con calma, parando en cada lugar de interés debidamente informados gracias a las audioguías por medio de los teléfonos. De hecho, el conjunto de fotos que tenemos de todo el Duomo serviría para hacer un tratado profundo respecto de las características del conjunto.

A media mañana la afluencia de visitantes fue siendo notoria, y para entonces ya estábamos en disposición de acceder a las terrazas, cuya visita es también imprescindible, porque además desde allí se dispone de unas preciosas vistas de la ciudad.

El recorrido por los tejados es tan interesante como lo es el interior del Duomo, porque permite ver con detalle una serie de figuras que desde lo lejos no son perceptibles. La verdad es que estaba lleno de turistas como nosotros, por lo cual en muchas ocasiones resultaba dificil conseguir la foto deseada, pero aun asi, nos arreglamos para disparar numerosas vistas.

Entre las excelentes perspectivas desde la terraza, regresando hacia la parte baja vimos numerosos grupos de hinchas del Barcelona que animaban a su equipo, preparándose para el partido que esa tarde se iba a desarrollar en el estadio de San Siro.

Terminadas las visitas indicadas, buscamos donde comer y encontramos la trattoria Via Pasteria, bien valorada, donde pudimos disfrutar de pasta bien preparada en un ambiente agradable y no lejos de la plaza del Duomo.

Tras la comida todavía pudimos pasear por el centro y acercarnos al Starbucks que ocupa un local impresionante, en la antigua central de Correos, Allí hicimos también una media merienda habida cuenta de que la cena no sería hasta tarde, al terminar la asistencia a la Scala.

Antes de ir a la representación pasamos por el alojamiento para “colocarnos” un poco y así estar en línea con lo que, como suponíamos, sería la media de los presentes en la sala. Disponíamos de unas buenas butacas, reservadas con mucha antelación y pudimos disfrutar de una deliciosa velada, en un ambiente muy agradable.

En el entreacto, después de guardar una cola considerable, conseguimos tomarnos un ligero refrigerio con unas copas de “espirituoso” italiano.

En definitiva, excelente elección la de disfrutar de esa oportunidad en el Teatro Alla Scala, con una opera nueva (era la cuarta representación, ya que la prémiere había sido una semana antes). Buena adaptación del libreto, magnífico el montaje, y muy buenos también los actores.

La cena de esa noche, puesto que era el día de mi cumple, la había reservado yo en el Ristorante Teatro alla Scala Il Foyer, anexo al recinto de la Scala, justo a la salida, y con un menú que, sin estar mal, no estuvo a la altura de lo que yo esperaba. Pero como se trataba de celebrar el momento, disfrutamos del lugar y del día, y nos llevamos un buen recuerdo del conjunto de la jornada.

De regreso al alojamiento, vimos como los «tifosi» del Inter de Milán celebraban su victoria sobre el Barça que le clasificaba para la final de la Champions. Los seguidores del equipo español, que durante las horas de la mañana se agolpaban en el Duomo, habían prácticamente desaparecido.

A la mañana siguiente, después de dormir de maravilla en nuestro precioso apartamento, decidimos probar con el desayuno en otra cafetería diferente, pero también próxima a nuestro alojamiento. El desayuno fue bueno, aunque la bollería era menos aparatosa que la del día anterior.

El plan de esa jornada era visitar el Museo Leonardo 3 – Il Mondo de Leonardo, pero como quiera que teníamos la cita para las 11, decidimos hacer un recorrido por diversas calles mientras nos dirigíamos hacia allí.

En ese trayecto hicimos un alto en Basílica San Babila, y desde allí continuamos por Via Durini, donde nos encontramos con varios hermosos edificios dedicados a las tiendas «Home» de las principales marcas de moda, como el edificio Versace.

En esa zona se localizan la mayor parte de tiendas de lujo en todos los ámbitos, además de los que están ubicados en las galerías Vittorio Emmanuelle. Y precisamente en una de las entradas de estas galerías, desde la plaza Alla Scala está el Museo Leonardo3.

El museo es un compendio de los numerosísimos inventos de Leonardo da Vinci, muy bien detallados en cuanto al diseño, con maquetas incluidas, y con las explicaciones respecto del momento en que Leonardo las diseñó y en algunos casos puso en práctica. No estaba demasiado lleno y pudimos movernos por su interior durante casi un par de horas.

