Casi un año después de haber parado en Boadilla del Camino decidí
afrontar un nuevo tramo para irme acercando a Santiago. En esta ocasión y como novedad, viajé acompañado por mi amiga Chus que también tenía ganas de meterse en este lío de los seguidores del Camino de Santiago.
De forma que el 21 de septiembre de 2007 tomamos en A Coruña el tren con destino a Palencia para, desde allí viajar en bus a Boadilla del Camino y así reanudar la marcha.
13ª Etapa: Boadilla del Camino – Carrión de los Condes. 22 de septbre de 2007.
El albergue estaba abarrotado y como llegamos ya tarde tuvimos problemas de acomodo pero al fin conseguimos dormir en unos colchones tirados en el suelo. Y a la mañana siguiente, sábado 22, hicimos nuestra primera etapa hasta Carrión de los Condes, en total 25 kms.
Resultó una etapa dura, no tanto por los
problemas del recorrido como por la falta de hábito ya que aunque nos había preparado algo, nunca es lo mismo caminar por la ciudad o por el campo sin límite establecido que, cargado con la mochila, afrontar un recorrido como el que hicimos. Durante el trayecto, hicimos paradas en Frómista y otros pueblos, porque Chus
vino preparada con bastante información sobre cosas que ver, y lo estuvimos aprovechando. Una de las paradas, para comer, fué la de Villalcazar de Sirga, un sitio pequeño pero con una gran iglesia y que además tiene un excelente restaurante donde comimos (con babero) un maravilloso lechazo al horno de lena, especialidad de la casa.
Me dejó un grato recuerdo y no sé si fué por el apetito que llevábamos o porque estaba realmente exquisito, me quedó el buen sabor de ser el mejor lechazo que había comido hasta entonces. Tuvimos buen tiempo, con sol, pero que pese al calor, se hizo llevadero gracias a la brisa que soplaba.
sí que la mantendré abierta de forma permanente. Es una pena que ella no me acompañe y pueda saborear lo mismo que yo esa maravilla, pero ya se que es algo que no puedo esperar y ni se me ocurre plantearlo.
rodillas, y mi estado general de resistencia y hasta el momento todo funciona con normalidad. Han sido recorridos diarios en torno a los 10 kms, por el paseo marítimo, por el parque de Bens y esta mañana por los alrededores de Castelo, Iñás y Oleiros.
en una habitación los útiles y ropa que voy a llevar, para que nada se me olvide y cada vez que algo nuevo se me ocurre, allí lo pongo. Aunque antes de armar definitivamente la mochila tendré que eliminar lo no imprescindible, para no cargar con cosas innecesarias que ocupan espacio y pesan. Por cierto, respecto del peso, estoy valorando seriamente la posibilidad de utilizar el sistema de traslado de mochilas de Correos, que me facilitará el caminar con mayor soltura, mayor rapidez y sobre todo menos cansancio y menos repercusión negativa en el cuerpo.
por esa razón el domingo 1 de octubre volví a tomar
el tren hasta Burgos, de ahí a Santo Domingo en bus, para reenganchar desde donde había finalizado el tramo anterior. Esta fué, pues, la 9ª etapa (1ª del segundo tramo de mi camino), con un recorrido de 34 kms. entre Santo Domingo y Villafranca Montes de Oca, lo que viene a ser como etapa y media de las que programan los libros, ya que el final lógico habría sido Belorado, pero hice 12 kms adicionales.
que ver Atapuerca y Agés, lugares interesantes que quedan algo desviados de la ruta original. Desde la salida me encontré a Luis Carrascosa, con quien he hecho muy buenas migas
y poco después se nos unió Mónica, una vasca de adopción (vive en Vitoria) que hacía su último día, ya que al llegar a Burgos tomó un bus para irse a su ciudad.
