Perseidas 2025

Hace ya varios años que tratamos de programar la asistencia a algún lugar en el que, cuando llegan las fechas propicias para observar las perseidas, sea factible el verlas en todo su esplendor. Pero como cerca de A Coruña no hay ningún sitio adecuado, la búsqueda debe dirigirse a zonas alejadas de las ciudades, y a ser posible en puntos elevados de la geografía. Hace ya un año Ipi, que suele ser la «buscadora» de eventos diversos, descubrió que en A Veiga, provincia de Ourense, hay un Observatorio Astronómico en el que se programan visitas precisamente para estas ocasiones. Y como ya en 2024 no había ocasión de asistir, se guardó las fechas y las indicaciones para reservar en este año. De modo que, dicho y hecho, con tiempo suficiente se buscó alojamiento y se hicieron las reservas oportunas.

Para el alojamiento encontró Ipi la casa rural Eido das Estrelas, en las proximidades de A Veiga y del citado observatorio, y se comunicó al grupo para que cada uno fuese realizando su reserva, puesto que la casa tiene un aforo limitado y ya llegábamos con reservas previas realizadas. Con todo, consiguieron reservarse 5 habitaciones y alguno más quedó en lista de espera. Como era preciso reservar 2 noches (no admiten ya en casi ninguna casa menos de eso), decidimos optar por entrar el 11 y salir el 13 de agosto, teniendo en cuenta que la fecha teóricamente mejor para ver las perseidas era la noche del 12.

A partir de ahí, solo faltaba realizar una programación para completar el viaje, y para ello Ipi tiró de su amplia agenda de eventos y lugares diversos, fechas y fiestas señaladas y otras circunstancias, y con precisión preparó el reparto de tiempos para completar los tres días de excursión. Previo al inicio del viaje, se produjo un cambio en los asistentes, puesto que Elena y Rafa que habían sido de los primeros en hacer la reserva hubieron de desistir por circunstancias familiares, aprovechando su plaza en la casa rural Armando y Pila, que estaban en lista de espera.

La primera de las actividades previstas fue un paseo en barco por el embalse de Os Peares, partiendo del pantalán que tiene allí instalado el restaurante A Tanxarela-Quinta Sacra, que ya conocíamos de una excursión anterior en mayo de 2023, cuando hicimos la reunión anual de los Gigirey, organizada en aquella ocasión por mi hermano Miguel y su pareja Valentina. Y al igual que en aquella ocasión, terminado el paseo en barco, una excelente comida en el propio restaurante.

El paseo en barco nos transportó durante mas de hora y media por diversos puntos del embalse, con amplias explicaciones por parte de Luis, el patrón del barco. Tuvimos ocasión de visitar la cascada de Augacaida, aunque solo 4 del grupo nos bajamos a verla de cerca, y también en otro rincón del embalse nos llevó a conocer a dos sirenas que están sobre una roca.

Allí Luis nos ofreció también la oportunidad de darnos un baño, del que también solo 3 (Elvira, María y yo) disfrutamos. Durante el paseo, algunos tuvieron la ocasión de demostrar sus dotes para la navegación poniéndose al mando del timón.

Terminado el paseo del barco, nos esperaba la comida al aire libre, con un menú compuesto de platos fríos en su mayoría, servidos en una mesa redonda, en la que se pudo comer en bañador, a la sombra, y con una temperatura muy agradable, pese a que al sol se soportaban 36 grados.

Degustamos un surtido de embutidos caseros, una tabla de quesos variados de la zona, empanada, tortilla de patatas, pimientos asados, filetes de ternera y alguna cosa más, y a los postres tartas de almendra y de nuez. Regado todo por vinos de la Ribeira Sacra, aunque al final lo más socorrido fueron unas cervezas y tinto de verano en grandes cantidades. Terminamos con cafés y algunos con chupito, aunque luego la siesta la echamos en el mismo pantalán, con baño incluido por parte de la mayoría.

En definitiva, un éxito la elección del programa y el lugar para el comienzo de la excursión, como lo atestiguan las caras de satisfacción de los asistentes. Pero como todavía estábamos a más de hora y media de la casa rural, una vez relajados con la siesta y los baños a pie del pantalán, volvimos a los coches para reanudar la marcha, llegando a destino a buena hora para instalarnos. La casa rural, por cierto, estaba bien y aunque hacía calor, en las habitaciones la temperatura era agradable, con ventanas abiertas durante la noche. Antes de ir a dormir bajamos a A Veiga para intentar cenar algo, pero solo encontramos abierto un bar donde lo más que pudimos meter al estómago, aparte de cervezas y aguas, fueron unas patatas fritas y, algunos, unos sobaos o bizcochos tipo madalenas. Sin embargo, nadie se quejó de marchar a la cama con hambre.

Para el segundo día, el martes 12, estaban programadas varias visitas en el entorno próximo de nuestro alojamiento, porque aunque no había demasiado que ver, Ipi rebuscó y descubrió algunas opciones para llenar la jornada. Tras un estupendo desayuno nos pusimos en marcha hacia el Mirador de Valdín, muy próximo a Eido das Estrelas, continuando luego hasta Ponte, para ver algunas edificaciones como la Casa dos Vaqueiros, que tiene numerosas inscripciones en las piedras sobre las que está construida, y vimos también un par de «casas preñadas», llamadas así porque tienen adosadas en el exterior sendos hornos artesanales para cocer el pan y la comida casera, hechos en barro.

Seguimos luego hacia Lamalonga, un pequeño pueblo en el que destacan las esculturas que un tal «Pepe do Barrio» (José Escuredo Vega) hizo en piedra por toda la comarca y de forma especial en su pueblo. A mi modo de ver no son gran cosa, pero como para gustos se pintan colores… hicimos un recorrido por el lugar, acercándonos a la que fue su vivienda donde se acumulan la mayor parte de sus obras.

Con esas dos excursiones, nos acercamos a la hora de comer, para lo cual teníamos una reserva hecha en el Restaurante As Chairas, en A Veiga, justo frente a la Playa de los Franceses (una playa fluvial en el embalse), donde preveíamos darnos un baño antes o después de la comida. Comimos bien, y se ve que con el estómago lleno decayeron los ánimos por el baño, porque al final solo yo me acerqué a la arena para darme un chapuzón y refrescarme, sustituyendo así la previsible siesta que otros realizaron mas o menos disimuladamente en el propio lugar de la comida, la terraza del restaurante.

Por la tarde nos desplazamos hasta Viana do Bolo, situada a unos 20 kms de A Veiga. Llegados allí hicimos un corto recorrido por el pueblo, con una temperatura de 35 grados, aunque el calor no se llevaba mal del todo ya que la humedad ambiente no era muy alta. En todo caso, tras ese paseo nos desplazamos hasta la piscina municipal, no para bañarnos, sino para tomar unos refrescos a la sombra, en un lugar más respirable que cualquier terraza en medio del pueblo.

Regresando al alojamiento, nos equipamos para el posible fresco nocturno en lo alto del monte donde está el observatorio. Y seguidamente nos dirigimos ya al Centro Astronómico para una visita previa al mismo antes de la observación nocturna en el exterior. Pero llegados al lugar, ya Oscar, el encargado del mismo nos dijo que difícilmente podríamos llegar a ver perséidas porque el cielo estaba cubierto, en ese caso además de las nubes por gran cantidad de humo procedente de los diversos incendios de montes cercanos. Ya en el interior del centro, Oscar nos hizo una detallada exposición de las corta historia del Observatorio que empezó a funcionar en 2021, y a continuación pasamos a la sala donde visionamos el cielo estelar, con explicaciones sobre las constelaciones, lejanía de las estrellas, etc. Resultó interesante, pero no espectacular porque casi todos habíamos asistido a otros visionados similares en el Planetario de A Coruña o de otras localidades.

La última parte del programa, la que daba origen a toda la planificación del viaje, fue la que al final no se pudo llevar a cabo por lo ya señalado de las nubes y el humo de los incendios, como queda reflejado en la visión desde el exterior, ya entrada la noche. Se sustituyó finalmente por otra charla que en parte resultó repetitiva sobre los orígenes del observatorio, otra filmación sobre los planetas y una última explicación sobre el futuro Eclipse total de sol que se producirá justamente un año después de la fecha de nuestra visita, es decir, el 12 de agosto de 2026 y que será visible en un amplio espectro de la península, entre los que está nuestra ciudad, donde podrá observarse entre las 19,30 y las 21,20 horas. Ese día será también en el que, si no hay nubes como este año, podremos ver la lluvia de perseidas. Allí todos los asistentes empezamos a pensar en cómo podemos el año próximo ver el eclipse y si es posible, las estrellas fugaces que no pudimos observar en esta ocasión.

De regreso a la casa rural, como coincidía que en esa noche se celebraba en el pueblo una cena comunitaria para dar inicio a las fiestas, y el lugar del evento era muy próximo al Eido das Estrelas, nos acercamos hasta allí, si bien solo pudimos tomar unas cervezas y unos trozos de tarta porque ya todo el pueblo abandonaba el lugar. Pudimos, no obstante, participar en algunos de los cantos y bailes de despedida, regresando a nuestras habitaciones sobre la 1,30 de la madrugada.

El desayuno del miércoles 13 hubimos de anticiparlo a las 8,30 de la mañana par poder llegar con tiempo luego a la bodega Alma das Donas a las 11,30 horas, en que estaba prevista la visita reservada con antelación. Esa bodega es una de las pocas valoradas con 5,0 entre la multitud de las existentes en la Ribeira Sacra, y que ya Ipi y yo conocíamos por haberla visitado en el antes comentado viaje de mayo de 2023 con nuestro grupo familiar.