A la salida vimos que había empezado a llover, por lo cual decidimos pasearnos por el interior de las galerias a la espera de que la lluvia pudiese cesar.

Pero fue al revés, ya que cada vez arreciaba mas y resultaba imposible pasear en el exterior. Por esa razón, y como además con la lluvia había bajado la temperatura, buscamos una cafetería donde tomar algo mientras aguardábamos el fin del diluvio. Y la encontramos en la misma Piazza del Duomo, justo frente a la catedral y frente a la parada de los buses turísticos. Y allí nos instalamos durante más de una hora, tiempo en el que hicimos una media comida a base de bocatas y algún dulce.

Antes de salir, Ipi me convenció a base de insistencia, en que debía abrigarme más y para evitar volver al apartamento nos fuimos a recorrer las tiendas próximas, donde yo compré una moderna sudadera (que desde ese momento ha pasado a ser mi Armani). De vuelta al Bar Duomo y en vista de que la lluvia no había cesado, optamos por subir a un bus turístico para hacer un recorrido por la ciudad, eso sí, seleccionando uno que tuviese cerradas las ventanas de la planta superior. Tuvimos suerte y al final el que elegimos nos llevó inicialmente por el recorrido corto (el centro de Milán) y más tarde haciendo un perímetro mucho más amplio de la ciudad, que nos permitió ver de cerca la zonas de nuevos desarrollos, con modernos y preciosos edificios que nos hubiese gustado visitar más tranquilamente paseando a pie, por lo cual acordamos que eso nos queda para una futura visita a Milán, en la que incluiríamos el acercarnos al lago Como.

Terminados los paseos en bus y puesto que la lluvia había terminado, nos dedicamos a recorrer algunas de las calles céntricas, y decidimos tomarnos un descanso en una chocolatería situada en Vía Torino, donde degustamos cafés y helados, incluido un pastel con chocolate que sin darme cuenta me dejó marcado mi recién estrenado Armani.

Desde la Chocolatería decidimos, aunque ya no era temprano, acercarnos hasta el Castello Sforzesco del que teníamos buenas referencias. está próximo al centro, así que callejeando llegamos hasta allí, y aunque no era hora para visitar los muy considerados museos, valió la pena el desplazamiento porque el castillo vale la pena verlo.

Pudimos atravesar la parte abierta al aire libre, sin entrar en las zonas cerradas, y atravesarlo hasta el final, saliendo al precioso jardín desde el que pudimos hacer buenas fotos. Entretanto, cerraron el acceso al castillo, por lo que para regresar hubimos de bordear todo el parque, y transitar luego por la Via Dante para regresar al Duomo y alrededores.

Llegada la hora de la cena, Elena (que es quien selecciona los lugares mejor valorados) nos indicó un restaurante al que podíamos ir, pero al llegar vimos que estaba completo. estaba justo tras la chocolatería de la tarde, y desde allí fuimos visitando otros con información positiva, hasta que llegamos al San Mauri, que asimismo tenía excelente valoración, y donde dispusimos de la última mesa libre. La cena fue espléndida, como correspondía a nuestra última degustación en la ciudad.

Y terminada la misma, paseo de regreso hasta el apartamento, volviendo a fotografiar el Duomo ya de noche, y sin lluvia.

Tras otra noche relajados en nuestro espléndido alojamiento, el jueves 8 madrugamos para estar listos a las 8 de la mañana, hora en la que habíamos hecho la reserva del taxi que nos llevaría al aeropuerto de Malpensa. El viaje hasta allí resultó algo mas lento que a la ida, porque el tráfico era notorio. No obstante, llegamos a Malpensa con tiempo suficiente para desayunar tranquilamente en una de las cafeterías del aeropuerto y dirigirnos a la puerta de embarque.

El vuelo de regreso con Air Europa, al contrario que en la ida, no era directo, sino con escala en Madrid, donde tuvimos tiempo de hacer un refrigerio para llegar a casa con el estómago agradecido.

En resumen, un viaje que cumplió las expectativas iniciales, habiendo disfrutado por mi parte de un cumpleaños singular, acorde con los tres cuartos de siglo que desde ahora atestigua mi DNI que llevo encima, afortunadamente bastante bien.