Camino 2017 – Etapa 24: Ferreiros – Palas de Reí

3 de mayo. Otra etapa larga, en parte por una mala planificación porque ayer cuando la pensé me salían menos kms de los que han sido al final.
Volví a mis inicios madrugadores que siempre me han dado buen resultado y poco después de las 7 estaba desayunando en el bar del albergue. Cuando me puse a caminar eran poco más de las siete y media y el día estaba totalmente despejado, aunque se veía a lo lejos una nube de niebla que cubría el valle.
Los primeros 4 kms que llevan a Portomarin, pasando por A Pena y Mercadoiro son de bajada continuada, lo que a esas horas, con las piernas todavía frías, fueron una penalidad especial, ya que pese a haber descansado bien y dormir con las piernas en alto, el problema persiste y no va a desaparecer hasta dar un descanso durante al menos un par de días. Lo mejor era el paisaje, por la niebla que se veía al fondo.
Pero a medida que se avanzaba hacia Portomarin empecé a entrar en la niebla y cambio la temperatura. Incluso bajo los árboles caían gotas de la condensación de la niebla. Y al llegar sobre el embalse de Belesar, ya no se veía el sol y la mañana estaba fresca. A esas horas aún no se veían muchos peregrinos, si bien eran más que hace unos días.
Pasado Portomarin, donde el pueblo reconstruido cuando el antiguo quedo cubierto por el embalse queda fuera del camino propiamente dicho, hay que dar un gran rodeo para retomar la ruta señalizada, y a partir de ese momento los 8 kms que conducen hasta Gonzar son de subida, con varias rampas Fuertes, aunque para mí hoy las subidas eran más llevaderas que los descensos. En esos 8 kms no hay nada destacable, ni siquiera un bar donde tomar algo, y en cambio justo antes de la llegada unos espabilados han montado un chiringuito que estaba abarrotado porque todos los peregrinos (y a esas horas ya eran muchos los que circulábamos por esa ruta) se pararon allí. Yo no fui una excepción y aproveche para tomar un bocata de tortilla francesa y un zumo de naranja.
A parir de Gonzar continúa la subida, anunciándose el Castro de Castromayor, con rampas largas y muy pronunciadas que van minando la resistencia del más aguerrido. Total para no llegar a ver nunca el tal castro o al menos lo que habitualmente conocemos como tal. La subida, que termina en Ventas de Naron, ha pasado previamente por Hospital da Cruz, si bien como es norma en estos días lo sabes porque lo dicen las guías, ya que no hay letreros que indiquen por donde vas pasando, al menos hasta alcanzar el alto.
A partir de ahí mejora la señalización y sabemos que tras andar 3,5 km estamos atravesando Ligonde, un km más adelante Eirexe, luego Portos tras caminar otros 2 km, y Lestedo 1 km después. Todo ese recorrido ya es llano, o con ligeras subidas y bajadas. Lo malo es que a esas horas el sol ya está en lo alto y calienta de lo lindo. Y la suerte (relativa) es que afortunadamente en muchos de esos tramos la ruta se desarrolla piro senderos entre árboles, que resultan francamente agradables porque mitigan bastante el calor. En ese tramo me encontré con un asiático que caminaba delante de mí y llevaba tantas cosas encima que más qué peregrinando parecía que hubiera hecho la mudanza de casa y llevará todo encima.
En todo caso , hoy ha sido un día en que todos o casi todos los bares de la zona que he transitado han estado abarrotados, porque hay que señalar que desde el fin de semana, y fundamentalmente desde el lunes el número de caminantes se ha multiplicado por cuatro o por cinco. Hoy eran numerosos los grupos de 4 o más personas, y no sólo extranjeros sino tambien muchos españoles y otro dato a reseñar es que hay ahora muchos más jóvenes, españoles y extranjeros.


En Palas hay un montón de albergues pero parece que en todos hay una buena ocupación porque se ve mucha gente y a la hora de la cena en el lugar que cene, había muchos peregrinos, solos o en grupos.
Se acerca Santiago, o mejor dicho nos acercamos los peregrinos a Santiago y se va viendo ya ambiente de llegada.

‘El Camino se debe hacer desde la soledad de cada uno, en compañía de todo el mundo.’

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Camino 2017 – Etapa 23: Samos – Ferreirós