Tras un primer paso por las viñas situadas alrededor, con las explicaciones pertinentes por parte del bodeguero (un italiano que se afincó en la zona hace unos 10 años), visitamos la propia bodega donde se ubican los toneles de acero inoxidable y unas cuantas barricas de madera, ya que además de los vinos jóvenes, que son la mayoría, tienen tres que se crian en barrica en períodos entre 6 y 12 meses.

De allí pasamos al Mirador, con unas vistas preciosas sobre los bancales y sobre el río, donde tuvimos la ocasión de hacer una degustación del blanco (Almalarga), un rosado (Almalola) y un tinto (Almanova), que se acompañó con unos pinchos de queso Cebreiro y salchichón. Y para terminar, sobre la marcha, decidimos comprar un par de botellas de cada uno de los vinos degustados para poder repetir la cata con Elena y Rafa en la prevista comida del día 15 en casa de Teresa y Roberto.

Terminada la cata y visita, desde la bodega nos dirigimos ya hacia el último punto del programa, que no era otro que el Asador Coto Real, en Rábade, a donde llegamos poco antes de las 14,30 horas en que estaba fijada la reserva para comer. Habíamos encargado ya con antelación unos entrantes a base de Mejillones en escabeche y Ensaladas de tomate con ventresca. Y para continuar, lechazo (una de las especialidades del asador) para unos cuantos mientras otros se lanzaban a la carne (entrecot o chuleta de vaca vieja) e incluso una ensaladilla con un aspecto muy atractivo. Y se regó mayoritariamente con cervezas, tintos de verano y también con un Protos. Terminamos con unos postres clásicos del asador, cumpliendo todo ello con las altas expectativas previas.

Y antes de despedirnos, para completar el programa nos dedicamos a buscar ubicación para, en grupo, preparar la xuntanza a un año vista, donde todos juntos observar el eclipse y, a ser posible, las perseidas. Y hecha ya la reserva para dentro de 12 meses, nos despedimos tomando cada uno el regreso a su punto de partida y felicitándonos por el éxito de la excursión y el buen ambiente (como siempre) conseguido.

MILÁN 2025

Como ya comenté finalizando el año 2024, este 2025 en el que llego a mis 75 primaveras tiene unas ciertas peculiaridades para mi, y al llegar al evento de mi fecha de cumpleaños he querido darle un sentido especial, haciendo algo diferente.

Por esa razón meses atrás programé un viaje a Milán para conocer una de las sedes emblemáticas de la opera, como es sin duda el Teatro Alla Scala, así denominado en la ciudad donde tiene su sede.

Para hacer coincidir el viaje con la fecha del cumple, hube de revisar toda la programación de la Scala, y resultó que para entonces estaría en representación una opera recién estrenada que a la vez era un estreno mundial, El Nombre De la Rosa, basado lógicamente en la novela homónima de Umberto Eco que también dio lugar a una película.

Una vez decididas las fechas de desplazamiento, se unieron al plan inicialmente ideado por Ipi y por mí, nuestros incondicionales Elena y Rafa, a quienes ya hemos empezado a transmitir nuestra afición por las representaciones operísticas.

Las fechas elegidas fueron el 5 de mayo para la ida, aprovechando un vuelo directo A Coruña-Milán con Easyjet y el regreso para el 8 de mayo, en vuelo de Air Europa con escala en Madrid. Realmente eran pocos días pero se cumplía el objeto principal del viaje (la representación en la Scala era el mismo 6 de mayo, día del cumpleaños) y podíamos aprovechar para algunas visitas concretas en la ciudad.

Para alojarnos, Elena especialista en esas lides, encontró un buen apartamento situado en la parte céntrica de la ciudad a un precio razonable y con las características que habitualmente exigimos (2 dormitorios y 2 baños). Lo reservó con bastante antelación, pero justo cuatro días antes del viaje nos encontramos con una notificación de que la reserva había sido anulada, aduciendo razones inexistentes pero sin posibilidad de reclamar. La razón no indicada debió ser que, al coincidir nuestro viaje con el partido que el Barça jugaba en Milán, decidieron dejarnos en la estacada para poder alquilarlo a mayor precio. Total, que nos vimos obligados a buscar otro alojamiento y tuvimos la suerte de encontrar un apartamento excelente, en pleno centro y con todas las comodidades, aunque a un precio bastante mas elevado. En todo caso, al final valió la pena.

Así pues, llegamos al aeropuerto de Milán-Malpensa a la hora prevista, y de ahí al centro de la ciudad en taxi mientras llovía de forma abundante, más bien se puede decir que a cántaros. Pero con ganas de pasarlo bien.

La persona que nos entregó las llaves del alojamiento nos indicó también varios sitios donde comer y cenar bien, por lo cual después de instalarnos con calma salimos en busca de nuestra primera cena, bajo los paraguas aunque aprovechando que por las galerías del centro evitamos bastante la lluvia.

Esa primera cena la hicimos en A Santa Lucía, uno de los restaurantes recomendados por nuestra casera, donde nos atendieron de forma espléndida y cenamos francamente bien. El restaurante era un sitio clásico de Milán, de esos frecuentados por visitantes famosos, porque las paredes estaban plagadas de fotos de personajes conocidos mundialmente. De regreso al apartamento todavía pudimos hacer un recorrido nocturno por las galerías Vittorio Enmanuelle, saliendo a contemplar unas preciosas imágenes de la Piazza del Duomo.

A la mañana siguiente ya estaba planificada la visita al Duomo (la catedral de Milán), por lo cual madrugamos para hacer un buen desayuno en una cafetería próxima, y estar así puntualmente a las 10 en la entrada, sin colas. Hay que decir que el desayuno fue variado, porque cada uno pedimos un tipo de bollería diferente, con lo que hicimos un surtido digno de ver.

Ya dentro de la catedral, la visita la hicimos con calma, parando en cada lugar de interés debidamente informados gracias a las audioguías por medio de los teléfonos. De hecho, el conjunto de fotos que tenemos de todo el Duomo serviría para hacer un tratado profundo respecto de las características del conjunto.

A media mañana la afluencia de visitantes fue siendo notoria, y para entonces ya estábamos en disposición de acceder a las terrazas, cuya visita es también imprescindible, porque además desde allí se dispone de unas preciosas vistas de la ciudad.

El recorrido por los tejados es tan interesante como lo es el interior del Duomo, porque permite ver con detalle una serie de figuras que desde lo lejos no son perceptibles. La verdad es que estaba lleno de turistas como nosotros, por lo cual en muchas ocasiones resultaba dificil conseguir la foto deseada, pero aun asi, nos arreglamos para disparar numerosas vistas.

Entre las excelentes perspectivas desde la terraza, regresando hacia la parte baja vimos numerosos grupos de hinchas del Barcelona que animaban a su equipo, preparándose para el partido que esa tarde se iba a desarrollar en el estadio de San Siro.

Terminadas las visitas indicadas, buscamos donde comer y encontramos la trattoria Via Pasteria, bien valorada, donde pudimos disfrutar de pasta bien preparada en un ambiente agradable y no lejos de la plaza del Duomo.

Tras la comida todavía pudimos pasear por el centro y acercarnos al Starbucks que ocupa un local impresionante, en la antigua central de Correos, Allí hicimos también una media merienda habida cuenta de que la cena no sería hasta tarde, al terminar la asistencia a la Scala.

Antes de ir a la representación pasamos por el alojamiento para “colocarnos” un poco y así estar en línea con lo que, como suponíamos, sería la media de los presentes en la sala. Disponíamos de unas buenas butacas, reservadas con mucha antelación y pudimos disfrutar de una deliciosa velada, en un ambiente muy agradable.

En el entreacto, después de guardar una cola considerable, conseguimos tomarnos un ligero refrigerio con unas copas de “espirituoso” italiano.

En definitiva, excelente elección la de disfrutar de esa oportunidad en el Teatro Alla Scala, con una opera nueva (era la cuarta representación, ya que la prémiere había sido una semana antes). Buena adaptación del libreto, magnífico el montaje, y muy buenos también los actores.

La cena de esa noche, puesto que era el día de mi cumple, la había reservado yo en el Ristorante Teatro alla Scala Il Foyer, anexo al recinto de la Scala, justo a la salida, y con un menú que, sin estar mal, no estuvo a la altura de lo que yo esperaba. Pero como se trataba de celebrar el momento, disfrutamos del lugar y del día, y nos llevamos un buen recuerdo del conjunto de la jornada.

De regreso al alojamiento, vimos como los «tifosi» del Inter de Milán celebraban su victoria sobre el Barça que le clasificaba para la final de la Champions. Los seguidores del equipo español, que durante las horas de la mañana se agolpaban en el Duomo, habían prácticamente desaparecido.

A la mañana siguiente, después de dormir de maravilla en nuestro precioso apartamento, decidimos probar con el desayuno en otra cafetería diferente, pero también próxima a nuestro alojamiento. El desayuno fue bueno, aunque la bollería era menos aparatosa que la del día anterior.

El plan de esa jornada era visitar el Museo Leonardo 3 – Il Mondo de Leonardo, pero como quiera que teníamos la cita para las 11, decidimos hacer un recorrido por diversas calles mientras nos dirigíamos hacia allí.

