22 de julio de 2006. Etapa larga y dura, ya que avancé para recuperar ritmo y dar un empujón importante. Fueron casi 34 kms. Empecé sobre las seis y media de la mañana y con las prisas me dejé olvidadas en el albergue las botellas de agua. No me dí cuenta de ello hasta bastante rato después, cuando al encontrarme con otra chica en el camino y para evitar bajar la mochila le pedí que me cogiera la botella y vió que no la llevaba. Esa chica me dió a beber agua de la suya e incluso un poco más tarde ella misma y otro chico que la acompañaba me dieron sendas naranjas que me permitieron aguantar la sed en el largo trayecto hasta Viana (casi 12 kms desde Sansol). Precisamente en Viana estaban en fiestas y con ese motivo estaba casi todo cerrado. Aun así en el único café que estaba abierto conseguí algo de fruta y agua para poder continuar el recorrido. En el café me ofreció sentarse a su mesa una italiana que al final se ha alojado en el mismo albergue que yo en Navarrete, mi final de etapa. También el matrimonio danés llegó a este albergue.
En cuanto al trayecto de esta etapa, la cosa fué bastante bien hasta llegar a Logroño, cuando llevaba recorridos unos 21 kms. Allí hice una parada para descansar y cuando reanudé la marcha era casi la 1 de la tarde, con lo que el recorrido posterior hasta Navarrete se hizo muy pesado debido al calor. Hube de hacer varias pequeñas paradas para refrescarme. Y a mi llegada al final de la etapa, me fuí a la piscina municipal, lo que me permitió pasar el resto de la tarde relajado y refrescándome cada poco rato para soportar el calor. De todos modos, tengo los piés bastante machacados.
Navarrete es una localidad que está bien, hay mucho ambiente. La cena fué excelente: gazpacho, conejo con caracoles y helado, y un café para terminar.
21 de julio de 2006. Me había propuesto salir antes y lo hice, aunque con todo pasaban de las seis y media de la mañana cuando me puse en ruta. Al poco de salir, se pasa por el Monasterio de Irache, y la Fuente del vino, aunque a esas horas lo que menos apetecía era tomarse un vino. La primera parte del recorrido, hasta Los Arcos, se hizo bastante bien. Según los libros, esta habría sido una etapa lógica, o sino continuar otros 10 kms hasta Torres del Rio, segun otros programas. Pero lo cierto es que al llegar a Los Arcos, a las 12 de la mañana, me comía el diablo pensar en pasar alli todo un día, en un lugar donde no hay absolutamente nada que hacer y con tantas horas por delante. De forma que aunque inicialmente me anoté en el albergue, cuando me hube dado una ducha me encontré con fuerzas para continuar y decidí reanudar la marcha, con la idea de llegar hasta Torres del Rio.
Así que sobre la una de la tarde me cargué la mochila y me puse de nuevo en camino. El recorrido es llano, pero hacía un sol de justicia, que caía de plano y sin prácticamente arboles que dieran alguna sombra. Cuando se acerca a Sansol, el camino transcurre a través de una urbanización de chalés, alguno de ellos con piscina, y yo en esos momentos con un sol que aplanaba echaba de menos mi casa, mi piscina y la temperatura de Castelo. Y ocurrió que un poco más adelante pasaba un regato bajo unos árboles, de modo que decidí hacer una parada para descalzarme y mojar los piés un rato. Mientras duró, fué maravilloso, pero lo malo fué que al volver a calzarme y comenzar a andar, las piernas casi no me sostenían, con lo que mi idea de llegar a Torres del Río se quedó en nada y gracias que pude circular otros mil metros hasta llegar al albergue de Sansol. Este albergue es privado, pequeño pero aceptable. En total fueron 28 kms. en esta etapa.
Entre la gente que estába alojada había una pareja joven italiana con una niña pequeña. Viajaban con un caballo para llevar a la niña, pero ocurrió que justo la noche anterior se les escapó el caballo y estaban esperando noticias para ver si alguien lo había visto y daba señales para poder recuperarlo. La cena resultó muy agradable ya que además de esa pareja italiana había un matrimonio danés (ella dentista y él economista) y dos jóvenes franceses. El pueblo pese a ser muy pequeño tiene algunas casas señoriales.
20 de julio de 2006. Tras dormir bastante mal a causa del calor (pasé buena parte de la noche abanicándome), inicié la marcha poco después de las 7 de la mañana. Aunque al principio el recorrido no parecía duro, poco a poco se fué complicando a causa del mal estado del suelo, con mucho barro. Antes de llegar a Cirauqui hubo una subida complicada. Menos mal que allí había un bar donde hacer un alto y poder tomar un café. Reanudada la marcha, volví a hacer otra parada en el pueblo de Lorca. Tiene en el centro del pueblo una fuente con agua fresquita, donde apetecía descalzarse y meter los pies para refrescarse. Hice una comida muy simple, a base de chocolate y naranjas. A partir de ahí, el recorrido fué casi llano, aunque el calor lo fué haciendo cada vez mas duro. A mi llegada, tras un recorrido de 22 kms, tuve que esperar por la apertura del albergue e hice cola para tratar de conseguir una buena cama. La final me tocó una cama baja, junto a la ventana, lo que fué importante para no pasar demasiado calor.
