Finde Gigirey 2024

Como ya hicimos en los dos años anteriores, también en 2024 habíamos programado la reunión anual de los hermanos y parejas, y en esta ocasión los organizadores hemos sido Pilar y yo. Y la programación la realizamos a partir de la idea ya prevista en el año 2021 que había tenido que suspenderse por varias razones.

Las fechas previstas y consensuadas con suficiente anticipación con todos los hermanos habían sido las de los días 17-18 y 19 de mayo, aprovechando la festividad de las Letras Galegas, que este año coincidió en viernes, con lo cual disponíamos de ese día completo, ya que todavía 3 de los asistentes tienen obligaciones laborales.

De esta forma, nos dimos cita el viernes 17, a las 12 horas en Las Médulas, para una visita guiada y con la reserva hecha por nuestro amigo Pedro de Ponferrada. Ramón y Berta que llegaban desde Madrid habían hecho noche ya en las cercanías (Hotel Medulio) y el resto fuimos llegando en tres coches, ya que Miguel y Valentina salían de Santiago, Paco-Elva-Manolo y Coló lo hacían conjuntamente en otro coche, y Pilar y yo viajamos en el nuestro.

Hay que decir que aunque se suponía que en estas fechas el tiempo sería bueno, la realidad no estuvo acorde con la previsión y todos viajamos con lluvia, aunque con la suerte de que a nuestra llegada la visita de Las Médulas pudimos hacerla sin que nos lloviese durante las dos horas largas que duró. Los diez asistentes a la misma ya conocíamos aquello, y yo personalmente en más de una ocasión, pero siempre resulta agradable una nueva oportunidad de ver la transformación que sufrió aquel paraje y de conocer algunas precisiones que se aprenden en cada nueva visita. Mi sensación personal en este caso fue que cada vez más la vegetación va comiendo las vistas de la tierra arcillosa pero sin embargo al comparar las fotos actuales con las de otras de iguales fechas del año 2008 demuestran que no es tan notorio.

Al final del recorrido habíamos reservado la comida en el restaurante O Palleiro do P do Forno, situado en las inmediaciones, a donde nos dirigimos sin demora, ya que estábamos bastantes justos de tiempo por haber realizado tal vez con excesiva tranquilidad el camino de regreso desde la zona alta de Las Médulas, con paradas para fotos y demás.

La comida resultó francamente bien. El restaurante tiene una tipología muy rústica, y la atención del personal ha sido excelente al igual que el menú elegido a base de platos típicos de la zona, con lo que todos los asistentes salimos de allí satisfechos de la elección. Hay que dejar constancia de que durante el tiempo que duró la comida cayó una buena tromba de agua, haciendo realidad las previsiones meteorológicas, pero ello no nos afectó porque estábamos a cubierto.

El paso siguiente dentro del programa era la visita del Mirador de Orellán, desde donde se suelen hacer las fotos características. Descubrimos que ahora hay que dejar los coches como 600 metros más abajo del mirador, cuando antes se accedía prácticamente hasta el mismo. Pero la cuesta, lejos de intimidarnos, nos la tomamos como una forma de rebajar la pesadez post-comida, con lo cual al final casi la agradecimos (unos más que otros, claro). Desde el mirador hicimos numerosas fotos, también con la suerte de nuestra parte porque durante ese tiempo no solo no llovió sino que incluso salió el sol a ratos.

Y aunque el plan inicial pasaba por bajar hasta el Lago de Carucedo, la demora que comenzaba a generarse en las previsiones horarias, hizo que nos saltásemos ese paso para ir directamente desde allí al Castillo de Cornatel, antes de que se aproximase la hora de cierre, que según google era a las 18,30 h. Pudimos fotografiar el Lago desde el castillo.

Cuando llegamos al castillo, situado a algo más de 10 kms desde Orellán, eran ya las 18,15 h. y a marchas forzadas subimos la empinada cuesta que lleva a la entrada desde el aparcamiento. Resultó, sin embargo, que la hora real de cierre era a las 20 h, con lo que de saberlo antes podríamos incluso haber accedido a las cuevas de Las Médulas, pero ya no era el caso. Lo que sí pudimos hacer fue tomarnos con calma la visita interior del castillo y recuperar el aliento de la llegada un tanto apresurada. Todo ello teniendo en cuenta que desde allí ya nos íbamos directamente a Molinaseca, lugar en el que habíamos reservado la casa rural donde nos alojaríamos durante el finde.

Al llegar a la Casa Rural María, en el centro de la población, pudimos acceder momentáneamente por la calle donde está ubicada para descargar maletas y todas las provisiones que llevamos para los desayunos y reuniones post-cenas, ya que nosotros ocupamos en su integridad la casa, que tiene 5 habitaciones, cada una con su baño, y un salón adecuado a las reuniones de los 10 integrantes del finde, pero que no funciona como un hotel o alojamiento donde además hay servicio de comidas.

La casa está bien, y durante la estancia unos cuantos nos ocupamos de la preparación de los desayunos para todos los asistentes pensando siempre en el cumplimiento de los horarios que nos permitiera llevar más o menos a rajatabla el programa de visitas previsto inicialmente. Y todo funcionó a la perfección, con la colaboración general.

Después de habernos acomodado en la casa salimos a dar un paseo por el pueblo, un lugar que por su proximidad a Ponferrada y por ser punto significado dentro del Camino Francés a Compostela, tiene siempre muchos visitantes, con varios albergues, hostales y hoteles, y con numerosos restaurantes, algunos de ellos entre los mejor valorados de la zona. El centro de Molinaseca está muy bien cuidado y guarda un estilo característico en cuanto a las construcciones.

La cena la teníamos reservada también con antelación en Casa Ramón, uno de esos restaurantes bien valorados, y donde casualmente también habíamos cenado bastantes años atrás, en una excursión que en su día organizamos con el grupo de amigos, aunque en aquella oportunidad nos alojamos en el hotel. Dentro de ese grupo de asistentes de antaño estaban también Coló y su marido Manolo.