En ese trayecto hicimos un alto en Basílica San Babila, y desde allí continuamos por Via Durini, donde nos encontramos con varios hermosos edificios dedicados a las tiendas «Home» de las principales marcas de moda, como el edificio Versace.

En esa zona se localizan la mayor parte de tiendas de lujo en todos los ámbitos, además de los que están ubicados en las galerías Vittorio Emmanuelle. Y precisamente en una de las entradas de estas galerías, desde la plaza Alla Scala está el Museo Leonardo3.

El museo es un compendio de los numerosísimos inventos de Leonardo da Vinci, muy bien detallados en cuanto al diseño, con maquetas incluidas, y con las explicaciones respecto del momento en que Leonardo las diseñó y en algunos casos puso en práctica. No estaba demasiado lleno y pudimos movernos por su interior durante casi un par de horas.

A la salida vimos que había empezado a llover, por lo cual decidimos pasearnos por el interior de las galerias a la espera de que la lluvia pudiese cesar.

Pero fue al revés, ya que cada vez arreciaba mas y resultaba imposible pasear en el exterior. Por esa razón, y como además con la lluvia había bajado la temperatura, buscamos una cafetería donde tomar algo mientras aguardábamos el fin del diluvio. Y la encontramos en la misma Piazza del Duomo, justo frente a la catedral y frente a la parada de los buses turísticos. Y allí nos instalamos durante más de una hora, tiempo en el que hicimos una media comida a base de bocatas y algún dulce.

Antes de salir, Ipi me convenció a base de insistencia, en que debía abrigarme más y para evitar volver al apartamento nos fuimos a recorrer las tiendas próximas, donde yo compré una moderna sudadera (que desde ese momento ha pasado a ser mi Armani). De vuelta al Bar Duomo y en vista de que la lluvia no había cesado, optamos por subir a un bus turístico para hacer un recorrido por la ciudad, eso sí, seleccionando uno que tuviese cerradas las ventanas de la planta superior. Tuvimos suerte y al final el que elegimos nos llevó inicialmente por el recorrido corto (el centro de Milán) y más tarde haciendo un perímetro mucho más amplio de la ciudad, que nos permitió ver de cerca la zonas de nuevos desarrollos, con modernos y preciosos edificios que nos hubiese gustado visitar más tranquilamente paseando a pie, por lo cual acordamos que eso nos queda para una futura visita a Milán, en la que incluiríamos el acercarnos al lago Como.

Terminados los paseos en bus y puesto que la lluvia había terminado, nos dedicamos a recorrer algunas de las calles céntricas, y decidimos tomarnos un descanso en una chocolatería situada en Vía Torino, donde degustamos cafés y helados, incluido un pastel con chocolate que sin darme cuenta me dejó marcado mi recién estrenado Armani.

Desde la Chocolatería decidimos, aunque ya no era temprano, acercarnos hasta el Castello Sforzesco del que teníamos buenas referencias. está próximo al centro, así que callejeando llegamos hasta allí, y aunque no era hora para visitar los muy considerados museos, valió la pena el desplazamiento porque el castillo vale la pena verlo.

Pudimos atravesar la parte abierta al aire libre, sin entrar en las zonas cerradas, y atravesarlo hasta el final, saliendo al precioso jardín desde el que pudimos hacer buenas fotos. Entretanto, cerraron el acceso al castillo, por lo que para regresar hubimos de bordear todo el parque, y transitar luego por la Via Dante para regresar al Duomo y alrededores.

Llegada la hora de la cena, Elena (que es quien selecciona los lugares mejor valorados) nos indicó un restaurante al que podíamos ir, pero al llegar vimos que estaba completo. estaba justo tras la chocolatería de la tarde, y desde allí fuimos visitando otros con información positiva, hasta que llegamos al San Mauri, que asimismo tenía excelente valoración, y donde dispusimos de la última mesa libre. La cena fue espléndida, como correspondía a nuestra última degustación en la ciudad.

Y terminada la misma, paseo de regreso hasta el apartamento, volviendo a fotografiar el Duomo ya de noche, y sin lluvia.

Tras otra noche relajados en nuestro espléndido alojamiento, el jueves 8 madrugamos para estar listos a las 8 de la mañana, hora en la que habíamos hecho la reserva del taxi que nos llevaría al aeropuerto de Malpensa. El viaje hasta allí resultó algo mas lento que a la ida, porque el tráfico era notorio. No obstante, llegamos a Malpensa con tiempo suficiente para desayunar tranquilamente en una de las cafeterías del aeropuerto y dirigirnos a la puerta de embarque.

El vuelo de regreso con Air Europa, al contrario que en la ida, no era directo, sino con escala en Madrid, donde tuvimos tiempo de hacer un refrigerio para llegar a casa con el estómago agradecido.

En resumen, un viaje que cumplió las expectativas iniciales, habiendo disfrutado por mi parte de un cumpleaños singular, acorde con los tres cuartos de siglo que desde ahora atestigua mi DNI que llevo encima, afortunadamente bastante bien.

Baqueira 25-04

Y después de la tempestad, viene la calma. Es cierto, porque después del día desastroso de ayer, hoy ha amanecido un día espléndido, que se ha mantenido durante toda la jornada de esquí. Por tanto, pasado el día chungo de la semana, que fue el miércoles, hoy jueves hemos podido disfrutar al máximo, porque no solo el tiempo nos ayudó, sino que la nieve era excelente. La nevada de ayer dejó una capa considerable, por lo que hoy había nieve virgen en toda la estación. Y pudimos disfrutarlo desde primera hora de la mañana.

Vista desde la habitación al despertar

Para empezar, podemos ver la primera foto de la mañana hecha desde la habitación, que muestra una imagen completamente diferente, con sol ya en lo alto de la montaña. Y más tarde, al bajar a desayunar, la visión de las montañas de Baqueira-Beret desde el comedor, atestigua el pronóstico de enormes expectativas para esta cuarto día de nuestra semana de esquí. Luego durante los recorridos de esquí pudimos disfrutar de las preciosas imágenes de los pinos cargados de nieve.

Parking de Bonaigua

Ya ayer habíamos previsto que hoy podía ser el día adecuado para subir el coche hasta el parking de Bonaigua, y así dedicar la mayor parte del tiempo a recorrer las pistas de esa zona. Y así lo hicimos, llegando a las pistas poco antes de las 10 de la mañana, y enseguida nos pusimos a esquiar. De inicio, cogimos el TS Cap del Port, uno muy corto que da servicio a los debutantes y que además nos desplaza a la zona de acceso a las pistas principales. tomando la parte baja de la pista Pla del Duc para acceder al TSD La Peulla, que nos lleva a la parte alta de la estación.

Zona a donde llega el TSD La Peulla

De allí podemos ir a la derecha, cosa que hicimos para empezar, por esa pista Pla del Duc, que bajamos un par de veces. La nieve estaba a esas horas casi sin estrenar, incluso en algunos tramos de la pista nosotros marcamos las primeras señales. Esa pista es larga (debe tener más de 2 kms desde lo alto hasta la base del telesilla), y daba gusto deslizarse por ella. Al estar el día despejado, la visión de la superficie de la nieve es perfecta y eso te permite enfilar la dirección con mas velocidad y sin temor a encontrarte con un desnivel que te desequilibra y te lleva a caer. Después de las dos primeras bajadas por la pista azul, nos dirigimos ya a las pistas rojas, a las que se llega por el mismo telesilla. En sendas bajadas recorremos La Peulla 1 y 2, y en la segunda de ellas, en el tramo 1, tanto Rafa como yo tuvimos algún problemilla, con caídas que, si bien no tuvieron mayor trascendencia, nos frenaron el ritmo.

Después de esos recorridos, nos animamos a volver a la zona de Argulls, que ayer nos permitió disfrutar de sus pistas mientras la visión era aceptable. Usamos el TSD Bonaigua para llegar a lo alto, y ya allí vimos que estaba operativa la percha Tuc de la Llança 1 y 2, que conocíamos de años anteriores y que permite subir mucho más alto, con lo que al hacer el descenso por la pista azul La Llança que empalma directamente con las de Argulls, con lo cual puedes hacer un recorrido continuado mucho más largo, ganando en velocidad, en variación de giros, etc. Al final de Argulls, volvemos a coger el TS Teso Dera Mina, que ayer utilizamos en varias ocasiones, para poder volver a la parte alta y de nuevo coger la percha, pero esta vez para hacer una bajada por Muntanyo 1, una pista roja que nos vuelve a la base de la percha, con lo cual repetimos la subida, en esta ocasión en paralelo ya que esa percha tiene dos cuerdas que suben en paralelo y pudimos acceder cada uno de nosotros por las dos al mismo tiempo. Y de nuevo en lo alto, bajamos por Muntanyo 2, que es mucho más larga y, con sorpresa para nosotros, nos devuelve a la base de Bonaigua. Como nos gusta la operación, hacemos una repetición completa, y así se va completando la mañana hasta hacer el parón de mediodía sobre las 13,3o horas. Menú habitual de barritas energéticas con cerveza y caldito Aneto, que hoy estaba igual de bueno que los demás días, pero que al poder tomarlo al sol, no era tan imprescindible para calentar el cuerpo.