Ya descansado y tomada la ducha de rigor, aproveché para hacer colada en la lavadora, y salí luego a comprar fruta, y aunque había pensado en hacer una buena cena, ya que la comida no lo fué tanto, me encontré con que Estella/Lizarra estaba en plena semana medieval, con
desfiles y monerias de los «medievos», asi que me tomé tranquilamente una caña en la plaza y más tarde un vino con chistorra en el bar del folklore. Como ya no me atraía tanto la idea de la cena, repetí otro vino con pincho en un bar, de camino al albergue, y me retiré a dormir pronto.
Mientras estaba sentado en la plaza tomando mi caña, se sentó a mi mesa una alemana que también va de camino y buscaba acomodo para tomarse una clara. Charlamos un rato, mientras ella pintaba en su cuaderno la fachada de la iglesia de San Juan, que está en esa misma plaza.
19 de julio de 2006. Esta etapa comenzó tranquila, ya que después de la tormenta de la noche anterior la temperatura era muy agradable y el recorrido relativamente suave al principio. Pero llegó luego la subida al Alto del Perdón, que es durilla en cuanto a la subida pero que se complicó en la bajada, ya que está llena de piedras, lo que me generó que aparecieran ampollas en los dedos en ambos piés. Y ya terminada la bajada, se desató una tormenta considerable que me obligó a hacer una parada en Uterga, lo que aproveché para hacer una semi-comida.
Tras la parada, retomé el sendero y tras un rato relativamente bueno hice un desvío para acercarme a ver la iglesia de Eunate que, según todos los libros valía la pena ver. El problema fué que después de la tormenta ese terreno estaba completamente embarrado y no hubo manera de evitarlo, con lo que la ruta estaba intransitable, las botas a tope de barro, con resbalones, etc… Eso hizo que se me retrasase bastante el ritmo de marcha.
Eunate está en el final del camino aragonés y en el siguiente pueblo, Obanos, se juntan ambos caminos. La subida a
Obanos se me hizo muy incómoda y llegué ya cansado a Puente la Reina, donde decidí quedarme, aunque a primera hora de la mañana mis previsiones eran las de ir algo más lejos, habida cuenta de lo bien que empezaba el día. Durante este recorrido me volví a encontrar con la jienense que el otro día me dió las pastillas de árnica, y también con la francesa que me dió de su agua. Está claro que, al final, unos un poco antes y otros más atrás, repetimos las rutas y los ritmos, porque la llegada al final de etapa la hice junto al italiano con el que inicié la marcha en Saint Jean el lunes pasado. Han sido hoy 24 kms.
Me alojé en el albergue del Hotel Jakue que está bastante bien, y tras la ducha y refrescarme di una vuelta por el pueblo, donde compré útiles para curar las ampollas de los pies (una aguja con hijo para perforarlas y eliminar el líquido). Resultó bastante efectivo. Y la cena la hice en el restaurante del hotel, durante la cual volvió a caer otra importante tormenta, con viento muy fuerte.
18 de julio de 2006. En esta tercera jornada, decidí madrugar más y a las 7 de la mañana ya estaba iniciando la marcha para afrontar mejor el calor. Fué una etapa de 20 kms, con final en Pamplona y solo una parada para desayunar en Burlada. Al salir simplemente me tomé unos melocotones que el día anterior había comprado en Zubiri.
Como llegué pronto a Pamplona, me cogí una habitación en un hotel para pasar todo el día, aunque al final apenas salí por la ciudad porque a mediodía había 38 grados y a la noche solo bajó hasta los 32 grados. No obstante después cayó una fuerte tormenta que permitió refrescar un poco el ambiente.
Esta etapa y la jornada en sí me sirvieron para reflexionar sobre lo ya comentado en la etapa del día anterior de las prisas. En mi cuaderno de ruta, comentaba lo siguiente: «Tengo el hábito de plantearme las cosas de una forma concreta y me cuesta cambiar luego la programación. He visto que en general la gente se toma el camino con otra filosofía y he decidido empezar a relajarme y caminar al paso tranquilo que requiere la ocasión. El atracón del primer día fué en parte causado porque yo imprimí un ritmo demasiado rápido. La verdad es que ya he comenzado a dejar que las etapas se hagan sobre la marcha en función del cansancio, del calor y del estado de ánimo».
Y razonaba asimismo: «Pero es que debo llevar ese criterio a todo lo que hago; dejar de actuar de forma tan programada, y si programo no cerrarme a los cambios que en la mayor parte de los casos deben permitir acomodar la vida a los hechos que me suceden, al ritmo normal de la marcha y no empeñarme en que las cosas hay que hacerlas de tal o cual forma o en tal o cual plazo, simplemente porque en un determinado momento creí que eso era lo correcto y lo programé asi. Debo empezar aser más flexible sobre todo en las cosas importantes y en aquellas que me afectan no solo a mi».
