Fuente Obejuna y Zalamea

Desde hace años y especialmente tras la buena experiencia de haber acudido en su momento al Festival de Teatro Clásico de Almagro, al Concierto de las Velas en Pedraza, o a las representaciones veraniegas del Teatro Romano de Mérida, por citar varios casos representativos, teníamos en mente asistir a las representaciones populares de Fuente Obejuna y Zalamea de la Serena.

El pasado año ya hicimos intención de ir e incluso llegamos a comprar las entradas para Zalamea, aunque finalmente anulamos el viaje para esperar a este año, puesto que las representaciones son anuales en Zalamea y bianuales en Fuente Obejuna, y en esta ocasión coincidían ambos eventos en fechas próximas.

Habida cuenta de que en agosto las temperaturas por aquellos pagos son realmente altas, denominamos la excursión como «viaje al calor», al que se unieron Elena y Rafa y en esta ocasión también Mayi y Fernando. Y tuvimos la suerte de que en este supercálido verano de varias olas de calor sucesivas, y donde habitualmente por aquella zona las temperaturas máximas por estas fechas se mueven entre los 35 y los 40 grados, en este año hemos tenido la suerte de que en ningún momento se superaron ni casi se alcanzaron los 30 grados.

Planteado el viaje con el solo objetivo de ambas representaciones, decidimos que en la ida lo haríamos de víspera, para evitar llegar a Fuente Obejuna a la hora del evento después de conducir durante 10 horas. Asi pues, el dia 19 de agosto miércoles salimos de A Coruña con destino a Salamanca, si bien habiendo programado una parada a mediodía en Toro para comer en la bodega La Divina Proporción, con un menu compuesto de unos entrantes (patatas a la importancia y arroz a la zamorana), seguido de los platos principales (huevo frito con patatas, carrillera de cerdo asada y rabo de ternera), más un postre (helado sobre cuenco de galleta), café y acompañando a la comida, sendos vinos de la propia bodega. Todo ello por un asequible precio de 30 € por persona. La comida resultó excelente y antes de continuar el viaje hicimos una parada en la localidad de Toro, para facilitar la digestión, aprovechando para visitar la Colegiata y dar un paseo por las calles de la ciudad.

Retomado el viaje, llegamos a Salamanca a media tarde y una vez instalados en el hotel, salimos a pasear por la ciudad para un recorrido por las principales calles y plazas y rememorando el paso por aquella capital durante el Camino de la Plata que habíamos hecho Mayi, Rafa y yo con Chus y Armando. Para cenar encontramos una terraza muy céntrica y allí aunque aparentemente no teníamos apetito tras la abundante comida, al final degustamos algunas especialidades de la ciudad y nos fuimos a dormir más o menos ligeros de estómago. Por cierto, el hotel en pleno centro y muy bien de precio.

A la mañana siguiente, de camino a la primera representación, Ipi sugirió una parada en Candelario, un pueblo que ya nosotros habíamos visitado pero que los demás no conocían. Realizamos un paseo rápido por la localidad, que a esas horas estaba poco concurrida aunque según nos manifestó la propietaria de un local donde paramos a tomar café, este año ha sido más reducida la presencia de visitantes.

Reanudada la marcha, la siguiente parada programada era en Trujillo, para una rápida visita y reponer fuerzas. Nos llamó la atención el hecho de que la plaza principal estaba llena de coches aparcados, pese a que teóricamente estaba prohibido estacionar en ella. Contrastamos con las fotos realizadas en un viaje anterior para confirmar que, en efecto, en aquella ocasión la plaza estaba completamente vacía de vehículos aparcados.

Comimos en una terraza de la plaza central, donde por cierto tardaron bastante en servir los platos solicitados, y después de tomar café en un local próximo a donde habíamos dejado estacionados los coches, continuamos viaje a nuestro destino inicial, la localidad de Fuente Obejuna (asi, con «b» que es como el municipio se denomina, aunque la obra objeto de representación se sigue señalando con «v»). Una vez instalados en el cercano hotel, llegamos al pueblo para asistir a una visita guiada, consistente en un pequeño recorrido por la localidad con algunas explicaciones en algunos casos inexactas y realizada con demasiada rapidez. Al terminar la misma hicimos una breve cena a base de bocatas en una terraza ubicada justo al lado del precioso edificio renacentista donde está la oficina de turismo.