La cena estuvo también bien y aunque a priori todos decíamos estar desganados porque la comida había sido abundante, al final se fueron pidiendo platos para compartir, y terminamos con una cena formal, muy variada en los contenidos, y con una excelente atención del personal, justificando asi la buena valoración del restaurante.

Ya de regreso a la casa rural, finalizamos la primera jornada tomando unos digestivos y con animada charla, a lo que ayudó la buena temperatura interior con que encontramos el alojamiento, con la calefacción a pleno funcionamiento. Entre pitos y flautas era más de la una de la madrugada cuando nos repartimos por las cinco habitaciones, señalando la hora del desayuno para las 9 de la mañana siguiente.

A la mañana siguiente, sábado 18, después de haber desayunado de forma contundente, nos dirigimos a la primera de las actividades del día, que fue la visita a la Herrería de Compludo, situada a unos 20 minutos de Molinaseca. Aunque teóricamente iba a ser a las 11, hora de apertura, y nosotros llegamos allí con más de un cuarto de hora de antelación, la demostración no comenzó hasta las 11,30 por lo cual tuvimos tiempo de observar el entorno con tranquilidad. Y hubo suerte de que no llovía.

Se trata de una antigua instalación (data del siglo XVII, o anterior), que funcionó hasta 1978. El actual inquilino (su familia fue propietaria anteriormente, ya que ahora es de titularidad pública), hizo unas demostraciones de la operatividad del complejo, mediante la fuerza del agua y la presión del aire y del agua. Es francamente interesante el ver cómo antiguamente podían trabajar el hierro de forma artesanal. Ahora se usa solo para demostraciones.

A continuación de la herrería, nos dirigimos hacia Peñalba de Santiago y Valle del Silencio. Para llegar allí, aunque geográficamente no está lejos, hay que hacer el recorrido dando la vuelta por Ponferrada porque el camino que sería más directo es poco practicable y menos con lluvia, como era el caso. Por esa razón, y debido al retraso acumulado en la visita a la herrería, apenas pudimos pasar algo mas de media hora en Peñalba, un lugar muy bien cuidado en general, aunque prácticamente despoblado, porque se ve que los propietarios de las casas, mayoritariamente rehabilitadas, las utilizan en los meses de verano.

En el pueblo hay una iglesia con signos mozárabes, que pudimos visitar, antes de regresar de nuevo a Ponferrada donde estaba reservada la comida.

También el restaurante donde comeríamos estaba reservado con antelación, eligiendo entre los recomendados de la plaza. Y resultó ser el Siete Sillas, justo en la plaza principal, donde está el Ayuntamiento. Comimos de maravilla, al igual que nos había ocurrido el día anterior, y también de igual forma el tiempo nos acompañó, ya que durante el tiempo de la comida pudimos comprobar lo bien que llueve en Ponferrada, ya que prácticamente no paró durante más de una hora. Y lo vimos en primera línea porque nuestra mesa estaba en una terraza cubierta que tienen en el exterior del local.

Sobre las 5 de la tarde abandonamos el lugar, porque ya se disponían a preparar las mesas para la cena, y desde allí con relax y tranquilidad nos dirigimos hacia el Castillo de los Templarios, uno de los símbolos de la ciudad. Previamente y de camino hacia el castillo recorrimos la calle del Reloj, y visitamos la Basílica de la Anunciación (al parecer tiene esa condición de basílica por estar dedicada a la vírgen).

En el castillo estuvimos buena parte de la tarde y aunque durante parte de la visita llovió algo, no fue tan molesto como para tener que suspenderla, pero utilizamos los paraguas en algunas de las zonas, como atestiguan varias de las fotografías que allí hicimos. El recorrido lo hicimos por libre, sin guía, e incluso cada uno a su aire, parándose en aquellas zonas que nos merecían más interés.

A la salida, ya sobre las 7 de la tarde, vinieron a esperarnos Pedro y Feli, la amiga de toda la vida de Ipi. Con ellos hicimos otro pequeño recorrido por algunas calles de la ciudad, justo para terminar en el Bodegón, uno de los bares emblemáticos de Ponferrada, donde es casi imposible encontrar sitio y más si se trata de un colectivo tan amplio como el nuestro, puesto que nos juntábamos 12 personas. Pero tuvimos la suerte de llegar casi cuando acababan de abrir, con lo que juntamos varias mesas y nos acomodamos a la perfección. Así pudimos degustar los platos característicos, es decir, patatas bravas, mejillones picantes, calamares y unas cortezas también clásicas del local, todo ello regado abundantemente con la sangría de champán, de la cual nos cepillamos cuatro jarras en el tiempo que mantuvimos la charla de grupo, durante cerca de hora y media.

Al salir, como en el programa se decía «ir de vinos por la ciudad», Paco exigió que había que hacer al menos otra parada para un vino, parada que hicimos en otro bar cercano, ya de camino hacia la plaza del ayuntamiento donde estaba el parking en el que habíamos dejado los coches a mediodía. Y ya en los coches, regreso a Molinaseca para dar por finalizada esa segunda jornada, aunque la terminamos como el día anterior tomando unos refrescos en el salón de la casa. Cuando nos fuimos a la cama era algo más temprano que la noche anterior.

La tercera y última jornada, domingo 19, empezó mas o menos a la hora del día anterior, si bien hubimos de recoger las cosas para meter en los coches y así dejar la casa libre, puesto que el recorrido era por fuera de Molinaseca. El primer destino fue Villafranca del Bierzo, aunque apenas pudimos visitar nada porque las iglesias estaban cerradas, una de ellas la de Santiago, a la que llegan los peregrinos del Camino, está como en obras, y el resto también cerradas porque al parecer este año Villafranca será base de la exposición de Las Edades del Hombre, y varios de los templos están siendo preparados para ello. Tampoco el castillo se puede visitar, aunque un grupo que llegó en un autocar, junto con una guía, debían tener «bula» porque sí que entraron.

En cualquier caso, hicimos un amplio recorrido por el pueblo e incluso finalmente fuimos al convento de la Anunciada, que sí estaba disponible para visitar, y donde además pudimos comprar pastas y rosquillas que preparan las monjas de clausura. Fue una visita breve, porque la iglesia tiene poco que ver.