Esas fueron algunas de mis primeras conclusiones prácticas de los tres dias iniciales del recorrido, con lo cual la idea de llegar a Burgos al final de este periodo…. como que se quedó ya fuera de la programación, puesto que no sería posible.
17 de julio de 2006 – Me levanté francamente tocado, con un fuerte dolor en la pierna derecha, tanto en la rodilla como en el gemelo, que casi no me permitía mantenerme en pié, motivo por el cual dudé si quedarme a descansar o continuar la marcha.
Vista de Roncesvalles
Finalmente pudieron más las ganas de continuar y sobre las 9 de la mañana reinicié el camino, aunque con bastantes molestias en el gemelo cuando tocó subir y en la rodilla cuando se trataba de bajar. Además me surgió una pequeña ampolla en la base del pié izquierdo, pese a los cuidados de vaselina y alcohol de romero, producto de las recomendaciones previas.
Pese a todo, conseguí realizar la etapa de 24 kms, que es lo que separa Roncesvalles de Zubiri, y al llegar a destino
Un sendero saliendo de Roncesvalles
me dediqué a descansar en la piscina del pueblo, que está verdaderamente bien, máxime con el calor que me acompañó toda la jornada. No conseguí plaza en el albergue y me alojé en una habitación de un particular, bien equipada y con baño. En el recorrido de esta etapa he coincidido con dos chicas. A una de ellas, española, que hace el camino con toda la calma, me la encontré en una fuente donde yo paré para descansar y refrescarme y fué quien me facilitó unas pastillas de árnica para los dolores y crema para el gemelo. En la charla que mantuve con ella me dí cuenta de que tengo un error de planteamiento: he iniciado el recorrido con la idea de llegar a Burgos en 10 días, lo que me exige un ritmo determinado, y ahi está mi error: el camino es para disfrutarlo, para hacerlo al ritmo que corresponda en cada momento y caminar de forma tan preconcebida no es lo más adecuado, de modo que he
Junto al puente de la Rabia – Zubiri
decidido olvidarme de mis proyectos y caminar al ritmo que el cuerpo y las circunstancias me permitan en cada momento, olvidándome de objetivos duros. Cerca del final de etapa me uní a una chica francesa que me dió agua (a mi se me había terminado y ya no encontraba fuentes donde aprovisionarme). Fuimos juntos hasta llegar a Zubiri. Fué una charla agradable, y me contó que ella inició su ruta en Francia, donde vive, y lo va realizando a razón de 10 dias cada año, sin prisa.
Corría el mes de julio del año 2006 cuando por fin conseguí programar unas fechas que me parecieron adecuadas para iniciar el camino, algo que había proyectado unos años atrás y que por diferentes razones no había llevado a cabo hasta entonces. En aquellas fechas estaba yo trabajando en Pontevedra, ya prejubilado del banco, y colaboraba en la reorganización de una empresa que era propiedad de un antiguo cliente.
Preparé mis vacaciones para la segunda quincena de julio, y de ese modo el día 15 de ese mes tomé el tren Coruña-Irún desde Ourense hasta Pamplona y desde esa estación directamente me fuí en taxi a Saint Jean Pié-de-Port, al otro lado de los Pirineos, donde deseaba inicial el recorrido. La partida la hice desde Ourense y fué mi amigo Julio (en cuya casa había dormido la noche anterior) quien me llevó a la estación para tomar el tren. Ese mismo día escribí, ya en el punto de partida, que el viaje hasta allí había sido bueno tanto en el tren como en el taxi, y el paisaje precioso, con bosques
Vista de St. Jean Pied-de-Port
espléndidos y excelente vegetación. «Apetece atravesarlos y dejarse llevar por la imaginación» escribí yo aquel día en mi cuaderno.
El Puente de St. Jean
En Saint Jean no conseguí plaza en el albergue, y me alojé en una casa privada que también ofrece habitaciones, no sin antes realizar un pequeño recorrido por el pueblo, que me resultó muy atractivo.
El recorrido lo inicié el lunes día 16 bien temprano, para que el calor no me resultase tan duro, y asi puedo decir que prácticamente vi amanecer ya en
El primer amanecer del Camino
marcha. Pero luego llegado ya al final de la primera etapa en Roncesvalles, decía yo que esa etapa había sido «de una dureza que no imaginaba; en varias ocasiones sentí calambres y tuve que hacer numerosas paradas para descansar, beber y tomar aire pues las piernas me flaqueaban; parecía que no se iba a terminar nunca; se veía una subida y cuando yo esperaba un tramo llano, más subida una y otra vez en una cierta agonía sin fin». Pese a todo hice los 27,7 kms de recorrido en 7 horas. En mi alojamiento de la primera noche estaba un italiano que inició la ruta al tiempo que yo, pero que llegó a Roncesvalles cuatro horas más tarde pero mucho mejor físicamente. Esa noche escribía que como resultado de todo ello estaba hecho polvo, con agujetas y dolor en todo el cuerpo, y con temor respecto de como habría de afrontarse la siguiente etapa. En todo caso, la experiencia la consideraba positiva.