2 de mayo. Esta claro que el refrán de que a quien madruga Dios le ayuda funciona, porque yo hoy hice lo contrario y me pasó factura la etapa. La verdad es que como había calculado que hoy eran menos kms y en mi albergue no abrían la cafetería hasta las 8, me decidí a esperar para salir después de haber desayunado. Y así lo hice, con lo cual cuando me puse a caminar eran más de las ocho y media, las 8,39 según la app de Endomondo.
También influyó en el retraso que, mientras yo desayunaba entro al bar una francesa que no hablaba nada de español, a la que tuve que traducir y me entretuve algo en la charla con ella. Es ya mayor, imagino que mayor que yo, y dice que camina cada año 12 días. Y este año empezó ayer desde 5 kms antes de O Cebreiro, y camino ayer 36 km. Comenta que, como solo habla francés y no encuentra con quien hablar, camina y camina, sin apenas paradas. Dijo que tiene avión de regreso a Francia desde Santiago para el domingo 14, con lo cual piensa ir a Santiago y de allí a Finisterre, y volver andando a Santiago porque no tiene nada mejor que hacer hasta el día del regreso. Una visión original, no cabe duda.
Bueno, entrando ya en el desarrollo de la jornada, la salida se hace por la carretera que lleva a Sarria, hasta el km. 3 en que se cruza para entrar a un sendero. Justo el cruce está donde el restaurante Pontenova, en el que habíamos comido hace años con Julio, Merchi, sus amigos, y Rafa y Elena. El sendero es de los de sube y baja y poco después de entrar en el hay una subida fortísima en la que en unos 200 mts se suben casi 50 de desnivel. Llegas arriba echando los hígados por la boca, y total para a la curva siguiente volver a bajar de nuevo. Y así de aldea en aldea, sin saber cuál es cada una, ya que apenas alguna tiene el nombre.
Cuando ya llevas 11 km caminando y te preguntas dónde está Sarria, ya que a la salida de Samos la señal de la carretera decía: Sarria 11, pues resulta que de repente aparecen unas casas e imaginas que por fin entras en Sarria. Pues no, resulta que es San Mamede, y para mitigar el disgusto me paro a tomar un café.
Sigues la ruta, y 2,5 kms más adelante llega Calvor y para Sarria todavía hay que andar casi otros 3 kms, con lo cual los 11 de la carretera se han convertido en 16 por el milagro de las subidas y bajadas de los senderos.
En Sarria ya ni paro, aunque aprovecho para visitar el centro del pueblo y las iglesias que se cruzan por el recorrido. En la de El Salvador, junto a la torre, me sellan la credencial y me entero de que, por lo visto, es necesario tener como mínimo dos sellos cada día para obtener la Compostela. No sé si es normativa nueva, pero tomo nota.
Y a partir de Sarria, más senderos, subidas, bajadas, y una tan dura como la ya comentada, pero algo más larga y con el piso en mejor estado. Así otros 4 kms para llegar a Vilei, un km más para Barbadelo, y casi siempre sin saber por donde andas, por la falta de letreros y referencias. Se sigue subiendo y cuando harto ya de andar, con las piernas doloridas desde primera hora de la mañana, crees que has llegado a destino preguntas y dicen que faltan como 4 kms. Por lo visto estoy en Leda, aunque no lo dice en ninguna parte. Y como no veo un bar y me he quedado sin agua, le pido a una paisana que amablemente me llena la botella y me dice que 1 km más adelante esta Morgade, donde hay un bar.
Y ya, pasado Morgade, poco más adelante aparece un letrero que anuncia que estoy en la Ribeira Sacra, concello de Paradela, parroquia de Ferreiros. Pero para llegar al albergue debo andar todavía otro km, aunque al final valió la pena porque el albergue es bueno, estoy en una cama baja sin litera arriba, y he podido estar tomando el sol con las piernas en alto.
A todo esto, antes de llegar aquí, cerca de Barbadelo hice una parada en un bar y estuve charlando con otro peregrino que se lo toma con calma: viene con una pequeña perra y dice que salió de Saint Jean hace algo más de un mes; anda un máximo de 17 kms diarios, y como la meseta le parece un rollo, desde Logroño se fue en bus hasta Astorga. Cada uno a su aire, como debe ser que aquí las normas se pone cada uno las suyas.
Ya he cenado en el bar del albergue, un menú a base de lentejas, churrasco y de postre piña. Para beber, una 1906 puesto que ya estamos en Galicia y por aquí se encuentra sin problemas. Ahora, mantenimiento de piernas, para tratar de que si no mejoran mucho, al menos no vaya a más el problema, ya que pretendo terminar con ellas bien.
Acabo de recibir unos whatsap de Truus, con fotos de nieve. Se ve que a ella le cogio tambien el domingo, pero en la zona de acceso a Ponferrada, porque dice que hoy está en Villafranca. Por la forma en que lo dice le ha llamado mucho la atención encontrar nieve en esta época. Dice ‘como en Navidad’.

‘El Camino no es una meta, sino el vehículo para encontrar los medios que te faciliten llegar a las metas que tú te has fijado para tu vida.’

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Camino 2017 – Etapa 22: O Cebreiro – Samos

1 de mayo. Entramos en un nuevo mes y a la vez en la cuarta semana de Mi Camino, ya que la de hoy fue la etapa número 22. Y esta etapa empezó temprano, poco después de las 7 de la mañana, con un frío glacial y todo el pueblo de O Cebreiro completamente cubierto de nieve a causa de lo sucedido en la jornada de ayer.
Después de dejar Casa Carolo, donde me alojé porque allí me habían dejado la mochila, localice el único sitio que estaba abierto para desayunar y así salir a andar con el estomago ya medianamente preparado.
El inicio fue a través de un camino totalmente cubierto de nieve, que me llevó a una pista por la que se va descendiendo hacia Hospital, aunque antes se pasa por algún pequeño pueblo intermedio. Y subiendo y bajando se llega hasta el alto de San Roque situado a 1270 metros de altitud. Hoy estaba completamente cerrado en niebla y me recordó lo bueno que estaba el día en paso anterior, ya que tengo hermosas fotos de aquella fecha. Hasta llegar a Hospital se recorren casi 6 km, siempre por senderos completamente nevados y cubiertos de barro en muchos casos por la poca consistencia de la nieve. El hecho de que se haya helado en algunos lugares dificulta la marcha. A todo esto hay que señalar que la ruta sube y baja con frecuencia con él consiguiente desgaste. Y finalmente hay un repentino y fuerte ascenso que lleva al Alto de Poyo, lo que representa la máxima elevación en esta jornada. A partir de ahí la senda vuelve a descender, en principio no de forma brusca pero sí de forma continuada hasta Fonfria, cuando se cumplen los 12 km desde el arranque de la etapa.
Los 9 kms largos que desde allí nos llevarán a Triacastela ya sí que tienen tramos de descenso muy pronunciado, en muchas ocasiones por senderos de trozos de pizarra por los que resulta muy dificil caminar. Al llegar a esta población lo primero que aparece es el albergue de la Xunta en el que se ven peregrinos descansando o esperando a entrar. Aproveché la presencia en la entrada de un bar con ben aspecto para sentarme y pedir que me preparasen un bocadillo de tortilla francesa en el que venía pensando desde hacía buen rato.
Reanudada la marcha, se presenta la alternativa de tirar hacia Samos o seguír hacia San Xil. A mí, en esta ocasión sin duda me atraía mucho más Samos, y aunque se alargan como 7 km pienso que valía la pena, por lo que vine hacia aquí.