El paso siguiente era Balboa, donde también nos encontramos con que La Casa de las Gentes, un museo de cosas tradicionales de la zona, también está cerrado desde la pandemia. Al parecer planean abrirlo a partir del mes de junio, pero no está muy clara la cosa. Hicimos unas fotos sobre el puente de los enamorados, y visitamos la palloza-restaurante que algunos no conocían. Y como nos habíamos tomado con calma tanto el paseo por Villafranca como la estancia en Balboa, pronto se acercaba la hora de la comida, y volvimos a los coches para subir a Cantejeira, ya que la comida estaba reservada arriba, en la Palloza de Cantejeira.

Al llegar, como aquello es muy reducido tuvimos que hacer números para conseguir aparcar los coches, pero lo conseguimos. La palloza está como siempre, bien cuidada, y con la mayor parte de las mesas ocupadas, pero nosotros teníamos una mesa amplia, frente a la barra, y comimos estupendamente. Hicimos las fotos de rigor y al finalizar la comida, ya desde allí cada uno se despidió de los demás dando por finalizada la reunión familiar correspondiente a este año, y emplazándonos para una fecha similar (23-24 y 25 de mayo) para el próximo año, reunión en la que ejercerán de anfitriones y organizadores Paco y Elva.

La Bañeza-Astorga

Empezamos la última etapa de este periplo con los mismos parámetros de días anteriores: despertar a las 7, prepararse para salir a las 8 y desayunar en media hora.

Pero a veces es difícil cumplir el programa, en parte porque al ser el último día hay que dejar la mochila organizada de otro modo, y tambien en parte porque te condiciona el entorno. Por cierto, hablando de entorno, el alemán que nos ha ido acompañando ronca de una forma impresionante. Esta noche una de las veces que me levanté al baño, sus ronquidos eran atronadores.

Salimos del albergue, pues, poco después de las 8, pero sin desayunar y pensando en encontrar algo por el camino, pero no fue así, al menos a corto plazo.

La salida de La Bañeza va por diferentes calles y pasa ante la iglesia del Salvador, la que ayer buscaban Chus y Mayi.

Poco después se adentra en el campo y más adelante atraviesa el río por un puente de hierro que se conserva de la antigua línea del ferrocarril.

Cuando se llevan recorridos algo más de 5 km, entramos en Palacios de la Valduerna, dónde esperábamos encontrar un bar para el desayuno. Al llegar nos dijeron dos paisanos que se encontraban delante del ayuntamiento que el único bar del pueblo estaba a unos 400 metros y que no abría hasta las 9, más o menos. Como todavía no eran las 9 y no aseguraban que fuese a estar disponible, dejé a Armando allí esperando por el resto del equipo y me acerqué yo a mirar. Al llegar al bar todavía estaba cerrado pero poco después llegó el jefe y ya vino hacia allí toda la tropa. Desayunamos bien y con tranquilidad y charlando con el paisano se nos fue una hora, con lo que cuando de nuevo nos pusimos en marcha eran las 10,10.

Desde allí, en dirección al siguiente pueblo, Celada De la Vega, hay más de 12 km y acordamos hacerlo de una tirada. El camino es casi siempre recto, por senderos entre arbolado y más o menos cerca de la carretera, pero se lleva bien en general.

Unos kilómetros antes de llegar a Celada, y después de pasar delante de Él Capricho (el famoso restaurante de los chuletones), nos encontramos con un puente romano precioso, que se conserva en buen estado. Es el puente Valimbre.

A él llegamos Armando y yo, y como justo antes el camino parecía terminarse, llamamos al terceto de cola para informar, y nos indicaron que habían hecho una parada de descanso y estaban con los alemanes. En vista de eso, decidimos continuar hasta el pueblo de Celada al que restaban un par de kilómetros.

Pero al pasar por Celada De la Vega el camino te obliga a entrar por una esquina, mientras los bares están junto a la carretera, con lo cual obviamos la parada y decidimos seguir directamente a Astorga.

Primera vista de Astorga

Al entrar nos dirigimos al albergue de San Javier, al que habíamos enviado las mochilas. Como no íbamos a pernoctar allí, la idea era solo ducharnos, y recoger las mochilas antes de ir a la estación de autobuses. Resultó que el albergue estaba a tope porque en Astorga se junta el camino francés con el de la Vía de la Plata y al parecer ya el volumen de peregrinos del francés es muy elevado a estas alturas de la temporada.

En cualquier caso, nos permitieron ducharnos, lo que hicimos Armando y yo mientras esperábamos por el resto. Vimos tambien al llegar que, justo a pocos metros, había un restaurante con muy buena pinta, El Serrano, y decidimos que era un lugar ideal para esta última comida.

Cuando llegaron Mayi, Chus y Rafa, se había hecho ya un poco tarde y decidieron que dejaban la ducha para cuando llegaran a su casa, así que nos fuimos rápidamente al restaurante, donde comimos de maravilla y nos atendieron con todo el esmero, dejando un excelente recuerdo del lugar.

De allí al autobús solo medio un taxi que nos hizo el traslado de las mochilas, y ahora mismo vamos camino de A Coruña, con ganas de llegar, y contentos por haber completado el programa previsto sin incidencias que resaltar.

Por mi parte, como promotor de la idea, felicitar a todos los que se han unido y celebrar el buen ambiente que hemos mantenido en estos 10 días que ha durado nuestra aventura.

Alija del Infantado-La Bañeza

Esta penúltima etapa, que parecía ser suave y tranquila, empezó con un par de pequeños incidentes. Por cierto, que la pareja de alemanes que viene coincidiendo con nosotros nos pidió hoy si nuestro mochilero podía llevar también la de su pareja, así que lo propusimos a Caminofacil y lo aceptaron.

Pero antes, al igual que el día anterior, nos pusimos en pie a las 7 para desayunar media hora después y salir sobre las 8. No obstante, el desayuno, en la gasolinera donde ayer comimos, fue tranquilo, abundante y relajado por lo que no comenzamos la marcha hasta las 8,40 más o menos.