Colegiata – Roncesvalles
Un vez terminada esa etapa y alojado en un hotel porque al llegar al final de la misma el albergue todavía no estaba abierto, después
Claustro de la Colegiata de Roncesvalles
de ducharme y descansar un rato, me fui a la Misa del Peregrino en la Colegiata de Roncesvalles, donde diariamente llevan a cabo una ceremonia con gracia, y se comenta la nacionalidad o procedencia de los peregrinos que se han registrado en ese día, siendo en esa ocasión de numerosos paises y también muchos españoles con diversos orígenes.
Fué allá por el verano de 2006 cuando comencé con lo que había de ser un devenir continuado por los diferentes recorridos de lo que denominamos Camino de Santiago, que hoy sin duda es uno de los motivos que multitud de personas utilizan para aplicar en sus vidas experiencias nuevas o repetitivas pero siempre gratificantes, como es el disponer de muchos momentos de quietud interior (mientras evidentemente se mueven físicamente), de oportunidades de conocer a otras personas, otras culturas, otras formas de vivir o de afrontar la vida y la realidad, y también -como no !- de las ocasiones para viajar de una forma diferente, con las incomodidades de los albergues, las inclemencias meteorológicas y la escasez de aprovisionamientos en muchos momentos.
Pero todo ello forma parte del «camino» y le da además un plus de interés para quienes lo hemos experimentado y ya forma parte de nuestro hábito en cuanto a una forma de vida diferente, y también a una necesidad que periódicamente nos demanda lanzarnos a un nuevo recorrido, a unos días de contacto con esa realidad diferente de la rutinaria para conocer a otras personas y disfrutar de unos días inmersos en esa realidad que tanto nos atrae.
Y desde ese comienzo en el año 2006, han sido ya al menos seis o siete travesías en diferentes momentos y con diferentes compañías, desde el inicio en solitario hasta los últimos recorridos con las que se han convertido en compañeras habituales, Mayi y Dora.
A punto de empezar un nuevo y más completo recorrido, iré desgranando en diferentes ediciones los recorridos realizados hasta la fecha, para quien tenga el deseo de conocer un poco lo que se vive en esos momentos y para a la vez guardarlos yo como referencia futura.
Es verdad, Roma es una ciudad que siempre aparece igual de atractiva, igual de interesante, llena de turistas, con buena comida y un montón de alicientes para ser visitada de cuando en cuando. Por esa razón creo que seleccionamos este destino cuando, hace varios meses, atendimos a uno de esos guiños que Iberia y Vueling hacen cada cierto tiempo para meterte en vereda y animarte a que compres unos billetes teóricamente baratos. Y en esta ocasión fué Elena quien inició el tanteo y nos llevó al huerto. Pero hay que decir que aunque el viaje ha sido esta pasada semana, hace casi 6 meses que se compraron los billetes, creo que concretamente el 26 de septiembre de 2016.
Para mí esta fué mi cuarta visita a Roma, creo que igual para Ipi y la segunda o tercera en el caso de Rafa y Elena. Lo que nos daba a todos un plus de comodidad para seleccionar con criterio lo que queríamos ver, lo que queríamos hacer y cuanto tiempo estar. Y como hubo tiempo para preparar el viaje, al final eso se hizo en los últimos cuatro días. Lo hicimos entre todos, con un cierto reparto del trabajo (el trabajo en equipo siempre nos funciona bien), por eso Elena compró los billetes de avión y seleccionó la reserva de alojamiento, y también aportó en los últimos días alguna información sobre sitios de interés para visitar. Ipi se ocupó de ver lugares interesantes a los que acudir y también recogió de sus amistades y familia sitios donde degustar buena pasta, buenos postres, y visitas de interés. Rafa hizo la reserva del aparcamiento y la recogida en Roma para llegar al apartamento, nos llevó hasta la puerta del avión y se ocupó de fotografiar todos los aspectos recónditos de cada una de las visitas, completando asi la totalidad de fotos que entre todos hicimos. Son más de mil entre cámaras y teléfonos en los cuatro dias del vieja. Yo también trabajé, claro está, encargándome de planificar las visitas, situar en el mapa cada uno de los lugares de interés y recogiendo información escrita sobre lo que pensábamos visitar. Como dije, trabajo en equipo.
Asi pues, el viernes día 10 de marzo a las 8,30 de la mañana nos poníamos en ruta a Lavacolla para alli coger el avión de Vueling que nos llevaría drectamente a Roma. Curiósamente, y en contra de lo que ya viene siendo habitual últimamente, el vuelo salió a su hora y llegó a destino con exquisita puntualidad, aunque luego la recogida de maletas se alargó un poco. Tardamos también algo en localizar en el aeropuerto a nuestro chofer y una vez llegado al punto de destino hubimos de esperar unos minutos a que nos dieran acceso al apartamento, Suites Giulia, en el mismo centro de la ciudad, que por cierto resultó ser excelente, cumpliendo con creces lo que las fotos que lo anunciaban ya anticipaban. Una vez acomodados mínimamente, el propio Dario (nuestro alojador) nos asesoró sobre algunos restaurantes donde comer bien cerca del alojamiento. Y en pocos minutos nos plantamos en Tonino, una trattoría muy cerca de Piazza Navona y de nuestro lugar de residencia. Después de esperar unos minutos por la mesa (estaba lleno y había cola, aunque era hora de terminar la primera ronda de comidas) nos acomodaron, y nos dieron de comer. Todos pasta, excepto Ipi que tuvo que conformarse con una ensalada al no tener allí pasta «senza glutine» como los italianos denominan a la comida libre de gluten. Aunque todos comimos bien, creo que quien mejor acertó en la elección fui yo, con unos macarrones con jugo de ternera que desde que entramos al local le ví a una comensal y me llevaron los ojos.