Pero el recorrido hasta aquí, en Samos, se convirtió en una especie de sube y baja en el que los caminantes se agotan, tanto por la dureza del trazado como por la falta de preparación para un frio fuera de lugar a estas alturas. Y cuando desde algo menos de 300 mts se nos aparece la ciudad, ya casi no nos lo creemos, o yo por lo menos. Para entonces, el trayecto del día ha supuesto un total de más de 32 kms.Lo siguiente es localizar el albergue en el que está mi mochila: el Albaroque y resulta estar frente al monasterio y muy cerca de la pequeña capilla pre-románica del parque.
Como resumen del trayecto, señalar la climatología, ya que aunque hoy no llovió ni nevó, el hecho de haberlo hecho ayer implicó el mal estado de los senderos, el frío importante durante toda la mañana, con rachas de viento helado en ocasiones, y por último el estado de mis piernas, que me sigue obligando a dar pasos cortos, y que sobre todo en las bajadas se resienten de forma muy importante.
La principal novedad de esta jornada fue la visita que me hicieron Ipi, Elena y Rafa. Ipi quería verificar mi estado de salud y Rafa y Elena se ofrecieron a acompañarla, con la consiguiente alegría para mí. Ellos llegaron ya para la hora de la comida y yo me incorporé a verlos para después de haberme aseado, atendido a los cuidados de mis piernas y demás. Charlamos de todo y me pusieron al tanto de las novedades del grupo. Tras su marcha, yo cene en el albergue y luego estuve reorganizando la mochila ya que hoy aproveche para hacer colada general. Hoy aquí tengo una habitación con literas pero en la que estoy solo porque hay poca afluencia de peregrinos, al menos aquí.

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Camino 2017 – Etapa 21: Villafranca – O Cebreiro

30 de abril. Con el día de hoy se completan 3 semanas de marcha, 21 etapas con un acumulado de 637 kms. Y hoy he entrado en Galicia, al llegar a O Cebreiro, además nevando. En todos los días anteriores no había caído ni una gota de agua, pero hoy agua y nieve.
Pero enlazando con lo que dije ayer, me fui a la cama sin tener claro si hoy me quedaría en Villafranca recuperando las piernas habida cuenta además que anunciaban lluvias. Lo que ocurrió fue que dormí muy bien y hoy al despertar notaba las piernas bastante mejor y como el plan de estar todo un día allí tirado sin hacer nada no me seducía en absoluto, decidí lanzarme a la aventura y probar. Y conste que llovía bastante cuando salí del albergue, poco después de las 8 de la mañana. Pero también tenía el aliciente de probar mi nueva capa para agua, mucho más consistente que las habituales que use hasta ahora.
Por otra parte, hice tambien una gestión para ver si conseguía mandar la mochila a mi destino teórico ya que al no haberlo pedido ayer no tenía garantías de que me atendieran. Y ya en la calle, me pare a desayunar en la plaza mayor de Villafranca, zumito, café y churros.
La salida de Villafranca después de atravesar el pueblo, lleva hacia la antigua N-VI donde ya se coge la dirección adecuada. Llovía, pero no de forma intensa, y durante los 6 km que hay hasta Pereje así continuó. En ese pueblo hice una breve parada para tomar café. Llamaba la atención el exterior de la puerta de entrada con todas las capas de los peregrinos clientes escurriendo fuera. Y desde Pereje hasta Trabadelo, los 5 km que separan ambos pueblos, la lluvia se hizo bastante más intensa. En ese tramo, igual que el anterior, el camino discurre por un andadero preparado en el borde de la antigua N-VI que da servicio a peatones y bicicletas. El camino en este recorrg es muy agradable ya que el tráfico es escaso y como la carretera va todo el rato al borde del río Valcárce, eso de por sí le da un atractivo especial.
Pasado Trabadelo el día empezó a clarear, cesó la lluvia e incluso hubo algún amago de salir el sol. Con lo cual mi idea era que al llegar a La Portela (es el lugar que hasta hoy yo llamaba Vega de Valcárcel, donde está el hotel-cafetería en el que habitualmente paramos a comprar fruta en nuestro paso por allí de viaje) y allí desprenderme ya de la capa. Pero justo llegando allí cayeron unas gotas y decidí esperar.
Continuando la marcha se pasa por Ambasmestas y lo que realmente es Vega de Valcarce, el pueblo donde está una panadería artesana que yo recordaba perfectamente de mi paso anterior con Chus, ya que allí habíamos hecho una parada. También yo hoy hice un alto para tomar algo y vi unas atractivas empanadas. Me dijo la señora que eran vegetal, de calamares, de atún y la típica de la zona, de patata. Como le pregunté si esa era la que denominaban ‘de batallon’ y dijo que si, le comenté que esa la hacía yo e incluso le mostré la foto de la del botillería de este año. Quedó admirada de que incluso la rotulara con el nombre. Pero, en definitiva, me tome una ración de la de calamares que estaba buenísima.
A partir de ahí, la carretera por la que se circula empieza a aumentar la pendiente y ya desde Ruitelan tras casi 20 km de marcha, la cuesta empieza a sentirse como dura. Al llegar a Las Herrerías, poco más de 1km después, la sensa se desvía de la carretera para atravesar el pueblo, que no tiene nada que ver, pero al final del mismo y tras un trozo de carretera, el camino se vuelve casi impracticable, en parte por la dureza y pendiente del mismo, que hoy se complicaba por estar todo embarrado. Total, que tras 4 km más de dura subida, cuando crees que al fin has llegado al final de etapa, te enteras de que aquello es un mini pueblo llamado La Faba y que restan casi otros 5 kms hasta O Cebreiro.
A todo esto ha vuelto a llover, el terreno cada vez está peor y empieza a caer una ventisca muy inoportuna, por lo que hago una parada para reponer fuerzas. Al salir del bar, donde algún peregrino que llegó al mismo tiempo ya decide quedarse allí, la ventisca se ha convertido en una nevada consistente y hay que afrontar lo que resta con decisión. Todavía no es ese el último pueblo, ya que 2 kms más arriba está Laguna y después de que la nieve sea cada vez más intensa, recorriendo otros 2 kms al fin se alcanza O Cebreiro, mi final de etapa por hoy.
Debo decir que las piernas me han seguido doliendo, menos que ayer, gracias a que con la lluvia no ha hecho calor en ningún momento y a que me he acostumbrado a hacer pasos más cortos en los que apenas hay juego de estirar el tobillo, que es cuando más siento el dolor. Y tambien es cierto que uno se va habituando y se nota menos. Pero en todo caso hoy lo he llevado mucho mejor y por esa razón he conseguído llegar aquí.
He salido a cenar y da una vuelta por el pueblo, pero hace tanto frío y tanto viento helado, que desistí. De modo que me limité a la cena, para estar a cubierto. Un menú peregrino: caldo gallego, rico y calentito; truchas, y queso con membrillo.
Ahora, ya en la habitación (hoy estoy de hostal, porque aquí me trajeron la mochila), sesión de masaje en las piernas para luego ponerlas en alto, lectura y a dormir, qué mañana es otro día y aunque no espero que sea tan duro como hoy, nunca se sabe.