Caminando hacia la salida del pueblo, Chus, que iba mirando hacia las cuevas-bodega que son allí abundantes, tropezó con una baldosa deficiente y se fue de morros al suelo. Suerte que la cosa quedó solo en el susto y un ligero dolor de mandíbula.

La salida de Alija se hace por la misma carretera por la que entramos ayer, pero en dirección opuesta, claro. Y en esa salida hay una bonita capilla.

Ya en marcha por la carretera, yo me paré a aligerar vestuario, porque en principio se aseguraba que haría mucho frío y no era para tanto. Así que mientras el resto de la parroquia continuaba la ruta, yo me quedé un poco atrás. Y con tanto reorganizarme, se me cayó un guante en la carretera y no fui consciente de ello hasta un par de cientos de metros más allá, con lo cual hube de regresar a buscarlo y luego tuve que poner marcha de paseo marítimo para alcanzarlos.

Salimos de la carrera La Nora y a partir de ahí ya fuimos por senderos muy tranquilos, siempre al borde del Río y con excelentes vistas, y escuchando los pájaros que esa hora son muy activos.

La primera parada la hicimos cuando estábamos cerca de cumplir 9 km, y lo que inicialmente pensamos que era Villanueva de Jamuz, resultó ser Quintana del Marco. Encontramos un bar frente a la iglesia donde nos tomamos unos cafés y pinchos de tortilla, oreja y chorizo. Todo estupendo para continuar.la marcha.

Unos 4 km más adelante, pasamos junto a Villanueva pero ya no entramos al pueblo y continuamos siempre al borde del Río en dirección a nuestro destino.

Un poco más adelante, aparece la opción de seguir por la carretera o hacerlo por caminos y decidimos seguir por el campo. Per hete ahí que al cabo de algo más de 1 km, el camino se termina sin más explicaciones y después de revisar la información de Gronze decidimos continuar campo a través hasta volver a encontrar ruta señalizada. Es de reseñar que en estas dos últimas jornadas, las señales son escasas o brillan por su ausencia.

Finalmente conseguimos localizar algunas señales y llegar al pueblo siguiente, Santa Elena de Jamuz. A la salida del lugar, después de decidir que entre seguir por la carretera o meternos al interior, acordamos ir por senderos. Pero antes hacemos una corta parada campestre para tomar fruta, frutos secos e incluso alguno un poco de queso.

Reanudada la marcha, empiezan los problemas de información porque no hay señales, lo que indica Gronze es impreciso, y un par de veces tenemos que desandar parte del recorrido, lo que fastidia más si cabe porque ya estás deseando llegar.

Finalmente cuando se cumplían cerca de 6 horas desde la salida, llegamos al albergue.

Ya instalados, el albergue está bastante bien. Posiblemente sea el mejor de los que tuvimos. Hemos descansado un buen rato, antes de ir a la ducha para salir a dar una vuelta por La Bañeza. Al salir nos dimos cuenta de que aunque hacía sol, el viento que llegaba era helado y no apetecía nada pasear. Además, poco hay que ver.

Nos metimos en la cafetería Bohemia, en la plaza Mayor, y nos tomamos cafés y cola-cao con la leche súper caliente. Allí estuvimos un buen rato.

Y como nuestro objetivo era cenar pronto, estuvimos buscando por toda la zona centro un lugar que valiese la pena. Al final? Lo mejor que encontramos fue D’Maria, un bar de tapas donde tomamos un variado de ellas, francamente bien.

Para terminar, otro café cercano donde rematar la faena con nuevos cafés y cola cao. Y ya desde allí, regreso al albergue donde en breve nos pondremos a dormir, para mañana madrugar.

Benavente-Alija del Infantado

La etapa de hoy se presumía cómoda porque era bastante más corta que la de ayer y porque además era llana y no había avisos de lluvia. Y para poner de nuestra parte todo lo necesario, acordamos levantarnos a las 7 para desayunar media hora después y estar listos para la marcha sobre las 8.

Se cumplieron más o menos los horarios y antes las 8,30 iniciábamos el recorrido, que según nos indicaron en el hostal partía de la avenida cercana. De forma que hacia allí nos dirigimos pese a la ausencia de indicadores, lo que ha sido una constante en esta etapa.

Poco después de llegar a la carretera, Mayi sugirió que preguntásemos a un ciclista que pasaba y este nos indicó que si tomábamos la vía verde, sería mejor y aunque nos orientó hacia donde seguir, no encontramos el camino, por lo cual entre las diferentes opiniones y alternativas, optamos por continuar por la carretera.

Pasados unos kilómetros, confirmamos que estábamos en la ruta correcta al llegar a la altura de una gasolinera que Gronze mencionaba. Seguimos pues por la carretera y poco después vimos que por allí cruzaba la vía verde y nos incorporamos a ella, para circular por la citada vía un buen rato.

Como más adelante el Camino se cruza con la vía verde, abandonamos esta ya con rumbo a Villabrazaro, uno de los puntos indicados en los que teóricamente hay servicios. Pero ya sea por estar en día festivo (hoy es 1 de mayo) o porque el pueblo está falto de vida, el único bar estaba cerrado, al igual que la farmacia, y por ello nos instalamos en el centro del pueblo a tomar algo de lo que llevábamos en las mochilas en unos bancos que allí se encontraban.

A esas alturas llevábamos ya 7,5 km caminados cuando afrontamos el siguiente tramo hacia Maire de Castroponce, de otros 8,2 km.

Saliendo de Villabrazaro Mayi y Rafa empezaron a polemizar sobre los diferentes estilos de dirección del personal, a raíz de las voces que escuchaban de alguien en ese lugar. Y la polémica o discusión debió de durar bastante, aunque yo no la seguí al alejarme.

El tramo hasta Maire es similar a los recorridos de todos estos días. A veces junto a la carretera y otras veces por senderos más alejados, pero todo muy llano. Lo más interesante en esta parte del trayecto es el paso sobre un puente romano sobre el río Orbigo.

En Maire volvimos a reagruparnos y aprovechamos que había un bar y allí nos fuimos a hacer un pequeño descanso. Resultó que los propietarios (un matrimonio de nuestra edad) tenían ganas de charlar y se unieron a nosotros contando lo duro y aburrido que es vivir allí. Y nos hicimos unas fotos con ellos.