El parón duró poco mas de media hora, y ya reanudando el esquí, repetimos varias de las bajadas de la mañana, es decir un par de veces por Pla del Duc (azul), y otra vez por Muntanyó, aunque en esta ocasión Rafa volvió a la 1, porque se había quedado con las ganas de bajarla sin caidas, y entretanto yo continué por Muntanyó 2, llegando los dos a la base del telesilla por separado. Hay que indicar que en la segunda de las bajadas por la pista azul, decidimos tomar una variante en la parte baja, porque descubrimos una pista roja Del Riu, que nos era desconocida. Así que nos metimos por ella, y lo que en principio parecía ser un recorrido sin complicaciones, resultó que en un tramo intermedio, tras un tubo estrecho, accedimos a una pala muy complicada, que hubimos de recorrer casi deslizándonos mediante derrapaje para continuar. Pero la cosa no pasó a mayores.

Y aunque inicialmente ese iba a ser el final de la jornada, como yo me había quedado con las ganas de repetir la bajada de la azul de Bonaigua que ayer hicimos y a mi me dejó mal sabor de boca porque es una pista que me gusta y ayer, por falta de visión bajé con temor y sin soltura, le propuse a Rafa volver a repetirla hoy. Por eso volvimos al TSD Bonaigua, subimos a Argulls, y finalmente bajamos Bonaigua disfrutando de ella, y dando asi por finalizada la cuarta jornada de esquí, que según atestigua la aplicación MapMyRun, supuso recorrer 60,82 kms durante las cinco horas y media que dedicamos a ello. Y con ello olvidamos o dejamos de lado los inconvenientes que tuvimos ayer por causa de la meteorología.

Para completar el día faltaba la cena final, que por cierto estaba ya reservada desde el primer día. Fuimos al restaurante Ali-Oli, que nos habían recomendado en la recepción del Parador. Y teníamos claro que el menú iba a ser a base de Calçots y Chuletón. O sea, que cuando llegamos ya lo comentamos y solo nos faltaba pedir el vino y un poco de pan con tomate.

La cena estuvo bien. Los calçots, tal vez algo mejor que el otro día, aunque en ambas ocasiones estuvieron buenos. El chuletón muy rico, aunque tenía una zona de grasa-nervio que costaba cortar. Pero bien preparado y acompañado de unas patatas asadas. Todo muy bueno. Para complementar, una botella de Algés, un vino DO Costrers del Segre que no estaba mal. Para completar la cena y terminar el vino, pedimos un poco de queso, que por cierto no nos incluyeron en la cuenta. Y de postre nos tomamos una crema catalana, como es de rigor.

La mesa donde nos instalaron estaba en un pequeño cuarto donde la parte central la ocupaba un grupito ciertamente original. Eran esquiadores, y casi todos parecían ser madrileños con vivienda en Vielha, que vienen de forma regular a esquiar los fines de semana, y en general, a juzgar por sus comentarios, eran bastante próximos a Ayuso y colaterales. En definitiva, un grupo de pijos madrileños, algunos de los cuales parecían reencontrarse e incluso conocerse en esa ocasión, por cuenta de amigos comunes.

Después de cenar nos volvimos a tomar otro café al Vielhìtos de ayer. Y lo completamos con un gin-tonic, siempre pensando en que esta era nuestra última cena en Vielha de nuestra semana de esquí.

De vuelta al Parador hemos preparado las cosas para cargar el coche después del desayuno, puesto que al terminar la sesión de esquí partiremos directamente a Donosti, donde haremos noche de camino a casa. Hoy, en una de las subidas en el telesilla, coincidimos con un donostiarra que nos recomendó otro bar en San Sebastián para tomar algo mañana.

Baqueira 25-03

Hoy ha sido el día chungo de la semana, o al menos eso esperamos, pensando en que los dos que faltan serán mejores. Amaneció la mañana con más nubes que ayer, y sobre todo nubes muy negras, que presagiaban que el día no estaría bueno, aunque a lo lejos, sobre las pistas, estaba más claro. Eso es lo que veíamos desde el comedor del Parador mientras desayunábamos, tan espléndidamente como desde que llegamos.

En cualquier caso, nosotros subimos, al igual que cada mañana con la idea de disfrutar de las pistas. Y además hoy llegamos al aparcamiento de Orri algo más temprano que ayer y el lunes. Lo que sí vimos es que a nuestra llegada había bastante menos coches que los otros días, probablemente debido a que llegamos antes y a que algunos de los habituales decidieron no ir a la vista del mal tiempo.

Nuestro plan para hoy era cambiar de zona, es decir, aunque saliendo de Orri, dirigirnos mediante los remontes a la parte de Baqueira que no habíamos visitado estos dias de atrás. Para ello, nos montamos en el TSD J. Jordana, que nos subió al Cap de Baqueira, y ya en lo alto bajamos por la pista Mirador para llegar a la cota 1800 donde esperábamos encontrar una pista que nos llevase hacia donde queríamos ir. La nieve a esa hora estaba bien, aunque algo dura en determinadas zonas. Y al llegar abajo, vimos que las pistas que llevaban a donde queríamos llegar, salían de una zona más a la izquierda, con lo cual de nuevo volvimos a la cima de Cap de Baqueira, mediante el TSD Pla de Baqueira, y ya desde allí localizamos la pista o pistas Ta Argulls, que fue la que nos llevó a donde queríamos ir.

Una vez abajo, nos llevamos un pequeño chasco al comprobar que el TSD Argulls, que es el que da el mejor servicio a esas pistas, estaba cerrado. Por ello, fuimos al TS Teso Dera Mina, que circula más alto y hace un recorrido similar, aunque más amplio, y da servicio a otras pistas. Después de la primera subida, ya con una nieve suave cayendo sobre nosotros, vimos que entre las opciones que había para recorrer, teníamos la posibilidad de acceder a Bonaigua por la pista de igual nombre, con lo cual y a la vista de que el tiempo iba empeorando, optamos por esa pista que nos llevó a la base de Bonaigua, y ya desde allí mediante el TSD Bonaigua, regresamos a la zona de Argulls. Hay que decir que de la pista Bonaigua yo tenía un excelente recuerdo de visitas anteriores, y hoy no la disfruté de la misma forma, en buena parte porque con el mal tiempo la visibilidad no era la mejor.

Tras el regreso a Argulls, hicimos tres bajadas por las pistas Argulls 1 y 2, para lo cual tuvimos antes que repetir el TS ya citado Teso Dera Mina, siempre nevando. En la última de las bajadas por las pistas de Argulls aprovechamos para hacer unos cortos videos, en los que siempre nos vemos mucho peor de lo que nos parece que esquiamos.

Y como el tiempo empeoraba a marchas forzadas, dado que estábamos lejos del aparcamiento de Orri y para llegar allí nos quedaba un largo periplo por varios telesillas y diferentes pistas, optamos por tomar la vía de regreso, cogiendo el TS Manaud, que nos devolvió a lo alto de Cap de Baqueira. Durante el trayecto, vimos que ya la visibilidad iba siendo mucho más reducida, y en algunos momentos casi no se distinguía a la silla que iba delante de la nuestra. Llegados al alto de Cap de Baqueira, ya la visibilidad era nula, y hubimos de andar fiándonos de algún monitor que subía con alumnos para poder localizar el inicio de la pista Cara Nord que sabíamos que nos llevaría a Orri.

A duras penas conseguimos localizarlo, y a partir de ese momento el recorrido de regreso fue lento, casi penoso porque había que ir cerca de los palos que son límite de pista para no perderse. Y como es una pista larga, tardamos mucho más en llegar abajo de lo habitual, podríamos decir que cuatro o cinco veces más de lo normal, y siempre también gracias a que con nosotros iban otros dos esquiadores, uno de los cuales parecía conocer mejor el recorrido.

Lo mejor fue que finalmente llegamos abajo, sin caídas y simplemente un poco más fatigados de lo habitual. Y como no se veían trazas para poder seguir esquiando por la zona de Beret, y se acercaba la hora del relax de mediodía, nos encontramos frente al bar de Moet Chandon, que ya sabíamos que era muy exquisito, y como no había otro accesible en el entorno, optamos por entrar. Los precios ahí son exagerados (ya lo sabíamos de otras ocasiones), pero como suele decirse «un día es un día y donde hay un euro se gasta». Asi que entramos allí y nos dimos el gustazo de tomarnos unas Alhambra verdes, una Tortilla Moet, y una Tosta de Foie caramelizada. Todo ello muy bueno.

Y con ello dimos por terminada la jornada de esquí, habiendo recorrido casi 30 kms durante 4 horas. Y ya tomamos el camino de regreso al hotel. Al llegar, como era mucho mas temprano que cualquier otro día, nos quedamos descansando en la habitación, viendo la tele y echando una media siesta. Asi pasamos el resto de la tarde hasta la hora de bajar al pueblo a cenar algo.

Para esta noche no teníamos nada reservado, así que nos bajamos a buscar algún sitio donde hacer una cena ligera, y como seguía lloviendo, encontramos frente al parking un sitio que en la anterior visita nos había llamado la atención, Nosati, en el que entramos. Es un ligar especialista en carnes a la brasa, pero como ya tenemos un programa en ese sentido para mañana, y además Rafa quería algo ligero, optamos por una Olla Aranesa que tomé yo y una ensalada de tomate para él. Completamos la cena con un tiramisú y unos cafés.

Y como al terminar era todavía temprano, decidimos dar una vuelta por el pueblo para buscar un lugar donde tomar otro café y un chupito. Dimos así con Viellitos, un bar en el que, ya dentro, a Rafa le recordaba haber estado allí, y efectivamente descubrió que en nuestro primer viaje juntos a Baqueira, en febrero de 2016, hicimos en ese lugar una cena a base de tapas.

