Aunque el título parezca confuso, no lo es tanto, sino que viene a cuento de que hoy, precisamente hoy (5 de mayo de 2020), se completa para mí la década de los 60, esos 3.653 dias que comenzaron el 6 de mayo de 2010 y como digo se completarán hoy.
Como nací en un año «redondo» (1950), para mí de alguna forma los cumpleaños se han ido configurando por bloques, unas veces de diez en diez, otros en grupos de 25, y ya desde que se cumplieron los 50, he vuelto a los grupos de 10, más homogeneos y porque además simplifican y permiten ser organizados mejor.

En 1975 me casé por primera vez, en 1985 nació mi hijo, en el 2000 con el cambio de siglo fueron mis bodas de plata. Hace diez años, en 2010 entré en lo que se venía considerando la «tercera edad» y ahora estoy a punto de entrar en la «nueva mayoría de edad» ya que utilizando los términos de la nueva normalidad, a los que acumulan ya de 70 años se les empaqueta ya como «los mayores».
Y antes de entrar a formar parte de ese nuevo colectivo, quiero hacer un pequeño resumen de estos últimos diez años en los que he tenido cambios importantes en mi vida.
Empezó para mí esta década con la celebración de mi cumpleaños en Madrid, donde Ipi me había invitado a conocer el Hotel Villamagna, algo que figuraba en mi capítulo de cosas pendientes desde bastantes años atrás. Aprovechamos el viaje para soplar las velas con David, Hugo y Angelo.
Y de regreso en A coruña, una segunda celebración en la que conseguí reunir a la mayor parte de mis amigos y mi familia, acto del que guardo un imborrable recuerdo y que celebramos en el restaurante de la Domus.
El año fué prolijo en viajes, de modo que en el mismo mes de mayo nos fuimos al Jerte, algo inicialmente proyectado para el mes de marzo a ver florecer los cerezos y que por el mal tiempo hubimos de retrasar.
Al final nos sirvió para degustar las cerezas ya recién salidas y para descubrir el Coloma.
Y justo antes de salir para ese viaje, tuvimos la mala
noticia de que Ipi tenía un tumor en la mama izquierda, pero lejos de tener la tentación de anular el programa, quiso marchar a distraerse durante esos días. Fué un acierto, pues el viaje resultó fenomenal y al regreso se agilizó todo el proceso para, una vez definido el problema, afrontarlo adecuadamente y ponerle buena cara, como solo Ipi sabe hacer. En un plazo de dos meses se superó la fase inicial con radioterapia incluida ya que luego vino, como es lógico, el período de tratamiento durante cinco años hasta que tuvo el alta definitiva.

En los últimos días de junio fuimos a Oporto, a conocer la nueva casa de Joaquim, con Rafa, Elena, Armando y Pila y también nos acompañó Mary. Con su característica amabilidad nuestro anfitrión nos obsequió con una espléndida comida y una jornada de sol en sus instalaciones, y en esta ocasión algunos hasta pudieron bañarse en la piscina.
Y justo tras los dos meses de esa fase inicial nos fuimos de nuevo de ruta, al Festival de las Velas, en Pedraza, continuando luego a Almagro para ver el festival nacional de teatro.

Allí tuvimos la vivencia de que la selección española de futbol se proclamaba campeona del mundo.
Terminado el verano, en octubre nos fuimos a Jordania, para ver a Chema y disfrutar de un espléndido y variado viaje. Aprovechamos para desde allí ir también a Jerusalen.
Y recién regresados, antes de terminar el mes viajamos a Lanzarote con Rafa y Elena, con lo que
completamos un año prolijo en desplazamientos ya que además de los indicados antes de mayo habíamos tenido otras salidas solos y en grupo.
El año 2011 lo iniciamos con la misma marcha. A final de enero nos fuimos a esquiar a Formigal, con Paco y Elva.
Y poco más tarde,
celebramos nuestro aniversario con una visita a Madrid y de regreso tuvimos casi en exclusiva para nosotros el ya desaparecido Palacio de Sober.
Al tiempo, entre ambos viajes para festejar el 50 cumpleaños de Ipi pudimos organizar una memorable jornada, sorpresa para ella, en la que reunimos a sus hijos, amigos de la juventud y actuales


y por supuesto toda la familia, con una comida, una sesión específica del Planetario y una actuación de jazz en Baba-Bar.
En marzo viajamos con Elena y Rafa a Valencia para que Ipi, a quien no gustan los petardos, pudiese empezar a saborear el retumbar de las mascletás en la plaza del Ayuntamiento, y conocer todo lo
que se mueve alrededor de las fallas. Y por supuesto las paellas que nuestra amiga María José nos preparó.
En Semana Santa, aprovechando una invitación que me habían hecho unos amigos de Ipi de Ponferrada, me fuí a esquiar a los Alpes franceses, en concreto a Val Thorens, estación que ya conocía por un primer viaje que hicimos en el año 2000.
En esta ocasión fué una estancia de una semana, con viaje en bus desde Ponferrada. Pese a las fechas, había buena nieve y disfruté de una excelente semana de esquí.
Pero como el año es largo, en los primeros días de mayo acudimos por primera vez a Sevilla, a la Feria.
También nos acompañaron Elena y Rafa, y nuestros anfitriones fueron Cuca y Lalo, que cuentan alli con casetas de amigos y de la empresa de Lalo. Además de mucho baile, mucho rebujito, jamón, pescaitos, etc.
tuvimos la ocasión de pasearnos por la ciudad hasta el real de la feria en carro de caballos, bailar sevillanas a nuestro aire y en la propia caseta celebrar mi cumpleaños.
De regreso ya en casa, fué el año en que mi perro se volvió loco y me atacó, y a punto estuvo de impedir que hoy esté yo aqui haciendo esta reseña.
Me dejó unas marcas que aun conservo, pero no impidieron que poco después volviésemos a Sevilla para asistir a la boda de una de las hijas de Julio y Linda, donde también conocimos que el Depor terminaba la temporada futbolera certificando su descenso a la segunda división.

Y terminando mayo, el grueso de la panda hicimos un desplazamiento de fin de semana hasta Oporto para disfrutar de un fin de semana con Carmen y Joaquim, que nos atendió con su característica amabilidad, nos invitó a comer y pudimos pasar un día de piscina.
En el mes de junio me fui, junto a Dora y Mayi, a realizar el tramo aragonés del Camino de Santiago entre la frontera francesa cerca de Canfranc
y la confluencia con el camino francés, en Puente La Reina. Descubrimos nuevas rutas y pasamos unos días espléndidos.
En octubre, viajamos a Zaragoza para asistir a la boda de uno de los hijos de nuestra amiga Arantxa.