El último tramo hasta llegar a Alija fue llevadero, y cuando accedimos al Refugio de Peregrinos (aquí lo llaman así) eran sobre las 2 de la tarde. Teníamos las mochilas en una habitación con 6 camas y aquí nos instalamos, dejando la habitación al completo para nuestro grupo.

El albergue es sencillo pero no está mal. Hay un solo baño, preparado para personas con discapacidad, y está limpio, aunque sobre los colchones hemos aplicado el preparado anti-chinches, por si acaso.

Nos fuimos a comer sin haber pasado por la ducha por si se hacía tarde, y total tuvimos que esperar bastante para que nos sirvieran porque el restaurante de la gasolinera estaba a tope. Comimos bien e hicimos una larga sobremesa antes de volver al refugio para sestear e instalarnos del todo.

Por la tarde, ya repuestos, fuimos a pasear por Alija. Hay una hermosa iglesia y un amplio castillo, y pese a ir bastante abrigados, pasamos frío durante el paseo.

Luego, para cenar algo, fuimos al Black & White, el otro local que la hospitalera nos recomendó. Allí nos sirvieron una rica tabla de embutidos y unas cachopinas que estaban deliciosas.

Y terminada la cena, pelados de frío, regresamos al refugio para dar por finalizada esta séptima etapa.

Granja de Moreruela-Benavente

Anoche, viendo que la etapa de hoy era quizás la más larga de las preparadas, decidimos levantarnos sobre las 7 para estar desayunando a las 7,30 cuando abría la cafetería del Teleclub, y más o menos sobre las 8 estar empezando a caminar.

El desayuno fue de lo más sencillo porque solo pudimos tomar café y unas magdalenas.

Otra decisión tomada ayer en Asamblea General fue que hoy dormiríamos en un hostal, habida cuenta de que el albergue de Benavente tiene pocas camas y de que nos apetecía estar un poco más cómodos.

El Teleclub donde se gestiona el albergue

Así pues, según lo previsto, poco después de las 8 estábamos ya subiendo la cuesta por la que se sale de Moreruela para tomar los caminos agrícolas habituales, sobre los que sigo insistiendo en que dan a veces demasiadas vueltas que alargan de forma innecesaria el recorrido.

Los primeros 9,5 km transitan por los caminos habituales, realmente de poco interés, salvo contadas ocasiones en las que aparece arbolado autóctono y donde podemos escuchar los trinos de los pájaros, que siempre es agradable.

El primer pueblo que encontramos, y donde además hay un bar que nos permite una parada tranquila es Santovenia del Esla, donde además de tomar un café calentito, nos metemos al cuerpo parte de la fruta que compramos ayer, es decir plátanos y mandarinas.

El camino continúa su recorrido en los siguientes 6 km hacia Villaveza del Agua, y al poco de salir de allí empieza a llover, por lo que todos nos paramos a equiparnos con los chubasqueros, aunque luego la lluvia apenas dura unos minutos y no nos atrevemos a quitarlos por si acaso. En su mayor parte el camino discurre paralelo a la N-630, sin mejorar demasiado en cuanto al contenido. incluso al pasar por el pueblo desaparecen las señales y hubimos de preguntar a un paisano si estábamos en la buena dirección.

Un par de kilómetros después, por un sendero cercano y paralelo a la general, llegamos a Barcial del Barco, donde el único bar del pueblo está cerrado porque descansan los martes. Nos habían indicado que desde ahí hasta Benavente se podía hacer el recorrido por la Vía Verde, que discurre por lo que hace años era el trayecto del ferrocarril de la Vía de la Plata. Localizamos el inicio de la vía gracias a la información que nos facilitó el cartero del pueblo.

Y ya a partir ese momento entramos en un recorrido mucho más atractivo, y en el que destacan varios puentes de hierro sobre el río Esla.

Vemos también una piscifactoria en el río, de donde posiblemente habrán salido las truchas que unas horas después comemos en el restaurante.

La vía verde realmente es cómoda de recorrer, con muchos matices en cuanto a la vegetación, y sobre todo los puentes, destacando el mayor de ellos.

Pero al final, los 7 km de esa vía verde nos empiezan a resultar un poco pesados, porque se añaden a los 20 km que ya llevamos recorridos con antelación.

Cuando por fin terminamos la vía , dejando a un lado el último pueblo, Villanueva de Azoague, buscamos el camino para llegar al Hostal La Trucha, donde tenemos la reserva.

Y para llegar allí todavía nos restan casi 2 km, casi todo en subida, y ese trecho termina con nuestra resistencia. Completamos así una jornada de 28 km, la más larga de nuestro periplo.

Al llegar al hostal ya es hora de comer por lo que después de tomar unas cervezas vamos directos al restaurante.

Tras la comida, subimos a descansar y echamos una buena siesta. Con la ducha y recuperados decidimos salir a dar una vuelta y comprar fruta, y a la vez pasamos por la lavandería para reponer la ropa para las últimas 3 etapas antideslizantes volver a casa.

Como hoy se jugaba la semifinal de Champions entre Madrid y Bayern, nos quedamos en la cafetería del hostal mientras las chicas se van al centro, a tomar algo.

Y ya terminado el partido y de vuelta las chicas, todos a las habitaciones para preparar los cuerpos para la etapa de mañana.

Montemarta-Granja de Moreruela

La etapa de hoy, ecuador de este proceso por ser la 5 de nueve, ha sido relativamente tranquila, aunque se me ha hecho algo larga.

Los datos del recorrido de hoy

Salimos del albergue sobre las 8,30 horas, dejando allí a Armando, que como ayer colapsaron sus botas, y no hubo forma de arreglarlas no le quedó otra opción que comprar unas nuevas. Le gestionamos que el taxi que traslada las mochilas le llevase a Decathlon de Zamora y ya luego le dejase en el final de etapa de hoy. Es decir, que se libró de la caminata.

El restaurante de Rosa Mary

Después de desayunar en Rosa Mary, el restaurante donde ayer cenamos, arrancamos a andar a las 9,15 con destino a Fontanillas, un pueblo situado a mitad de etapa, donde teóricamente había un bar para hacer la parada intermedia.