Para terminar el relato de hoy, comentar que ha estado lloviendo toda la tarde, con algo más de intensidad de lo que caía por la mañana. Y como se supone que esa lluvia sería nieve allá en lo alto, es de esperar que mañana, cuando ya no se espera lluvia, tendremos nieve fresca. O sea, que nos vamos a dormir pensando que mañana será un buen día.

Baqueira 25-02

Segundo día de esquí de esta temporada. Después de otro espléndido desayuno en el Parador, salimos con rumbo al aparcamiento de Orri, al igual que ayer, puesto que desde allí tenemos a mano todos los remontes del área de Beret, y también con fácil acceso a los que llevan a la zona de Baqueira 1800, y no tenemos el lastre de, al final de la jornada, bajar las pistas a la zona baja de Baqueira, que a esas horas están intratables.

Hay que reseñar que hoy el día ha sido bueno porque aunque al despertar aparentaba menos atractivo que ayer, luego resultó estar con bastante sol, y aunque a ratos las nubes se metían sobre las pistas, pero el movimiento era rápido y prácticamente no nos han molestado en nuestros recorridos.

Para empezar, de nuevo el TSD Jesus Serra, que nos lleva a la parte alta, desde donde podemos acceder a las pistas Dera Reina y Ta Beret 1-2-3 y 4. Por una de estas últimas hacemos el recorrido para acceder a la parte de Beret que ayer no recorrimos. En la bajada, vimos que había un acceso facil a las pistas de slalom que habitualmente no están disponibles, asi que nos metimos por el medio e hicimos una gloriosa bajada, incluso aprovechando en parte las vallas instaladas, que nos permitieron esquiar en plan competición. Y luego al terminar esa pista, cogemos el TSD Clot Der Os, en el que repetiremos un par de veces más, para acceder a las diferentes pistas a las que da servicio. Esquiamos asi por Clot der Os, Audeth, Molins y Cabanes, repitiendo Audeth, pista roja por la que experimentamos las enseñanzas de la clase de ayer. Además esa pista está impecable y da gusto deslizarse por ella.

Mientras recorríamos ese telesilla, teníamos a la vista las pistas rojas de Dossau, Ticolet y Montgarri, que ofrecían un aspecto impecable y a las que esperamos para atacar hasta que ya a media mañana la nieve estuviese un poco menos dura. Por eso nos lanzamos, sobre las 12, al TSD Dossau, que nos llevaba a la parte alta, de arranque de esas 3 pistas. El inicio de Dossau impone por la enorme pendiente, pero superado ese tramo, el resto era una delicia de recorrer porque la nieve estaba inmejorable, y como hacía sol la visibilidad era perfecta, que es lo que a veces condiciona el lanzarse por una u otra pista. Hicimos una bajada por cada una de esas 3 pistas, y posteriormente también desde lo alto de Dossau tomamos el remonte-cuerda que da acceso a las pistas de Egua (rojas) que bajan bordeando la ladera por otro recorrido. Y desde allí, al bajar, nos dirigimos ya al TSD Blanhiblar, que es el que da acceso a lo alto de Beret. Desde allí una primera bajada por la única pista roja que vuelve de a la base (Comalada), para volver a subir por el mismo telesilla y hacer la parada de mediodía. Repetimos el menu de ayer, caldito y cerveza para acompañar a las barritas integrales. Aprovechamos el rato para hacer varias fotos porque las vistas eran espléndidas, además con sol.

Ya repuestos tras el descanso, atacamos la empinada bajada a la percha de Cortajas, que nos lleva al límite de Beret, desde donde salen varias pistas rojas que bordean la montaña por el otro lado. De las 4 señaladas en los mapas solo dos estaban disponibles, y nos decidimos por Esmeligás, que era un poco mas larga y nos llevaba de nuevo a la base de Beret. Era la primera vez que recorríamos esa pista y valió la pena.

Ya de nuevo en la zona baja desde donde salen la mayor parte de los telesillas, optamos por coger el TSD Dera Reina, para desde lo alto, hacer un recorrido por la pista Pins, que inicialmente nos parecía no haber recorrido en anteriores ocasiones, pero que al esquiar por ella vimos que ya era conocida de otros años. Por cierto, en la parte final esta pista se une a una de las que habíamos estado recorriendo antes, y en la cual yo me di un pequeño trompazo, porque en un momento determinado la visera del casco se me iba moviendo, y al tratar de colocarla tuve un pequeño despiste y no vi a tiempo una curva cerrada que tenía frente a mi, por lo que antes de salirme mangado por el borde, me tiré al suelo para evitarlo. En definitiva, una caida sin mayor trascendencia.

Y ya en el tramo final de nuestro recorrido diario, volvimos a subir en el TSD Dera Reina para, de camino a la base, hacer la percha que ayer ya estaba cerrada (Caumet). Asi lo hicimos, y resultó ser mucho mas alta de lo que en principio parecía, y que además tenía diversas pistas por las que salir. Optamos por la que parecía tener un recorrido más atractivo, y a la que se accede en la mitad de la bajada. Allí fuimos, aunque una vez entrado Rafa en la bajada comprobó que además de la enorme pendiente, la nieve estaba imposible. Como él ya estaba dentro, su única opción fué ir bajando casi como si fuesen escaleras, sin quitar los esquis, pero yo ya no me metí por allí y decidí seguir otra ruta, también bastante complicada, pero al menos asequible. Quedamos en volver a encontrarnos en la base del TSD Jesus Serra, pero al ver el estado final de la bajada opté por retirarme ya al coche, mientras Rafa, que se había dirigido al punto de encuentro acordado, hizo una última subida que le permitiera llegar al parking por donde lo hacemos habitualmente, con una pista en mejor estado, como asi hizo y nos encontramos para tomar el regreso al Parador. El resumen de esta segunda jornada, arroja un total de 63,25 kms recorridos, en un total de 6 h. y 18 minutos. Y un consumo de 3.600 calorías, que hay que recuperar en la cena.

Para recuperar esas calorías, habíamos hecho reserva en El Molí, un restaurante en el que ya comimos hace un par de años, en nuestra última visita a Baqueira. Teníamos encargados «calçots», y pedimos además butifarra con tomate y Alcachofitas con huevo trufado, todo para compartir. Y para beber, elegimos un vino de la zona, vino DO Tierra Alta, y entre los que había en la carta pedimos Lafou. La verdad es que todo estuvo bueno. Y en el curso de la cena, yo comenté que creía recordar que en ese mismo sitio habíamos tomado los calçots, aunque en el piso alto del restaurante, pero Rafa decía que no había sido alli. De forma que, para salir de la duda, recurrimos a las fotos que habitualmente hacemos y que evidentemente estaban guardadas. Al final yo tenía razón, y nuestra sorpresa fue que, al revisar las fotos, vimos que hace dos años, en la anterior visita, el menú había sido prácticamente el mismo (las alcachofas y los calçots), pero lo mas llamativo es que también el vino que pedimos era el mismo, y no lo recordábamos.

La ropa, casi también la misma, y la diferencia de edad, casi no se nota. Las fotos lo atestiguan.

Baqueira 25-01

Tras la escapada que en 2024 hicimos a Innsbruck, este año hemos decidido regresar a Baqueira, porque es tener asegurada la nieve, y además aqui hemos disfrutado un montón las veces que hemos venido.

De esa forma, ayer domingo hicimos el viaje desde Coruña, de donde salimos poco después de las 9 de la mañana y apenas si paramos un par de veces a tomar un café y algo a mediodía para que sirviera como una media comida. Nos llovió durante el tramo que discurre por Francia, pero en cualquier caso el viaje resultó cómodo y rápido.

Estamos alojados en el Parador de Vielha, en el que yo ya había estado hace 30 años, en un viaje con varios de mis hermanos, sobrinos e incluso mi madre. El Parador sigue conservando su categoría, pero ha sido muy modernizado, y ahora ya no es tan clásico. Tiene un excelente servicio, y esta mañana en el desayuno lo hemos podido comprobar.

Para empezar la jornada de esquí nos fuimos directamente al aparcamiento de Orri, porque desde allí se accede a toda la zona de Beret y también a la zona de Baqueira, donde hoy teníamos reservada una clase de un par de horas con un monitor, para tratar de optimizar nuestro nivel.

Para la toma de con la nieve, fuimos directamente al telesilla Jesus Serra, haciendo un par de bajadas por la pista Ta Baqueira, que a primera hora estaba un poco dura. Y una vez entrados en calor los músculos, ya nos dirigimos a la zona de Baqueira, a través del telesilla Jorge Jordana que nos dejó en lo alto del Cap de Baqueira. Desde allí bajamos a Baqueira 1800 por la Cara Nord, para llegar con puntualidad a la cita con nuestro monitor, Javitxu.

Tuvimos que esperar un rato, pero nos sirvió de descanso, porque luego las dos horas de trabajo con el monitor fueron intensas, haciendo diversos recorridos por las pistas Mirador, Stadium (rojas) e incluso por el Tubo Nere (negra), para mejorar nuestro nivel de esquí. Sin que hayamos salido para competir, creo que nos ha servido para optimizar el tiempo y poder sacarle el máximo partido a los días de esta semana que estaremos en la estación.

Ya finalizada la clase con Javitxu, hicimos un corto relax para tomar un caldito, acompañando a las barras energéticas que nos han servido de comida, y como no, con una cervecita. Todo ello en la cafetería de la zona 1800, donde habíamos comenzado y terminado nuestra «master class».