 ‘Si el Camino es difícil, es porque vas en la dirección correcta.’

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Camino 2017 – Etapa 20: Ponferrada – Villafranca del Bierzo

29 de abril. La de hoy es una jornada singular. Tras la visita de Ipi, empecé un poco más tarde de lo habitual, para poder desayunar juntos y teniendo en cuenta que ya había previsto un trayecto algo más reducido que en días anteriores.
Así, después de salir del hotel a las 8 de la mañana enfilamos la salida de Ponferrada para desayunar por allí. Ya se veían peregrinos en marcha, y además en el centro de la ciudad había una gran concentración ciclista, con bicis de montaña, para algún tipo de carrera o algo así. No llegamos a saber que era exactamente pero a lo largo de mi recorrido de hoy he visto numerosos grupos de ciclistas que debían participar en ese evento.
Terminado el desayuno, cada uno a lo suyo. Con un fuerte y apretado abrazo despedí a Ipi para que volviese a Coruña mientras yo me ponía en la ruta. Y ya desde el primer momento note que las piernas no respondían bien. Al principio esperaba que, a medida que se fueran calentando, la cosa mejoraría, pero quilómetro a quilómetro los tiempos señalaban que no era así. Habituado a tiempos en torno a 10,5 minutos/km, hoy estaban por encima de los 12 minutos, y aunque no hacía el frío de los días pasados, la cosa no mejoraba a medida que avanzaba la mañana.
Atravesé Fuentes Nuevas después de salir de la ciudad, luego Camponaraya donde hice un alto para tomar café, y deje la carretera para entrar en sendero. Pero ni por carretera ni por sendero mis piernas respondían. Por el dolor, tenía que dar pasos mucho más cortos de lo que suelo, casi sin flexionar los tobillos, y lo único que conseguía era cansarme más, e ir perdiendo fuerzas.
Poco a poco alcancé Cacabelos, con mucho sufrimiento y seguí mi marcha hacia el pequeño pueblo de Pieros primero, y en dirección Villafranca después, por senderos de sube y baja, cada vez con más lentitud, hasta que finalmente decidí que no se puede forzar más de lo necesario y conseguí gestionar el cambio de final de etapa, para quedarme en Villafranca y tratar de no seguir machacando las piernas, sufriendo yo por no llevar mi ritmo y ser consecuente con lo que pretendo en este recorrido, es decir, dejarme llevar por las sensaciones y las posibilidades sin querer llegar más lejos de lo debido.
Por esa razón la etapa se ha quedado reducida a poco más de 17 kms y ahora descanso con las piernas en alto en el albergue San Nicolás, de Villafranca del Bierzo. En función de cómo evolucione esto, veré lo que hago mañana.
El resto del día he estado descansando con las piernas en alto y con varias sesiones de la crema que me dieron ayer en Molinaseca, que se aplica con un “roll-on” que masajea a la vez que se suministra. Al final de la tarde salí a tomar una caña y buscar un sitio para cenar, ya que hoy solo había comido fruta al llegar al albergue. Por cierto, este albergue se ubica en un antiguo convento o hospital, que ahora es a la vez hospedería. Es un edificio enorme donde según me dijo mi cuñada de pequeños jugaban y venían a misa los domingos. El albergue lleva el nombre de San Nicolás y está en el centro de Villafranca, una localidad que tiene un gran patrimonio artístico y monumental.