Residencia Universitaria, que está frente a los pabellones del albergue. Por cierto que, nada más llegar al albergue comenzó a llover de una forma exagerada y para simplemente atravesar la calle nos pusimos como pitos.
recorrido, me aseguraba la tranquilidad de que, en la siguiente etapa habría margen suficiente para llegar a Palencia con más tiempo y no andar apurado a la hora de coger el tren.
mes de julio. Para mí el calor es muy duro y en esta fase, con temperaturas muy agradables se hace mucho más facil caminar, e incluso se puede prolongar la jornada hasta después de la hora de la comida, lo que facilita andar tanto.
Tras los recorridos de días anteriores, esta
fué una mini-etapa, terminandola a mediodía. Aún así, debo decir que el último tramo se me hizo interminable. Se veía Boadilla a lo lejos, en una zona totalmente llama y esos últimos quilómetros parecía que no se terminaban nunca, imagino que debido a las ansias por regresar.
Ese día el tren que me llevaba hacia el Pais Vasco descarriló en la estación de Villada, muy próxima a Palencia. En el tramo de vías de la estación, el
convoy en que viajábamos pasó por una via lateral a mucha más velocidad de la que correspondía a una vía secundaria, y al hacer el cambio de vía con el consiguiente giro la máquina pasó pero los siguientes vagones volcaron y descarrilaron, con tan mala suerte que el primero de los vagones al inclinarse se topó con el pilar de un puente sobre la vía, arrancándose de cuajo la parte trasera del vagón donde yo viajaba, y llevándose por delante a los viajeros sentados en aquella zona final del vagón y los equipajes allí alojados.
Aunque yo tuve la infinita suerte de no sufrir ni un rasguño, desde mi posición en la ventana vi la vía a menos de 40 cms de mi cara, con el vagón completamente recostado hasta que, después de aproximadamente 250 metros, el tren se paró. Inmediatamente se produjo la debacle normal en estos casos, al querer todo el mundo salir de inmediato, con muchos heridos y al menos seis muertos,
algunos de los cuales quedaron tirados en las vias junto al puente y otros que fallecieron después de ser rescatados de entre el amasijo de hierros de los dos vagones más dañados.
de heridos y en la ayuda a personas que sufrían algunos despistes y que se encontraban tensas por los nervios. Fué una experiencia inolvidable y desde luego para mí la constatación de que ese no era el día fijado para mi para abandonar esta vida. Desde entonces, a título personal, celebro mi segundo cumpleaños ese 21 de agosto cada año.
pude avisar a mi familia y personas próximas de que me encontraba bien, poara que cuando escuchasen la noticia no se alarmasen de forma innecesaria. No obstante, como quiera que al día siguiente toda la prensa informaba del accidente y yo aparecía en las fotos mientras ayudaba a retirar heridos del tren, hubo numerosos amigos y compañeros que conocía mi viaje que me llamaron para interesarse por mí.
Es de destacar la importante ayuda
que prestaron en esos primeros momentos los empleados de la factoria Pipas Facundo, que está justo al lado de la estación, y que sirvió para aliviar el miedo y la tensión de los que allí estábamos y para colaborar en la retirada de heridos entre los amasijos de hierro de los vagones.
de espacios, ya que el día anterior había contactado con mi amiga Zuriñe, quien se había ofrecido a ir a recogerme donde terminara esta primera fase de mi camino, para llevarme a Vitoria y desde allí tomar el tren de regreso. Por esa razón, en este día hice los 12 kms. que separan Azofre de Santo Domingo, a donde llegué pronto, tras un penoso recorrido ya que el pié me dolía mucho y me resultaba casi imposible caminar.
Como dije Zuriñe me recogió en Santo Domingo y me llevó a
Vitoria, alojándome en su casa. Coincidía además que en Vitoria estaban con una noche de anticipo de fiestas y había mucha animación en la zona vieja. Fué un final de recorrido en el que pude comprobar que hace falta mucha preparación para lanzarse al Camino, y no solo eso sino también tener suerte con la
climatología, aunque esta normalmente suele estar acorde con las fechas que se eligen para caminar. En este caso debo
reconocer que, aunque supeditado a la disponibilidad por las vacaciones, el mes de julio es nefasto para acometer esta aventura, máxime para una persona que, como es mi caso, sufre con las altas temperaturas.
su conjunto fué
positiva y quedé emplazado conmigo mismo para antes del final del verano retomar la marcha para andar una semana más.
