Reflexiones sobre la edad…

En mis paseos en solitario al borde del mar, ya sea circulando hacia El Portiño o bien haciéndolo en sentido contrario, rodeando la Torre de Hércules y pasando junto a la Caracola y más tarde en torno a los Menhires y la Casa de las Palabras, se me ocurren cantidad de ideas y reflexiones sobre el momento en que vivimos, entremezclándolas con las vivencias anteriores y las circunstancias del momento actual.

Y entre esos pensamientos, me vino el recuerdo de una conversación escuchada días atrás en la playa entre un grupo de cinco mujeres de edades que estimo en torno a los cincuenta años y que por diversas causas me lleva a trasladar al papel estas reflexiones.

Antes de nada, y para poner en contexto las cosas, formo parte de esa generación nacida a mediados del siglo pasado, y me muevo en el entorno de un grupo de coetáneos de edades similares a la mía o ligeramente más jóvenes, es decir nacidos en el final de la década de los 50 y principios de los 60. Cada uno con sus tendencias en lo político aunque sin demasiadas divergencias en lo fundamental, pero con vivencias similares a las mías. Esto es también extensivo a otro grupo de antiguos compañeros, aunque en este caso el abanico de nacimientos oscila entre las dçecadas de los 40 y la de los 60, más o menos.

Y volviendo a la conversación referida, las mencionadas playeras conversaban sobre el pensamiento de la juventud actual y más en particular sobre las tendencias de los de menos de 25 años, con un marcado sesgo hacia el pensamiento derechista o más bien contrario a los avances conseguidos en lo social en los últimos 50 años. En concreto, charlaban respecto de que esos jóvenes en muchos casos están marcando una tendencia hacia señales «machistas» en cuanto a aceptar las jóvenes una cierta supeditación al parecer de sus chicos, en cuanto a mostrar cierto acercamiento a las tesis de demonizar a los extranjeros, particularmente a los inmigrantes, y aceptar como «normales» algunos planteamientos que los de nuestra edad consideramos grandes avances en lo social, en la aceptación de las ideas no exactamente iguales a las propias, y en particular a las libertades conseguidas en estos últimos cincuenta años.

Pero lo que me lleva a estas reflexiones es que las personas que conversaban, como alguna de ellas comentó en una parte de la charla, es que tampoco ellas habían vivido momentos como el mayo del 68, los últimos años de la etapa franquista y los inicios de la transición, porque si he situado bien sus edades serían personas nacidas en torno a 1975 o pocos años después, pero que en todo caso los eventos de esos años los vivieron siendo niñas y por tanto sin opinión formada al respecto respecto de las circunstancias de esas fechas.

Asi pues, si tomamos en bloques de 25 años los últimos 75, podríamos estableceer como tres bloques bien diferenciados, en el primero de los cuales nos encontramos los que hemos vivido durante un primer bloque con las libertades casi totalmente recortadas, y un sistema represor, un segundo bloque de personas que han nacido ya con un sistema en el que la apertura a las ideas ha sido prácticamente total y que valora ese capítulo de forma muy importante en sus vidas, aun sin haber conocido la situación anterior más que por las informaciones de sus mayores, y un tercer bloque, el de los más jóvenes, nacidos ya en el presente milenio, que ponen en cuestión todo lo anterior sin atender a las «enseñanzas» de sus mayores, y dando por hecho que lo que viene será mucho mejor, quizás porque se plantean una ruptura con el pasado.

Y tendríamos que plantearnos cuales son las razones de ese cambio brusco que posiblemente se presenta. No solo es una tendencia que se generaliza no solo en España sino también en el resto de Europa y, en general, en el mundo entero. En lo que respecta a nuestro país, mi opinión es que se ha omitido, en las escuelas e institutos, de hablar de ese pasado más o menos reciente (la etapa de posguerra) y que la gente joven se ha encontrado un sistema de libertades, de avances en todos los ámbitos, que creen «regalado» y que no son conscientes de lo que ha costado conseguir. Y lo señalado respecto de la enseñanza, habría que plantearlo también en los ámbitos familiares, ya que en gran parte de los casos los padres hemos dejado ese capítulo en manos de la escuela, sin implicarnos directamente en transmitir a nuestros hijos las circunstancias especiales de los años que nos tocaron vivir, obviando esa parte en su formación como personas libres.

Esperemos que ese futuro hacia el que parecen dirigirse las tendencias de los jóvenes no termine llevando a la sociedad a un vuelco en lo social que nos haga retroceder un siglo.

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