Y antes de terminar el año un viaje más, en esta ocasión finalizando noviembre, a New York, donde pese al frío pasamos unos días estupendos. Hicimos el viaje en compañía de David y Angelo, y la ciudad estaba ya con los preparativos de la Navidad.
El año 2012 fué ligeramente más tranquilo en los referente a los viajes, aunque no menos intenso. Además de algunos desplazamientos por Galicia, en el mes de mayo el grueso de la panda hicimos un espléndido viaje a los Picos de Europa.
Y en junio me fui con Dora y Mayi a realizar el Camino Primitivo,
que resultó ser muy duro, pero al mismo tiempo muy atractivo. Lo iniciamos en Oviedo y lo dejamos cerca de Melide, tras una semana larga de marcha.
En el último fin de semana de junio viajamos a Burgos con el grupo de Amigos de la Casa de las Ciencias para visitar la
ciudad, y conocer las excavaciones de Atapuerca. Nos acompañaron Mayi, Fernando, Elena y Rafa y resultó ser un viaje muy entretenido e instructivo sobre nuestros ancestros de las etapas primitivas.
En el mes de julio, para ayudar a David en su trabajo de la
empresa de cosméticos, le acompañé con el coche a Barcelona para hacer una instalación en una nueva perfumería, y desde allí atravesamos en barco, también con el coche, hasta Mallorca para hacer lo propio en otra perfumería. El regreso lo hicimos por Valencia, donde aprovechamos para visitar a nuestra amiga María José Molina, que nos preparó una suculenta paella antes de continuar viaje de regreso a Madrid.
Y después de un verano tranquilo, al llegar septiembre convencí a Ipi para que se animara a acompañarme en el tramo Santiago – Finisterre para llegar al final del Camino
y llevar a cabo el proceso de quema de las botas que, tras haber sido usadas ya durante varios años en otros tantos tramos diferentes del Camino, habían llegado a su fin. Fueron cinco días espléndidos, en los que al llegar a destino nuestros amigos vinieron a recibirnos y a celebrar la llegada, disfrutando de una jornada de playa y gastronomía.
Pero la experiencia más positiva de este año fué sin duda el viaje a Peru, para atender a
los niños de Hatunsonqo,
una casa de acogida de niños sin medios que nos dejó un recuerdo imborrable. Tras varios meses de trámites para cumplir los requisitos que nos pedían, en los primeros días
de octubre viajamos a Cuzco, via Lima, para desde allí continuar a Pomacanchi,
una pequeña ciudad a 150 kms de Cuzco, donde estuvimos casi un mes. Durante la semana estábamos con los niños y en los fines de semana bajábamos a Cuzco, viajamos al Machu Pichu, y
también hasta Puno, junto al Lago Titicaca. Todo ello antes de regresar y pasar un par de jornadas en Lima. Sobre este viaje hay información detallada en el blog «Ipimanu en Peru» (https://ipimanuenperu.wordpress.com).
El año 2013 se inició también de forma relajada. Y como cosa un tanto singular tuve que hacerme cargo de la presidencia del grupo de compañeros jubilados y pre-jubilados de BBVA, en lo que viene a ser la Peña Bebeuvas. Fué algo que me vino «adjudicado» porque ningún otro compañero se animó a aceptarlo y desde entonces, durante casi 7 años, tuve el honor y la responsabilidad de dirigir el grupo.
En febrero, para asuntos relacionados con el trabajo de David, hubimos de realizar un 
nuevo desplazamiento a New York. Se dió la circunstancia de que nos cogió la nevada de la temporada, algo usual al menos una vez cada invierno en la gran manzana, y este caso se cerraron aeropuerto, ferrocarril y algunas carreteras, con lo cual no pudimos hacer un proyectado desplazamiento a Washington. Como contrapartida positiva, pudimos disfrutar de las impresionantes vistas de Central Park completamente cubierto de nieve.
A mediados de marzo, junto a Mayi, Fernando, Elena y Rafa
hicimos una escapada por Asturias, para aprovechando la actuación de Cecilia Bartoli en Oviedo, degustar algunas de las delicias gastronómicas de la tierra, visitar la ciudad y alrededores, e incluso dejar constancia gráfica de nuestra presencia con la diva.
En mayo, durante el puente das Letras Galegas, organizamos una excursión a Astorga y León que completamos con una visita a las Cuevas de Valporquero. Al viaje se apuntaron la casi totalidad de miembros del Chiringuito, ya que solamente faltó Merchi.
En Astorga pudimos recorrer los restos romanos, en León visitar la catedral de noche, como asunto singular y además recorrer la excelente ruta de vinos y tapas característica de la ciudad, y también disfrutar del conjunto de su gastronomía. Fué una escapada que nos dejó un magnífico sabor de boca.
Y terminando mayo, Ipi y yo nos marchamos a Copenhague para un largo fin de semana.
No hizo muy buen tiempo pero sin embargo pudimos recorrer
toda la ciudad, incluso con visita al famoso parque de atracciones Tívoli, donde yo recorrí una gran parte de las atracciones (Ipi no quiso montar en nada). Además, el último día antes de regresar a casa alquilamos un coche y viajamos a través del puente que salva el Báltico hasta la ciudad de Malmoe, en Suecia, para una corta visita en uno de cuyos mercados al aire libre compramos salmón que trajimos de regreso a Coruña.
Este fué el año en que a sugerencia e iniciativa de Ipi nos animamos a unirnos a la ONG
de Tierra de Hombres para acompañar en las guardias del hospital a los niños que la organización trae de Africa para ser operados de problemas cardíacos en A Coruña. En realidad ese proceso ya lo habíamos iniciado a finales del año anterior, pero en este año,
avanzando en la colaboración, conseguimos que en el mes de junio nos adjudicaran a Hajar, una niña marroquí encantadora que llegó a A coruña sin fuerzas y después de tres meses regresó a su país ya con su problema solucionado, después de dos operaciones y largas estancias en la UCI. Todos nuestros amigos y familia se implicaron con nosotros y hay que decir que fué para nosotros una experiencia inolvidable, aunque por discrepancias con parte del equipo de la ONG posteriormente no hemos mantenido la colaboración. En esta época, sucedió el desgraciado accidente ferroviario de Angrois, del que me enteré en la UCI del hospital mientras acompañaba a Hajar en mi turno.
Terminando agosto y durante una decena de septiembre, siempre con Mayi y Dora, hicimos el Camino Portugúes entre Oporto y Santiago.
Fué, como siempre, un agradable recorrido, y una muesca más para añadir en los recorridos del Camino de Santiago.
Y justo unos días antes de regresar Hajar a su pais, desde meses atrás teníamos vuelos reservados a Lisboa para, junto con Elena y Rafa, pasar allí unos días, escuchar fados en ambiente no guiri y degustar las «natas de Belén» in situ. Pese a lo corto del viaje, fué una delicia porque ademas tuvimos muy buen tiempo.
