Finde Gigirey 2024

Como ya hicimos en los dos años anteriores, también en 2024 habíamos programado la reunión anual de los hermanos y parejas, y en esta ocasión los organizadores hemos sido Pilar y yo. Y la programación la realizamos a partir de la idea ya prevista en el año 2021 que había tenido que suspenderse por varias razones.

Las fechas previstas y consensuadas con suficiente anticipación con todos los hermanos habían sido las de los días 17-18 y 19 de mayo, aprovechando la festividad de las Letras Galegas, que este año coincidió en viernes, con lo cual disponíamos de ese día completo, ya que todavía 3 de los asistentes tienen obligaciones laborales.

De esta forma, nos dimos cita el viernes 17, a las 12 horas en Las Médulas, para una visita guiada y con la reserva hecha por nuestro amigo Pedro de Ponferrada. Ramón y Berta que llegaban desde Madrid habían hecho noche ya en las cercanías (Hotel Medulio) y el resto fuimos llegando en tres coches, ya que Miguel y Valentina salían de Santiago, Paco-Elva-Manolo y Coló lo hacían conjuntamente en otro coche, y Pilar y yo viajamos en el nuestro.

Hay que decir que aunque se suponía que en estas fechas el tiempo sería bueno, la realidad no estuvo acorde con la previsión y todos viajamos con lluvia, aunque con la suerte de que a nuestra llegada la visita de Las Médulas pudimos hacerla sin que nos lloviese durante las dos horas largas que duró. Los diez asistentes a la misma ya conocíamos aquello, y yo personalmente en más de una ocasión, pero siempre resulta agradable una nueva oportunidad de ver la transformación que sufrió aquel paraje y de conocer algunas precisiones que se aprenden en cada nueva visita. Mi sensación personal en este caso fue que cada vez más la vegetación va comiendo las vistas de la tierra arcillosa pero sin embargo al comparar las fotos actuales con las de otras de iguales fechas del año 2008 demuestran que no es tan notorio.

Al final del recorrido habíamos reservado la comida en el restaurante O Palleiro do P do Forno, situado en las inmediaciones, a donde nos dirigimos sin demora, ya que estábamos bastantes justos de tiempo por haber realizado tal vez con excesiva tranquilidad el camino de regreso desde la zona alta de Las Médulas, con paradas para fotos y demás.

La comida resultó francamente bien. El restaurante tiene una tipología muy rústica, y la atención del personal ha sido excelente al igual que el menú elegido a base de platos típicos de la zona, con lo que todos los asistentes salimos de allí satisfechos de la elección. Hay que dejar constancia de que durante el tiempo que duró la comida cayó una buena tromba de agua, haciendo realidad las previsiones meteorológicas, pero ello no nos afectó porque estábamos a cubierto.

El paso siguiente dentro del programa era la visita del Mirador de Orellán, desde donde se suelen hacer las fotos características. Descubrimos que ahora hay que dejar los coches como 600 metros más abajo del mirador, cuando antes se accedía prácticamente hasta el mismo. Pero la cuesta, lejos de intimidarnos, nos la tomamos como una forma de rebajar la pesadez post-comida, con lo cual al final casi la agradecimos (unos más que otros, claro). Desde el mirador hicimos numerosas fotos, también con la suerte de nuestra parte porque durante ese tiempo no solo no llovió sino que incluso salió el sol a ratos.

Y aunque el plan inicial pasaba por bajar hasta el Lago de Carucedo, la demora que comenzaba a generarse en las previsiones horarias, hizo que nos saltásemos ese paso para ir directamente desde allí al Castillo de Cornatel, antes de que se aproximase la hora de cierre, que según google era a las 18,30 h. Pudimos fotografiar el Lago desde el castillo.

Cuando llegamos al castillo, situado a algo más de 10 kms desde Orellán, eran ya las 18,15 h. y a marchas forzadas subimos la empinada cuesta que lleva a la entrada desde el aparcamiento. Resultó, sin embargo, que la hora real de cierre era a las 20 h, con lo que de saberlo antes podríamos incluso haber accedido a las cuevas de Las Médulas, pero ya no era el caso. Lo que sí pudimos hacer fue tomarnos con calma la visita interior del castillo y recuperar el aliento de la llegada un tanto apresurada. Todo ello teniendo en cuenta que desde allí ya nos íbamos directamente a Molinaseca, lugar en el que habíamos reservado la casa rural donde nos alojaríamos durante el finde.