El resto de la tarde lo empleamos en regresar a la zona donde teníamos el coche, para lo cual volvimos a subir con el telesilla Pla de Baqueira, ya utilizado con el monitor, y asi desde lo alto poder regresar a la zona de Orri, bajando por Cara Nord hasta enlazar con las pistas rojas que nos llevarian al telesilla de inicio de la mañana. Desde allí hicimos un par de bajadas, y antes de finalizar la jornada, una bajada por Ta Beret 2, y alli coger el telesilla Dera Reina que nos llevó a lo alto, (2.350 m) donde comienza Ta Baqueira, que enlaza luego con Dera Reina y viene a terminar en el aparcamiento. Hay que decir que pretendíamos una incursión en la percha Umet, pero ya la habían cerrado, por lo cual atravesamos Ta Baqueira llegando a Ta Baqueira 2, para llegar con los esquís puestos hasta la base donde estaba el coche.

En total, segun la aplicación de MapMyRun, 47,90 kms de recorrido durante casi 8 horas, muy bien aprovechadas por cierto, sobre todo tratándose del primer día.

Para completar el día, después de descansar un rato en la habitación, hemos decidido quedarnos a cenar en el Parador, donde pudimos disfrutar de unos platos característicos de esta tierra, y con un excelente servicio. Y antes de dar por finalizado este primer día de esquí, un café y un chupito en el salón, frente a la chimenea, igual que hicimos la noche anterior, después de nuestra llegada.

Mañana, más.

Termina 2024

Hoy, 31 de diciembre, se cierra el ciclo de un año. Uno más, a añadir a los 74 que se iniciaron a partir de la excelente Cosecha del 50. Y aunque es uno más, también es en parte especial porque con él se cierra otro bloque de 25 años, bloques que de alguna manera han ido conformando mi currículo. A los 25 años me casé, con todo lo que ello representa en la vida de una persona. A los 50 inicié un proceso de cambio que se completó tres años después, con mi prejubilación y mi divorcio. Y ahora, al completar el tercer bloque de 25 se abren nuevos horizontes…

El año que termina lo cierro con un paseo por uno de los recorridos habituales de mis caminatas matinales bordeando la costa de la ciudad, en esta ocasión hacia la torre de Hércules que hoy me ha servido de modelo para fotografiarla desde diferentes puntos y con enfoques diversos. La verdad es que esta mañana estaba preciosa, con un sol radiante que hacía llevaderos los poco más de 5 grados que marcaban los termómetros en esos momentos.

El 2024 en sí no ha tenido grandes eventos, y posiblemente ha sido uno de los que menos viajes hemos realizado Ipi y yo respecto de años anteriores, pero sí que tuve la oportunidad de cumplir uno de los «caprichines» (asi los define Ipi) como era el hecho de ir a esquiar a Innsbruck, algo que quería hacer desde hace bastante tiempo. Allí fui con Rafa a primeros de febrero y lo disfrutamos de lleno, esquiando cada uno de los 5 días en una estación diferente, ya que en el entorno de la ciudad hay numerosos sectores con pistas diversas, todas excelentes.

En cuanto a otros viajes, el primero fue en el mismo mes de enero. Era un regalo de reyes de Ipi y sus hijos, para viajar a Barcelona y hospedarnos en el Edition, el hotel donde Chema trabaja, lo que nos permitió disfrutar de una suite espectacular. Durante unos días fuimos a la Opera en el Palau, visitamos las exposiciones conjuntas de Miró y Picasso, vimos la evolución de la Sagrada Familia desde nuestra anterior visita, y disfrutamos de la gastronomía local, entre otras cosas.

Señalar también el tradicional viaje por nuestro aniversario, en esta ocasión a mediados de febrero en Madrid, para recorrer la ciudad y que Ipi la pudiese conocer un poco más a fondo. También el que hicimos Ipi y yo con Hugo y Chema a Vitoria en el mes de marzo, y el recorrido por el Camino de la Plata, que hice en el mes de abril, inicialmente previsto para ir yo solo, pero para el que al final se añadieron Mayi y Chus, ya con experiencia en esos recorridos, y además como novedad Rafa y Armando, que se estrenaron como peregrinos para completar el camino entre Salamanca y Astorga. Luego, la Xuntanza de los hermanos Gigirey por el Bierzo en el mes de mayo, y ya en junio el recorrido por la ruta del Quijote y posterior estancia en Puerto de Santa María.

Completamos el año con una escapada de un par de días a Oviedo para asistir a la Opera y por último el tradicional finde de Outono Gastronómico. En cualquier caso, un año bastante más parco en viajes respecto de la media de años anteriores.

En lo personal y familiar, un buen año, con los altibajos normales pero siempre con el afianzamiento de todo lo referente a los hijos y de la pareja, totalmente asentada.

Aparte de eso, como hito significativo la recuperación de la casa de Castelo, tras cinco años de alquiler que se me han hecho más largos de lo deseado porque los inquilinos, sobre todo a partir de la pandemia, han estado generando problemas y por esa razón en los dos últimos ejercicios la comunicación era casi inexistente. Ahora, de nuevo libre de esa carga, me toca ponerla a punto para la venta, lo que está generando un trabajo intenso que se va a prolongar durante algunos meses para que quede a mi gusto y asi poder disfrutar parcialmente de ella en tanto no se venda.

En todo esto he ido mentalmente ocupado durante el recorrido costero, con la idea de plasmarlo aqui para terminar este 2024, y a la vez pensando ya en los proyectos para este 2025 que afrontaré con optimismo porque, como ya dije, los años múltiplo de 25 siempre me han generado elementos positivos.

Outono Gastronómico 2024

Como ya se ha convertido en hábito para el grupo, también este año nos apuntamos a participar de la oferta que hace la Xunta junto a las casas rurales gallegas para disfrutar de una oferta más o menos atractiva (ya lo ha sido más en los primeros años) en un fin de semana otoñal.

En esta ocasión a punto estuvimos de dejarlo pasar, pero finalmente fue Ipi la que decidió organizarlo para el grupo, después de esperar a ver si alguna otra persona tomaba la iniciativa. Y finalmente aunque había un programa previsto y reservado para 12 personas, problemas del último momento hicieron que el colectivo quedase reducido a 10 personas.

Como quiera que somos un grupo numeroso y resulta complicado encontrar una casa que reúna los requisitos que exigimos (numerosas habitaciones, y todas con baño incorporado), hay que trabajar bastante para localizar la casa rural adecuada. En esta ocasión Ipi la encontró en el sur de la provincia de Pontevedra, en concreto en A Guarda.

Y una vez localizado el alojamiento, procede preparar las actividades para los dos días de la excursión, ya que todos somos exigentes y queremos hacer muchas cosas. Pero para eso Ipi se desenvuelve a las mil maravillas y por elegir, tendríamos actividad para una semana, aunque como las distancias y el tiempo limitan las posibilidades, al final hay que ceñirse a unos horarios y desplazamientos concretos.

De modo que eligió un recorrido por el sur de la provincia ourensana, pensando inicialmente en Celanova y sus alrededores, aunque lo que realmente quería era poder conocer lo que en su día fue un campamento romano, próximo a Bande, y que solo se puede visitar en determinadas fechas del año por estar situado en el entorno del embalse de Las Conchas, lo que hace que buena parte del tiempo esté cubierto por las aguas. Por otra parte, resultó muy complicado contactar con el Centro de Interpretación y realmente hasta la víspera de la partida no hubo confirmación a la visita, si bien Ipi tenía ya asegurada una opción alternativa.

Así pues, nuestro fin de semana comenzó con un desplazamiento al campamento Aquis Querquennis, en el municipio de Bande, donde nos habíamos programado para llegar poco antes de las 12 del mediodía, hora establecida para la visita. Llegados ya al centro de interpretación, la persona encargada del mismo nos hizo una detallada exposición de los motivos y las fechas que dieron origen al campamento, que data del siglo I, y estuvo ocupado durante aproximadamente 40 años.

Se eligió esa ubicación porque la finalidad del campamento era la construcción de la Vía XVIII, que unía Bracara Augusta (hoy Braga, en Portugal) con Asturica Augusta (Astorga). Está al lado del rio Limia, y en el ámbito del embalse de Las Conchas, como ya comenté. Se descubrió hace ya muchos años, antes incluso de la construcción del embalse, y los trabajos arqueológicos se vienen realizando anualmente en los meses en que el nivel del agua deja al descubierto los restos del campamento.

La visita guiada duró alrededor de hora y media, aunque por la cantidad de explicaciones de la encargada del centro podría haberse alargado bastante más, de no ser que nuestro programa nos obligaba a terminar el recorrido para llegar a la siguiente parada, que no era otra que la visita a la iglesia de Santa Comba de Bande, que alberga unas interesantes pinturas.

La encargada de mostrarnos la iglesia tuvo la amabilidad de atendernos a las 2 de la tarde, y en menos de media hora nos dio amplias explicaciones sobre el origen de las pinturas, las columnas situradas junto al altar, sus capiteles, etc. Aunque algunos ya habíamos realizado al visita en otras ocasiones, fue una buena ocasión de descubrir esa pequeña joya para quienes no habían estado nunca allí y de recordarlo para quienes ya la habíamos descubierto anteriormente.

El paso siguiente del programa era la comida, algo siempre importante para un grupo tan exquisito en lo gastronómico. También para eso Ipi tuvo problemas de reserva, ya que en Bande los lugares seleccionados o estaban cerrados en ese día o estaban completos, por lo cual tras diferentes y arduas gestiones, terminó eligiendo un restaurante situado ya en Portugal, concretamente en Lindoso, que era el sitio de la siguiente parada. Eso nos daba también la ventaja de aprovechar la diferencia horaria con nuestros vecinos portugueses para que la hora de la reserva fuese aceptable.

