Hace meses, ya no recuerdo por qué motivo (la verdad es que habitualmente no necesitamos muchos motivos…) se programó una excursión del grupo para el mes de agosto, y el destino elegido resultó ser Ponte da Lima, ocupándose Elena de hacer las reservas de alojamiento para los 12…
La fecha elegida para la partida era el jueves 27 de agosto y la reserva era para dos noches en la Mercearía da Vila, un acogedor hotel con encanto, en el centro del pueblo. De los 12 previstos, finalmente solo asistimos 10 porque Pila y Armando, que acababan de ser abuelos por segunda vez, se quedaron disfrutando de sus nietas.
Como inicio y teniendo en cuenta que la previsión climatológica para ese primer día no era muy favorable, acordamos dirigirnos a Valença do Minho, para comer en el restaurante A Muralha, donde ya Rafa había reservado. A nuestra llegada cayó un ligero chaparrón y hubimos de resguardarnos en la terraza cubierta del restaurante mientras nos preparaban la mesa. La comida, con los clásicos Bolinhos de bacalhau y diversas variantes del Bacalhau (a brasa, a Muralha, etc..) no pasó de aceptable tirando a regular, pero comimos, que era lo importante antes de continuar la ruta. De todas formas, trs la comida nos dió tiempo de hacer un recorrido por las calles de la Fortaleza antes de volver a los coches.



El resto del viaje hasta nuestro destino lo hicimos ya con mejor tiempo, y cuando llegamos a Ponte da Lima, lucía el sol … a ratos, porque ya allí, y una vez instalados, salimos a dar un paseo y en algún momento cayeron algunas gotas… pocas.



Durante el paseo Ipi recordaba la existencia de un grupo de soldados, que yo creía que estaban en una de las esculturas que adornan el paseo al borde del río, y resultó que no era exactamente asi. Sin embargo, la insistencia de Ipi hizo que buscáramos más a fondo, incluso entre las atracciones feriales que se estaban instalando para las fiestas, y al final los soldados (romanos, para más detalle), aparecieron al borde del río.



La historia de los romanos viene a cuenta de que, según la tradición, como Ponte da Lima está en el trayecto de la via XVIII o Vía Nova, calzada del siglo I que unía Bracara Augusta (Braga) con Asturica Augusta (Astorga), cuando los soldados romanos tenían que atravesar el rio por esta localidad se había extendido el rumor de que al cruzarlo perdían la memoria, y se negaban a pasar por ahí, porque lo confundían con lo que sucedía en mítico rio Leteo. Para demostrar que no era así, el cónsul Decimo Junio Bruto, cruzó el río en el año 138 a.C. ante sus soldados y demostró que no era cierto el temor. Del otro lado del río, se ha erigido una estatua del mencionado cónsul a caballo.


La cena de esa primera jornada la hicimos casi de pasada, porque lo que inicialmente iba a ser una breve parada en alguna terraza para beber algo, se convirtió en una cena informal, a base de sandwuichs o semi bocatas, mas algunas petiscas y bolinhos, pero eso sí, añadiendo al final unos postres (cremas catalanas, y molotov) junto a los cafés. Y a continuación, aunque era una hora temprana, la mayor parte del grupo quiso irse a dormir, aunque Ipi, Elena, Rafa y yo terminamos buscando un lugar donde tomar un helado y/o unos cafés calientes, antes de dar por finalizada la jornada. Lo encontramos justo al lado de donde se había llevado a cabo la cena, y lo cierto es que estaba muy concurrido, incluso con bastantes niños.



A la mañana siguiente, tras un desayuno francamente bueno y bien atendido por los gestores del alojamiento, salimos a pasear por el pueblo, realizando un amplio recorrido por sus calles y plazas, e incluso animándose algunas de las chicas a «invertir» sus euros en algunas de las tiendas de la localidad. A media mañana amenazó e incluso llegó a caer algo de lluvia por lo que buscamos una terraza donde ponernos a cubierto. Allí, además de los cafés y aguas, nos tomamos las típicas natas portuguesas.