ánimo y bastante fresco, pero tras una parada en Ventosa para desayunar, se me fué haciendo cada vez más duro el camino. El dolor que se me había iniciado en la etapa anterior en el juego del pié derecho fué a mas y llegando a Nájera lo cierto es que casi me costaba enlazar un paso con el siguiente. «He visto que no es solo
un problema mío, sino que cuando me fijo en otros caminantes observo que falta coordinación entre las piernas a la hora de dar los pasos. El cansancio va haciendo mella y las piernas se resienten y se niegan a funcionar de modo convencional«. Este párrafo escribía yo en mi cuaderno del camino en esa fecha.
hecho posterior me hizo cambiar los planes. Fué una llamada de teléfono a María, en la que supe que estaba pasando esos dias en Mondariz, cuando yo suponía que lo estaba pasando mal. Me pidió que continuase el recorrido según mis previsiones iniciales y aunque no lo hice por esa razón, decidí continuar en cierto modo por rabia y pensando además en que aunque retornase antes de lo previsto no me iba a encontrar con ella. Asi pues, decidí continuar
la marcha hasta Azofra, un pueblo pequeño pero con un albergue excelente. Tiene habitaciones con dos camas, y en la que yo ocupé me tocó como compañero un austríaco que también viajaba solo. Como llegué pronto al albergue, tuve tiempo de ir a comer a un restaurante llamado El Peregrino y allí coincidí también con mi compañero de habitación, así que comimos juntos y charlamos animadamente en inglés. Se alojaron también aqui los daneses de los últimos días.
esa fecha me puse a hacer una serie de reflexiones, algunas de ellas un tanto «filosóficas», que transcribo del cuaderno: «dentro de las disquisiciones filosóficas que vengo realizando en los momentos de soledad, mientras trato de que un pié siga al otro, pensaba ayer en el sentido que puede tener el daño en uno u otro pié. Desde el inicio, mi pié izquierdo ha sido el más deteriorado por la ampolla en la planta que no puede cicatrizar al no tener descanso. Pensaba yo que
el pié derecho es el que pisa firme y el izquierdo el que soporta el desnivel, la inclinación, los huecos o las piedras…. Tal vez en la vida ha sucedido algo parejo. En tanto mi propensión es a mirar a la izquierda con talante progresista e izquierdoso, la verdad es que en todo momento he tratado primero de asegurar (pié derecho) y luego me permito ciertos devaneos pero teniendo siempre por delante la seguridad. Y hoy, curiosamente, el pié derecho ha empezado a

me dejé olvidadas en el albergue las botellas de agua. No me dí cuenta de ello hasta bastante rato después, cuando al encontrarme con otra chica en el camino y para evitar bajar la mochila le pedí que me cogiera la botella y vió que no la llevaba. Esa chica me dió a beber agua de la suya e incluso un poco más tarde ella misma y otro chico
que la acompañaba me dieron sendas naranjas que me permitieron aguantar la sed en el largo trayecto hasta Viana (casi 12 kms desde Sansol). Precisamente en Viana estaban en fiestas y con ese motivo estaba casi todo cerrado. Aun así en el único café que estaba abierto conseguí algo de fruta y agua para poder continuar el recorrido. En el café me ofreció sentarse a su
mesa una italiana que al final se ha alojado en el mismo albergue que yo en Navarrete, mi final de etapa. También el matrimonio danés llegó a este albergue.