Comimos en el restaurante Casa do Destro, ubicado justo a los pies del Castillo de Lindoso y junto al conjunto de hórreos o «espinheiros» como los denominan los portugueses. Este lugar ya algunos de los componentes del grupo (Armando, Pila y yo mismo) lo conocíamos de un viaje que hicimos hace 17 años con otro grupo de personas. La comida, sin ser una maravilla, estuvo aceptable, a base de platos característicos de la cocina local.

Terminada la comida realizamos un pausado recorrido, primero por el interior del castillo y más tarde por el conjunto de los hórreos, aprovechando para fotografiar a diestro y siniestro y traer abundante material gráfico de la visita.

Con todo ello, cuando terminamos el paseo por los hórreos comenzaba a oscurecer y ya la luna llena se asomaba en el cielo despejado, porque hay que señalar que el tiempo del que dispusimos fue magnífico durante todo el fin de semana.

Desde Lindoso ya tomamos rumbo directo a A Guarda, para llegar con tiempo a la Rectoral de Areas, que era la casa rural elegida para esta ocasión. Llegados a destino, y tras acomodarnos en las respectivas habitaciones, dispusimos de algo más de una hora de relax para tomar unas cervezas en el salón, esperando hasta la hora de la cena, que se había programado para las 9 de la noche.

La cena no estuvo mal. Los entrantes, mediante platos frios (un buen surtido de quesos, otro de embutidos y una ensalada que también estaba bien), y como platos principal había carne y/o pescado, pero como ya nos habíamos llenado pedimos que lo suprimieran, aunque vinieron unos solomillos de ibérico y se prescindió del pescado. Hay que decir que, como siempre, en estos casos ponen a disposición de los clientes un par de menus a elegir y en esta ocasión, de acuerdo con los caseros, optamos por mitad de uno y mitad de otro.

Terminada la cena nos fuimos al salón que teníamos asignado para todo el grupo, y allí el plan era tomar unas copas (para lo cual habíamos ido surtidos con Ginebra, Whisky y Ron, además de tónicas y Coca Cola, con acompañamiento de frutos secos y gominolas), finalmente solo unos cuantos nos tomamos una copa porque la mayoría apenas alargó la velada y se fueron a dormir. Quedamos los menos formales, y tampoco por mucho rato.

A la mañana siguiente planificamos para desayunar a las 9, y un poco antes nos situamos unos cuantos en la cocina para hacer los preparativos del desayuno, habida cuenta de que nos dejaban todo lo necesario, pero debíamos prepararlo nosotros. Entre unos y otros colaboramos para poner todo a punto y aunque echamos en falta algo de fruta, pudimos desayunar de forma generosa y salir asi bien preparados para llegar hasta la hora de la comida.

Nuestra primera parada tras abandonar la casa fue el mirador de Santa Tecla, donde pudimos gozar del espléndido día para dominar la vista de la desembocadura del Miño, la costa portuguesa y allí, sobre el terreno, ver el castro que está muy bien rehabilitado, y que la mayor parte de los asistentes ya conocía por visitas anteriores.

Desde el mirador salimos directamente a la visita y caminata por los molinos de Picon y Folón. Es un recorrido no demasiado largo, pero sí un tanto dificultoso por el desnivel que se produce al subir por Picón y la bajada mas o menos abrupta por Folón.

Aunque alguno sufrió levemente por el recorrido, la verdad es que todos lo disfrutamos y de ello dan fe las numerosas constancias gráficas que dejamos, algunas de las cuales quedan aquí para recuerdo de los asistentes. Afortunadamente en los días previos nu había llovido mucho y el terreno estaba practicable.

La marcha duró algo más de dos horas y al terminar ya no dispusimos de tiempo para un aperitivo porque había que tratar de llegar en tiempo y forma al restaurante donde habíamos reservado la comida, que no era otro que A Muralla, en Tuy. Allí la encargada, muy habladora, nos echó una pequeña bronca por llegar algo tarde pero al final estuvo muy comunicativa y nos dió un buen servicio, junto a su marido que era el cocinero.

Y aunque después de comer pretendimos hacer un corto paseo por Tuy, solamente llegamos a acercarnos hasta la catedral, para luego dirigirnos a los coches y tomar el camino de regreso, cada uno a su punto de origen.

En definitiva, un año más de Outono Gastronómico, para mantener la tradición y servir de disculpa para reunirnos de nuevo, aunque en esta ocasión las circunstancias hicieron que echásemos en falta a quienes no pudieron asistir.

Del interior a la playa

El recorrido por las tierras de Don Quijote, del que nos quedó un gran recuerdo, se completó con la vuelta a nuestras antiguas excursiones veraniegas al Puerto de Santa María, acompañando a los habituales Rafa y Elena que, al parecer, con este año ya completaron sus 15 asistencias anuales consecutivas. En nuerstro caso, era la tercera vez, aunque las dos primeras fueron en los años 2014 y 2015.

De camino hacia El Puerto aprovechamos el viaje para hacer un par de paradas con sendas visitas. La primera, en San Carlos del Valle, que presume de tener una de las más bonitas plazas de España, en la que además hay una impresionante iglesia. Los lugareños dicen que esa población es «el pequeño Vaticano». La verdad es que la plaza es bonita, pero para compararse al Vaticano …….

La siguiente parada fue el pueblo de Las Virtudes, que tiene la plaza de toros cuadrada más importante de España, y que además tiene anexa una capilla en la que hay un conjunto de excelentes imágenes. Ipi y yo ya habíamos estado en esa población años atrás, pero en esa oportunidad la plaza y la iglesia estaban cerradas y solo pudimos ver todo desde el exterior. Ahora visitamos con calma tanto la plaza como el interior de la iglesia, y la verdad es que valió la pena.

Por último hicimos una parada en Viso del Marqués, para visitar el Palacio del Marqués de Santa Cruz. Es un impresionante edificio que alberga en su interior el Archivo General de la Armada, ya que el marqués que da nombre al edificio no es otro que Alvaro de Bazán y Guzmán, marino español de ascendencia navarra que alcanzó el grado de Capitan General de las Galeras de España. Hicimos una relajada visita guiada al interior del palacio, y tras la misma comimos ya en Viso del Marqués, para a continuación tomar ruta a nuestro destino playero.

La verdad es que en El Puerto se está francamente bien, al menos en el plan que nosotros lo hacemos y de modo especial en la forma y fechas de este año, porque al ser fuera de la temporada «alta» (julio y agosto) los precios, tanto del hotel como del resto de la hostelería, son más asequibles y a la vez no hay tantas aglomeraciones y problemas para hacer reservas. También es cierto que algunos de los establecimientos hosteleros no están abiertos en estas fechas.

Por otra parte, en esta ocasión la visita coincidió con la Feria en El Puerto, y tuvimos la oportunidad de recordar de alguna manera nuestras experiencias en la Feria de Abril de Sevilla (guardando las distancias, por supuesto) de muchos años atrás.

Las fechas en las que estuvimos en este año fueron entre los días 9 y 15 de junio, y aunque el tiempo en general fue bueno (aquí, como siempre, hay algunas discrepancias entre Ipi y yo), no se trató de unas jornadas continuadas de playa, como en años anteriores, sino que se entremezcló el plan de playas con las visitas turísticas por el entorno, algo que en años anteriores hacíamos coincidir con la playa y en esta oportunidad diversificamos más.

En uno de los días de nuestra estancia, realizamos una visita guiada por la capital gaditana. Fue un recorrido matinal de un par de horas, que nos hizo conocer un poco más en profundidad las particularidades de la ciudad, que en muchos aspectos recuerda a nuestra propia Coruña, especialmente en su relación con el mar.

Descubrimos muchas cosas de su historia, unida de forma muy señalada a lo que representó su relación con la conquista de America, el comercio con sus países, y a todo lo relativo a la Constitución de 1812.

Y para completar la jornada, como estaba un buen día de sol y pese a que había un viento importante, terminamos el día disfrutando de un par de horas de playa en La Caleta, ubicada en pleno casco urbano, aunque no comparable a nuestros Riazor y Orzan.

Otra de las excursiones con visita guiada incorporada fue la de Setenil de las Bodegas, a la que ya Elena y Rafa habían asistido años atrás y que a nosotros nos apetecía especialmente tras ver sus fotos y algún que otro reportaje televisivo.

Se trató también de otra visita matinal, de otras dos horas de duración, muy instructiva y bien documentada por el guía, entre el mediodía y las 2 de la tarde, terminando justo para la hora de comer, con lo cual optamos por hacerlo en una mesa que encontramos libre en una de las terrazas del propio pueblo, que a esas horas estaban petadas de turistas como nosotros.

Nos atendieron muy bien y comentaron que, al parecer, los meses de julio y agosto no son los más importantes en cuanto a la afluencia de turistas, ya que durante la primavera y el otoño tienen casi que colocar el «completo», e incluso en muchos meses de invierno, de forma especial en las fechas de vacaciones de los chavales, incluso en navidades.

Y aunque el plan inicial incluía el regreso tras la comida a una zona de playas, una vez allí y al tener en cuenta la proximidad de Ronda (a escasos 20 kms), población que solo Ipi conocía, decidimos olvidarnos de la playa para visitar esa localidad, que recorrimos con calma, y que por otra parte estaba también muy concurrida de turistas.