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Camino 2017 – Etapa 19: Rabanal del Camino – Ponferrada

28 de abril. La jornada empezó muy temprano, ya que eran las 7 cuando salí del albergue. La temperatura exterior era de 5 grados bajo cero y estaba todo helado. Como quiera que a esa hora abrían para dar desayunos en el Mesón El Refugio, donde ya había cenado la noche anterior, allí hice mi primera parada. El mesón está en lo alto del pueblo y ya los primeros pasos me indicaron que iba a sufrir por el dolor de las piernas.
Después del desayuno acometí la primera subida del día, hacia Foncebadon. Son 5,5 kms de fuerte ascenso, a través de caminos pedregosos en los que se hace difícil caminar. Si a eso unimos el frío y que todo estaba helado, la cosa se complica y eso justifica que, contra lo que venía siendo habitual, los primeros kms fueran muy lentos, a ritmo de más de 12 minutos/km debido también a que por el dolor de las piernas me era imposible hacer mi zancada habitual e iba dando pasos más cortos. En las zonas abrigadas, el frío se soportaba pero en zonas abiertas soplaba un viento helador que dejaba a uno tieso, pese a llevar más ropa de lo normal en días anteriores y la braga calada por encima de las orejas y tapando boca y nariz.
La llegada a Foncebadon me recordó el paso anterior, con Chus. Allí habíamos hecho noche y en aquella ocasión también soplaba un fuerte viento, aunque nada que ver con la temperatura actual. Hice en esta ocasión una mínima parada para tomar un café y calentarme algo. Y ya de allí al alto donde está la Cruz de Ferro solo restaba algo menos de 2 kms, que hice lentamente como todo el día. Según un cartel indicador, la altura en ese lugar es de 1530 m sobre el nivel del mar (1516 m según Endomondo) lo que la convierte en el punto más elevado de todo el trayecto del Camino Francés. El monte Irago, donde está la cruz, divide las comarcas de la Maragateria y del Bierzo. Poco después, en el cruce de carretera con el sendero, una chiquita ha montado un pequeño chiringuito con una roulotte y me vino de perlas para tomar un Cola Cao bien calentito. Decía la dueña que a las 8 de la mañana estaban allí a 10 grados bajo cero. Cuando yo pase serían solo 5 grados negativos más o menos.

Tras las fotos de rigor, allí se inicia la bajada a Manjarin y otra pequeña subida y a partir de ese momento ya todo es descenso a través de un sendero muy estrecho, pedregoso (la base es pizarra, pero toda troceada) y por el que hay que caminar con los cinco sentidos y muy lentamente para no dar con las narices en el suelo, porque se producen traspiés continuamente.
Pasado Manjarin 4 km después del alto, a otros 7 km se llega a El Acebo, un bonito pueblo todo en piedra, y se continúa el descenso hacia Riego de Ambrosio durante otros 3,5 kms. Sigue el mismo tipo de sendero, aunque cómo va cerca de la carretera algún que otro caminante se decide por el asfalto, lo que no fue mi caso. Continuando con la bajada, el mismo tipo de sendero que en ocasiones resulta casi intransitable, y después de 6 kms más, se llega a Molinaseca, un lugar precioso, muy cuidado y con gran atractivo turístico. Allí habíamos hecho noche en un viaje del grupo a Las Médulas.
En Molinaseca, ya con mis piernas súper recargadas, me acerqué a la farmacia para que me dieran algo para bajar la hinchazón y destensar los músculos.
Para llegar a mi final de etapa restaban todavía otros 8 kms de aburrido trayecto, primero por una interminable acera (más de 2 kms) y luego a través de sendero que pasa por un pequeño pueblo (Campo) y da acceso a los alrededores de Ponferrada a la que se termina accediendo por el puente de Boezo (o algo así). Un coñazo de recorrido en todo caso, ya que sin tanto rodeo que da el Camino tal vez podría acortarse la ruta en uno o dos kms.
Ya en Ponferrada, me dirigí al albergue de San Nicolás, para sellar la credencial y dar fe de mi paso por allí. Es el mismo albergue donde había terminado mi tercer tramo en mi paso anterior, con Chus. En aquella ocasión nos había trasladado hasta A Coruña mi amiga Placeres, que venía de regreso de un viaje a Madrid. Esta vez no había regreso, y si la visita de mi querida Ipi que vino a su tierra a darme un empujoncito para terminar mi Camino. Por eso la jornada no terminó en el albergue sino en un hotel donde pude descansar mas cómodamente y mejor acompañado.
Aprovechando la visita de Ipi, llamamos a Pedro y Feli, sus amigos ponferradinos, y salimos con ellos a tomar unos vinos y cenar. Vinieron acompañados por sus hermanos Ana y Adolfo y la pareja de este último. Pasamos una agradable velada y nos fuimos pronto al hotel porque el camino sigue y hay que mantener los horarios y ritmos.

‘El Camino te invita a contemplar, dejarte sorprender, acoger, interior izar, parar, callar, escuchar, admirar, bendecir … a la naturaleza, a nuestros compañeros de camino, a nosotros mismos.’

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Camino 2017 – Etapa 18: Villares de Orbigo – Rabanal del Camino

27 de abril. Pues era cierto que venia el frío y ha venido con ganas. Después de una noche gélida, cuando hoy, después de desayunar en el albergue me eché a la calle, el termómetro marcaba 0 grados. Pero es que tres o cuatro kms después, en un alto de la ruta estábamos a -3 grados y eran sobre las 8 de la mañana. Ya bajando a San Justo de la Vega volvimos a los cero grados.
El camino hoy se escapa de la carretera por donde vino estos días y recupera los senderos agrícolas, aunque a veces comparte las carreteras comarcales en las que el tráfico es muy reducido y por tanto no genera incordios al peregrino.
Poco después de salir de Villares se pasa por un pueblecito, Santibañez Valdeiglesias,  que está a 2,5 kms de donde dormí. En ese trecho me crucé con tres perros enormes, mastines leoneses sueltos, que me hicieron cambiar un poco la dirección para alejarme de ellos. Imponían respeto y no quise correr riesgos. Y el sendero sube hoy casi de forma constante, aunque con más intensidad en los primeros quilómetros y luego ya al final.