El camino deja la carretera bordeando la iglesia de Santa María del Castillo, que ayer visitamos y se adentra por el medio de terrenos agrícolas similares a los de días pasados, cambiando con frecuencia de dirección por lo que en apariencia se alarga más de lo imprescindible.

Cuando llevaba caminados unos 4 km se pasa de nuevo junto a la vía del AVE aunque en este caso por un paso subterráneo, que no alarga el recorrido. A esas alturas de la marcha, sobrepase a la coreana y a un par de caminantes más que habían salido antes. Rafa y las chicas caminaban un poco más atrás.

Varios kilómetros antes de llegar a Fontanillas se dejan a la izquierda los restos de lo que en su día fue una fortaleza, el Castillo de Castrotorafe. No merece la pena acercarse a visitarlos, y simplemente indico su existencia.

Restos del Castillo

A esa altura hay un cartel anunciando la existencia de un bar a 300 metros, pero como obliga a desviarse, lo dejo pasar, pensando que podremos tomar algo en Fontanillas. Pero cuando llego al pueblo previsto como parada intermedia, me entero de que no hay bar, sino simplemente un pequeño local con una máquina donde se pueden tomar unas bebidas calientes.

Así que allí me voy, esperando la llegada de mis colegas de marcha y aprovecho para escuchar y ver por el móvil la comparecencia de Pedro Sánchez, nuestro presidente, que decide no dimitir y continuar al frente del gobierno.

Tras alrededor de media hora de descanso en ese ‘coffee break’ retomamos la marcha, ya con la idea de hacer de una tirada los casi 12 km que restan hasta el final de etapa, donde ya Armando nos ha avisado que nos está esperando. La idea era que él pudiese reservar las camas para todos pero al parecer el posadero le indica que solo a medida que cada uno vaya llegando puede elegir cama.

Se pasa por el pueblo de Riego del Camino después de caminar casi otros 4 km desde el anterior, pero ahí no hay nada que ver, y a continuación se afrontan ya los 7 km restantes, que se hacen muy largos, porque el paisaje no tiene nada de particular respecto de lo ya andado e incluso es más aburrido, y cuando a lo lejos aparece el pueblo todavía faltan casi 3 km para entrar en el.

Granja de Moreruela al fondo

Así llego a Granja de Moreruela sobre las 13,40 horas, después de recorrer los más de 27 km de la etapa de hoy. Me espera Armando y después de hacer el registro en el Bar- Teleclub de quien gestiona el albergue ya puedo venir a instalarme, mientras Armando queda pendiente de la llegada de Rafa, Mayi y Chus, que lo hacen 20 minutos después.

Nuestro albergue de hoy

Tras acomodarnos todos, ducharnos y cambiar de ropa, puesto que se hace tarde nos vamos a comer al bar, que es el único en Moreruela en estos momentos. En principio nos ponen mala cara porque dicen que es tarde, pero al final nos atienden bien y comemos adecuadamente.

Tras la comida, una siesta reparadora para más tarde salir a hacer algo de compra en la única tienda del pueblo, donde cogemos fruta para mañana.

Y nos queda tiempo antes de la cena para descubrir el pueblo, que tiene una iglesia con buena pinta justo al lado de nuestro albergue, pero esta cerrada, vemos el edificio del ayuntamiento, lleno de nidos de golondrinas, y finalmente la zona próxima al bar, con un parque precioso, el colegio y unas zonas de recreo.

Antes de cenar nos da tiempo tambien a tomar un refresco en la terraza del bar, aprovechando los últimos rayos de sol, y luego, ya de nuevo dentro del bar cenamos un buen plato de embutido.

Atardecer en Moreruela

Y como el día no da para más y la gente en el albergue se pone a dormir antes de las 10, para que nadie nos proteste, todos a la cama.

Zamora-Montamarta

Hoy la etapa parecía de principio más llevadera, porque eran algo menos de 20 km y ya no había anuncio de lluvia.

Empezamos la marcha poco después de las 8 de la mañana, una vez el transporte nos recogió las mochilas. La salida de Zamora desde el centro es a través de la puerta de Doña Urraca, y en varios sitios nos encontramos paneles pintados muy interesantes. Aparte de eso el tramo ciudadano es un poco rollo, además lleva aparejada una cuesta considerable, y antes de llegar a los caminos agrícolas obliga a transitar un rato por carretera con apenas arcén.

Tras aproximadamente 6 km de marcha nos encontramos el único pueblo con servicios, que es Roales, donde hay uno o dos bares pero no paramos porque teníamos muy reciente el desayuno. Nos llamó la atención en ese lugar el nombre de las calles principales. General Franco y Primo de Rivera (José Antonio). Habría que avisar al equipo de Memoria Histórica, aunque aquí en Castilla-León se han marcado una ley a su gusto.

Más adelante el trayecto continúa siempre por senderos agrícolas, con plantaciones diversas entre las que destacan la colza y la avena, además de otras grandes parcelas aparentemente en barbecho o pendientes de nueva siembra.

Cuando íbamos por la mitad del recorrido, más o menos, Rafa y yo que marchábamos un poco distanciados del resto, hicimos una parada para reagrupamiento, y para tomar algo, habida cuenta de que ya no tendríamos donde hacerlo hasta el final de etapa.

Nos paramos junto a la entrada de una enorme superficie de paneles solares, y allí dimos cuenta de galletas, frutos secos y unas mandarinas compradas el día anterior en un Gadis de Zamora.

Un poco después el Camino hace un quiebro para salvar las vías del AVE, lo que nos obliga a un rodeo que no hace más que alargar el recorrido. Aunque confiábamos en que pasase algún tren mientras pasábamos por el alto, no hubo suerte, y sin embargo pasó poco después y pude captarlo desde abajo.

El resto del recorrido hasta el final de etapa ya lo hicimos a buen ritmo, porque Rafa quería llegar a tiempo de ver por televisión el campeonato de moto GP desde Jerez.