la cosa fué bastante bien hasta llegar a Logroño, cuando llevaba recorridos unos 21 kms. Allí hice una parada para descansar y cuando reanudé la marcha era casi la 1 de la tarde, con lo que el recorrido posterior hasta Navarrete se hizo muy pesado debido al calor. Hube de hacer varias pequeñas paradas para refrescarme. Y a mi llegada al final de la etapa, me fuí a la piscina municipal, lo
que me permitió pasar el resto de la tarde relajado y refrescándome cada poco rato para soportar el calor. De todos modos, tengo los piés bastante machacados.
de Irache, y la Fuente del vino, aunque a esas horas lo que menos apetecía era tomarse un vino. La primera parte del recorrido,
hasta Los Arcos, se hizo bastante bien. Según los libros, esta habría sido una etapa lógica, o sino continuar otros 10 kms hasta Torres del Rio, segun otros programas. Pero lo cierto es que al llegar a Los Arcos, a las 12 de la mañana, me comía el diablo pensar en pasar alli todo un día, en un lugar donde no hay absolutamente nada que hacer y con tantas horas por delante. De forma que aunque inicialmente me anoté en
el albergue, cuando me hube dado una ducha me encontré con fuerzas para continuar y decidí reanudar la marcha, con la idea de
llegar hasta Torres del Rio.
de Castelo. Y ocurrió que un poco más adelante pasaba un regato bajo unos árboles, de modo que decidí hacer una parada para descalzarme y mojar los piés un rato. Mientras duró, fué maravilloso, pero lo malo fué que al volver a
calzarme y comenzar a andar, las piernas casi no me sostenían, con lo que mi idea de llegar a Torres del Río se quedó en nada y gracias que pude circular otros mil metros hasta llegar al albergue de Sansol. Este albergue es privado, pequeño pero aceptable. En total fueron 28 kms. en esta etapa.
Entre la gente que estába alojada había una pareja joven italiana con una niña pequeña. Viajaban con un caballo para llevar a la niña, pero ocurrió que justo la noche anterior se les escapó el caballo y estaban esperando noticias para ver si alguien lo había visto y daba señales para poder recuperarlo.
La cena resultó muy agradable ya que además de esa pareja italiana había un matrimonio danés (ella dentista y él economista) y dos jóvenes franceses. El pueblo pese a ser muy pequeño tiene algunas casas señoriales.
abanicándome), inicié la marcha poco después de las 7 de la mañana. Aunque al principio el recorrido no parecía duro, poco a poco se fué complicando a causa del mal estado del suelo, con mucho barro. Antes de llegar a Cirauqui
hubo una subida complicada. Menos mal que allí había un bar donde hacer un alto y poder tomar un café. Reanudada la marcha, volví a hacer otra parada en el pueblo de Lorca. Tiene en el centro del pueblo una fuente con agua fresquita, donde apetecía
descalzarse y meter los pies para refrescarse. Hice una comida muy simple, a base de chocolate y naranjas. A partir de ahí, el recorrido fué casi llano, aunque el calor lo fué haciendo cada vez mas duro. A mi llegada, tras un recorrido de 22 kms, tuve que esperar por la apertura del albergue e hice cola para tratar de conseguir una buena cama.
La final me tocó una cama baja, junto a la ventana, lo que fué importante para no pasar demasiado calor.
Mientras estaba sentado en la plaza tomando mi caña, se sentó a mi mesa una alemana que también va de camino y buscaba acomodo para tomarse una clara. Charlamos un rato, mientras ella pintaba en su cuaderno la fachada de la iglesia de San Juan, que está en esa misma plaza.
luego la subida al Alto del Perdón, que es durilla en cuanto a la subida pero que se complicó en la bajada, ya que está llena de piedras, lo que me generó que aparecieran ampollas en los dedos en ambos piés. Y ya terminada la bajada,
se desató una tormenta considerable que me obligó a hacer una parada en Uterga, lo que aproveché para hacer una semi-comida.
completamente embarrado y no hubo manera de evitarlo, con lo que la ruta estaba intransitable, las botas a tope de barro, con resbalones, etc… Eso hizo que se me retrasase bastante el ritmo de marcha.