La comida para ese segundo día la habíamos reservado en Viana do Castelo, en el restaurante O Pescador, y allí nos desplazamos para llegar a la hora. El lugar, muy frecuentado, estaba lleno cuando llegamos pero teníamos reservada una gran mesa redonda, donde pudimos degustar como entrantes un surtido de bolinhos, petiscas, etc, y unas setas con castañas. Y a continuación, como especialidades de la casa, unas cataplanas de pescado y arroz con «lavagante». Para mí ambos platos estaban francamente bien, aunque a algunos les pareció que faltaba sabor en el arroz. Los postres, a base de algunos helados y poco más.



Para favorecer la digestión de la comida dimos un paseo por las calles de Viana, donde nos llamó la atención la cola que se formaba ante una pastelería en la que, al parecer dos veces al día, ponen a la venta un pastel típico y debe tener gran aceptación a juzgar por la cantidad de gente que se anima a esperar un montón de tiempo hasta conseguir comprarlo. A continuación volvimos a los coches para acercarnos hasta la Basílica do Sagrado Coraçao de Jesus, en lo alto de una colina frente a la ciudad de Viana, desde donde se divisa toda la urbe y las playas próximas. Llegamos casi con el tiempo justo, porque al poco rato cerraron la iglesia.






De la iglesia nos fuimos a la zona de playa próxima a Viana, en concreto al Feelviana Hotel, un establecimiento hotelero de alto nivel ubicado junto a la playa de Cabedelo, donde nos tomamos unas cervezas. El lugar parece de lo más apetecible para estar un fin de semana o unos días, y desde el mismo hotel hay una pasarela para acceder a la playa, a través de un pinar. Tras la visita al hotel, ya nos dirigimos de nuevo hasta Ponte da Lima para cenar en un bar frente al río. Fue una cena ligera porque la mayor parte de nosotros estábamos todavía terminando la digestión de la opípara comida.
A la mañana siguiente, después del desayuno, que volvió a ser generoso como el día anterior, nos fuimos hasta la otra orilla del río, a visitar el Festival de Jardines, un espacio donde anualmente se exponen jardines creados por empresas u organizaciones, y que se mantiene desde mayo hasta finales de octubre. Hicimos un recorrido por todo el espacio, e incluso pudimos votar por el que más nos impresionaba. Sin ser nada superespecial, resultó interesante.









Terminada la estancia en Ponte da Lima, enfilamos camino de retorno, pero habiendo programado una parada para comer en el Hotel Boega, un precioso pazo donde se establece un sistema un tanto original en el comedor: una vez acomodados los comensales, el servicio coloca las fuentes con la comida en una mesa en el centro, y tras el toque de campanilla (llevado a cabo por un par de las comensales, elegido al azar), los comensales se acercan a la mesa central para servirse. Ese proceso se lleva a cabo con cada uno de los platos (entrantes, primer plato y segundo plato, además de los postres). Además de que se comió bien, tuvo el atractivo de la originalidad del procedimiento.






El Hotel Boega es realmente atractivo, y está equipado para una cómoda estancia de dos o tres días, ya que cuenta con instalaciones anexas (piscina, pista de tenis, zona de esparcimiento, cafetería anexa, etc) que complementarían esa estancia. Nos quedamos con la referencia del establecimiento para tal vez organizar una excursión por la zona, repitiendo algunas de las experiencias de estos días.









Antes de iniciar el camino de regreso, decidimos tomar el último café y algunas copas de Oporto, en la cafetería anexa, donde se estaba preparando un evento de grupo posterior, por lo cual nos limitaron la estancia en la terraza anexa. En cualquier caso no pudimos agotar el tiempo concedido porque comenzó a llover y terminamos las copas ya en el interior del local, para luego despedirnos en el aparcamiento y retornar cada uno a su casa.




En definitiva, tres días estupendos, disfrutados de la mejor manera posible, y que nos dejaron ganas de repetir en cualquier ocasión.