Las representaciones de la obra «Fuenteovejuna» de Lope de Vega, se iniciaron en 1935 con motivo del tercer centenario de la muerte del autor, y se han ido realizando en diferentes años (1956-1992-1994) y a partir de ahí de forma un tanto irregular (2000-2004-2006-2009-2013-2016-2018-2022..) y ahora cada dos años. Los actores son gente del pueblo bajo la dirección de personal especializado. En este último caso, los directores fueron José Carlos Cuevas y Pedro Hofhuis.

Desde el punto de vista del espectador, para mí fue un éxito. Todo el pueblo participó de forma entusiasta, y creo que tiene un enorme mérito el despliegue de la gente, que da vida a la historia de Lope de Vega como si estuviesen viviendo en las fechas en las que se desarrolla la historia. En conju to, todos quedamos contentos con haber asistido.

A la mañana siguiente, tras el desayuno, aunque la idea inicial era pasar el día en una piscina próxima, pensamos que valía la pena visitar algo que tuviese interés en las proximidades, y descubrimos que por allí había una antigua mina de hierro, La Jayona, que nos pareció que podía resultar interesante de visitar. Es una antigua mina, excavada a cielo abierto, pero que cuenta con diferentes niveles y con túneles en su interior, que se inició en la época romana y tuvo su cierre definitivo en 1921. Fue rentable durante la primera guerra mundial pero luego tuvo su declive. Hasta 1905 el mineral se transportaba en borricos hasta la fundición de Fuente del Arco, a 6 km de la mina, el municipio al que pertenece, y posteriormente mediante un teleférico construido al efecto.

Tras la visita a la mina, nos acercamos a la capilla de la virgen del Ara, de camino al pueblo de Fuente del Arco. Lo más interesante de la capilla, a la que se conoce como la capilla sixtina extremeña, son las pinturas que decoran el techo y las paredes, que datan de los siglos XIV y XV. Hicimos una visita rápida porque cerraban a las 3 de la tarde, y además nos urgía llegar al pueblo próximo para comer.

Pero al llegar al pueblo encontramos que todos los bares-restaurantes estaban llenos y tras numerosas consultas e intentos fallidos conseguimos saber que en otro pueblo cercano, Guadalcanal, podríamos comer, por lo que llamamos para hacer una reserva previa y allí nos dirigimos. Tuvimos suerte porque comimos muy bien, de forma rápida y por poco dinero.

El paso siguiente era ya Zalamea de la Serena, a donde llegamos a media tarde, con tiempo suficiente para hacer un recorrido por las calles del pueblo, tomar algo a modo de merienda-cena, y luego hacer cola para el acceso a la plaza donde se llevaba a cabo la representación, ya que a diferencia de lo que ocurrió en Fuente Obejuna, aqui las entradas no estaban numeradas y queríamos entrar de los primeros para encontrar una buena ubicación en las gradas. Tuvimos una espera en la cola de algo más de media hora, pero conseguimos nuestro objetivo de colocarnos en la zona central, en un lugar alto desde donde teníamos una excelente vista del evento.

La obra El Alcalde de Zalamea, de Calderón de la Barca, tiene un argumento muy similar a la de Fuenteovejuna, con la diferencia de que en esta la chica vilipendiada por un capitán del ejército es hija de un rico burgués al que nombran alcalde para que pueda impartir justicia, mientras que en la obra de Lope quien agrede y viola a la hija del alcalde es el Comendador, nombrado por el rey y recién llegado al pueblo.

La representación, en el caso de Zalamea, es también realizada por una ingente cantidad de personas de la localidad, que además aportan una serie de animales (ovejas, caballos, burros, etc.) y donde los niños tienen una actuación significativa, al igual que en el otro caso. De cualquier manera, también en esta ocasión quedamos satisfechos del resultado, y nos deja un excelente recuerdo el desplazamiento a esas tierras para disfrutar de ambas representaciones.

El regreso lo realizamos al día siguiente (sábado 22) de un tirón, para llegar a A Coruña a media tarde, después de hacer una parada para comer en Granja de Moreruela. En conjunto, un viaje que cumplió las expectativas, incluyendo la mejora en las condiciones de calor, casi similares a las que tuvimos en nuestra tierra durante el mes de julio y principios de agosto.

Un comentario sobre “Fuente Obejuna y Zalamea

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.