En este año fué también el cambio de domicilio de Ipi, que vendió su anterior vivienda de la calle Betanzos para comprar, modificar totalmente, y rediseñar la que hoy es nuestra actual vivienda, junto a la playa de Riazor. Y de forma complementaria, por aquello de que mejor dos por uno, adquirió el apartamento de la calle Cordelería, donde actualmente yo alojo los elementos personales que no me he podido traer a esta vivienda y donde podremos realizar alguna de las actividades del ahora ocupado Chiringuito.
Finalizada la estancia de Hajar, nos fuimos a final de octubre a Paris, donde vivimos unas deliciosas jornadas, visitando a nuestros amigos franceses y disfrutando de visitas culturales y experiencias gastronómicas del máximo interés. Y también algunas compras, por supuesto.
Pero antes de terminar el año todavía tuvimos otro viaje, en este
caso a New York con David y Angelo para
asuntos relacionados con la empresa de David. Fué en la primera decena de diciembre, y la ciudad estaba preciosa, con toda la iluminación y los preparativos de la Navidad. Hizo frío y cayó algo de nieve, pero no nos impidió los
paseos por parques y calles. E incluso girar una visita al barrrio de Williamsburg, la zona de los judios extraortodoxos. En la ida tuvimos la suerte de que por gestiones de Angelo nos permitieron ir en clase preferente y pudimos verificar lo importante que es poder disfrutar de las comodidades que ofrece en un vuelo tan largo. Otra experiencia a sumar a las del año que terminaba.
El año 2014 empezó como había finalizado el anterior, con nuevos viajes. Y así, para
conmemorar nuestro aniversario en las correspondientes
fechas de febrero nos fuimos al Palace Hotel de Vidago, que desde muchos anos atrás yo tenía ganas de conocer. Como estábamos en época de lamprea, nuestro amigo Joaquim, con el que quedamos de vernos en su tierra nos llevó a degustarla en varias modalidades y por desgracia algo le sentó mal a Ipi, que pasó una noche horrible porlo que apenas pudimos disfrutar de las buenas instalaciones del hotel.

En abril hube de hacer otro viaje a New York con David, siempre relacionado con asuntos urgentes de su empresa. No me acompañó Ipi y de este viaje además de algunos paseos y reuniones de trabajo lo que me queda de recuerdo es asistir a una representación en el Metropolitan Opera House, y a un concierto en el Carnegie Hall.
Poco tiempo después, en el puente de primero de mayo, viajamos a Londres con Rafa y
Elena. Hicimos coincidir el viaje en fechas con el organizado por Amigos de la Opera de Santiago, con lo cual pudimos asistir a una Opera en el Covent Garden, aunque
las butacas estaban tan lejos del escenario que no nos dejó un gran recuerdo. Pese a ello, fueron tres dias intensos, pues visitamos todo lo que pudimos a base de caminar muchísimo y hacer numerosas experiencias gastronómicas a lo largo y ancho de la ciudad.
Y en el mismo mes de mayo, aprovechando el puente de las Letras Gallegas, fuimos a visitar a Joaquim en Povoa, para conocer su discoteca Salero, a cuya inauguración no habíamos podido asistir. Hicimos el viaje parte de la panda (los Diaz-Seijo, Bra-Gutierrez, Lopez-Quintela y nosotros).
En junio, proyectamos un viaje a Málaga en avión,
junto a Rafa, Elena, José Ramón y María. Pero unos días antes de partir supimos que David estaba ingresado en el hospital de La Paz,
en Madrid por infección en un pié, y anulamos nuestros billetes, a la vez que nos íbamos en coche a Madrid para verlo y estar con él. Sin embargo, como le encontramos bien
y solo podíamos estar de visita unas horas en el hospital, optamos por continuar el viaje en coche a Málaga y encontrarnos allí con nuestros amigos, que se llevaron la gran sorpresa al vernos llegar. Pasamos en Málaga un excelente fin de semana y al regresar en coche volvimos a hacer un alto en Madrid para estar de nuevo con David.

Y un par de meses más tarde, en julio y con bastante calor, otro viaje a New York por los mismos motivos de los anteriores. Fui también en esta ocasión únicamente con David y por solo 4 días, aunque tuve tiempo de asistir a un concierto de jazz y tomarme una «Estrella Galicia» en una terraza de una calle transversal a la 5ª Avenida.

En la última semana de ese mismo mes de julio fuimos por primera vez a Cadiz, y más concretamente al Puerto de Santa Maria, con Elena y Rafa, viaje al que posteriormente se unieron también nuestros
amigos Julio y Merche. Viajamos por toda la costa gaditana y por pueblos singulares del interior. Disfrutamos de las playas, los pescaitos, las puestas de sol y los mojitos, visitamos las bodegas de Osborne (y nos trajimos muestras variadas para consumir en el Chiringuito con la panda) y en fin, aprovechamos estupendamente esos días de verano que a Ipi le dejaron un sabor de boca excelente, para repetir.

Antes de terminar el año, en los primeros días de octubre, nos desplazamos a Valladolid para asistir a la boda de Marta y Julio, unos amigos de la familia de Ipi, en la que estuvieron presentes lógicamente Hugo y Chema, aunque tenemos pocos testimonios gráficos del evento.
Y desde entonces ha pasado ya un año. Un año fantástico, lleno de novedades y de continuidad de mi nueva vida, o debería tal vez decir de «nuestra nueva vida» ya que ahora todo se organiza en función de la pareja. Esto de casarse de nuevo, que puede parecer extraño después de una primera experiencia que no ha terminado de funcionar, en realidad es una forma de estabilizar una situación de hecho, que no cambia en los aspectos fundamentales respecto de lo anterior, pero que de algún modo «recoloca» las cosas, hace que la convivencia sea más consistente y especialmente facilita algún tipo de trámites que se dan en el día a día.
Y si tuviese que hacer un balance de este año, para ser completamente honesto tengo que reconocer que en el día a día puede darse algún pequeño conflicto, pero que no es diferente de lo que acontecía con anterioridad, mientras que en el conjunto de esa convivencia el balance es totalmente positivo. Hemos conseguido reorganizar nuestros tiempos, repartido funciones dentro y fuera de la casa, y sobre todo hemos compartido y seguimos compartiendo nuestro tiempo, nuestras preocupaciones, y fundamentalmente nuestras alegrías, que son muchas y son diarias.
techo que las posibles desventajas. En mi caso, solo echo de menos parcialmente la vida en el campo, que me ha gustado y de la que he disfrutado durante muchos años, pero también hay que reconocer que ya hace un año había asumido como definitivo el vivir en la ciudad y de hecho desde los inicios de 2018 prácticamente me había instalado en la citi y aunque casi diariamente me desplazaba a Castelo, mi vida estaba ya instalada en la ciudad. Y reconocer también que vivir en el centro tiene infinidad de ventajas, sin apenas necesidad de coger el coche y teniendo a mano todo lo que nos ocupa en el día a día. En especial nosotros que tenemos una vida muy completa, muy de ciudad, asistiendo a espectáculos, a eventos de todo tipo, y disfrutando de las maravillas que nos ofrece el Paseo Marítimo que recorremos con muchísima frecuencia y que suple en parte los antiguos paseos por el campo.
