Barcelona…

Cuando el día de reyes nos disponemos a abrir los regalos que previamente cada uno ha colocado junto al árbol, mas o menos ya supones lo que te vas a encontrar, bien sea porque lo has pedido previamente, o porque has escuchado algo al respecto. Pero afortunadamente no siempre es así, y este año en concreto, después de que yo no hubiese dado pistas de lo que me gustaría tener ese día, y de recibir las quejas correspondientes, resultó que por sorpresa me encontré con un sobre en el que se me prometía un viaje a la ciudad condal, y la asistencia a una ópera en el Palau de la Música. Además, y para completar el regalo, Hugo y Chema nos pagaban el alojamiento en el hotel Barcelona Edition, donde también Ipi y yo teníamos ganas de pernoctar.

Y como la fecha ya estaba programada, el martes 23 de enero nos fuimos a Barcelona en el primer avión de la mañana, para aprovechar al máximo ese día. De forma que antes de las 12 estábamos ya cumplimentando el trámite del registro en el hotel, donde por cierto en base a que Chema está allí nos alojaron en una de las suites, al parecer en la que habitualmente se aloja la cantante Rosalía cuando actúa en aquella ciudad. La habitación, por cierto, preciosa, amplísima y con unas vistas excepcionales.

Para aprovechar a fondo la jornada, lo primero que hicimos fue dirigirnos al Museo Picasso, donde se está llevando a cabo en unas de las salas, una exposición conmemorativa del centenario de Joan Miró, con obras de ambos pintores, muchas de las cuales son procedentes de otros museos y colecciones particulares, y que por tanto no pueden verse de forma habitual en el propio museo. La exposición resultó de lo más interesante motivo por el cual se prolongó más de lo inicialmente previsto.

De allí salimos un tanto acelerados porque queríamos comer «calçots» y Chema nos había hecho una reserva en un restaurante típico barcelonés llamado Can Cargolet, y estábamos a casi media hora andando, por lo cual el recorrido fue mas que un paseo una caminata. Pero llegamos con apenas 5 minutos de retraso, y pudimos degustar, además de los citados calçots, unos deliciosos caracoles a la llauna, y una butifarra catalana, con lo cual el menú terminó siendo de lo más clásico de la tierra, en un ambiente de gente de la zona, y donde solo nosotros y otra pareja éramos «guiris».

Terminada la comida, un paseo (ahora sí, un paseo) para regresar al hotel a disfrutar un poco de la habitación antes de asistir a la ópera. Para ello, una hora antes del comienzo de la función nos juntamos con Chema en la cafetería del Palau para tomar algo y disfrutar de lo precioso que es el lugar, sus salas, etc. La ópera seleccionada era La Traviata, que estaba en cartel en esas fechas y que ninguno de nosotros había visto antes. Estuvo francamente bien, con una espléndida actuación de la orquesta y unos buenos actores en el reparto. Nos llamó la atención que no hubiese la pantalla habitual en la que se pone el texto de las canciones que se interpretan, y en el descanso Chema indagó por allí y resultó ser que podía seguirse ese texto con una aplicación en el teléfono móvil que, si bien solucionaba el problema, restaba comodidad porque para leer el texto hay que desplazar la mirada de la actuación. Pero, en fin, se solventó el asunto y el resultado de la función fue más que satisfactorio. Nos llamó la atención el hecho de que, al salir de la sala, poco después de las 10,30 de la noche, no había gente por las calles, algo que parece incongruente con una capital tan singular y turística como Barcelona.

El segundo día, y último de nuestra estancia allí se empezó con un espléndido desayuno en el hotel, en el que estuvimos acompañados por Chema, aunque como era día de trabajo para él, hubo de abandonarnos pronto para empezar su jornada. Tampoco nosotros pudimos alargarnos en exceso para desayunar porque teníamos reservada una visita en la Sagrada Familia para las 10,30 de la mañana y como queríamos hacer el recorrido a pie nos hacía falta el tiempo. Encontramos muy cambiado el monumento desde nuestra anterior visita, tras más de una decena de años transcurridos, lo que da fe de que se trabaja con asiduidad, aunque la complejidad de la obra no permite demasiada celeridad, ello unido a que se construye con los donativos de los ciudadanos y las recaudaciones de las visitas. Faltan todavía por construir las torres que irán delante de lo que será la entrada principal, además de otro edificio similar al de la sacristía, la terminación de la torre principal, y otras obras menores, por lo que yo calculo que como mínimo restan entre 10 y 15 años para la terminación manteniendo el ritmo actual de los trabajos.

Para completar la mañana, desde allí nos fuimos hasta el conjunto modernista de Sant Pau, que fue la sede de un antiguo hospital y hoy funciona como un museo. Es francamente interesante, además de precioso en sus características constructivas y da idea de la importancia que tuvo en su momento como hospital. La visita nos encantó y nos alegramos de haber podido conocer ese conjunto, del que solo recientemente habíamos tenido noticias y recomendaciones para ir a verlo.

La comida de este segundo día fue casi calcada de la anterior porque encontramos en una terraza muy próxima a Sant Pau un restaurante con sabor catalán en el que se ofertaban los calçots, además de unas alcachofas a la brasa que ya en la anterior comida no pudimos degustar por estar llenos. Y para completar el menú, repetimos la butifarra y nos tomamos una escalivada, terminando en el postre con la crema catalana, para no abandonar el sabor de la tierra.

Para aligerar el peso de la comida, el regreso lo hicimos igualmente caminando, aunque antes de volver por el hotel para recoger la maleta pasamos por el mercado de La Boquería, que es siempre un lugar digno de visitar en la ciudad. Y tras un pequeño descanso en la cafetería del Edition y la despedida de Chema, ya nos dirigimos al aeropuerto para dar por terminado ese corto pero excelente paso por Barcelona, volviendo a la entrañable rutina nuestra en A Coruña. En definitiva, que reiteramos lo que ya en ocasiones anteriores hemos dicho que es un acierto: que un viaje es siempre un excelente regalo, ya sea por los reyes, por el santo, el cumpleaños o el aniversario. Siempre mucho mejor que resolver el compromiso con algo que no es totalmente necesario, por lo cual nos hemos comprometido a que no sea esta la última ocasión en que nos auto-regalemos algo similar en circunstancias futuras.

Un comentario sobre “Barcelona…

Replica a Armando Cándido Verdes Vázquez Cancelar la respuesta

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.