Algo más de 12 kms después llegamos a Astorga, la capital de la Maragateria, una ciudad con importante patrimonio monumental ya que aparte de la catedral y el palacio de Gaudí hay otra serie de iglesias y muchos restos de la etapa romana de la ciudad. Hace unos años visitamos todo eso a fondo y nos causó muy grata impresión. Hoy a mi la entrada en la ciudad por la cuesta de acceso me trajo a la memoria mi anterior paso por aquí cuando mi primer Camino. Recuerdo aquel día en que venía escuchando al teléfono a David diciendo que le habían ofrecido ser distribuidor para España de una línea de cosméticos. Aunque me pareció que aquello no era para nosotros, entramos al trapo y así nos ha ido.

En Astorga hice una parada para quitar la camisa que llevaba como refuerzo para el frío, y tambien los guantes aunque estos tuve que ponerlos de nuevo poco después porque se me quedaban las manos tiesas.

Y después de Astorga llega un pequeño pueblo, Valdeviejas, al que sigue Murias de Archivaldo, donde la ruta se bifurca: además del camino tradicional hay ahora otra vía que pasa por Castrillo de losPolvazares, y en está ocasión decidí coger esa ruta. El pueblo a esas horas estaba vacío, y tras recorrerlo, seguí para continuar a la ruta principal. Se da algo de vuelta y yo creo que alarga el recorrido más o menos un quilómetro.
El siguiente pueblo es Santa Catalina, donde descanse y me tome un bocadillo de calamares para recuperar energías de cara a los últimos kilómetros que son de subida primero hacia El Ganso, 5 kms después y donde hoy pernoctarán varios de mis vecinos de albergue de ayer, y ya finalmente otros 7,6 kms para llegar a Rabanal del Camino, mi final de etapa hoy.
Entre unas cosas y otras, han sido más de 37 kms en esta jornada, con un acumulado de 555 kms desde que salí de Saint Jean hace 18 días. Cada vez queda menos para la meta de Santiago aunque lo importante es cada día, porque el camino es la suma de todos.
El albergue de hoy está bien. No hay demasiada gente, y tendré que salir por ahí a cenar, ya que aquí no sirven cenas, ni tampoco desayunos, por lo cual mañana tambien hay que salir tomando una fruta y esperar a encontrar algo más adelante. Hasta aquí ha llegado, bastante después que yo, el sudafricano que ayer estaba en Villares. Me dijo que vio a nuestras vecinas alemanas y finlandesa que se quedaban en El Ganso. Pero yo personalmente pienso que ha valido la pena el esfuerzo de llegar hoy aquí porque mañana hay que subir a la Cruz de Ferro, a 1500 metros de altitud que es el techo del Camino y desde Rabanal se suben más de 300 mts en 8 kms, con una pendiente enorme. Y eso se hace mucho mejor a primera hora de la mañana después de haber descansado.
He ido a cenar hasta la parte alta del pueblo. Es bonito y está bien cuidado. Un paisano me ha recomendado un mesón, que estaba francamente bien. He tomado sopa de pescado (marisco, más bien), un buen entrecot y de postre Tiramisu. De las 21 personas que estábamos cenando, ninguna por debajo de los 50 tacos, el único español era yo, lo que da idea del tipo de peregrinos que está haciendo el Camino. Hoy la hospitalera de aquí dijo que yo era el único español, de más de 20, y que ayer sucedió otro tanto. Al regreso he recogido la ropa que estaba tendida, pues había puesto antes una lavadora. Hacia un frío increíble, con viento del norte helado, o sea que espera una noche de aúpa. Mañana habrá que salir bien provisto de ropa de abrigo.

“El Camino es el de todos. Tú Camino es personal: experiméntalo, vívelo, disfrútalo e incorpora luego a tu vida todo lo positivo que obtengas de él.”

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Camino 2017 – Etapa 17: Leon – Villares de Orbigo