Tras la comida, comienzo de visitas… Piazza Navona, continuando hacia el Panteón y Fontana di Trevi, y luego Piazza de Spagna. Con una parada intermedia en Piazza de San Eustaquio para degustar un buen café en la cafetería del mismo nombre, lugar destacado por las guias turísticas. Desde la plaza de España, regreso por Via Condotti buscando ya lugar donde cenar. Y encontramos un sitio que nos gustó, l’Antica Enoteca, pero ya a esa hora estaba completo, por lo que decidimos hacer reserva para la cena del domingo. Continuando nuestro camino y buscando algún «gluten free», llegamos a otro de los sitios previamente recomendados, que resultó ser Bar del Fico, cerca ya de la calle Giulia. Después de muchas consultas vimos que no era posible asegurarse de que carne y pescado estuvieran libres de trazas, asi que Ipi nuevamente recurrió a la siempre humilde ensalada y los demás tomamos otro tipo de pastta, risotto o un tartar con varias especias. El local no está mal, pero estaba lleno a rabiar y había bastante ruido, por lo que no cabe calificarlo de fenomenal. Simplemente bien y en cuanto a la comida destaca el Risotto con mariscos que me tomé y compartí con Rafa. Y de allí al alojamiento, a descansar y prepararse para otra jornada de visitas, más intensa que la primera.
Triste EnsaladaNavona-Fuente 4 RiosNavona-Fuente NeptunoMusicos CallejerosArtista CallejeroPlaza de España
Nuestra segunda jornada comenzó sobre las 9 de la mañana y cerca del apartamento encontramos un buen lugar para desayunar. No era nada espectacular, pero el zumo de naranja (naranjas sanguinas) era bueno, igual que el café y las tostadas. Para Ipi no había nada especial, de modo que usaba las galletas que ya llevaba de Coruña. Allí hicimos los tres desayunos y nos atendieron bien. Imagino que el martes nos habrán echado en falta. Y después del desayuno programamos un plan de visitas que empezando en Campo di Fiori, para ver el mercado de frutas, verduras y flores, además de numerosos puestos de pasta y mercadillo en general, nos llevó luego a la Iglesia del Gesu, fantástica, donde pudimos ver una estatua de un cristo de Miguel Angel, además de una ornamentación espectacular y unos frescos increibles. Alli nos lanzamos a fotografiar todo con sumo detalle, para luego seguir a Sta. Maria Sopra Minerva, delante de la cual está la estatua del elefante de Bernini. Por el camino, siempre lleno de gente, turistas en su gran mayoría, tuvimos ocasión de escuchar a un violinista frente al Panteón y en la Piazza della Piedra a una banda de música que interpretaba temas variados. Seguimos ruta hacia la Fontana di Trevi nuevamente, y cerca de allí aprovechamos para comer en la Hostería Trevi, donde sí tenían carta «gluten free» (así Hostería con H, que quiere decir que es un restaurante o trattoría, ya que según averiguamos, Ostería sin la H es más bien un lugar donde tomar bebidas, más tipo bar). Por fin Ipi pudo degustar pasta por vez primera, libre de gluten. De la comida, sin duda lo mejor una Lasagna que tomé yo. La comida la hicimos en una hora temprana (poco después de las 12 del mediodía) porque a las 14,30 horas teníamos la reserva para visitar los Museos Vaticanos y considerábamos que nos hacía falta el tiempo para llegar. No nos equivocamos, porque aunque aparentemente estábamos cerca, la verdad es que la entrada dista bastante de la Plaza de San Pedro, y hubimos de recorrer más de 2 kms. para llegar a la entrada de los Museos con tiempo suficiente. Durante el trayecto matinal, Elena fué haciendo acopio de diversos medicamentos para sus dolencias de garganta en cuanta farmacia encontraba al paso.