Rememorando ahora aquel 16 de febrero de 2019, cuyos recuerdos me han aparecido también en facebook, hay que reconocer que fué una jornada muy especial. En todos los aspectos. Comenzando con todo el proceso de preparación, que hicimos Ipi y yo de la mano, implicados directamente en cada uno de los detalles de la organización, y con la satisfacción del resultado, impecable a nuestros ojos y también al decir de la mayor parte de los asistentes. Incluso el tiempo se alió a nuestro favor y disfrutamos de un día de sol espléndido. Las fotos de la salida de la ceremonia así lo atestiguan.
Tenemos la suerte de contar también con un grupo familiar bien avenido, que nos apoyó y nos apoya en nuestra trayectoria, empezando por nuestros hijos. Y un grupo de amigos que nos acompañan siempre y con los que contamos para nuestras actividades y con los que compartimos excelentes momentos a lo largo de todo el año.
Comenzamos subiendo el TS Abarsetar que nos daba acceso a uns pistas azules (La Font y Les Canals), que fue por ls que iniciamos los descensos, comprobando en ambos casos que la nieve estaba muy dura, en parte por la poca afluencia de esquiadores y también tal vez por la orientación al sol. El caso es que tras los primeros descensos un profesor de la escuela de esquí nos informó que a esas horas estaba mejor la otra zona que tiene una orientación diferente, y abundantes pistas.
Seguimos su consejo y mediante el TS La Basera nos fuimos hacia Les Portelles, a algo más de 2.500 mts. En efecto alli las pistas aules, rojas e incluso una verde larguísima que se entrecruza con otras y bordeando la montaña llega hasta la base de la estación, estaban más concurridas, con una calidad de nieve excelente y bastante menos duras en general.
Nos movimos durante toda la mañana por El Terragal, La Coma, Ecoa, El Tunel y Els Orris (azules) y fundamentalmente por El Clot, La Balma y El Mur (rojas) bajando una y otra vez hasta el TS La Coma que nos devolvía a la cima.
Y tras un descanso para reponer fuerzas en el bar de lo alto, regresamos a la primera zona de la mañana bajando una pista roja larga y muy interesante (Les Tarteres) que a esas horas ya se esquiaba bien. Y de nuevo en la base ya nos dedicamos a las rojas de esa zona (Concestes, El Bosc, L’Hortell, LÁvestar y
Léstadi) que repetimos en varias ocasiones, subiendo por el arrastre L’Hortell, mucho más rápido y sin colas, por supuesto, ya que la estación en todo momento estuvo con poquísima gente. Por ahí aprovechamos para hacer algunas fotos y un par de grabaciones en video, como recuerdo de la estancia en Ordino-Arcalis.
Y aunque después el
tráfico fué relativamente fluido, pese a todo no llegamos a Burgos hasta pasadas las 10 y media de la noche, con lo que una vez instalados en el hotel salimos a la calle San Lorenzo a tomar unos vinos y unos pinchos que nos sirvieron de cena. Había mucho y muy buen ambiente como es habitual en esa calle,
contigua al hotel, y pese a ello nos recogimos pronto, por un parte por el cansancio acumulado en toda la semana y sobre todo pensando en que todavía nos faltaban otros casi 500 kms para llegar a casa, lo que hicimos el sábado llegando a Coruña algo antes de las 2 de la tarde.
Previamente habíamos desayunado también en un horno en la misma calle San Lorenzo que ya descubrimos en nuestro anterior pase por Burgos hace 3 años en un viaje similar.
Según la aplicación de Endomondo, hoy hemos hecho 55,65 kms de recorrido, lo que implica que aproximadamente 35 kms han sido de bajadas por las pistas, que sin ser el record de la semana sí supone un éxito para nosotros por el buen tiempo, porque después de varios dias esquiando ya no se tiene la misma fuerza (las piernas van más cargadas y cuesta moverse al mismo ritmo) pero pese a todo, hemos mejorado, hemos aprendido mucho a base de repetir experiencias y sobre todo hemos disfrutado de lo lindo.
con la idea inicial de bajar de nuevo a la base de Grau Roig, pero al llegar arriba decidimos cambiar y subir por un arrastre (Coma III) a la azul de Portella, también novedosa y que dando un rodeo nos llevaba de nuevo a la bajada por Pala Nova. Desded allí, de nuevo en el TS Moretó (el largo) subimos a Coll Blanc para desde allí hacer la bajada de la Pista LLarga (roja) que al final continua por otra del mismo color (Menera) hasta volver a la base de Grau Roig. Y repetimos el recorrido, para bajar en esta ocasión por la derecha, hasta la base. Por cierto, en esa última bajada no me pequé un morrazo importante de casualidad, porque al llegar a la base, lanzado, casi me empotro con una valla y tuve que «aterrizar» antes del golpe. De allí decidimos subir otra vez al Pic Cubil, y Rafa se animó a hacer el descenso del Mirador, una pista negra paralela a Moretó, que resultó ser mas atractiva que la anterior, que ya habíamos recorrido en otras ocasiones. Rafa se quitó el miedo y los dos disfrutamos de lo lindo.
Cortalet y luego LLop, que nos acercaron a la zona deseada pero un punto más bajo de lo necesario (Rafa insistió en que era el recorrido correcto, pero no lo fué), por lo cual al terminar Llop tuvimos que tomar un nuevo TS, Solanelles, que nos subió a la cima de la pista de la Copa del Mon, donde ya, tras bajar por la negra de Mufló, llegamos al punto de encuentro. Cabe señalar que a esas horas, como en días anteriores, la pista contigua (roja) llamada Esparver, estaba cerrada porque es donde diariamente por las mañanas se viene entrenando el equipo de esqui, y no queda liberada hasta después de las 2 ó 3 de la tarde. Mas tarde, tras la recuperación de fuerzas, ya pudimos bajarla en un par de ocasiones porque es una pista muy atractiva y bien cuidada. Hoy incluso en ella hicimos algunos videos. Durante el descanso para recuperar fuerzas se incorporaron al grupo otra familia de Ourense (Ana, Jose y su hijo Miguel) que vienen a pasar unos días de esqui en Andorra.