26 de abril. Ha llegado el frío, tal cómo pronosticaron. Hoy se ha dejado sentir durante toda la etapa, y aunque no es tan intenso como aquellos de atrás al empezar la mañana, hoy en ningún momento se han superado los 9 grados. A ratos viene viento del norte que se deja notar, pero en conjunto, para andar viene bien.
Hoy salí del albergue poco después de las 7, con la idea de ir a desayunar a Virgen del Camino, que está a casi 8 km de León. La salida de la ciudad es larga, pues el camino te lleva por todas las iglesias para terminar delante de San Marcos. Pero después se pasa por un montón de calles hasta llegar a Trobajo, que es como un anejo de León. Desde ahí tras pasar junto a unas casas de esas excavadas en la tierra, típicas de la zona, la ruta nos lleva por el medio de un polígono que se hace largo y pesado. Cuando por fin se divisa Virgen del Camino ha pasado ya más de una hora y cuarto. Y así llega él desayuno. Debo decir que hoy en la salida de la ciudad he visto mucho peregrino y es que León es punto de arranque para mucha gente.
Superada esa localidad el sendero vuelve a ser contiguo y paralelo a la N-120, pero ahora con mucho tráfico y en ocasiones el sendero desaparece y vas directamente por el arcén. El siguiente pueblo con que te encuentras es Valverde de la Virgen, unos 5 kms más adelante. Nada que reseñar, además de que la torre de la iglesia está copada por las cigüeñas. Es un lugar pequeño y ni siquiera su albergue aparece en la guía que llevo.
Continuando el camino, después de otros 8 kms de marcha llegamos a Villadangos del Paramo, donde hice parada de descanso y me tome un Cola Cao que era lo que hoy apetecía por el frío. Allí, en la cafetería, estuve charlando con una china, que por lo visto se llama Jane. Viene desde Francia, pero debe tener un ritmo lento. Es joven y cuando yo continué quedaba charlando con otra joven extranjera. Ya dije que hoy hay más afluencia de peregrinos.
A partir de Villadangos, a poco más de 4 km aparece San Martín del Camino, bonita población, al salir de la cual -12,32 horas-, marcaba el termómetro 7,5 grados, por lo que en principio pensé que estaba mal, aunque pronto corrobore que esa temperatura era correcta. Lo que ocurre es que en marcha la sensación era de no tanto frío.
Y saliendo de San Martín, se cruza la carretera y el sendero se adentra entre árboles….. Pero es un espejismo porque enseguida vuelve al margen la N-120, solo que ahora por la derecha. En fin, que no se quita uno de encima el ruido del tráfico, aunque cuando en raras ocasiones pasan dos minutos sin coches, se percibe a la perfección el sonido de los pájaros, ranas, etc. Y se da uno cuenta de lo perverso que es caminar con el ruido de coches y camiones. En esa zona están con trabajos de algún tipo de canalización.
4 km después, pasamos junto al pueblo de Villavante, que queda al margen del camino y nos faltan otros 4 km para llegar a Hospital de Orbigo, un hermoso pueblo con un puente largo y bien reconstruido que tiene mucha historia. Le llaman El Puente del Paso Honroso, nombre derivado de una historia de torneos de la Edad Media. Parece que cada año rememoran esos torneos.
Y ya por fin, superado Hospital de Orbigo, ya solo quedan 3 kms para terminar la etapa en Villares de Orbigo. Es un pequeñísimo pueblo, con un solo albergue dirigido por una belga, pero que pese a ser pequeño esta bien. Es una lástima la temperatura porque hace frío y no se puede aprovechar el patio. Todo lo contrario a lo que he venido haciendo hasta ahora.
En total hoy han sido algo más de 36 kms, de los cuales los últimos como siempre han resultado los más pesados. Los pies siguen bien, aunque en las plantas a partir del km 25 cada día se nota el cansancio. Hoy tuve al final alguna molestia en el músculo delantero de la pierna izquierda. Un sudafricano que está aquí y por lo visto lleva los mismos días que yo de recorrido dice que hace 3 días que arrastra un dolor similar. Espero que el mío no se repita mañana. Y ya hablando de los pies, hoy quiero rendir merecido homenaje a mis botas, que tan bien se están comportando y cuidan de mis pies sin dañarlos. Fue un acierto elegir este calzado en está ocasión.
En el albergue se ha hecho cena comunitaria entre quienes así lo han querido (yo entre ellos), y ha resultado muy amena, además de plurilingüe: dos alemanas, una finlandesa, un sudafricano, yo y los hospitaleros que son belgas. Una crema de guisantes y puerros, ensalada y salchichas con puré de patatas y acelgas. De postre una tarta de manzana.
Como hace frío, toca meterse a la cama temprano para además mañana salir sobre las 7,30 pero ya desayunado.
‘El Camino te exige. Hay que levantarse antes que el sol a pesar del cansancio y las ampollas; hay que caminar en la penumbra de la noche que se va haciendo día, hay que descansar justo para no pararse.’

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Camino 2017 – Etapa 16: El Burgo Ranero – León

25 de abril. La de hoy fue una etapa larga y fea. Empezó muy temprano, porque como temía al calor y hoy eran más quilómetros prefería empezar a caminar antes. De modo que salí del albergue poco antes de las 7, tras tomarme una manzana y una naranja. Todavía no había aparecido el sol el horizonte y aún tardo bastante en salir.
Durante casi 13 kms se camina por el sendero contiguo a la carretera sin nada a la vista, hasta que de pronto aparece Reliegos, un pequeño pueblo en el que sin embargo hay 6 albergues según me dijo la hospitalera de uno de ellos, una orensana muy atenta, en cuyo establecimiento tome café. Aparte de eso, el pueblo no tiene nada de particular.
Continuando la senda otros 7 km se llega a Mansilla de las Mulas, un lugar que tiene más nombre que cosas que ver. Justo en la entrada, en el albergue me tome un desayuno para coger fuerzas para una larga caminata. De todo lo que vi allí, lo mas interesante que me pareció fue un mercado de frutas en una plaza.
La siguiente parada era Puente Villarente, que está seis quilómetros más adelante. Tiene un bonito puente, muy grande para lo que es el curso actual del río. Y el pueblo parece bastante activo.
Desde ahí hasta Arcahueja distan otros 5 kms que se cubren por un camino alejado de la carretera. Una vez allí, aproveche para hacer un descanso y tomar una fruta que me ayudara a cubrír los algo más de 8 kms que faltaban para llegar a Leon. Ese recorrido es pesadísimo porque va al borde de la carretera y además el acceso a León se hace por entre naves de un polígono industrial. Pero luego casi resulta más pesado todo el paseo por la ciudad hasta llegar al albergue en el que me alojo.
Hoy si he podido andar tanta distancia ha sido tambien gracias al cambio de tiempo. Ayer anunciaron bajada de temperaturas y quizás lluvias. Y aunque esta mañana hacia sol, las nubes se veían ya hacia el oeste y fueron ocupando todo. La temperatura hoy ha sido bastante menor, aunque no hace frío. De hecho, para caminar es la ideal, y espero que se mantenga así en los próximos días. Mientras no llueva, todo irá bien, y con un poco de suerte en esta zona no lloverá al menos mañana.
Lo mejor de la etapa ha sido el final, la llegada a León y las posibilidades que ofrece la ciudad. He visitado y hecho fotos de los principales monumentos y luego he estado cenando a base de pinchos en el barrio húmedo. Era uno de los atractivos que yo buscaba al elegir León como final de etapa. Y funcionó, porque he cenado con varios vinos y tapas, acompañados de sus respectivos pinchos o tapas. Y ha sido una cena de las mejores de mi recorrido.
Ahora toca dormir para poder mañana empezar otra jornada con ganas de hacer una larga etapa, no ten extensa como la de hoy, pero sí con el interés de seguir recortando quilómetros para asegurarme llegar Santiago en las fechas que me interesan.
‘El Camino es introspección: mientras disfrutas de las vistas del paisaje que aparece ante tus ojos, tu mente pasa revista a tus recuerdos, experiencias y sentimientos para ponerte en paz contigo mismo.’