Albergue de Montemarta

Llegamos al albergue tranquilos y con el encargo de coger camas bajas, aunque solo lo logramos en parte, puesto que de las bajas quedaban solo tres, por lo que los otros dos dormirán en la parte alta de las literas. El alojamiento es de lo más sencillo pero nos servirá para pasar esta noche.

Vista del dormitorio del albergue

Una vez instalados, duchados y cambiados de ropa, marchamos todos a reunirnos con Rafa en un bar cercano, donde vimos la carrera. Y ya allí decidimos comer, un menú del día bastante aceptable y sobre todo abundante.

Tras la comida, una siesta para relajar cuerpo y piernas, y una vez recuperadas las fuerzas, paseo por el pueblo hasta una iglesia próxima ubicada justo al lado de un pantano. Como hacía buena tarde, el paseo resultó de lo más agradable.

Había gente pescando (o más bien intentándolo, porque al parecer no picaban), pero se veía saltar a los peces.

De vuelta hacia el pueblo, tomamos un refresco en la terraza de un bar y, más tarde, para completar la jornada, cenamos en otro restaurante de Montemarta, el Rosa María, que será donde mañana desayunaremos porque en este albergue no hay lo necesario.

Villanueva de Campean-Zamora

Ya sabemos que no se ganó Zamora en una hora, y aunque tampoco lo pretendíamos, la verdad es que hoy la marcha ha sido más lenta de lo previsto, por las inclemencias meteorológicas. El recorrido total ha sido de algo más de 19 km y el tiempo total invertido, con paradas intermedias, como 6,30 horas.

Arrancamos a las 8,30 de la mañana, sin haber desayunado porque en el albergue no había nada y tampoco nosotros habíamos llevado lo necesario para poder organizar allí un desayuno. De todas formas, poco después de salir un paisano nos dijo que en el pueblo de San Marcial situado a unos 6 km podríamos encontrar un bar abierto, con lo cual hacia allí nos dirigimos.

El primer contratiempo se produjo cuando nos dimos cuenta de que mi sombrero se había quedado olvidado, con lo cual yo tuve que regresar a buscarlo mientras el resto del grupo iniciaba la marcha. Tuve que acelerar un poco más para alcanzarlos cuando habíamos recorrido algo más de 2 km.

Y además, casi al salir de Campean empezó a llover, al principio no muy fuerte, pero la cosa fue en aumento, de forma que llegamos al bar poco antes de las 10 y ya un poco mojados. Al arribar, el bar todavía estaba cerrado y tardó la chica en llegar como 20 minutos, que se nos hicieron eternos porque hacía frío y con la humedad la cosa era más difícil de llevar.

Como la lluvia se mantuvo durante más de hora y media, mientras tanto nos tomamos los cola-cao y cafés de desayuno, además de un par de bocatas de jamón que repartimos entre todos. Y no fue hasta alrededor de las 11,30 que pudimos volver a caminar, tras haber parado de llover.

Al reanudar la marcha ya vimos que el suelo de los caminos se había deteriorado una barbaridad, porque se ve que no se absorbe el agua con facilidad, y empezó a estar resbaladizo y nos frenó la marcha, además de que corríamos riesgo de patinar y estamparnos contra el barro. Las botas se iban haciendo cada vez más pesadas y los bajos de los pantalones se iban poniendo del color del suelo.

En un momento determinado, como yo me había alejado, empecé a preocuparme por si las chicas hubieran tenido algún percance, ya que tardaban en llegar a mi altura. Además, como quiera que las telefonee y no contestan, decidí volver atrás unos cientos de metros, hasta encontrarme con ellas. Resulto que únicamente se habían parado a beber y a hacer fotos. En fin, que continuamos ya hacia el final de etapa cada uno a su ritmo. En esta última parte del trayecto un par de veces la lluvia nos amenazó con volver a fastidiarnos, pero fueron pequeños chaparrones sin más importancia.

Cuando por fin llegamos a la entrada de Zamora nos encontramos con que el puente de piedra, que es el acceso clásico, está en obras y por esa razón para llegar al albergue tuvimos que dar un importante rodeo, que alargó la etapa en más de 1 km sobre lo previsto.

Llegados al alojamiento, pasadas las 3 de la tarde (hora de apertura), había un atasco importante para anotarse por lo que lo hicimos uno a uno a medida que llegamos, intercalados con muchos otros peregrinos que hoy llegaban a la ciudad.

Por todo ello, tardamos bastante en estar listos para salir a comer algo, antes de que Chus y Mayi se fuesen al médico por un pequeño problema que tenía Chus, y mientras los chicos nos fuimos a buscar una lavandería para yo hacer mi colada.

Cenando en La Colmena

Y para remate del día, a tomar unos vinos y pinchos a un par de sitios típicos, terminando en La Colmena, un restaurante donde nos trataron de maravilla y cenamos muy bien, antes de volver al albergue para estar dentro a las 10 de la noche, hora de cierre.

Villanueva de Cañedo-Villanueva de Campean

Hoy amanecimos muy relajados, tras una noche con todas las comodidades que nos ofreció el Castillo del Buen Amor. Y lo primero que hicimos fue ir al comedor a degustar el excelente desayuno-buffet que se nos ofrecía en el paquete reservado.

Recorrido de esta etapa

Hubimos de esperar a las 9 de la mañana, hora un tanto tardía para lo que acostumbramos cuando estamos de caminata, pero valió la pena la demora en salir, con lo cual cuando iniciamos la marcha eran ya las 10,20 horas.

Antes de partir, delante de recepción.

Hoy el recorrido inicial hasta El Cubo del Vino tuvimos que hacerlo por la N-630 a causa del desvío que hubimos de hacer para llegar al Castillo. Pero como fue a primera hora, los 14 km que hicimos por carretera fueron más llevaderos.

Al llegar a El Cubo de la tierra del Vino, un pequeño descanso en el Bar Hernández para reponer fuerzas y aligerar fluidos. Allí nos encontramos a otros peregrinos que hacen este mismo recorrido.

Cuando ya retomamos la marcha, nos tropezamos en la plaza del pueblo a la coreana que vimos ayer. Hoy bajaba de un bus, o sea que se había saltado el recorrido.