Al llegar a la Casa Rural María, en el centro de la población, pudimos acceder momentáneamente por la calle donde está ubicada para descargar maletas y todas las provisiones que llevamos para los desayunos y reuniones post-cenas, ya que nosotros ocupamos en su integridad la casa, que tiene 5 habitaciones, cada una con su baño, y un salón adecuado a las reuniones de los 10 integrantes del finde, pero que no funciona como un hotel o alojamiento donde además hay servicio de comidas.

La casa está bien, y durante la estancia unos cuantos nos ocupamos de la preparación de los desayunos para todos los asistentes pensando siempre en el cumplimiento de los horarios que nos permitiera llevar más o menos a rajatabla el programa de visitas previsto inicialmente. Y todo funcionó a la perfección, con la colaboración general.

Después de habernos acomodado en la casa salimos a dar un paseo por el pueblo, un lugar que por su proximidad a Ponferrada y por ser punto significado dentro del Camino Francés a Compostela, tiene siempre muchos visitantes, con varios albergues, hostales y hoteles, y con numerosos restaurantes, algunos de ellos entre los mejor valorados de la zona. El centro de Molinaseca está muy bien cuidado y guarda un estilo característico en cuanto a las construcciones.

La cena la teníamos reservada también con antelación en Casa Ramón, uno de esos restaurantes bien valorados, y donde casualmente también habíamos cenado bastantes años atrás, en una excursión que en su día organizamos con el grupo de amigos, aunque en aquella oportunidad nos alojamos en el hotel. Dentro de ese grupo de asistentes de antaño estaban también Coló y su marido Manolo.

La cena estuvo también bien y aunque a priori todos decíamos estar desganados porque la comida había sido abundante, al final se fueron pidiendo platos para compartir, y terminamos con una cena formal, muy variada en los contenidos, y con una excelente atención del personal, justificando asi la buena valoración del restaurante.

Ya de regreso a la casa rural, finalizamos la primera jornada tomando unos digestivos y con animada charla, a lo que ayudó la buena temperatura interior con que encontramos el alojamiento, con la calefacción a pleno funcionamiento. Entre pitos y flautas era más de la una de la madrugada cuando nos repartimos por las cinco habitaciones, señalando la hora del desayuno para las 9 de la mañana siguiente.

A la mañana siguiente, sábado 18, después de haber desayunado de forma contundente, nos dirigimos a la primera de las actividades del día, que fue la visita a la Herrería de Compludo, situada a unos 20 minutos de Molinaseca. Aunque teóricamente iba a ser a las 11, hora de apertura, y nosotros llegamos allí con más de un cuarto de hora de antelación, la demostración no comenzó hasta las 11,30 por lo cual tuvimos tiempo de observar el entorno con tranquilidad. Y hubo suerte de que no llovía.

Se trata de una antigua instalación (data del siglo XVII, o anterior), que funcionó hasta 1978. El actual inquilino (su familia fue propietaria anteriormente, ya que ahora es de titularidad pública), hizo unas demostraciones de la operatividad del complejo, mediante la fuerza del agua y la presión del aire y del agua. Es francamente interesante el ver cómo antiguamente podían trabajar el hierro de forma artesanal. Ahora se usa solo para demostraciones.

A continuación de la herrería, nos dirigimos hacia Peñalba de Santiago y Valle del Silencio. Para llegar allí, aunque geográficamente no está lejos, hay que hacer el recorrido dando la vuelta por Ponferrada porque el camino que sería más directo es poco practicable y menos con lluvia, como era el caso. Por esa razón, y debido al retraso acumulado en la visita a la herrería, apenas pudimos pasar algo mas de media hora en Peñalba, un lugar muy bien cuidado en general, aunque prácticamente despoblado, porque se ve que los propietarios de las casas, mayoritariamente rehabilitadas, las utilizan en los meses de verano.

En el pueblo hay una iglesia con signos mozárabes, que pudimos visitar, antes de regresar de nuevo a Ponferrada donde estaba reservada la comida.

También el restaurante donde comeríamos estaba reservado con antelación, eligiendo entre los recomendados de la plaza. Y resultó ser el Siete Sillas, justo en la plaza principal, donde está el Ayuntamiento. Comimos de maravilla, al igual que nos había ocurrido el día anterior, y también de igual forma el tiempo nos acompañó, ya que durante el tiempo de la comida pudimos comprobar lo bien que llueve en Ponferrada, ya que prácticamente no paró durante más de una hora. Y lo vimos en primera línea porque nuestra mesa estaba en una terraza cubierta que tienen en el exterior del local.