Ya de regreso al hotel, y tras la ducha de rigor, salimos a dar una vuelta y tomar una cerveza con el grupo de Marco. Estuvimos en la cervecería de la calles Meritxell, pero solos Rafa y Yo, porque ellos no se enteraron de la convocatoria hasta tarde. Y como queríamos despedirnos de ellos, al final bajamos a su punto de encuentro habitual (un barucho regentado por unos gallegos), antes de ir a cenar.
Y entrando ya en lo que concierne a esta tercera jornada, hoy la aplicación de Endomondo dice que hemos recorrido 44,85 kms a los que habría que añadir al menos otros 6 km en los que se me olvidó reactivar la aplicación. Por tanto, estaríamos en que hemos hecho alrededor de 30 kms de descensos. Y si ha sido menos que ayer se debió a que a primera hora nos retrasamos en comenzar porque estuve buscando, probando y al final comprando botas nuevas, ya que las mías tras 20 años ya me empezaron a crear problemas y para esquiar bien es fundamental que el equipo sea el adecuado.
Pero para ello tuvimos que dar un montón de vueltas ya que despues de subir en el telesilla que lleva a lo alto, bajamos por la pista de Os, muy larga, que lleva a la base de Soldeu para alli montar en el TS Debutants que nos llevó a lo alto de Soldeu. De alli bajamos hacia el TS Solana, pero estaba cerrado, con lo que tuvimos que cambiar el recorrido llegando de nuevo a la base de Soldeu, y volver a montar en el mismo telesilla. Ya de nuevo en lo alto, hicimos dos bajadas por una pista roja excelente, Torrallardona, a la que se podía también acceder por un arraste instalado a mitad de la pista de Os.
Y como hoy el plan con Marco y compañía era ir a Canillo, y para llegar alli hay que recorrer numerosos remontes que nos eleven a cotas superiores, hicimos Gall de Bosc hasta el final, subimos el TS El Tarter y después de varios recorridos por las pistas altas de El Tarter, nos fuimos ya hacia Canillo, a través del largo TS Llosada, para llegar a lo alto de Tosa de Llosada desde donde tomamos las pistas Oreneta y luego Rossinyol, a través de las cuales accedimos a Canillo. Fué alli donde hoy hicimos la reposición de líquidos y barras energéticas. Esa zona que sufre más de la ausencia de nieve, está ahora especializada en actividades para los niños, y para ello han instalado una larga tirolina, asi como una montaña rusa.
Pero evidentemente no era nuestro caso, y tras el descanso regresamos a El Tarter, para hacer un par de veces la pista negra de Mufló, luego la roja que está contigua, y más tarde otra roja, Miquel. Todas estaban en perfecto estado, aunque con la nieve bastante dura en muchas zonas del recorrido porque aunque lucía un espléndido sol, la temperatura en las zonas altas era fresquita, y soplaba viento. Y aprovechando el día hasta el final, todavía tuvimos tiempo de recorrer
otras pistas rojas que no habíamos hecho como Cucut, antes de dirigirnos al funicular de regreso. En esa línea, ajustando al máximo los tiempos, bajamos Colibrí a toda pastilla y llegamos al remonte que nos debía devolver al funicamp cuando estaban cerrando (eran las 16,45 h) y finalmente pudimos subir y tras un par de pequeños recorridos llegar con tiempo de regresar a Encamp. Sin duda una jornada de nieve muy bien aprovechada.
sino directamente para ir a cenar. Teníamos elegido el lugar, pero en ese tiempo nos llegó un sms de Marco indicando que había localizado un restaurante donde había calçots. Y resultó ser ni mas ni menos el restaurante 120, donde ya estuvimos en nuestro anterior viaje a Andorra, y que no nos ha bía dejado un gran sabor de boca, por lo cual no pensamos en ningun momento en volver. En la anterior ocasión tomamos pizza, que sin duda estaba buena, pero no como para repetir. Sin embargo, después de lo que hemos estado esperando por los calçots, no dudamos ni un momento en ir alli.
Pero tras la primera docena del elemento objeto de la cena, Rafa dijo que no se conformaba con eso y repetimos ración, con lo que al final nos hemos metido una docena de calçots cada uno, eso sí con una salsa romescu exquisita, tanto que la que sobró nos la tomamos con pan.
«Blue», que tampoco estaba malo. Hoy ya no hubo que pedir nada para terminar el vino porque nos lo bebimos con los platos solicitados. Como postre, los ristretos de rigor y un par de
chupitos de Havana 7. Todo para completar en día fantástico, tanto en el objetivo principal del viaje (la nieve) como en el complementario (la actividad gastronómica colateral).
Una vez hecho el recorrido, poco después de las 10,30 h estábamos dispuestos a empezar la jornada de esqui cuando nos sorprendieron Marco y compañía, que también en ese momento llegaban a la parada del Funicamp, ya en las pistas. De modo que, desde el inicio de la mañana comenzamos a esquiar juntos. Para empezar nos lanzamos por la pista del Colibrí (roja) que enlaza con otra de igual tonalidad, la Enradort, por la que ya ayer habíamos circulado. De allí subimos el telesilla LLac del Cubill y bajamos por Moretó en dirección hacia Pas de la Casa, para desde la base de Grau Roig ascender hasta Coll Blanc y ya desde allí comenzar varias bajadas por la Pista Llarga, Menera y otras, todas rojas, que vuelven a la base de Grau Roig. Desde allí hicimos también un ascenso a Montmalús para bajar luego la pista del mismo nombre, también roja, y volver a la base, aunque luego desde alli volvimos a Coll Blanc para acercarnos a una pista muy singular, la Gavaltxa, que baja a Pas. Es una pista roja integrada en medio de varias negras por las que se celebran competiciones.
día en la zona que transitábamos, un poco más allá, en la zona de El Tarter, se había plantado unas nubes que dificultaban la visión y por cuya razón esa zona estuvo cerrada toda la mañana. En las cumbres soplaba el viento con energía, lo que obligaba a abrigarse cuando llegábamos a las cimas de los remontes, pero a medida que bajábamos hacia el valle, el viento desaparecía y la temperatura mejoraba sensiblemente. Asi estuvimos haciendo diferentes recorridos hasta poco más de la una de la tarde, en que nos dimos cita en la cafetería de la base de Grau Roig para recuperar fuerzas. Es decir, tomar la cervecita de rigor, junto a unas barritas energéticas en nuestro caso o unos pequeños bocatas en el caso de Marco y sus compinches.