El camino a partir de El Cubo circula por una senda agrícola muy cómoda, que lleva a su derecha una vía de tren en desuso. El paisaje es muy interesante, con grandes zonas arboladas con flora autóctona por la derecha y enormes extensiones de tierra labrada por la izquierda, con maquinaria agrícola de peso.

A medio camino se notó un leve chispeo de lluvia, presagio de la borrasca que tenemos anunciada, pero la cosa no pasó a mayores.

Sin embargo en todas las fotos que hice a lo largo de la marcha queda patente por los nubarrones que se ven, que probablemente mañana lloverá a lo largo de la jornada. De hecho, esta tarde ha llovido ya un poco en Villanueva de Campean, donde hoy pernoctamos. En cualquier caso hoy el paisaje ha sido realmente atractivo.

En el último tramo hasta llegar a nuestro destino de hoy, se pueden ver grandes extensiones de viñedos, y también enormes superficies en los que las plantaciones de avena destacan entre otras. Cabe destacar tambien lo hermoso del paisaje al margen de los cultivos, lleno de jaras, y multitud de otros arbustos en plena efervescencia en este mes de abril.

A la llegada a Campean se nos presentan sendos bloques de piedra, imitando a los antiguos miliarios, que anuncian el nombre del pueblo.

Según llegamos al pueblo, buscamos el albergue donde nos han dejado las mochilas. La verdad es que, viniendo del Castillo, a más de uno se le cae la moral al suelo. Y no es para menos porque quienes no conocen los albergues de peregrinos no imaginan como son, pero quienes los conocemos podemos opinar que este forma parte de la gama más cutre.

Este es nuestro albergue

Una vez colocadas las mochilas, nos vamos a tomar una cerveza al bar del pueblo, y resulta que no hay bar y lo único disponible es un local social comunal donde por cierto nos dan toda clase de facilidades y nos tratan de maravilla.

De regreso al albergue, ducha y acomodo, mientras preparamos la búsqueda de algún sitio para cenar, que al final conseguimos en un pueblo situado 4 km más allá, y con taxista que nos facilita los desplazamientos.

Conseguimos cenar francamente bien y como hay que acostarse pronto, a las 10 en el alojamiento, y a la cama poco después porque mañana es otro día de caminata.

De cena en el pueblo vecino

En fin. que los nuevos van descubriendo como funciona esto y nosotros nos encargamos de facilitarles la adaptación.

Salamanca-Villanueva de Cañedo

Hoy, 25 de abril, mientras Portugal celebra su fiesta nosotros empezamos nuestra andadura por esta Vía de la Plata camino de Astorga y con esta primera etapa que concluye en en Castillo del Buen Amor.

Resumen de nuestro recorrido

La jornada se inició a las 8 de la mañana, después de una plácida noche. A esa hora, con puntualidad exquisita, vinieron a recoger nuestras mochilas y a la misma hora acudimos a desayunar a la cafetería situada justo debajo del que fue nuestro alojamiento, en plena plaza mayor salmantina.

El desayuno en Salamanca

Y aproximadamente media hora más tarde, nos pusimos rumbo a nuestro destino de esta primera etapa. El camino transcurre por varias calles de Salamanca en dirección Zamora y ya saliendo de la capital transita por un arcén de la carretera nacional durante varios kilómetros, con deficiente señalización hasta que, pasados unos 7 kilómetros, se acomoda por un andadero que discurre en un lateral de la propia N-630.

Se llega a Aldeaseca de Armuña, ya un poco alejado de la nacional y se continúa por senderos hacia Castellanos de Villiquera, donde hicimos una parada para tomar un café y aligerar líquidos, cuando llevábamos caminados 12 kms. Allí nos encontramos con una coreana que caminaba un poco más lenta que nuestro grupo.

Castellanos es un pequeño lugar donde nos llamaron la atención algunas pinturas murales que decoraban diversas casas y locales.

El siguiente pueblo fue Calzada de Valdoncel, algo más importante porque a diferencia de los anteriores, contaba con un par de entidades bancarias y cuyo ayuntamiento ocupaba un moderno edificio. En ese pueblo había además un par de albergues, uno de ellos privado y otro municipal. Y tenían una plaza adornada con restos de varios miliarios que suelen ser frecuentes por estos parajes, ya que por aquí discurría la vía romana que conectaba Sevilla con Astorga.

A partir de este pueblo ya no hay nada destacable hasta El Cubo del Vino, que dista más de 20 kms, por lo que elegimos como final de etapa el Castillo del Buen Amor, algo fuera de la ruta oficial del Camino De Santiago. Para llegar al final de etapa estimábamos que restaban 7 u 8 kms que finalmente se convertirían en algo más de 10, hasta completar un recorrido total de 27,3 kms.

Invertimos en ese recorrido algo más de 6 horas, aunque con varias paradas, pero llegamos a nuestro destino cerca de las 3 de la tarde, con ganas de descansar y comer algo.

Comiendo algo tras la llegada

El Castillo del Buen Amor es un excelente lugar para disfrutar de un fin de semana, y aunque nosotros no disponemos de ese tiempo, tratamos de sacarle el máximo partido en el margen de nuestras posibilidades.

Después de reponer fuerzas, ya pasamos a las habitaciones para descansar, ducharnos y recuperarnos para la siguiente jornada. Hemos estado en las habitaciones un par de horas y luego salimos a recorrer las diferentes estancias del castillo, que ha resultado ser muy interesante. Está muy bien cuidado, con un montón de salones y lugares para uso de los clientes. Y tiene un precioso y bien cuidado entorno, con plantaciones de uvas propio.

Hemos hecho tambien buenas migas con el personal de recepción, de cafetería y del restaurante, alguno de ellos gallego (de Cariño, y con conocidos comunes por Rafa y Mayi). En resumen, que hemos aterrizado en el lugar adecuado.

Cenamos en el restaurante, que por su forma, nos recordaba al del Hostal de los RR. Católicos. La cena tambien estupenda.

Y como con todo eso ya se hizo tarde, nos vinimos a las habitaciones sobre las 11,30 para mañana desayunar a las 9.

En definitiva, una primera jornada excelente y con ganas de seguir en la misma linea en los próximos días.