Nos llamaron especial atención los impresionantes cañones sobre los que se asienta Ronda, debidos sin duda a la erosión a lo largo de milenios causada por el rio que rodea la población, lo que nos dio la oportunidad de hacer trabajar a discreción a las cámaras de fotos.

Hicimos un paseo por el pueblo, vimos por el exterior la plaza de toros, que debe tener cierta fama por lo que vimos en sus alrededores, y recorrimos también la calle principal, que según Ipi decía se llamaba de la Bola, lo que pusimos en duda. No obstante, cuando luego pasamos por alli vimos que tenía otro nombre, pero al consultar a las dependientas de uno de los comercios, confirmaron la versión de Ipi en el sentido de que lo de la Bola es el nombre por el que popularmente se la conoce allí.

La tercera de las visitas que Elena había concertado antes de viajar era la de Vejer de la Frontera, una población que ya conocíamos de otro viaje anterior y que Rafa y Elena visitaron en diferentes ocasiones. En este caso fue un recorrido vespertino, con mucha más concurrencia que en las dos visitas de Cadiz y Setenil. Aunque no estuvo mal, desde mi punto de vista resultó menos atractiva que las otras dos. Al final, el guía nos obsequió con una mini-cata de un Pedro Ximenez y unas rodajas de salchichón.

Terminada la visita guiada, en la plaza central de la villa encontramos un restaurante llamado El Jardín del Califa, en cuya terraza cenamos a base de platos «morunos». Tuvimos ocasión de ver luego el interior, con un comedor muy bien decorado. El lugar resultó ser un pequeño hotel, construido en varias alturas sobre la roca, y repleto de plantas, lo que justificaba plenamente el nombre de Jardín.

En este viaje, si bien hemos tomado el sol y disfrutado de la playa, lo hicimos en menor medida que en otras ocasiones, en parte porque el tiempo no estuvo tan bien como cuando viajamos en julio, y en parte también porque hicimos más turismo de visitas y de ciudad. No obstante, hemos ido a la playa creo que 4 de los 6 días que estuvimos al completo. Uno de los mejores momentos de cada día era, también, la hora del desayuno. Un par de días lo hicimos en La Ponderosa, pero el sitio del que mejor recuerdo guardo es el Bar Vicente, (antiguo Los Pepes), junto al mercado, con los molletes de zurrapa y los churros que se compran en Charo.

Estuvimos en la playa de El Buzo el primer día, pero había algunas algas en la zona de baño, por lo cual en esa primera fecha creo que solo yo me bañé. En una segunda ocasión fuimos a Valdelagrana, con menos oleaje y sin algas, pero tenía el inconveniente de que allí la arena es extremadamente fina, y como hacía bastante viento, la arena se nos venía encima, con lo que hubimos de cambiarnos a una parte de la playa más cercana al agua, donde la arena estaba más compacta.

Un tercer día, como ya comenté, estuvimos en La Caleta, la playa de Cadiz capital. y en la cuarta ocasión volvimos a El Buzo, pero a una zona sin algas. Esta tiene la ventaja de que, además de estar muy bien situada es muy larga, ya que en su prolongación cambia de denominación, pero realmente es como una misma playa y es ideal para dar largos paseos. En esa última ocasión aunque no teníamos previsto comer en el chiringuito que hay, nos acercamos Rafa y yo a tomar una caña y una tapa, y al final llamamos a las chicas y nos tomamos una par de cosas que nos sirvieron como preludio para la cena que sí teníamos programada.

Esa cena, como digo programada para nuestra última jornada completa, era en La Casa de Vargas, en San Fernando. Es un local genuino dentro de lo que es el folklore andaluz, en el que ya estuvimos años atrás, y que tiene como particularidad que en él iniciaron sus carreras personajes tan significados como Camarón de la Isla.

La cena no fue lo mejor de la velada, pero sí la actuación de una pareja de guitarra y cantante, con la participación de un bailaor que hizo las delicias de un numeroso grupo de «maduritas» que asistieron a la sesión. Al final, incluso el bailaor subió al escenario a parte de sus amigos y familia y nos dieron un completo recital de baile andaluz.

Otra de las cosas a destacar del viaje son las cenas variadas de cada una de las fechas que estuvimos en El Puerto. La primera, en La Pescadería, un sitio muy bien puesto en el centro de la población, donde cenamos francamente bien. Otro lugar menos lujoso, pero bien atendido y con producto típicamente de la zona, fue el bar Gonzalo. Y el mejor de todos, La Taberna del Chef del Mar, de Angel León. Es el chef de Aponiente, un restaurante con dos estrellas Michelin. En esa oportunidad la cena, muy variada en cuanto a los platos que seleccionamos, resultó fantástica, y quedamos con ganas de repetir en un futuro viaje. Elena y Rafa ya lo conocían de visitas anteriores.

En definitiva, una semana de lo más completa y variada, que sirvió además de colofón a los días previos de la Ruta del Quijote, y que luego rematamos en el viaje de regreso haciendo noche en Coimbra. En esa ciudad aprovechamos para cenar también en el restaurante de fados «A Capella», donde una pareja de guitarristas y un cantante con una magnífica voz nos deleitaron con sus canciones. Aunque no fueron los típicos fados que hablan de amor y de desamor, sino otros más relacionados con la característica esencial de los universitarios de la ciudad, no estuvo mal la velada.

Y aunque la estancia en Coimbra fue corta, nos dio también la ocasión de visitar la zona universitaria, que es quizás lo más característico. Y como además coincidió ese día con la celebración de las graduaciones universitarias, asistimos a una impresionante marea humana en la plaza situada junto a la catedral, y vimos luego a los estudiantes con sus familias fotografiándose junto a sus facultades, engalanados con los trajes especialmente diseñados para la ocasión, muy al estilo de los ingleses o americanos en eventos similares.

Ruta del Quijote – 3

Esta tercera jornada estaba programada con menos desplazamientos en coche y con visitas guiadas tanto por la mañana como después de comer.

Y la empezamos con un desayuno en la Plaza Mayor, al lado de nuestro alojamiento, en una cafetería que nos ofrecían churros y porras, además de las tostadas, zumos, etc.

Tras el desayuno, como la visita por Villanueva de los Infantes no empezaba hasta las 11,30 nos dedicamos a recorrer otras calles y monumentos no incluidos en la contratada. Como además hoy era el día del concurso de pintura al aire libre, aprovechamos para dar un vistazo a los artistas que se afanaban en preparar sus obras por toda la plaza y alrededores.

En lo referente a la visita concertada, nuestro guía, Damián, nos hizo previamente un repaso de los antecedentes de la villa natal de Francisco de Quevedo, y luego nos llevó por diferentes lugares, empezando por la iglesia parroquial, situada en la plaza y en cuya cripta se conservan los restos del escritor.

De la Iglesia pasamos a la Alhóndiga, ubicada a escasos metros. Ese edificio fue el depósito de cereales en los siglos pasados, ejerciendo un papel similar al del Pósito Real de Campo de Criptana. Y ya en épocas más recientes, se utilizó como prisión, función que ejerció hasta poco después de la muerte de Franco. En sus columnas quedan señales dejadas por los reos mediante grabaciones en la piedra. Ahora el edificio está dedicado a actividades culturales.

Visitamos a continuación varios patios de otras tantas casas señoriales, propiedad de familias locales con antecedentes significativos y recorrimos varias calles de la localidad conociendo la historia de iglesias, conventos, etc.

La visita, que no estuvo mal pero resultó un poco larga de más, terminó poco después de las 2 y por el escaso margen que había hasta la concertada para la tarde, comimos algo rápido en un restaurante próximo y salimos para Ruidera a donde llegamos casi a las 4, con el tiempo justo.

Esa visita de la tarde consistía en un recorrido por las diferentes Lagunas de Ruidera, incluyendo además el acceso a la cueva de Montesinos, donde Don Quijote dijo haber soñado una serie de acontecimientos milagrosos.

Nuestro guía, José Luis, es un enamorado de su trabajo y durante 4 horas nos llevó por todas las lagunas, con explicaciones exhaustivas sobre las particularidades de cada una de ellas, de la flora y fauna del parque natural, y con la explicación de lo que se supone que Don Quijote dijo haber vivido en el interior de la cueva.

El paisaje de las lagunas nos causó una impresión enorme a todos y esas 4 horas se pasaron sin que sobrase nada. Al terminar la visita nos recomendó ir a una cascada próxima, lo que hicimos, pero de forma muy rápida y breve porque en ese momento nos cogió la tormenta que llevaba 3 días anunciada. Hubo suerte y nos pescó prevenidos y apenas nos mojamos.

Ya de regreso en Villanueva, terminamos el día cenando en otro restaurante local, y tras un breve paseo fuimos a tomar un helado en un local cercano.

Y con esta noche damos por concluido el paseo por las tierras del Campo de Montiel, a las que Cervantes señaló sin determinar con exactitud la localización del ‘lugar de La Mancha’ del que no quería acordarse y que algunos estudiosos han venido en señalar en Villanueva o algún pueblo de los alrededores.

Uno de los descubrimientos de estos días ha sido que estas tierras viven, además del turismo y del vino, de otras producciones agrícolas como el aceite, con grandes extensiones de olivos, y más recientemente del pistacho, cuyas plantaciones se han multiplicado en los últimos años y que ahora compiten con vino y aceite, siendo La Mancha un gran productor y exportador de este producto.

Mañana, tras finalizar nuestra estancia en La Mancha, partimos hacia el mar, a disfrutar del sol en la playa, comiendo ‘pescaito’ y escuchando flamenco.