Asi se nos fué pasando la tarde hasta que ya, cerca de la hora de cierre de las pistas, optamos por regresar hacia el Funicamp. Pero al hacer el último recorrido, por una pista a esas horas llena de bañeras Rafa, que circulaba en cuarto lugar tras Marco y sus cuñados, se despistó ligeramente y en lugar de tomar hacia la derecha para ir al arrastre que nos llevaría al punto de regreso, se despistó y siguió recto y yo que iba tras él, al verle y ver que no tenía forma de regresar, continué hacia él y nos tuvimos que tragar todo el recorrido de la pista Solanelles XL, que se nos hizo dura por lo larga que es, por el cansancio acumulado de todo el día, y porque el final de la pista tenía numerosas bañeras y nos obligaba a esfuerzos adicionales. Pese a todo, terminamos el recorrido y una vez subido el largo telesquí Bordes, pudimos llegar al punto donde tomar el huevo de regreso a Encamp. Ya nuestros amigos, que había hecho el recorrido acordado, estaban en la cafetería de lo alto pero no los vimos y no supimos de ellos hasta horas más tarde.
Y terminada la jornada de esquí, tras las duchas de rigor, salimos a encontrarnos con nuestros este año compañeros de fatigas por las pistas, para tomar unas cervezas. Hoy no tocó descanso previo, y una vez encontrados con ellos hicimos unas gestiones de posibles compras y nos tomamos la cerveza prometida, para posteriormente dejarles a las puertas de su hotel a donde iban para la cena, y enfilar nosotros la dirección de Ca la Conxita, para cenar. En ese restaurante ya estuvimos en nuestra anterior visita a Andorra y allí habíamos cenano unos canelones y unas alcachofas entre otras delicias, asi que repetimos menú. La propietaria, Conxita, se alegró de vernos, le mostramos las fotos de nuestra anterior visita, y departió un buen rato con nosotros. Hay que señalar que esta noche eramos los únicos comensales.
Cenamos las mencionadas alcachofas, un tomate con ventresca que estaba muy rico y los canelones a la Conxita (entiendo que rellenos de algo como la butifarra). Para terminar el vino (un Montsanto, de la zona) pedimos unos trocitos de queso, y completamos el menu con los ristretos habituales. No hubo hoy chupitos, pese a que Conxita nos habría invitado.
De modo que ayer, domingo 2 de febrero, nos montamos en el Audi y caminito de Andorra, a donde llegamos pasadas ligeramente las 7 de la tarde. Fué un viaje muy tranquilo, porque apenas tuvimos tráfico (solo a la entrada en Andorra) y como el tiempo estuvo bueno, los casi 1.100 kms que nos metimos en el cuerpo no nos cansaron en exceso. Y tras los trámites de rigor a la llegada al hotel,
salimos ya ayer tarde a realizar un pequeño recorrido por la citi, porque además se daba la circunstancia de que un buen amigo de Rafa y Elena
también llegaba ayer aqui con otros miembros de su familia, por lo que quedamos con ellos para saludarles y tomar una cerveza antes de ir a cenar.
Cenamos unos rollitos de primavera, muy bien preparados y luego un plazo de «carne a la piedra» con variedades de pavo, pato y buey. El pato excelente y el buey también muy rico. Lo regamos con un Priorato a base de uva Garnacha que dió un excelente juego. Y de remate un par de chupitos de Ron.
Según Endomondo, recorrimos un total de 44,71 kms. de los cuales cabe calcular que las dos terceras partes (es decir, aproximadamente 30 kms) han sido lo que realmente hemos esquiado y el resto los recorridos en remontes. Recorrimos pistas azules, rojas y alguna negra, todas ellas muy amplias y cómodas. Si bien inicialmente estuvimos solos Rafa y yo (Solanelles XL, azul muy larga, luego las rojas Enradorf y Moretó, rojas, espléndidas, que repetimos dos veces cada una, Serra Picos, roja muy larga, y de alli pasamos a Obac Solana, azul, para acercarnos por Miquel Baró (roja) a la Arrosería, una zona de descanso donde habíamos quedado con Marco y familia). Después de reponer fuerzas durante casi una hora
(una buena jarra de cerveza y un par de barritas energéticas), ya con los amigos de Rafa nos dedicamos a recorrer varias veces Esparver (roja) y Mufló (negra), antes de emprender un recorrido que nos traería de nuevo a Encamp a tomar el funicamp de vuelta. Para ello hicimos la Lliebre (roja), Solana (azul) y un par de pistas más que nos llevaron al último remonte que nos dejó a las puertas del
funicamp. Y tras todo eso, regreso al hotel para un merecido relax antes de salir para la cena.
Pero localizamos un sitio cerca de donde Marco nos llevaba, en el que bajo el nombre de Vinoteca con especialidades se escondía un local con diferentes tipos de menus que al final nos generaron una cena espléndida. Unas tapas a base de tostas de sardinas en crudo aderezadas con tomate, una tapa
de creso brie frito con salsa de piña, y como colofón rabo de toro, que estaba exquisito (aunque no tanto como el que hace la madre de Elena, segín Rafa). Claro que como yo no he podido probar el de la madre de Elena, me quedo con que este estaba muy bueno, casi tanto como aquel que me comí hace un par de años en Sierra Nevada.
Y como todo ello lo habíamos regado con un vino tinto francés (Santa Lucía), muy bien de precio y recomendado por la dueña del local, para terminar la botella nos pedimos una tabla de quesos, buenos en general pero con uno muy especial, que trataremos de conseguir para llevar. Terminamos como no podía ser de otra forma con los característicos cafés ristretos y un chupito de ron. Todo muy rico.
Y al llegar la calma podemos volver a los hábitos normales, y en mi caso lo primero que hice hoy (después de los recados propios del día 24 de diciembre, claro), ha sido salir a caminar por el paseo marítimo, con un recorrido amplio como a mi me gusta, bordeando la Torre de Hércules por los senderos de tierra, mirando al mar en todo momento y disfrutando de las hermosas vistas que nuestra ciudad nos ofrece.
desde alli rodear la Torre de Hércules y comenzar a divisar la Caracola, recién reinstalada en su antigua ubicación tras las reparaciones de que fué objeto.
Menhires, y el cementerio Arabe, para continuar junto al mar hasta llegar a Adormideras, Club del Mar y de nuevo paseo marítimo para llegar a la zona del dique de abrigo.

En resumen, una mañana perfecta para el paseo, para el deporte, para disfrutar del paisaje, para reconfirmar todo lo que nuestra ciudad ofrece a quien sepa apreciar la naturaleza y convivir con
ella. Y especialmente para dejar atrás, por el momento, los temporales, sabiendo que otros vendrán porque queda mucho invierno por delante, pero confirmando como dije antes que… tras el temporal siempre llega la calma.