Ya dentro de los Museos Vaticanos, realizados los trámites de acceso y demás, un guía nos recibió al grupo de 37 personas que componían la visita en español y nos fué anticipando un poco de lo que sería el recorrido, pero basando las explicaciones fundamentalmente en los detalles de la Capilla Sixtina, aunque antes de llegar allí hicimos un amplio recorrido por otra serie de salas, muy interesantes y repletas de frescos, estatuas, pinturas, tapices, etc. Mención especial suponen las estancias de Rafael, justamente las que se visitan antes de llegar a la Capilla Sixtina. El guía, que terminaba su recorrido con nosotros justo al llegar a la Capilla, nos indicaba que tras la visita a la Sixtina podíamos continuar por la Pinacoteca o salir directamente a la Basílica, sin esperar otra cola. Evidentemente optamos por esta segunda opción, habida cuenta de que ya habíamos visto mucha pintura y queríamos visitar la basílica antes de ir al Trastevere, que sería el final de la jornada. En la Capilla Sixtina no pueden hacerse fotos, motivo por el cual de ahí no tenemos ninguna, pero nos cansamos de fotografiar todo lo anterior y también el interior de la Basílica, con la escultura de La Pietá, de Miguel Angel entre otras maravillas. Aprovechamos también para colarnos hasta el altar mayor, donde estaban celebrando misa antes de salir y pasear luego por la propia Plaza de San Pedro. Tras dejar atrás el Vaticano, hicimos un paso por el apartamento para coger algo de ropa de abrigo las chicas y un ligero descanso antes de ir a cenar.
Y como ya comenté, para terminar la jornada nos dirigimos al Trastévere, que estaba animadísimo por ser sábado y porque además imagino que está siempre lleno de turistas. Allí visitamos la Iglesia de Santa María in Trastévere, donde estaban oficiando misa, y después de recorrer un poco la zona esperamos para conseguir mesa en Tonnarello, un restaurante que nos habían recomendado y que resultó ser francamente bueno. Además había pasta para Ipi con lo que pudimos todos comer a gusto. Fué un estupendo cierre del día, y tras la cena regresamos caminando hasta nuestros aposentos, para disfrutar de un merecido descanso después de una intensa jornada.
El tercer día, domingo, habíamos reservado las visitas de Foro y Coliseo, también para las 14,30 horas, con lo que programamos la mañana para hacer visitas que estaban pendientes. Una de ellas era pasar de nuevo por Piazza de Spagna, para verla de día y subir la escalinata que está frente a la embajada de España. Tras el desayuno en el mismo sitio del día anterior, tomamos esa ruta, pero pasando previamente por Piazza Navona, Panteón y Fontana di Trevi, ya que estaban en el camino. La iglesia de la Trinitá, que está en lo alto de la escalinata, no tiene mayor interés, pero sin embargo desde lo alto se divisa una bonita e interesante vista sobre Roma. Y desde alli nos fuimos directamente a San Carlo, que está en el cruce de 4 Fontani, desde donde se divisan tres obeliscos (Trinitá, Quirinalle y Santa Mª Maggiore). La iglesia de San Carlo, bastante austera, tiene sin embargo su encanto, aunque como estaban en misa no pudimos verla con detenimiento, de forma que continuamos ruta a la iglesia de Sta.Mª della Vittoria, donde se encuentra la estatua denominada El Extasis de Sta.Teresa, de Bernini. Una verdadera joya. Y continuamos nuestra ruta, con dirección a otra iglesia, Sta. Mª Maggiore, una de las cuatro basílicas de Roma, y que pasa por ser la iglesia de mayor tamaño dedicada a la Virgen Maria. Desde luego es impresionante y para acceder a ella hubimos de pasar control de seguridad, algo que solo habíamos tenido que pasar en los Museos Vaticanos. Desde allí el punto de encuentro para el recorrido por Foro y Coliseo estaba muy próximo, por lo que decidimos localizar un lugar para comer algo de forma apresurada y no llegar con el estómago vacío a la visita. Localizamos un restaurante justo al lado de la agencia desde donde partía nuestro bus, y alli comimos, un tanto deprisa.
El programa del Coliseo empezó con un corto recorrido en bus que nos llevó hasta la base del Coliseo. Nos acompañaba Vanesa, una guía italiana que debe hacer pocas veces esa visita porque, aunque se conocía la historia a fondo, la forma de transmitirla era un tanto peculiar. Y dió muestras de esa falta de práctica cuando nos dejó medio colgados para ir a recoger las entradas, mientras nombraba a Elena «dirigente» del grupo a cuyo fin le cedió su bandera indicativa. El grupo, de 17 personas, constaba además de nosotros de unos cuantos turistas procedentes de Miami, otros mejicanos y otros cuya procedencia no recuerdo ahora. En el Coliseo recorrimos únicamente la planta de base, desde nos fué contando la historia de la construcción, antecedentes y desarrollo a través del tiempo. De allí regresamos al bus, para llevarnos a la zona del Museo Capitolino, próximo a donde se situa la estatua de la loba amamantando a Rómulo y Remo y desde un alto próximo tener una visión general del Foro, con las explicaciones pertinentes. Y en un tercer recorrido de bus nos llevaron luego hasta otra zona próxima al Coliseo para hacer la visita de la iglesia de San Pietro in Víncoli, donde está la estatua del Moisés, de Miguel Angel. Ya no volvimos al bus porque desde alli nos dirigimos a pie a visitar la iglesia de San Giovanni in Laterano, la catedral de Roma. Cuando llegamos estaba ya cerrada y tan solo pudimos ver el baptisterio, que está en una capilla contigua. De camino a esta última visita hicimos una parada para tomar un café y otra para comprar Ipi unos yogures que le permitiesen completar su desayuno a base de cereales.