Sobre las 5 de la tarde abandonamos el lugar, porque ya se disponían a preparar las mesas para la cena, y desde allí con relax y tranquilidad nos dirigimos hacia el Castillo de los Templarios, uno de los símbolos de la ciudad. Previamente y de camino hacia el castillo recorrimos la calle del Reloj, y visitamos la Basílica de la Anunciación (al parecer tiene esa condición de basílica por estar dedicada a la vírgen).

En el castillo estuvimos buena parte de la tarde y aunque durante parte de la visita llovió algo, no fue tan molesto como para tener que suspenderla, pero utilizamos los paraguas en algunas de las zonas, como atestiguan varias de las fotografías que allí hicimos. El recorrido lo hicimos por libre, sin guía, e incluso cada uno a su aire, parándose en aquellas zonas que nos merecían más interés.

A la salida, ya sobre las 7 de la tarde, vinieron a esperarnos Pedro y Feli, la amiga de toda la vida de Ipi. Con ellos hicimos otro pequeño recorrido por algunas calles de la ciudad, justo para terminar en el Bodegón, uno de los bares emblemáticos de Ponferrada, donde es casi imposible encontrar sitio y más si se trata de un colectivo tan amplio como el nuestro, puesto que nos juntábamos 12 personas. Pero tuvimos la suerte de llegar casi cuando acababan de abrir, con lo que juntamos varias mesas y nos acomodamos a la perfección. Así pudimos degustar los platos característicos, es decir, patatas bravas, mejillones picantes, calamares y unas cortezas también clásicas del local, todo ello regado abundantemente con la sangría de champán, de la cual nos cepillamos cuatro jarras en el tiempo que mantuvimos la charla de grupo, durante cerca de hora y media.

Al salir, como en el programa se decía «ir de vinos por la ciudad», Paco exigió que había que hacer al menos otra parada para un vino, parada que hicimos en otro bar cercano, ya de camino hacia la plaza del ayuntamiento donde estaba el parking en el que habíamos dejado los coches a mediodía. Y ya en los coches, regreso a Molinaseca para dar por finalizada esa segunda jornada, aunque la terminamos como el día anterior tomando unos refrescos en el salón de la casa. Cuando nos fuimos a la cama era algo más temprano que la noche anterior.

La tercera y última jornada, domingo 19, empezó mas o menos a la hora del día anterior, si bien hubimos de recoger las cosas para meter en los coches y así dejar la casa libre, puesto que el recorrido era por fuera de Molinaseca. El primer destino fue Villafranca del Bierzo, aunque apenas pudimos visitar nada porque las iglesias estaban cerradas, una de ellas la de Santiago, a la que llegan los peregrinos del Camino, está como en obras, y el resto también cerradas porque al parecer este año Villafranca será base de la exposición de Las Edades del Hombre, y varios de los templos están siendo preparados para ello. Tampoco el castillo se puede visitar, aunque un grupo que llegó en un autocar, junto con una guía, debían tener «bula» porque sí que entraron.

En cualquier caso, hicimos un amplio recorrido por el pueblo e incluso finalmente fuimos al convento de la Anunciada, que sí estaba disponible para visitar, y donde además pudimos comprar pastas y rosquillas que preparan las monjas de clausura. Fue una visita breve, porque la iglesia tiene poco que ver.

El paso siguiente era Balboa, donde también nos encontramos con que La Casa de las Gentes, un museo de cosas tradicionales de la zona, también está cerrado desde la pandemia. Al parecer planean abrirlo a partir del mes de junio, pero no está muy clara la cosa. Hicimos unas fotos sobre el puente de los enamorados, y visitamos la palloza-restaurante que algunos no conocían. Y como nos habíamos tomado con calma tanto el paseo por Villafranca como la estancia en Balboa, pronto se acercaba la hora de la comida, y volvimos a los coches para subir a Cantejeira, ya que la comida estaba reservada arriba, en la Palloza de Cantejeira.

Al llegar, como aquello es muy reducido tuvimos que hacer números para conseguir aparcar los coches, pero lo conseguimos. La palloza está como siempre, bien cuidada, y con la mayor parte de las mesas ocupadas, pero nosotros teníamos una mesa amplia, frente a la barra, y comimos estupendamente. Hicimos las fotos de rigor y al finalizar la comida, ya desde allí cada uno se despidió de los demás dando por finalizada la reunión familiar correspondiente a este año, y emplazándonos para una fecha similar (23-24 y 25 de mayo) para el próximo año, reunión en la que ejercerán de anfitriones y organizadores Paco y Elva.

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