vegetación, fundamentalmente helechos, silvas y ramas de arboles caidos. Por las fotos que se acompañan es facil imaginar las dificultades de rastreo, tratando de desbrozar en parte la maleza para visualizar el fondo. Y aunque los resultados no fueron los deseados, ya que no se logró encontrar nada que pudiese orientar sobre el paso de Yago por aquellas zonas, al menos se ha confirmado la solidaridad de los amigos, las instituciones y la ciudadanía en general con este tema, para evitar que caiga en el olvido.
Ayer, tras la búsqueda y los negativos resultados de la misma, los padres se han sentido agradecidos a quienes participaron, a los que no pudieron asistir, a todos los que han hecho posible el operativo, y aunque un tanto decepcionados y pesimistas, han recibido el apoyo moral de muchos amigos que prometen seguir ayudando, seguir estando a su lado y no dejar que Yago caiga en el olvido. Y por tanto, hay que pensar que esto ha sido un paso más en esa búsqueda y que es importante no perder la esperanza.
con su anterior marido, y lo recuerda perfectamente. Pero da la circunstancia de que los dos, en diferentes ocasiones durante estos últimos 11 años que hemos venido compartiendo, habíamos manifestado el deseo de volver a esta ciudad para revivir juntos la visita y hacerlo de forma diferente. Ese deseo no se convirtió en realidad hasta ahora porque todas las veces que lo pensamos se daba la circunstancia de que los vuelos estaban caros o surgían otros inconvenientes que evitaron el viaje.
Y tras una noche de poco dormir, un buen desayuno en el hotel AC Aitana y ràpidamente a Barajas para embarcar a las 9,20 de la mañana del martes 9 de abril rumbo a Venecia. Con una previsión de tiempo lluvioso que, al menos en los dos primeros dias no se cumplió y nos permitió disfrutar de una temperatura agradable y sol a ratos, pero sin agua. El vuelo fué bueno y cumplió el horario, con lo cual llegamos
al aeropuerto de destino poco antes de las 12 de la mañana y tras un recorrido en bus, estábamos media hora después intentando localizar el hotel, algo que no fué muy complicado aunque nos llevó a dar algo de vueltas por los canales para acceder al mismo por la parte trasera.
Ya instalados en la habitación, recibimos el obsequio de una botella de espumoso enviado por la dirección, que rápidamente descorchamos para celebrarlo. Y de forma inmediata salimos a ver la ciudad. Como quiera que Ipi se encargó en los días previos al viaje de preparar concienzudamente el programa, traía amplia información de los que era incontestable visitar y con las dudas de si coger de inicio los tickets del vaporeto para un par de dias, optamos por caminar en dirección a la plaza de San Marcos. Lo hicimos de forma relajada, intentando seguir una ruta señalada en el mapa que previamente nos compramos ya que las hojas impresas con mapas que trajimos de Coruña no señalaban bien cada uno de los lugares que queremos visitar.
Por cierto que había una duda razonable sobre los tickets para viajar por los canales. Se anuncian vaporeto y waterbus, y como Ipi gusta de preguntar (algo que me achaca que yo no hago habitualmente), directamente le consultó al propietario de un kiosko donde se anunciaba la venta. Le preguntó cuales eran los barcos vaporetos y waterbus, y resultó que son lo mismo y la única diferencia es el idioma. Es decir, solo hay un tipo de barcos, que es la compañía oficial, creo que municipal y lo que para los locales son los vaporetos para los guiris son los waterbus.
las góndolas y gondoleros por los diferentes canales. También las paradas frente al puente de los Suspiros, donde se arremolinaba la gente. Nos llamaba la atención la cantidad de grupos de gente joven, supongo que estudiantes, que había por todas partes y de forma muy especial cuando nos fuimos acercando a San Marcos. Pero tambien los grupos eran numerosos en personas de todas las edades y nacionalidades, y ya llegados a la plaza se empezaron a ver colas largas de grupos
esperando para visitar tanto la basílica como el Campanile, los dos más importantes monumentos de aquella zona. Y en vista de ello, nosotros nos decidimos a comenzar las visitas por el palacio Ducal, donde la espera era menor. El palacio está bien, con grandes salas y numerosas e importantes pinturas de grandes genios italianos (Tiziano, Tintoreto y otros) pero resultó un tanto monótona.
Terminado el recorrido por el palacio ducal, optamos por seguir callejeando a la vista de que continuaban las colas en los otros sitios de interés y programamos hacer esas visitas en otro día a primera hora de la mañana. De esa forma continuamos a pié durante toda la jornada y durante ese recorrido localizamos la librería Acque Alta, que Ipi había señalado como punto interesante de visita. Es una librería realmente original donde aparte de miles de libros hay algunos elementos verdaderamente llamativos, como es una góndola en el interior completamente repleta de libros, y un patio en el que se acumulan enormes y viejos tomos y que los turistas utilizan para llevarse el recuerdo fotográfico oportuno. Tras continuar paseando el resto de la tarde, 
terminamos acercándonos al hotel a colocar la ropa y descansar un rato antes de ir a cenar. Esa primera cena la hicimos en una Ostería que nos recomendaron en el hotel, situada a unos 10 minutos a pié desde nuestro alojamiento. 

La cena estuvo bien (una ensalada de burrata compartida, seguida de tagliatela sin gluten y con conejo para Ipi y espaguetis con cigalas para mi). Y seguidamente a recogernos al hotel para poder madrugar al dia siguiente, aunque ello no fué óbice para que antes de subir
a dormir nos tomásemos un gin-tonic en una sala del hotel.
es el vaporeto-waterbus como ya comenté. Y lo siguiente, montar en el número 1 que hace el recorrido completo por el gran canal y nos lleva hasta San Marcos con un montón de paradas a lo largo del canal, lo que nos permitió situar cada punto en el recorrido para cuando caminamos, y fotografiar directamente todos los preciosos e interesantes edificios y góndolas que nos encontramos en el transcurso del paseo.
Desde la parada de San Marcos, cogimos otro vaporeto (num. 2) que nos llevó a San
Giorgio, iglesia situada frente a San Marcos desde la que se tienen excelentes vistas de toda Venecia, y que a primeras horas no estaba masificada, con lo cual subimos sin colas al campanile de la iglesia. La iglesia tiene poco que ver y lo principal eran las vistas y las fotos que desde alli pudimos hacer. Regresados de nuevo a San Marcos, comprobamos que ya las colas en el Campanile y en la basílica de la plaza era enormes y no valía la pena hacerlas y esperar, dejando esas visitas para la mañana siguiente. En su lugar, decidimos coger otro barco para ir a Burano, una isla que
está a una hora en barco y que recomendaban la visita en diferentes foros de viajes. Fué una forma de optimizar el tiempo disponible y la verdad es que valió la pena. Burano no es gran cosa, pero tiene el interés de ver un espacio más «genuino» que diría Ipi, por aquello de que aunque hay mucho turista, aquello es menos ciudad y algo mas de pueblo. Las casas están todas pintadas en diferentes y llamativos colores, al parecer porque con ello conseguían que los pescadores cuando regresaban de faenar
en el mar conseguian localizar mejor sus casas aunque hubiese niebla. La visita a Burano no da para más que unos paseos y como el barco de regreso lo tenemos cada hora, aprovechamos la espera para hacer una ligera comida.