Terminamos el recorrido de la tarde paseando por los alrededores del Coliseo para una vez más fotografiarlo desde distintos ángulos aprovechando además la circunstancia especial de que hemos tenido estos días luna llena y nos ha facilitado preciosas instantáneas de los monumentos romanos. Y como el tiempo se agota, rápidamente desde allí tomamos ruta de regreso hacia nuestra reserva para cenar, pasando eso sí, por los Foros de Adriano y de Trajano y la Piazza Venezia, desde donde recorrimos Via del Corso hacia el norte y caminamos entre calles para llegar en hora al restaurante, no sin antes una simple parada a fotografiar, una vez más aunque esta vez de noche, la Fontana di Trevi. La cena la teníamos reservada desde el viernes en L’Antica Enoteca, y la verdad es que mereció la pena la reserva, porque estuvo francamente bien, con productos
adaptados a las necesidades de los celíacos. Y ya no tomamos postre porque nos reservábamos para degustar los deliciosos productos de Pompi Tiramisú, que está casi al lado del restaurante donde cenamos. Estaban ya cerrando pero merced al buen rollo de Rafa nos abrieron y pudimos probar cuatro variedades de Tiramisú: el clásico, con fresas, con nueces y por último el especial sin gluten. El regreso a casa lo hicimos en taxi, debido a que mis pies ya pedian descanso tras una jornada de tanto paseo (creo que hicimos más de 18 kms, según el Endomondo de Rafa). Y todavía nos quedaba la media jornada del lunes por delante.
Y llegó el lunes día 13, fecha de regreso, aunque como el vuelo lo teníamos por la tarde, tuvimos tiempo de programar una serie de visitas durante la mañana. Tras el desayuno en el sitio de costumbre, y después de haber dejado los equipajes ya en el Hotel Indigo, contiguo a nuestras suites, nos dirigimos hacia el Trastevere, para hacer un recorrido de día en las calles que solo habíamos conocido en la noche que fuimos alli a cenar. Transitamos por aquellas calles, no tan concurridas como en la noche del sábado, pero con un ambiente interesante, pasando por un mercado y llegando finalmente a la iglesia de San Francesco a Ripa (en definitiva debe ser el mismo S.Fco. de Asis) para alli poder admirar otra de las estatuas significativas de Bernini: El Extasis de Ludovica Agripa. Tiene la misma factura de la ya vista de Santa Teresa, pero menos santa y más erótica (dentro de lo que cabe, por supuesto). Cuando llegamos a la iglesia no había nadie en el interior, pero luego llegó un grupo de turistas que casi nos arrinconan. Continuamos nuestro recorrido para llegar a la Bocca della Verita, donde tuvimos que hacer un rato de cola para poder dejar prueba gráfica de nuestra presencia y de que no se nos tragó la boca nuestras manos. Y ya alli, visitamos la iglesia aneja, para posteriormente recorrer un par de calles que nos llevaron a Piazza Venezia, para observar con detalle la estatua de Vittorio Enmanuelle II que ya habíamos visto, aunque de prisa, la noche anterior.
Con una parada previa para tomar algo en una terraza, desde alli hicimos ya viaje de regreso hacia nuestra zona de residencia para comer en Da Francesco, uno de los lugares que nos había recomendado Dario, el hostelero. También valió la pena el desplazamiento porque comimos muy bien, y pudimos alli probar las alcachofas que se exponian no solo en los mercados sino en muchos restaurantes como un producto de temporada. Son algo diferentes a las que vemos por aqui, tal vez algo más gruesas y con un color rosado. La preparación (fritas) fué excelente y tomamos nota para poder importar la receta. Y para remate, el postre lo dejamos para saborear los helados de Tre Scalini, una famosa heladería de Piazza Navona. Precisamente en la plaza, aprovechando el sol de mediodía, nos tomamos los Tartufo Nero que era el helado de referencia en ese lugar y del que habíamos leido en las guias turísticas de Roma. Y aunque nos dijeron que era también «senza glutine» debió ser un cuento chino o más bien un «cuento romano» porque Ipi, que tenía de maravilla su estómago en todos los dias del viaje, llegó a casa ya con molestas intestinales que achaca a ese último postre.
Asi concluyó nuestra estancia romana, ya que solo nos dió tiempo a tomar un rápido café en el Hotel Indigo mientras esperábamos el taxi que nos trasladaría a Fiumicino para tomar el avión de Vueling que nos trajo de regreso a Santiago. En síntesis, una nueva experiencia fenomenal del grupo que no hace sino dejar ese buen regusto para organizar nuevos destinos siempre que el bolsillo y la buena gestión de los dineros nos lo permitan en un futuro.
Sucedió hace una semana, concretamente el jueves de la pasada semana, dia 9 de marzo. Estaba yo en la Plaza de Orense, esperando a Ipi, y coincidió que pasaba por alli una manifestación de estudiantes y docentes en contra de la LOMCE, con bastante afluencia de gente, por cierto. Estuve un rato viendo como discurría la marcha y en lugar de aparecer Ipi, de repente me encontré frente a mi a Carmen Cansino, la que fué mi primera novia, allá por el final de los años 60 y principios de los 70 del siglo pasado. Por cierto, esto de hablar del siglo pasado parece que nos hace mas viejos….
