10.717 no es el número que espero que me toque en la lotería, aunque podría serlo, pero eso será en otro momento.
10.717 es el indicativo de 10 años 7 meses y 17 días que es exactamente el tiempo transcurrido desde aquel 21 de agosto de 2006, día en que, también saliendo de A Coruña me metí en otro tren con destino a Vitoria para hacer lo mismo que ahora: recorrer un trayecto del Camino De Santiago.
Ahora, al pasar por Ourense, me llegan los recuerdos de aquel día y aquel viaje, aunque confió en que este será mucho más tranquilo y llegaré a mi destino inicial en Pamplona sin problemas. Aquel otro viaje se truncó en la estación de Villada al descarrilar el tren. Hoy afortunadamente es solo un recuerdo en mi memoria.

Hay que ver lo que han cambiado las cosas en este tiempo: para empezar, el tren ahora circula a 220 km/hora y antes no superaba casi la mitad de esa velocidad; mi vida ha cambiado sensiblemente en este tiempo y ahora tengo una estabilidad emocional mucho mayor, a lo que sin duda contribuye mi querida Ipi; dispongo de lo fundamental para vivir con tranquilidad y empiezo hoy este recorrido que llevo tiempo esperando poder realizar; mi entorno de amigos se ha incrementado y mejorado…
Y además soy todo ese tiempo más “experimentado” que es otra forma de decir mayor.
Pero, en fin, bien está lo que bien acaba y hasta el día de hoy estoy feliz con mi vida, pese a los problemas, y gracias a las muchas cosas buenas que cada día obtengo de lo que me rodea.

Ahora, tras varias horas de viaje, cuando hace un rato he pasado por Villada, solo algunas cosas de la estación me recuerdan aquel día, y lógicamente el paisaje es ahora muy diferente al de las fotos que conservo de aquella fecha, que capture al día siguiente en los periódicos y en una de las cuales se me ve ayudando a sacar heridos del tren.
Mi viaje hoy se desarrolla sin novedad y espero que así termine una vez llegue a Pamplona y desde allí a Saint Jean Pie-de-Port para empezar a caminar mañana.
Enviado desde mi iPhone
M.R.Gigirey
De forma que salimos a buena hora, con el afán de hacer un alto en el Monte do Gozo, y desde allí bajar directamente hasta el centro de Santiago, donde ya nos esperaba un caluroso recibimiento.
Rodríguez Gigirey, cerca de Lavacolla, y ya en Santiago hicimos una parada, con foto, ante el crucero de la Rua de San Pedro, donde vivió mi padre cuando era pequeño. Fué mi pequeño recuerdo en ese momento para mi tio y mi padre, naturales de Santiago.
el trayecto hasta Arzúa, donde nos esperaban para comer Ipi y Lino, que vinieron a vernos y tras la comida continuamos la marcha para acercarnos todo lo posible a nuestro destino final en Santiago.
un bosque. Aunque no guardo fotos del lugar, lo cierto es que me dejó un buen recuerdo.
a mitad de recorrido, en Palas de Rei, vino a vernos Ipi, que comió con nosotros y además de alegrarnos el día, nos ayudó con las mochilas, ya que pudimos llevarlas a Melide a coger alojamiento y nos permitió viajar más ligeros entre Palas y Melide.
La etapa habitual, que termina en Palas, tiene casi 25 kms. y ese recorrido lo hicimos durante la mañana. En ese tramo conocimos a una asturianaque viajaba sola y se unió a nosotros. Se llama Almudena y es una persona joven, muy agradable.
Desde ahi Almudena ha realizado ya todo el camino hasta Santiago con Chus y conmigo.
Pero eso no significa que yo me saltase el recorrido, sino que después de estar un rato a solas con Ipi,
regresamos a Palas desde yo hice el trayecto andando, eso sí a muy buen ritmo (casi a una marcha de 7 kms/h, al ir sin mochila y con las fuerzas repuestas después de ver a Ipi), hasta Melide para no «saltarme» nada.
que luego se convierte en suave bajada para llegar a Portomarín a una altura similar a la de Sarria.
Triacastela, más lo que suele ser una etapa natural: Triacastela- Sarria. Por eso hicimos más de 32 kms.
Fué una jornada lluviosa, en la que durante mucho tiempo tuvimos que hacer uso de los chubasqueros, pero pese a todo se hizo bien, porque aunque hubo algunas subidas, la mayor parte ha sido descenso relativamente suave y se llevaba bien.
hasta O Cebreiro, por ser un recorrido teóricamente suficiente, y teniendo en cuenta
que esa subida hay quien la considera la peor de todo el camino francés. Pero como se nos dió bien la marcha, no llovió y no llegamos al alto excesivamente cansados, decidimos continuar hasta Hospital, donde nos hemos alojado en el albergue municipal
Durante la subida hemos visto muchos caminantes que sufrían cantidad y algunos de los que circulan en bicicleta que hacián buena parte del recorrido andando y llevando la bici de la mano, por no poder afrontar la cuesta.
llegar a Santiago al terminar la semana. Y escogí esta fecha para que Chus pudiese venir, ya que le quedó buen recuerdo de la fase anterior. Estaba previsto que también Mamen nos acompañase pero cogió un fuerte gripazo y desistió de la idea. Y también para que Chus haya podido hacerlo, puesto que recientemente había abierto una tienda de calzado, entre su madre y Pilar se la van a atender en los dos días que fueron hábiles en la semana.
traernos, aunque fué Ipi quien nos acercó el día anterior para poder empezar el recorrido en esta fecha. Dormimos la noche anterior en un hotel de Ponferrada e iniciamos la marcha sobre las 10 de la mañana. La salida de Ponferrada es muy farragosa, ya que se circula por una calle que se va convirtiendo en carretera y se hace interminable. Cuando por fin se llega a lo que habitualmente es el camino,
ya llevas recorridos varios quilómetros.
fué haciendo más duro cada día hasta estos dos últimos. Esta última etapa, de 27 kms, pasa por la Cruz de Hierro, que según los libros es el punto más alto del camino francés, a 1.500 m. de altitud.
Fué una pena que el tiempo estuviese tan malo, porque nos llovió bastante durante el recorrido y al paso por el alto había niebla y no pudimos disfrutar del espléndido paisaje que debe observarse en dias despejados. La Cruz de Hierro está sobre un enorme montón de piedras que los peregrinos han ido acumulando con el paso del tiempo. Desde allí empezamos el
descenso hacia Ponferrada, y paramos a comer en Molinaseca, donde hay unos buenos restaurantes y un hotel con muy buena pinta.
Desde allí Chus viajó sin mochila, para acelerar el ritmo, puesto que María que regresaba de Madrid en su coche se ofreció para pasar a recogerla y llevarla hasta Ponferrada, donde a la postre nos recogió para traernos de regreso a A Coruña.
Han sido dos semanas intensas, y ahora lo que
resta hasta Santiago es para hacer en otra tanda directa, tal vez en la próxima primavera o verano.
Si bien al principio la subida es ligera y se produce a lo largo de los 20 kms primeros, la segunda parte que es la subida a Foncebadón es mucho más fuerte. Si a ello se une el hecho de que el día no fué especialmente bueno y que sobre todo se estropeó al final, por esa razón digo que fué una etapa dura.