Accademia para llegar hasta la Salute y de regreso conseguimos entradas para asistir a un concierto de músicos venecianos en la iglesia de San Vidal. Y como quedaban casi dos horas hasta el momento del concierto, optamos por regresar al hotel, donde hicimos una semi-cena en el lounge del mismo, descansamos un rato y llegamos a San Vidal con tiempo de sentarnos en un buen lugar para escuchar a Vivaldi cuya música era el 80% del concierto, que francamente resultó muy interesante, con excelente sonoridad y un conjunto de músicos muy profesionales. El único punto negativo fué que a la salida del concierto había hecho acto de presencia la lluvia que estaba anunciada y de la que ya casi nos habíamos olvidado. Puesto que fuimos sin paraguas tuvimos que compar uno de esos de chichi-nabo que los africanos aprovechan para vender en este tipo de ocasiones. Y de este modo terminó nuestro segundo día en Venecia.
El tercer día, jueves, se inició muy de mañana según lo previsto para poder hacer las visitas programadas antes de que empezasen o fuesen grandes las colas. Tras el desayuno, el vaporeto para ir directamente a Santa Maria de la Salute, donde sin colas entramos directamente a ver la iglesia, en cuya sacristía hay un buen número de pinturas de Tiziano y otros conocidos maestros italianos. Desde allí cruzamos en barco a San Marcos y nos situamos en la cola de la basílica, donde había ya bastante gente esperando
para entrar. Sin embargo, la fila circulaba de forma agil y poco tardamos en acceder a la iglesia, que yo ya recordaba muy majestuosa pero Ipi no conocía. Estuvimos alli casi una hora (tiempo que nos permitian guardar las
mochilas, ya que no se puede acceder con ellas al interior de la iglesia). La visita valió sobradamente la pena y aunque no se pueden hacer fotos en el interior, desde los balcones exteriores pudimos tomar varias instantaneas de la plaza, del Campanile, del reloj, etc. Fuera, como desde primera
hora de la mañana, llovía bastante y eso deslució la jornada, aunque con paraguas y con buena voluntad pudimos aprovecharla bien. Después de salir de la basílica, una corta cola en el Campanile para acceder en ascensor a la zona alta donde están las campanas y desde donde se divisa toda la ciudad.
recomiendan abiertamente y que también nuestro amigo Julio Lopez Taboada nos indicó como interesantes. Lo malo fué que, tras llamar para consultar la disponibilidad de la visita nos informaron que hay que reservar con antelación y que ni para jueves ni para viernes había plazas, con lo que hubo que cambiar sobre la marcha el programa, y tras tomar una ligera comida junto a la estación seguimos recorrido por la zona próxima, visitando la iglesia de Santa Maria del
Orto donde también (como no !!!) hay pinturas de los conocidos Tiziano, Tintoreto y otros pintores italianos.
Desde alli volvimos un poco sobre nuestros pasos para continuar el paseo por el barrio judío, que como suele ser habitual Ipi tenía perfectamente localizado, visitando lo que fueron los guetos donde los judios estuvieron confinados durante la etapa nazi. En ese camino localizamos una tienda de elegantísimos disfraces carnavalescos, donde Ipi se compró unas bonitas zapatillas. La
tienda se dedica especialmente al alquiler de disfraces, y pudimos ver auténticas maravillas en cuanto a los trajes, máscaras, etc. Y a continuación seguimos la ruta hacia el centro, hacia la zona de Rialto y San Marcos. Sobre la marcha a Ipi se le ocurrió localizar el edificio en el cual en estos días veíamos que había gente en la terraza y que nos llamaba la atención al pasar en barco por Rialto. Resultó ser el edificio de Fondaco dei
Tedeschi, que viene a ser como un elegante centro comercial de marcas de lujo, en cuyo bajo hay una preciosa cafetería, en la que durante más de una hora hicimos un merecido relax,
degustando al propio tiempo yo un excelente tiramisu y un gin-tonic, mientras Ipi se tomaba un pastel sin glúten (lo único en pastelería
disponible sin gluten) y un batido de fresa. Nos sirvió para relajarnos un rato de tanto paseo, evitando asi la lluvia y disfrutando de un ambiente muy grato.
La última jornada, el viernes día 12, empezó temprano para aprovechar bien las horas de que disponíamosantes de ir al aeropuerto. De modo que tras el desayuno y hechas ya las maletas dejamos todo listo en la recepción del hotel y marchamos hacia el Mercado, que había que ver en plena actividad y por tanto era necesario hacerlo a primera hora de la mañana. No estaban todos los puestos en
funcionamiento, pero había bastante actividad. Vimos los puestos de pescado, aunque dicho sea de paso la visión de los productos a la venta no tiene comparación con lo que nosotros podemos comprar en nuestro mercado de la Plaza de Lugo. Sí en cambio nos llamó la atención el surtido de productos del campo, no tanto por su amplitud como por las especialialidades,
ya que vimos alchachofas bastante diferentes a las de aqui (e incluso como las preparan para vender de cada una solo una rodaja central), la presentación de las guindillas, y los surtidos de diferentes hierbas empaquetadas para preparar diferentes tipos de salsas que acompañarán a la pasta. En esa línea, compramos unos paquetitos para dar un toque a la pasta que tenemos y yo particularmente para preparar unos «papardelle» que compré un par de dias atrás en un supermercado muy singular (ubicado en un antiguo cine o teatro). Fuera de lo que es el mercado de alimentación, el resto no dejan de ser tiendas de recuerdos turísticos aunque también sirvieron para que Ipi comprase unos pequeños detalles, mientras yo me he venido sin gastar ni un euro en recuerdos. Lo único, lo señalado de productos para preparar salsas de acompañamiento a la pasta.
Y antes de despedirnos de la ciudad, pasando de nuevo por San Marcos hicimos una parada en el famoso café «Florian», donde nos relajamos un rato escuchando música de piano y tomando el típico Spritz en un decorado salón, un tanto recargado pero que tiene todo el sabor clásico de la plaza. Fué nuestraúltima parada antes de regresar al hotel a recoger las maletas y tomaar rumbo al aeropuerto para volver a casa.