Pero vuelvo al encuentro. Decía que me la encontré frente a mi de repente, después de más de 25 ó 30 años de no verla. Habíamos hablado hace como 8 años o asi, cuando murió su hermano y la llamé para manifestarle mis condolencias. Por aquel entonces supe que estaba dando clase cerca de mi casa, en el I.E.S. de Oleiros, e incluso a raiz de aquella charla un día nos cruzamos en los coches entre Coruña y Oleiros. Pues el jueves, tras saludarnos, nos contamos asi, por encima, algunos detalles sobre nuestras vidas. Ella está tambien jubilada desde hace algo más de un año (tiene mi edad, tal vez unos meses menos que yo) y no hace nada. Tiene una hija que después de numerosas becas, másteres y demás, ahora trabaja en Londres. Le pregunté sobre sus antiguas amigas de Orense, que a la vez también fueron amigas mías, aunque yo perdí todo contacto. Parece que también ella está desconectada, y eso que con una de ellas, Raquel Fernandez Pereira, tiene un vínculo por ser madrina de una hija, creo recordar. En estas fotos, una mía con Carmen en aquellos años y otra del grupo de amigos de Club Rutas.
Como dije, Carmen fué mi primera novia y aquella relación duró casi tres años y se terminó porque, a raiz de marcharse a vivir su padre a Tenerife, ella se fué también y aunque durante un tiempo viajábamos yo a Tenerife y ella a Orense o Coruña, en 1972 consideró que era mejor dejarlo, y ahi se quedó la cosa. Pasados los años, un día me la encontré en A Coruña, justo delante de la oficina del Banco Occidental en Sánchez Bregua, y me enteré de que se había venido a vivir aqui con su pareja. Luego recuerdo haberla visto alguna vez en La Zapateira, en las instalaciones del Casino, pero de eso hace unos 30 años.
Me alegró de verdad el encuentro, y charlamos durante un rato, ya que fuimos caminando juntos hasta la Plaza de Pontevedra, puesto que ella iba para casa (vive en Peruleiro) y yo en dirección al Playa, a la reunión de los jueves de los Bebeuvas.
El segundo agradable encuentro se produjo un par de horas después. Justo ese día se celebraba la despedida de José Luis Aguiar, el que fué compañero mío durante años en diferentes puestos en el Banco. La comida-homenaje se organizó en el Hotel Finisterre y allí me encontré a numerosos compañeros de esos que hace años que no ves. Pero entre las personas allí congregadas, me resultó especialmente agradable encontrar a Carmen, la que fué mi secretaria-compañera y analista de riesgos en la etapa de Banca Hipotecaria, tras la fusión BBVA, cuando regresé de Oviedo a Coruña para hacerme cargo de la Dirección de Zona de Galicia-Asturias. Creo que no había vuelto a encontrarme con Carmen desde que me fuí a Zaragoza o tal vez una vez que pasé por la oficina un año después, pero en todo caso desde la última vez que nos vimos han transcurrido casi 15 años.
Por lo visto sigue haciendo lo mismo, es decir es analista de riesgos hipotecarios en el mismo departamento, que ahora no sé como se llama exactamente. La encontré estupendamente, y aunque está deseando pre-jubilarse, parece que lo tiene complicado porque el Banco este año ha cambiado su programación y no dejan irse a nadie hasta que cumpla los 59 años. Es curioso que, viviendo ambos en Coruña no hayamos coincidido en alguna ocasión en algún lugar. Bien es cierto que ella vive en Perillo y yo en Sada y por lo que dice, viene directa al trabajo y apenas hace vida en Coruña.
Como dije fué un encuentro agradable y además al coincidir con muchos otros compañeros, tuve la oportunidad de encontrarme también con otras personas que tampoco veo habitualmente.
El último de los encuentros lo tuve en el regreso a casa. Fué en los jardines, frente al Kiosko Alfonso. Me tropecé con mi amiga María que iba acompañada por su hija Alba, a la que no veía desde hace años. Parece que, terminados sus estudios, trabaja ahora también en la clínica con sus padres. Fué solo el momento de saludarlas porque estaban montando en bicicleta que se iban a una clase o algo así y ya era tarde. Solamente me preguntó si me había hecho los implantes, y comenté que lo hará en breve, aunque al comentar que me iba al Camino de Santiago, me recomendó que lo deje para el regreso. Debieron de verme bien, porque un día después en un whatsap al tiempo que me reiteraba que no es conveniente meterse en los implantes antes de ir a hacer el Camino, me dijo que me había encontrado «tan fantástico como siempre, has hecho un pacto con el diablo».
Lo cierto es que debe ser verdad que se me ve bien, y eso es que llevo una vida apacible al menos en lo que respecta a mi relación de pareja, que me ayuda a sobrellevar los «problemillas» derivados de nuestras relaciones con madres e hijos.
En fin, una jornada singular por lo de los reencuentros, que terminó regular con el empate del Depor en el partido aplazado contra el Betis.