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Camino 2017 – Etapa 15: Terradillos – El Burgo Ranero

24 de abril. Hoy salí con el desayuno puesto, ya que a las 7 abrieron la cafetería. Mientras desayunaba decían en las noticias que se producirían tormentas dispersas por medio país y en previsión cogi de la mochila grande el chubasquero. Además, en el exterior había bastantes nubes y se veía cambio te tiempo.
De forma que me puse en camino a las 7,15 con una temperatura mucho más templada que en días anteriores. Los primeros 3 kms, hasta el pequeño pueblo de Moratinos los hice enseguida, como cada inicio de etapa. En ese pueblo no hay nada que ver aunque me llamaron la atención unos tejidos de lana tapando los árboles de la plaza mayor. Debe ser algo típico o relacionado con la fiesta de la comunidad.
Desde allí a San Nicolás del Real Camino hay otros 3 kms, y aquí sí que hice la primera parada matinal para tomar un café. Justo antes de llegar yo vi que de allí salía Miuko, no sé si porque había pernoctado en ese albergue o simplemente había hecho una parada.
Ya el siguiente tramo es de algo más de 8 kms hasta Sahagun. El recorrido se hace en su totalidad a través de un sendero pegado a la carretera, mientras los anteriores lo eran por caminos o carreteras comarcales. Cuando ya lo lejos se divisa Sahagun de pronto el sendero atraviesa la carretera formando un ángulo recto, con lo cual si podía hacerse ese tramo de forma directa en lo que sería la hipotenusa de un triángulo rectángulo, se hace caminando por los otros dos lados, es decir, casi un quilómetro más. La razón: es que por ahí el camino te lleva a la ermita de San Roque, previo paso por un pequeño puente. Frente a la ermita hay dos columnas, con sendas leyendas. Una de ellas dice: Sahagun, centro geográfico del Camino de Santiago y la otra, Sahagun, centro histórico de la orden de Cluny. Esta zona debió estar dominada en su día por los monjes cluniacenses, porque desde bastante antes de Carrion he visto referencias a ellos en varios monumentos.
La entrada a Sahagun se hace por un camino donde huele fatal, como a aguas estancadas, y la localidad se atraviesa sin grandes cosas que ver. A la salida se pasa un puente y justo después se cumplió el km 15, cuando solo habían pasado 2,45 horas desde la salida. A partir de ahí, y casi hasta el final de etapa el sendero va paralelo a la carretera pero con la particularidad de que está rodeado de árboles con lo que hay bastante sombre en todo el recorrido. Y hoy hacia buena falta, porque las previsiones no se cumplieron y Lucio el sol durante todo el camino.
Como 5 kms después de salir de Sahagun debería haber encontrado la localidad de Calzada del Coto, pero no llega a verse. Según las guías, en ese punto se produce una bifurcación y puede seguirse por el Camino Francés histórico (el que yo cogi) o por una ruta alternativa, que sigue una antigua calzada romana. Supongo que el pueblo está en esa dirección.
Y la duda que a mí me surgió fue la que tuvo la mayoría de peregrinos que siguieron mí misma ruta, porque un poco más tarde dos mozas, en diferentes momentos, me preguntaron si iban en la dirección adecuada hacia Bercianos mientras yo hacía un descanso en una zona habilitada ‘ad hoc’ bajo las vías del AVE. Y en efecto, Bercianos estaba unos 5 km más adelante.
De ese pueblo, Bercianos, tengo el recuerdo de haber parado a dormir en mi anterior paso por aquí con Chus, y allí un paisano nos había regalado unos ricos tomates que luego nos prepararon en ensalada en un bar del lugar. Hoy no fueron tan amables, y las flechas que marcan el camino te obligan a dar una vuelta más que innecesaria por todo el pueblo alargando la marcha casi un quilómetro.
Y desde Bercianos ya se acometen los 8 kms finales de esta etapa hasta Burgo Ranero. Según las guías la etapa habría terminado en Bercianos, pero para mantener el mismo ritmo de los días anteriores, me vine hasta El Burgo, con lo cual he añadido hoy otros 32 kms largos a mi recorrido, que suma ya 443 km desde la salida en Saint Jean P-d-P. Llegando a mi destino he empezado a ver nubes de esas que se van formando con el calor y que suelen derivar en tormenta, como preveían los expertos. Pero finalmente no ha sido así y no llovió.
Para quienes me siguen y han planteado dudas sobre la velocidad máxima que aparece en cada resumen. Efectivamente ese dato es erróneo y después de profundos y concienzudos análisis sobre el tema, mi hipótesis es la siguiente: cuando me paro a beber sobre la marcha, o a hacer una foto, Endomondo hace ‘pausa automática’ al cabo de unos segundos de estar parado; y cuando retomo la marcha, también pasados unos segundos dice ‘reanudada automáticamente ‘; pues bien, lo que yo creo es que algunas de las mediciones que hace entre dos tramos cortos concretos, pueden estar contenidas en esos cortes, y tal vez los 10 o 12 metros que puedo andar en esos segundos los extrapola y saca una velocidad media puntual errónea y exagerada. Lo que sí tengo claro es que en el resumen general de la etapa, la velocidad media coincide con la real y el ritmo medio, en torno a 10,30 minutos/km es tambien correcto porque coincide con lo que en cada momento me va diciendo el teléfono. He dicho.
Ahora ya he cenado, bastante bien, y en breve me pondré a dormir puesto que mañana espera una etapa larga y todavía no sé cómo va a estar la climatología. En todo caso, que sea lo que tenga que ser.
‘El Camino engendra comunidad: que se saluda, que se interesa por el caminar de la otra persona, que conversa, que comparte.’

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